Ucrania: tan lejos, tan cerca

marzo 29, 2014

manifestación en Ucrania

Los posteos sobre la crisis ucraniana, que comencé a subir el 23/2 (pongan Ucrania en el Buscador, si desean) tuvieron muchas visitas, además de, claro, los apasionados comentarios de las dos grandes hinchadas en las que hoy se divide el público argentino: los anti yanquis y los anti Putin.

Se me ocurre que la pregunta es si vamos a asistir, o no, a una remake de ese viejo éxito, la Guerra Fría. Pero eso es para postear con más tiempo. Ahora, quiero acercarles un fragmento de algo que leí de Gabriel Puricelli, que me parece muy lúcido sobre la situación política interna de Ucrania. Y que nos sugiere algunas ideas sobre las dinámicas políticas – ojo: muy distintas – aquí en la América del Sur.

Como en muchos países del antiguo bloque oriental, la política ucraniana de la era post-soviética, a falta de una tradición democrática previa, como la que ordenó a los partidos en bloques genéricamente burgueses y obreros en la mayor parte de Europa desde inicios del siglo XX, tendió a partir aguas entre regiones con características económicas y lingüísticas predominantes distintas: el este industrial y mayoritariamente rusófono, y el oeste agrario donde la mayoría habla ucraniano.

No se trata de una distinción que haya sido relevante siempre, sino de una que los políticos tomaron como eje para construir unas máquinas electorales mayormente desprovistas de ideología y que fueron vehículos para el reciclaje de viejos cuadros del sistema soviético, donde hicieron sus primeras armas la mayoría de los líderes que hoy se enfrentan en un conflicto que amenaza la continuidad de una Ucrania con las mismas fronteras de antes. Por eso no debe sorprender que al leer las biografías de Yanukovich (el depuesto presidente, pro ruso) y de su sucesor Turchynov (nombrado por la Rada, pro occidental) uno se encuentre con que el primero fue alto dirigente regional del ex-partido único (comunista) y el segundo, destacado líder de su rama juvenil, el Komsomol“.  (completo aquí)

Esta descripción de Puricelli me parece muy acertada. Eso sí, me interesa observar que lo de “máquinas electorales mayormente desprovistas de ideología” se aplica a los partidos políticos de masas en todas las democracias modernas ¿O al Partido Socialista Obrero español le quedan muchas de las consignas asociadas con su nombre? ¿O al Partido Republicano de los EE.UU., muchas sobre la abolición de la esclavitud que se enarbolaron en la campaña de Lincoln?

El punto, entonces, a remarcar es que en todos los países que aspiran a un sistema estable y razonablemente democrático, es conveniente que haya dos fuerzas – no irremisiblemente antagónicas – que den cauce a las diferencias y tensiones de toda sociedad moderna. Pero que el esquema convencional de “izquierda” y “derecha” tiene que ver con una tradición de la Europa Occidental que no se transplanta fácilmente.

Parece que los ucranianos se están dando cuenta de eso. Un día después que Putin le propone a Obama encarar a través de la diplomacia la resolución de las cuestiones pendientes, y el secretario de Estado John Kerry modifica su agenda para reunirse mañana domingo con su colega ruso Lavrov en París, el New York Times informa que Vitali Klitschko, el ex campeón de boxeo y una de las figuras más conocidas de la rebelión anti rusa, anunció que se retira en favor del magnate del chocolate Petro Poroshenko, el candidato mejor posicionado del sector para las elecciones presidenciales previstas para el 25 de mayo ¿Alguien mencionó a Capriles?

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