Ideología, gestión y comunicación política

julio 14, 2013

la palabra

Con un poco más de tiempo, me siento obligado a comentar la nota de Eduardo Fidanza que subí en el posteo anterior. No es que esa nota sea tan importante, pero el tema puede serlo.

Y está el aporte de los amables visitantes en la columna de comentarios. Por ejemplo, Julio Burdman – uno de los mejores analistas políticos hoy (y no digo el mejor  porque los rankings son una tontería) – y CineBraille – ídem de los blogueros -, que señalan que ese artículo ilumina muy poco sobre Sergio Massa. Tienen razón, pero es que no habla sobre Massa, en realidad. Sino sobre el discurso que estaría de moda.

Por eso el ataque de Xanadu a S.M. «Massa es el Ollanta Humala de la PBA» – natural; se está en campaña y el tipo apunta como el desafiante más peligroso al oficialismo – erra el punto. Massa no tiene un «discurso progre» – más allá de definiciones políticamente correctas para no asustar a nadie (Ollanta tampoco lo tenía, de paso; era más bien «carapintada») – y eso es exactamente la clave. Fidanza no está hablando de un dirigente determinado: usa su campaña como muestra para describir:

«una redefinición de la comunicación política … cada vez más dominante y extendida. Las figuras que prevalecen en los sondeos recurren, disciplinados, a la caja de herramientas que provee el nuevo marketing … se advierten señales de agotamiento de la política basada en contenidos ideológicos y argumentos discursivos«.

Guido – otro de los comentaristas estrella del blog – marca «Como buen liberal conservador al viejo estilo, Fidanza es un “moderno” que muestra desconfianza instintiva ante los posmodernos«. Hay algo de eso, pero lo que me parece más interesante es el punto ciego del hombre de Poliarquía – alguien que debe haber estudiado todas las campañas políticas recientes de Argentina – cuando dice:

«Cuando se habla de fin de ciclo se reduce la cuestión al ocaso del kirchnerismo. Tal vez sea útil ampliar la visión y hablar de un cambio de cultura política. Es cierto: probablemente concluya el kirchnerismo, pero con él parece que terminarán también los grandes relatos de la democracia argentina que signaron sus 30 años, desde el comienzo épico de Alfonsín a la ilusión emancipatoria de Cristina«.

¿No tienen la impresión que – además de la obsesión con el «fin de ciclo» – este párrafo está pasando por alto las dos campañas de Menem en 1989 y 1995, la de la Alianza en 1999 y la de Kirchner en 2003? ¿Para no hablar de la de CFK en 2007 «Cristina, Cobos y vos«, remember? Es decir, está pasando por alto la mayor parte de estos últimos 30 años.

Quiero aclarar lo que yo planteo: Porque los «relatos» no son el invento de licenciados en comunicación atragantados con autores franceses modernos. Son la forma en que los seres humanos ordenamos nuestras ideas, especialmente sobre los temas que nos importan pero no hemos estudiado a fondo.

Entonces, Menem en 1995 ofrecía un «relato», cómo no: «Argentina será, está empezando a ser, como nos imaginamos son los países del Primer Mundo; próspero, prolijo, sin inflación, y con todos los artefactos modernos«. Y la Alianza planteó lo mismo, agregando «… sin corrupción, ni gronchadas exhibicionistas en la revista Caras«.

En 1989 Menem y en 2003 Kirchner no necesitaron para ganar un «relato» preciso: les bastó dejar claro que no eran eso que estuvo antes. Y la campaña de Cristina en 2007, tengamos presente, tuvo rasgos similares a la que podría ser la campaña de un Scioli, un Urtubey o aún de un Massa en 2015, si el kirchnerismo no puede imponer un sucesor de su palo pero conserva adhesión popular «Todo bien, pero es necesario bajar un cambio, mejorar las instituciones...».

Fue solamente en la campaña de Alfonsín en 1983 y en esta última de Cristina en 2011 donde tuvo un lugar importante – no el único, ni el de mayor repercusión en los votantes, claro – el tipo de relato a que hace referencia Fidanza «Después de un largo período en que dominaron las fuerzas anti nacionales, venimos a cambiar la historia…«. Es el que entusiasma a los militantes; y motiva a los opositores furiosos.

Creo que no es necesario decir que el «relato» conque se triunfa en una elección no determina la naturaleza del gobierno que viene a continuación. Pero tampoco debemos caer en el cinismo fácil que cree que no importa: Expresa a los sectores sociales que lo apoyan y las expectativas que tienen para ese gobierno. Y como la gente, o el pueblo como se decía antes, no se mete mucho en política pero no es boluda, establece el piso mínimo de lo que le exige.

Por eso, todos esos gobiernos expresaron a porciones del pueblo argentino que vieron reflejadas sus expectativas en lo que prometían. Y, por supuesto, despertaron, despiertan, la bronca o el odio de los que rechazan no sólo lo que hicieron, sino eso que prometían. Porque, salvo en los relatos más elementales, el pueblo no es una unidad con un sólo sentimiento y un sólo conjunto de valores.

Entonces, la comunicación política más hábil no puede plantearse «convencer» a todos. Las reglas de juego de la política democrática – no la llamo así como un juicio de valor, sino describiendo la de una sociedad moderna – obligan a que sea lo suficiente flexible para sumar la mayor cantidad de votantes, con distintos temores y sueños. El paso siguiente que se da – generalmente ya desde el gobierno – es construir, desde un liderazgo, que siempre es personal, una identidad.

Estas obviedades que me permito repetir aquí, están en cualquier manual de política. Eduardo Fidanza las conoce perfectamente, pero – es el problema de nuestros «republicanos», y de no pocos intelectuales críticos en general – no le gustan.


La despedida de un sindicalista

febrero 22, 2011

El titular de la Unión Ferroviaria, José Pedraza, fue detenido esta madrugada en el marco de la causa por el asesinato del militante del Partido Obrero (PO) Mariano Ferreyra, ocurrido el 20 de octubre pasado.

La Unión Ferroviaria declaró un paro por tiempo indeterminado por la detención de Pedraza.

Son dos noticias de hoy, y tienen que ver con la realidad de la política y el poder en Argentina. No quería pasarlas por alto, en particular porque frente a la reciente detención de otro gremialista, el Momo Venegas, subí dos posts, éste y éste, breves pero con una buena dosis de realpolitik.

Los dos arrestos tienen, por eso, algún aspecto parecido. Pero hay también una diferencia que es difícil precisar en términos de poder y política. Es un juicio que se hace sobre Pedraza como tipo. Por eso puse este título a estas líneas: el sindicalista dejó de serlo hace más o menos dos décadas, aunque siguió manejando un sindicato. Al menos, es lo que piensan muchos peronistas, y muchos sindicalistas.

Hay un texto de Mario Wainfeld, que es un peronista de izquierda y escribe bien – dos cosas en que se diferencia de mí – que conservé porque me pareció una muy buena crónica de lo que pasó con Pedraza. No pude ubicarlo en la Red, pero fue publicado en Página 12 el 15 de noviembre de 2009:

«En abril de 1979, el agrupamiento sindical rebelde conocido como “Los 25” convocó a un paro general contra la dictadura militar. Fue, de lejos, la reacción política pública más confrontativa contra el Proceso, en territorio argentino. La huelga, en un contexto de terror ciudadano, tuvo una acogida muy parcial, terminó con el arresto de numerosos dirigentes gremiales, tras un expediente sencillo: se los citó al Ministerio de Trabajo, ahí se los esposó y mandó en cana.

En la mañana de esa jornada memorable, un dirigente de “Los 25” aleccionó a un grupo de abogados, convocados para asistir a los huelguistas. El cronista que tenía, ay, poco más de treinta años era uno de ellos. El hombre los arengó y les dio instrucciones acerca de cómo organizarse, comunicarse y conectarse con los huelguistas y los líderes de la revuelta. El contexto no ayudaba, la represión era todavía feroz, no había celulares ni teléfonos públicos que funcionaran, los servicios de Inteligencia pululaban. El gremialista infundió mística, dio consejos prácticos. Los ojos le brillaban, transmitía convicción política, astucia de calle y savoir faire. Un cuadrazo, pensó y se entusiasmó el cronista, que veía por primera vez en su vida a José Pedraza.

… Tras haber sumado treinta años, quizás igual número de kilos y una fortuna apreciable, … (era) difícil encontrar en su mirada o en su aspecto al militante valiente que fue. Mucho más arduo es asociar su trayectoria ulterior con ese pasado. En el medio están la entrega de la red ferroviaria, el ataque a los derechos de sus compañeros de gremio, el desbaratamiento de las conquistas laborales de décadas que encarnó el menemismo, con el acompañamiento fervoroso de Pedraza…»

Un par de observaciones: El desguace de los ferrocarriles – que empezó mucho antes de Menem, en la época de Frondizi, con el Plan Larkin (bah, Acevedo) – no sólo tuvo el acompañamiento fervoroso de Pedraza. Un porecentaje muy importante de la sociedad argentina estuvo de acuerdo. Pero es cierto que ahí se marcó – aún para muchos sindicalistas, como dije, que no son sentimentales – el punto de no retorno. El sindicalista murió, herido por un cañonazo de oro. Quedó un empresario.

El homicidio de Mariano Ferreyra puede ser la más grave, pero no es la primera ni la más fundamentada jurídicamente de las acusaciones que se le han hecho. Ha «zafado» de otras. Su gremio, como corporación, como estructura de poder, lo defiende. La CGT debe evaluar su posición en este caso. Pero sé lo que piensan muchos de ellos. No les será fácil hacerlo.


Artemio López y el Potrero de los Funes

julio 6, 2007

«Cuando la Dra. Servini de Cubría, de tanta ductilidad a la hora de alinearse con el poder de turno dió vía libre al congreso de Potrero de los Funes, es más, judicialmente hasta lo impulsó, era evidente que algo extraño estaba sucediendo. Adolfo Rodríguez Saá se mostraba exultante por el respaldo judicial. Sin embargo, uno pensaba: Miren lo que teníamos diez días atrás en el escenario político: Macri con 61% de los votos porteños derrotando a la coalición ladriprogresista sin atenuantes, peticionando en la presidencia. Estaba en escena también Fabiana Ríos, reunida con el presidente como gobernadora electa del ARI en Tierra del Fuego, dirigente de trayectoria impecable en la provincia y vencedora de un poder mafioso aliado al gobierno. Miren lo que tenemos hoy en escena: Cristina Presidente por un lado y Eduardo Menem, Miguel Angel Toma, Héctor Maya, Julio César «Chiche» Aráoz, Ramón Puerta, Carlos Menem, Ramón Saadi, y congresales del duhaldismo y el lavagnismo entonando la marcha partidaria. Los Rodríguez Saá suponen que la reunión de Funes será uno de los «hitos» del peronismo. Tal cual, no Néstor?»

No pude resistir copiar este post del siempre ingenioso Artemio Al mismo tiempo, hago una pequeña advertencia; lo estrategia que insinúa es válida, y la elección de 2005 en la Provincia de B. Aires demostró que funciona. (Si de un lado está Drácula, y del otro un comando superior integrado por Menem, el Adolfo y el Ramón, el Conde tiene asegurada una buena franja de votos) Pero los muchachos que fueron a jugar al Potrero también conocen algo de estrategia: su intención es tratar de quitarle a Cristina un 20 % de los votos tradicionales del peronismo, no los de la clase media urbana. No es seguro que lo consigan; tampoco es imposible   (Abel)


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