Cristina y los (otros) peronistas

junio 12, 2016

Encuentro-Hurlingham-Intendentes-Miguel-Pichetto

Entre los blogs politizados actuales -los afines al peronismo, y también los otros- uno de los más interesantes es el de Gerardo Fernández. Lo encuentro así porque Gerardo, especialmente a partir de los resultados de la primera vuelta electoral, en octubre del año pasado, no vacila en enfrentar temas… incómodos, para su lado.

Entiéndase: hay un número apreciable de blogueros que suben análisis o material valioso. No es lo mismo que incluir información o sacar conclusiones que desalienten o enfurezcan a los lectores que uno sabe o cree que están comprometidos con los ideales que uno defiende. Es mucho más fácil mostrar todos los días lo malo que son los Otros. Sin embargo, es posible -si tenemos presente que los que leen estos blogs ya tienen una mirada política, o no se interesarían- que esa actitud, acercar ideas que inquieten, es el mejor aporte.

Hago esta introducción porque ayer leí este posteo de G.F. que me impresionó. Es lúcido y valiente, porque enfrenta con realismo una situación que, es evidente, le disgusta. Ahora, tengo que decir que no estoy de acuerdo, en un aspecto central. Por eso lo copio abajo, y procedo a discutirle:

Quien no entienda esta foto de ayer a la tarde en Hurlingham (la que puse arriba) quizá no comprenda los próximos 2 o 3 años de la interna peronista en la provincia de Buenos Aires, y también del país.
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Lo primero que se requiere para entenderla es reconocer que hay vida por fuera del cristinismo. En esta página hemos escrito bastante sobre el FPV y hemos definido como grandes ejes que uno de los desafíos de Cristina era conducir al conjunto y no sólo al EDE y La Cámpora y que en el peronismo se empezaría a vislumbrar cada vez con mayor claridad la existencia de eso que dimos en llamar “oficialista permanente”, algo que encarnamos en la figura del inefable senador Pichetto.
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Bien, esta foto viene a corroborar el rumor sobre acercamientos de los intendentes denominados “dialoguistas” con el flaco Randazzo, que aunque no está en la foto, es el hombre que en este espacio se lo visualiza como la figura con mayor electorabilidad en la etapa, algo que el olfato indicaría que es cierto.
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Dicho esto comienzan las preguntas, en primer lugar sobre el ex ministro del interior y transporte, sobre su fidelidad y su actitud poco colaborativa luego que se conformara la fórmula Scioli-Zannini. En segundo lugar el interrogante sobre si desde las más altas esferas del FPV (Cristina) se manejó bien ese trámite; si estuvo bien ponerle fichas a Randazzo para luego resolver lo que se resolvió. Otras preguntan pasan por cómo pararse ante sectores y figuras del peronismo, como Pichetto, que fueron oficialistas con Menem, con Néstor, con Cristina y que por momentos aparecen con unas ganas de serlo de Macri que dan miedo.
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Pero siguen los interrogantes y nos ponemos a pensar en los intendentes y gobernadores que tienen territorios a su cargo y deben por ello gestionar un tipo de contacto con el gobierno nacional y el provincial distinto del que practica uno en Twitter y Facebook. Hay muchas preguntas cuyas respuesta serán las que terminen explicando el derrotero a mediano plazo del peronismo. Lo que cada vez parece más irrefutable es que no hay posibilidades de convergencia entre la foto de Hurlingham y el cristinismo que orbita en torno a la Fundación Patria.
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Eso es un dato duro que reclama análisis político y no griterío de red social. Muy probablemente la interna del peronismo provincial transite en base a estos dos polos, con el agregado de que mientras algunos especulan con que si Cristina se decide a jugar, cambian todos los armados, también se dice que ello nuclearía aún con más nitidez a todos quienes tienen diferencias con ella y fundamentalmente con sus alfiles.
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¿Jugará? La verdad, nadie lo sabe. Los libros clásicos de política indican que una figura de su talla no debería exponerse a una contienda electoral si no tiene garantizada una victoria arrolladora, mientras que el derecho señalaría que no le vendrían mal fueros ante la evidencia de que la quieren mandar a la cárcel como sea.
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La foto de Hurlingham debe ser entendida, analizada con detenimiento y sabiduría por ser algo mucho más complejo y profundo que lo que desde afuera se supone.
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Cristina hizo su aparición en la CABA con el impacto que todos vimos, realizó una serie de actividades y volvió a Calafate dejando en funcionamiento un instituto manejado por el mismo riñón que tuvo en Casa Rosada, algo que evidentemente no contiene a todo el peronismo y que, nos animamos a sospechar, tampoco le interesa.
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En el fondo, lo que se empieza a ver es que viene llegando un tiempo distinto donde habrá que pensar en barajar y dar de nuevo“.
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Como dije arriba, creo que esta visión de Gerardo de la interna bonaerense, y del peronismo territorial, es realista. El que gobierna un municipio, o una provincia, debe pagar los sueldos de su personal y cumplir con los mínimos servicios que sus votantes esperan. Si no lo hace… puede ser que algunos lo sigan votando por peronista, nomás, pero es difícil que vuelva a ser elegido. El compromiso de Jorge Ferraresi y de Patricio Mussi, por ejemplo, con CFK es sin lugar a dudas sincero, pero creo que ayuda el hecho que Avellaneda y Berazategui estén en condiciones de cubrir sus gastos.
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En otro plano, también muy concreto, es cierto que una parte importante, hoy mayoritaria, de la dirigencia político y sindical del peronismo tienen reservas con el estilo vertical de conducción de Cristina, en particular en el armado de las listas. Incluso los que fueron puestos por ella en esas listas, hoy cuestionan el método. Sobre todo, casi todos los dirigentes y una buena parte de los militantes orgánicos tienen broncas, antiguas y recientes, con La Cámpora y con el aparato de Sabbatella, que hoy funcionan como los “alfiles” (Gerardo dixit) de CFK.
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Atención: Es necesario agregar que son (somos) muchos los peronistas que creemos que para que el peronismo vuelva a ganar el gobierno de la Nación en los próximos años, probablemente necesitará, entre otras cosas, sumar a la mayor parte de sus aparatos territoriales, del movimiento obrero, de los cuadros de La Cámpora (hoy la organización de militantes más numerosa del país) y también de los sectores progresistas que encolumnó en la última década.
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Todo esto es cierto, pero no es lo decisivo. Tampoco ese pensamiento estratégico que acabo de mencionar es el factor que va a decidir, en el corto plazo, la interna bonaerense y la nacional del peronismo. El dato clave será, es, muy simple: Todos (todos los que estamos en la actividad política o en sus cercanías) leemos encuestas.
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No es que las creemos al pie de la letra. Sabemos que, aún las que están hechas con seriedad y profesionalismo, son fotos de un instante. Pero es el insumo básico que indica las tendencias. Los que las pagan, revisan con cuidado los mecanismos. El resto, las compara con otras de otras consultoras, con el “crunching de data” de las redes sociales… En los primeros meses de 2017 las estaremos mirando obsesivamente.
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Si para esas fechas, CFK, que está trabajando, con la colaboración de sus “alfiles” para ocupar el lugar de referente de la Oposición (también está ayudando en eso el aparato macrista, con la idea de fidelizar los votos anti K) decide jugar -es una hipótesis- en la Provincia de Buenos Aires, y si las encuestas la ubican a la cabeza de las figuras posibles… ella armará la lista que la acompañará en las PASO y en la elección general. A todos los intendentes peronistas, a todos los dirigentes territoriales, les conviene un candidato que arrastre votos, en las elecciones que, entre otras cosas, decidirán el control de los Concejos Deliberantes. Habrá, sí, probablemente una lista opositora en esas PASO, formada por los que no estén en la lista de Cristina.
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Por supuesto, si ella no juega, u otra figura del peronismo aparece con mayor intención de voto… El punto es que, mucho mejor que las roscas o las maniobras de cúpula es dedicarse a tratar de expresar los anhelos de los de a pie. El elemento decisivo en política es la adhesión popular. Eso no garantiza ni el acierto de los votantes ni la lealtad de los votados. Pero no hay un sistema mejor.
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Esta reflexión no es muy original, que digamos. Pero me pareció que era conveniente hacerla, en un momento de confusión. Eso sí, creo que es conveniente agregar que también Cristina lee encuestas. Sus decisiones -acertadas o no- en las elecciones de los últimos años indican que es un insumo que toma muy en cuenta.
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Adiós al “Gallego” Álvarez

junio 4, 2016

guardia-de-hierro

Me acaba de llegar un mail avisándome que hoy murió Alejandro Álvarez, el Gallego. Para quienes quieran despedirlo en persona, les cuento que lo velan en Av. Forest 906 (corrijo una versión anterior de este posteo)  mañana domingo desde las 16:00 hs hasta las 12:00 hs del lunes. No me siento con ganas de escribir ahora. Fue alguien muy importante en una parte de mi vida.

Entonces, voy a copiar parte de algo que escribí hace unos años, comentando un trabajo de Aritz Recalde. Son precisiones sobre un momento histórico, y no son demasiado amables con Alejandro. Pero él es parte de nuestra historia, que no es demasiado amable.

El cuestionamient0 de Guardia a las organizaciones guerrilleras (no era principalmente ideológico -aunque las discusiones en ese tiempo eran feroces y sentidas), es que eran “foquistas”: que tomaban la idea de una vanguardia armada que podía y debía crear un “foco” desde el cual se extendería la Revolución. Mientras que GH reivindicaba la “guerra popular prolongada”, a la que se refirieron en diferentes momentos Perón y Mao: la validez de todas las formas de lucha, en tanto fueran asumidas por el pueblo en su conjunto. No es la discusión actual sobre el matrimonio igualitario, por ejemplo.

En cuanto a los hechos, ya dije que Aritz Recalde está diciendo la verdad. Porque, por ejemplo, no es falso afirmar que “Muerto Perón …, para gran parte de GH llegó la hora de disolver la agrupación” (yo era uno de los que pensaba así; en realidad, desde antes). Pero la decisión de disolverla – como estructura organizativa – fue personal, y sorpresiva, de Alejandro Álvarez. Y la gran mayoría de los cuadros siguió – seguimos – vinculada entre sí por lazos personales y políticos – y escuchando al Gallego.

El apoyo a Isabel fue una continuación natural de la trayectoria política anterior: el rechazo a la acción guerrillera como elitista y fundamentalmente antiperonista, la imposibilidad de concebir al Movimiento Peronista –¿lo recuerdan?– sin una conducción personal legitimada por el pueblo, … Cabe recordar que en este apoyo GH acompañó (al menos en el primer momento) a la mayoría del pueblo peronista. En las únicas elecciones realizadas en 1975, el Partido Peronista Auténtico, organización de superficie de Montoneros, sólo obtuvo una pequeña minoría.

El desperdigarse de los cuadros del Trasvasamiento, de Guardia, fue un proceso lento, paulatino e individual, o en muy pequeños grupos. Usualmente, no hubo ruptura, sino alejamiento (Solía decir que yo fui el único expulsado de la orga, pero el Gallego me desmiente y jura que no lo hizo). Antes que diferencias ideológicas, se produjo a partir de la realidad del gobierno de Isabel, y los cada vez más graves errores políticos que cometía Alejandro Álvarez en su búsqueda de referentes.

Los contactos con Massera – aunque hoy despierten rechazo – no fue el más absurdo en las circunstancias de la época. Un grupo humano que todavía era numeroso debía proteger a sus miembros, evitando la persecución. Y Guardia no entregó a nadie, no denunció, y no salió a defender a la Junta Militar en foros internacionales, como sí lo hizo el Partido Comunista.

Pero el ideologismo de Alejandro convertía las maniobras en el descubrimiento de tendencias históricas. Y cada vez lo acompañaba menos gente. Para cuando a mediados de los ´80 apoyó a Seineldín, sólo le quedaba un pequeño núcleo sólido y delirante – que actualmente está desperdigado, también. Espero que no sea calificado de delirante su actual apoyo ferviente a Cristina Fernández.

Creo que corresponde que termine con un párrafo que escribí una vez anterior en que un comentarista de este blog mencionó a la orga: “Yo respeto y agradezco al Gallego Alejandro Álvarez y al grupo de muchachos, sectarios y dogmáticos, que a fines de los ´60 y comienzos de los ´70 mantuvieron Guardia como una opción de la Juventud Peronista diferenciada de las que, con origen en el Peronismo de Base alguna, pero en su mayoría en la izquierda católica o en el marxismo, se preparaban a matar y morir por el Hombre Nuevo. Y también diferenciada de los fierreros nacionalistas. Como en ese tiempo, si eras joven estabas con la Revolución, o de muy última con la Contrarrevolución, o eras puto (todavía no se había inventado lo gay), somos muchos los que posiblemente les debemos la vida a Guardia y a la orga del Transvasamiento”.


Lectura para los que se oponen a Macri

marzo 29, 2016

las tres brujas

El alerta Contradicto me avisó de esta nota en Página de hoy. Probablemente la hubiera leído por las mías. Si me llama la atención que otros blogs politizados no la registraron (teléfono para Artemio y Agustín).

Es un poco larga, y está escrita por un sociólogo y un antropólogo. Pero les pido que venzan posibles prejuicios y la lean. Es un cuadro muy realista, y concreto, de la situación política a hoy, y de lo que pueden/deben hacer los opositores. También recomiendo, modestamente, mis comentarios al final.

“Tres estrategias para la oposición

Por Gerardo Adrogué y Alejandro Grimson

El gobierno de Macri avanza y la fragmentación de la oposición se agudiza. Los diagnósticos que intentan explicar sus causas y consecuencias se multiplican. En este clima de confusión, tres estrategias muy distintas pretenden orientar la acción política del campo popular, hoy en la oposición. Para analizar esas distintas estrategias primero es necesario realizar un diagnóstico sobre el macrismo.

Existe un diagnóstico simplista que supone que el macrismo es una experiencia a corto plazo de las elites para rapiñar recursos públicos, que el macrismo es un fenómeno político que solo busca devolver a las grandes corporaciones y al capital concentrado los beneficios perdidos durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. Y que una vez cumplido su cometido cortoplacista perdería relevancia política y electoral. No desconocemos lo obvio: el poder económico concentrado ha sido el beneficiario de la enorme transferencia de recursos que Macri realizo en sus primeros 100 días de gobierno (devaluación, apertura indiscriminada de importaciones, disminución y eliminación de retenciones, despidos en el sector público y desprotección al trabajo en el privado, entre otros). Sin embargo, este diagnóstico simplista desconoce que el propósito fundamental del macrismo es de largo plazo: construir un modelo neoliberal sustentable en la Argentina, con voluntad hegemónica, apoyado en los medios de comunicación masiva. Aunque sea capaz de realizar concesiones y negociaciones parciales, el modelo económico y político del macrismo avanza sin titubear en la eliminación de las políticas públicas e instituciones que promueven la distribución de la riqueza y el bienestar en la Argentina. Lejos de una alternancia “normal” en democracia, hoy presenciamos un cambio de régimen. Pero el macrismo significa una novedad en la forma como el poder económico ha defendido sus intereses en el país. Hoy lo hacen construyendo mayorías electorales, con la legitimidad que otorga la voluntad popular expresada libremente y sin proscripciones.

Por ello, nuestro diagnóstico sobre el macrismo enfatiza su complejidad, labrada pacientemente en la Ciudad de Buenos Aires, distrito donde demostró que no solo hace un uso eficiente de la publicidad y del marketing político sino que también sabe ejercer el poder, comprende la lógica de la administración de estado, aplica los principios del intercambio político sin prejuicio alguno, se apropia con facilidad de valores y símbolos ajenos a su visión del mundo (para luego vaciarlos de contenido), e implementa políticas públicas que pueden favorecer ocasionalmente a los sectores sociales más necesitados y vulnerables (como es el caso del Metrobus). El macrismo demostró que sabe aprovechar los errores de su adversario, en particular la subestimación que se hizo (y se hace) de las candidaturas de Mauricio Macri. En política, subestimar es un pecado.

El diagnóstico simplista lleva a la pereza política. Si el gobierno se disparara en sus propios pies, si tuviera pies de barro, no resultaría necesario esforzarse en construir activamente una oposición. El simplismo alimenta nuevos mitos. Por ejemplo, “la gente se va a dar cuenta que este gobierno los arroja a la miseria y de quien verdaderamente gobernó para ellos” o también “Macri con sus decisiones está creando las condiciones para nuestro rápido retorno”. Cierto es que la multitudinaria marcha del 24 de marzo, las Plazas del Pueblo y la amplia convocatoria que despiertan las inconexas actividades de la oposición pueden alimentar la creencia según la cual el apoyo al macrismo se derrumbará por la fuerza de las cosas y que lo más razonable sería, en consecuencia, sentarse bajo la higuera a esperar que llegue la primavera. Error de perezoso.

Un diagnóstico realista, que reconozca la complejidad del macrismo, también intuye que las políticas que lleva adelante el neoliberalismo en el gobierno van a generar malestar en amplios sectores de la sociedad y que (aunque los medios masivos lo oculten o disfracen), el nivel de apoyo a la gestión, la imagen de Macri y la potencial intención de voto pueden disminuir significativamente durante los próximos meses. Pero no asegura quién podría beneficiarse de ese desgaste. Nada es mecánico en la política. Tampoco es improbable que el macrismo active una vez más su complejidad para recomponer mayorías políticas o electorales. En todo caso, si algún malestar social se estuviese gestando, este sería hoy apenas el germen de un potencial espacio antimacrista. El diagnóstico realista invita a pensar en la necesidad de ampliar y conducir este potencial espacio, de construir una oposición con vocación de mayorías, lo cual lejos de la pereza exige actuar de modo decidido, inteligente e innovador.

Repasemos ahora las tres estrategias que hoy debate el campo nacional y popular. La primera se basa exclusivamente en entablar negociaciones de gobernabilidad para las provincias (y/o municipios) donde se gobierna. A esta primer estrategia le tiene sin cuidado un diagnóstico simplista o realista, acertado o no, sobre el macrismo. Es una estrategia cortoplacista que reconoce el poder coyuntural del adversario y sólo busca maximizar el intercambio político de bienes y recursos. Sería necio negar que una parte de la política requiere de negociaciones. Tan necio como creer que de esa realpolitik puede emerger una verdadera alternativa al oficialismo. La voluntad popular está para ser respetada, pero también es evidente que la voluntad popular nunca fue perder derechos. Y en este punto la oposición debe ser intransigente.

Pero una posición jacobina en la defensa de los derechos conduce a una segunda estrategia tan equivocada como la primera. Fundada en el diagnóstico simplista sobre el macrismo y sobre las consecuencias que su gobierno tendrá sobre los votantes, esta segunda estrategia sostiene que el pueblo extraviado comprenderá, tarde o temprano, la verdadera naturaleza del macrismo y, en consecuencia, retornará al redil. Con el explícito propósito de facilitar el retorno de las masas desilusionadas, promueve acentuar los rasgos más duros y puros de la identidad política kirchnerista (o trotskista, para el caso). Bajo esta mirada, cualquiera que no sea un abogado absoluto de los doce años de kirchnerismo debe ser estigmatizado como traidor o renegado. ¿Cuál es el peligro que aquí anida? Alimentar una posición política que confine a la oposición a los márgenes de lo testimonial y la prive de la orientación estratégica que construye mayorías políticas y electorales.

Por eso, es imperioso fortalecer una tercera estrategia: ampliar y fortalecer a la oposición. Se trata de ampliar el espacio antimacrista y de conducir una orientación definida al interior de ese espacio. Por un lado se requiere articular diversidades, sin que nadie pierda su identidad, ni su propia visión, pero sin anteponer la propia identidad para un trabajo conjunto. Por el otro, debe garantizarse que en este nuevo colectivo prime una orientación política de intensa defensa de los derechos populares. El contexto actual argentino y regional es desfavorable para el campo popular y nos impone reagrupar y construir. Caso contrario, la actual fragmentación de la oposición continuará beneficiando al macrismo, tanto como proyecto político como en su fuerza de negociación coyuntural.

Pero atención que esta vocación frentista del campo nacional y popular no debe ser sólo un fenómeno electoral. Debe orientar la acción política en todo el proceso social. Es decir, antes, durante y después de las elecciones y tanto “hacia adentro” como “hacia afuera” de la vida político partidaria. El éxito de esta tercera estrategia política también depende de la intensidad con la cual se afronten los distintos conflictos políticos, de la inteligencia para seleccionar y priorizar las batallas que deben darse. Es en este proceso donde se empiezan a (re)construir las mayorías. En cambio, tanto el acuerdismo como el simplismo jacobino renuncian a la construcción de un programa atractivo y viable para la mayoría de los argentinos. La primera porque sólo negocia con el oficialismo, sin ofrecer alternativas. La segunda porque se preocupa más por tener la “posición correcta” que la posición que contribuya a modificar una adversa relación de fuerzas.

La articulación de diversidades de la oposición tiene distintos niveles. En el plano microsocial implica luchas barriales, institucionales o sindicales que requieren ampliar la unidad. En el plano estrictamente político, esta estrategia sólo será una orientación eficaz si es adoptada e implementada por el liderazgo y la conducción política de cada distrito. O, en distritos sin liderazgos claros, si es adoptada por varios liderazgos potenciales. La militancia de base puede y debe contribuir a fortalecer esta estrategia, pero su esfuerzo será en vano si no es asumida por los principales dirigentes. Enfatizamos aquí la especial urgencia que esta estrategia de ampliar y articular tiene en la Ciudad de Buenos Aires. Finalmente, ampliar y articular no es sinónimo de “unidad boba”, o de la unidad como un fin en sí mismo. Esta discusión es tan antigua como la política misma. ¿Cabe aliarse con cualquiera por el simple hecho de que no está en el gobierno? ¿Cuáles son los límites del campo nacional y popular? Cuando caracterizamos al macrismo como la opción política de una derecha con un proyecto hegemónico y al mismo tiempo aludimos a la gestación de un potencial espacio antimacrista, no llevamos de contrabando la noción de que cualquier unidad es buena en sí misma. Pero sí reconocemos que en política la línea divisoria entre adversarios está lejos de ser una trinchera clara y definida, como las que hace un siglo separaban a los ejércitos en el campo de batalla. En política, las identidades políticas adversas se asemejan muchas veces a manchas que pueden superponerse en los bordes y crear cierta confusión. La creación de mayorías también depende del corrimiento eficaz de estos bordes. Por eso, estamos convencidos que la vocación por construir mayorías debe ser amplia, real y efectiva”.

Como anticipé en la introducción, creo que es un enfoque realista, con lenguaje concreto. Tiene un defecto -inevitable, en un trabajo de estas características- en sus supuestos tácitos. Hablan como si hubiera el equivalente de un Estado Mayor del peronismo, o del “campo popular” que pudiera elegir las estrategias más convenientes. No. Ese animal no existe.

Las estrategias políticas se deciden, la mayoría de las veces, de acuerdo a la relación de fuerzas que impera en ese momento. Y siempre a través de disputas internas: en las que se dirimen distintos ideales, prejuicios, ambiciones. Una pregunta que aparece constantemente “Y en esa lista ¿dónde voy yo?”.

Esto vale para todas las fuerzas políticas, por supuesto. Pero la alianza “Cambiemos” hoy cuenta con un Presidente de la Nación. Es decir, con la Gran Lapicera que puede distribuir recursos, recompensas… y marginaciones. El peronismo -y las otras fuerzas, para el caso- no la tienen.

Por eso, para entender la realidad actual, y cómo puede evolucionar, es necesario tener en cuenta las internas. Este blog ha dedicado muchos de sus posteos al asunto. Y aunque me tiene un poco aburrido, voy a seguir haciéndolo.


Y en eso llegó Daniel

marzo 28, 2016

marcha 24 3

Nuevamente me disculpo por un título fantasioso. Me tenté porque la nota que me llamó la atención es de este domingo en Página 12. Y Página en estos meses está muy sciolista, aunque el que fue candidato del Frente para la Victoria tenga poco que ver con el mitológico Comandante. Será que como Troilo -ya lo dije- siempre está llegando. O simplemente, siempre está.

Como sea, comparto con ustedes esta crónica del informado Nicolás Lantos. Creo que la blogosfera K no la comenta. Y mucho menos la blogosfera no K. Como de costumbre, una reflexión mía al final.

La interna del peronismo no es un camino en línea recta sino más bien un sendero con vueltas, atajos y algunas curvas inesperadas. La procesión de más de treinta dirigentes peronistas que el jueves marcharon juntos, a la cabeza de la masiva columna del Movimiento Evita, no fue solamente un hecho “inédito” en la historia de las manifestaciones por el Día de la Memoria, tal como lo describen sus organizadores. Además fue una señal hacia adentro de un PJ que transita una etapa de reorganización institucional y política, indicando que cambió el escenario.

A partir de esta semana no hay dos sectores en esa pugna, ahora son tres: el espacio que hizo su bautismo esta semana en Plaza de Mayo y se referencia en Daniel Scioli, Jorge Taiana y un grupo de intendentes del conurbano bonaerense propone una postura intermedia entre el oficialismo light de Juan Manuel Urtubey y el Bloque Justicialista y la intransigencia que plantea el kirchnerismo más férreo. Si bien todavía se trata de una foto y algunas charlas informales, desde el jueves se suceden chats y llamadas telefónicas para armar un próximo encuentro, que sume más rostros a los que marcharon por Diagonal Sur.

La idea no es “pelearse con nadie”, sino ofrecer una alternativa que facilite una salida de unidad, bajo la idea de que si el peronismo “se polariza y se rompe por los extremos” terminará licuando su representatividad social y poniendo en serio riesgo su performance electoral en el 2017, particularmente en la provincia de Buenos Aires. “La prioridad no es poner un candidato a conducir el partido sino llevar la interna a buen puerto”, explica uno de los armadores del espacio, que además busca repetir la misma alianza a nivel distrito en varios municipios de la provincia.

La idea surgió del seno del Movimiento Evita, que vio la marcha del 24 de marzo como la ocasión para expresar también un fuerte apoyo a la unidad del PJ: “Teníamos una idea de conformar una cabecera para nuestra columna que expresara nuestra posición política, de forma plural, diversa”, explicó el referente de ese espacio Fernando “Chino” Navarro. El diputado bonaerense aseguró que la composición refleja mayormente al conurbano bonaerense porque “faltó tiempo para armar algo con otras provincias y sindicatos”, pero que esas conversaciones ya están en marcha.

Pronto se sumaron a la propuesta el senador Juan Manuel Abal Medina y la diputada Cristina Alvarez Rodríguez. Ella fue la responsable de acercar al armado a tres figuras con peso específico: Scioli, ex candidato presidencial del Frente para la Victoria; Fernando Espinoza, presidente del PJ bonaerense; y Verónica Magario, intendenta de La Matanza. Otro legislador, Leonardo Grosso, fue el encargado de acercar a los intendentes de la primera sección: Gabriel Katopodis (San Martín), Leonardo Nardini (Malvinas Argentinas) y Gustavo Menéndez (Merlo).

Taiana invitó al ex juez de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni y al ex presidente de la Biblioteca Nacional Horacio González, quien finalmente no asistió por motivos de salud. También, al ex titular del Banco Central Alejandro Vanoli. Hubo dos ex secretarios de Derechos Humanos de la provincia: Edy Binstock y Remo Carlotto. Algunos marcharon juntos toda la tarde. Otros, como Espinoza y Magario, acompañaron un rato y regresaron a sus respectivas columnas de origen.

“Es sólo una foto, las fotos son eso. Pero en el caso nuestro forma parte de una película. Desde hace años nosotros planteamos una política muy amplia, de brazos abiertos. Para mantener el 54 % del 2011 había que abrir los brazos y nosotros por el contrario tuvimos dificultades para mantener sectores que se fueron alejando. Hoy es imprescindible conseguir una unidad para tener las mayorías que necesitamos para enfrentar al gobierno de derecha de Macri”, planteó Navarro.

“No queremos pelearnos con nadie. Proponemos terminar con las divisiones para trabajar por la unidad –agregó el ex diputado Mario Oporto, que también formó parte de la columna–. Nuestro adversario está afuera y no adentro del PJ. Si esto se polariza y se rompe por los extremos nos quedamos con poca representatividad. El peronismo no es ni vanguardia iluminada ni conservadurismo popular”. El desafío, aseguró, es encontrar “una unidad que no deje a nadie afuera y en la que nadie hegemonice” el espacio.

La tarea es complicada: se trata de acertar cuál es el cable que desactiva la bomba de tiempo que cuenta los segundos que faltan para el 8 de mayo, día en que caduca el mandato de las actuales autoridades y están previstas las elecciones internas o la consagración de una fórmula que mantenga la integridad de un peronismo a punto de estallar en mil pedazos. “Si los dirigentes no tenemos capacidad y aptitud para construir unidad, la unidad la va a construir el pueblo en la lucha y en la calle –concluyó Navarro–. Los que lo entiendan estarán adentro y los que no, lo mirarán desde la vereda”.

Mi reflexión: La relación del Movimiento Evita -el más numeroso y organizado de los movimientos sociales- con el anterior gobernador Scioli lleva largos años. Pero esta es una apuesta -relativamente- nueva. DOS ya no gobierna la PBA. Su activo político es que es una de las dos caras del Frente para la Victoria más conocidas por los votantes. La otra, por supuesto, es CFK.

Parece evidente -salvo para los anticristinistas envenenados- que ella convoca a la mayoría de los militantes identificados con el peronismo. Más aún, si se considera al conjunto del FPV. Pero también despierta reservas entre algunos gobernadores, muchos dirigentes sindicales, y los dirigentes territoriales que están fastidiados con el método verticalista de armado de listas.

Este proyecto de Scioli, Taiana, el Movimiento Evita, y parte del todavía poderoso peronismo del conurbano -La Matanza asoma en la foto de arriba- aspira a ser confiable para ambas realidades del peronismo. La confianza, como diría Frank Underwood, no es un producto de consumo masivo en la política. Pero hay algo que obliga a una definición temprana, y no es la interna del 8 de mayo, donde creo que se puede llegar a una lista común para este viernes 8 de abril (Aquí el confiado soy yo).

La clave es que en las elecciones del año que viene se eligen diputados y senadores de cada provincia. No habrá candidatos nacionales en las boletas ¿Quién encabezará la de la Provincia de Buenos Aires, por ejemplo?


El peronismo se endurece, hasta un punto, en Avellaneda

marzo 17, 2016

CFK Scioli Capitanich (2)

Ahora que (casi todos) los gobernadores peronistas expresan en el Senado su disposición, con condiciones, para que se apruebe el acuerdo con los buitres, referentes del peronismo que piensan que el tema hace a los valores y la identidad de esa fuerza van a manifestarse este sábado 19 en Avellaneda.

Como les anticipé aquí, la decisión de la mayoría apunta a conformar un espacio coherente con esas banderas, pero sin llegar a la ruptura. En el lenguaje de la Iglesia católica -con el que algunos de los que impulsan la reunión están familiarizados, otros no- “odiar al pecado, pero no al pecador“.

Ya que Letra P publicó recién una nota que me parece acertada (= coincide con la información que tengo sobre las intenciones de los organizadores), la copio para ustedes:

El ex gobernador de Chaco, Jorge Capitanich, busca abrir el juego en la convocatoria a organizaciones sociales, intendentes y partidos del Frente para la Victoria que se darán cita el sábado en Avellaneda para comenzar con la reorganización del kirchnerismo.

Del evento participarán dirigentes de distintas organizaciones que forman parte del FpV, como el Movimiento Evita, Peronismo Militante, la Corriente Nacional de la Militancia, intendentes identificados con el kirchnerismo como Jorge Ferraresi y Juan Patricio Mussi, Nuevo Encuentro y La Cámpora. También está casi confirmada la presencia del ex candidato a presidente Daniel Scioli.

Aunque la convocatoria está orientada al sector más cristinista del FpV y tiene como objetivo “reivindicar el liderazgo” de la ex presidenta y los doce años de gestión “y construir agenda opositora, fijando posición sobre determinadas decisiones del Gobierno” – según indicó uno de los dirigentes que organizan el encuentro- Capitanich pretende “abrir la cancha” del espacio, no quedar encerrado en el sector duro y sumar a otros dirigentes, muchos de los cuales no comulgan con la estrategia camporista. El ex gobernador de Chaco invitó a la reunión a los intendentes peronistas de todo el país, nucleados en la FAM, a quienes recibió a mediados de febrero en Resistencia.

El encuentro comenzará a las 14, tendrá lugar en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) con sede en Villa Domínico, con un plenario de dirigentes que se dividirán en cinco comisiones de trabajo: economía; educación, universidad y cultura; gestión municipal y provincial; organizaciones políticas; producción y trabajo.

Entre las 17 y las 18 se abrirá el plenario a la militancia para el acto de cierre, que hasta el momento se cree que estará en manos de Capitanich. Según fuentes de la organización, también estará Máximo Kirchner.

Además del análisis de la situación actual, se cree que del plenario podrá salir la idea de la conformación de un nuevo espacio político, a dos meses de las elecciones del PJ, que tendrán lugar el 8 de mayo“.


El sindicalismo y la experiencia kirchnerista

marzo 13, 2016

santoro

Un reciente posteo -apenas una noticia, en realidad- sobre (el comienzo de) un proceso de unidad de la CGT -un hecho objetivamente importante en las relaciones de fuerza en la sociedad, por lo menos más que la unidad o no de un bloque de diputados provinciales- y las reacciones negativas de algunos comentaristas, me dejaron pensando. Más significativa todavía ha sido la falta de repercusión en el mundo político del tema. Como al gran Holmes, lo que me llama la atención es lo que no hizo el perro en la noche.

Sobre las relaciones entre el sindicalismo y el peronismo, el sindicalismo y la política, ya he escrito en el blog. En estos días, como me pasa con otros temas, no tengo el tiempo para darle un tratamiento serio. Por eso, recordé que había leído un artículo sobre el tema, en Panamá Revista, de Ana Natalucci, investigadora del Conicet, y lo vuelco aquí.

(Lo edité mínimamente. Como sé que la licenciada Natalucci a veces lee el blog, calculo que me corregirá si me equivoqué en algo. De todos modos, no puedo evitarlo, hago observaciones al final).

(Este artículo trata sobre) la recuperación del estatuto de sujeto político que había perdido el sindicalismo al ritmo de la desindustrialización y de la desindicalización del peronismo. ¿Qué características adquirió la dinámica sindical en el kirchnerismo? ¿Cómo pensar este proceso de reposicionamiento de los sindicatos como articuladores de demandas obreras y que, a su vez, les permitió formular demandas de intervención y participación política? ¿De qué manera se articularon sus expectativas políticas en relación con la estrategia económica neodesarrollista?

Desde 2003, el kirchnerismo incentivó un proceso de revitalización acotado y orientado a la restitución del poder de negociación corporativo en el marco de su estrategia neodesarrollista. Esto despertó expectativas en algunos nucleamientos sindicales que pensaron que era posible recuperar su estatuto de sujeto político, reflejada en la idea de columna vertebral del movimiento. De esta manera, se produjo una tensión entre lo corporativo y lo político: entre la intención del kirchnerismo -cuya idea era ofrecer sólo un espacio de contención en términos políticos y de presión en lo económico- y la de algunas fracciones del sindicalismo que bregaban por participación en el sistema político.

Los obstáculos se vincularon al neodesarrollismo pero también a las características de la coalición de gobierno y del propio peronismo en su versión desindicalizada. Al respecto, se plantearán las oportunidades económicas y políticas y los obstáculos que presentó cada una. Los casos paradigmáticos para abordar este problema son la Corriente Nacional del Sindicalismo Peronista (CNSP) y la Juventud Sindical (JS), debido su insistencia en torno a la politización del actor sindical.

Sin dudas, la oportunidad económica para el resurgimiento del actor sindical se gestó en la etapa de posconvertibilidad a partir del impulso de la estrategia neodesarrollista. Sintéticamente, en la Argentina kirchnerista esa estrategia se sintetizaba en dos consignas: la reconstrucción de un capitalismo nacional y un modelo de crecimiento con inclusión social. Para su implementación, el gobierno se apoyó tanto en un sector de la Unión Industrial Argentina (UIA) -en especial en el Movimiento Industrial Nacional (MIN)- como en el movimiento obrero organizado nucleado en la CGT rebelde (conducida por Moyano). Aquella articulación fue efectiva entre 2003 y 2008; el enfrentamiento con las patronales agropecuarias ese año y la crisis económica internacional de 2009 dieron indicios acerca de su agotamiento, observado no sólo en las variables económicas, sino también en las alianzas que lo sustentaba.

La oportunidad política la constituyó el propio kirchnerismo al incentivar el proceso de revitalización para las organizaciones sindicales, cuya intención principal se orientaba a la restitución del poder de negociación corporativo en el marco de la estrategia neodesarrollista. En su libro con Torcuato Di Tella, Kirchner afirmó que el rol de los empresarios era maximizar la ganancia mientras que los dirigentes gremiales debía representar a los trabajadores en la puja distributiva. Sin embargo, en el devenir de este proceso se generaron expectativas de parte de algunos nucleamientos sindicales relacionadas con recuperar su estatuto de sujeto político, es decir volver a ser la columna vertebral del movimiento.

Ahora bien ¿qué implicaba esa tensión y propósito de reconstituirse como la columna vertebral durante el kirchnerismo? ¿Era posible en el marco de un peronismo desindicalizado luego de los cambios producidos en los ochenta y los noventa? Es decir, la revitalización o no del actor sindical no puede atribuirse excluyentemente a las limitaciones estructurales, sino que ciertas cuestiones políticas presentaron algunos obstáculos. Uno de ellos se relacionaba con un peronismo partidario, sin la vigencia del 33% y en competencia con dirigentes territoriales y políticos. ¿Qué posibilidades de éxito tenía un proceso de revitalización ampliado, que excediera la restitución de su poder en la puja distributiva? ¿Qué forma adoptó esa tensión entre lo corporativo/ político en cuanto a los conflictos alrededor de la distribución del ingreso y la participación en la política?

Entender el movimiento obrero y su relación con el kirchnerismo supone considerar que no se trataba de un actor compacto, sino que en principio había tres tendencias: los “gordos”, los independientes y el MTA. Siguiendo a Schipani (2012), los dos primeros -nucleados desde 2012 en la CGT Alsina- tienen una concepción corporativa del movimiento obrero, esto es, un grupo de interés orientado a conseguir mejoras salariales y laborales. Mientras que el MTA -dividido entre la CGT Alsina y Azopardo- aspiraba a recuperar el estatuto político de los sindicatos, la “resindicalización del peronismo”.

En este marco, el 18 de septiembre de 2009, el MTA (Moyano y sus aliados) lanzó la CNSP, en cuya declaración fundacional manifestó su interés de crear una “corriente político sindical que contribuya a la reorganización del Movimiento Nacional y Popular, la garantía de políticas de Estado y la determinación de una agenda construida por los argentinos y para los argentinos”. El kirchnerismo constituía el proceso por el cual se habían recuperado los derechos cercenados anteriormente y la posibilidad política de reposicionamiento de las organizaciones sindicales. Actos como el del 30 de abril de 2009 o el de River del 17 de octubre de 2010 demostraban su capacidad de movilización y convocatoria, sobre la que esperaban reconstruir la legitimidad social. Con este impulso, a fines de 2009 se creó la Juventud Sindical de la Corriente, como organización política más que de jóvenes agremiados.

Como se mencionó, ese proceso de politización tuvo dos obstáculos. El primero está relacionado con el modelo neodesarrollista, con las alianzas que suponía y con la visión que el kirchnerismo tenía de ese proceso. La presentación del proyecto de ley de “Reparto de las utilidades empresarias entre los trabajadores” en 2010 por la CGT constituye una muestra significativa de dicho obstáculo. Haciendo una muy breve recapitulación, el proyecto lo presentó el abogado de la CGT y diputado nacional Héctor Recalde. El principal efecto del proyecto era que los trabajadores podrían ver los balances, conocer la estructura de costos y participar de las decisiones que tomara el Directorio de cada empresa. Las cámaras empresariales pusieron el grito en el cielo ya que entendían que permitiría el avance del poder sindical. Si bien algunos dirigentes kirchneristas, entre ellos el mismo Kirchner, manifestaron su apoyo, la discusión del proyecto fue postergada reiteradamente.

En el discurso del acto en River, Moyano interpeló a los presentes en carácter de trabajadores a “dejar de ser un instrumento de presión para ser un instrumento de poder” en pos de “concientizar políticamente a los trabajadores para tener a un trabajador en la Casa de Gobierno”. Asimismo, reclamó la aprobación del proyecto de repartición de ganancias. Así reforzaba su doble posición: como representante de esos trabajadores que tenían derecho sobre las ganancias que contribuían a generar y la politización de las organizaciones sindicales a las que pertenecían. A continuación CFK apeló a mantener la relación de cooperación entre sindicatos, empresarios y Estado, aclarando que ya había un trabajador en la Casa Rosada ya que ella trabajaba desde joven. Ese discurso fue interpretado por algunos sectores como un desafío a la conducción política; lectura que se profundizaría luego del fallecimiento de Kirchner. De hecho, tanto CFK como el entonces ministro de trabajo Carlos Tomada jugaron un rol imprescindible en la ruptura de la CGT en mayo de 2012. Es cierto también que esta se erigió sobre diferentes concepciones que tenían los alineamientos respecto de los reclamos de demandas sectoriales y de su relación con el gobierno y el peronismo.

Esta ruptura fue decisiva para la disolución de la CNSP y de la JS, que tenían sentido en el marco de una construcción movimentista, esto es, en la construcción de un lineamiento propio dentro de un espacio que suponían contenedor, con el que interactuaban y coordinaban acciones con otras organizaciones. Como es sabido, las organizaciones sindicales no cuentan con el estatuto jurídico para presentarse en elecciones, por lo que sus apuestas electorales debieron canalizar en otros espacios políticos.

Una de las conclusiones que se desprende de esta exposición es que la aspiración sindical reunía la posibilidad de recuperar su función como articulador de demandas obreras -y opinar consecuentemente en el rumbo del modelo económico- y de participación política bajo una estrategia heterónoma con la esperanza de resindicalizar el peronismo -a partir de su involucramiento en los procesos de toma de decisiones y ocupación de cargos ejecutivos y legislativos.

La imposibilidad de perseguir esta estrategia debe atribuirse a errores propios del nucleamiento sindical, pero fundamentalmente a cómo entendían los protagonistas el proceso de fortalecimiento sindical y sus consecuencias. Es decir, dirigentes kirchneristas (Kirchner y fundamentalmente CFK) lo pensaban en términos de poder construir un contrapeso al sector empresarial en el marco del modelo neodesarrollista, de modo de compensar la puja distributiva, sin restituir por esto la gravitación política al actor sindical. Esto implicaba que pudieran vetar algunas iniciativas empresariales pero no hacer propuestas que modificaran la correlación de fuerzas -como el proyecto de reparto de ganancias. No obstante las tensiones entre el kirchnerismo y el moyanismo, este mantuvo su expectativa del salto a la política. Las aspiraciones recreadas durante el kirchnerismo no se extinguieron por su ruptura con aquel. En todo caso, optaron por acuerdos con otras élites políticas, como el espacio de De Narváez o el Frente Renovador.

Más allá de los resultados, desde las organizaciones sindicales -y contra lo que indicaría el sentido común- ha primado un esfuerzo por superar el corporativismo y poder dar cuenta de esa doble representación de demandas obreras y políticas. En este punto, el límite lo puso el kirchnerismo, esto es, no estaba dispuesto a restituirle a las organizaciones sindicales su reclamado estatuto de sujeto político, la desindicalización del peronismo ocurrida en los ochenta era irreversible.

Podríamos decir que esta historia de alguna manera está terminada. En parte la disolución de la estrategia movimentista incidió en los resultados negativos para el kirchnerismo tanto en las elecciones de 2013 como en las de 2015. Sin embargo, quisiera llamar la atención sobre un proceso en curso donde esta lectura sí tiene un aporte para hacer, se trata de lo que se llama “la normalización del PJ”. Es decir, en mayo vencen los mandatos de las actuales autoridades. Diferentes espacios kirchneristas están convocando a una afiliación masiva para disputar en las internas partidarias y así evitar la “derechización del PJ”. Por su lado, desde el Frente Renovador se ha convocado a algunos dirigentes y gobernadores, con el objetivo de desarticular al kirchnerismo.

De un lado o del otro, lo que está ausente es la voz del sindicalismo. Aunque es cierto que gremios como UPCN o SUTERH tienen un peso importante en el distrito Capital, el sindicalismo como actor político -y en vistas a sus esfuerzos de los últimos años- no ha sido ni convocado ni ha plasmado alguna acción al respecto. ¿Hay posibilidades de rearticular una estrategia que le devuelva cierto poder partidario al sindicalismo? ¿Qué piensa la CGT u otros nucleamientos sindicales respecto de esa normalización? Hoy no tenemos las respuestas, aunque deberíamos observar el devenir; en parte por su rol histórico y por la clase trabajadora como sujeto político del peronismo“.

Puedo dar testimonio personal de la impresionante recuperación en afiliados y en poder económico que la etapa kirchnerista significó para los sindicatos industriales y del transporte. En los otros rubros de actividad, fue menor, pero también muy significativa.

¿Por qué entonces no existe un vínculo político estrecho entre el kirchnerismo como corriente política en el seno del peronismo y los sindicatos? ¿Con casi ninguno?

La licenciada Natalucci -graduada en Ciencias Sociales, después de todo- pone el énfasis en el modelo kirchnerista. Es un factor, claro, pero no me inclino a considerarlo decisivo. Después de todo, el peronismo fundacional tampoco fue un laborismo, o un “tradeunionismo”, como se decía entonces.

Supongo que por mi deformación profesional (anterior), tiendo a ver la clave en la política. Ante todo, hay un elemento muy básico: entre los liderazgos verticales, “plebiscitarios”, y los poderes intermedios, institucionalizados, existe una tensión y una desconfianza mutua inevitables. Ya Aristóteles lo analizó. Y nuestra historia nos muestra que el mismo Perón no tuvo siempre una relación armoniosa con el sindicalismo.

Pero eso no impidió que las organizaciones sindicales desarrollaran un vínculo no exclusivo pero poderoso con Perón y el peronismo. Y después de 1955 fueran la clave de supervivencia.

En el caso del kirchnerismo, existe otro factor: muchísimos de sus cuadros, y la mayor parte de su “etos”, se nutre de la incorporación de jóvenes de los sectores medios y de la reincorporación de veteranos, también de los sectores medios que se habían alejado con el Frepaso en rechazo al menemismo. “Sectores medios” es un término muy impreciso -he repetido muchas veces en el blog que la mayoría larga de la población argentina puede considerarse de clase media- pero en este caso se identifican con un dato claro: no están sindicalizados. O su vinculación con el gremio es el uso de la obra social.

El hecho es que la gran mayoría de los dirigentes sindicales, aún los más críticos de las deformaciones burocráticas y que defienden el rol del Estado en la economía, se sienten maltratados por Cristina Fernández. Y están, más o menos públicamente, alejados de cualquier conducción suya.

También debo decir que, en mi opinión, esa dirigencia, y el sindicalismo en su conjunto, es responsable de esta situación. Porque no han sabido hacer política. La CNSP y la JSP que acertadamente menciona Natalucci como intentos, no pasaron de tales. No han sabido construir liderazgos políticos válidos para la sociedad, ni elaborar programas que atrajeran a alguien más fuera de sus afiliados.

Saúl Ubaldini, 30 años atrás, fue la última figura convocante que surgió del sindicalismo. Y aún en su caso, su carrera política posterior fue un fracaso. A mi entender, esto tiene que ver con el hecho que las organizaciones con una poderosa vida interna no son las más adecuadas para formar líderes “hacia afuera” (¿teléfono para La Cámpora?).

Como siempre, la realidad dirá la última palabra. El desafío de Macri y su gobierno de los CEOs ¿obligará al sindicalismo a defender sus estructuras desde la política? El que viva lo verá.


La izquierda europea y los populismos latinoamericanos. Habla un ruso

marzo 11, 2016

Yuriev_day

Después de repasar las noticias, y algunas llamadas, pensé postear “Los gobernadores se van definiendo“, para hacer pendant con la carta de Teresa García que subí anoche. Pero siento que el blog está demasiado metido en el frasco de la interna peruca (Además, que lo que se enfrenta en el peronismo son gobernadores vs diputados “sin tierra”, o que el tema principal es el acuerdo con los fondos buitre… sólo en el periodismo más superficial). Entonces, prefiero acercarles este reportaje, que fue publicado el domingo en Página 12, pero que ha tenido poco eco en las discusiones políticas.

Creo que merece ser escuchado. No porque esté de acuerdo con la mayor parte de lo que señala, sino porque es una mirada original e interesante sobre la izquierda europea, los movimientos xenófobos de ahí, y también sobre los populismos latinoamericanos. En particular, el peronismo. Es la mirada de un intelectual de izquierda ruso. Y aunque no es orgánico de Putin -más bien, al contrario- uno se da cuenta que desde Rusia la mirada es diferente a la que estamos habituados en encontrar en la izquierda europea occidental.

Boris Kagarlitsky dirige el Instituto de Globalización y Movimientos Sociales en Moscú. Además realiza actividades en el Instituto Transnacional; es cofundador del Partido del Trabajo, y fue investigador en el Instituto de Estudios Políticos Comparativos de la Academia Rusa de Ciencias, además de ser autor de numerosos libros. Aquí el reportaje:

“-En los últimos 30 años, la historia de la izquierda está relacionada con la frustración, el tremendo desastre, y la desmoralización que, técnicamente, provocó el colapso de la Unión Soviética”. Pero la izquierda en Occidente ya tenía problemas: “Falló en entender los cambios que estaban sucediendo; cambios que no necesariamente eran negativos para la izquierda, como el crecimiento de las nuevas clases medias, el debilitamiento de la clase obrera, el advenimiento de nuevas tecnologías, y nuevas burguesías. No estaba preparada para un ataque a gran escala por parte del neoliberalismo. El problema es que la izquierda se volvió conservadora, su estrategia se basó en la defensa del Estado de Bienestar, en vez de pensar en nuevos proyectos”.

–¿Y más cerca a nuestros días?

–En los años 2000, comenzó a recuperarse con nuevos movimientos de izquierda, y nuevas generaciones de activistas, pero no había conceptos políticos alternativos. Irónicamente, se presentaban como un paso adelante tras el marxismo clásico, y describían como un logro el hecho de contar con distintas minorías, el feminismo, nuevas utopías y visiones, pero en realidad estaban regresando al premarxismo, que refleja la declinación de la izquierda, la declinación de las bases sociales. La fragmentación es un tremendo desastre. La izquierda no combatía por el poder. Se perdió el gusto por el poder. Estuvimos tan preocupados con la idea de no ser estalinistas que todos se movieron en dos extremos opuestos: eran estalinistas, en el sentido de querer centralizar y controlar todo, e imponerte sobre los demás, y esto es malo, o bien se movieron al extremo, y se dejó de hablar de cómo usar el poder del Estado para lograr ciertos objetivos.

–¿También en América latina?

–En América latina, sí se combatió por el poder, pero como un elemento de la coalición populista. La izquierda fue el componente intelectual, y funcionó en un primer momento pero les faltó profundidad o encontraron resistencia, como sucedió en Venezuela, donde hubo una gran resistencia de la burocracia del Estado y otros sectores. Quizás ahora el chavismo haga una segunda lectura por haber dejado ir a los consejeros de izquierda y a los sindicatos. Se perdió completamente el momento de transformar el movimiento. Hubo un progreso real pero en vez de transformar la sociedad, redistribuyeron los recursos de forma muy paternalista.

–¿Y en Europa?

–Lo que está sucediendo en Europa ahora es la latinoamericanización de la política. Debido a las nuevas reformas liberales y a la descomposición social, están surgiendo movimientos populistas sin una estrategia clara, y que mezclan elementos de izquierda y de derecha. El Frente Nacional de Marine Le Pen es un animal muy extraño. Está generalmente identificado desde la izquierda como un partido de derecha. Pero eso es un gran error. Nunca han leído sus textos. Yo los leí y lo primero que encontrarás es que usan el estilo de propaganda de la izquierda. Si miras a los resultados de las recientes elecciones, árabes y negros están votando masivamente a Le Front National, porque la propaganda que utilizan es: si quieren mejorar su vida (los inmigrantes de primera y segunda generación), entonces debemos impedir que sigan llegando inmigrantes. Marine Le Pen logró presentarse como la defensora de los desprotegidos… En América latina lo entenderán bien porque allí hubo movimientos que integraron elementos de izquierda y de derecha, tal como sucedió con el peronismo.

–¿Cómo explica que el gobierno griego de Syriza haya llegado al Estado y con un fuerte apoyo popular pero no logre imponer sus políticas?

–No quisieron hacer nada. En un punto, tienes que hacer una decisión política, lo que significa romper ciertas reglas. No se trata de cuan radicales son tus objetivos o tu lengua, sino si puedes hacer un quiebre con las reglas actualmente fijadas y las obligaciones que tienes, y el riesgo que tomas para hacerlo. Su comportamiento estuvo basado en la lógica de minimizar los riesgos. Tsipras podrá decir que mantiene el control del Estado, pero para la izquierda europea, Syriza falló.

–¿Cómo describiría la situación política en Rusia, en el contexto de la crisis económica?

–Hace poco estuve en Voronezh (capital de una región en el centro de la parte europea de Rusia), hablando con la burocracia local y ellos dicen suficiente es suficiente, las regiones se están ahogando. Se está destruyendo todo el potencial para desarrollarlas por culpa de las políticas de austeridad, por la reforma educativa y por quitar los incentivos. Las primeras víctimas conscientes de la austeridad no son la gente pobre sino los burócratas, y aquellos que controlan las regiones y que tratan de que no se desmorone todo. Los primeros que empezarán la rebelión no son los pobres del fondo, que sufren económicamente pero no sabe bien que está sucediendo. Será más como en las revoluciones de la edad media: el rey, Putin, está bien, pero queremos que todo lo demás cambie.

–¿Qué se puede esperar de las elecciones presidenciales el año que viene?

–Hablan del 2017 como si fuera a suceder lo mismo que en 1917, pero yo pensaría más en el ejemplo la revolución francesa. La sociedad está muy fragmentada, con movimientos populares, estructuras débiles, entonces lo que hay que hacer es juntarlos, y aprender de la experiencia de las revoluciones previas y de la experiencia de los momentos previos. Alguien tendrá el coraje y la determinación suficientes para romper los límites, y cuando un país, un grupo o una persona lo haga y obtenga algún tipo de éxito, entonces otros seguirán el ejemplo“.


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