La otra guerra en curso: Ucrania

septiembre 3, 2014

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Ya que cuestiono el ombliguismo argento y vuelvo a subir al blog temas del llamado “Medio Oriente” – corresponde: hace 8 mil años que es el lugar favorito para el encuentro, usualmente violento, de civilizaciones – me parece que también cabe dedicar una mirada al otro sitio donde se está practicando el viejo deporte de la guerra: las llanuras del este de Ucrania.

Además que todo lo que influye en las relaciones de poder en el Hemisferio Norte repercute, más temprano que tarde, aquí en el Sur, hay una pregunta fundamental que es válido hacer: Esta acumulación de conflictos, intereses, alianzas y, sobre todo, odios mortales ¿puede culminar en una guerra general, es decir, una en que se enfrenten en forma abierta Grandes Potencias?

Mi evaluación, por lo que valga, sigue siendo que No. No veo posibilidades que esos conflictos se alimenten entre sí.

A Rusia le conviene que el bloque adversario, la NATO, y especialmente la “opinión pública” de esos países esté concentrada en las atrocidades mediáticas del así llamado “Estado Islámico”. Pero no le interesa en absoluto que esta variante yihadista se fortalezca, ni siquiera que se estabilice en la región geográfica que domina. Hay muchas deudas de sangre con las poblaciones islámicas al sur de la Federación Rusa, y se afirma que el Estado Islámico ha incorporado combatientes chechenos.

En cuanto al ISIS, más allá de su amenaza de “liberar Chechenia y el Cáucaso“, ciertamente no está para sumar enemigos a los que ya tiene: las milicias chíitas iraquíes, los peshmergas kurdos, los sunnitas que no aceptan su dominio, Irán y, por supuesto, la intervención, con o sin (más) tropas terrestres, de los EE.UU.

Por su parte, los EE.UU. y la NATO no han pasado de la fase, en Ucrania, de intervenciones encubiertas, sanciones económicas y envío de tropas… a bases distantes. Y han tenido ocasiones para hacerlo. Es más, Zbigniew Brzezinski, al que no se puede acusar de simpatías rusas, había dicho en febrero en el Financial Times que A Rusia hay que ofrecerle una “Opción Finlandia” para Ucrania. Es decir, que Ucrania tenga una limitación concreta para su soberanía: Que no pueda formar parte de una alianza anti rusa (NATO, bah), y que mantenga una política de amistad con su gran vecino.

Ésta puede ser la posición personal de un viejo consejero. Pero su gran colega y rival, Henry Kissinger, ha sido aún más terminante (subí su opinión en el blog hace seis meses): “Tratar a Ucrania como parte de una confrontación Este-Oeste hará desaparecer por décadas toda perspectiva para unir a Rusia y Occidente – Rusia y Europa en especial – en un sistema internacional de cooperación“.

No es una opinión unánime. Los conservadores yanquis creen que lo de Finlandia es una mala idea. En Stratfor fantasean una “estrategia del Mar Negro“. Pero es evidente, a medio año del comienzo de esta crisis con la destitución de Viktor Yanukóvich el 22 de febrero, ni los EE.UU. ni Europa han mostrado interés en una intervención militar.

En cuanto a Putin… Con la anexión de Crimea y el – cauteloso – aliento a los separatistas de Ucrania oriental, es obvio que decidió pagar el costo de alienar en su contra a todos los países que formaban parte de la esfera de influencia de la vieja Unión Soviética, el dilema que analizamos aquí. Pero no ha abandonado su habitual prudencia, y si bien hizo referencia al arsenal nuclear que Rusia conserva, hoy anuncia que ha conversado con el presidente ucraniano, Poroshenko, y que cree que Kiev y los separatistas pueden llegar a un acuerdo.

Es probable. El ejército ucraniano ha sufrido graves contrastes. Y, sea cual sea la participación de las fuerzas armadas rusas en los combates, el resultado es que esto calma, en lo inmediato, cualquier temor fundado de Rusia por su seguridad. Ha quedado claro que Ucrania, sin mucho mayor apoyo de Occidente que el que se ha mostrado dispuesto a darle, no es una amenaza militar.

Entonces ¿la guerra abierta quedará confinada a la zona entre el Mediterráneo Oriental y la frontera occidental de Irán? Es lo más probable, por ahora. Pero hay factores inquietantes en el forcejeo de las naciones por sus intereses y su seguridad, y una reacción que se nota en la escena política estadounidense de malestar con lo que perciben como su impotencia para imponer sus objetivos fuera de sus fronteras.

En resumen: el mundo actual no es el que estaba amenazado y contenido por el enfrentamiento de las dos Grandes Potencias nucleares, EE.UU. y la URSS después de 1945, ni tampoco el de la breve hegemonía única norteamericana después de 1989. “Hay un gran desorden bajo el cielo”, en la apropiada frase china, y Argentina debe fortalecer sus lazos diplomáticos y militares con la América del Sur, la Zona de Paz que ha contribuido a construir en los últimos 30 años.

El compromiso emocional con la Patria Grande puede ser mayor o menor, como la vocación por la alianza con Brasil. Pero son las opciones que tenemos. El resto son fantasías ideológicas.

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Ucrania: En la pendiente

abril 12, 2014

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La Agencia de Información rusa, RIA Novosti, ha enviado hoy las siguientes noticias:

Ucrania: Se proclama la creación de la República Popular de Donetsk  (completo aquí)

Manifestantes proclaman la creación de la República Popular de Járkov  (completo aquí)

Ucrania: Las protestas contra Kiev y el asalto de edificios oficiales se extienden por el Este   (completo aquí)

(agradezco a Víctor Arreguine que me los envió hace un par de horas)

Por su lado, una importante agencia de información estadounidense, la CNN, avisa que la NATO ha dado a publicidad fotos satelitales que indican la movilización de fuerzas militares rusas en la frontera con Ucrania. Incluyendo aviones de combate. También lo informa el New York Times.

Hasta ahora, ha habido poca repercusión en nuestra parte del mundo. TELAM ya lo ha informado, e Infobae también. En las ediciones online de La Nación, Clarín y Página 12… hasta ahora la interna les resulta lo único de interés. Es lamentable.

Igual, estoy seguro que mañana abundarán las notas, y los titulares. Si les interesan los antecedentes de esta crisis, pueden encontrar mucho material en los posteos que comencé a subir el 23/2 (pongan Ucrania en el Buscador del blog). En particular, los mapas de este posteo ayudarán a dar una idea del escenario posible.

Si es que esta escalada no se detiene, y será difícil que lo haga, aunque en el Kremlin y en la Casa Blanca exista voluntad de encontrar soluciones razonablemente pacíficas. Yo creo que la hay, en ambos sitios, pero no es más que una evaluación personal. Y la dinámica tiene siempre un fuerte componente interno de odios, viejos rencores e irresponsabilidad. Recordemos los Balcanes, hace 20 años.

En el caso más grave – bastante probable, me temo: enfrentamientos armados entre las facciones, con intervención de las fuerzas armadas ucranianas y rusas… el resultado casi seguro será la división de Ucrania. Que puede incluir emigraciones forzadas y – esperemos que no – “limpiezas étnicas”. Las regiones con mayoría linguística rusa y religión ortodoxa pedirán su ingreso a la Federación. El oeste, con mayoría católica o del Patriarcado de Kiev, seguramente ingresará a la NATO.

Como lo solicitarán todos los países del Este de Europa que aún no son miembros y que tengan minorías rusas en su territorio. En este marco, la NATO aceptará su incorporación. La consecuencia final, un tanto irónica, es que sus fuerzas militares quedarán bastante más cerca de Moscú que antes. Que era lo que Putin quería evitar. Todo esto no es más que una especulación del “peor caso”, eh. Pero se ha hecho, como digo, bastante probable.

Digamos que si es así, tendremos por algún tiempo una remake de la vieja Guerra Fría. Mucho menos intensa que en el pasado, estoy seguro. No le conviene a ninguno de los dos lados, y no está en juego, en el este europeo, la hegemonía global. Pero las razones de seguridad militar prevalecerán sobre las económicas. Como siempre sucede.

Me permito implorar a nuestra Cancillería, y a la de Brasil, que sigan de cerca este asunto – seguramente lo harán -, que recuerden y defiendan la condición de “Zona de Paz” de la América del Sur, que dejen de lado las estupideces ideológicas que las hinchadas de ambos lados derramarán en sus oídos – siempre lo hacen -, y que, con urgencia, presionen por una solución pacífica, que respete la legitimidad democrática, de la crisis en Venezuela. No tentemos al diablo, que se tienta fácilmente.


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