Los trabajadores, el macrismo y la nación

enero 31, 2016

carpani-1-mayoCuando posteo, estoy exponiendo mis ideas, pero también -es inevitable- las dejo abiertas a interpretaciones, malas interpretaciones, operaciones… Todo bien: es la naturaleza de los blogs, y me sirve para una práctica habitual de los profesionales en las redes sociales: experimentar. Los comentaristas son una minoría muy pequeña de los visitantes, y no representativos, pero sí indican tendencias. Y el número de visitas es revelador. Me impresionó, por ejemplo, la cantidad de los interesados en las declaraciones de Zaffaroni: entre tres y cuatro veces la habitual en los posteos políticos.

Todo esto va para justificar una excepción. Voy a marcar un aspecto en Los trabajadores que votaron por Macri, que, me parece, queda de lado en las discusiones políticas argentas. Muy ideologizadas, con un enfoque europeo, aún los que enarbolan indigenismos.

Para eso, voy a tomar una afirmación del comentarista Rodrigo. Pero no del comentario que ha hecho recién en el post -inteligente y bien desarrollado, eh- sino de su interesante blog:

La creencia de que a todos nos pagan según nuestro valor individual suele tener mucho de mitológico: Ejemplo: un conductor de autobús de Nueva Delhi cobra en torno a 18 rupias por hora. Un conductor de bondi en Estocolmo cobra unas 130 coronas.

El ejemplo está sacado de un libro de Ha-Joon Chang, economista coreano, y es de 2009. A valores de 2009, eso implica que el conductor sueco gana casi cincuenta veces más que su colega indio (una corona eran como 870 rupias).

La cuestión es, en el caso en que se pudiera cuantificar fehacientemente; ¿se puede ser 50 veces mejor conductor de autobús que otra persona? Lo más probable es que el conductor de Nueva Delhi sea, acaso, mucho más habilidoso que el conductor sueco. ¿Por qué? Porque debe manejar en rutas sinuosas, esquivar vacas cada dos por tres, sortear bueyes, rickshaws y bicicletas con tres metros de cajas apiladas, etc. En cambio el sueco, a lo sumo, deberá esquivar algún conductor medio choborra un sábado a la noche, pero maneja en caminos bien asfaltados, y con recorridos en línea recta, etc.

La explicación es compleja, pero puede decirse lo siguiente: los pobres de países pobres, por lo común, no tienen nada que envidiar (en tanto trabajadores) a sus equivalentes de los países ricos. Son los ricos de los países pobres los que usualmente no están a la altura de los ricos de los países ricos“.

En ese posteo, en el reportaje a Dubet, el tema está aludido “La tercera razón, muy importante en el Norte (en Europa y en otras partes), es la transformación de la Nación. El sentimiento de fraternidad se basaba en la idea de una nación culturalmente homogénea, en realidad era más una novela que una realidad, era más una representación. En cambio, hoy con el flujo inmigratorio sabemos que las naciones no son más culturalmente homogéneas y, por eso, el imaginario de fraternidad se deshace. En todos los países de Europa, por ejemplo, se dice que ya no quieren pagar por los musulmanes, (los “otros”)…“. Algo de eso pasa entre nosotros. No tanto por la inmigración, sino por el viejo prejuicio clasista que traemos desde la colonia.

Y la respuesta estaba ya expresada hace mucho tiempo en un famoso, aunque ahora poco citado, apotegma peronista: “Nadie puede realizarse en una comunidad que no se realiza“. El desafío es decirlo en un lenguaje actual y creíble, revalorizando los conceptos, hoy diluidos, de “comunidad” y de “nación”.

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