Las encuestas de este domingo

agosto 4, 2013

urnaComo les anticipé, no dan sorpresas. Seguramente ya lo han visto – están en Internet desde la madrugada, y yo los domingos empiezo tarde – pero si quieren pueden repasarlas, desde una mirada puerto céntrica, en La Nación y Página 12 (Esta última hoy tiene una muestra más amplia, hay que decirlo).

¿Qué puede decirse de más o menos nuevo, antes de la Gran Encuesta del próximo domingo? Poco. Igual voy a tratar, con dos reflexiones.

1) La Capital Federal también es América, como vengo diciendo y nada menos que La Nación – a la que le gustaría que fuera Europa – lo confirma. En otras palabras, más precisas, los votantes porteños no están una categoría distinta de las del resto del país. Distribuídos según sus preferencias políticas, encontramos las mismas tendencias que en los otros distritos, en porcentajes algo distintos a cómo se distribuyen en el Gran Buenos Aires, y aún más diferentes con, por ejemplo, los de Tucumán (donde en la capital de la provincia, el oficialismo es más débil y la oposición más fuerte que en el interior. Como en todos lados). Pero las mismas opciones políticas, no desde la etiqueta, desde el contenido, están presentes.

Obvio, para el que conoce algo de estadística, o simplemente se detiene a pensar. Pero como la excepcionalidad porteña es un lugar común instalado, vale la pena repetirlo.

En este caso, la conclusión más significativa y actual que puede extraerse de las encuestas, y seguramente de las PASO, en Capital es que la experiencia kirchnerista – es decir, la alianza del peronismo y sectores numerosos de la centro izquierda – conserva un piso de votantes muy importante. Lo que, con porcentajes diferentes, también se comprobará en el plano nacional. A algunos esto les podrá gustar; a otros, les produce un rechazo casi físico. Pero tengo que decirles que a la realidad ambas cosas le importan muy poco. Es una mina insensible.

2) Hay una encuesta con resultados interesantes, es decir, no previsibles. La público ayer el ínclito Artemio López – que, dicho sea de paso, hasta ahora se ha negado a dar una predicción de los resultados de la provincia de Buenos Aires para el próximo domingo. Por algo será, dirían los setentistas.

Esta encuesta es, curiosamente, de la consultora Analytica, cercana a Sergio Massa. Y el resultado lo apunta el lúcido Julio Burdman “El hallazgo más sorprendente de esta investigación, es que los más disconformes en lo económico no son los votantes de De Narváez o Stolbizer, como intuitivamente hubiéramos creído antes de realizar el estudio, sino los de Massa: invirtiendo casi exactamente la evaluación de los votantes del Frente para la Victoria, entre los que planean hacerlo por el Frente Renovador el 64,7% dice estar peor que hace cinco años, el 26,5% dice estar igual, y solo 5,9% que su situación económica personal y familiar mejoró“.

La única observación que se me ocurre agregar es que las diferencias culturales entre quienes votan a un candidato peronista y los que nunca lo harían, que se reflejan, por ejemplo, en el voto a Stolbizer-Alfonsín y, en alguna parte, en el voto a De Narváez, son más enconadas y permanentes que las económicas. Pero, como decía el General, hay que prestar atención a la víscera más sensible.


La Capital también es América

julio 30, 2013

Como con las encuestas bonaerenses ya estamos entrando en los detalles más exquisitos de la cocina, les acerco ésta de la Capital Federal que me hizo llegar mi amigo Gerardo Codina. Es sólo un anticipo de la Gran Encuesta del otro domingo, pero me parece que aporta algunos datos interesantes.

De una ciudad con un padrón electoral importante – casi el 10 % del nacional – pero lo que quiero marcar es que es una muestra – sesgada – de tendencias en el electorado. Que parecen mantenerse constantes, a pesar que aquí no hay partidos políticos organizados, ni aparatos territoriales que merezcan ser destacados.

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Mi conclusión, nada original – no pongo demasiada fe en encuestas, como recomienda la Biblia – se limita a señalar que en nuestro país existe el espacio, y hasta la necesidad, para un partido de centro derecha liberal, minoritario pero importante, que permita negociar en el Congreso y reflejar en las plataformas lo que ahora debe hacerse en privado con los lobbies. Pero Sergio Massa construyó su base en el peronismo bonaerense, Mauricio Macri tiene capacidades diferentes, y, aunque algún gobernador podría emprender la tarea, a todos los que están en condiciones les pasa lo mismo que a esos dos: por el mismo trabajo, prefieren tirarse a presidentes.


¿Massa cambia su estrategia?

julio 23, 2013

Sergio Massa

Sergio Massa

@SergioMassa

Intendente de Tigre. mail: sergiomassa@tigre.gov.ar youtube: sergiomassavideos

TIGRE · on.fb.me/cby2Yo

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¿O es que Omix – a quien siempre consideré el vocero auténtico del massismo bloguero – nos la vende cambiada? Ojo. no quiero que ésto se reduzca a una chicana contra mi amigo Omar Bojos – aunque sienta ganas de tirarle una toalla… mojada, por haber adoptado el estilo más berreta de las hinchadas de la blogosfera “Massita los confunde con la guerra de zapa … conoce el Monstruo por adentro… el urnazo que viene… los medios “opositores” e independientes lo protegen a Scioli...” ¡Dios!

Al margen. El compañero está en campaña y no es el único que repite tonterías. Son muchos. Pero hay una discusión sobre estrategia planteada. Sostengo – desde antes que S.M. se lanzara – que la realidad lo obligaría a definirse. Y afirmé que el discurso de su lanzamiento – y el hecho, independiente de todos los discursos, que desafía a Cristina Fernández en la provincia de Buenos Aires – ya era una definición.

Pero Omar, y no sólo él, reivindicaban como la estrategia básica de Sergio Massa el tratar de ser, por lo menos hasta después del 11/8, “todas las cosas para todos los hombres”. Hoy mismo reiteraba en un posteo:

Massa podrá torear un poco y será toreado mucho pero no va a salir de su guión, al menos hasta el 11 de agosto. Si ha llegado hasta aqui sin decir ni mus, porque cambiar y arriesgarse“.

Y tengo que reconocer que éste último argumento es uno que tiene mucho peso para la inmensa mayoría de los políticos. “Equipo que gana no se cambia”, dicen. Yo creo que cuando cambia la realidad, es la receta para perder. Pero yo no gané en ninguna intendencia, ni ninguna provincia, así que no impongo mi opinión.

Hoy, viajando en el subte a eso de las 6 de la tarde, y sin nada que hacer, miro Twitter en mi celular. Y veo esta seguidilla de tweets:

Sergio Massa ‏@SergioMassa 6h

Hace tiempo q venimos planteando algunas cosas. Sentimos q con un grupo de gente q te dice todo q si, no se puede gobernar y armar equipos.

Sergio Massa ‏@SergioMassa 6

Seguimos creyendo que el superávit fiscal y comercial son importantes y que el auto abastecimiento energético es fundamental.

Sergio Massa ‏@SergioMassa 6h

Y que también es importante la mejora en la distribución del ingreso, así como fue espectacular que se llevara adelante la AUH.

Sergio Massa ‏@SergioMassa 6h

La inclusión jubilatoria -que me toco llevar adelante- Y todas las políticas q permitieron la incorporación de muchísima gente al sistema.

Sergio Massa ‏@SergioMassa 6h

Hoy necesitamos otras cosas. Frenar la inflación, la inseguridad, las dificultades del campo, sentimos que alguien tiene que expresar eso.

Sergio Massa ‏@SergioMassa 6h

Lo central es no salirse d la senda del crecimiento, desarrollo, incorporación al mercado laboral, y mejora d la situación d los jubilados.

Ahora que estoy en mi casa, entré en la página de Twitter del tigrense, verifiqué que eran suyos, y los copié. Es cierto que, como definición, no es “La Crítica de la Razón Pura“. Pero para una campaña que apuntaba basada en una estrategia duranbarbista de imagen y simpatía, es como too much. Y, además, podría servirle también a Insaurralde. O, más suelta y con algunas palabras en inglés, podría ser una seguidilla de tweets de Cristina.

Bueno, me pareció interesante compartirlo con ustedes. Eso sí, sigo pensando que los problemas que se describen en el posteo que subí hoy sobre economía, son mucho más  decisivos. Hasta para los resultados electorales.


Eduardo Fidanza, el de Poliarquía, es un militante K?

julio 13, 2013

Ahora no tengo tiempo de comentarlo. Y, la verdad, siento que ya escribí mucho sobre Massa por ahora – ver el recientísimo intercambio con Ezequiel Meler – y me parece más interesante, hasta que haya hechos nuevos, seguir repasando la situación internacional.

Pero les recomiendo leer esta nota de LaNación de hoy. Ojo: no piensen mal. No insinúo que Fidanza se haya hecho cristinista: No way!, tuitearía Cristina. Sucede que argumenta como lo haría un militante kirchnerista ideologizado, Oscar Cuervo o Gerardo Fernández, discutiendo con “municipalistas” como Luciano Chiconi o Manolo Barge.

Eso sí: la pregunta de la última frase es la misma que me hago yo.

La campaña de los gestores y la gente

Es posible que la campaña electoral que se desarrollará de aquí a octubre aporte novedades en cuanto a contenidos, tonos y estilos. En principio, asistimos a una redefinición de la comunicación política que aunque no es novedosa, parece ser cada vez más dominante y extendida. Las figuras que prevalecen en los sondeos recurren, disciplinados, a la caja de herramientas que provee el nuevo marketing sin salirse del guión. Por otra parte, se advierten señales de agotamiento de la política basada en contenidos ideológicos y argumentos discursivos.

Acaso la complaciente entrevista televisiva que le realizó Alejandro Fantino a Sergio Massa esta semana sea un buen ejemplo del tipo de comunicación que está imponiéndose. La presentación del candidato fue sobria y estudiada. En primer lugar, eludió cualquier definición ideológica, admitiendo apenas pertenecer a una “matriz” peronista que no definió y haber formado parte de las listas de ese movimiento desde hace años. En segundo lugar, y en complicidad con el entrevistador, destacó su juventud y afirmó que la crisis de 2001 abrió la puerta a nuevos dirigentes, aunque matizó con corrección: “La juventud no tiene que ver con la edad, sino con lo que uno tiene en la cabeza”. En tercer lugar, se refirió a su origen familiar, relatando que sus padres son italianos que vinieron al país a progresar. Más adelante en el reportaje dijo que la clave es la “movilidad social ascendente”; paradójicamente, el ejemplo de su saga familiar y un artículo de fe de Cristina Kirchner.

Esas señas de identidad enmarcaron la definición de fondo del candidato: el mundo de la política se divide en dos, de un lado están los que hablan y nunca hicieron nada y del otro los que callan y gestionan, llevando adelante una responsabilidad. Por eso, según Massa, es secundaria la pertenencia política, no importa si él u otros empezaron en la Ucedé y terminaron en el peronismo, lo verdaderamente significativo es si tienen experiencia en resolver problemas concretos ocupando cargos públicos. En la concepción massista pareciera existir un único modo válido de practicar la política: desde la administración estatal, no desde la argumentación discursiva.

Esta visión conduce, inadvertidamente, a una nueva clasificación de los actores políticos, simple y notoriamente sesgada. Por así decirlo: existiría el “partido” de los que poseen poderes ejecutivos (nacionales, provinciales o municipales) y el de los que no tienen esos cargos. Los primeros estarían en condiciones de resolver problemas a través de la gestión, los otros quedarían confinados al lugar de comentaristas abstractos. Así, la herramienta clave es el acceso a un poder ejecutivo. La nueva competencia se plantea entre funcionarios hacedores, con abultados presupuestos, y políticos declamadores, pobres en recursos y confinados a las ideas. Un somero inventario de los principales distritos mostrará, con pocas excepciones, a los gobernantes que doblegan con comodidad a los políticos de a pie.

Pero hay más. Por debajo del discurso de Massa no sólo existe una reclasificación de los actores políticos, se observa una amplia redefinición terminológica. En la entrevista, el candidato repite innumerables veces la palabra “gente”. La gente es la destinataria de todos los esfuerzos, debemos detectar lo que quiere y responderle, la gente está preocupada por esto y aquello y no por otra cosa; la gente dice, hace, piensa. Un machacar abrumador. En rigor, se trata de un nuevo diccionario. Donde antes se decía pueblo, ahora se dice gente; la historia se reemplazó por la agenda; el líder se convirtió en un gestor y la liberación de la opresión en la solución de los problemas. En tiempos del microtargeting , Massa alivianó la apuesta: no cree en salvadores de la patria, cree en “albañiles de la casa de todos, que es la Argentina”.

Cuando se habla de fin de ciclo se reduce la cuestión al ocaso del kirchnerismo. Tal vez sea útil ampliar la visión y hablar de un cambio de cultura política. Es cierto: probablemente concluya el kirchnerismo, pero con él parece que terminarán también los grandes relatos de la democracia argentina que signaron sus 30 años, desde el comienzo épico de Alfonsín a la ilusión emancipatoria de Cristina.

Con Massa, los políticos, como los poetas en el “Manifiesto” de Nicanor Parra, “bajaron del Olimpo”. Aunque poderosos, prefieren ser minúsculos, centrados en los dictámenes de un conglomerado impreciso denominado “gente”. Son sus gestores y como tales recorren el territorio con una máquina de detectar y resolver problemas. Pequeños políticos con pequeñas soluciones en la posmodernidad argentina.

Tengo la impresión que los nuevos liderazgos se basaron en los abundantes presupuestos públicos de la última década. Cabe preguntar si estas condiciones se mantendrán. Y si los gestores poseerán ideas, más allá del marketing, para encarar los complejos problemas estructurales que tiene por delante el país.


Pero Mauricio es Macri, no?

julio 10, 2013

Todos-Ponen

En el posteo anterior cuelgo una previsión electoral de Ezequiel Meler que, entre otras cosas, vaticina la decadencia del proyecto político que hace algo más de diez años lanzó Mauricio Macri “Capital será el único triunfo del PRO, cada día más triste, solitario y vecinal”.

Es cierto. Macri no ha hecho, después de seis años como Jefe de Gobierno, una gestión que lo muestre como un gobernante eficaz y creativo, a pesar de estar al frente del distrito más rico de la Argentina y su principal “vitrina”. Y fue incapaz de construir una fuerza nacional en el (numeroso) espacio del “centro derecha apolítico”, a pesar que su imagen popular en la mayor parte del país durante mucho tiempo estuvo asociada más con la presidencia de Boca (de la época en que Boca ganaba) que con la política porteña.

Pero… los “cachorros” del PRO, las figuras políticas que – en algún caso por portación de apellido – crecieron con ese proyecto, tienen un lugar no menor en uno nuevo. Y es, irónicamente, en el que Ezequiel mira con simpatía.

Dice Pablo Ibáñez en el Ámbito de hoy:

Macristas encabezan 14 listas del Frente Renovador. Integran 9 diputados, 11 primarias y 2 colectoras.

… Además de los tres candidatos – Soledad Acuña (6° lugar), Gladys González (12°) y Cristian Gribaudo (13°) – “entrables” como diputados nacionales, y los seis que aparecen como legisladores provinciales, en 11 distritos hay listas macristas que compiten en la primaria del Frente Renovador, otras 2 van con “colectoras” y unas 15 compiten con la papeleta corta y amarilla del PRO pero a la hora de hacer campaña lo hacen pegados a Massa.

Los filo K – o menos anti-K – del massismo, Darío Giustozzi y Gabriel Katopodis, patalearon con la inclusión del PRO y lograron un triunfo al impedir que el macrismo integre la alianza Frente Renovador. Pero al final, Massa priorizó lo cuantitativo: sólo con Vicente López y San Isidro, distritos que gobiernan Jorge Macri y Gustavo Posse se arrima unos 300 mil votos, 10% de lo que aporta la Primera Sección. Purismo versus pragmatismo.

Al final, figuras del PRO encabezan en Vicente Lopez, San Antonio de Areco, Punta Indio, Quilmes, Bragado, Tejedor, Chivilcoy, Viamonte, Partido de la Costa, Las Flores, Madariaga, Juárez, Laprida y Bolivar, y presenta internas en Morón, Marcos Paz, Campana, Pergamino, Trengue Lauquen, Tandil, 9 de Julio, Tandil, Villa Gesell, Alsina y Lobería. Lleva colectoras en Casares y Pinto. También va en el FR de Moreno, Mercedes, Capitán Sarmiento; Avellaneda, Varela, Lincoln y Azul. Con boleta corta, pero aliado silvestre a Massa, compite en San Fernando; San Isidro, Navarro, Pilar, Suipacha, Baradero, Exaltación de la Cruz, Ramallo; San Andrés de Giles, Brandsen, Lanús, Chacabuco, Junín, Chascomús, Necochea, Coronel Rosales, Tres Arroyos y La Plata“. (completo aquí; los baqueanos de la gran provincia lo chequearán).

Esto ya fue comentado, no sorprendentemente, en la blogosfera por mi amigo Néstor Sbariggi. Y, también como era de esperar, Ricardo, de Huevos e Ideas, hace un buen análisis del escenario.

Sólo me interesa agregar que no hay nada de sorprendente en esto. Massa dijo en el lanzamiento que “el Frente Renovador es un espacio nutrido por dirigentes peronistas, radicales, y del PRO“. Agregó “no se puede hacer política pidiéndole al otro que piense igual que como pienso yo”, algo que hemos escuchado de otros dirigentes.

Puede decirse también que la deliberada ausencia de discurso abarcador de Massa hasta ese lanzamiento, encajaba con la ausencia – deliberada, por consejo de Durán Barba o por mudez – de discurso abarcador de Macri. Que reflejan la intención de crear una imagen de “gestión” y “no confrontación”.

Pero esas son estrategias electorales. Más importante es que una parte considerable de los votos – es decir, uno de los sectores sociales – que el Frente Renovador va a expresar en la Provincia es aquel que – si viviera en la Capital – habría apoyado al PRO. En su gran mayoría, no es gorila – recordemos que el PRO cooptó buena parte del viejo aparato territorial del PJ en la Capital, y junta muchos votos en el Sur – ni siquiera especialmente anti progresista en lo cultural. Pero si es anti ideológico, y, sobre todo, anti cristinista. Y a los pobres los prefiere lejos (esto no es contradictorio con el hecho de tener votos en los sectores humildes; siempre hay alguien más pobre que uno, del que se puede pensar que es por vago).

No quiero ser injusto. Sergio Massa rescató y defendió, cuando decidió dar definiciones, la Asignación Universal por Hijo; así como cuando falleció Chávez tuiteó un mensaje de solidaridad con el dolor del pueblo venezolano (¿la tenían ésta?). Pero eso no es más decisivo que las estrategias electorales mencionadas más arriba.

La apuesta – creo – que hace la dirigencia del peronismo bonaerense que decidió rechazar el verticalismo y crear una opción propia, es que la naturaleza misma del peronismo es lo suficiente distinta de la del PRO para garantizar que no serán un macrismo bonaerense. ¿Lo garantiza? El que viva lo verá. Pero para saber esto habrá que vivir un poco más.


Sindicalistas y peronistas, romance del amor roto

julio 6, 2013

Vandor-Cooke-Perón-Framini

Antes que muchos y queridos amigos se pongan nerviosos, quiero aclararles el título del posteo. El peronismo y el movimiento obrero siguen estrechamente unidos, hasta que la muerte los separe. Porque sin su íntimo vínculo – político, social, económico – con las estructuras sindicales, la fuerza política llamada peronismo dejaría de ser lo que es. ¿Restaría una confederación de partidos provinciales, con discurso populista y contenido conservador, tal vez? Además, en el plano de las “efectividades conducentes”, como decía otro líder popular, son los recursos del sindicalismo los que le han permitido mantenerse como una fuerza nacional, cuando no contaba con los del Estado. Y nadie puede estar seguro de controlar para siempre esos recursos. Vean lo que le pasó a los conservadores, o al partido militar.

Por el otro lado, en el gremialismo hay dirigentes de muy distintas orientaciones. Como lo son las de sus afiliados. Pero, durante 70 años, no ha encontrado otra opción política con poder real que le ofrezca una interlocución mejor, o una posibilidad mayor de obtener poder político para conseguir sus objetivos. A lo largo de todos esos años, claro, esas oportunidades han crecido y han disminuido. Pero, hasta, o principalmente, por razones de origen social, ninguna otra fuerza ha ofrecido al movimiento obrero el lugar que le dió y le da el peronismo.

Dicho esto, me parece inevitable reconocer que en el muy importante plano de los sentimientos y de las actitudes hoy hay una brecha importante entre la militancia política peronista – mayoritariamente K – y el sindicalismo. Por supuesto, en un país extenso y diverso como el nuestro hay muchas excepciones, pero me parece evidente que la situación más extendida es la que señalo.

Me puse a pensar en esto a partir del posteo anterior Chocaron los trenes ¿chocan los gremialistas? sobre desgraciadas actitudes sindicales en un caso específico, y las reacciones de los comentaristas. Sobre todo, me impresionó el silencio de la mayor parte de “la militancia digital” peronista sobre el asunto (sólo leí algo de Oscar Cuervo, en Facebook); creo que se sentían, como yo, incómodos ante lo que pasó.

Y ese silencio es, aunque no lo parezca de primera intención, una marca de la separación. Porque el cuestionamiento de las dirigencias sindicales no es nada nuevo en el peronismo; lo hubo, y durísimo, en todos los tiempos. Pero se hacía desde el mismo movimiento obrero, y la militancia acompañaba ahí (Como un “guardián” veterano, recuerdo que Guardia de Hierro, antes de mi tiempo, era furiosamente antivandorista; una de mis heterodoxias características era opinar que había sido una exageración inconveniente. Pero eso es otra historia).

En realidad, en el peronismo hubo una real “ala izquierda”, coherente y orgánica, mucho antes que la Juventud Peronista y sus orgas fueran un factor de poder a considerar. Esa izquierda era el sindicalismo combativo, y sus hitos fueron el programa de La Falda, el programa de Huerta Grande, la CGT de los Argentinos, …

Hoy quienes enfrentan al oficialismo en la mayoría de los sindicatos reportan al progresismo no peronista o al troskismo. También aquí hay muchas excepciones, pero…

Esta separación entre la militancia política y la sindical es atribuída por algunos compañeros – que sufren ataques temporarios de ortodoxia, o de nostalgia – a la incorporación de un progresismo clasemediero, a partir de la alianza que Néstor Kirchner construyó con el “centro izquierda”. Me permito decirles que es una tontería.

El peronismo es un país de inmigración, desde 1943. Y con todo lo que cambiaron desde entonces Argentina y el mundo, sigue siendo el partido de los de abajo. Por supuesto, todas esas oleadas inmigratorias lo han sacudido y cambiado – algunas veces en forma traumática, como la oleada clasemediera de mi generación, en los ´70 -, y eso es lo que le permite mantenerse vivo. Si no hubiera sido por ellas, sería un grupo de “piantavotos de Felipe II“, como cariñosamente los llamaba Perón.

Me interesa, entonces, el cuestionamiento externo que hoy se hace – desde un sentimiento popular genuino, no desde un prejuicio de clase disimulado por la ideologia – al gremialismo. Y encontré una expresión muy breve pero profunda en un posteo que, con motivo de un incidente totalmente distinto y – lo lamento, Lucas – muy menor, escribió Mariano, de Yendo a Menos, uno de los blogs politizados más lúcidos.

Copio los párrafos que pienso más significativos:

¿Qué es esa entelequia “los trabajadores”? … El único factor aglutinante es el combo recibo de sueldo + caja de ahorro en pesos … Ni siquiera el nivel salarial aglutina. Porque hay una dispersión que da calambre entre el pequeño burgués que te ofrece la tarjeta de crédito en el Banco Itaú mientras planifica sus vacaciones en Brasil con “su chica”, y el pibe que limpia el baño donde mea el que te ofrece la tarjeta de crédito del Banco Itaú, que planifica cómo comprar la leche para sus hijos.

Es una divisoria de aguas mucho más fructífera en términos políticos la que hay entre el mundo “registrado” (del que forman parte los “laburantes”) y el mundo sin documentos. El intento por paliar o al menos visibilizar los sufrimientos de quienes no tienen acceso a los circuitos formales del tráfico de derechos y obligaciones, … es una causa mucho más noble y si se quiere más contestataria“.

Yo quiero contestar a este planteo. Pero se me hizo muy tarde, y ahora tengo un plenario de agrupaciones. Así que les prometo

(Continuará)


Scioli, Sabbatella … – 3ra. parte ¿y última?

febrero 10, 2011

Comencé a escribir sobre este tema porque me pareció una buena forma de vincular la enconada discusión teórica sobre peronismo y progresismo que conmueve la blogosfera politizada,  con una disputa política concreta en la provincia de Buenos Aires. Traté de enfocarlo sin engancharme en los relatos de “infiltrados” y “traidores”, a izquierda y derecha – soy un hombre de la Capital, lo que me permite cierta distancia – y analizarlo como el inevitable despliegue de las ambiciones y temores de los actores políticos. Y el marco que la realidad les imponía.

No importa. Se inició, en ese post y aún más en el siguiente, un confuso, apasionado y muy rico debate entre peronistas y progres, con algunas intervenciones socialdemócratas y cualunquistas. Pero me parece que el análisis de la realidad electoral quedó un poco de lado.

Sospecho que era inevitable: las listas “colectoras”, que hasta no hace mucho eran de interés para los apoderados partidarios y blogueros conocedores de la interna bonaerenses, ha llegado a ser el “tema” político más caliente en este febrero. Si hasta Clarín se ha visto motivado a publicar ayer un artículo didáctico, donde explica que son una herramienta contra Scioli. Y hoy LaNación trae una nota firmada por Luis Majul “Escenas de la batalla entre CFK y Scioli“… Se me ocurre que ya hemos llegado al nivel más elemental de divulgación, salvo que aparezca en fascículos para la escuela primaria.

Es obvio que. ante una oposición que no termina de afirmarse, los poderes fácticos enfrentados al gobierno nacional – estos dos medios, por ejemplo – harán ruido con algo que puede llegar a ser un conflicto, quizás hasta una división, en el oficialismo. Y hablando de oposición, ya salió De Narváez a aprovechar la volada.

Pero no hay que engañarse: han sido voces kirchneristas, desde el mismo centro formal del “dispositivo”, como el jefe de gabinete Aníbal Fernández, hasta las fronteras rebeldes donde se ubica Luis D´Elía, las que han hecho más para instalarlo en los medios. Curiosamente, semanas y semanas antes que se deba, o pueda, tomarse una decisión definitiva. Y sin que la presidente, Cristina Fernández, se pronuncie.

Creo que para analizarlo racionalmente, es necesario usar la clasificación con que atormento a mi amigo Manolo Barge: dirigentes / militantes / pueblo. O, en tiempos desangelados, candidatos / activistas / votantes. Ojo: me parece que, en la mayoría de los análisis, algunos lúcidos y brillantes, que leí en la blogosfera y en los medios no se distingue con claridad a esta última categoría: la de los que votan.

Desde el punto de vista de la Presidente y de su “mesa (muy) chica”, la motivación es obvia: abrir un canal para el voto de “centro-izquierda” que hoy aprueba del gobierno o de sus políticas pero es renuente a votar al peronismo… o a algunos de sus candidatos. Autorizar una “colectora” puede juzgarse más fácil que armar un frente en toda la regla, que obligaría a abrir las listas de diputados y concejales y comprometer cargos en el gobierno provincial.

Tengamos en cuenta que un 5 % en la Provincia de Buenos Aires (aproximadamente lo que Sabbatella alcanzó en junio ´09) significa más votos en una elección presidencial que varias provincias “chicas” juntas. Y si bien hoy las encuestas colocan a Cristina Fernández muy por arriba de sus potenciales adversarios, no puede descartarse una polarización, que sumase sus votos. De Narváez no parecía un contendiente serio, a principios del ´09. La reelección presidencial es mucho más segura si gana en primera vuelta.

Ha habido también, es evidente, un permiso tácito a los ataques al gobernador Scioli desde fuera del gobierno pero adentro del kirchnerismo. Esto me resulta más difícil de entender, a pesar de la tradicional rivalidad entre la presidencia y el gobierno de Buenos Aires, que en el peronismo hubo desde Perón y Mercante a Menem y Duhalde. Pero en este caso, Scioli es hoy el inevitable candidato a la reelección como gobernador; más aún, estoy convencido que la operación “colectoras” fue conversada con él: no es viable de otra forma.

En cambio, la actitud de dirigentes kirchneristas – y una parte de la militancia K – que han salido a atacar al gobernador de la Provincia, resulta muy explicable. El discurso conciliador que Scioli ha hecho suyo es el blanco ideal de los que enarbolan – y, en la mayoría de los casos, creen sinceramente – un relato de heroica confrontación. Enfrentarlo les da una identidad que expresa su rechazo a un aspecto del peronismo con el que no se encuentran cómodos: su ideal de conciliación nacional y su inclinación a sumar apoyos sin cuestionar procedencias ideológicas (Aspecto que deben aceptar, y defender, cuando lo hace el gobierno nacional. Scioli les da una oportunidad sin costos – si no forman parte del gobierno provincial, claro – de exorcisarlo).

Aunque personalmente prefiero la conciliación y no cuestiono ideologías – soy un cordero herbívoro – en tanto sirvan para alcanzar los objetivos comunes, tengo que reconocer que la poco efectiva gestión de Scioli como gobernador hace más fácil cuestionarlo. Pero como político, me saco un sombrero imaginario: su coherencia práctica y su sangre fría le han permitido sobrevivir a Menem, a Duhalde y a las furias de Kirchner. Hoy es, en parte debido a los ataques que mencioné arriba y también a su actitud conciliadora, la “esperanza blanca” de los sectores hostiles al gobierno – más que Macri, Duhalde, o el hermético Reutemann; más aún que Ricardo Alfonsín – sin dejar de ser el candidato más importante, después de la Presidente, de la coalición oficialista, y cuyo triunfo es necesario para asegurar la reelección de ésta.

Por el otro lado, la actitud de Martín Sabbatella también es lógica y coherente. El desarrollo político de Nuevo Encuentro y de su figura se basa en la crítica dura al peronismo bonaerense y a sus figuras. No “apoya al peronismo desde la izquierda“, como otras experiencias históricas. Es un partido opositor al gobierno provincial y al PJ, que apoya la reelección de la Presidente, pero que ya decía esto en octubre del año pasado “Con relación a Daniel Scioli, puedo hacer una evaluación de la gestión, que es una mala gestión, y puedo hacer una evaluación de su pensamiento ideológico: yo creo que es un señor que pertenece a la centro derecha argentina”. Una parte de la militancia kirchnerista también piensa así.

Sabbatella además apela a la insatisfacción de algunos sectores del Gran Buenos Aires – la clase media progresista – con la gestión y el estilo de los intendentes peronistas. No importa que el menemista Rousselot haya sido destruído en Morón por el cafierista Horacio Román: Sabbatella se ha ubicado como el enemigo de los “Barones del Conurbano”.

Y, por supuesto, también es muy explicable la reacción de los intendentes frente a la idea de una “colectora” sabbatellista. Más que los cuestionamientos políticos, les preocupa la pérdida de algunas bancas en los Consejos Deliberantes que pueda destruir su gobernabilidad. No es un temor infundado: Morón, Quilmes, Lomas de Zamora… Sobran los ejemplos.

Es decir: la política de autorizar listas colectoras ya enfrenta la oposición abierta de los jefes políticos actuales de los distritos más importantes. Es natural entonces que aún mi prudente amigo Ezequiel Meler, no comeprogres él, se haya preocupado por los riesgos de esta estrategia en dos posts muy recientes, aquí y aquí, y advierta “tal vez el kirchnerismo no pueda ganar una primera vuelta sin los votos progresistas, pero directamente no figura sin los votos del justicialismo, sin sus legisladores, sin sus gobernadores y sin sus militantes. Puntualmente, no figura (en Buenos Aires) sin Daniel Scioli, como no figura en Santa Fe por afuera del PJ. Y eso, en las áreas metropolitanas, porque en las periféricas… bueno, en las periféricas hay que ver si le alcanza para pelear una intendencia”

Muy lúcido, y necesario para tener en cuenta. Pero es un análisis teórico. Si bien la candidata necesita del PJ, el PJ necesita de la candidata y de su alta “intención de voto”. Si a eso le sumamos los recursos del Estado Nacional, y la aquiescencia del gobernador Scioli, la pulseada puede definirse a favor de la colectora, por lo menos en algunos distritos (es el nivel municipal el que preocupa).

Tengamos presente también que la Presidente aún a hoy no ha dicho una palabra sobre el asunto. Mi expectativa es que, como indica el más elemental manual de política, esperará a que se definan las fuerzas – evaluando también la mayor o menor disposición a acompañar sus políticas – antes de pronunciarse. Después de todo, uno de los libros más interesantes sobre la política real no fue escrito por Maquiavelo o por Weber, sino por Saint Exupery. Relata como el Principito era monarca absoluto de su pequeño mundo: todas las mañanas ordenaba al sol que saliese.

Escribí este largo y quizás aburrido relato para mi propia satisfacción: ordenar en mi cabeza estos rompecabezas complicados tan típicos de los argentinos. Eso sí, puede quedar desactualizado, hasta absurdo, por nuevos hechos.

Por eso quiero pasar a ocuparme, brevemente, de lo que anticipé al comienzo: los argentinos y argentinas que votan. Ese – quiero insistirles a mis amigos de la blogosfera -, aunque evolucione, es mucho más permanente que cualquiera de los líderes políticos.

El problema que se presenta al peronismo de la Provincia de Buenos Aires, a sus expresiones territoriales y también a las sindicales, no se origina con Sabbatella. Ni tampoco con la coalición: peronismo + progresismo, que Kirchner construyó. El problema, lo conocemos muy bien en la Capital Federal, es que el peronismo tradicional no ha elaborado, salvo ocasiones muy precisas y puntuales, una política exitosa para atraer y conservar a la mayoría de la clase media.

Y la clase media, y sus preferencias electorales, son, desde hace décadas, cada vez más significativas en el Gran Buenos Aires. Vicente López, San Isidro, dejaron de ser peronistas mucho antes que Morón. Avellaneda… hemos perdido y hemos ganado, pero por poco. En todo el Primer Cordón del conurbano – esto lo saben de memoria todos los políticos – los aparatos tradicionales del peronismo son cada vez menos relevantes.

No necesitamos recurrir a sociólogos: un mapa electoral del aréa metropolitana indica con mucha claridad los niveles de ingreso: los más pobres, nos siguen votando a nosotros. La clase media… Ya en los ´80 perdimos en Ciudad Evita.

Entonces, los peronistas debemos aceptar que, si queremos gobernar Argentina en esta nueva década, necesitamos sumar expresiones políticas que incorporen a esos sectores medios (aunque a veces nos moleste su soberbia y ese hábito de juzgarnos desde butacas de espectador). Necesitamos la coalición progresista que Kirchner supo armar. Y, por supuesto, tampoco podemos alienar a todos los sectores medios que no son progres. Aquellos que encuentran a Scioli “menos crispado”. ¿O alguien cree que Scioli expresa al peronismo de la Resistencia? ¿O nadie recuerda quien pensó que Daniel sería un buen candidato para gobernador de Buenos Aires?


Sobre las anomalías (?) del peronismo

enero 7, 2011

Está claro que el deporte del verano en la blogosfera es la guerra cultural entre peronistas y progresistas. Y que el campo de batalla principal son las columnas de comentarios de Ramble. Tal vez la revista Gente le dedique espacio entre lo que siempre publica por estas fechas “la movida en Punta – Pinamar – Mardel” ¿La foto de quién pondrá en topless? ¿Cómo la titulará? ¿”La movida en la Capi“, tal vez? No sé, hay santafesinos entre sus cultores más entusiastas…

Yo traté de aportar, a fin de año, en algunos posts mis benevolentes dos centavos, pero estos combatientes han leído a Nietzche y saben que la benevolencia es la más astuta trampa del Enemigo. De modo que no tuve éxito.

De todos modos, ahora que por el lado peronista Artemio aporta frescura y Althusser, y Manolo profundidad (lean el post de hoy, y los dos de ayer), puedo callarme la boca tranquilamente. Igual, no resisto a la tentación de acercarle a mis compañeros una… aclaración sobre lo que creo es la pulsión fundamental que mueve a los que se definen como kirchneristas y, a la vez, no peronistas.

Pienso que es una aspiración, consciente o no, razonada o no, que confía que el kirchnerismo llegue a ser – aunque hoy no lo sea – una superación del peronismo. Y no empecemos a discutir qué quiere decir superación, porque lo concreto no tiene que ver con las ilusiones. Puede entenderse simplemente como un peronismo que no tenga adentro lo que a ellos les disgusta.

No estoy diciendo que los dirigentes progresistas lo piensan en estos términos. Tampoco todos los militantes “progres”. Pero creo que mi “dibujo” abarca a una parte muy grande de los votantes progresistas. Y señalo que, si estoy en lo cierto, esto no se decidirá con una discusión teórica. Las aspiraciones sentidas no cambian por argumentos intelectuales. Dejemos que la decida, con esos modales terminantes que tiene, la señora Realidad (y aceptemos el riesgo que nos sorprenda). Pero tengamos fe: será vieja y fea, pero hace mucho tiempo se afilió a la Rama.

Por eso, compañeros, recomiendo que no tomemos esta guerra cultural a la tremenda. Recuerden que, sin los votantes progresistas, tendremos que ver cómo sumamos a los votantes de Macri, por ejemplo. O perder, que, como señalan nuestros filósofos más ortodoxos, es todavía peor.

Como este es un blog de reflexiones, no corresponde que me lave las manos. Pero si J. P. Feinmann ha escrito tomos pesadísimos – en lo material, digo – para decir sobre el peronismo lo que creo que son pavadas, no pretenderán que yo lo defina en un post. Me voy a limitar a un aspecto pequeño de la realidad histórica, conceptual y social del peronismo: muy brevemente, les recordaré que es también una fuerza política, en competencia con otras.

Para eso, voy a aprovechar una respuesta de Fede Vázquez, kirchnerista, joven e inteligente (ven, para los que dicen que sólo se puede dos de tres), a un comentario que hice yo en su blog Acquaforte:

En lo que escribís vos, Artemio y muchos de nosotros existe una coincidencia que va más allá del apoyo de este gobierno. Para ser exactos, nos gustan las mismas cosas de este gobierno. Y en general criticamos las mismas cosas también. Por eso no creo que la blogósfera pueda el día de mañana ponerse a hacer el relato de un gobierno sciolista, por ejemplo. Creo que muchos de ustedes intentan pensar que el kirchnerismo es como la cura de la desviación menemista. En algun punto invierten la tesis de Foster: la “anomalía” fue el menemismo, ahora volvió el peronismo. A mi no me cierra eso

Le contesto ahora y aquí: No, Fede. Yo no creo que el menemismo fue una “anomalía”, ni que el “kirchnerismo” lo sea. Puedo evaluarlos por separado como buenos, malos o desastrosos. Pero no los pienso como anomalías, porque los veo como hechos políticos, coaliciones, gobiernos que surgieron de una fuerza política llamada peronismo.

Y el peronismo, todas las fuerzas políticas, como tales son herramientas para los pueblos. O, estrictamente, para ese sector del pueblo que se identifica con ellas, a veces las vota, y más raras veces se moviliza a su llamado. Y como toda herramiente, puede usarse bien o mal.


Peronismo: Cuando huye el día

septiembre 4, 2007

Ayer el Partido Justicialista perdió en Santa Fe; en Córdoba, sus adversarios han obtenido más del 60 % de los votos. En la Capital Federal también fue derrotado en las elecciones recientes (si es que se presentó; hay algunas dudas). De los cuatro distritos decisivos de la Argentina (decisivos en sus elecciones; fundamentales en su economía), el PJ sólo mantiene una clara ventaja en la Provincia de Buenos Aires (sumando la versión tradicional y la del FpV, que – es cierto – se parecen bastante). Y aún ahí, Manolo Quindimil ya está un poco viejo.

Seguro, están sanos y vigorosos Alperovich en Tucumán, Gioja en San Juan, por supuesto los Saá en San Luis, et alia. Desde hace 60 años los caudillos del interior profundo son una de las patas del poder peronista.  Pero con ellos no alcanza para una fuerza nacional.

Esto llama la atención cuando todos los opinadores se han pasado los últimos años, desde el 2001, repitiendo que la Argentina no es gobernable sin el peronismo. Y más allá del discurso de los medios, está a la vista que los aparatos políticos más poderosos en casi todo el país se identifican con los símbolos del peronismo y con una determinada cultura política. En sus actos, mal que le pese a Pepe Albistur, se sigue cantando la marchita.

También es evidente que esos aparatos, ahora con alguna competencia de la izquierda dura (pero rentada), siguen teniendo presencia entre los más pobres y los excluídos, algo que ninguna otra fuerza política nacional puede ostentar. Y hay muchos pobres y excluídos en Argentina.

Entonces, qué está pasando? Quiero señalar dos hechos; uno, es muy evidente desde hace más de 20 años, aunque cada tanto los políticos y el periodismo juegan a olvidarlo. El PJ no es por sí mayoría electoral: cuando, como en el ´83, la mayor parte del resto de la sociedad encuentra una candidatura que la expresa, es derrotado.  Por eso, es absurda la queja de Menem, que atribuye a la negativa de Duhalde a dar elecciones internas su derrota en el 2003. El PJ, con la candidatura de Menem, perdía en el 2003 casi tan cierto como que – con ella – ganó en ´89 y en el ´95.

El otro hecho es más nuevo, aunque no sale de un repollo, sino que se ha ido formando a lo largo de años: el peronismo no tiene propuestas atractivas para los sectores medios de nuestro país, que son la mayoría. (Con una excepción: conserva la lealtad de la mayor parte de los trabajadores sindicalizados, que hoy son parte de esos sectores medios).

Se habían entusiasmado – la mayoría de los sectores medios – con Menem y su promesa del primer mundo hace quince años; simpatizaron hace cuatro con Kirchner, que hacía eco a las broncas que ellos mismos sentían. Hoy, muchos votarán a Cristina y a Scioli, porque no encuentran candidatos que los entusiasmen más.

Pero el peronismo no engancha a quien no se haya enamorado de él en otra época, por lo menos a nadie que no tenga un cargo en el gobierno. Los jóvenes no se suman al peronismo (en realidad, después de la desilusión con el ARI, no se suman a ninguna propuesta política excepto como salida laboral).

Para los que vivimos la pasión y las tragedias de las últimas décadas es difícil imaginarse una Argentina sin el peronismo como fuerza decisiva. Pero hasta hace no tanto tiempo, era difícil imaginarsela sin el radicalismo. Como la realidad puede ser racional – según Hegel – pero nunca es completamente previsible, lo único que se me ocurre es un pensamiento de Chesterton, inglés y católico, que decía que la Iglesia Católica sobrevivía porque había aprendido a morirse.


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