La otra guerra en curso: Ucrania

septiembre 3, 2014

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Ya que cuestiono el ombliguismo argento y vuelvo a subir al blog temas del llamado “Medio Oriente” – corresponde: hace 8 mil años que es el lugar favorito para el encuentro, usualmente violento, de civilizaciones – me parece que también cabe dedicar una mirada al otro sitio donde se está practicando el viejo deporte de la guerra: las llanuras del este de Ucrania.

Además que todo lo que influye en las relaciones de poder en el Hemisferio Norte repercute, más temprano que tarde, aquí en el Sur, hay una pregunta fundamental que es válido hacer: Esta acumulación de conflictos, intereses, alianzas y, sobre todo, odios mortales ¿puede culminar en una guerra general, es decir, una en que se enfrenten en forma abierta Grandes Potencias?

Mi evaluación, por lo que valga, sigue siendo que No. No veo posibilidades que esos conflictos se alimenten entre sí.

A Rusia le conviene que el bloque adversario, la NATO, y especialmente la “opinión pública” de esos países esté concentrada en las atrocidades mediáticas del así llamado “Estado Islámico”. Pero no le interesa en absoluto que esta variante yihadista se fortalezca, ni siquiera que se estabilice en la región geográfica que domina. Hay muchas deudas de sangre con las poblaciones islámicas al sur de la Federación Rusa, y se afirma que el Estado Islámico ha incorporado combatientes chechenos.

En cuanto al ISIS, más allá de su amenaza de “liberar Chechenia y el Cáucaso“, ciertamente no está para sumar enemigos a los que ya tiene: las milicias chíitas iraquíes, los peshmergas kurdos, los sunnitas que no aceptan su dominio, Irán y, por supuesto, la intervención, con o sin (más) tropas terrestres, de los EE.UU.

Por su parte, los EE.UU. y la NATO no han pasado de la fase, en Ucrania, de intervenciones encubiertas, sanciones económicas y envío de tropas… a bases distantes. Y han tenido ocasiones para hacerlo. Es más, Zbigniew Brzezinski, al que no se puede acusar de simpatías rusas, había dicho en febrero en el Financial Times que A Rusia hay que ofrecerle una “Opción Finlandia” para Ucrania. Es decir, que Ucrania tenga una limitación concreta para su soberanía: Que no pueda formar parte de una alianza anti rusa (NATO, bah), y que mantenga una política de amistad con su gran vecino.

Ésta puede ser la posición personal de un viejo consejero. Pero su gran colega y rival, Henry Kissinger, ha sido aún más terminante (subí su opinión en el blog hace seis meses): “Tratar a Ucrania como parte de una confrontación Este-Oeste hará desaparecer por décadas toda perspectiva para unir a Rusia y Occidente – Rusia y Europa en especial – en un sistema internacional de cooperación“.

No es una opinión unánime. Los conservadores yanquis creen que lo de Finlandia es una mala idea. En Stratfor fantasean una “estrategia del Mar Negro“. Pero es evidente, a medio año del comienzo de esta crisis con la destitución de Viktor Yanukóvich el 22 de febrero, ni los EE.UU. ni Europa han mostrado interés en una intervención militar.

En cuanto a Putin… Con la anexión de Crimea y el – cauteloso – aliento a los separatistas de Ucrania oriental, es obvio que decidió pagar el costo de alienar en su contra a todos los países que formaban parte de la esfera de influencia de la vieja Unión Soviética, el dilema que analizamos aquí. Pero no ha abandonado su habitual prudencia, y si bien hizo referencia al arsenal nuclear que Rusia conserva, hoy anuncia que ha conversado con el presidente ucraniano, Poroshenko, y que cree que Kiev y los separatistas pueden llegar a un acuerdo.

Es probable. El ejército ucraniano ha sufrido graves contrastes. Y, sea cual sea la participación de las fuerzas armadas rusas en los combates, el resultado es que esto calma, en lo inmediato, cualquier temor fundado de Rusia por su seguridad. Ha quedado claro que Ucrania, sin mucho mayor apoyo de Occidente que el que se ha mostrado dispuesto a darle, no es una amenaza militar.

Entonces ¿la guerra abierta quedará confinada a la zona entre el Mediterráneo Oriental y la frontera occidental de Irán? Es lo más probable, por ahora. Pero hay factores inquietantes en el forcejeo de las naciones por sus intereses y su seguridad, y una reacción que se nota en la escena política estadounidense de malestar con lo que perciben como su impotencia para imponer sus objetivos fuera de sus fronteras.

En resumen: el mundo actual no es el que estaba amenazado y contenido por el enfrentamiento de las dos Grandes Potencias nucleares, EE.UU. y la URSS después de 1945, ni tampoco el de la breve hegemonía única norteamericana después de 1989. “Hay un gran desorden bajo el cielo”, en la apropiada frase china, y Argentina debe fortalecer sus lazos diplomáticos y militares con la América del Sur, la Zona de Paz que ha contribuido a construir en los últimos 30 años.

El compromiso emocional con la Patria Grande puede ser mayor o menor, como la vocación por la alianza con Brasil. Pero son las opciones que tenemos. El resto son fantasías ideológicas.

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Ucrania: tan lejos, tan cerca

marzo 29, 2014

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Los posteos sobre la crisis ucraniana, que comencé a subir el 23/2 (pongan Ucrania en el Buscador, si desean) tuvieron muchas visitas, además de, claro, los apasionados comentarios de las dos grandes hinchadas en las que hoy se divide el público argentino: los anti yanquis y los anti Putin.

Se me ocurre que la pregunta es si vamos a asistir, o no, a una remake de ese viejo éxito, la Guerra Fría. Pero eso es para postear con más tiempo. Ahora, quiero acercarles un fragmento de algo que leí de Gabriel Puricelli, que me parece muy lúcido sobre la situación política interna de Ucrania. Y que nos sugiere algunas ideas sobre las dinámicas políticas – ojo: muy distintas – aquí en la América del Sur.

Como en muchos países del antiguo bloque oriental, la política ucraniana de la era post-soviética, a falta de una tradición democrática previa, como la que ordenó a los partidos en bloques genéricamente burgueses y obreros en la mayor parte de Europa desde inicios del siglo XX, tendió a partir aguas entre regiones con características económicas y lingüísticas predominantes distintas: el este industrial y mayoritariamente rusófono, y el oeste agrario donde la mayoría habla ucraniano.

No se trata de una distinción que haya sido relevante siempre, sino de una que los políticos tomaron como eje para construir unas máquinas electorales mayormente desprovistas de ideología y que fueron vehículos para el reciclaje de viejos cuadros del sistema soviético, donde hicieron sus primeras armas la mayoría de los líderes que hoy se enfrentan en un conflicto que amenaza la continuidad de una Ucrania con las mismas fronteras de antes. Por eso no debe sorprender que al leer las biografías de Yanukovich (el depuesto presidente, pro ruso) y de su sucesor Turchynov (nombrado por la Rada, pro occidental) uno se encuentre con que el primero fue alto dirigente regional del ex-partido único (comunista) y el segundo, destacado líder de su rama juvenil, el Komsomol“.  (completo aquí)

Esta descripción de Puricelli me parece muy acertada. Eso sí, me interesa observar que lo de “máquinas electorales mayormente desprovistas de ideología” se aplica a los partidos políticos de masas en todas las democracias modernas ¿O al Partido Socialista Obrero español le quedan muchas de las consignas asociadas con su nombre? ¿O al Partido Republicano de los EE.UU., muchas sobre la abolición de la esclavitud que se enarbolaron en la campaña de Lincoln?

El punto, entonces, a remarcar es que en todos los países que aspiran a un sistema estable y razonablemente democrático, es conveniente que haya dos fuerzas – no irremisiblemente antagónicas – que den cauce a las diferencias y tensiones de toda sociedad moderna. Pero que el esquema convencional de “izquierda” y “derecha” tiene que ver con una tradición de la Europa Occidental que no se transplanta fácilmente.

Parece que los ucranianos se están dando cuenta de eso. Un día después que Putin le propone a Obama encarar a través de la diplomacia la resolución de las cuestiones pendientes, y el secretario de Estado John Kerry modifica su agenda para reunirse mañana domingo con su colega ruso Lavrov en París, el New York Times informa que Vitali Klitschko, el ex campeón de boxeo y una de las figuras más conocidas de la rebelión anti rusa, anunció que se retira en favor del magnate del chocolate Petro Poroshenko, el candidato mejor posicionado del sector para las elecciones presidenciales previstas para el 25 de mayo ¿Alguien mencionó a Capriles?


Hablando de la Madre Rusia

marzo 25, 2014

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En realidad, el posteo anterior hablaba del conflicto en torno a Crimea, y cómo debía verse en el marco de un juego de poder y recursos que se extiende hacia el Cáucaso y el Asia Central. Pero hay un actor principal en ese escenario, y sucede que acabo de recibir un texto de mi amigo Ricardo Auer sobre La nueva configuración mundial, donde hace una descripción muy interesante de Rusia y su situación.

No es que esté de acuerdo en muchos puntos con Ricardo. Por ejemplo, no creo que esté “terminada desde hace tiempo la etapa de la globalización financiera“. En mi opinión, sigue siendo el factor decisivo del capitalismo tal como existe en EE.UU., la Unión Europea, Japón, y la mayoría de los países emergentes (incluso Argentina). Pero, como les digo, encuentro valioso el resumen de las fuerzas y debilidades de la nación que gobierna Putin. Comparte el fragmento con ustedes:

Al estilo James Bond, Putin mandó un claro mensaje desde Crimea con amor (a la Gran Madre Rusia) y con ello puso mayor claridad a la nueva configuración mundial.

Terminada desde hace tiempo la etapa de la globalización financiera; y pasada ya esta última década sin nombre, entramos de lleno a una nueva configuración de la situación global, caracterizada por los conflictos entre los grandes actores mundiales, fundamentalmente por el dominio de los recursos naturales y energéticos, de las áreas de influencia comercial y por la apropiación de las innovaciones tecnológicas.  Conflictos que tendrán, principalmente, un espacio económico y otro diplomático.

La expansión de cada actor estará determinada por su decisión y claridad estratégica y por los medios disponibles. Los medios generalmente determinan el alcance de las estrategias. Sin medios no hay estrategia, excepto una pobre defensiva.

Rusia tiene el mismo PBI que Italia (aproximadamente 2 billones de dólares). China tiene 4 veces su PBI y EEUU 8 veces. Parece un producto pequeño dentro de un envase grande. Vende productos primarios (gas y petróleo) e importa productos elaborados. Tampoco se destaca por grandes innovaciones tecnológicas; su política interna es muy estática y conservadora y su presencia política a escala global no era muy relevante, hasta hace poco tiempo atrás.

Sin embargo geopolíticamente Rusia es importante; porque dispone de un enorme arsenal nuclear; de Fuerzas Armadas poderosas, y aunque no demasiado modernas, están en vía de renovación; poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU; extraordinarias reservas energéticas (las mayores del mundo); lazos históricos con muchas de la ex repúblicas soviéticas y una extensión territorial única: 17.000.000 km2. (un noveno de la superficie firme del mundo), asentada sobre todo el norte de Asia y ocupando el 40% de Europa; país transcontinental, tiene 20.000 km. de fronteras con 16 países. Su excepcionalidad geográfica la asemeja a EEUU.

Pese a su poderío tiene fragilidades internas: su población ha disminuido de 148 a 143 millones en las dos últimas décadas; la esperanza de vida promedio es relativamente baja: 64 años; económicamente es muy dependiente de su producción energética; está retrasada tecnológicamente con respecto a Europa, Japón o EEUU; tiene un sistema educativo mediocre (ver los bajos resultados del informe PISA: habilidad lectora: 21° EEUU-38° Rusia-57° Argentina; matemáticas: 30° Rusia-32° EEUU-55° Argentina; ciencias: 24° EEUU-33° Rusia-54° Argentina). 

Rusia tiene un gran espíritu nacional, está orgullosa de su historia, acrecentada por su memoria como potencia, y manifestada por una renovada voluntad de volver a ser grande e importante mundialmente. Por ello invierte un 4,4% del PBI en gastos militares (Europa: menos de 2%). El pueblo ruso, doctorado en resiliencia, pese a sus objetivas dificultades y disparidades sociales, seguramente no debe ver con desagrado aquella inversión. Putin ha mandado a restaurar miles de iglesias (ortodoxas rusas) a lo largo y lo ancho del país, reconociendo así explícitamente el poder blando (softpower) de la religión en el pueblo ruso.

… Para Occidente y fundamentalmente para Europa, el problema actual se reduce a mantener la estabilidad de Ucrania, por donde pasan 175 millones de m3 de gas por día, que alimentan la matriz energética de muchos países de la UE. La debilidad energética europea es su creciente dependencia del exterior. La UE importa en el año 2012 más del 50% de la energía que consume. En 1995 importaba el 43 % de su consumo. La UE produce el 6% de la energía mundial y consume el 14 % de la misma, según datos de la Agencia Internacional de Energía.

Según las mismas fuentes, EEUU produce el 14% y consume el 17% del total global, estando camino hacia un equilibrio por la explotación intensiva del gas de esquisto (proceso de fracking). Inclusive podría más adelante llegar a exportar LNG (gas natural licuado).

La seguridad energética es un tema que vuelve nuevamente a la agenda estratégica. El 45 % del total importado por la UE es gas ruso. El gas aporta un 25% del consumo europeo. Un tercio viene de Rusia y la mitad de éste pasa por Ucrania. Sin embargo, es muy improbable que los rusos, más allá de la escalada verbal, vayan a imponer restricciones a la exportación de gas, ya que, económicamente, necesitan imperiosamente esas divisas y la UE podría también desarrollar fuentes propias a través del fracking, tecnología hoy mal vista en Europa por problemas medioambientales, y del uso masivo de biocombustibles.

Alemania ha bloqueado preventivamente la venta de material militar a Rusia. Paralizó la venta de un centro de entrenamiento militar que cuenta con simuladores de combate muy sofisticados. Debe entenderse esta medida provisoria para evaluar el alcance del movimiento estratégico de Moscú y para negociar o evitar ulteriores avances de los rusos. Sin embargo es probable que Alemania tampoco quiera enemistarse mucho con Moscú, ya que 6000 empresas alemanas tienen allí representaciones, con inversiones por 20.000 millones de euros y que unos 300.000 puestos de trabajo en Alemania dependen de las buenas relaciones económicas entre ambos países. Rusia y Alemania tienen una fuerte dependencia mutua“.


EE.UU., Rusia y nosotros

marzo 19, 2014

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Supongo que en estos días estoy un poco insistente con temas de política internacional. Encima, les traigo un artículo que ha salido hoy en un medio de gran circulación. (Eso sí, Clarín omitió los dos últimos párrafos del original en el New York Times, los más concretos). Sucede que, además del consejo de un viejo general que insistía que sólo tomando en cuenta la política internacional se podía hacer cualquier otra, este breve texto da una útil advertencia para nosotros los suramericanos.

El autor es uno de esos intelectuales norteamericanos que cumplen para su país un rol informal pero importantísimo en el análisis y la discusión de sus intereses y de sus opciones. Es una falencia de nuestra sociedad que aquí no tengamos su equivalente (lo siento, Manolo, pero ni los blogueros ni los militantes cumplen ese rol). Los columnistas de Página 12 y los de La Nación repiten las versiones locales de los grandes relatos…

John J. Mearsheimer es el originador de la escuela del “realismo agresivo” en las relaciones internacionales y coautor de The Israel Lobby and U.S. Foreign Policy. Digamos, con las palabras del tango, que no cree en los peces de colores ni en la paz universal.

Las profundas razones geopolíticas de Rusia

El presidente Barack Obama decidió ponerse duro con Rusia al imponer sanciones y aumentar el apoyo para el nuevo gobierno de Ucrania.

Este es un gran error. Esta respuesta está basada en la misma lógica defectuosa que ayudó a precipitar la crisis. En lugar de resolver la disputa, va a conducir a mayores problemas. La visión de la Casa Blanca es que EE.UU. no tiene responsabilidad por la crisis actual. En su opinión, toda la culpa es del presidente Vladimir Putin. Esto no es correcto. Washington jugó un papel clave en la precipitación de esta peligrosa situación y la conducta de Putin se vio motivada en las mismas consideraciones geopolíticas que influyen en todas las grandes potencias. La raíz de la crisis actual es la expansión de la OTAN y el compromiso de Washington para sacar a Ucrania de la órbita de Moscú e integrarla a Occidente. A los rusos los enfureció la expansión de la OTAN, pero toleraron el ingreso de Polonia y los países Bálticos. Pero cuando la OTAN anunció en 2008 que Georgia y Ucrania iban a convertirse en sus miembros, Rusia puso un límite. Georgia y Ucrania no son meros Estados dentro del vecindario de Rusia. Están en su umbral. Tras la caída de Victor Yanukovich en Ucrania, un gobierno pro Occidente se hizo cargo en Kiev. Y Putin veía todos estos hechos como una amenaza directa para los intereses estratégicos de Rusia. Uno podría esperar que los políticos norteamericanos comprendan las preocupaciones de Rusia por la posibilidad de que Ucrania se sume a una alianza hostil. Después de todo, EE.UU. está profundamente comprometido con la doctrina Monroe, que advierte a otras grandes potencias que deben mantenerse fuera del Hemisferio Occidental. La visión de Putin es comprensible. Como no hay gobierno en el mundo que proteja a los Estados unos de otros, las potencias a veces actúan despiadadamente al abordar potenciales peligros. El derecho internacional y las preocupaciones por los derechos humanos ocupan un segundo plano cuando corren peligro temas vitales de seguridad.

Se le podría aconsejar a Obama que comience a pensar como un estratega. Si lo hiciera, se daría cuenta de que castigar a los rusos mientras trata de llevar a Ucrania al campo de Occidente sólo empeorará las cosas. Occidente cuenta con pocas opciones para infligirle dolor a Rusia, mientras que Moscú tiene muchas cartas que jugar contra Occidente. Podría invadir el este de Ucrania, podría dejar de cooperar con EE.UU. en el tema Irán y Siria, dañar seriamente la economía de Kiev y hasta causar graves problemas económicos en Europa a raíz de su papel como importante proveedor de gas. Pero aún si Occidente pudiera imponer costos significativos a Rusia, es poco probable que Putin retroceda. Cuando están en juego intereses vitales, los países están dispuestos a sufrir grandes dolores para garantizar su seguridad. No hay motivos para pensar que Rusia, dada su historia, sea una excepción.

Obama debería adoptar una nueva política hacia Rusia y Ucrania – una que trate de evitar la guerra mediante el reconocimiento de los intereses de seguridad de Rusia y la defensa de la integridad territorial de Ucrania. Para lograr esos objetivos , los Estados Unidos debe hacer hincapié en que Georgia y Ucrania no se convertirán en miembros de la OTAN . Se debe dejar en claro que Estados Unidos no va a interferir en las futuras elecciones en Ucrania o ser simpatizantes de un gobierno virulentamente anti-ruso en Kiev. Y debe exigir que los futuros gobiernos de Ucrania respeten los derechos de las minorías, en especial con respecto al estado del ruso como idioma oficial. En resumen, Ucrania debe permanecer neutral entre el Este y el Oeste.

Algunos podrían decir que estas prescripciones políticas equivalen a una derrota para Estados Unidos. Por el contrario , Washington tiene un interés profundamente arraigada en poner fin a este conflicto y el mantenimiento de Ucrania como un estado tapón soberano entre Rusia y la OTAN. Además, las buenas relaciones con Rusia son esenciales, ya que Estados Unidos necesita la ayuda de Moscú para tratar con Irán, Siria, Afganistán, y con el tiempo, para ayudar a contrarrestar a China, el único verdadero rival potencial a los Estados Unidos.”


¿Dónde estamos?

marzo 18, 2014

mapa geopolitico(cliquear encima para ampliar)

Ahí no, eh. En el territorio abarcado por ese “mapa geopolítico” – las zonas de conflicto e inestabilidad – que me hizo llegar un viejo amigo del nacionalismo peronista (es una redundancia: todos mis amigos del nacionalismo peronista son viejos), no estamos nosotros. Afortunadamente.

Abarca desde Gibraltar y las islas británicas hasta Nueva Guinea y el Mar del Japón. Y no es que la América del Sur no tenga sus propias inestabilidades y sus conflictos, por Dios! Pero no afectan críticamente los intereses vitales de las Grandes Potencias, incluida la que está justo al norte. No requieren su atención, en el grado que lo hacen los que sí están en ese mapa.

Quiero ser preciso en lo que estoy diciendo. Las luchas por el poder, por la identidad o por la supervivencia, que se están dando en el escenario global, tienen que ver con nosotros. Nos afectan. En el posteo anterior, por ejemplo, que me puso a pensar en éste, se habla del plebiscito que se hizo en Crimea para separarse de Ucrania e integrarse con Rusia, y se sugiere que ese hecho, y la reacción de las potencias occidentales a él, afectará la situación de las Islas Malvinas. Una eventual “república Falklands”, miembro del Commonwealth, está hoy más lejos, simplemente porque a los EE.UU. le incomodaría el precedente.

Mi planteo tiene que ver con un concepto que desarrollé en el blog hace unos cuantos años ya: En el 2001 se abrió un espacio con mayores posibilidades de autonomía para las naciones de Suramérica, aún para el resto de América Latina en general, porque la atención y muy pronto los compromisos militares de la Potencia Hegemónica de nuestro hemisferio se volcaron hacia el Arco Islámico: Afganistán, Irak, Irán, Siria…

No quiero decir que EE.UU. dejó de ocuparse de su “patio trasero”. Por supuesto que no. El Área de Libre Comercio de las Américas era todavía un proyecto vigente en 2005, aunque impulsado sin demasiado vigor (La pérdida de puestos de trabajo en los EE.UU. que por esos años atribuían al NAFTA había creado una oposición interna bastante fuerte entre sus propios ciudadanos).

Sobre todo, sus nutridos aparatos burocráticos diplomáticas, militares y de seguridad continuaron ocupándose, y la Triple Frontera en particular y los carteles colombianos y mexicanos les dieron material para algunas fantasías paranoicas (que pueden tener algo de verdad, por todo lo que no sé). El punto clave es que las urgencias principales estaban en otro lado, y los mecanismos de decisión política tenían otros temas en su agenda.

La decisión de Obama de retirar paulatinamente sus tropas – forzada por la evidente imposibilidad de consolidar estados clientes razonablemente confiables, más allá de Israel – y el principio de acuerdo con Irán, hacían pensar que la atención estadounidense podía volver a enfocarse en nuestro hemisferio. Tal vez debamos agradecer a dos hermanos eslavos, Brzezinski y Putin, porque este revival de una moderada Guerra Fría ¿una Cool War?, los obligue a concentrarse en temas más apremiantes del gran tablero mundial. No es por nada, será de tímido que uno es, pero prefiero que el grandote del barrio mire para otro lado.


Ucrania: la postura de Argentina, la de Kissinger

marzo 8, 2014

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(También podría mencionar la de Clarín, pero ahí es un problema de incompetencia, nomás. Más adelante les explico).

Los posteos que subí sobre Ucrania (ver en el Buscador) están entre los más visitados de los últimos tiempos. Está claro que es un tema que nos mueve. Y es natural, porque estamos entre los países del mundo con mayor población de origen ucraniano. También fueron muy comentados, aunque, con alguna excepción, los que participaron forman parte del elenco de opinadores tradicionales del blog de Abel.

Como era de esperar – porque los argentinos todavía tendemos a ver la política internacional como un deporte de espectáculo – la mayoría de las opiniones, aún algunas bien informadas, defendían valores o se indignaban en el marco de uno de dos Relatos opuestos. Que tienen en común que, al margen de la situación particular, dividen al mundo en dos bandos: los Malos, que avasallan a los pueblos, y los Buenos, donde ¡por supuesto! estamos nosotros. Como hinchada, eh. Tampoco la pavada.

Afortunadamente, el gobierno argentino – de  cuya Cancillería no soy admirador – ha sido discreto y prudente en este tema. Hasta ahora, la única voz oficial que ha hablado sobre el asunto es la del ministro Timerman, que se reunió ayer con el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon; el Presidente del Consejo de Seguridad, Jean Asselborn; y la Representante Permanente de los Estados Unidos y miembro del gabinete del Presidente Barack Obama, Samantha Power (no en orden de importancia).

En las tres reuniones, “reafirmó la necesidad de garantizar el respeto irrestricto a la paz, los derechos humanos y la integridad territorial, así como la protección de las minorías étnicas y religiosas, tal como lo estipula la Carta de las Naciones Unidas. El Canciller argentino expresó, además, la posición argentina contra la injerencia externa por medios militares, económicos o políticos en los asuntos internos de países soberanos“.

En particular, corresponde señalar que un país que está entre los diez más extensos del mundo, con relativamente poca población y fuerzas armadas débiles, debe ser fanático del principio de la integridad territorial. Eso sí, como los principios se sostienen mejor cuando hay un mínimo de fuerza detrás, insisto en que el fortalecimiento del Consejo de Defensa Suramericano es una necesidad imperiosa.

En cuanto a Henry Kissinger, siempre dije que era el estadista más lúcido entre los que han sido imputados recientemente por crímenes de guerra. Y aunque algunas de sus ofensas más notorias en este rubro han sido en nuestra América del Sur… su análisis de esta coyuntura internacional me parece muy inteligente. Lo comparto con ustedes:

La discusión pública sobre Ucrania (dentro de los EE.UU.) gira en torno a la confrontación únicamente. Pero ¿sabemos hacia dónde vamos? En mi vida he visto cuatro guerras, que comenzaron con gran entusiasmo y apoyo público. No sabíamos cómo terminarlas a todas ellas y de tres nos retiramos de forma unilateral. La prueba de la política es ver de qué forma termina una guerra, no cómo comienza.

Con demasiada frecuencia, el tema Ucrania es planteado como un momento decisivo que consiste en ver si Ucrania se suma al Este o al Oeste. Pero si Ucrania desea sobrevivir y prosperar, no debe ser la avanzada de una parte contra la del otro. Debería funcionar como un puente entre ambas.

Rusia debe aceptar que tratar de forzar a Ucrania a un status de satélite, y volver a mover las fronteras de Rusia, condenaría a Moscú a repetir su historia de ciclos autocumplidos de presiones recíprocas con Europa y Estados Unidos.

Occidente debe entender que para Rusia Ucrania nunca puede ser un mero país extranjero. La historia rusa comenzó en lo que se llamaba el Rus de Kiev. La religión rusa se propagó desde allí. Ucrania fue parte de Rusia durante siglos y sus historias estaban ligadas desde antes. Algunas de las batallas más importantes por la libertad rusa, empezando por la de Poltava en 1709, se libraron en suelo ucraniano. La flota rusa del Mar Negro – con la que Rusia proyecta su poderío en el Mediterráneo – tiene su base en Sevastopol, Crimea. Hasta disidentes muy renombrados como Aleksandr Solzhenitsyn y Joseph Brodsky insistían que Ucrania era parte integrante de la historia rusa y de Rusia, de hecho.

La Unión Europea debe reconocer que su demora burocrática y subordinación del elemento estratégico a la política interna al negociar la relación de Ucrania con Europa contribuyó a convertir una negociación en una crisis. La política exterior es el arte de establecer prioridades.

Los ucranianos son el elemento decisivo. Viven en un país con una compleja historia y una composición políglota. La parte occidental fue incorporada a la Unión Soviética en 1939, cuando Stalin y Hitler se dividieron el botín. Crimea, con una población que es rusa en un 60%, se volvió parte de Ucrania en 1954, cuando Nikita Kruschev la entregó como parte del festejo de los 300 años de un acuerdo ruso con los cosacos. La parte occidental es mayormente católica. La parte oriental rusa ortodoxa en su mayoría. El oeste habla ucraniano. El este, ruso mayormente. Cualquier intento de una parte de Ucrania para dominar a la otra – como ha sido la norma – conduciría a la larga a una guerra civil o fragmentación. Tratar a Ucrania como parte de una confrontación Este-Oeste hará desaparecer por décadas toda perspectiva para unir a Rusia y Occidente – Rusia y Europa en especial – en un sistema internacional de cooperación.

Ucrania es independiente desde hace nada más que 23 años. Y desde el siglo XIV ha estado bajo algún tipo de dominio extranjero. No sorprende entonces que sus dirigentes no hayan aprendido el arte del compromiso, y mucho menos de la perspectiva histórica. La política de la Ucrania post independencia demuestra claramente que la raíz del problema radica en los esfuerzos de los políticos ucranianos para imponer su voluntad en partes reacias del país, primero por parte de una facción, después por otra. Esa es la esencia del conflicto entre Viktor Yanukovich y su principal rival política, Julia Timoshenko. Representan a las dos alas de Ucrania y no quisieron compartir el poder. Una política norteamericana inteligente hacia Ucrania buscaría una forma para que los dos sectores del país cooperen entre sí. Debiéramos buscar la reconciliación, no el dominio de una facción.

Rusia y Occidente, y mucho menos las distintas facciones de Ucrania, no actuaron según este principio. Cada uno empeoró la situación. Rusia no estaría en condiciones de imponer una solución militar sin aislarse, en un momento en que muchas de sus fronteras ya son frágiles. Para Occidente, la demonización de Vladimir Putin no es una política. Es una coartada a su ausencia.

Putin debiera darse cuenta de que, al margen de sus reclamos, una política de imposiciones militares generaría otra Guerra Fría. Por su parte, Estados Unidos necesita evitar tratar a Rusia como un pervertido al que se le deben enseñar pacientemente reglas de conducta creadas por Washington. Putin es un estratega serio – según las premisas de la historia rusa. La comprensión de la psicología y valores norteamericanos no es su fuerte. Como tampoco lo fue la comprensión de la psicología e historia rusa para los políticos estadounidenses“.  (completo aquí)

El buen doctor K sigue en ese artículo con algunas recomendaciones concretas. Ese tipo de cosas, en la práctica, es lo menos importante. Las medidas salen de la mesa de negociaciones… cuando las partes que se sientan tienen claros sus objetivos y los de las otras partes. Pero confieso que me sorprendió cuando en el punto 2° dice “Ucrania debiera sumarse a la OTAN, una postura que asumí hace siete años, cuando surgió por última vez“. Está bien, H. K. ha cumplido 90 años, pero no había demostrado ningún indicio de senilidad… o de imprudencia.

Entonces fui al original, en el Washington Post. Y si, dice “Ucrania no debiera sumarse a la OTAN, una postura que asumí hace siete años, cuando surgió por última vez“.

Bueno, Clarín nunca se ha destacado por la precisión de sus noticias, ni por sus correctores de pruebas. La Nación le da cada vez menos espacio a la política internacional en su versión online, y Página 12 solamente publica las que un buen progre puede enterarse sin que sus convicciones se vean atacadas. Parte del ombliguismo argentino, supongo. Pero yo que el Ctdor. Magnetto, por un tiempo, no aceptaría brindis con extraños, ni dejaría que se me acercara un desconocido con paraguas enrollado. La FSB puede conservar algunas tradiciones de la KGB.


“Todos espían”

julio 2, 2013

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A Edward Snowden y a su buchoneo del espionaje norteamericano, casi no los mencioné en el blog (por eso le compenso que esta bonita foto). Creo que es un gran argumento para un buen escritor – como Le Carré, Graham Greene, Somerset Maugham, con experiencia en esa profesión. Pero no tengo su talento literario ni fuí espía, y no encontré nada nuevo o revelador en el asunto: algo similar sucedió con Bradley Manning.

Mucho antes, y en un contexto diferente, en Inglaterra con Kim Philby, o, en el otro lado de la vieja Guerra Fría, con Anatoliy Golitsyn.

La recolección de inteligencia (no confundir: esa palabra se refiere a información supuestamente sensitiva) la hacen, en el mundo actual, gigantescas burocracias. Que tienen todas las debilidades típicas, por supuesto. Si a eso se suma que sus miembros están expuestos, necesariamente, a distintos y conflictivos “relatos”…

Pero encontré algo muy interesante en el Clarín de hoy. No es frecuente: ese diario no se destaca por su cobertura internacional. Claro: la que escribe es Ana Baron. Y la nota ofrece una visión reveladora, no de los espías, sino de quienes los emplean. Que es, me parece, mucho más significativo. La copio casi íntegra. Las negritas son mías, y no resisto a la tentación de agregar una de mis moralejas al final.

Obama y Putin negocian: Rusia ofrece asilo al ex topo si no habla

POR ANA BARON

WASHINGTON. CORRESPONSAL – 02/07/13. Rusia y Estados Unidos están negociando “al más alto nivel” el destino de Edward Snowden, el “topo” que se encuentra en el aeropuerto de Moscú desde hace más de una semana, y decidieron encargar a los jefes de sus respectivos servicios secretos que busquen una salida a esta delicada situación.

El gobierno ruso confirmó que Snowden había pedido asilo político en Rusia el domingo, y el propio presidente Vladimir Putin se mostró dispuesto ayer a otorgárselo, pero únicamente si acepta no hacer más revelaciones sobre el espionaje estadounidense.

“Si quiere quedarse aquí hay una sola condición: tiene que dejar de trabajar para socavar a nuestros socios estadounidenses, aunque parezca raro que provenga de mí”, declaró Putin. Lo que nadie sabe con exactitud es por qué el líder ruso impuso esta condición tan ventajosa para EE.UU. ¿Acaso teme que los estadounidenses comiencen a hablar sobre el programa de espionaje ruso?

Snowden se quejó, en un comunicado publicado ayer por el sitio WikiLeaks, de que EE.UU. le quiere quitar su “derecho humano” de solicitar asilo en otro país. Pese a que no fue declarado culpable de ningún delito, se le invalidó el pasaporte, dice el texto. “Estas son las viejas, malas herramientas de agresión política. El objetivo es asustar, no a mí, sino a aquellos que vengan después de mí”, agrega. Si se confirma que el comunicado es de su autoría, sería su primera declaración pública desde su huida de Hong Kong a Moscú, el domingo pasado.

En tanto, el presidente estadounidense, Barack Obama, defendió ayer enérgicamente el espionaje que tanta furia provocó en Europa, Japón y México, diciendo que no sólo EE.UU. espía, sino que todo el mundo lo hace.

Todos los servicios de inteligencia”, en EE.UU., Europa y Asia, “tratan de entender mejor el mundo y lo que está pasando en las capitales (…) a través de fuentes que no están disponibles en The New York Times o en NBC News”, argumentó Obama. “Garantizo que en las capitales europeas hay personas interesadas, si no en lo que tomé para desayunar, al menos sí en cuáles podrían ser mis principales temas de conversación si me reuniese con sus dirigentes”, agregó en una conferencia de prensa con su par de Tanzania, Jakaya Kikwete, en Dar es Salaam.

Todos los países del mundo que participan en los asuntos internacionales adoptan muchas medidas para proteger la seguridad nacional (…) No es algo inusual para muchas naciones”, agregó por su parte el Secretario de Estado, John Kerry, después de haber tenido una reunión con la jefa de la diplomacia europea, Kathleen Ashton, en la que escuchó las duras críticas de los países europeos al programa de espionaje estadounidense. Más aún, el ex director de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y de la CIA, Michael V. Hayden, dijo que “cualquier europeo que quiere rasgarse la vestiduras con respecto al espionaje internacional debería fijarse primero que es lo que están haciendo sus propios gobiernos”.

… El quid, sin embargo, sigue siendo qué va a pasar con Snowden. ¿Aceptará el asilo que Rusia está dispuesta a concederle a cambio de que no haga más revelaciones?

Ayer, Snowden se reunió con funcionarios diplomáticos rusos y les entregó una lista con 15 países que baraja para solicitar asilo político. Esto significa que está analizando alternativas al que le ofreció Rusia. Aunque Putin le brinda garantías de que no lo extraditará a EE.UU., como reclama Washington, todo indica que Snowden tiene más revelaciones que hacer. Por tradición, Putin nunca extradita a un espía, sólo hace intercambios de espías“.

Ante todo, un consejo personal: Por las dudas, y como ya había recomendado antes mi amigo Otto Rock, eviten viajar en aviones saliendo del aeropuerto de Moscú en los próximos días, hasta que Snowden no se vaya de allí. Podemos confiar en que tanto Obama como Putin prefieren soluciones incruentas y razonables, pero… ese tema de las burocracias, vieron?

Lo importante, y universal, que encontramos implicito en las palabras del compañero Obama “Todos los gobiernos espían“, y en el corolario que nos indica la experiencia “Todos los gobiernos espían, afuera y adentro“: los gobiernos estables, al frente de sociedades con acuerdos firmes, pueden y deben preocuparse por posibles amenazas externas.

Los gobiernos de países divididos internamente … tienen que volcar su atención a los enemigos internos. Con ese problema de las lealtades burocráticas… El compañero Putin nos expresa en esta foto su opinión sobre las chances de esos gobiernos.

Putin


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