“Keynesianismo chabón”: Ahora, el mundo

marzo 1, 2016

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“Keynesianismo chabón”, lo aclaro para los nuevos en el blog, es la forma -superficial, lo reconozco- en que me referí en varias ocasiones a políticas económicas que se llevaron adelante por el anterior gobierno, en particular durante la gestión de Axel Kicillof.

Es porque el aporte fundamental de Keynes a la teoría económica consistió (simplifico) en demostrar que el mercado, la libre acción de los agentes económicos, no aseguran por sí solos  la mejor utilización de los recursos. Traducido a lo que interesa a todos: el desempleo y la recesión, es decir, la sub utilización de las instalaciones productivas, no se corrigen solas. Excepto, quizás, en un plazo tan largo que todos estaríamos muertos antes.

No fue el único pensador que tuvo esta percepción. Y puede decirse que la realidad lo había demostrado antes. Pero, sin duda alguna, fue Lord Keynes quien hizo la teoría respetable intelectualmente y usada por los gobiernos a partir de la Gran Depresión de los ´30.

Después, en los ´70, el clima de opinión del establishment capitalista se volvió contra ella: había contribuido al poder sindical y a la expansión de los “estados de bienestar”. Y no resultó eficaz en ese momento para salir de la “estanflación”: estancamiento con inflación. Fue demonizada por algunos y diluida en una nueva síntesis por otros. Pero, como los que manejan gobiernos poderosos y grandes grupos económicos no comen vidrio, cuando aparece alguna de las típicas crisis del capitalismo, usan sin vacilar herramientas apoyadas en la teoría keynesiana. El caso más reciente, y alevoso, es el QE “quantitative easing”, que es como se le llama a la compra a partir de 2008 por parte de la Reserva Federal de EE.UU. de trillones (el término anglo para indicar millones de millones) de dólares de bonos basura y créditos incobrables para mantener en pie el sistema bancario. Emitir dinero, bah.

Si llamé “chabona” a su aplicación entre nosotros, es porque Keynes consideraba que la expansión monetaria, o la creación de empleo no productivo por el Estado, eran útiles y necesarios cuando existía capacidad ociosa en la economía, cuando la demanda era inferior a la oferta. Nunca se le ocurrió que podían reemplazar a la inversión, pensar que la demanda creaba instantáneamente la oferta.

Tampoco lo creo yo, claro, y de ahí mi ironía. Pero tengo que reconocer -por eso dije que fui superficial- que los estímulos que se aplicaron durante la experiencia kirchnerista sirvieron para mantener el nivel de actividad, el de empleo y una modesta prosperidad de los numerosísimos sectores medios. Se chocó, era previsible, con la “restricción externa”, la escasez de divisas, mal endémico desde hace más de 60 años de la economía argentina. Pero, en conjunto, resultó mucho mejor para todos, empresarios y trabajadores, que el resultado que están mostrando las medidas “ortodoxas” que se toman a partir del 10 de diciembre: ajuste con inflación.

Toda esta introducción -en la que me metí a traducir al lenguaje de los legos como yo la teoría económica- no es para hablar solamente de nuestra situación actual. Como hago a menudo en el blog, quiero mencionar lo que está pasando en el resto del mundo. Porque tiene que ver con lo que, tarde o temprano, nos pasará a nosotros.

Este es uno de los artículos que les acerco de Martin Wolf, editor asociado y columnista económico principal del Financial Times. Uno de los “sinarcas” de la City de Londres, dirían mis amigos más exagerados. Léanlo. Y créanme, si la situación global hace que allí se estén considerando estas medidas… Kicillof va a terminar pareciendo tímido y convencional.

La economía mundial se está desacelerando, tanto estructural como cíclicamente. ¿Cómo pudieran responder las políticas? Con desesperadas improvisaciones, sin duda alguna. Las tasas de interés negativas ya han pasado de lo impensable a la realidad. El siguiente paso es probable que incluya la expansión fiscal. De hecho, esto es lo que recomienda la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) — la cual ha sido durante mucho tiempo entusiasta de la austeridad fiscal — en su informe provisional de perspectivas económicas. Pero es poco probable que eso represente el final. La expansión fiscal pudiera conllevar apoyo monetario directo, incluyendo la política más radical de todas: la introducción del “dinero helicóptero” (repartir dinero sin contraprestaciones), recomendada por el fallecido Milton Friedman.

Más recientemente, ésta es la política prevista por Ray Dalio, fundador del fondo de cobertura Bridgewater. Él argumenta que la economía mundial no sólo se está desacelerando, sino que “la política monetaria 1” — unas menores tasas de interés — y “la política monetaria 2” — la flexibilización cuantitativa — se han mayormente agotado. Por lo tanto, Dalio aseguró que el mundo necesitará una “política monetaria 3”expresamente dirigida a fomentar el gasto. El implementar una necesaria política de este tipo también es la recomendación de Adair Turner, expresidente de la Autoridad de Servicios Financieros del Reino Unido, en su libro ‘Between Debt and the Devil’ (Entre la deuda y el diablo).

¿Qué pudiera conducir al mundo a utilizar tales medidas? La respuesta corta es que la economía mundial se está desacelerando de manera duradera. La OCDE ahora prevé que el crecimiento de la producción mundial en 2016 “no va a ser mayor que en 2015, en sí el más lento durante los últimos cinco años”. Detrás de esto se halla una realidad simple: el exceso de ahorro mundial — la tendencia de los ahorros deseados a subir más que la inversión deseada — está creciendo y, por lo tanto, el “ síndrome de deficiencia de demanda crónica” está empeorando.

Esta etapa de debilidad de la demanda debe considerarse dentro de su contexto histórico. La tasa de interés real a largo plazo en valores seguros ha estado disminuyendo desde hace al menos dos décadas. Ha estado cerca de cero desde la crisis financiera de 2007-09. Antes de eso, un insostenible auge crediticio occidental compensó la debilidad de la demanda. Posteriormente, los déficits fiscales, las tasas de interés cero y las expansiones de los balances de los bancos centrales estabilizaron la demanda en el Occidente, mientras que una expansión del crédito financió masivas inversiones en China. Las permisivas políticas monetarias occidentales y las permisivas políticas crediticias de China también impulsaron el auge de las materias primas después de la crisis, aunque el excepcional crecimiento de China fue el factor más importante.

El fin de estos auges crediticios es una importante causa de la débil demanda actual. Pero la demanda también es débil en relación con una desaceleración del crecimiento de la oferta. A nivel mundial, el crecimiento de la oferta laboral y de la productividad laboral ha caído fuertemente desde mediados de la década pasada. Un menor crecimiento de la producción potencial en sí debilita la demanda, ya que reduce la inversión, siempre un motor esencial del gasto en una economía capitalista.

Los legisladores deben prepararse para una nueva “nueva normalidad” en la que las políticas se vuelvan más incómodas, menos convencionales, o ambas. ¿Puede el mundo escaparse de la debilidad crónica de la demanda? Absolutamente sí. ¿Podrá hacerlo? Eso exige más audacia. Cuando hemos exprimido lo posible, lo que queda, por más improbable que sea, debe ser la respuesta“.


Stratfor – la CIA privada -, China y lo que cree el sistema

julio 27, 2013

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Stratfor Global Intelligence es una empresa norteamericana fundada en 1996 por George Friedman que se dedica a proveer información, “inteligencia” y análisis geopolítico para sus suscriptores.

He hablado de ella, y he utilizado su material otras veces en este blog. Por ejemplo, aquí y aquí. Como todas las entidades de ese tipo – incluída la C.I.A. oficial, y nuestra propia Secretaría de Inteligencia – reúne muchos datos interesantes, muchísimo material dudoso y una inmensa cantidad de chismografía trivial y tonterías varias. Es inevitable.

Igual, sus informes, cuando versan sobre los temas y regiones que son de interés para su público – en su mayoría funcionarios y empresarios de los países desarrollados del Atlántico Norte – son valiosos. Porque, además, nos ayudan a percibir cómo piensan quienes los hacen. Con esa mentalidad que tiendo a considerar típica del estadounidense de buena formación intelectual: aguda, realista y superficial. Con una cierta incapacidad para empatizar con los valores de otras culturas.

Y vaya si es importante entender cómo piensan. Después de todo, y a pesar de sus problemas, EE.UU. sigue siendo el grandote del barrio.

Recién yo subí una evaluación de los problemas de China escrita por el profesor Paul Krugman, un estadounidense de buena formación intelectual, de la variedad economista keynesiano.

Y entre algunos amables comentaristas hubo una cierta tendencia a decir algo así como “Sí, sí, Krugman habla de los problemas de China, pero no dice nada de los problemas de EE.UU.“. Me permito señalarles que no es tan así – Krugman es muy crítico de las políticas del establishment yanqui – pero eso es irrelevante. Los que toman las decisiones en esa sociedad, no son – por ejemplo – como militantes políticos que no sólo quieren ganar una elección sino además decirse y que les digan que van a ganar.

Como dije antes, tienen una tradición de pensamiento realista – aunque se engañen a sí mismos como cualquier otro ser humano. Por eso su enfoque no versa sobre a qué país le va mejor o peor – asumen que de los problemas de China se preocuparán los chinos. Su preocupación está centrada en el sistema global – y la “implosión” china se refiere en realidad a que China dejará de cumplir el rol fundamental que tuvo en ese sistema global en los últimos 30 años.

Por eso, el análisis que George Friedman publicó recientemente en Stratfor: Recognizing the End of the Chinese Economic Miracle, en el que comenta entre otras cosas la nota de Krugman, es interesante más que por los datos que agrega, porque nos permite apreciar, en su síntesis final, cómo ven los sectores dirigentes de la sociedad norteamericana – y del capitalismo global – la situación actual y – lo más importante – sus expectativas para el futuro:

China va a seguir siendo una gran potencia, y su economía seguirá siendo muy importante. Estar con problemas no es lo mismo que dejar de existir. China siempre existirá. Simplemente, dejará de ser el país clave por sus bajos salarios y alto crecimiento. Al igual que Japón antes, pasará a jugar un papel diferente.

En el sistema global, siempre hay países con salarios bajos, de alto crecimiento, porque los consumidores de las potencias industriales avanzadas quieren absorber bienes baratos, con bajos costos de manufactura. Convertirse en un proveedor de dichos bienes es una gran oportunidad para esos países, y también una fuente de graves desequilibrios. Ningún país puede reemplazar a China, pero China será reemplazada. El siguiente paso en este proceso es la identificación de los sucesores de China“.

Por mi parte, me permito señalar mi escepticismo. La falta de sentido histórico que muestra, curiosamente, Friedman en estas líneas no le permite apreciar que ese “siempre” se refiere a los últimos 40 años, cuando se produce la radicación en los países de bajos salarios de las industrias que habían nacido en América del Norte y en Europa Occidental. Un proceso que se ha detenido, y parecería que ha empezado a revertirse.

Pero tengamos claro que ésta no es una discusión teórica. La visión sintetizada en esas líneas es la que sostienen sectores muy importantes del capitalismo global – apoyados por buena parte de la población de los países industrializados y minorías importantes en los países emergentes. Estamos hablando de centenares de miilones de personas que se han beneficiado de este esquema, y a los que – además – nadie les está ofreciendo alternativas visibles.

Los argentinos, y nuestros socios en América del Sur, corresponde que agregue, no enfrentamos este dilema. No tenemos un lugar en este sistema, ni como consumidores – no somos  tan prósperos – ni, afortunadamente, nuestros salarios son tan bajos como para competir. Nuestra preocupación debe ser construir un bloque económico viable que nos proteja de los conflictos que se produzcan por la perduración disruptiva de este esquema, o por su reemplazo por un nuevo proteccionismo.


Los peligros de la política antiinflacionaria

febrero 22, 2011

Cuando hace menos de una hora leí este artículo Brasil puede estar yendo hacia una crisis “subprime” en el Financial Times, archivé el borrador de un post sobre colectoras en la Capital, y me puse a traducir los párrafos más relevantes. En parte, porque la estabilidad brasileña es un interés primordial de los argentinos, como socio clave en América del Sur, nuestro vecindario, y como el principal mercado de nuestras exportaciones industriales. Pero sobre todo, porque es un indicador muy elocuente de los peligros de la lucha contra la inflación, la lucha que todos dicen – y, cosa rara, tienen razón – que deberíamos dar.

Por eso, quiero explicar con cuidado lo que trato de decirles. Estoy tan convencido como… Lucas Llach, por ejemplo, y desde hace tiempo, que la inflación es el “talón de Aquiles” de las políticas de Néstor y de Cristina Kirchner. Tenemos una inflación alta, más allá de las pavadas que se dicen, y si se llega a desbordar, se llevará puesta no sólo al gobierno kirchnerista sino, mucho peor, a una política que ha mantenido vigentes las paritarias, actualizada la jubilación mínima y atendidas una parte, al menos, de las necesidades básicas de la población sumergida.

Tengo claro que la deuda social sin atender es mayor, y que las políticas sociales apenas ayudan a sobrevivir a los marginados, sin sacarlos, en la gran mayoría de los casos, de su situación. Pero también comprendo que una crisis inflacionaria no resultará sino en ajustes brutales y más sufrimiento para los más vulnerables. Ya nos pasó, demasiadas veces.

El problema es que cualquier política antiinflacionaria, aún si no se lleva a cabo con un sesgo antipopular o por quienes creen en la religión del ajuste y la “confianza de los inversores”, tiene costos. El artículo que linkeo arriba muestra un caso típico.

Elocuente para nosotros, especialmente, porque la historia económica reciente de Brasil tiene algunos paralelos con la nuestra, en una versión más “prudente”. Fernando Henrique Cardoso, a partir del Plan Real en 1994, lleva adelante la modernización de la economía brasileña, en clave globalizadora, que Menem impulsó en Argentina. Eso sí, sin el grado de desindustrialización y de extranjerización de empresas que sufrimos aquí.

Y la gestión de Lula ha estado asociada con las políticas sociales que en Argentina se despliegan en las gestiones Kirchner. Manteniendo políticas económicas más ortodoxas y prudentes, que – después de un tiempo – merecieron el aplauso de los mercados internacionales, y, sobre todo, un control riguroso de la inflación.

Lo interesante de este artículo es que los Sres. Paul Marshall, CIO de Marshall Wace y co-gerente del Eureka Fund, y su co-autor, Amit Rajpal, gerente de portfolios de MW Global Financials Funds (no les hace recordar una película en que un asesino serial escribía con la sangre de sus víctimas “Deténganme antes que mate otra vez“) describen los motivos por los que las políticas antiinflacionarias que aplica Brasil pueden llevarlo a una crisis grave. Léanlo (el artículo completo tiene más datos sobre el sistema bancario brasileño, pero los que están en condiciones de apreciarlos seguramente dominan el inglés).

Brasil puede estar yendo a una crisis “subprime”

por Paul Marshall  – 21 de febrero 2011

Brasil ha estado en una borrachera de crédito – en los últimos cinco años el crecimiento del crédito ha sido de 2,4 veces el Producto Bruto Interno. Esto se compara con 2, 1.6 y 1.2 veces para Rusia, India y China, respectivamente.

Normalmente esto no sería un problema. Viene de un nivel bajo de “apalancamiento”, y la proporción de los préstamos al PBI es sólo del 46 %, lo que se compara con la deuda del sector privado en los EE.UU.: el 165 % del PBI.

El problema radica en la carga que esta deuda está imponiendo a los prestatarios. A pesar de la caída de la inflación a una tasa razonable de 6 % anual, los bancos brasileños están cargando una tasa de interés activa promedio de aproximadamente el 25 % y, en caso de créditos al consumo, las tasas están muy por encima del 30 % (¿les suena?). Esto significa que la mayoría de los prestatarios de Brasil están pagando un interés “real” de alrededor de 20-25 % frente a una norma de 1 a 3 % en la mayoría de países… Los préstamos en Brasil son punitivamente caros (También en Argentina, reconozcamos, donde no se justifican en una política antiinflacionaria).

Para los consumidores en particular, las consecuencias son muy graves, pues la carga del servicio de la deuda se ha elevado al 24 % de la renta disponible y se espera que siga aumentando, a medida que las tasas crezcan. Nuestra estimación es que la carga llegará a la altura de un exorbitante 30 % en 2012. Para ponerlo en contexto, los consumidores de EE.UU. “explotaron” cuando la carga del servicio de la deuda llegó al 14 % (hoy es aproximadamente del 12 %). En otras palabras, el consumidor brasileño tiene el doble de carga de deuda desde el punto de vista de flujo de efectivo en relación con un consumidor de EE.UU., las que siguen siendo consideradas como demasiado apalancadas.

La situación en Brasil es preocupantemente similar a la crisis de las hipotecas de alto riesgo en los EE.UU. Una gran cantidad de crédito está siendo empujado por los bancos a tasas elevadas a los consumidores que, inevitablemente, no serán capaces de pagar esa deuda.

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Desde el punto de vista macro, una baja tasa de ahorro y una moneda sobrevaluada están poniendo presión sobre las tasas de crecimiento y en la posición competitiva de la economía. Por eso, Brasil estimula el crédito, para sostener tasas de crecimiento en línea con sus pares BRIC. Pero la realidad es que países como China y la India han tenido más éxito en lograr altas tasas de crecimiento, manteniendo altas tasas de ahorro y más competitivas a las monedas. El problema para Brasil es que el país necesita reequilibrarse hacia mayores tasas de ahorro e inversión.

La historia de Brasil está llena de accidentes relacionados con la debilidad en las cuentas externas, la elevada inflación y las devaluaciones de la moneda. En fecha tan reciente como la década de 1990, Brasil se enfrentó a un conjunto similar de problemas, lo que provocó una caída del 65 % en dólares de EE.UU. de sus mercados bursátiles entre finales de 1997 y finales de 2002 (Otra vez: les suena familiar?)

La economía de Brasil ha sido muy fortalecida en la última década, y el país se ha visto recompensado por los mercados de bonos. Sin embargo, Brasil necesitará habilidad política para manejar su burbuja de crédito actual, sin perder el control. Cualquier desaceleración de la economía y el aumento correspondiente en las tasas de desempleo podrían crear una espiral de iliquidez al extraerse el crédito del sistema.

Los mercados financieros brasileños han sido grandes beneficiarios de la baja inflación mundial, pero por desgracia para el Brasil, la tasa de interés mundial se eleva a causa de las presiones inflacionarias generalizadas. Es el momento equivocado para una economía que puede haber estado demasiado entusiasmada con la desinflación.


¿EE.UU. y Europa en el sendero luminoso de De la Rúa?

enero 16, 2011

(Comienza la 2° quincena, en el Hemisferio Sur hace calor, y disminuirán visitas. Pero uno, si tiene un rato libre, no deja de subir opiniones o cosas que le llaman la atención. Tengo que pensar como pueden ordenarse, para aprovechar los comentaristas de lujo que tengo. Por ejemplo, después de escribir el post anterior, leo esto en el Financial Times:

El peligro de default en U.S.A.

Fue la más sorprendente de las advertencias. Si los EE.UU. no consiguen poner sus finanzas en orden “vamos a tener una situación europea en nuestras manos, y posiblemente peor“, afirmó Paul Ryan, el nuevo presidente republicano del comité de presupuesto de la Cámara de Representantes.

Las consecuencias de no hacer frente a la carga del aumento de la deuda serían graves, dijo la semana pasada a una audiencia de expertos en presupuesto y prestigiosos economistas en una reunión en Washington. “Vamos a tener los disturbios en las calles, vamos a tener defaults, vamos a tener todos esos feos problemas“, como “los jóvenes franceses lanzando cócteles Molotov a los autos y quemando escuelas, porque la edad de jubilación se mueve de 60 a los 62 años“.

Hoy por hoy, los EE.UU. toman prestado alrededor de 40 centavos de cada dólar que gasta. Frenar el déficit presupuestario ha sido la misión declarada de Mr. Ryan, una estrella en ascenso de los republicanos, durante varios años. Pero este tipo de llamadas a la acción se han multiplicado en Washington en los últimos meses, iniciando lo que algunos dicen es el más feroz debate sobre la política fiscal y presupuestaria en las últimas décadas.

Los riesgos son grandes. Si el gobierno exagera con la austeridad, recorta demasiado y demasiado rápido los gastos, podría abortar la recuperación económica en ciernes (¿Remember Machinea?). Pero si el sistema político no puede forjar algún tipo de consenso sobre las medidas para restaurar el déficit de EE.UU. a niveles sostenibles, el riesgo es potencialmente mayor: una crisis de deuda soberana en la mayor economía del mundo.

(El artículo original es mucho más largo y detallado que los párrafos iniciales que traduje. Como Financial Times a veces es poco generoso con sus notas, pueden acceder también por aquí)


“La fria Europa está sintiendo el calor de la brisa de China”

enero 15, 2011

Esa poética expresión la escribió la semana pasada Liu Xiaoming, el embajador chino en Gran Bretaña, y la reproduce el órgano oficial de su gobierno, el Diario del Pueblo, en un informativo artículo donde detalla la visita del vicepremier Li Keqiang a Europa.

Don Li estuvo en Inglaterra, Alemania y España, firmó tres acuerdos comerciales por un poco más de 20 mil millones de dólares, anunció inversiones chinas a llegar y llamó a que las firmas europeas inviertan en China, especialmente en las regiones del centro y del oeste. Don Liu, que evidentemente es un estudioso de sus clásicos, había escrito que China está haciendo lo que recomienda un antiguo proverbio sobre “el envío de carbón cuando nieva“.

The Economist, tradicional vocero del establishment británico, tiene como podía esperarse una visión menos poéticaChina tiene buenas razones para ayudar a Europa, su mayor mercado de exportación y una fuente importante de tecnología y know-how. La compra de bonos europeos ayuda: a detener la caída del euro que encarece las exportaciones de China, a proteger sus inversiones denominadas en euros, y a la diversificación de las reservas chinas que prefieren que no sean todas en dólares. Sin embargo, la escala de la compras de bonos no está clara (¿les suena?). Sin duda, no ha sido suficiente para calmar el pánico en los mercados“.

Y agrega con inocultable fastidio “En octubre pasado las autoridades italianas hasta pusieron linternas chinas y bañaron el Coliseo de Roma en luz roja comunista para dar la bienvenida a un alto dignatario chino. Es una señal de lo rápido que China está creciendo, y la rapidez conque Europa se ha quedado atrás, que los líderes europeos deben aferrarse para su salvación a un país que, por más que sea muy grande, su economía es el tercio del tamaño del de la Unión Europea“.

Los que quieran ver los comentarios europeos originales pero en nuestro propio idioma, pueden ir a El País. Pero, más allá del sarcasmo “La semana pasada nos brindó una versión posmoderna de “Bienvenido Mr. Marshall“, con el Gobierno poniendo alfombras a Li Keqiang, representante del nuevo imperio chino“, sólo agrega una visión amarga: nada va a salvar al gobierno socialista, y se viene la Derecha… (que tampoco hará nada, claro).

Atención: No estoy diciendo que estas actitudes de China aseguran que Larry, de los 3 chiflados, pierda su apuesta. El dijo que “Europa se dirige directo a un colapso económico-financiero de proporciones gigantescas. Es inminente el mayor default de la Historia“, y puede ser cierto. La Unión Europea no puede mantener el nivel de vida y consumo que, durante algunos años, brindó a sus ciudadanos (en porciones muy desiguales, claro).

Pero tengo algunas dudas. Aunque el reparto haya sido injusto, la mayoría de los europeos logró una calidad de vida y una seguridad que sus abuelos no soñaron. No abandonarán fácilmente las instituciones que identifican con esa realidad. Y, aparentemente, las potencias emergentes del Asia perciben ventajas en que esa Unión, su mercado, no se derrumbe. Son condiciones que no se dieron en un colapso mucho menor, el de la economía argentina en el 2001.

Dejando de lado intentos de mirar en la bola de cristal, es importante para nosotros que tomemos en cuenta que la crisis en la Unión Europea, con sus características especiales, tiene lugar en un sistema global interconectado – en el que también estamos nosotros.

Y hablando de interconección les dejo con un cuadro ya viejo, donde se hace una extrapolación de los vínculos aéreos entre Europa y China.


Manolo! En USA hablan de default!

enero 5, 2011

Disculpen la informalidad. Pero mi erudito e informado (no es lo mismo) amigo Manuel Barge desde hace tiempo se deleita en registrar en su blog el derrumbe de los mercados financieros autoregulados, las políticas económicas serias de los países centrales, y otras leyendas de nuestra infancia. El último ejemplo que detalla es la forma cómo en Alemania se analiza la posibilidad de la emisión de una moneda de circulación restringida a determinados países de la Unión Europea, apta para la cancelación de deudas fiscales. Es decir, un patacón europeo.

Pero aún a su ojo avizor, que hasta informó de la insolvencia de California, se le pasó esta noticia:

Un asesor de Barak Obama sugiere que EEUU suspenderá pagos si el Congreso no aumenta el límite de deuda

Por su lado, Bernanke explica al Senado los riesgos que todavía sufre el país

José Hervás.– Austan Goolsbee, jefe de los asesores económicos del presidente de Estados Unidos, ha lanzado lo que a todas luces parece algo más que un globo sonda: si el Congreso no eleva el límite establecido para aumentar la deuda, los riesgos que asume la economía mundial serían  “catastróficos”. En su intervención en el programa de televisión “This Week” de la cadena ABC, el asesor de Barak Obama explicó que “si llegamos al punto en que dañamos la plena confianza y el crédito de Estados Unidos, estaríamos en la primera moratoria de la historia causada por pura insensatez”. No hablaba de una mera hipótesis. Para ser inicios de año, no se puede pedir más emoción.

(El endeudamiento permitido a Estados Unidos tiene un límite fijado por el Congreso de 14,3 billones de dólares. Al ritmo actual, el Gobierno podría alcanzar este límite en el primer trimestre)

A los lectores de este blog que tenga bonos del Tesoro, les encarezco calma. Hay un run, run, como diría un andaluz, pero no lo van a hacer. Austan Goolsbee es joven, texano y viene de Yale (Skull & Bones), así que le gusta lanzar desafíos. Pero tampoco es una inconsecuencia; el presidente del Consejo Asesor Económico de la Presidencia no las dice. Lo veo como un aviso al Congreso. Y otro paso en la demolición de nuestras creencias infantiles. Luego se las tomarán con los Reyes Magos…


Europa y la economía primitiva

enero 3, 2011

Sobre la Crisis global y, en especial, sus manifestaciones en Europa, se escribió mucho (entre otros lugares, en este blog). Pero a lo mejor vale la pena dejar de leer un rato a los economistas y politólogos, y escuchar a un poeta.

Encontré esta nota del portugués Gonçalo M. Tavares, “Europa, continente primitivo“. Se me courre que alguna de las cosas que dice tienen que ver con la economia, en otros lugares también:

… la política ha invadido el campo del idioma. Y con la política europea, la economía. Hace tiempo que en estos ámbitos, ya no se trata de desplazar las cosas materiales, de decidir sobre el reino vegetal, animal o humano. Ahora, casi todo se decide en el ámbito de los signos (de las cifras y las letras).

La antigua separación entre el signo y la cosa. La famosa frase de “la palabra PERRO no muerde”: si se ponen los dedos sobre la P, la E o la R no arriesgamos nada, los dedos seguirán intactos, la P y la E no muerden, es una antigua lección de lingüística. Con esta distinción se inauguró la modernidad. Los primitivos no creían en esto, no creían en dos mundos separados. Para los primitivos, el signo ya era algo. El dibujo del ciervo no era el dibujo de un ciervo: era el ciervo en sí mismo. No había diferencia.

En cierta forma, Europa, desde hace varios decenios, ha acentuado su lado primitivo. Ha vuelto a creer en la magia. Casi toda la economía actualmente se encuentra en el mundo abstracto, en el mundo de las letras y las cifras y no en el mundo de las materias con volumen. Porque la antigua economía era así: dos vacas que se intercambiaban por 1.000 gallinas; fábricas y máquinas, árboles que se vendían o se compraban.

Sin embargo, poco a poco, los elementos vivos y los metros cuadrados desaparecieron de la escena. Quedaron papeles con signos y cifras y Europa se transformó de este modo en un Nuevo Continente Primitivo, en el que la gente adopta comportamientos idénticos a los de las tribus amazónicas que confundían los signos con lo real y que creían que la letra A o un dibujo podía acabar con ellos o condenarles.

Si escribimos en un papel la frase “este papel vale cien mil euros”, no creeremos que ese papel, esa hoja antes en blanco, a partir de ahora vale 100.000 euros. Pero si tomamos una cierta distancia, nos damos cuenta de que, en parte, la caída económica a la que asistimos hoy se debe a un proceso parecido, a gran escala.

La economía abstracta se ha instalado ahí, precisamente, en el ámbito de la creencia. Quien posea un papel formalizado con algún símbolo o sello (signos, al fin y al cabo) de una Institución Financiera cree que ese papel vale, si pensamos en las acciones por ejemplo, 2 euros un día, 1 euro y medio al día siguiente y 3 euros la semana siguiente. Estas subidas y bajadas en el valor de las acciones, para quien no sea experto y no comprenda nada de nada, resulta algo aún más extraño. No es únicamente la creencia fijada en un signo, como en el caso de los primitivos. Ahora se trata de una creencia fluctuante, que cambia cada día el valor material que atribuye al signo.

Lo más absurdo es que la creencia en lo abstracto, esta vuelta al pensamiento primitivo que ha invadido el mundo actual, viene acompañada de una destrucción sin precedentes de la materia concreta. En Europa se han matado vacas y se han destrozado barcos, se han abandonado campos cultivados, se han destruido máquinas o se han parado, porque no había que producir más de una cantidad determinada. Año tras año, los dos procesos han avanzado en paralelo: destrucción de cosas que en el mundo tenían volumen y multiplicación de los papeles sin volumen que simbolizaban la riqueza. En el fondo, se ha creído que la riqueza estaba en los signos y que las vacas, los barcos o los metros cuadrados eran riqueza, sin duda, pero antigua, obsoleta, inadecuada. Una riqueza sin higiene, se podría decir.

Y durante años, se han intercambiado papeles por aquí y por allá. Pequeñas hojas tamaño A4, A5 o A6 que pasaban de mano en mano; y en cada transferencia, por arte de magia, estas hojas A4 parecían aumentar de valor. Como un pase de testigo mágico: el individuo A pasaba un papel al individuo B, que a su vez lo pasaba al individuo C, que lo pasaba al D, y el último de la cadena, finalmente, creía que el papel que había recibido valía mil veces su valor inicial.

En resumen, nadie duda de que la crisis en Europa sea consecuencia de muchas causas, pero parte del problema estriba en el hecho de que nos enfrentamos a partir de ahora a un cambio de creencia. La Iglesia de lo Abstracto, la creencia en el papel que vale dinero, parece haber llegado a un callejón sin salida y el número de sus fieles disminuye, algunos la abandonan voluntariamente, otros en contra de su voluntad, muchos de forma trágica…


La crisis y la Argentina

agosto 18, 2007

Cuando hay tormenta en los mercados, puede ser un buen momento para leer sobre economía. No es tan bueno para escribir, porque el porcentaje de pavadas (que en la Red siempre es alto) aumenta desmesuradamente: los que vienen prediciendo desde hace muchos años todos los derrumbes (excepto los que suceden realmente; ahí nunca nos avisan en tiempo) se montan en sus megáfonos (o, en Internet, en sus cadenas de mails). También abundan en Argentina los que aprovechan la crisis para demostrar que el gobierno – o por lo menos, el ministro – debe ser cambiado para enfrentar  la catástrofe cercana (Ver como ejemplos “¿Vendrá la crisis que viene?” y Sólo dos por la Presidencia) y los que dicen que “no se gatilla una corrida cambiaria ni la economía se paraliza… estamos en la orilla de la playa observando el incendio del casino, y hasta hace poco se estaba en el medio de las llamas” (Ver aquí).

Sobre los que mezclan sus opiniones políticas y económicas escribí aquí, hace muy poco. Cabe que me juegue con mi opinión, breve: Esta crisis es una típica burbuja provocada por la sobreliquidez (exceso de capitales en relación a la inversión genuina) internacional, no demasiado diferente de las originadas en las empresas puntocom, o en los deudas de los países emergentes – los casos de México, el sudeste asiático, la Argentina… Como tal, sus efectos en la economía real están acotados en el tiempo, y se reflejará sobre todo en el encarecimiento del capital (dependiendo de cuán resuelta esté la Reserva Federal a rescatar a los especuladores). Es cierto que, con el modelo actual, nuestro país es menos vulnerable a los temblores. Igual, no será gratis: al gobierno – y a las grandes empresas, con acceso a financiamiento externo – conseguir recursos les saldrá más caro de lo que preveían hace un mes.

Queda una pregunta muy importante: esa sobreliquidez, y las condiciones económicas internacionales que la provocan, (el super consumo estadounidense, el crecimiento y la disposición a acumular créditos en dólares de China, para mencionar las más visibles) ¿cuánto van a durar? (Nada es para siempre, ya sabemos) En particular ¿esas crisis recurrentes indican una debilidad estructural en la situación actual? Hay un indicio inquietante: la caída del mercado de hipotecas pedorras en U.S.A. ha tenido en el mundo una repercusión más grave que sucesos comparables como el derrumbe de las puntocom, para no hablar de la quiebra del LTCM o de Enron.

Pero sobre este tema, y sus consecuencias para nosotros, no tengo los conocimientos necesarios para opinar con autoridad (Y no creo que tampoco los tenga un comité de Premios Nobel en Economía, aunque tengan superlativamente más que los míos). Un solo consejo: seamos cautelosos.

Lo que sí quiero señalar es lo que me parece una equivocación que esta crisis provoca en un análisis inteligente (con las tonterías mejor no perder tiempo). En el mundo blog local hay muy buenos sitios que hablan sobre economía en serio, aunque no necesariamente uno esté de acuerdo con ellos: La ciencia maldita, Abuelo económico, Los 3 chiflados, … Uno de los mejores es el de Miguel Olivera. Él publicó ayer “Viento en contra”, donde hace un listado de los problemas que va a tener un previsible gobierno de CFK, que no tuvo el gobierno de su marido.

Recomiendo leerlo. Es muy bueno, y yo estoy de acuerdo, aunque me permito disentir con el penúltimo: Sin mucha liquidez internacional. Pienso que es una situación de corto plazo, como dije arriba, y – sobre todo – no creo que la excesiva liquidez internacional sea conveniente para un país en desarrollo.

Pero mi diferencia principal es con el título, y el enfoque que le da ya con el primer párrafo: “Finalmente el mundo nos juega en contra. Este mundo de apalancados con nombres impropios (hedge funds que no ofrecen cobertura o carry trades que se mancan) y acrónimos cacofónicos (ABS, CDO, SIV, ABCP, entre otros) empieza a desandarse, a desapalancarse. Y lo que llevó tiempo armarse se da vuelta en un sopetón… como un parto, aunque sin la alegría del resultado. Al revés.”

Me parece un enfoque equivocado. Los problemas que enfrentará el próximo gobierno, los que ya han aparecido, no tienen nada que ver con esta tormenta en los mercados. Y cuando termine, lo que concebiblemente puede ser en muy corto plazo, los problemas seguirán vigentes.


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