El Trump que crece

febrero 25, 2016

Imparable-Trump

Como los habituales saben, en este blog insisto que no podemos perder de vista lo que está pasando en el resto del mundo, o no vamos a entender lo que nos pasará a nosotros. Claro, después yo me engancho tanto en nuestras internas como cualquiera.

Eso sí, sobre la campaña de Donald Trump para la presidencia de EE.UU. acerqué información aquí y aquí. Mi evaluación se mantiene: el Partido Republicano no tiene, ni ahora ni en la elección pasada, una estrategia para ganar. Pero su candidato este 8 de noviembre va a ser -casi con certeza- el Donald. Ahí no hay una estrategia, sino un fenómeno social… sorprendente.

Entonces, les resumo una buena nota periodística de hoy de Paula Lugones. Corrijo algún dato equivocado, lo evalúo contra la favorita, Hillary, y les comento a qué fenómeno socio electoral nuestro lo encuentro parecido. En los próximos días, me temo, voy a tener ocasión de ampliar.

Sólo un milagro podrá evitar que el polémico Donald Trump se consagre, contra todos los pronósticos iniciales, como aspirante opositor para reemplazar a Barack Obama. El magnate volvió a ganar de manera arrolladora en Nevada, su tercera victoria consecutiva, y el camino a convertirse en el candidato republicano a la Casa Blanca aparece cada vez más despejado.

Trump obtuvo el 45,9% de los votos en los “caucus” de Nevada, mientras que su más inmediato rival, el senador Marco Rubio, cosechó 23,9% y el tercero, el senador Ted Cruz, sumaba 21,4%. Un electorado hambriento por colocar a un “outsider” político, o un candidato anti–sistema en la Casa Blanca, le dio al magnate su tercera victoria consecutiva –tras ganar en New Hampshire y Carolina del Sur– y su carrera para la nominación parece imparable.

Con una retórica sencilla, directa, efusiva y también xenófoba y políticamente incorrecta, el multimillonario parece colmar la ansiedad de los votantes respecto de la marcha del país, en economía, terrorismo e inmigración ilegal. Paradójicamente, Trump arrasó también entre el electorado hispano. El 46% de los republicanos registrados votó por él, pese a que el magnate, al comienzo de su campaña, había dicho que los mexicanos inmigrantes eran “violadores” y “narcotraficantes”. En su discurso triunfal de anoche, Trump reivindicó el voto latino y ratificó su plan de construir un muro en la frontera para frenar la inmigración. “Y México va a pagar la construcción”.

(La cifra es cierta, pero muy engañosa. Vean aquí: En todo EE.UU., el 62 % de los votantes “hispanos” apoyan a los Demócratas, y el 36 % se define como Republicano. En Nevada, sólo el 8 % de los republicanos que votan en su primaria son hispanos. Poco representativa la muestra).

Con el triunfo de anoche, Trump no sólo ganó muchos delegados, sino que se posiciona con comodidad para la cita más importante: el “supermartes” del 1 de marzo, donde se vota en 13 estados. Y según las encuestas, Trump es favorito en la mayoría de los Estados del “supermartes”. A Marco Rubio, su inmediato rival, le quedaría muy poco tiempo para poder ganar en alguno de esos Estados y convertirse en una real alternativa al magnate, que por su discurso anti–sistema causa escozor en el establishment del partido. Todo es posible, pero es poco tiempo para torcer el rumbo, salvo que ocurra algun escándalo que sacuda la campaña.

“Hace unos meses no nos esperábamos ganar aquí y ahora estamos ganando el país”, dijo Trump en su discurso del triunfo. En verdad, cuando el magnate inmobiliario lanzó su candidatura, nadie esperaba que pudiera durar más que algunas semanas pero su apoyo crece cada día y se afianza en todo el espectro demográfico e ideológico: ganó entre los hombres por 24 puntos, entre las mujeres por 18, entre los jóvenes y los ancianos. Triunfó entre los que se describen como “muy conservadores”, pero también “moderados”. Además, recibió el apoyo de la mitad de los graduados universitarios republicanos, pero también de los sectores menos educados, cuando al inicio sólo parecía un fenómeno de las clases más desfavorecidas que estaban encantadas con el magnate que aparece en televisión“.

A no marearse: La favorita sigue siendo Hillary. Ella es la candidata del Establishment, de los sindicatos y también de las minorías negra e “hispana” (que no son tan minorías, sumadas). Pero hay que reconocer que Mrs. Clinton tiene algunas vulnerabilidades y, lo más problemático para un candidato, no tiene carisma. (Y Obama hasta ahora no la ha apoyado mucho, que digamos). Si continúa la “ola” Trump, como hasta ahora -si continúa- hay un riesgo.

Ah, y dónde me recuerda algo esto? Un parecido muy lejano, eh. No es en Macri -nada que ver-, ni tampoco en un Uribe. El candidato, la sociedad y el electorado que lo votaría son muy distintos… pero como fenómeno electoral, y cierto estilo irresponsable, me hacen pensar en Menem.

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Las elecciones internas, en EE.UU.

febrero 4, 2016

hillary

Un fiel seguidor de este humilde blog me ha reclamado una reflexión sobre el proceso de nominación presidencial en los EE.UU. Con franqueza: no me alcanza el tiempo para darle más que una mirada superficial -nuestras internas son absorbentes; esperaba los aportes de nuestro corresponsal en Georgia, Eddie; y, sobre todo, estamos muy al comienzo. Pero tengo ganas de equilibrar un poco la concentración en nuestro internismo.

Entonces, me tenté y voy a acercarles las observaciones superficiales que puedo hacer con las limitaciones que mencioné. Lo que he leído en los medios sobre el tema no me llena de humildad, eh. Los convencionales relatan datos aburridos -quién, salvo un político norteamericano y sus asesores, está interesado en retener todos los datos del complicado y folklórico sistema de internas que tienen ahí- o anécdotas. Cuando comentan, se nota el horror con que contemplan a personajes políticamente incorrectos como Donald Trump. Más o menos, como ven a Marine Le Pen en Francia.

Los medios de “izquierda” o “antiimperialistas” tratan de profundizar, pero parecen escandalizados que un partido, el Republicano, que -desde hace al menos un siglo- está ubicado claramente en la derecha de su sistema político y defiende vigorosamente al capitalismo, tenga precandidatos de derecha que defienden vigorosamente al capitalismo. Sorpresivo, no?

Bueno, les doy mi falible opinión: El Partido Republicano no tiene hoy una estrategia para triunfar. Como tampoco la tenía en la elección anterior, hace cuatro años. Su convocatoria deja afuera a demasiadas porciones importantes del electorado. Y también del “establishment” estadounidense, factor por lo menos tan decisivo como la “electorabilidad” para llegar a la Presidencia.

Entonces -salvo una crisis socioeconómica muy profunda, que no aparece probable este año, o un “acto de Dios”, como dicen ellos (supongo que es la tradición calvinista: con “actos de Dios” aluden usualmente a catástrofes)- el Grand Old Party está sirviendo como el canal por el cual se expresa una reacción “populista de derecha”: un sector, muy numeroso, del pueblo norteamericano, conservador, patriótico, anti izquierdista y anti liberal (liberal en el sentido yanqui, aproximadamente igual a nuestro progre), que rechaza las políticas pro igualdad racial y “de género”, y que tiene una profunda desconfianza de piel con las elites de Washington, Wall Street y la Costa Este en general.

Atención: ésta fue la base con la que Reagan armó una coalición ganadora en 1980 y llevó a doce años de hegemonía republicana. Pero pasaron 36 años y la sociedad norteamericana cambió mucho.

Como sea, Donald Trump trata de expresar eso, en una versión más berreta y “transgresora” que el viejo cowboy de Hollywood. La comparación con Marine Le Pen no es tan absurda, para dos sociedades muy distintas. En Iowa, fue vencido por Ted Cruz, que además tenía el apoyo de iglesias evangélicas (la religión está volviendo, paulatinamente, a jugar un rol importante en política, en otros lugares que en el Medio Oriente).

Marco Rubio, con raíces en la diáspora cubana, ofrece el mismo mensaje conservador, pero trata de apelar también al otro electorado republicano (más cercano -en la medida que haya alguna similitud con nosotros- al de los “gansos” mendocinos, o los radicales unionistas).

Del otro lado de su “grieta” -no es una broma; los norteamericanos hoy están divididos por la política, no tanto como nosotros, pero mucho más que en la mayor parte del siglo pasado- las primarias se disputan entre Hillary Clinton y Bernie Sanders. Y Sanders también, creo, es un candidato testimonial. Que vuelve a mencionar (con prudencia) las palabras proscriptas allí por más de medio siglo, “socialismo”, “intervención estatal”. Lo que puede resultar útil en el futuro, si esa sociedad se ve obligada a ensayar nuevas soluciones. Pero estoy seguro que hoy no están en la agenda.

El Partido Demócrata tiene una larga tradición de precandidatos “outsiders” que despiertan el entusiasmo y el activismo de los jóvenes (Estamos viendo un fenómeno similar entre nosotros, en el rechazo visceral a Macri). No siempre son irrelevantes. En 1968, Eugene McCarthy hizo mucho para impedir la reelección de Johnson (Una consecuencia fue que ganó Nixon…).

Viejas historias. Teniendo siempre presente que el futuro es, por definición, azaroso, estoy dispuesto a tomar razonables apuestas que el próximo Presidente norteamericano será Hillary Clinton. Una buena parte del establishment de allí -la más tradicional- estará satisfecha. Otra no tanto, pero aceptará que expresa la coalición necesaria para dar gobernabilidad al gigante.


¿Sabían que el martes hay elecciones en EE.UU.?

octubre 29, 2014

obama

Así es. En 7 días justos. Pero si no lo tenían presente, no se sientan mal. La gran mayoría de los estadounidenses con derecho a voto, tampoco. O, por lo menos, no están mostrando mucho interés en el asunto.

Pero lo cierto es que la política norteamericana, nos interese o no, tiene consecuencias, para nosotros y para el resto del mundo. Por eso el blog de Abel, en su tradición de servicio, les acerca unos breves datos, reunidos por otros, más esforzados blogueros.

Cuenta Eddie, argentino radicado desde hace muchos años en EE.UU., y activo en el Partido Demócrata:

El 4 de noviembre, primer martes después del primer lunes de noviembre (como estipula la ley), se efectuarán en los Estados Unidos las elecciones nacionales de medio término. Se elegirán 435 representantes – diputados – porque su Cámara se renueva totalmente cada dos años y 36 senadores.

El Senado, que se renueva por tercios cada dos años, debe elegir 33 miembros pero se agregan tres más porque Hawaii, Oklahoma y Carolina del Sur eligen los reemplazantes es para bancas que quedaron vacantes recientemente“.

El Observatorio Político John Fitzgerald Kennedy sería un punto de vista alternativo, una institución local que procura fomentar el entendimiento mutuo de la política de los Estados Unidos y la Argentina. Y anticipaba, ya el 31 de agosto:

Existe un consenso casi unánime de que el 2014 será un año Republicano. El debate político lo refleja al concentrarse en las potenciales magnitudes del triunfo opositor, sea en la casi segura expansión de su mayoría en la Cámara de Representantes o en su más incierta conquista de una mayoría en el Senado.

… Es una elección de medio término. Una de las tendencias más fiables establece que los regímenes presidenciales exhiben una altísima probabilidad de que el partido gobernante pierda legisladores en este tipo de elecciones; más frecuente aún cuando el presidente se encuentra en su segundo mandato, como es el caso de Obama … Desafortunadamente para el partido en la Casa Blanca, la historia electoral de los Estados Unidos favorece un escenario en el que electores oscilantes desencantados y una base partidaria con poca motivación hagan de Noviembre un referéndum sobre su performance en el que la derrota sea lo más probable.

El partido Demócrata tampoco puede encontrar mucho alivio en la geografía política de esta elección. Su catastrófica elección de 2010 tuvo como consecuencia una oleada Republicana en las legislaturas estatales, las cuales son responsables por definir los distritos uninominales de la Cámara de Representantes. Al ocurrir esta elección inmediatamente luego del censo nacional (que da pie a la redefinición de los límites distritales cada diez años) el partido Republicano ha podido llevar adelante un proceso de modificación de los límites en una clara y a veces grosera búsqueda de inclinar las balanzas electorales a su favor. Como consecuencia, buena parte del voto Demócrata se tornará irrelevante, tanto por concentrarse en distritos donde es la clara mayoría o dispersarse en otros donde es la clara minoría, un fenómeno conocido como gerrymandering.

En el Senado el factor geográfico tampoco lo favorece. De los treinta y tres escaños en juego, la mayoría se encuentran en regiones fuertemente Republicanas, tales como el Sur o los Estados de las Montañas. Y muchos de los senadores Demócratas que deben defender su banca este año fueron electos por primera vez en 2008, en un contexto muy favorable a su partido. Que todos o una mayoría de ellos puedan retener su banca es improbable.

Tal vez el único factor fundamental a favor del oficialismo es el desempeño económico. Aunque el panorama dista bastante de los plácidos años de Clinton o Bush, buena parte de los analistas coinciden en que la recuperación económica ha avanzado y que lo peor de la crisis se encuentra en el pasado. Esto no significa que el electorado asigne el progreso al partido gobernante, pero sin duda le provee cierto grado de blindaje.

… En cuanto a las encuestas, esto es lo que predicen para el Senado:

senate

Y para la Cámara de Representantes:

house1

Eddie, en una comunicación privada, pone un toque de realismo a este panorama (sobre el que estoy seguro los medios locales harán mucho ruido, especialmente después de sus desilusiones en el Cono Sur)

Teniendo en cuenta que ese posting tiene ya dos meses de antigüedad, te diré que – a grandes rasgos – ese era el panorama entonces (el actual mapa de encuestas en su blog tiene mínimas diferencias). Los Demócratas están trabajando duro en todo el país para no perder más de tres escaños en el Senado (quedarían 50-50 con Joe Biden desempatando).

De todos modos nada cambiaría mucho de una manera u otra: como el Senado rechaza todo lo que aprueban los representantes y viceversa, prácticamente el Congreso está paralizado y Obama gobierna con “órdenes ejecutivas” (y lo seguirá haciendo). El Senado ya hace un año que no puede nombrar embajadores y – especialmente en América Latina – hay un montón de embajadas sin cubrir“.

Eso sí, aunque mi amigo mantiene lealmente su compromiso con el Presidente (“es lo que hay”), ese realismo le ha hecho reconocer en su blog:

Como según las encuestas … Obama goza en este momento de una impecable impopularidad, casi ningún candidato demócrata está ansioso por recibir ayuda de la Casa Blanca. Es común que el Presidente salga a hacer campaña por los candidatos de su partido en las elecciones intermedias, pero esta vez pocos están con ganas de recibir ese auxilio. Me hace recordar ese viejo chiste respecto al conscripto Gorosito y su sargento. Aquí sucede algo similar: es como si los candidatos dijeran, “Los que nos quieran ayudar que den un paso al frente; Obama… vos quedate piola”.

De todos modos, les agrego yo, el establishment Democráta no parece demasiado preocupado. Evalúan que el Tea Party deslegitimará a los candidatos Republicanos que no se ajusten a su credo algo delirante. Y el resto del electorado Republicano no estaría dispuesto a votar a los del T. P. Entonces … ya están pensando en su próximo candidato a Presidente. Muchos de ellos están convencidos que será una mujer, de apellido Clinton.


4 de Julio: la fecha de la Tía Patria

julio 4, 2012

Por favor, no vean en la liviana ironía del título, o en el rostro vacío, ligeramente siniestro, de la figura que acompaña el post, que estoy haciendo una denuncia de los EE.UU. El antiimperialismo verbal me aburre. Simplemente, son una forma… liviana de expresar la ambigüedad y la incertidumbre básica de nuestras relaciones con ellos en esta etapa de nuestra historia. Que a pesar de eso son bastante más estrechas que en otros tiempos.

Sucede que leí el artículo que la Embajadora Vilma Martínez publicó hoy, por el aniversario de su independencia, con las habituales cortesías diplomáticas, y se me ocurrió que había algunos datos que echan luz sobre aspectos a lo mejor no tan bien conocidos y dinámicos de nuestra interacción. Nada que ver con Wikileaks: no son chismes políticos sino que tienen que ver con nuestras sociedades.

Actualmente, la Argentina es uno de los 12 principales destinos para los estudiantes estadounidenses que buscan estudiar en el extranjero. Cerca de 5000 estudiantes de mi país cursan hoy en universidades e instituciones argentinas, una cifra que quintuplica los registros de hace sólo una década. Y estos intercambios tienen también su contrapartida: más de 2000 argentinos estudian en instituciones de los Estados Unidos.

Es un placer recibir también a los miles de argentinos que todos los meses nos visitan, tanto por turismo como por negocios. En 2011, más de medio millón de ciudadanos argentinos ingresaron a nuestro país y visitaron ciudades como Nueva York, Miami, Los Angeles, Washington y Chicago, pero también (muchos otros destinos)“.

Aun cuando la economía mundial plantea múltiples desafíos a las relaciones comerciales en todo el mundo, hay hechos positivos que pueden -y merecen- ser destacados en el marco del comercio y las inversiones bilaterales entre la Argentina y los Estados Unidos. En el rubro de productos agrícolas, la Argentina hoy logra un superávit bilateral que representa diez veces el monto de nuestras exportaciones. En tanto, nuestras exportaciones se concentran principalmente en los rubros de bienes industriales y recursos energéticos, y permiten crear un superávit general en favor de los Estados Unidos.

Alrededor de 500 empresas norteamericanas instaladas en la Argentina generan aproximadamente 200.000 puestos de trabajo y contribuyen a fortalecer estos lazos. Con un monto aproximado de 19.000 millones de dólares, Estados Unidos es hoy el segundo inversor extranjero en la Argentina. Nuestras empresas operan en los sectores más diversos: petróleo, químicos, servicios, comunicaciones, finanzas, alimentación, autos, entre otros.”

“(Además hay) numerosas y siempre satisfactorias colaboraciones entre los científicos de ambas naciones? Hace pocas semanas celebramos el primer aniversario del exitoso lanzamiento del satélite SAC-D Aquarius, construido en Bariloche y lanzado desde Vandenberg, California. Gracias al trabajo conjunto de varios países, los científicos que participan del proyecto ya han recolectado datos hasta ahora desconocidos sobre la salinidad de los océanos.”

Agrega Doña Vilma algo que me sugiere una observación “La Argentina y Estados Unidos están unidos … por rasgos comunes … Ambas son naciones que surgieron de grandes olas migratorias que poblaron las grandes extensiones de territorio, Estados nacidos bajo una conciencia federal …” Hmmm… El Estado de ellos nació de la articulación de Estados locales con poder propio, y el poder central fue construído lentamente, gracias a la lucidez de Hamilton y la lógica de las guerras. En el nuestro, las instituciones federales, todavía débiles e incompletas, fueron el fruto de una larga lucha de los pueblos contra el centralismo borbónico ubicado en la Ciudad Puerto.

Estaba pensando que hace 37 años que visité por primera vez EE.UU. Desde entonces he estado unas cuantas veces, y lo recorrí – superficialmente – de Nueva York a Hawaii. Me encontré en general con buena gente, con un porcentaje de excepciones no mayor que el que me tropiezo aquí, y disfruté de un hermoso país. Pero no es el mío.


¿Adónde va USA? ¿Va a algún lado? (enero 2012)

enero 8, 2012

Esta vez voy a empezar por copiar una nota periodística. No lo atribuyan al calor y a la pereza habituales en enero, por favor. Sucede que esta columna de Santiago O’Donnell en el Página de hoy da una visión completa e informativa – todo lo que puede ser una nota en un periódico, claro – sobre las primarias republicanas en EE.UU. Y me parece son el dato clave para entender la política de ese país en este año, o por lo menos hasta el 6 de noviembre, cuando elegirán presidente. Además, estoy, en algún caso con reluctancia, de acuerdo con sus conclusiones. Eso sí, al final agrego una especulación.

Esta semana largaron en Iowa las elecciones primarias del Partido Republicano, puntapié inicial del proceso electoral estadounidense. A lo largo de seis meses, de acá a junio, se irán sucediendo elecciones internas republicanas en los cincuenta estados de la Unión. En esas elecciones los precandidatos sumarán más o menos delegados para el congreso que elegirá al candidato del partido el 27 de agosto en Tampa (Florida). Son más de dos mil delegados elegidos en proporción a la importancia de cada estado, según los resultados obtenidos, de acuerdo a las reglas que fija cada estado (abierta-cerrada, nominal-proporcional, etc.). A ellos se sumarán ciento y pico de “superdelegados” de partido: gobernadores, congresistas, ex presidentes, operadores y figuras. Entre todos los delegados elegirán al candidato, pero como el delegado de un precandidato no puede apoyar a otro precandidato, el que suma más delegados antes de empezar el congreso siempre gana. El candidato presidencial republicano enfrentará al del Partido Demócrata, el presidente Barack Obama, que va por la reelección sin pasar por internas porque nadie más se presentó.

Aunque siempre puede haber sorpresas, este año el resultado parece bastante cantado. No siempre es así. En la elección anterior, hace cuatro años, era difícil predecir a esta altura quién sería el candidato republicano y quién ganaría la interna demócrata entre Obama y Hillary Clinton. Esta vez Obama tiene vía libre y el ex gobernador de Massachusetts Mitt Romney parece contar con pergaminos suficientes como para llevarse la nominación republicana sin mayores sobresaltos.

Romney le lleva una ventaja importante a sus competidores en recaudación de fondos y apoyos del establishment partidario. Más importante aún, es percibido como el más sólido de los candidatos en el manejo de la economía y como el más capaz de vencer a Obama. En estas categorías aventajó por un margen de tres a uno y cuatro a uno, respectivamente, a los demás precandidatos en la primaria de Iowa. De los principales precandidatos republicanos Romney es por lejos el más moderado tanto en temas económicos como en temas sociales. Viene de administrar un estado que bien podría considerarse de izquierda en el espectro político estadounidense. Su mayor logro como gobernador es haber empujado una reforma sanitaria parecida a la que impuso Obama el año pasado. Encima cumple con la cuota de novedad que requiere un candidato que aspira a competir con Obama: si ganara, Romney sería el primer presidente mormón de los Estados Unidos.

Pero es difícil que Romney le gane a Obama en el mano a mano. Obama no es el presidente más popular de la historia, pero tiene la casa en orden. Una regla de oro de la política estadounidense es “presidente que se evita la interna, gana la reelección”. Carter fue a internas con Ted Kennedy y perdió con Reagan. Bush padre fue a internas con Pat Buchanan y perdió con Clinton. Obama no fue a internas con nadie y la tiene a Hillary adentro, en el puesto de canciller.

En cambio Romney no la tiene nada fácil. En la interna tiene más para perder que para ganar. No es un desconocido. Ya participó de una primaria, ya no es novedad. Encima ahora todos los demás precandidatos, que son bastantes, se van a juntar para atacarlo, porque necesitan bajar al favorito. Ya lo están haciendo y esto recién empieza.

Además en estos momentos el Partido Republicano está fracturado. Por un lado están los republicanos tradicionales, que buscan reducir impuestos y achicar el Estado. Estos votantes suelen tener distintas opiniones en temas internacionales y sociales pero coinciden en la visión de la economía.

Después está el ala conservadora del partido, que representa una minoría importante, cerca del 40 por ciento del electorado republicano y que tiene una influencia aún mayor en los estados rurales del sur. Estos conservadores se dividen en dos grandes grupos. Por un lado, los llamados “conservadores sociales” que … se definen contra el aborto y la inmigración y en favor de la educación religiosa por encima de los temas económicos. Por el otro, los llamados Tea Party, que buscan una drástica reducción del Estado desde una posición antisistema. La candidata ideal de los conservadores era Sarah Palin, pero la ex gobernadoras se bajó porque no consiguió el apoyo de los popes de su partido. Entonces, varios conservadores se metieron en la interna para ocupar su lugar. Entre ellos, la niña mimada del Tea Party, la ex congresista por Minnesota Michele Bachmann, que acaba de retirar su candidatura tras terminar última en Iowa. En su despedida, Bachmann prometió seguir luchando “en contra del socialismo de Obama”.

De todos los conservadores, el que picó en punta en Iowa fue el ex legislador ultracatólico de Pennsylvania Rick Santorum. Empató a Romney con el 25 por ciento de los votos, gracias al apoyo de los granjeros cristianos del interior de un estado atípico, sin grandes ciudades. Santorum no tiene dinero ni estructura para competir con Romney a nivel nacional, pero eso puede cambiar rápido si los candidatos conservadores más establecidos, Rick Perry y Newt Gingrich, no levantan vuelo en Carolina del Sur (21 de enero) y Florida (31 de enero).

Antes de esas elecciones clave en estados sureños se viene la primaria del martes en New Hampshire, un estado urbano y liberal de Nueva Inglaterra, el patio trasero de Romney. Ahí el mormón debería ganar sin demasiados problemas, más allá de que el estado también sea terreno fértil para las aspiraciones del diputado texano libertario aislacionista Ron Paul, y las del el ex gobernador de Utah Jon Huntsman, que acaba de recibir el apoyo del diario Boston Globe. Huntsman es una especie de Romney pero más joven, que está ahí para representar a los moderados del partido si el favorito se cae. Muchos creen que Huntsman es un demócrata disfrazado que se equivocó de primaria, tal como lo describió el jefe de campaña de Romney, John Sununu.

Todo esto se decantará con los resultados en los estados decisivos – primero en Florida, después en Texas y Ohio el seis de marzo, más tarde en Nueva York y Pennsylvania el 24 de abril, finalmente y si hace falta en California el seis de junio. Mientras, Romney se tiene que aguantar que todos los republicanos disparen en su contra, mientras él, para no herir susceptibilidades, sólo puede criticar a Obama.

El jueves, por caso, Gingrich le enrostró que su currículum de gobernador de Massachusetts incluye haber nombrado jueces liberales, haber aumentado impuestos y haber aprobado una reforma sanitaria que permite el financiamiento público de cierto tipo de abortos. “La gente va a decir, ‘éste no es el candidato que pretendemos para el Partido Republicano’”, azuzó el veterano ex jefe de bancada y diputado por Georgia, un verdadero provocador profesional. Romney ya viene recibiendo ese tipo de ataques desde hace rato y no van a parar hasta que el último rival se baje de la interna. Básicamente lo acusan de acomodaticio, de no tener principios, porque cuando se va de campaña a un estado ultraconservador y cristiano como Oklahoma, no repite lo mismo que decía cuando mandaba en el progresista y liberal Massachusetts. Lo buscan en el Google y le pegan con eso.

Cuando Romney finalmente se salga de esa trituradora mediática, entonces podrá elegir entre los presidenciables conservadores al que menos lo ofendió para ofrecerle la candidatura a vicepresidente. A partir de ese momento empezará un corto período de luna de miel en el que el candidato intentará unificar el partido.

Pero si el candidato es Romney, como todo parece indicar, difícilmente despierte el fervor de las bases más militantes del partido, que lo ven a Romney como un tipo capaz pero demasiado poco conservador.

Una vez que se decida la situación en su propio partido, Romney deberá encarar un desafío que no es menor, el de demostrar que es distinto que Obama, que tiene un plan distinto y superador. Hasta ahora no suena muy convencido cuando se alinea con el partido para reclamarle al presidente que achique incentivos estatales para la economía real, sobre todo cuando las últimas estadísticas parecen mostrar que Estados Unidos finalmente está saliendo de la recesión.

¿Qué significa todo esto para Estados Unidos? No mucho, sería la respuesta corta. Si la elección es entre Obama y alguien parecido, lo de rigor es más continuidad. Pero hay matices, claro. En esta elección estará presente como nunca el debate sobre el rol del Estado en la economía, confrontando las posiciones de los dos movimientos sociales que han surgido en los últimos años, el Ocuppy Wall Street y el Tea Party. El margen de victoria para uno u otro campo pondrá al país más cerca de la Europa neoliberal o de la Latinoamérica keynesiana.

¿Y cómo se ven las cosas desde América latina? Si ganan los republicanos, cosa que por ahora no se vislumbra, es probable que pongan más plata y más atención en la región para ganarse el voto latino, tradicionalmente demócrata. Es por eso que aunque sus votantes son antiinmigrantes, fueron republicanos el último presidente en lograr un blanqueo de inmigrantes (Ronald Reagan) y el último en intentarlo en serio (George Bush hijo). Por eso si ganan puede haber reforma migratoria y algo más. Se puede reflotar el ALCA, o el Plan Brady, ambas iniciativas republicanas, o algo por el estilo, algún supuesto incentivo que pueda servir para dividir a los países latinoamericanos, o para unificarlos en el rechazo.

En cambio si gana Obama todo seguiría como hasta ahora, con relaciones correctas pero cada vez más distantes“.

Mis observaciones: Primero, que los republicanos han sido más favorables a la inmigración no por cortejar el voto hispano sino por la presión de las empresas que necesitan mano de obra barata. Pero eso es un punto muy acotado. Lo importantes es que las primarias republicanas muestran una realidad más compleja en lo social que la se trasluce de este análisis: La sorpresa en esa primera elección en Iowa fue Rick Santorum, un ex senador por Pennsylvania, católico, “conservador social” y el favorito entre los republicanos religiosos, que, desde el pelotón de los desconocidos quedó segundo y a muy pocos puntos de Romney. Tiene la chance de convertirse en el candidato de los fastidiados con el establishment, del que Mitt Romney aparece como el candidato natural. El hombre de los republicanos de “country club”, los llaman allí.

Este artículo en el National Journal hace un planteo interesante: “... Con un estilo de clase trabajadora y su mensaje, Santorum podría tener un arma: La naturaleza cambiante del electorado republicano. Que refleja el cambio total en la coalición de cada partido durante la pasada generación … En las primeras décadas después de la Segunda Guerra Mundial, cada candidato presidencial demócrata corrió con mucha más fuerza entre los votantes blancos sin educación terciaria que entre los blancos con al menos un título de cuatro años.

Pero, sobre todo en los temas no económicos, de la integración racial al aborto, las partidos intercambiaron sus electorados. En cada elección presidencial desde el año 2000, el candidato demócrata ha quedado mejor situado entre los votantes universitariosblancos que en los no universitarios. Y en la clase trabajadora, las familias blancas se han convertido en la piedra angular de la coalición electoral republicana.

Mientras que en algunos estados del Este – New Hampshire, Nueva Jersey, Connecticut – los votantes con estudios universitarios representan la mayoría del electorado republicano, no es ciertamente el caso en la mayoría de los estados del sur y medio oeste. ¿Cómo ayuda esto a Santorum? …

Los republicanos de cuello blanco que quieren un presidente para manejar la economía se inclinarán, se supone, por Romney. Pero no es la opción natural para el componente obrero del electorado del Partido Republicano, que tiende a ser más populista en lo cultural y en lo económico“.

(¿No les recuerda los insistentes posts de Manolo Barge? Ciertamente no es el planteo de Laclau, que encuentra natural la convergencia entre populismo y progresía. Pero esa es una característica de esta etapa de la política latinoamericana y en particular de la experiencia kirchnerista. Históricamente, el populismo ha estado mucho más cerca de la derecha cultural).

Mi conclusión: No me inclino a apostar por Santorum. Ya le han encontrado lazos cuestionables con grandes empresas, y los usarán en la interna. En realidad, un hombre de la clase trabajadora simplemente no tiene los recursos para competir en política… salvo que tenga la AFL-CIO detrás. Que no es el caso de este muchacho (y aún si lo fuera, no le alcanzaría. La carrera presidencial yanqui es muuuy cara).

Las probabilidades son que Santorum seguirá el camino de otros desafiantes de más envergadura, como Gingrich, o la misma Palin. Precandidatos que expresan una fuerte corriente de insatisfacción y descontento en el pueblo norteamericano, pero que no es lo bastante grande para elegir por sí misma a un presidente… si no convencen al resto de la sociedad, todavía razonablemente satisfecho, que el candidato que los expresa puede gobernar con sensatez.

Se me ocurre que aquí también hay una lección útil para la política argentina.


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