Video para este viernes

octubre 27, 2017

Me hicieron llegar este video, y quiero compartirlo con ustedes. Es un tributo de amor. Y el amor es una parte importante de la política, en el peronismo.

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Política internacional, pero no lejana: Acá

febrero 8, 2016

América del Sur desde-el-espacio

Completo el trío prometido de posteos sobre política internacional con el que nos toca más de cerca. Porque trata de lo que está ocurriendo en nuestra región, lo que pasa también aquí. Y porque lo tomo del blog del licenciado Baleno. Como de costumbre, lúcido y breve. Me deja sin nada que agregar, salvo “Firmo abajo”.

Las pruebas se acumulan sobre la mesa. El kirchnerismo perdió las elecciones. La oposición venezolana le ganó al chavismo por 16 puntos. Una joven opositora a Evo, Soledad Chapetón, le arrebató la prefectura nada menos que de El Alto, algo así como el conurbano de La Paz pero más peronista, más indio y más pobre. Rafael Correa anunció que no será candidato a la reelección, en 2017. Y Dilma Rousseff esta en un pésimo momento económico y político.

No todas las derrotas pueden explicarse por dos o tres traiciones. Necesariamente debe estar pasando algo más.

“Fin de ciclo” nos susurran al oído. Si. Fin de un ciclo. No es casualidad que todos esos gobiernos hayan surgido de crisis terminales. Chávez es hijo del Caracazo del ´89, Correa de la rebelión de los forajidos en 2005, Evo protagonizó la insurgencia en Bolivia desde el 2000. Lula ya se había presentado a elecciones tres veces antes que Brasil se desmoronara en 1997. De la Argentina de 2001 hemos hablado mucho ya.

No hay nada que llorar. Esa etapa se terminó precisamente por el éxito de los Lula, Chávez, Evo, Correa y Kirchner y no por su fracaso. Por todos esos gobiernos no se daba un centavo y atravesaron dos décadas. Sus éxitos forjaron estas sociedades donde se expresan fuerzas ambivalentes y antagónicas. De ahí sale la frase “que fácil era ser progre en los 90”.

El salto cualitativo estuvo. Entramos en otra etapa donde el discurso místico y el voluntarismo ya no sirven para nada. Para nada. La derecha, para entendernos rápido, cosecha lo que los gobiernos populistas no han podido sostener. Hay una composición social, económica y cultural distinta en todo el subcontinente y con ese material (y no otro, porque es el que existe) hay que trabajar“.


La estrategia de Néstor Kirchner

octubre 28, 2015

Télam -Buenos Aires- 14/10/2010 El presidente del Unasur, Nestor Kirchner, saluda durante  el acto de oficialización de la creación de la casa de altos estudios, que encabezó la presidenta Cristina Fernandez de Kirchner, en la sede del Rectorado de la Universidad Nacional de Moreno. Foto: Sergio Quinteros/Télam/jcp

Ayer se cumplieron 5 años de su muerte. En ese entonces le dediqué un breve saludo, y, un día después, reflexioné sobre lo que él dejaba detrás suyo. Escribí de esa circunstancia inmediata, como es frecuente en los posteos. Ahora tal vez sea el momento de analizar su legado. O tal vez no. Estamos en vísperas de hechos que probablemente nos van a obligar a repensarlo. Bueno, siempre el presente está reescribiendo el pasado.

Lo que quiero hacer ahora es algo más limitado, repasar un aspecto que mi experiencia me ayuda a ver más claro. Quiero acercarles algunas observaciones sobre la estrategia política que él diseñó a partir de 2003, que él y Cristina llevaron adelante, y que marcó, marca, una etapa de 12 años en Argentina. y es la expresión del peronismo en este siglo.

A Néstor Kirchner, como a todos los dirigentes peronistas de primer nivel – él era gobernador de Santa Cruz entonces, y uno de los principales aliados de Eduardo Duhalde en su enfrentamiento con Menem – le impactó la derrota de 1999. Como muy pocos además de él. sacó una determinada conclusión de esa derrota. que su causa principal fue que al bando de enfrente se había sumado el FREPASO, una fuerza política que expresaba al electorado de centro izquierda, progresista, que había tenido su origen en una escisión del peronismo, provocada por el rechazo a las políticas menemistas. En las elecciones de 1995 llegó a ser la segunda fuerza. Al formar la Alianza con el radicalismo, garantizó la derrota del PJ.

Y N. K. fue el único que tuvo a la vez la oportunidad y la decisión de aplicar lo que había entrevisto: Desde el mismo momento que llega a la Presidencia, con – como se ha repetido tantas veces, el 22 % de los votos, una de tres fórmulas peronistas – a políticas tradicionales del peronismo: estímulo al consumo, buenas relaciones con los sindicatos, paritarias libres, incorporó banderas y valores de ese progresismo. La reinvindicación y el apoyo a los organismos de derechos humanos, el rechazo a la represión como instrumento de control social, el impulso a los juicios contra los represores…

Otros dirigentes del peronismo habían hecho gestos en esa dirección – Adolfo Rodríguez Saá, al asumir lo que sería su brevísima presidencia, había invocado por igual al 17 de Octubre y a las Madres de la Plaza de Mayo. Pero es dudoso que otro hubiera tenido la firmeza y la consistencia con las que Kirchner siguió esa política.

Al analizar esto no se puede separar la decisión estratégica de los sentimientos, las pulsiones del conductor (Los que intentan hacerlo, en nombre de un maquiavelismo ingenuo, son los que nunca han hecho política, ni la han entendido). Kirchner, y su mujer, eran parte de una generación que se sumó a una forma de militancia peronista a principios de los ´70. Como otros cientos de miles en ese tiempo, no fueron cuadros de las “orgas” ni participaron en la lucha armada, pero incorporaron el espíritu, las ideas de ese tiempo.

Después, la represión y la experiencia alfonsinista los cambiaron a todos ellos, como cambiaron definitivamente la política en Argentina. Las acusaciones de “montoneros” tienen tanta validez como las acusaciones que se desparraman por todos lados en la política argentina, una forma de insultar al adversario. El setentismo de los Kirchner, que transmitieron para los militantes que a su vez formaron, era, es reivindicatorio de la práctica política y de los derechos humanos. No son características de los ´70.

Por supuesto, sus opositores denuncian que el de los K no es el “verdadero” progresismo, entendiendo como tal al que figura en los libros de texto. Puede decirse que, en lo formal, los tres gobiernos de ese signo llevaron adelante, en el plano de las leyes, la agenda más ambiciosa del progresismo argentino a comienzos de siglo. Con algunas de sus figuras emblemáticas, como la del ex juez de la Corte Suprema, Eugenio Zaffaroni.

En un plano más práctico, la coalición oficialista ocupó ese espacio político. El progresismo no peronista quedó reducido a expresiones testimoniales – una muestra es el Frente de ese nombre encabezado por Stolbizer en las elecciones del domingo, que sumó menos votos que el troskismo – o se corrió a la derecha, como lo hizo Elisa Carrió. Y esta alianza de peronismo y progresismo forjada por los Kirchner le dio a Argentina doce años de estabilidad política. Ganó todas las elecciones nacionales, legislativas o presidenciales, realizadas en nuestro país desde 2005 hasta ahora. Fue siempre la primera minoría, y en algún caso – 2011 – mayoría absoluta.

Hay un antecedente de signo opuesto, como he señalado muchas veces en el blog. El gobierno de Carlos Menem, de 1989 a 1999, fue, en la práctica, un frente entre el peronismo y la UCEDÉ, la expresión política de la derecha liberal en Argentina. Y llevó adelante políticas privatistas y de desregulación que habían sido apenas los sueños húmedos de los apoyos civiles de los gobiernos militares. En realidad, cuando compañeros peronistas de vieja militancia rechazan al kirchnerismo por su alejamiento de la tradición peronista, debo decirles que se quedó bastante más cerca de ella que la anterior experiencia menemista.

Ambas fueron posibles, hay que decirlo, porque desde su nacimiento el peronismo incorporó en su seno dos tradiciones distintas y opuestas, que, creo, están en la base de su vitalidad perenne. El ejército profesional e industrialista de Ricchieri, Mosconi y Savio, y las vertientes de socialismo y anarquismo de los sindicatos obreros. El ideal de orden y de conciliación de clases que está desde los primeros planteos de Perón, y la transgresión del militar de carrera que se casa con una actriz y la convierte en el puente de su gobierno con los desposeídos y los humillados.

Como sea, lo anterior es apenas un esquema. Ninguna de estas dos experiencias de coalición fue sin tensiones. Ambas se mantuvieron sólo con un liderazgo fuerte, de muy distinto estilo en cada caso. En el kirchnerismo, dos liderazgos fuertes. Y uno tiene que preguntarse si ésta, como la anterior, ha llegado a su fin. Nada es para siempre.

Lo más fácil sería terminar con una frase habitual en mi blog, El que viva lo verá. Pero hay algo más. El menemismo no ha dejado más que algunas lealtades y simpatías personales, y la nostalgia hedonista de algunos que lo pasaron muy bien en esa época. El kirchnerismo ha formado además una militancia y un ideal. Por supuesto, como en todo lo humano, hay ambiciones y corrupción. Pero en mis posteos trato de seguir, humildemente, en la tradición de Maquiavelo y de Weber y mirar a la política como es. Desde esa mirada, sería un error no tenerlo en cuenta.


Peronismo: el día antes de ayer

octubre 18, 2015

Kirchner-Duhalde-Ruckauf

Martín Rodríguez es, en mi opinión, el que mejor escribe entre los que discutimos en este tiempo de política y de peronismo en la Red. Eso ya basta para que se lo mire con reserva, porque no es fácil hacerse disculpar por la militancia del palo el talento literario.

Encima, no tiene una camiseta muy nítida. “Kirchnerista puro” no es; estuvo cerca del massismo en algún momento, pero no parece recitar el discurso “renovador“,… Ni siquiera dice, como yo “Soy oficialista“. Y a mí me miran raro cuando agrego “porque todas las otras opciones me parecen peores“…

Como sea, M. R. escribió esta semana una nota en La Política Online (otro sitio sospechable) con el asunto, aparente, de la política cultural que viene. No es mi tema favorito, aunque entiendo su importancia. La cosa es que me impresionó ahí la recreación de un momento histórico – el final del menemismo – y de los personajes de la política peronista. Un momento en que Martín tendría 20, 21 años. No sólo lo describe con la claridad de un historiador, toda la que puede ponerse en unos pocos párrafos. Además, lo más importante, dice algo permanente sobre la política. Les propongo que lean este fragmento. Después, si quieren, sigan a su blog, Tintalimón.

Miro un video viejo. Del siglo pasado. Del que nos separan 17 años. Se puede ver a Néstor Kirchner, Eduardo Duhalde, Julio Bárbaro, Alberto Fernández, Julio De Vido, Esteban Righi, Carlos Tomada, Mario Cámpora, entre muchos otros… La imagen es del 5 de octubre de 1998. El marco es el Grupo Calafate, ¿lo recuerdan? Esa especie de pingüinera sin patagónicos en la que tallaban muchos peronistas progresistas aglutinados por Alberto Fernández con un plan a diez años que llevaría a Kirchner a la presidencia del país. Duhalde encontraba en Kirchner muchas cosas: un gobernador peronista que se mantuvo orgánico al partido y que era un disidente de ese segundo gobierno de Menem, el gran gestor de una provincia muy beneficiada –paradójicamente- por la descentralización del Estado nacional y sus recursos naturales. 

Kirchner (amigo de Miguel Bonasso y Torcuato Di Tella) era el gobernador con posiciones nacionales más progresistas de todo el espectro de caudillos de esa Liga de gobernadores a la que Menem había dejado crecer demasiado. El dilema de Duhalde pasaba por asegurarse la hegemonía del peronismo, armonizar lo más que se pudiera con Menem, pero a la vez mostrarse como alternativa al “modelo”, dando por concluida una etapa (la “macro”, la de la estabilidad). Una suerte de combinación conocida entre ruptura y continuidad que no le entregara todas las banderas progresistas a la -en ese momento- exitosa Alianza de radicales y Frepaso. Duhalde, como buen ortodoxo, había quedado a la izquierda del giro demasiado liberal del peronismo con Menem. Imaginaba construir desde las propias entrañas del peronismo la alternativa y la continuidad, en dosis exactas. Hablaron Duhalde y Kirchner en ese acto cerrado, en el sur. Ambos coincidieron en lo esencial: hubo que estabilizar la economía, ahora llegaba una etapa… humana.

El dilema de Duhalde pasaba por armonizar lo más que pudiera con Menem, pero a la vez mostrarse como alternativa al “modelo”.

Días después, el 17 de octubre Duhalde llenaba la plaza de mayo, con toda su pompa bonaerense. Néstor y Cristina también estaban ahí. Alberto Pierri, Osvaldo Mércuri, José María Díaz Bancalari, etc., eran los nombres de los feos, sucios y malos que componían el escenario de movilización de las bases peronistas con que Duhalde quería asegurarse el peso de la nueva columna vertebral en su versión de la ortodoxia: municipal, territorial. 30 minutos de discurso donde dijo cosas: “Quiero decirles a nuestros opositores y quiero que escuchen bien: estoy orgulloso de haber acompañado a Menem para salvar la economía argentina. Y ahora vamos a salvar al hombre y a la familia argentina.” Y más: “En apenas 9 años construimos un sólido edificio, con poderosas columnas. Pero no lo hicimos para que una minoría quede adentro y la mayoría a la intemperie. Lo hicimos para que la Argentina sea un hogar que cobije a todos. Ahora a esta construcción tenemos que ponerle alma, justicia, amor y honestidad.”

En la amplísima cobertura del diario Página 12 de aquel acto (fue tapa de domingo con las firmas de Miguel Bonasso, Mario Wainfeld, Felipe Yapur y Fernando Almirón) se recogieron declaraciones variopintas de todo el espectro peronista díscolo (el candidato menemista era Palito Ortega), y entre otras aparecen las declaraciones de Cristina Fernández elogiando a Duhalde por su mención a los desaparecidos y a las Madres de Plaza de Mayo. Sí. Duhalde también quería para sí, en ese instante, para el peronismo, recuperar una enorme cuota simbólica del pasado trágico. Y Duhalde tenía un problema: Menem lo odiaba.

Aquel día de “fiesta” nadie oía ese discurso. Nadie de esa base golpeada, sobreviviente, en cuyas facciones ya se hacían visibles también los efectos duros de la crisis. Eran los pobres y su representación duhaldista. Alberto Pierri había sido de los más convocantes, con su base matancera. El peronismo de Menem era un golpazo contra su sujeto histórico: los humildes. Años después, cuando esa historia quedó sepultada (la Alianza ganó, la Alianza se fue en helicóptero, Duhalde llegó con los votos de la política y no del pueblo, luego su antiguo aliado Kirchner resultó el elegido por default en la terna fallida de candidatos contra Menem) perdimos de vista esta historia entre Kirchner y Duhalde, pasó desapercibido este movimiento de piezas al interior del peronismo que intentaba -sin romper con el partido- producir un quiebre y un disenso. Y lo perdimos de vista más, porque Kirchner se cargó a Duhalde. 

Pero esa historia de “hombres” no puede hacernos perder los trazos profundos. Quiero decir: Kirchner no se inventó en el 2003, aunque la amplia mayoría no tuviera noción de quién era. El origen kirchnerista se puede rastrear también en la política, en la política peronista de los años 90, en esos políticos vapuleados durante el desenlace de la crisis, en el interior del partido hegemónico. Las omisiones narrativas ubicaron sólo afuera de la política (en la clase media de la crisis, en el “campo popular”, en la izquierda social) las raíces del kirchnerismo. El kirchnerismo fue también un hijo de la política. Tiene una historia mestiza. Nada puede ser omitido en la reconstrucción de ese ADN dominante de estos años, como si el 25 de mayo de 2003 hubiera descendido de otro planeta. La clase política es la clase más dinámica de la argentina (con su espíritu inmoral y aventurero guiando “capitales” en un país sin burguesía). El kirchnerismo no llegó al gobierno el 21 de diciembre de 2001, el día después del helicóptero y las llamas. Hubo una transición omitida.

¿Por qué vale este recuerdo? De arranque: como espejo de otra transición circunstancialmente en paz, también articulada por el peronismo (este 2015 sólo puede ser comparable a 1999, como apuntó José Natanson). Y también, para mostrar que es relativamente falso ese rezo integrista de Macri que dice que de “desde 1989 gobiernan los mismos de siempre”. En un grado el peronismo funciona como un subsistema del sistema político que articula rupturas y continuidades y expone una caja de resonancias ideológicas. ¿Qué le dio el kirchnerismo al peronismo, entre otras cosas? Una estructura de sentimientos. Pero no le dio “mayorías”. Esa interdependencia entre kirchnerismo y peronismo, es lo que no quiebra esa relación tensa en un espacio donde conviven (y saben que lo harán siempre por un tiempo competitivo) un Urtubey con un Aníbal Fernández. Cualquier idea de que el peronismo es una máquina infalible de poder territorial, sin ideología y sólo guiado por la astucia maquiavélica es puro idealismo. A quien piense eso, se le tendría que bajar un camionero en el embotellamiento del tráfico y rayarle en el auto: “es más complejo”. La historia no es siempre la lucha abierta y descarnada entre lo viejo que no termina de morir y lo nuevo que no termina de nacer, sino, a veces, su copulación silenciosa”.

Atención: Martín ya deja claro en la primera parte de su nota, sin decirlo abiertamente, con una imagen de estos días la decadencia de otras versiones del peronismo que fueron vigorosas: Mauricio Macri inaugurando en su campaña electoral una (mala) estatua de Perón con Eduardo Duhalde y Hugo Moyano a su lado…

Pero quiero agregar algo: yo estuve ese 17 de octubre de 1998 en la Plaza, en el acto que Duhalde hizo ya en abierto desafío a Menem. Y recuerdo haber escrito, y enviado a los compañeros, como lo vi: fue un acto del aparato bonaerense. Más la dirigencia que estaba dispuesta a jugarse contra el Turco, aferrado, o haciendo que se aferraba, a la fantasía de la re reelección. Pero los que llenaban a medias la plaza eran los activistas, que cumplían con sus jefes territoriales que a su vez cumplían con “Negro”. No había entusiasmo; ni siquiera se notaba esperanza, frente a la crisis que ya había empezado a morder.

Duhalde, el político que enfrentó a Herminio y a la Cafieradora, que sumó lealtades y construyó en la Provincia el aparato territorial más poderoso del peronismo, el dueño por más de diez años del PJ bonaerense, nunca despertó un vínculo afectivo fuerte entre los millones de argentinos de a pie, ni siquiera entre los que votaban al peronismo en Buenos Aires. Creo que ese dato ayuda a entender lo que significa esta historia de antes de ayer para la política de hoy.


No fue Beliz

enero 29, 2015

Gustavo-Beliz-foto-de-Stiuso

Un debate habitual en #BASAT es sobre hasta qué punto los medios “crean opinión” o se limitan a expresar y dar forma a sentimientos y prejuicios que ya existen en su público. Es una discusión habitual en los que trabajan en comunicación, porque – claro – no tiene una resolución definitiva. Ambas cosas son ciertas, porque se trata de un proceso, no de un hecho que se produce en un momento dado.

De cualquier modo, es cierto que la situación actual en nuestro país puede verse como un caso especial, para los libros (que sin duda en algunos años escribirán los politólogos). Es llamativo ver como el discurso de las fuerzas políticas, y también de la gente común que se enfrenta a la Presidente Cristina Kirchner y a su gobierno, está tomado de los medios opositores, casi sin elaboración. Cualquiera que repase las redes sociales – Facebook, la más típica – puede dar testimonio de ésto. No hablemos de las declaraciones de los políticos, por Dios.

La tarea es más fácil – decimos lo que somos algo escépticos de la omnipotencia de los medios – es que las usinas opositoras no tratan de imponer abiertamente una ideología – sólo en forma casi subliminal, dando por hecho que hay una forma racional y “seria” de hacer las cosas, que no es, claro, la del gobierno. El relato a dejar establecido, en todos los casos, es que cualquier cosa que hagan los K la hacen por motivos malvados y egoístas. Y que además la ejecutan mal.

Es interesante analizar el porqué el oficialismo – que cuenta con recursos comparables y comunicadores talentosos – no ha conseguido imponer un discurso propio entre los sectores no politizados – la gran mayoría – de quienes lo apoyan. Ni tampoco crear un medio de comunicación gráfico o televisivo con el alcance masivo del Grupo Clarín (disminuido como ha sido éste por el avance de Internet y el descenso en la compra de diarios).

Pero eso es para un posteo más largo y técnico que éste. Aquí quiero mostrar la creación ante nuestros ojos y en pocos días de un mito urbano: Que la nueva Agencia Federal de Inteligencia que el gobierno quiere crear se basa en un proyecto de Gustavo Beliz, el casi olvidado Ministro de Justicia inicial de Néstor Kirchner, y que éste lo vetó para proteger el poder de la vieja SIDE. Y que cuando Gustavo Beliz le advirtió a Néstor Kirchner sobre el peligro que representaba “Jaime Stiuso”, el entonces presidente eligió apoyar a este último en vez de a su ministro de Justicia.

Esas dos afirmaciones que enlazo están ayer en una columna en Clarín de Nicolás Wiñazki, y en nada menos que en un editorial de La Nación. Pero habían sido ya sembradas en noticias aparecidas en los días previos, en esos medios, en Infobae, … Basadas en alguna similitud con propuestas de ese ministro y, sobre todo, en la famosa ocasión en 2004 cuya foto engalana este posteo, cuando Beliz revela por primera vez en TV la cara del espía maestro, “Stiuso”.

No es una historia absurda, eh. Sólo que para construirla hay que dejar de lado un hecho incómodo. Que apareció en una columna de Gerardo Young en las mismas páginas de Clarín, en abril de 2004, accesible a cualquiera que se moleste en buscarla. Ahí se relata que la entonces senadora, y primera dama, Cristina Fernández de Kirchner, fue decisiva para resolver una interna de poder dentro de la Policía Federal, al empujar la remoción del más poderoso de los policías argentinos y un firme candidato a ser el jefe de la fuerza. Decisión que dejó mal parado a Beliz.

Esa decisión del Presidente Kirchner fue aconsejada, según dijo entonces Clarín, por la senadora, que conocía a ese jefe policial desde fines de los años noventa, cuando ella integraba la Comisión de Seguimiento de la investigación del atentado a la AMIA y él se ocupaba del trabajo policial del caso. También la noticia nos habla de internas en la Federal y en la SIDE, por el manejo de los secuestros extorsivos (nada sorprendente), pero la clave fue esa animadversión. “Para Cristina, ese policía siempre fue parte de la “gran mentira” de la investigación AMIA, como la llamó cuando declaró en el juicio oral por el atentado, en el 2003“.

El nombre de ese comisario, de quien CFK tenía tan mala opinión, era, es Jorge “Fino” Palacios ¿Les suena?


Creando la Agencia Federal de Inteligencia

enero 27, 2015

CFK

Hace unas horas la Presidente Cristina Fernández de Kirchner anunció la disolución de la Secretaría de Inteligencia, la ex SIDE, y el envío de un proyecto de ley para crear una Agencia Federal de Inteligencia, que se tratará en sesiones extraordinarias. El enlace es a la página de la Casa Rosada, donde se hace un resumen del discurso. Recomiendo leerlo, porque en el estilo coloquial de CFK enfoca varios temas importantes, además de lo institucional.

En cuando al proyecto en sí, no soy un experto en el área, y además no lo leí todavía. Sólo voy a hacer una breve reflexión política.

Éste es un escenario que hemos visto otras veces en estos casi doce años de las gestiones Kirchner: Un ataque durísimo, e imprevisto (aunque no imprevisible) de un sector de la oposición con poder institucional, económico, mediático o social. Frente a él, el gobierno K tiene un lapso más o menos corto de desconcierto. Pero en ningún momento aparece amilanado. Finalmente responde con una decisión institucional que – sin apartarse del marco legal vigente – modifica las “reglas de juego” dentro de las cuales sus adversarios habían planteado el desafío. Y – el punto que me parece más significativo de una diferencia profunda entre los contendientes – éstos aparecen incapaces de elaborar a su vez una nueva respuesta, adaptada a la situación creada.

El esquema se repite una y otra vez. Desde la renuncia de la Corte Suprema menemista al comienzo mismo del mandato de Néstor Kirchner, hasta el rechazo del fallo que favorece a los fondos buitres, pasando por la recuperación del control de YPF, la estatización de las AFJPs, las mejoras en la infraestructura ferroviaria… vemos que la mayoría de las medidas “emblemáticas” de estos tres mandatos han sido respuestas a desafíos o problemas que no aparecían en la agenda pública del gobierno hasta muy poco tiempo antes.

No quiero simplificar demasiado, ni alentar el triunfalismo de mis amigos K (que no necesitan mucho aliento para embalarse). Varias veces estos intentos oficiales de modificar el marco de referencia y crear cambios “irreversibles” se han frustrado o quedaron a mitad de camino. La Ley de Medios, por ejemplo, no ha democratizado la comunicación, ni siquiera ha afectado seriamente al Grupo Clarín (que se perjudicó, casi exclusivamente, por haber perdido la relación preferencial con el Estado que tan bien le sirvió en el pasado). Y el intento de reforma del Poder Judicial – íntimamente vinculado con el actual conflicto con los servicios de inteligencia -, ha estado asociado a derrotas tácticas y notorias del oficialismo (los casos Campagnoli, Bonadío, …). Digamos que ahí las batallas más importantes están por darse. Con poco tiempo disponible para el gobierno.

De cualquier modo, me parece indiscutible que la voluntad política y la decisión de dominar la agenda pública de Néstor y Cristina Kirchner han estado ausentes en los gobernantes argentinos desde los tiempos del primer peronismo. No creo que, como dice un colega bloguero tal vez demasiado entusiasta, que se han disuelto las chances electorales de la oposición en octubre. Hay un sector muy numeroso y motivado de los argentinos que está furiosamente en contra de este gobierno y de Cristina en particular, comparable al de sus partidarios igualmente fervientes (no digo que sean del mismo tamaño, eh).

Pero el voto, decisivo, de los que “miran y juzgan” va a estar influido no sólo por la situación económica – el bolsillo – sino también por las muestras de cohesión y de iniciativa del oficialismo. Porque la exigencia fundamental que se le hace a un gobierno es que gobierne.


UNASUR: ¿cómo sigue?

diciembre 6, 2014

unasur

Estoy comprometido en lo político con el proceso de integración en marcha, la UNASUR, Unión de Naciones Suramericanas. Más importante que eso, pienso y siento que mi inescapable identidad como argentino es parte de una realidad más grande que la engloba, la que llamamos – con un nombre que tomamos de extraños y que usan adversarios – América Latina.

(Tengo claro que muchos compatriotas no piensan así. En realidad, una forma bastante frecuente de ser argentino es sentirse un europeo exiliado. No importa. Como decía el más talentoso de ellos, “Desgraciadamente, soy Borges“).

Entonces, no puedo dejar sin mencionar esta Cumbre de Presidentes de la UNASUR, que se hizo en dos días y en dos ciudades. Pero las noticias ya están en los medios. Bastante completas, estas dos notas en Página 12, aquí y aquí.

Sobre la parte, digamos, doctrinaria, mantengo en el blog una página desde hace varios años, La Patria Americana. Y en el último tiempo incluí una categoría Latinoamérica, que agrupa hasta ahora 131 posteos, los más recientes que tocan a nuestro tema.

Por eso, por ahora, me limito a proponer la pregunta del título ¿cómo sigue? Aporto un cuestionamiento informal, y una propuesta aún más tentativa.

Porque siento que ese magnífico edificio, que lleva el nombre del Secretario General de la UNASUR que murió en el cargo, Néstor Kirchner, es un símbolo. Como lo es la propuesta del Presidente de Ecuador Correa de “ciudadanía sudamericana”.

Los latinoamericanos somos buenos para los símbolos. Y son cosas importantes, eh. Los seres humanos viven y mueren por ellos. Pero debemos transformarlos en realidades, en estructuras sociales, o el tiempo los vacía.

Se está avanzando en esa dirección – en los 130 posteos anteriores reconocí muchos pasos – y un pasaporte común sería otro paso. Aunque en el Cono Sur ya existe, en la práctica, la libre circulación. Y en Europa, donde está formalizada en las leyes, se muestra insuficiente para asegurar la unidad.

Sostengo, entonces, que la realidad fundamental en términos de poder es lo que el colega bloguero J. R. Sentis llama acertadamente “la mesa chica”, los nueve presidentes de la América del Sur, que comparten la lúcida conciencia de mantener la paz y una razonable cohesión en sus posturas ante el resto del mundo. Le agradezco habernos acercado estas fotos porque ayudan a que visualicemos esa realidad.

MESA CHICA 3

mesa chica

¿Qué estructuras de poder suramericanas podemos imaginar, que no sean sólo las necesarias burocracias de coordinación administrativa, educativa, militar,…? Empresas estatales comunes representarían un paso fundamental, pero lo veo todavía lejano. No se ha podido aún poner en marcha el Banco del Sur…

Probablemente, el paso decisivo sería la existencia de fuerzas políticas suramericanas. Hasta ahora, más allá que hay ideales, entre ellos el de la integración, compartidos en muchas de ellas, ha habido un obstáculo invencible: la política es, también, la lucha por el poder, o se transforma en charlas de café. Y no hay espacios de poder que se logren a través de comicios suramericanos.

Ese es la razón por la cual di la bienvenida a las circunstancias políticas locales que aceleran la elección directa de los representantes al Parlamento del MERCOSUR en Argentina. Por algo se empieza.

Igual, esta es la reflexión de un político (semi retirado) escéptico. A lo mejor a ustedes se les ocurren caminos mejores.


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