Ferraresi: “No tiene sentido la unidad, si es para acordar con los buitres”

marzo 4, 2016

ferraresi

El ingeniero Jorge Ferraresi es el intendente de Avellaneda (345.000 habitantes), habiendo sido reelecto en octubre pasado con más del 50 % de los votos. En una elección donde no le fue tan bien al peronismo, recordarán. Antes de llegar a ese cargo -al principio en forma interina, desde 2009- hizo desde comienzos de los ’80 todo el “cursus honorum” bonaerense. Sin embargo, es relativamente poco conocido en el espacio nacional, y entre los argentinos de a pie no avellanedenses. Creo que eso puede cambiar, a partir de ahora.

Sus declaraciones de hoy han sido recogidas por medios y portales políticos, aunque todavía no por Clarín y La Nación. Las presentan, en general, con bastante mala leche o con ignorancia de la interna peronista. Como pienso que pueden ser un paso importante en el armado de la(s) propuesta(s) que el peronismo hará a la sociedad, les copio la mejor versión que pude reconstruir -todavía no tengo una transcripción directa- y luego agrego mi reflexión.

El intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi, anunció que se presentará una lista del Frente para la Victoria en las elecciones internas previstas para el 8 de mayo para elegir la conducción del Partido Justicialista nacional.

Para Ferraresi -uno de los dirigentes que ha reivindicado expresamente el liderazgo de Cristina Kirchner, el diputado nacional José Luis Gioja -que se menciona para encabezar una lista de unidad- “no representa” a todo el partido, y existen “marcadas diferencias” con respecto al rol del PJ en temas clave como la derogación de las leyes Cerrojo y de Pago Soberano. No es una postura nueva del intendente de Avellaneda: la expresó en el reciente Congreso del PJ, y, en declaraciones a los medios locales, pidió “mantener la soberanía de la Argentina” de cara al debate para derogar esas leyes”.

“Vamos a dirimir el rumbo del partido en internas porque no puede haber una lista de unidad si no hay consenso en los conceptos fundamentales y nosotros tenemos claro que el peronismo tiene que ser un partido de oposición y que defienda a la sociedad de las políticas neoliberales del gobierno de Macri”.

“El peronismo tiene que defender a los que están despedidos, a los afectados por la suba del costo de vida y a todos los que comienzan a sufrir los embates de la economía neoliberal”. “La mayoría de los compañeros peronistas saben, y muchos de los gobernadores dieron muestra de ello, que debemos estar unidos pero siendo oposición al Gobierno”.

Un nombre mencionado para ser el candidato a presidente del PJ que exprese esta posición es el del intendente de Resistencia (Chaco), Jorge Capitanich, pero Ferraresi sostuvo que “todavía no se discutió el nombre, pero por suerte hay varios posibles candidatos”. No descartó que un cambio de postura de los sectores del PJ que el FpV considera benévolos con el gobierno de Macri pueda derivar en un acuerdo previo a la elección interna, aunque insistió con que en el contexto actual “no tiene sentido”.

Mi reflexión: Esta es una buena noticia, estimulante, para toda la (numerosísima) militancia que se ha afiliado al PJ porque creía que su voto puede hacer una diferencia. Que se sentía desconcertada ante el relativo silencio de la dirigencia. Por lo tanto, es también una buena noticia para el PJ, como partido político, para ser más que una rosca.

Al mismo tiempo, tengamos presente que la presentación de listas para la interna cierra el 8 de abril. Creo, y no sólo yo, que este anuncio debemos verlo en el marco de la pelea para impedir la derogación de estas leyes y que el peronismo aparezca aceptando un acuerdo humillante con los buitres. Esa militancia, me parece, estaría de acuerdo en que ésta es la pelea inmediata. Teléfono para Gioja, y también para Pichetto, Romero y los gobernadores.

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El peronismo de los senderos que se entrecruzan

febrero 22, 2016

laberinto

Como todos los que se interesan en política saben, este miércoles 24 se reunirá el Congreso nacional del Partido Justicialista. Hay un hecho curioso: en un peronismo que sufrió una derrota nacional y varias provinciales sorpresivas, donde ahora se enfrentan al menos dos proyectos muy distintos y muchas ambiciones personales, y en una sociedad dividida por la “grieta”… el asunto se está preparando con roscas discretas, con un mínimo de declaraciones subidas de tono por parte de los que no van a ir -De la Sota, Das Neves, Duhalde. Todo muy “partidocrático”, como se decía antes.

Si hasta los medios lo tratan profesionalmente. Clarín informa sobre los “ortodoxos” y Página 12 sobre los “disidentes”, sin muchos adjetivos condenatorios. Y La Política Online publica las declaraciones programáticas del pre candidato a presidente, José Luis Gioja.

Por supuesto, puede haber sorpresas. Están convocados los más de 900 congresales nacionales del PJ. No concurrirán todos, pero cuando se juntan varios cientos de peronistas en un recinto, no puede predecirse todo. Igual, hay razones estructurales para que el reacomodamiento interno del PJ se dé así.

En esta etapa, el factor decisivo en el partido son los gobernadores y los intendentes de municipios grandes, directamente y a través de su influencia en el Senado y, en menor medida, en Diputados. Hay sindicatos que están participando -en particular, detrás de los “disidentes”- pero el sector ha perdido protagonismo político desde hace 30 años. Pérdida que se acentuó en la gestión de Cristina Kirchner. Y, como recordaba ayer un editorialista, “Formosa, Catamarca, La Rioja y Santiago del Estero reciben de la Nación nueve de cada diez pesos que gastan; Corrientes, Chaco y San Juan obtienen por esa vía en torno al 85 por ciento; Salta, el 79 por ciento; San Luis, La Pampa, Tucumán y Tierra del Fuego arañan el 75 por ciento“.

Argentina, que nunca fue muy federal desde la derrota de Artigas, es en lo económico más unitaria que nunca desde el 2002, cuando Duhalde comienza con las retenciones, un impuesto no participativo en su concepción. La chequera que manejaba CFK ahora la maneja Macri.

Ni los gobernadores ni los intendentes “del palo” son idiotas. Saben que su destino está ligado a la oposición a este gobierno. Pero sus tiempos y sus urgencias no son los de la militancia de a pie.

El otro sector poderoso -por la adhesión popular que conserva, por su capacidad de movilización, por su representación en los cuerpos legislativos, y por contar un liderazgo claro, hoy no tiene un programa aceptable para el conjunto. Me refiero, obvio, a la dirigencia que responde a Cristina Kirchner.

Por lo que ha hecho hasta ahora, y por lo que no ha hecho, parece evidente que prefiere que el protagonismo en las inevitables negociaciones con el gobierno nacional -y algunos provinciales- lo tengan otros. Al mismo tiempo, no se muestra inclinado a una ruptura, que lo condenaría a ser un Frepaso K, y el enemigo que al macrismo le conviene.

Estas son especulaciones mías, que pueden resultar equivocadas, en el mediano plazo o en dos días. Después de todo, la política es una actividad de hombres, y mujeres, libres.

Como sea, me temo que en esta estrategia… razonable para el PJ, la dirigencia del peronismo está olvidando el interés, y la necesidad de participación de los votantes. Sobre eso pienso escribir a la tarde.


“El peronismo después de Cristina” ¿O antes?

febrero 7, 2016

el trono vacío

Pierre Ostiguy tiene un Ph.D. en Ciencia Política de la Universidad de California en Berkeley y es profesor en el Instituto de Ciencia Política de la Universidad Católica de Chile. Es autor de una matriz que describe -simplifica- la política argentina como un plano dividido por dos rectas: la vertical separa la izquierda y la derecha convencionales, la horizontal, al peronismo del antiperonismo. A Manolo Barge y a mí, entre otros, nos ha parecido interesante.

A pesar de todo eso, Ostiguy habría escrito esta nota que subió Bastión Digital. Digo “a pesar”, porque tiene poca politología y bastante calle. Calles diversas: de Florencio Varela, de Río Cuarto, de Clorinda…

Por eso la subo un domingo a la mañana, porque me parece que compite muy bien con los análisis dominicales de los columnistas ofos y opos, algo porteñocéntricos. Pero también porque estoy en desacuerdo. Este análisis de Ostiguy deja afuera un factor muy importante. Y una verdad a medias, o del 40% … no es verdad. Igual, con la crítica que agrego, y lo planteado en el posteo del viernes, sirve, me parece, como un cuadro bastante completo del peronismo a hoy.

Entonces, primero la nota. Después mi observación.

Parafraseando el dicho, cuando el gato está ausente de la Quinta de Olivos, los ratones bailan. El Peronismo, como ocurre cada diez a quince años, está otra vez buscando su nueva identidad e, indisociable de eso, a su nuevo conductor, lo que tardará un poco más. Si esa búsqueda era una pregunta plausible en el caso de una victoria de Scioli, con la estrecha derrota de 2015 se hace absolutamente imprescindible, otra vez.

Ya en julio predecía que la sigla Frente para la Victoria (FpV) iba a perder preeminencia y que íbamos a ver a surgir nuevamente, con bastante fuerza, el olvidado y viejo (y polvoriento) PJ. Y de modo general, decía que aun si íbamos a seguir hablando de “kirchnerismo”, la gran discusión relevante iba a ser sobre “el Peronismo”. Ya hemos llegado. Estamos en eso. Uno puede ponerle el contenido que quiera, pero no hay duda que un nuevo ciclo se está dibujando, necesariamente, para el Peronismo.

Una primera incongruencia es que el gran bloque de ahora 83 diputados en la Cámara de Diputados y el bloque mayoritario del Senado no tienen el mismo nombre que el del partido que básicamente los componen, el PJ. Cristina Kirchner sigue siendo la líder del Frente para la Victoria, pero, citando a Capitanich, no tiene interés en el PJ. Si la relación entre el PRO, la UCR, CC y Cambiemos es clara (aun si no ideal para sus miembros), la relación política entre el FpV y el PJ no lo es – por lo menos ahora. Más aun, se está resignificando. Institucionalmente, ¿bajo qué sigla se tiene que llamar la oposición oficial? Como “fuerza política”, ¿cuántos peronismos hay ahora?

Distinguiría, para simplificar aquí a ultranza, tres grandes tendencias en este momento en el movimiento peronista. La mayoritaria es la del “peronismo que gobierna”, pejotista en el alma antes de kirchnerista, pero que vive muy bien con éste cuando hace falta. Es el Peronismo de los dirigentes que saben gobernar y supieron sobrevivir bajo Menem, De la Rúa, Néstor y Cristina. Es el peronismo que descoloca a observadores extranjeros y que recibe la ira de los autonombrados cuidadores de la “calidad de la democracia”. Es también el Peronismo de Pichetto en el Senado; del “samurái criollo” Ishii o (lo que no es igual) de hasta hace poco Hugo Curto, en las intendencias del GBA; de los “Gordos”, en el sindicalismo; etc.

A su izquierda, segundo, están los herederos leales y militantes del kirchnerismo, algunos jóvenes, algunos peronistas desde siempre como Carlos Kunkel y Agustín Rossi en el Congreso o Emilio Pérsico en el movimiento social, otros desde “casi siempre” como el Chino Navarro, y otros francamente no peronistas o neófitos, como Kicilloff o Sabatella. También, con ellos, están los indefectiblemente leales a Néstor y Cristina pero que no son particularmente de izquierda, como Aníbal Fernández, Guillermo Moreno o Julio de Vido. Daniel Scioli navega como siempre entre esas dos primeras tendencias, con su estrella cada vez más atrás.

Tercero y a la derecha, están los peronistas desde siempre abiertamente anti-kirchneristas, y los que “salen del closet” con el gato recién ausente. Allí están las numerosas figuras históricas del peronismo disidente y las figuras nuevas, de actualidad, con J.M. Urtubey en primer lugar.

En cuanto a los “ismos”, para Puerta o el peronista bonaerense Granados, el peronismo y el kirchnerismo/ FpV son cosas muy distintas, mientras para el hijo Máximo “el FpV y el peronismo no son cosas diferentes”. Al fin del día, eso lo tendrán que decidir “en masa” los peronistas que estén en posición de gobierno. Ahí se juega la pelea, que es muchísimo más que semántica.

Dentro de ese panorama cambiante, más complejo en término de tendencias que lo que fue descripto, se juegan un sinnúmero de intrigas políticas inevitables. La “derecha” peronista, tanto la que quedó históricamente adentro del FpV y que se descubre ahora, como la que nunca fue parte del kirchnerismo, así como la que salió en 2013 con Massa, hace un fuerte canto de sirena como en Pinamar el mes pasado y como en esta primera semana de febrero para sepultar de una vez el kirchnerismo (que según Ramón Puerta “nunca fue peronismo” y que “se está desarmando, gracias a Dios”). Massa, quien sacó los pies del plato, quiere que el próximo presidente del PJ sea su socio De la Sota, del PJ cordobés, mientras Urtubey, quien se había quedado adentro, paciente, se postula a sí mismo y ocupa en estos días el centro de la escena.

Donde sin embargo se juega el futuro del peronismo es con el grueso de los peronistas clásicos que vivieron bien, y desde bien adentro, el kirchnerismo, y que todavía forman parte del bloque FpV en el Congreso. De ahí que el temor a la fuga liderada por Bossio esta semana en la Cámara de Diputados fuese mayor a 14 diputados. El candidato de consenso en esa gruesa categoría, pivota y amplia, es el sanjuanino Gioja. Pero esa fachada de unidad puede ser una manera de esconder el problema bajo la alfombra; y, por si acaso hay competencia para la presidencia del PJ, ya se anotaron Moreno y Capitanitch, de un lado, y Urtubey y De la Sota, por el otro. Detrás de la fachada pasa mucho.

Pero como bien saben los peronistas, lo que más importa no es de ningún modo quién preside el PJ, sino quién va a conducir el movimiento. No hay que confundirse. En este movimiento nacional-y-popular que se quiere a la vez pueblo y gobierno, eso lo deciden, traducido en prosaico, las encuestas, y la “capacidad de entusiasmar”. Incluso (antes de que nos olvidemos) la capacidad de crear relato –si épico, mucho mejor. Se deja a los Radicales la política chica de comité. Para conducir, Massa tiene un sinfín de enemigos, por su “traición”, así como la Cámpora, por su “sectarismo”. El proceso se resolverá “orgánicamente”, es decir, con el viento de la historia más que con el reglamentismo y la libreta.

Como proyecto (pues sin proyecto no hay peronismo que valga, aun si los proyectos cambian mucho), lo que se observa en la tendencia de los peronistas “de derecha”, anti-K, es (como en aquella época ochentera, alla lejos, en contra de los dinosaurios en aquel momento “de derecha” como Herminio) una modernización partidaria del peronismo. Ahí coinciden fuertemente Urtubey y Massa desde el FR. Este peronismo “prolijo”, “bien educado”, reglamentista, es claramente una reacción al peronismo de Aníbal Fernández y a la imagen introducida con fuerza por líderes como Carrió sobre el “narco-peronismo” patotero y fuera de la ley. Es un espejo, de hecho, a la inversa de la Renovación peronista de los ochenta (que se acercaba al progresismo alfonsinista), entonces en reacción a un “bajo” de derecha. Con Sabatella como socio de Aníbal, esta vez se busca una renovación (mas cerca del estilo triunfante de Macri), en reacción a la militancia de izquierda. Es de esperar que el peronismo no pierda su “alma” y el célebre sentimiento con esos procesos de renovación hacia lo prolijo, ya que a fin de los ochenta se recobraron ambos vía el populismo bien popular y nacional de Carlos Menem, con sus caravanas de la esperanza. Quién representaría, en este caso, esa reacción (Capitanitch no es, por como habla), no hay cómo saberlo.

El kirchnerismo (y el diario Página/12) quisiera que la política argentina se simplificara en un conflicto entre la izquierda, nacional y popular, progresista, por un lado, y la derecha liberal y neoliberal, cerca del poder socioeconómico concentrado, por el otro. Pero el espacio político argentino es más complicado, y tampoco es unidimensional. Muchos peronistas clásicos, y gran parte de la sociedad argentina también, están muy acostumbrados, para no decir muy “cómodos”, con el clivaje peronista/anti-peronista, que estructura de hecho, y a pesar de los innumerables esfuerzos de cambiar eso, la política argentina desde hace más de medio siglo, sino más.

El “paginadocismo” tiende a olvidarse de los vastos sectores populares conservadores del interior, mucho más cómodos con un Urtubey (o Gioja o, por qué no, Menem) que con un Kicillof o un Sabatella. Y hay una clase media urbana, posiblemente “auto-engañada”, o no, a la que le gusta proclamarse progresista y que no tiene futuro en el gobierno empresarial de Macri. Por esas razones (ambas producto del bi-dimensionalismo), el viejo sueño de Di Tella de que el peronismo se convierta en partido social-demócrata laborista no tiene chance. Por lo espectacularmente variado que es lo nacional y popular “realmente existente” en Argentina, la lucha política para el control y la resignificación del peronismo acaba, de nuevo, de empezar. El resultado está abierto. Irónicamente, citando al intelectual faro del kirchnerismo, Ernesto Laclau, es otra vez la “lucha por la hegemonía”, en una realidad “sin sutura”.

Mientras tanto y a nivel prosaico, la lección para un líder peronista sería, por lo menos, de desconfiar de los directores de ANSES que pone, después de las experiencias consecutivas de Massa, Boudou y Bossio. En familia, las cosas quedan más seguras, como lo muestran todas las fotos del peronismo“.

En mi opinión, este análisis, ingenioso, está dejando afuera un factor fundamental: los votos. Un insumo fundamental para todos los sectores del peronismo que aquí menciona, y para los que no menciona también.

Que se entienda: Urtubey, Gioja, Capitanich, por ejemplo, “tienen” votos: han ganado con cómodas mayorías en sus distritos. También Fernando Espinosa y Jorge Ferraresi, como muchos otros. Pero… ninguno puede decir que hoy sería un presidenciable del peronismo. No los conoce como tal, la inmensa mayoría de los argentinos.

Esto no es una observación descolgada. Es cierto que hoy no hay elecciones presidenciales. Que en las legislativas del año próximo no habrá candidatos que figuren en las boletas de todo el país. En realidad, es muy probable que una condición necesaria para ser el candidato a presidente del peronismo en 2019 sea el haber ganado en su distrito en 2017.

Todo eso no cambia el hecho que cualquiera que aspire a conducir el peronismo -el movimiento, como dice nostálgicamente Ostiguy- debe hacer creíble que puede ganar la Presidencia en 2019. Esto es válido no sólo para los de a pie, que -como cualquier argentino sensato- se interesan en primer lugar por quién va a tener la acumulación de poder político más grande.

También es el dato decisivo para cualquier gobernador o intendente o aspirante a, aún los más egoístas. Además de su propio cargo, la otra cosa que influye más en su suerte es si el Presidente es un compañero, o no.

Puede decirse que P. O. no se olvida de esto. En su artículo hace referencia a las encuestas, y al entusiasmo. Pero, repito, no pregunta de dónde vienen los votos. Porque los “propios” del peronismo no alcanzan. Y los políticos del peronismo lo saben. En realidad, los votos “propios” de nadie alcanzan. Macri no ganó, por cierto, con los votos del PRO. Sumó, finalmente, a todos los que deseaban que terminara la experiencia kirchnerista.

Lo mismo, con las variaciones del momento, vale para Alfonsín, Menem, De la Rúa, Kirchner y Cristina. Todos ellos lograron, en su momento, el voto de mayorías que iban mucho más allá de los propios partidarios.

Lo que les resulta incómodo a muchos opinadores es que, en el peronismo, hay sólo dos figuras que han mostrado esa capacidad de sumar: Cristina Fernández, y -en menor escala, sin entusiasmos, pero en una circunstancia más cercana- Daniel Scioli. Por supuesto, esto no garantiza nada. Cristina no ha hecho política desde afuera del poder: siempre ha sido la mujer del Jefe, o la Jefa. DOS… no ha demostrado aún que puede ser Jefe.

Lo que sí me parece evidente es que cualquiera que aspire a serlo debe mostrar esa capacidad de sumar.


Hacia un tipo de unidad política: Gioja mueve

febrero 5, 2016

en el consejo del PJ

El distinguido encuestador, bloguero y militante (no en ese orden) Artemio López plantea desde hace tiempo la necesidad de avanzar hacia “un nuevo tipo de unidad histórica”. Por mi parte, ya dije en el blog que la historia avanza de a pasos cortos, y a ese nuevo tipo lo veo verde. Pero la unidad política es otra cosa: es difícil de lograr, es necesaria, y a menudo sabe a sapo.

Para que no sea una discusión teórica -interesante pero al dope, dirían en mi barrio- les invito a leer la nota de Letra P que hoy subió Artemio: Capitanich va por la contención y arma cumbre de intendentes. Abajo les copio otra nota de Letra P, también de hoy. Y al final, claro, mis comentarios sobre el asunto.

Gioja jugó al límite, negoció unidad y ahora se muestra enojado con Bossio por ruptura

“Creo que no era el momento de hacerlo. Las causas que generaron el enojo están desapareciendo. Hay una apertura importante. Hay que tratar de mantener la unidad” dijo el sanjuanino José Luis Gioja al salir de la reunión del Consejo Nacional del PJ, el miércoles por la noche, horas después de que un grupo de diputados, liderados por Diego Bossio, decidiera dejar el bloque del Frente para la Victoria-PJ. Días antes, el propio ex gobernador había tensado la relación con el kirchnerismo duro, sector con el que finalmente selló la paz.

La reunión que convocó el jefe de la bancada, Héctor Recalde, en el tercer piso del Congreso estaba prevista para las 11 de la mañana. Pasado el mediodía, casi 80 diputados colmaban el salón. Gioja fue uno de los últimos en llegar y mantuvo en vilo a las autoridades del bloque, que todavía no daban por hecha la ruptura. “¿Vendrá Gioja a plantear las demandas del grupo de los que quieren romper?”, especulaba un sector del kirchnerismo. Sin embargo, en ese mismo momento, en el sindicato de taxistas, un grupo de 18 diputados sellaba la fractura.

Que Gioja se convirtiera en vocero de los díscolos era una especulación que encontraba sustento en lo sucedido en las semanas previas, cuando el ex mandatario sanjuanino mantuvo fluidos contactos con el gobernador salteño, Juan Manuel Urtubey, y recibió en su provincia a Bossio y a Mauricio Mazzón, promotores de la ruptura del bloque.

Por lo bajo, el ex gobernador había tensado la relación con el kirchnerismo duro, en nombre del peronismo, en el reclamo de mayor apertura de los cristinistas hacia el partido en el reparto de los cargos que le corresponden. Los líderes territoriales sufrieron en carne propia el veto de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que en los últimos años de su gobierno privilegió al camporismo y a su núcleo duro, pasando por encima del poder de los caciques históricos. El propio Gioja había sido elegido por sus pares para presidir el bloque del Frente para la Victoria, después del 10 de diciembre, hasta que se topó con la negativa de Cristina, que impuso a Recalde.

“Hoy todos los cargos que pertenecen al bloque, los auditores, los consejeros, las secretarías, los despachos del Palacio, están copados por La Cámpora. Quieren todo para ellos”, se quejaba un representante de la liga de los gobernadores. En línea con ese discurso, llegó Gioja a la reunión del bloque del FPV.

En la noche del martes, el ex gobernador se había reunido durante un largo rato con Máximo Kirchner en la Cámara. Según fuentes del camporismo, el sanjuanino se manifestó en contra de la fractura del bloque. Lo mismo le había dicho horas antes a Daniel Scioli, con quien se reunió el martes por la tarde. “Hablaron de mantener la unidad por lo menos hasta después de la reunión del PJ”, contó, en referencia al encuentro del Consejo Nacional, celebrado el mismo miércoles por la noche, una fuente que mantuvo contactos con los protagonistas de la charla.

Así, Gioja se garantizó el apoyo del kirchnerismo en la pelea por la presidencia del PJ, que antes había fogoneado al chaqueño Jorge Capitanich. Días antes, había logrado el aval de los gobernadores durante la reunión que mantuvieron en San Juan por el tema de la coparticipación. Allí, el mismo Urtubey lo promocionó como “el candidato de la unidad”. Sin aspiraciones de pelear por la presidencia en 2019, con experiencia e historia y sin identificación con ninguno de los grupos que se disputan el poder, el sanjuanino aparecía como una síntesis perfecta para la transición.

“Si quiere ser el presidente de la unidad, a Gioja no le conviene llegar a la reunión del PJ con el bloque partido”, arriesgaba, en el pasillo del tercer piso de Diputados, una fuente del camporismo que daba por hecho que la agrupación que responde a la ex presidenta la daría su apoyo al sanjuanino. Adentro de la oficina del bloque, mientras tanto, Gioja presidía la reunión junto a Recalde y al formoseño Luis Basterra. La bancada ya había sufrido la fuga de al menos 12 de sus miembros.

Aunque el sanjuanino se mostró públicamente en contra de la decisión de los diputados díscolos, en el peronismo varios dirigentes creen que no podía haber desconocido la movida, considerando su estrecha relación con Bossio y con Mazzón, hijo del histórico operador del peronismo Juan Carlos Mazzón, que falleció el año pasado. “No parece posible que se quiebre esa sociedad. Es raro que Bossio se haya ido y el Flaco haya decidido quedarse”, remarcó un miembro del Consejo que participó de la reunión en el quincho del edificio de Matheu. “Quiere unidad, está enojado con Bossio y no le gusta que Urtubey esté tan cerca de Macri”, aseguró otro de los asistentes que agregó que “una cosa era tensar para negociar y otra distinta, romper”.

Gioja trabaja desde hace varios años codo a codo con Bossio en el Instituto Gestar, creado por Néstor Kirchner para la formación política de dirigentes del PJ. El ex gobernador sanjuanino preside el instituto, el ex titular de la Anses es el director y Mazzón, el director ejecutivo. Desde Gestar, Gioja forjó junto a Juan Carlos Mazzón la candidatura presidencial de Scioli, que tuvo a Bossio en la mesa chica de su campaña.

“Hemos hablado con los compañeros. Los estamos esperando a todos”, aseguró Gioja por la noche, tras la reunión del PJ. Con el bloque partido, el sanjuanino logró posicionarse como el único capaz de amalgamar a las partes dispersas del peronismo“.

La función que ha asumido Gioja es difícil – tanto como la de Héctor Recalde, en realidad. La ruptura del bloque de diputados nacionales no sólo debilita al peronismo, al disminuir su poder de presión institucional. También es vista por los militantes y muchísimos argentinos de a pie como una traición a lo que los votaron,  y los políticos no deben ni pueden ignorar esto, si quieren continuar en su oficio.

Al mismo tiempo, la realidad de la política incluye el reparto de los cargos, del poder y los contratos que significan. Y es muy evidente que desde hace largos años, en el peronismo hay muchos poderes locales -ni hablemos de los sindicalistas- descontentos con lo que (no) les toca en el reparto (Suena cínico, pero piensen en la indignación que muestran muchos militantes cuando son sus contratos los que se cortan).

Las circunstancias del peronismo, y de sus aliados, han cambiado en forma drástica. Es inevitable un duro forcejeo por las palancas del poder disponibles, y nadie con un mínimo de experiencia en política puede escandalizarse.

Eso sí, si José Luis Gioja se propone como el hombre de la unidad es evidente que la ruptura del bloque no lo favorece. Si continúan los desgajos en el PJ… indicará que el peronismo en su conjunto habrá adoptado la vieja técnica del sindicalismo: dividirse según las estrategias elegidas. Y unirse cuando una de ellas se muestra exitosa.

De todos modos, ésta no es la situación actual. Capitanich, por ejemplo, está tratando de sumar a todos los que ven la ubicación que asumió el peronismo a partir de 2003 bajo el liderazgo de Néstor Kirchner -el centro izquierda del sistema político- como la más acorde con sus mejores tradiciones en una sociedad moderna. Y como la que permitirá un triunfo electoral en el mediano plazo. Son propuestas que se dan en el seno del PJ.

Eso sí, en cualquier caso, no es suficiente con sumar gobernadores, intendentes,… Hay que sumar voluntades y entusiasmos entre los de a pie. Que son los que votan.


PJ: mejor que lo esperable

febrero 4, 2016

pj

Aprovecho la síntesis que hace una hora subió el apoderado del partido, Jorge Landau, a su perfil personal: “En la tarde de hoy (3 de febrero) el Consejo Nacional del Partido Justicialista se reunió para convocar a elecciones internas para el 8 de mayo y a un Congreso partidario para el 24 de febrero en Obras Sanitarias. Se abrió la afiliación por 30 dias hasta el 4 de marzo“.

Letra P, un portal de noticias con buenas fuentes en la interna bonaerense, da un detalle más amplio, que incluye los previsibles pases de facturas. Se los resumo: “… La reunión se llevó a cabo en el tradicional quincho de la sede nacional del partido, y contó con la asistencia de 120 consejeros. En la mesa que llevó adelante el debate, que duró alrededor de dos horas, se sentaron el presidente Eduardo Fellner, Gildo Insfrán, Jorge CapitanichEduardo de Pedro, Beatriz Rojkés de Alperovich, José Luis Gioja y Antonio Caló.

En el salón también estuvieron, entre otros, el ex candidato presidencial Daniel Scioli, acompañado por su hermano, José Scioli, y Alberto Pérez; el ex intendente de La Matanza, Fernando Espinoza; el ex ministro Agustín Rossi; Alberto Samid; el jefe del bloque del Senado, Miguel Ángel Pichetto; Mario Ishii; los pingüinos Oscar Parrilli y Carlos Zannini, que llegaron juntos a la sede; Guillermo Moreno; los camporistas Juan Cabandié y Mariano Recalde; Héctor Recalde; los intendentes Marín Insaurralde y Juan Zabaleta; y los ex rivales en la interna de la provincia de Buenos Aires, Aníbal Fernández y Julián Domínguez, que casi terminan a las trompadas antes de la charla.

Si bien la reunión tuvo como excusa la convocatoria a elecciones, estuvo atravesada por los reproches y los pases de factura por la derrota en las elecciones presidenciales y tuvo como telón de fondo la ruptura del bloque de Diputados, fomentado por gobernadores y ex mandatarios provinciales, entre los que está el propio presidente del partido, Fellner, cuyos legisladores decidieron abandonar la bancada que conduce Héctor Recalde.

“No todos pusieron lo que había que poner para ganar. Hay que pensar en los que tienen responsabilidad electoral”, disparó Pichetto. El intendente de José C. Paz, Ishii, también apuntó a los errores de estrategia electoral. “Les dije que estaban equivocados. Nos hicieron perder, hay que saber quién”, dijo Ishii, dejando clara la posición que comparten muchos dirigentes del peronismo y que tiene por objetivo identificar al padre de la derrota y desterrarlo del lugar de poder. El intendente de José C. Paz le echó la culpa al “sectarismo” kirchnerista y pidió “apertura” para la etapa que viene.

Otro  que también tomó la palabra fue el ex ministro Rossi, quien pidió un pronunciamiento del partido en torno a los despidos y “la represión del gobierno de Mauricio Macri” e impulsó un reconocimiento a los bloques del FPV en el Congreso por su labor, a Daniel Scioli por su desempeño en la campaña y a Cristina Fernández de Kirchner por sus ocho años de mandato como presidenta. En el documento final, el partido incluyó un repudio hacia “la ola de despidos de los sectores privados y públicos y el avasallamiento de instituciones de la democracia”.  

Fue Fernando “Chino” Navarro el que introdujo el tema de la división del bloque de Diputados en la reunión, algo que no estaba previsto en el temario. “No hablemos de traidores. Hay que traerlos de nuevo”, dijo el bonaerense. 

“Respaldamos unánimemente la posición de los gobernadores e intendentes peronistas del país, en materia de coparticipación federal y de recursos, ratificando en todos sus términos el documento que emitieron los gobernadores justicialistas en San Juan”, dijo Fellner una vez terminado el encuentro. El presidente del partido leyó el comunicado junto a Capitanich, Espinoza y Gioja, que evitaron referirse a las fugas de la bancada. 

“Lo que hicimos aquí es la preservación de la unidad”, dijo Capitanich a Letra P, luego de la conferencia“.

En mi opinión, el dato fundamental -casi el único que importa, en realidad- es la ratificación del llamado a elecciones para una fecha muy cercana, dentro de tres meses. La expectativa ya estaba creada, las afiliaciones estaban en marcha; con este paso, se alienta el compromiso de los militantes que quieren cambiar la franja dirigencial del PJ -que, seamos sinceros, no está para enamorar a nadie- y las ambiciones de los activistas, para los cuales los aparatos territoriales son “su lugar en el mundo”.

Los candidatos que han sido mencionados, muchas veces, para encabezar cuatro listas distintas son Daniel Scioli, José Luis Gioja, Juan Manuel Urtubey, y Jorge Capitanich. Ahora se ha lanzado también Guillermo Moreno. El massismo había hablado de apoyar a José Manuel de la Sota. Los gobernadores seguramente siguen pensando que el 24/2 podrá negociarse una “lista de unidad”. Y, considerando la ferocidad de nuestras internas, no se puede decir que no sea una salida prudente.

Pero a esta altura ya no estoy seguro que esa salida sea posible: una vez que los de a pie se embalan… es difícil dejarlos afuera. Como mínimo, el número de afiliaciones que cada sector o agrupación sume será un elemento poderoso en los acuerdos finales.


Se fue Bossio

febrero 3, 2016

bossio

De los dos eventos peronistas del día de hoy comentados en el posteo anterior, corresponde mencionar que ya está formalizado uno: la ruptura del bloque de diputados nacionales del Frente para la Victoria. Una ruptura menor que la que los medios oficialistas ahí citados anunciaban: doce diputados, hasta ahora. Pero probablemente sumarán otros, que ya estaban fuera del bloque. Y seguramente facilitará la tarea de los operadores oficiales de Macri, Frigerio y Monzó, en su tarea de impedir que el peronismo obstaculice sus proyectos en el Congreso.

Esto golpea en el ánimo de muchos militantes, los que ya estaban abrumados por el estilo “aplanadora insensible” que despliega el nuevo gobierno. Pero no hay nada nuevo ni sorprendente; muchos bloques, en provincias y en municipios, están divididos. Se puede decir que es una parte (informal) de los instrumentes que tiene el Ejecutivo para manejarse con el Legislativo.

Los gobiernos K lo hicieron en su momento. Y eso no significó, por cierto, que pudieran lograr todos sus objetivos (aunque los que eran en ese momento oposición gritaban eso, y tal vez hasta lo creían). El peronismo, sus aliados progres y, sobre todo, el movimiento sindical del palo cuenta con recursos para frustrar o moderar las políticas más agresivas… si reúne la decisión y la organización para hacerlo (No hay garantías de esto, eh).

Para un análisis destinado a los militantes, recomiendo esto del blog de Alfredo Silletta. Como dice Julio Fernández Baraibar, “Una manera correcta y política de analizar lo ocurrido. Sin lloriqueos“. Y Pablo Torres, en su blog, lo asocia al episodio cercano en el que Diego Bossio se bajó de la candidatura a Gobernador de Buenos Aires. Esa vez, presionado, se dice, por el “kirchnerismo duro”. Parece que Diego B. tiene la boca blanda, dirían en el campo.

Por mi parte, no me siento angustiado por el alejamiento de Bossio. Considero, como saben, que el kirchnerismo es una parte, la más actual, del peronismo. Pero eso de clasificar como “los kirchneristas” a los funcionarios, nunca me cerró. Me preocupa mucho más, en serio, la posición del SMATA.

Un gremio que, por su ubicación en el proceso productivo, necesita, por sus intereses y su existencia, defender la industria nacional y el mercado interno. Y cuyos delegados son parte de una militancia entusiasta del peronismo.

Con eso en mente, no acompaño el pedido de Gerardo Fernández Tiene que mover Cristina. ¿Qué se pretende que haga CFK ahora? ¿Levantar el ánimo de sus fieles seguidores? Sólo el armado, lento y dificultoso, de una conducción que, en estas circunstancias, pueda contener y conducir al conjunto conducible, servirá de algo.


Zuleta le pregunta a Capitanich

febrero 1, 2016

capitanich

Los visitantes del blog pueden pensar que copio demasiado del de Zuleta. Tienen razón. Pero es que ha habido mucho de análisis, cuestionamiento y convocatoria este mes en las páginas del peronismo (también en ésta), y, comparativamente, poco sobre los (pocos) dirigentes que se lanzan al ruedo, para ver si pueden enarbolar el bastón de mariscal que llevaban en la mochila. Y la política se expresa en liderazgos, o es una charla de café.

Cristina hace declaraciones breves y puntuales. Scioli se mantiene en el escenario, en pose firme pero discreta. Los medios neo oficialistas le dan espacio a Urtubey, y, últimamente, a Randazzo, con la transparente esperanza que provoquen una ruptura. Guillermo Moreno maneja bien su exposición pública, y La Nación trata que todo buen anti K se horrorice debidamente.

Y yo quiero copiarles este reportaje al Coqui Capitanich, porque Zuleta le hace preguntas concretas, sin referirse a un nuevo tipo de unidad histórica. Para el cual, me parece, falta bastante.

Le pregunté a Jorge Capitanich qué piensa del llamado del PJ a la normalización y disparó un diagnóstico crudo: “Acá hay dos peronismos”, me dijo este jueves, antes de participar de una peña política en Resistencia. “Uno es el peronismo de derecha, ligado al neoliberalismo, al conservadorismo, que representan Urtubey, Bossio, De la Sota, Massa, Verna y otros. Ese peronismo es hoy funcional al macrismo. Y está el otro peronismo, de izquierda, nacional y popular que creo es el peronismo auténtico”.

¿Cómo se zanja esa diferencia sin una división del partido?, le pregunté. “Tiene que haber internas”. ¿Se va a presentar a esa pelea? “No lo tengo decidido, pero hay que ir el miércoles 3 a Matheu (la sede del PJ nacional). Antes que nada, hay que decir que esa convocatoria es legal, no como dice Duhalde, que sostiene que todos los congresales son truchos. Y hay que convocar a internas”.

Según el intendente de Resistencia, un acuerdo en torno a José Luis Gioja como nuevo conductor del PJ, que dibuja en estas horas la liga de gobernadores, significa buscar a una figura que está en el medio de esos dos peronismos, pero que el partido tiene que dar un debate interno sobre su futuro. Si eso no ocurre, cree, “va a terminar dominando el sector que quiere pactar con el macrismo, y con el macrismo no hay que pactar, hay que negociar”.

Para Capitanich, el partido tiene que reforzar su perfil “populista”. “Hay que crear una Internacional Justicialista”, exclamó; cuando le pregunté qué era eso, respondió: “Lo que estoy diciendo, una Internacional con los partidos de los países que se identifican con la línea nacional y popular. Eso es claro para el peronismo, que ha estado en la Internacional Liberal, en la Internacional Demócrata Cristiana, y ahora tiene que ir a una Internacional propia”.

Eduardo Fellner estuvo fugaz ayer en Buenos Aires -adonde llegó ya casi sin partido en su provincia: se lo sopló el massista vicegobernador Carlos Haquim- para sentarse junto a los otros jefes de partidos en la mesa reformista de Rogelio Frigerio. Ese paso por la Casa de Gobierno (que nunca creyó que volvería a visitar tan pronto) no fue lo más importante que hizo. Junto al apoderado Jorge Landau, también presente en esa cita en el ministerio del Interior, formalizaron la convocatoria a los consejeros del PJ nacional para que el próximo miércoles 3 de febrero estén en la sede de la calle Matheu 130 para sesionar con brevísimo orden del día: 1) citar a un Congreso del partido el 19 de febrero; 2) que ese Congreso convoque a elecciones de autoridades para el 17 de abril.

Para esa elección hay semipleno acuerdo entre los caciques del partido –once gobernadores que estuvieron en San Juan el sábado,  dos más que enviaron emisarios, y los jefes de distritos gobernados por el no peronismo– para que esa formalidad se resuelva con la presentación de una lista única encabezada por Gioja, acompañado por una mesa integrada por los gobernadores del partido y algunos jefes partidarios con estrellato nacional, como Daniel Scioli, Capitanich y el ex intendente de La Matanza Florencio Espinosa. Ninguno de estos tres estuvo en San Juan, pero esa reunión fue auspiciada por el ex gobernador de Buenos Aires, que a la misma hora respaldaba, a través de Espinosa, otra reunión de intendentes que también juran hoy sciolismo.

Capitanich, en cambio, no fue invitado a la cumbre de San Juan, no sólo porque no es más gobernador, sino porque el conjunto de los jefes del PJ lo ven actuando cerca de Cristina de Kirchner, para mantener vigente el cristinismo en la cúpula partidaria.

Ese acuerdo se hace en un traga sapos que intenta postergar un cisma que hoy parece inevitable en el peronismo, a través de: 1) elegir a un jefe de consenso –y la figura de Gioja es lo más parecido a un componedor en la foresta peronista–; 2) que no aparezca como candidato expectable a grandes cargos en 2017 y 2019 –Gioja viene de asumir la banca después de una interminable gobernación en su provincia-; 3) que no haya confrontación en las urnas entre peronistas, después de haber logrado cierta unidad para enfrentar las medidas del gobierno Macri hacia las provincias; y 4) que un nuevo presidente del Consejo Nacional tampoco se invista de jefe de la oposición al gobierno de Mauricio Macri, cuyo formato no acuerdan los mandatarios, si debe ser de confrontación abierta o de negociación posibilista.

El traga sapos es porque si el cronograma no se cumple, sobrevuela el dron de la intervención judicial al PJ, cuyos papeles están impugnados ya en una causa que inició antes de las PASO del año pasado Eduardo Duhalde, y que sin mover mucho la ligustrina, llegó a la Cámara Nacional Electoral. El peronismo ya vivió bajo la era Kirchner, con el llorado “pelado” Ramón Ruiz, una intervención similar que clausuró la vida partidaria, y ofrendó al PJ a los pies de Olivos. Hoy una intervención judicial obraría los mismos efectos, porque no hay juez que tome una medida así sin consultar los deseos de la Casa de Gobierno, con la diferencia que allí no está Kirchner sino Macri.

Esa amenaza explica que el miércoles Capitanich haya comprometido su asistencia a Matheu y que, del otro lado, los armadores de la reunión se hayan convencido de que no hay que dejarlo al “Coqui” chaqueño fuera de la conducción del partido. Tampoco el chaqueño es el más preocupado por una intervención. Si la hay, ha dicho a los suyos, la vamos a enfrentar y al final nos vamos a encontrar todos juntos.

Capitanich fatigó en las últimas horas los teléfonos y conversó sobre ese congreso con Scioli y Espinosa, de quienes lo distancian no sólo los proyectos personales, sino las diferencias sobre el método de construcción.

Cree que Scioli tiene que concentrarse en su candidatura a senador nacional por el PJ el año que viene. Eso es lo que tiene que cuidar antes que nada, como el mejor postulante que va a poder ofrecer el peronismo en ese turno. Cree que el PJ de Buenos Aires tiene que darse una estrategia de confrontación con el macrismo para polarizar, y evitar que el oficialismo promueva una elección de tercio, tercio y tercio que puede desplazar al PJ de la grilla. Capitanich teme que Sergio Massa haga una lista como senador en alianza con Cambiemos, y que por otro lado promueva las candidaturas de Elisa Carrió o Gabriela Michetti como segunda ventanilla. Si eso ocurre puede suceder que el oficialismo gane los senadores por la minoría, y por la mayoría. “Sería un escándalo –me dice Capitanich– que el peronismo se quede sin senador nacional por Buenos Aires”. Scioli no comparte ese escenario a futuro y trabaja para una candidatura que cree es ganadora para su partido.

La picardía de Massa de pegarse a Cambiemos en una lista bifronte ya tiene un antecedente: en las elecciones de 2001 la lista Horacio Liendo senador, Daniel Scioli diputado, fue fruto de una alianza entre el cavallismo que gobernaba con Fernando de la Rúa y el PJ porteño, que había intervenido la mendocina Ana Mosso. (Ni se lo cuenten a Massa; no den ideas…)

Para esa elección Capitanich dice que en distritos como Capital Federal donde domina el macrismo,  y el peronismo clásico no levanta, deberían buscar a un hombre de la sociedad, un artista. “¿Por qué no Pablo Echarri?”, propone en la charla de anoche.

Inevitable preguntarle a Capitanich, a quien sus conmilitones identifican con el cristinismo residual, qué cree que va a hacer Cristina de Kirchner en las elecciones del año que viene. Dice no saber ni haberle escuchado nada. “Si me lo preguntan hoy, no la veo en esa”, responde trasmitiendo sus dudas“.

Un comentarista de este blog, suspicaz, afirma que Zuleta siempre se las arregla para mencionar a Scioli como candidato a senador por Buenos Aires. Puede haber algo de eso, pero no creo que el ex gobernador, ni CFK, ni, si vamos al caso, Capitanich ignoren que lo determinante será el clima social y político que el candidato deba expresar -en cada distrito; no hay candidaturas nacionales en las legislativas de 2019. Entonces, el factor más influyente será la situación que resulte de la gestión Macri: mala, pésima, desastrosa… O buena: impossible is nothing, como dicen los de Nike.


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