Las drogas, el delito y la policía

octubre 30, 2014

famosos arrestados

Este es un tema que está de moda. Tal vez demasiado. Y ya he escrito mucho en el blog sobre él (pongan “drogas” en el Buscador y verán). Si vuelvo ahora es por motivos casuales. Hoy leo que Miguel Ángel Pichetto,  jefe del bloque oficialista de senadores y tipo prudente, dijo que la provincia de Santa Fe se ha “convertido en la nueva Medellín” (no se refería a la recuperación urbana). Y en una visita reciente a Uruguay, leí en el diario más importante de allí que hay “20.000 bocas de venta de drogas en Montevideo“.

Podría ironizar sobre gobiernos socialistas, pero veo lo que pasa en el Gran Buenos Aires – no sólo en Morón, eh – y prefiero no escupir para arriba. En estos días hay estudiosos que están aportando material y reflexión – hoy leo a Javier Auyero – que ha estudiado a fondo y sin sentimentalismo la marginalidad – en La Nación. Jorge Ossona también abunda en el tema en notas que aparecen en Clarín; una de las mejores creo haberla citado hace algunos meses Cómo operan los narcos en los barrios populares.

El problema es que los intelectuales no son los más adecuados para, por sí solos, elaborar el discurso político que debe convencer a las mayorías. Y eso que menciono a lo que se publica en diarios nada garantistas. Si llego a citar notas de Página 12, el Secretario Berni me retira el saludo. Y ningún presidenciable querrá que lo asesore.

Igual, no es sólo el lenguaje; a los de ciencias sociales les resulta difícil pensar en términos de las medidas concretas, dentro de los reglamentos vigentes, que deben llevarse adelante con el personal que hay y las partidas que están aprobadas en el presupuesto.

Dentro de esos límites, personalmente invito a pensar las propuestas que elaboró el grupo de La cuestión drogas en Argentina, entre ellos mi amigo Pepe Paradiso. No serán soluciones mágicas, pero creo que evitan cometer errores. Y firmo con las dos manos su cuadro de situación: “La Argentina no puede seguir sonámbula ante la gradual pero asertiva expansión del narcotráfico. Si no se  atiende de manera razonable y realista el problema de las drogas a partir de un diagnóstico preciso y la aplicación de medidas certeras el país se tropezará con un reto mayúsculo“.

Ahora, tengo que decir que de todo lo que leí en los últimos días, lo que me pareció más agudo fue un reportaje a la socióloga Laura Etcharren, especialista en “pandillas juveniles”, que leí en DEFonline, una publicación dedicada sobre todo a temas de seguridad. No había tomado en cuenta ese material, porque creo que el “manodurismo” es tan ingenuo y más peligroso que el “garantismo”, aunque consiga más votos.

Pero era un prejuicio mío. Lean el párrafo con que comienza “Las pandillas son agrupaciones de jóvenes que encuentran, dentro de este colectivo, un espacio de pertenencia donde poder interactuar. Experimentan un poder que individualmente no tienen y en el grupo empiezan a sentir una mayor fortaleza y un mayor espacio de contención. Las pandillas tienen una inclinación al delito menor y al narcomenudeo. El proceso de transición hacia las “maras” comienza en el momento en que esas pandillas empiezan a ser divisadas por sectores de las fuerzas de seguridad que están vinculados al delito“.  (completo aquí)

Pienso que ese es el problema fundamental, en el corto plazo (Para enfrentar al largo plazo, hay que evitar morirse antes). Lo que los gobiernos, de cualquier ideología, necesitan lograr es contar con fuerzas policiales profesionales y disciplinadas, muy bien pagadas y mejor controladas. Si están infiltradas por el delito… cualquier afirmación política de derechos humanos o de seguridad ciudadana, será una triste parodia.

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Miradas (de otros) sobre los saqueos

diciembre 11, 2013

saqueo

Dije varias veces que no tenía ganas de seguir escribiendo sobre los saqueos. Es que resulta demasiado fácil pontificar, sobre todo si uno vive, como yo, en una ciudad donde las policías (hay dos. Tres, si nos fijamos en Puerto Madero) no se han amotinado y el tema es algo lejano. Todavía.

Pero lo que sobra son análisis, por Dios! Si los sociólogos tuvieran un buen Consejo Profesional, como los abogados y contadores, se estarían llenando de guita. En este posteo voy a referirme a tres opiniones de tipos que respeto. Por su inteligencia y su compromiso. No hacen análisis al paso de los temas que están en la tapa de los diarios.

Son interesantes, y válidas, porque aportan elementos de la experiencia de sus autores. Igual, dos de ellas no me convencen. Me parece que justamente sus áreas de conocimiento los sesgan, y lo que dicen me parece que no tiene que ver con los saqueos que ocurren hoy, en diciembre 2013, sino con situaciones más permanentes. Pero que no provocaron estos.

Javier Auyero, uno de los sociólogos que ha estudiado en serio la vida en los asentamientos del Gran Buenos Aires, y en particular el fenómeno del clientelismo político, tiene una nota en el Clarín de ayer Hay que mirar a la “zona gris” donde se origina la violencia:

Leemos: “La última oleada de violencia colectiva masiva en el país (los saqueos de 2001) vinieron a develar la existencia de una zona gris de conexiones clandestinas entre perpetradores de violencia, sectores del campo político y las fuerzas policiales.

La zona gris forma parte de los cimientos de buena parte de la actividad política en la Argentina contemporánea. No es un vestigio del pasado; no es ajena o primitiva. Por el contrario, es un área en crecimiento de la Argentina democrática, al norte y al sur, a la derecha y a la izquierda del espectro político. Una atenta mirada a lo ocurrido antes, durante, y después de los saqueos de 2001 –así como a lo acontecido en otros episodios de menor masividad como los del Parque Indoamericano o en el “incendio” de Villa Cartón– demuestra la centralidad de esa zona gris de relaciones ocultas –muchas veces ilícitas– en la creación de oportunidades para la violencia“.

Lo que dice Auyero muestra una realidad, pero la sobredimensiona. Supongo porque es su subjeto. Esa zona gris – cuya punta más visible y filosa son las barras bravas de los clubes de fútbol – es un factor importante en las relaciones de poder en bastantes municipios. A nivel de la provincia… pesa, pero bastante menos. Y en el ámbito nacional… puede servir de pretexto para un “relato”. Ciertamente, no coordina desmanes que se extienden por la mayor parte del país.

Mi amigo Manuel Barge, otro estudioso del conurbano, marca, con una de sus parábolas blogueras, la presencia de un factor muy distinto: Los empresarios reclaman respeto a las instituciones:

La paritaria 9 milímetros tiene 2 aspectos:
  • El público, donde el Estado minimalista es administrado por las Oligarquías de Clase, al grito de “la Caja es mía y solo mía”.
  • El privado, donde con los “adicionales” quienes tienen poder adquisitivo; por dos monedas “compran” el “franco” de las FFSS locales.
 En el primero se desnuda la hipocresía clasista de los Republicanos de Izquierda; porque asumen que los lumpen reclutados no son mas que “fámulas”, donde el plumero se remplaza por una automática.
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… Mientras en el segundo, la cuestión es crudo cálculo económico; pagar lo menos posible de impuestos, para que la superexplotación de la mano de obra armada, cubra el déficit de seguridad por 1/3 del costo de una cajera.
 
Los saqueos de los centros comerciales es consecuencia de la “tercerización” del Monopolio de la Violencia Estatal.
 
Es la “ausencia” de los “adicionales” lo que genera el “caos” en los “centros” (comerciales); y no en la “periferias” sociales y económicas“.

Manolo nos recuerda que, como el sol, el capitalismo siempre está. O, para ser más precisos, siempre hay un sistema de producción y consumo. Donde algunos reciben una tajada proporcionalmente mucho más grande, otros son, también proporcionalmente y a veces absolutamente, explotados y – la característica actual más injusta y peligrosa – muchos son dejados afuera.

Pero, como es un factor permanente, no sirve para explicar los saqueos periódicos de diciembre. Tampoco, y quiero insistir en esto, nos sirve para decidir qué hacer. Por supuesto que los empresarios, como todos, quieren que cese la violencia que puede perjudicarlos. Y, como todos, no quieren pagar impuestos, a menos que el Estado los obligue. Como diría Bugs Bunny “¿Qué hay de nuevo, viejo?“. Más directo ¿ayudan los saqueos a la tarea más antigua del Estado: cobrar impuestos?

El marplatense Guido, habitual y apreciado comentarista de este blog, opina así en ese mismo posteo:

… No fue así en Mar del Plata. Exceptuando algunas corridas en el centro, multiplicadas hasta el hartazgo por la TV, las zonas céntricas y comerciales estuvieron bastante tranquilas, excepto allí donde hay islitas de consumo en barrios populares. 

Los saqueos fueron en las periferias, donde además de los negocios empezó a correr el rumor de que entraron a varias casas para robar (no sé si es cierto, solo puedo decir que corrió el rumor, que la gente tenía mucho miedo y que en algunos lados se armaron guardias armadas en las esquinas).

Lejos de un malón periférico asaltando el centro, lo que vimos fue gente aterrorizada en los barrios, temerosa de sus vecinos y con un odio profundo a la policía, que nunca está cuando se la necesita en situaciones normales, que todo el mundo ve pasar a “cobrar” por los kioskos y que dejó 24 horas la ciudad abandonada. 

La gente en los barrios está mayormente convencida de que la policía organizó los saqueos, al menos los primeros. Yo, la verdad, lo dudo, pero eso no parece tan importante. Lo fundamental es que la gente lo cree. 

Lejos de rebelión de clase alguna, el saldo de todo esto es el aumento de la desconfianza y el encierro en los barrios de la periferia (los chicos pobres salen hoy a jugar a la vereda aún menos que los pibes de departamento), un odio más profundo a los guachines, de quienes el promedio del vecino calletierrista opina que no estaría mal limpiarlos periódicamente (por miedo a ellos y por miedo a que sus propios hijos caigan en la esquina) y un odio aún mayor a la policía. 

Toda la basura que conocíamos, y que salió un poquito más a la luz, seguirá jodiendo vidas de aquí en adelante, con un poco más de profundidad. Aquí no hay ninguna lucha de clases, noción improcedente e inútil.

Los “aparatos represivos del estado” defenderán a “la burguesía” pero, por sobre todo, son una garantía mínima que tienen los más castigados de que el mundo, injusto como es, sea al menos razonablemente previsible“.

A mí, que nací en un barrio, esta descripción me suena bastante realista. Será por eso que elegí, con sólo un poco de sorna, este héroe colectivo para la democracia.

Gendarmería_Nacional-2


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