Una propuesta para una presencia internacional argenta

febrero 25, 2011

Columnista apropiado: Harry

Mi amigo es un veterano de la Guerra Fría – o, como la llamó alguien, la Guerra de los 70 años – pero, al revés de muchos, su pensamiento no ha quedado congelado en ese molde (aunque aferra sus viejas broncas). Eso sí, mantiene la inclinación por que Argentina se comprometa en forma más activa en la escena internacional.

Harry decía hace pocos días, a propósito del incidente con el avión yanqui «En esta extraordinaria simulación de conflictos el país muestra su insularidad escandinava una vez más y la historia se hace exactamente en otras partes«. Tengo mis reservas sobre ese afán participativo, pero un post reciente suyo con una planteo de posicionamiento que me hizo llegar por mail, me pareció lo bastante interesante para reproducirlo aquí. Como de costumbre, mis observaciones al final:

«LIBIA, LA CRISIS ÁRABE Y NUESTRO JUEGO.

La Cancillería argentina, con su titular en tren de pedir plácet para otra función, emitió un comunicado augurando a la masacre y guerra civil en curso en Libia el fiel respeto a los Derechos Humanos. Mas allá de estas bagatelas ideológicas de cortesia algo macabra, se acerca la hora de replantear la modificación del Consejo de Seguridad de la ONU, incluir a Alemania, Brasil e Indonesia y entender el desplazamiento del poder real en el siglo XXI. Además de reformular la NATO, que hoy se despliega a más de 4000 kilómetros del Atlántico Norte – el espacio geopolítico militar para el cual fue creada, y que está superado en lo logístico, en lo estratégico y operacionalmente también en lo doctrinario.

La clave de la cuestión consiste en establecer si la Argentina apoyará o no las pretensiones de Brasil de integrar el Consejo de Seguridad de forma permanente, o seguirá jugando el trote corto de los perdedores tardíos con nuestra UNASUR de jardín de infantes. El nuevo esquema de poder en el mundo exige una potencia emergente sudamericana en el Consejo de Seguridad y un país musulmán. Las apuestas internacionales señalan a Indonesia y al Brasil.

Alemania – a su vez – no podrá seguir jugando una política unilateralmente volcada al Este de Europa. Su poder económico la obliga a asumir responsabilidades. El realismo de la política internacional actual y sus crisis que se acentuarán exigen la participación de los vencedores de la guerra fría que realmente cuentan. En el caso argentino la opción es participar en el mundo intervencionista globalizado – la crisis libia señala el camino al intervencionismo militar global y Estados Unidos no puede actuar de forma políticamente unilateral, sus modos de intervención se parecerán cada vez mas a Kosovo que a Panamá – o bien hacer una larga apuesta de retaguardia apuntando a la recomposición del poder mundial en el 2025 o 2030. Lamentablemente para los idealistas tardios, también en ese largo juego del TEG  el Brasil nos ha ganado la partida.

Si el pais sigue oscilando erráticamente. toda la politica exterior argentina tendrá la gravitación del premio Nobel de la Paz de Oslo y nada más«.

Mi amigo, como unos pocos pero influyentes pensadores argentinos, pertenece a la escuela «realista» de la política internacional, que se precia de poner en énfasis en las realidades de poder y los intereses nacionales. Bueno, yo también me inclino para ese lado, pero tengo conciencia de las debilidades de ese pensamiento, que han sido analizadas por sus críticos: tiende a ver a los estados nacionales – una creación histórica reciente – como actores racionales, influidos sólo por un cálculo de intereses y sin dinámica política interna. Una abstracción, como el homo economicus de la teoría económica neoclásica.

Además, percibo una dosis de voluntarismo argento, que se refleja en la alusión a la necesidad de «reformular la NATO«. No es un tema en el que a nosotros, ni a los sudamericanos en general, se va a pedir opinión. La crítica teórica es legítima, pero hay que tener presente que, como las críticas a las Naciones Unidas o al G-20, se está hablando de estructuras que existen, independientemente de nuestro parecer. Otra cosa es ingenuidad.

Harry no es un ingenuo. Percibe con claridad que un país de 6 millones y algo de habitantes en guerra civil, que puede exportar anualmente entre 500 y mil millones de barriles de petróleo, no va a ser dejado sólo. EE.UU. tendrá fuertes razones humanitarias para intervenir, y no lo hará sólo: tiene que contar con Europa. El libreto de los Balcanes, reforzado con petróleo.

Ahora ¿por qué Argentina, o Brasil, para el caso, se van a meter ahí? Hay toda una generación de nuestros compatriotas marcados a fuego por lo que consideran el acierto de Brasil y el error de Argentina en el tema de la participación en la 2° Guerra Mundial. Esa fue en realidad la razón profunda de los que aprobaron cuando Menem decidió involucrarse en la guerra del Golfo. También ahí hay una lección clara: ni Menem ni Argentina cosecharon frutos estratégicos de ello. Tal vez algunos daños colaterales.

Otra cosa, muy distinta, es la propuesta concreta de apoyar la pretensión de Brasil a un asiento permanente en el Consejo de Seguridad. Estoy de acuerdo, y lo hemos conversado en este blog, en un apoyo conversado, en tanto Brasil exprese la presencia sudamericana en ese organismo. Hoy por hoy, no hay otro país en condiciones de hacerlo. Eso sí, no suscribo la afirmación – muy plausible, es cierto –  que, en cuanto a «la recomposición del poder mundial en el 2025 o 2030 … el Brasil nos ha ganado la partida» Primero, debemos pasar, ellos y nosotros, esta década que recién comienza. Viene interesante.


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