Stratfor – la CIA privada -, China y lo que cree el sistema

julio 27, 2013

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Stratfor Global Intelligence es una empresa norteamericana fundada en 1996 por George Friedman que se dedica a proveer información, «inteligencia» y análisis geopolítico para sus suscriptores.

He hablado de ella, y he utilizado su material otras veces en este blog. Por ejemplo, aquí y aquí. Como todas las entidades de ese tipo – incluída la C.I.A. oficial, y nuestra propia Secretaría de Inteligencia – reúne muchos datos interesantes, muchísimo material dudoso y una inmensa cantidad de chismografía trivial y tonterías varias. Es inevitable.

Igual, sus informes, cuando versan sobre los temas y regiones que son de interés para su público – en su mayoría funcionarios y empresarios de los países desarrollados del Atlántico Norte – son valiosos. Porque, además, nos ayudan a percibir cómo piensan quienes los hacen. Con esa mentalidad que tiendo a considerar típica del estadounidense de buena formación intelectual: aguda, realista y superficial. Con una cierta incapacidad para empatizar con los valores de otras culturas.

Y vaya si es importante entender cómo piensan. Después de todo, y a pesar de sus problemas, EE.UU. sigue siendo el grandote del barrio.

Recién yo subí una evaluación de los problemas de China escrita por el profesor Paul Krugman, un estadounidense de buena formación intelectual, de la variedad economista keynesiano.

Y entre algunos amables comentaristas hubo una cierta tendencia a decir algo así como «Sí, sí, Krugman habla de los problemas de China, pero no dice nada de los problemas de EE.UU.«. Me permito señalarles que no es tan así – Krugman es muy crítico de las políticas del establishment yanqui – pero eso es irrelevante. Los que toman las decisiones en esa sociedad, no son – por ejemplo – como militantes políticos que no sólo quieren ganar una elección sino además decirse y que les digan que van a ganar.

Como dije antes, tienen una tradición de pensamiento realista – aunque se engañen a sí mismos como cualquier otro ser humano. Por eso su enfoque no versa sobre a qué país le va mejor o peor – asumen que de los problemas de China se preocuparán los chinos. Su preocupación está centrada en el sistema global – y la «implosión» china se refiere en realidad a que China dejará de cumplir el rol fundamental que tuvo en ese sistema global en los últimos 30 años.

Por eso, el análisis que George Friedman publicó recientemente en Stratfor: Recognizing the End of the Chinese Economic Miracle, en el que comenta entre otras cosas la nota de Krugman, es interesante más que por los datos que agrega, porque nos permite apreciar, en su síntesis final, cómo ven los sectores dirigentes de la sociedad norteamericana – y del capitalismo global – la situación actual y – lo más importante – sus expectativas para el futuro:

«China va a seguir siendo una gran potencia, y su economía seguirá siendo muy importante. Estar con problemas no es lo mismo que dejar de existir. China siempre existirá. Simplemente, dejará de ser el país clave por sus bajos salarios y alto crecimiento. Al igual que Japón antes, pasará a jugar un papel diferente.

En el sistema global, siempre hay países con salarios bajos, de alto crecimiento, porque los consumidores de las potencias industriales avanzadas quieren absorber bienes baratos, con bajos costos de manufactura. Convertirse en un proveedor de dichos bienes es una gran oportunidad para esos países, y también una fuente de graves desequilibrios. Ningún país puede reemplazar a China, pero China será reemplazada. El siguiente paso en este proceso es la identificación de los sucesores de China«.

Por mi parte, me permito señalar mi escepticismo. La falta de sentido histórico que muestra, curiosamente, Friedman en estas líneas no le permite apreciar que ese «siempre» se refiere a los últimos 40 años, cuando se produce la radicación en los países de bajos salarios de las industrias que habían nacido en América del Norte y en Europa Occidental. Un proceso que se ha detenido, y parecería que ha empezado a revertirse.

Pero tengamos claro que ésta no es una discusión teórica. La visión sintetizada en esas líneas es la que sostienen sectores muy importantes del capitalismo global – apoyados por buena parte de la población de los países industrializados y minorías importantes en los países emergentes. Estamos hablando de centenares de miilones de personas que se han beneficiado de este esquema, y a los que – además – nadie les está ofreciendo alternativas visibles.

Los argentinos, y nuestros socios en América del Sur, corresponde que agregue, no enfrentamos este dilema. No tenemos un lugar en este sistema, ni como consumidores – no somos  tan prósperos – ni, afortunadamente, nuestros salarios son tan bajos como para competir. Nuestra preocupación debe ser construir un bloque económico viable que nos proteja de los conflictos que se produzcan por la perduración disruptiva de este esquema, o por su reemplazo por un nuevo proteccionismo.


Chocando contra la Gran Muralla China

julio 25, 2013

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Paul Krugman, profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton, premio Nobel de Economía del 2008, es probablemente el economista más popular – si consideramos el largo plazo; un Roubini pudo haberse hecho más célebre en la reciente Crisis global, pero hace 10 años sólo lo conocían los especialistas. Y, por su prédica filo keynesiana – liberal, en el sentido que le dan los yanquis a este término – y su repercusión en la opinión más o menos progresista, es el sucesor del gran John Kenneth Galbraith.

En mi opinión, no está a su altura intelectual. No ha hecho los aportes a la comprensión de la sociedad humana que hizo J.K.G. Pero no soy una autoridad a la que se consulte para evaluarlos. Y, en todo caso, es lo que hay.

Por eso me llama mucho la atención que este artículo suyo, que publicó hace una semana en su blog del New York Times, haya sido comentado tan poco en la blogosfera politizada. Hasta donde he leído – mucho se me puede haber pasado por alto – sólo lo menciona el ingenioso Lucas Llach, que no está muy de acuerdo con lo que plantea (sus comentaristas, en cambio, lo ven como una demostración que las economías planificadas nunca pueden funcionar, al contrario de los mercados. Que, como lo estamos viendo, funcionan maravillosamente bien. Especialmente en Europa).

No importa. El punto es que, si Krugman está en lo cierto, esta nota habla de una noticia que está entre las más serias que podemos escuchar. Para nuestros intereses como exportadores, y para el esquema de poder global. Creo que tienen que leerla, para juzgar por ustedes mismos. Por mi parte, agrego – como de costumbre – mis comentarios al final.

Choque contra la Gran Muralla

Paul Krugman

A todos los datos económicos se los puede ver como un cuento de ciencia ficción particularmente aburrido, pero los datos chinos son aún más ficticios que la mayoría. Agregue un gobierno reservado, una prensa controlada y el descomunal tamaño del país y se hace más difícil entender lo que realmente está sucediendo en China que en cualquier otra economía importante.

Sin embargo, las señales actuales son inconfundibles. China está metida en serios problemas. No hablamos de cualquier revés menor de los que siempre aparecen en el camino sino de algo más fundamental. La forma como un todo de hacer negocios del país, el sistema económico que ha impulsado tres décadas de increíble crecimiento, ha llegado al límite. Uno podría decir que el modelo chino está a punto de estrellarse contra su Gran Muralla y lo único que queda por preguntarse es la gravedad de los daños causados por el choque.

Empecemos con los datos, sin parar en lo poco confiables que sean. Lo que de inmediato salta cuando uno compara a China con casi cualquier otra economía, aparte de su rápido crecimiento, es el torcido equilibrio entre consumo e inversión. Todas las economías exitosas dedican parte de su ingreso actual para inversión, más que para consumo, con el fin de ampliar su capacidad futura para consumir. China, sin embargo, parece invertir solo para ampliar su capacidad futura… para invertir más. Estados Unidos, ciertamente entre los gastadores, dedica el 70% de su producto interno bruto al consumo. China consume sólo la mitad de ese porcentaje, mientras que casi la mitad del PIB se invierte.

¿Cómo es eso siquiera posible? ¿Qué hace que el consumo se mantenga tan bajo y cómo es posible que los chinos hayan sido capaces de invertir tanto sin – hasta ahora – toparse con réditos en disminución? Las respuestas son tema de intensa controversia. El argumento que tiene mayor sentido para mí se sustenta en una antigua percepción del economista W. Arthur Lewis, quien argumentaba que los países que se encuentran en etapas tempranas del desarrollo económico corrientemente tienen un pequeño sector moderno junto a un sector tradicional grande que contiene gigantescas cantidades de “excedentes de mano de obra” – campesinos subempleados que, en el mejor de los casos, dan un aporte marginal a la producción como un todo.

La existencia de este excedente de mano de obra, a la vez, tiene dos efectos. Primero, durante un tiempo tales países pueden hacer fuertes inversiones en fábricas nuevas, en la construcción y así por el estilo, sin toparse con ganancias decrecientes, porque pueden seguir aprovechando mano de obra nueva proveniente del campo. Segundo, la competencia por parte de este ejército de reserva de mano de obra mantiene los sueldos bajos al tiempo que la economía se sigue enriqueciendo. En verdad, lo principal para mantener bajo el consumo chino parece ser que las familias chinas nunca ven mucho del ingreso que genera el crecimiento económico del país. Parte de ese ingreso fluye a la élite conectada con la política, pero buena parte de él sencillamente se queda embotellado en las empresas, muchas de ellas de propiedad estatal.

Todo esto resulta muy peculiar según nuestros estándares, pero funcionó durante varias décadas. Ahora, sin embargo, China ha alcanzado el “punto Lewis” o, para decirlo de manera cruda, se le acaba el excedente de campesinos.

Eso debería ser algo bueno. Los sueldos están aumentando; finalmente los chinos comunes y corrientes están empezando a compartir los frutos del crecimiento. Pero también significa que la economía china inesperadamente se topa con la necesidad de un drástico “rebalancing”, “reequilibrio”– la frase del momento en la jerga económica. La inversión se está topando ahora con ganancias marcadamente a la baja y va a disminuir drásticamente sin importar lo que el Gobierno haga; el gasto de los consumidores tiene que aumentar de manera drástica para reemplazarla. El asunto estriba en si esto puede suceder con la suficiente rapidez como para evitar una Depresión de aquellas

Y la respuesta, de forma creciente, parece ser no. La necesidad de reequilibrar ha sido obvia durante años, pero China sencillamente sigue posponiendo los cambios necesarios. En cambio, estimula la economía manteniendo su moneda devaluada e inundándola con crédito barato. (Dado que alguien va a plantear el asunto: No, esto tiene muy poca semejanza con las políticas actuales de la Reserva Federal en los Estados Unidos).

Estas medidas pospusieron la hora de la verdad, pero también aseguraron que esta hora fuera aún más amarga cuando finalmente llegara. Y ahora ha llegado.

¿Y qué importancia tiene esto para el resto de los mortales? En los valores de mercado –que es lo que cuenta para la perspectiva global – la economía de China todavía es solo modestamente más grande que la de Japón y tiene apenas cerca de la mitad del tamaño de la de Estados Unidos o la de la Unión Europea. Por lo tanto, grande no es gigantesco y, en épocas ordinarias, el mundo probablemente asimilaría los problemas de China con toda normalidad.

Desafortunadamente, estas no son épocas normales: China está llegando a su punto Lewis al mismo tiempo que las economías occidentales están pasando por su “momento Minsky”: el punto cuando los deudores, desbordados por sus obligaciones financieras, están tratando de recortar todos al mismo tiempo, y al hacerlo provocan una crisis general. Las nuevas congojas de China son lo último que el resto de nosotros necesitaba.

Sin duda muchos lectores están sintiendo un sobresalto intelectual. Apenas ayer teníamos miedo de los chinos; ahora sentimos miedo por ellos. Pero nuestra situación no ha mejorado.

Paul Krugman, corresponde decirlo, dió sobradas muestras de su escepticismo – a veces infundado – sobre la economía china. Hace un par de décadas decía que un país que sale de una economía pre tecnológica – de la pobreza rural – muy fácilmente logra tasas de crecimiento espectaculares. Pero pasar de la industria primitiva a la moderna … eso era otro tipo de desafío.

Bueno, China mostró que podía enfrentar ese desafío… y seguir creciendo a tasas aún más altas. (Con un costo social y ambiental muy alto, y con grandes desigualdades, agrego yo).

Pero… lo que dice aquí P. K. no pretende ser un pronóstico, sino una noticia. Es decir, no son las profecías de inminente derrumbe que estamos acostumbrados a escuchar acerca de la economía kirchnerista, por ejemplo. Está diciendo que – si los datos son correctos – la economía de ese gran país ya está enfrentando graves problemas.

Si esto es así, no importa tanto si Lucas Llach está en lo cierto y esos problemas pueden resolverse fácilmente con una dosis de populismo, incrementando el consumo de su pueblo. El hecho es que este tipo de desarrollo, más humano, no provoca un crecimiento a tasas chinas, digamos.

Entonces, el esquema de los últimos treinta años – durante buena parte de los cuales el crecimiento de China fue la locomotora de la economía global (y del boom de las commodities suramericanas, también) – ya no será vigente. Porque otro lado, la recesión en Europa y la discreta recuperación en EE.UU. indican que ese crecimiento, basado en sus exportaciones, ya enfrenta límites externos reales.

Cabe preguntarse, entonces, cuál será el esquema que lo reemplazará. El derrumbe del capitalismo – profetizado muchas más veces que el de la economía K – no está en las cartas. Tampoco me parecen plausibles las fáciles analogías con la década de 1930. simplemente porque los gobiernos de los países más poderosos tienen esa memoria muy clara. Sí me parece probable la tendencia hacia un proteccionismo de grandes bloques.

Por lo que hace a nosotros, no tenemos porqué ser tremendistas: los chinos, y muchos otros pueblos, conservan la costumbre de comer, como dice el bloguero Contradicto. Nuestras exportaciones agrícolas no tienen porqué ser gravemente afectadas. Pero la política comercial china será más agresiva de lo que ya es. Y los otros países desarrollados también tratarán de colocar sus productos a como dé lugar. Es necesario que fortalezcamos una política comercial del MERCOSUR. Y que tengamos en cuenta que las ilusiones despertadas por la Alianza del Pacífico – explicables para países cuya incipiente prosperidad se basa en la exportación de commodities – no parecen muy seguras en este nuevo marco global.


Para la autoestima argentina, y armenia, también

mayo 30, 2013

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Esta noticia que voy a subir a continuación me interesó mucho, y encaja con las notas que me gusta acercarles sobre desarrollos tecnológicos argentinos, pero vacilé antes de decidirme a incorporarla al blog.

Suena demasiado como el típico chivo de la publicidad institucional. Y – aunque no tengo objeciones contra esa actividad – no he recibido ninguna pregunta de la empresa mencionada sobre el valor del espacio.

Pero… el hecho que hubiera sido publicada hace pocas horas por el Financial Times – probablemente la revista de negocios más leída en el mundo – y que nunca ha mostrado demasiada simpatía por Argentina y mucho menos por nada que tenga afinidad con el gobierno kirchnerista… me decidió. Jude Webber es el corresponsal de FT, y lo más cercano a su voz editorial en todo lo que tiene que ver con Argentina.

He tratado de traducirla con la mayor fidelidad para los que no dominan el inglés o no han conseguido una suscripción de prueba a FT. Las podas de lo que entendí innecesario fueron mínimas. Así que estimo que la información va a ser de interés, cualquiera sea la opinión que tengan sobre la K burguesía. Ah, y si alguien pronuncia «capitalismo de amigos», le pediría que me nombre un país donde pueda encontrar un «capitalismo de desconocidos».

Un pionero argentino descubre un nicho en semiconductores

Por Jude Webber, desde Chascomús

Los trabajadores de batas blancas y zapatos de protección caminan por el brillante suelo azul de una flamante planta industrial construida en el sitio de una antigua fábrica textil.

Las máquinas ronronean en vez de rugir y se ve más como un hospital estéril que una parte importante de la revolución industrial del siglo 21 en América Latina.

Pero Eduardo Eurnekian, uno de los empresarios más exitosos de Argentina, cuya Corporación América administra 49 aeropuertos en siete países de América Latina y Europa, ha encontrado lo que ve como un nuevo nicho: los semiconductores.

Tiene previsto invertir U$S 1.200 millones en una operación que inicialmente producirá chips para tarjetas inteligentes, como los pases de viaje recargables, así como para los teléfonos celulares, tarjetas bancarias y pasaportes. Pero con el tiempo, el plan es abarcar toda la cadena de producción: desde la extracción de arena de sílice, para la fabricación de las obleas de silicio, a la producción de los sofisticados microchips.

Nada de la tecnología es nueva en sí – de hecho, la fábrica, ubicada en Chascomús, a 120 kilómetros al sur de Buenos Aires, producirá transistores, los «bloques de construcción» de los chips, espaciados entre 350 a 90 nanómetros de distancia. Los chips que forman el cerebro digital de los últimos gadgets, como el iPad, se construyen con transistores separados sólo 40 nm entre sí y son por lo tanto mucho más potentes. Los líderes del sector, como Intel, están construyendo fichas con transistores de 22 nm de separación.

Pero la compañía, Unitec Blue, quiere posicionarse como pionera en semiconductores en América Latina, capaz de suministrar chips de manera competitiva a la región que se adaptan a una amplia gama de aplicaciones industriales que no requieren tecnología de vanguardia.

… No se trata de producir más barato que Asia – algo que los expertos dicen que sería imposible -, sino competir en cosas tales como el tiempo de entrega.

… Empresas argentinas importaron chips por $ 980 millones en el 2012 y se espera que esa cifra aumente a $ 1.300 millones este año… El mercado brasileño es siete veces más grande. Y el mercado regional «al sur de México», donde Unitec espera competir, representa $ 17 mil millones.

Brasil ha luchado durante años para conseguir una industria de semiconductores en funcionamiento. Ya cuenta con un fabricante de semiconductores a pequeña escala en Ceitec. IBM, y EBX del multimillonario brasileño Eike Batista también están planeando una joint-venture para la fabricación de chips. Pero Unitec está comercializando agresivamente.

«Creo que hay espacio para un jugador regional porque todas estas fundiciones no están localizadas en América Latina» acordó Tuan Samuel Wang, vicepresidente de investigación de Gartner, una consultora de tecnología. La mayoría de los fabricantes de semiconductores se encuentran en Asia y los EE.UU., con la industria mundial dominado por TSMC de Taiwán.

En América Latina, Intel posee una planta en Costa Rica, pero no permite su utilización a otras empresas de primera línea.

Lanzar Unitec Blue en Argentina, no fue, sin embargo, sin obstáculos: las restricciones a las importaciones demoraron la entrega de la maquinaria necesaria de Alemania.

Pero esos controles a la importación impuestos por un gobierno proteccionista podrían dar a Argentina ventajas en el desarrollo de diseño de microchips y la «profundización de las posibilidades tecnológicas nacionales«, dijo Pedro Julián, un experto en la industria y profesor de la Universidad Nacional del Sur, que está trabajando en un proyecto de diseño de un microchip y dice fundición que monta Unitec podría ser «muy complementaria. Se están moviendo en un segmento en el que podríamos usar escala regional«.

La empresa, prevista para su inauguración oficial por parte de Cristina Fernández, presidenta de Argentina, el 4 de junio, está financiada en su totalidad por el propio capital de Corporación América. «Ahora es el momento de invertir en Argentina«, dice el Sr. Eurnekian. «Los activos están baratos«.

Argentina está acosada por una inflación que se estima en un 24 por ciento anual y los controles de divisas han asustado a otros inversores, como la brasileña Vale, lo que llevó a abandonar un proyecto de $ 6.000 millones.

Pero para este empresario, la ecuación es simple. «Trato de investigar los nichos donde hay potencial«.


¿Qué importaciones sustituimos?

abril 5, 2012

En el segundo de los posts de esta serie (el primero fue éste), dije que «la sustitución de importaciones es tal vez la política económica más discutida en Argentina, desde los tiempos en que Carlos Pellegrini levantaba esa bandera». Y repasando un discurso que el Gringo pronunció en el parlamento en los ´70 (1870, esto es) veo que la discusión teórica no ha cambiado.

«»Si el libre cambio desarrolla la industria que ha adquirido cierto vigor y le permite alcanzar todo el esplendor posible, el libre cambio mata la industria naciente. La agricultura y la ganadería son dos grandes industrias fundamentales; pero ninguna nación de la tierra ha alcanzado la cumbre de su desarrollo económico con solo estas industrias. Las industrias que las han llevado al máximum de poder son las industrias fabriles, y la industria fabril es la primera en mérito y la última que se alcanza, porque ella es la más alta expresión del progreso industrial».

Ahora, quiero hacer una advertencia. Esos siguen siendo los términos de la discusión teórica. Pero no debemos quedarnos «enganchados» en ella. Éste no es un tema que se resuelve desde la teoría. Estamos, por supuesto, ante una lucha de intereses, y también de proyectos, del tipo de sociedad que se quiere construir. La oposición a las políticas industriales incluye un elemento cultural, un sector cuyo lema sería el contrario al que cantan los chicos y chicas del musical de Cibrián «Aquí no podemos hacerlo».

Pero el planteo de una incorporación acrítica a la globalización sufrió una derrota política en Argentina cuando fracasó la experiencia de la convertibilidad. Y la misma globalización financiera, desde 2008, ha perdido su aura de destino inevitable y glorioso. Hay otro factor que me parece importante, que no existía cuando se daba el debate entre librecambio y proteccionismo en el congreso argentino en 1875: las actividades agropecuarias son hoy también una industria sofisticada, que requiere una incorporación de tecnología más compleja y continua que la que era suficiente en ese tiempo.

Entonces, compatriotas, el peligro que enfrenta la reindustrialización en Argentina es que la hagamos mal. Que se cometan errores de política económica o de política a secas. Por eso en las últimas semanas el blog ha adoptado a Pablo Tonelli, economista, el autor del primer post de la serie, que aquí analiza con ojo crítico, si esperanzado, lo que se está haciendo y señala lo que a su juicio debemos hacer. Como él dice, es un post para fin de semana largo (los que sean devotos, pueden pensar que se adecua a la Pascua de Resurrección).

«En mi artículo de la semana pasada tomé la noción de Marcelo Diamand que establecía un “costo límite” a la política de sustitución de importaciones, entendido éste como el menor costo necesario para que el ritmo de sustitución de importación alcance a mantener equilibrado el sector externo con pleno empleo. En esencia debía evitarse que la importación de insumos para fabricar un bien determinado implicara un flujo de divisas creciente que supera las que se ahorraban con la importación del bien final. A su vez la mera y simple reducción del coeficiente de importaciones, tal como desarrollé en mi artículo anterior, puede conducir a un incremento de los costos de la producción industrial local si además no se tienen en cuenta los problemas de escala.

En ese mismo sentido el mundo capitalista globalizado es muy diferente a aquél en que la primera ISI (industrialización por sustitución de importaciones) tuvo lugar. La producción se ha relocalizado y las cadenas de valor no tienen un perfil de integración vertical ordenadas por el espacio nacional. Por el contrario las industrias integran sus partes e insumos producidos en diferentes países y el comercio inter-firmas de las empresas multinacionales constituye un eje dinámico del comercio internacional. Los bienes industriales han tenido un abaratamiento relativo, situación que la crisis internacional y la sobreproducción han agravado. El escenario del “deterioro de los términos de intercambio” del mundo previo a la globalización se ha trastocado. El precio promedio de los bienes industriales se ha abaratado en relación con el de las materias primas.

Esto es una buena y una mala noticia para el proceso de ISI actualmente en curso. La buena noticia es que el precio de las commodities que la Argentina exporta brinda las divisas sin las cuales el crecimiento no es factible. En segundo lugar la industria, que produce con una productividad alejada de la internacional se encuentra con bienes abaratados en términos relativos, lo que no es dato menor a la hora de enfrentar los costos de la producción local en términos de la puja distributiva salarios-beneficios.

A su vez el contexto institucional, con el tope de aranceles impuesto por la Organización Mundial del Comercio (OMC), la ley de inversiones extranjeras vigente en nuestro país y los Acuerdos de Garantía de Inversiones firmados a lo largo de la década del noventa constituyen otros obstáculos a ser salvados. Existe además el problema del costo y la disponibilidad de la energía, una situación que en el pasado enfrentó Perón en los años cincuenta y lo llevó a revisar la política llevada adelante hasta ese momento y que años después tuvo un escenario polémico con la firma de los contratos petroleros del frondicismo.

Voy a tomar un concepto del economista argentino Alejandro Fiorito quien al referirse a las importaciones del período kirchnerista afirma “que han crecido acompañando el alza de las inversiones en bienes de capital y bienes intermedios y no así con el alza de demanda de bienes de consumo. Por ese motivo las primeras conforman el principal núcleo a sustituir….. “Esto implica que la sustitución no se limita a lo que pueda efectivamente hacerse hoy en el país, sino que es incumbencia del Estado prever y generar también nuevas ramas actividades para sustituir….ello puede realizarse en etapas, por aproximación e ir avanzando sostenidamente en el tiempo y profundizando dichas políticas de sustitución…

Fiorito aporta una guía para la acción: tomar como base “los coeficientes de importaciones a tres dígitos del CIIU (cantidades importadas sobre cantidades de producto sectorial) … y ver cuáles son los principales rubros donde las importaciones crecieron más que el producto sectorial correspondiente. Tomando promedios para los últimos años y eligiendo los que superen el índice del año base…” En la lógica de Fiorito, que en este punto comparto totalmente, esta es una base para definir el costo límite de Diamand para las actividades que deban ser apoyadas en el proceso sustitutivo.

La Argentina presentó en el año 2011 un Plan Estratégico Industrial 2020, que estima un crecimiento del PBI del 5 %, del PBI industrial del 7 %, prevé metas de comercio global, una tasa de desempleo del 5 % y metas de inversión que llegarán al 27/28 % del PBI. Se propone impulsar diez sectores productivos: Alimentos, calzado, textil y confecciones, madera, papel y muebles, material de construcción, bienes de capital, maquinaria agrícola, autos y autopartes, medicamentos, software y productos químicos y petroquímicos. Es un punto de partida.

Otro trabajo originado en la UIA y realizado por los economistas Coatz, García Díaz y Woyecheszen se propone a partir de la Matriz de Insumo Producto de la Argentina, que da cuenta de las transacciones intrasectoriales identificar políticas relevantes a partir de los encadenamientos productivos. Establece una tipología en sectores con Altos encadenamientos hacia adelante (como los insumos difundidos cuya producción es materia prima de múltiples cadenas de valor), con Altos encadenamientos hacia Atrás (agroindustria e industria de alimentos y bebidaa, calzado, cuero, metalmecánica, etc), con Alta Integración Nacional (textil, plásticos, química, etc) y con Baja Integración Nacional (industrias extractivas y con alto componente importado, electrónica, automotriz, maquinaria). La sustitución de importaciones es una política relevante para los sectores de baja integración nacional y el uso del Compre Nacional, generación de valor agregado y reintegros a las exportaciones con el propósito de generar divisas constituyen las políticas relevantes centrales (entre otras) para los sectores con Altos Encadenamientos Atrás.

El Plan Estratégico y aportes como los mencionados  enriquecen la sintonía fina del desarrollo siendo claves para que la política deseable de sostener a los sectores productivos existentes, fomente la sustitución de importaciones, la agregación de valor, el nivel de empleo y la  corrección de los déficit comerciales sectoriales. No obstante es imprescindible ser competitivos en un mercado global, como afirma Claudio Scaletta en el suplemento Cash de Página 12. En ese sentido vuelvo a insistir en la necesidad de obtener escala,  lo que no  se puede resolver sin el MERCOSUR.  Asimismo  es necesario  ampliar las exportaciones con valor agregado, logrando por etapas  una industria con mayor productividad y que no obtenga su mejora relativa a costa del salario industrial.»


Los libros ¿muerden?

marzo 29, 2012

Todos los gobiernos hacen, de cuando en cuando, idioteces. Es una de las pocas leyes de la «ciencia» política que se puede demostrar experimentalmente. Pienso que un buen criterio para juzgar a un gobierno no es tanto que cometa menos tonterías – aunque sería deseable, claro – sino la capacidad de rectificarlas. Ahora, me refiero a la medida que obliga que los que hayan comprado un libro online en el exterior – o se lo envíen – tendrán que moverse hasta Ezeiza, para buscarlo y pagar, además, el equivalente a 60 dólares más IVA. Es una idiotez muy pequeña – comparada con otras – pero sería útil que el gobierno la modificara enseguida y lo comunicara bien.

Pongo énfasis en esto, porque hay una política mucho más importante a la que esta tontería perjudica. El direccionamiento de las importaciones por el Estado – sintéticamente, el proteccionismo – es una herramienta fundamental para la construcción de una economía agroindustrial integrada, con incorporación de mano de obra y de tecnología. Aclaro: digo «herramienta», no «causa». Como todas las herramientas puede ser usada bien, mal o a lo bestia. Aplicar medidas que tienen muy poca importancia económica en sí, pero pueden servir para que – los que están en contra de esa política – muestren que la herramienta se está usando mal y a lo bestia… nos jode.

No nos equivoquemos. La defensa, el estímulo a la industria nacional no es una batalla cultural ganada. Demasiados argentinos – hasta en la columna de comentarios de este blog pueden encontrarse pruebas – todavía piensan que nuestros industriales son una banda de atorrantes que viven de la protección del estado y que no invierten nada en sus empresas – opinión que tiene algunos casos para mostrar, ojo. No son muchos los que aceptan que beneficios arbitrarios, errores burocráticos y diferencias en la calidad son costos razonables en el largo plazo.

Después, claro, hablan maravillas de la tecnología japonesa, o del desarrollo económico de Corea del Sur. Curiosamente – porque los más viejos son los más críticos – hay muchos compatriotas vivos que pueden recordar cuando los productos japoneses eran sinónimo de «truchada», imitaciones baratas y de mala calidad. Los buenos productos eran ingleses o alemanes. El despegue industrial coreano es todavía más reciente. Recuerdo que Gabriel Palma tiene trabajos que indican que la ventaja de los países del Este de Asia sobre los latinoamericanos se correlaciona con el hecho que ellos nunca abandonaron la política de sustitución de importaciones.

Pero esto no se resolverá en un debate académico, sino en la lucha política. El campo de batalla no es la academia, ni tampoco la blogosfera (donde algunos bienintencionados salieron a revelar que el Grupo Clarín importa libros. Un argumento demoledor… para los militantes menos reflexivos). Esas son en todo caso alturas, desde donde se puede incidir en donde se decide la batalla: en los prejuicios y fastidios del ciudadano común. Porque los funcionarios, y los gobiernos, y aún los grupos económicos pasan. Y cuando vengan otros ejecutores, será clave si las políticas industriales son parte del «sentido común» generalmente aceptado, o sus enemigos podrán identificarlas con los «errores del pasado».

NOTA: Quiero aclarar que estoy convencido que las industrias culturales son uno de los campos donde Argentina tiene muy buenas cartas para jugar. Y lo está haciendo. Es una de las áreas, junto a la biotecnología, por ejemplo, donde considero que el apoyo del Estado es eficaz y redunda en beneficio de toda la sociedad, y no sólo de unos cuantos vivos. Por eso, apoyémoslas con medidas inteligentes, no con tonterías.

Para la informacion de los amables visitantes, les invito a entrar en la página de la Cámara Argentina del Libro, donde muestra el crecimiento de la industria editorial. Cliqueen en Información del sector / Estadísticas / Informe completo 2010.

Y para una visión más general, esta página de la Secretaría de Cultura de la Nación. Cliqueen en Comercio exterior cultural. Exportación e importación de bienes culturales, 2007 y 2010. No estamos tan mal. Qué buen vasallo, si hubiese buen señor…


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