La guerra de Troya no sucederá

julio 6, 2015

Constructing-Helen

El título de la pieza teatral de Jean Giraudoux me pareció una buena forma de sintetizar mi opinión sobre la marcha de las cosas en Grecia y Europa, La columna de comentarios de mi último posteo sobre el tema se convirtió en una feroz y larguísima batalla entre neoliberales de la «nueva síntesis» y el keynesiano-populismo, así que pensé en acercarles algunos titulares de hoy que resumen, me parece, como comienza esta nueva etapa:

Hollande y Merkel dejan la “puerta abierta” a Grecia para negociar

Renunció el ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis

Tsipras consiguió aval de líderes políticos para sellar acuerdo

El BCE mantiene los créditos de emergencia para bancos griegos

Como se darán cuenta los que siguieron mis posteos en el tema, considero que este último es el índice clave de la relación de fuerzas inmediata: los bancos seguirán teniendo euros para cubrir los retiros, porque el Banco Central Europeo se los hace llegar (en Grecia no pueden imprimirlos, como aquí no podíamos imprimir dólares en 2001).

Y me confirma en mi opinión que ninguno de los dos lados – Atenas y Berlín – quiere que Grecia salga de la Unión Europea. El hecho decisivo creo que es, como sugirió Casiopea, su posición geográfica, al oeste de Turquía y al suroeste de Ucrania y de Rusia.

Pero esos «datos duros» están jugando su peso después que el pueblo griego dijera NO a las condiciones elaboradas por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional. Habrá otros arreglos, por supuesto, para «mantener en los libros» una deuda que no se va a pagar. Pero se harán bajo la sombra de ese NO. Una buena noticia para los griegos, y para los pueblos del mundo.


Grecia dice No

julio 5, 2015

sparta!

De acuerdo a las proyecciones oficiales, y algunas de las otras, el NO está alcanzando el 61 %. Creo que el meme más popular en las redes sociales será «Esto es Esparta!«.


También votan en Grecia hoy

julio 5, 2015
.Oxi_A-protest
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Escribo sobre otra elección, la que se está llevando a cabo en estas horas en Grecia, un país con la cuarta parte de la población de Argentina. Pero que va a tener algún impacto en la vida de todos.
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Información ya hubo mucha, con los correspondientes sesgos. Está en todos los medios, hasta en este blog (pongan Grecia en el Buscador y verán). Para los interesados, este viernes Contradicto subió unpa cronografía detallada de la puja reciente. Mi intención es modesta: darles mi opinión sobre el marco en que se da ese referéndum, y porqué considero que, en una mala situación, lo mejor que pueden hacer los griegos es votar «Oxi«,l o sea «No«. Teniendo claro que la presión sicológica por el «Nai» («Sí») es fortísima. Hoy mismo el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, dijo que «Grecia deberá introducir una nueva moneda si triunfa el No«. (El gobierno griego se queja del «terrorismo mediático» ¿Qué esperaban al convocar el referéndum?)
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La mía es la mirada de un espectador lejano, que les desea bien pero que no ve perspectivas favorables para ellos en el corto plazo, tomen la decisión que tomen. Y que tiene claro que son ellos, los ciudadanos de la República Helénica, los que están en la cancha y que nadie sino ellos mismos tendrá derecho a reprocharles lo que decidan.
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Ante todo, quiero destacar que me parece evidente que, por toda la palabrería sobre la Teoría de los Juegos y el conocimiento que tienen de ella las máximas figuras de Syriza, el enfrentamiento actual entre las autoridades de la Unión Europea y el gobierno griego no se da en el marco del «Dilema del Prisionero» u otro modelo más o menos sofisticado. Creo que se puede asimilar a una variante mucho más primitiva y riesgosa, el «Juego del Gallina». Ambos bandos tratan de amenazar al otro con un «choque» que puede darse o no, pero que ninguno de los dos desea: el abandono del euro y la ruptura de la Unión.
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Comienzo con el facsímil de una revelación reciente de Wikileaks, una intervención clandestina que la N.S.A. (la Agencia Nacional de Seguridad estadounidense) hizo hace varios años de las comunicaciones de la canciller alemana, Ángela Merkel: Ya en 2011, antes de varios «rescates» de la deuda griega, había dicho a su asistente personal que la deuda griega seguiría siendo insostenible en los términos del nuevo acuerdo.
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merkel nsa
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(cliquear encima para ampliar)
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Fue publicada este jueves 2 por el Süddeutsche Zeitung y el Irish Times, y dio pie a una interesante nota de Vox, un medio de negocios (del Hemisferio Norte), que les resumo:
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«... Esta es una de esas noticias que son tratadas como una bomba por algunos, y como «todo el mundo ya lo sabía» por otros. Entender por qué algunos gritan y otros se encogen de hombros ayuda a explicar algunos aspectos importantes de la situación.
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La deuda de Grecia no es un problema de dinero. La deuda griega es impagable. Esto no es un punto discutible. Por eso no es realmente impactante escuchar que Merkel admitió en privado lo que nadie discute en serio. Los acreedores de Grecia saben que esos montos no van a ser devueltos. Pero quieren que la deuda permanezca en los libros de todos modos.
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Porque mientras la deuda esté en los libros, Grecia tiene que seguir pidiendo permiso para refinanciarla. La incapacidad de pago de un vencimiento habilita a incrementar la presión. La deuda, en otras palabras, es un instrumento de control político.
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En el hipotético caso que esa deuda fuera perdonada formalmente, los actuales acreedores de Grecia – determinados estados europeos, el B.C.E. y el F.M.I. – tendrían que cancelar algunos activos en sus libros, pero eso no afectaría su solvencia ni su patrimonio real. Tampoco hay inversores privados para reclamarles a ellos. La consecuencia negativa, desde su punto de vista,  es que Grecia recuperaría (parte de) su autonomía económica y esas instituciones no podrían imponer sus demandas sobre reformas estructurales.
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Eso es lo que «todo el mundo sabe» acerca de la situación, y lo que «todo el mundo» sabía la semana pasada, el mes pasado, y el año pasado. «Todo el mundo» significa, en primer término, los burócratas de la Unión Europea y el gobierno griego.
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Pero esto es algo así como la forma en que «todo el mundo» sabía que no había vínculos directos entre Saddam Hussein y los atentados del 9/11. Nadie le dijo eso al público norteamericano! De hecho, se creó la imagen contraria para mantener el proyecto de intervención en Irak viable.
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Por la misma razón, la historia que se le cuenta a la población europea, no es que la deuda griega es un instrumento simbólico y legal de control político cuyo objetivo es que Grecia sea regida por los expertos del Banco Central Europeo en lugar de funcionarios electos. Ellos están diciendo que la deuda representa un valor monetario real que se le debe a los contribuyentes del norte de Europa, y que recuperar o no su dinero es un gran punto de discusión«.
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Vemos que este enfrentamiento entre la Unión Europea y el gobierno griego es esencialmente político. Syriza necesita mostrar al pueblo griego que puede sacarlo del ajuste eterno y estéril al que se ha visto sometido, y también que van a permanecer en el euro y en la Unión, como la mayoría de ellos desea. Y los que mandan en Europa – en particular, en Alemania – necesitan convencer a sus votantes que su política económica actual es sana y viable, y que los inconvenientes son temporarios y se deben a gobiernos irresponsables y pueblos perezosos.
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Y este enfrentamiento político se da en el marco de una realidad económica que, en el corto y mediano plazo, ninguno de los actores puede modificar. Unos porque no tienen la intención y los otros porque no tienen alternativas viables. La burbuja financiera que acompañó la adopción del euro, que alentó, entre otras cosas, las exportaciones alemanas al resto de Europa, y que para Grecia representó negociados para sus gobernantes y modestas mejoras sociales para su pueblo, ha estallado.
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Es por eso que creo que el «No» a las condiciones impuestas en Bruselas es la opción mejor en este día. Ese No no cambiará las relaciones de poder intereuropeas. Pero el Sí significa la caída del gobierno actual. Y – se juzgue como se juzgue su capacidad – lo cierto es que lo único seguro del que surja es que será más débil, frente a las imposiciones de Bruselas. Y Berlín.
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Para Europa en general, el No griego sería solamente un gesto. Pero, como dije en otro posteo del blog, lo de las Termópilas también fue, en términos de poder militar, sólo un gesto.

ACTUALIZACIÓN: Sabio chino aconseja a Grecia y a Europa

julio 1, 2015

chinMe acaba de llegar una nota de la edición internacional del South China Morning Post, y se las paso a ustedes sin comentarios (es primero de mes y la página de la AFIP está colapsada, maldición):

El premier Li Keqiang quiere que China permanezca en la eurozona; urge a los acreedores y a Atenas para que acuerden.

Li Keqiang es el señor sonriente que aparece en la foto de abajo, junto a la ministro francesa Segolene Royal. Es el Primer Ministro de China, y llegó a París para marcar el 40° aniversario de las relaciones entre China y la Comunidad Europea, y seguramente para otras cosas también.

Dice: «China es uno de los principales clientes y proveedores de las 28 naciones de la UE, y un inversor a largo plazo en los eurobonos. Estamos a favor de una UE unida y próspera, así como de la fortaleza del euro.

Es por eso que China quiere que Grecia permanezca en la zona del euro, e instamos a los acreedores pertinentes a llegar a un acuerdo temprano con el gobierno griego«.  (completo aquí)

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«Un momento Sarajevo para la Unión Europea»

junio 29, 2015

Sarajevo

Usé este título de The Guardian por asociación de ideas: ayer se cumplieron 101 años del día que Gavrilo Princip, un nacionalista serbio, disparó sobre el archiduque Franz Ferdinand y a su mujer en Sarajevo, dando comienzo a la escalada hacia la Gran Guerra.

Pero no nos dejemos llevar por analogías históricas, ese recurso de los malos cronistas. La ruptura de las negociaciones entre Grecia y el resto de la Unión es un hecho de naturaleza muy distinta. Los únicos puntos comunes entre los dos es que se dan en un escenario armado por una racionalidad miope y en el fondo suicida, en un caso militar, en este económica. Y que sus consecuencias directas van a afectar mucho más que un pequeño país en los Balcanes.

Al punto de este posteo: Quiero volcar una opinión, muy breve, simplificada, y un pronóstico sobre lo que está pasando en Europa. Ya lo hice en la columna de comentarios de otro reciente sobre el tema, pero muchos visitantes no las leen, especialmente cuando se hacen muy largas. Además, me interesa agregar algo sobre el marco global:

Sostengo que el esquema económico de la Unión Europea – tal como se desarrolló en los últimos veinte años, la Europa de los banqueros, diría De Gaulle – es inviable en el largo plazo.

Ese esquema consistió, a grandes rasgos, en una burbuja financiera que financia la mayor parte de las exportaciones alemanas. Los europeos se acostumbraron a vivir dentro de esa burbuja de “prosperidad”. Grecia, España, Portugal, Irlanda se convirtieron en los casos emblemáticos (los P.I.G.S., recuerdan?) pero en realidad toda la zona del Euro, y en menor medida, Gran Bretaña, participaron de esa “prosperidad”. Por supuesto, también Alemania.

Esto no significa que todos los países de la U.E. están en la misma situación. Alemania tiene una industria tecnológicamente avanzada. Grecia tiene el turismo. Pero… todas esas economías, y sus ciudadanos, se acostumbraron a vivir en esa “burbuja de prosperidad”.

Recortar gastos, una vez que uno se acostumbró a un nivel de ingresos dado, es lo más difícil que existe. Es lo único en que se parecen las economías individuales y las de los países.

Sucede que las burbujas siempre revientan. El esquema económico actual de la Unión Europea va en el camino de la convertibilidad argentina (Teóricamente, esto no necesariamente significa el fin del euro, pero en la práctica…).

Es en ese sentido, y sólo en ese, que los casos de Argentina y de Grecia se parecen: es el caso más notorio del fracaso de unas políticas. Y por eso la necesidad desesperada de sus corifeos de encontrar culpables: las provincias “inviables”, los griegos “parásitos”,…

A Grecia le va a ir mal si/cuando salga del euro. Y le va a ir mal si se quedara. La burbuja financiera acabó. El problema entonces es político: ¿Cuál es el camino que le permite a los griegos edificar su propio destino? Cualquiera sea el que tomen, de entrada va a ser más duro todavía que su situación actual. Casi tanto como lo fue en Argentina la salida de la convertibilidad.

Y es la misma pregunta que se tienen que hacer los europeos. En mi opinión, tratar de prolongar este esquema estructuralmente inviable es la peor opción.

Me interesa plantear que la Unión Europea es ella entera el caso más notorio de la crisis de la etapa actual del capitalismo, la asociada con la Revolución «Conservadora» de Thatcher y Reagan, y que comienza a partir de la crisis del petróleo a principios de los ´70, caracterizada por el predominio absoluto de la lógica del rédito financiero cortoplacista.

Crea naturalmente burbujas financieras – nada extraño en la historia del capitalismo, pero acentuadas a un grado patológico – y también una minoría de beneficiarios que se cuenta por millones en todo el planeta – la más numerosa y la más rica en la historia humana – que son sus defensores. Pero… es una riqueza que su mayor parte consiste en papeles. Porque el sistema produce menos bienes comunes aún que la etapa anterior del mismo capitalismo, la que se vivió entre el fin de la 2da. Guerra Mundial y los ´70. La pregunta global es, entonces, cuándo durará el predominio de esta lógica. Pero eso es para otros posteos.


Grecia y Argentina: los parecidos, las diferencias

febrero 24, 2015

Tourists take photos atop the Athens Acropolis during a snowstorm

Hace pocos días subí al blog parte de un artículo de Yanis Varoufakis, el Ministro de Finanzas griego, el negociador con la Unión Europea. Me pareció interesante porque ahí exponía su pensamiento profundo. Los comentarios se centraron, claro, en la pulseada de Grecia con Alemania. Les propongo que los repasen, porque aportaron información y miradas distintas. En particular, Sergei aportó hoy el detalle oficial de las medidas que el gobierno griego se comprometió a tomar para acordar con el Eurogroup.

Por mi parte, no creo que esa historia termina aquí. Dentro de cuatro meses, cuando vence la prórroga acordada – y hay vencimientos de bonos, además – tendremos el mismo escenario. Agravado. Los cambios, si se producen, vendrán de la política, para bien o para mal. En cuanto a la situación estructural, quiero traducirles este informe de Stratfor, la agencia de inteligencia privada (estadounidense) que he citado otras veces.

No es que tenga una alta opinión de sus fuentes de información locales o, en general, al sur de México. (Sobre Rusia y el Este de Europa son mucho mejores). Pero revisando éste, lo encontré lúcido y bien informado, desde el punto de vista de Washington. Y podemos estar seguro que no está contaminado por ningún sesgo K 🙂 .

«Grecia está en una etapa crucial de su crisis económica … Hay una posibilidad real que Grecia no pague su deuda y abandone el euro como consecuencia de ello. Un default griego provocaría un shock masivo en toda la Unión Europea, pero no sería un evento totalmente sin precedentes. Muchos griegos conocen el default y la devaluación de la Argentina en 2002 y se preguntan si Grecia podría ir por el mismo camino. Mientras que los dos casos tienen varios puntos en común, también tienen diferencias cruciales que plantean cuestiones importantes.

Al igual que Grecia hoy, pre-default Argentina no podía aplicar política monetaria. A principios de los ´90, el gobierno argentino introdujo un tipo de cambio fijo entre el peso y el dólar para combatir la hiperinflación. La medida tuvo éxito en el corto plazo – la inflación desapareció casi de inmediato – pero le quitó la capacidad a Argentina para hacer frente a las crisis económicas mediante la manipulación de su moneda. Como resultado, cuando Argentina comenzó a sufrir los efectos de las crisis financieras de finales de los ´90, la única opción que tenía era aplicar política fiscal – en otras palabras, la austeridad.

Al igual que Grecia, Argentina fue presionada por sus prestamistas para introducir recortes de gastos dolorosos a cambio de rescates (refinanciaciones). Al igual que Atenas, Buenos Aires recibía periódicamente visitas de inspectores extranjeros impopulares que estudiaban las cuentas del país como condición previa para la continuidad de los programas de préstamos. Al igual que Grecia, la economía argentina se contrajo rápidamente mientras que el desempleo se disparó. Y al igual que Grecia, el gobierno argentino que aplicaba medidas de austeridad impopulares finalmente cayó en un contexto de agitación social masiva y fragilidad política extrema.

No es ninguna sorpresa que los lineamientos de la historia de la Argentina interesan a muchos griegos, especialmente el partido gobernante Syriza. El default argentino es un recordatorio que la deuda es esencialmente un contrato, y los contratos se puede romper si se vuelven demasiado costoso para una de las partes. Más importante aún, en el caso argentino se destaca el hecho que hay vida después de un default. Entre 2003 y 2007, la economía argentina creció a un promedio anual de aproximadamente el 8 por ciento, mientras que el desempleo cayó de alrededor de 20 por ciento a alrededor del 8 por ciento. Ciertamente, la vida no fue fácil para Argentina – el país quedó aislado de los mercados financieros, y la inflación se convirtió rápidamente en un problema de nuevo. Pero el default y la devaluación de Argentina desactivaron temporalmente una situación social, política y económica muy compleja.

Tan sugestiva como lo es, la comparación entre Grecia y Argentina tiene límites concretos. Para empezar, la Argentina tenía un tipo de cambio fijo, pero nunca abandonó su moneda nacional como Grecia hizo cuando se adoptó el euro. Muchos argentinos tenían depósitos bancarios en dólares y protagonizaron masivas protestas, algunas de las cuales se tornaron violentas, cuando el país los «pesificó» utilizando un tipo de cambio oficial, pero para la mayoría, la vida continuó relativamente normal. Todavía recibían sus salarios en pesos y compraban bienes utilizando esa moneda. En el caso de Grecia, abandonar el euro requeriría un retorno al dracma, una pesadilla logística y política. La decisión también llevaría, inevitablemente, a controles de capital extendidos y una conversión problemática de ahorro en dracmas, una medida que daría lugar a altos niveles de descontento social.

Una segunda diferencia importante es que la Argentina fue capaz de beneficiarse de un entorno externo positivo. La devaluación argentina coincidió con un auge internacional de las commodities. China y otros mercados emergentes estaban creciendo rápido y la demanda de productos agrícolas y minerales de la Argentina era fuerte. El clima económico mundial ha cambiado desde entonces. Ahora Grecia volvería al dracma en un momento en que muchos de sus socios económicos, incluidos los consumidores europeos y los turistas rusos, están en crisis a pesar (o por causa) de los precios bajos del petróleo y del programa de flexibilización cuantitativa del Banco Central Europeo, que libera una gran cantidad de dinero en efectivo en los mercados.

Argentina también encontró un aliado clave en la Venezuela de Hugo Chávez. El líder bolivariano se convirtió en uno de los principales benefactores de Buenos Aires. Las cifras exactas son difíciles de establecer, pero entre 2003 y 2008 se cree que Venezuela compró 5,6 mil millones dólares en deuda argentina, una figura notable en momentos en que no había muchos inversores interesados ​​en la compra de bonos argentinos. Esto plantea una pregunta interesante para Grecia: En un escenario post-default, ¿sería Atenas será capaz de encontrar su propio Chávez? En los últimos tiempos, Atenas ha hecho un esfuerzo para mostrar a Europa que tiene fuertes lazos con Rusia, pero mientras que Moscú está sin duda interesado en mantener estrechas relaciones con Atenas – aunque sólo sea para exacerbar la fragmentación política de la Unión Europea – no es seguro que Rusia podría convertise en el sponsor que Grecia necesita.

La mención de Rusia es interesante por otra razón, también: En la década de 2000, Argentina era autosuficiente en términos de energía. Grecia no lo es. Una de las pocas ventajas Grecia recibe de tener una moneda fuerte es la capacidad de pagar por la energía que importa en euros. Un retorno al dracma haría las importaciones de energía más caras, por lo que una alineación potencial con Rusia es aún más crucial para Grecia. Esta necesidad es probablemente la razón principal detrás de los coqueteos de Atenas con Moscú.

Por último, un factor crucial en un potencial escenario post-euro es si Grecia se convierte al proteccionismo. Después que Argentina defaulteó y devaluó su moneda, introdujo altos aranceles de importación para proteger las industrias nacionales y retenciones ​​a las exportaciones agrícolas para aprovechar la creciente demanda de materias primas. Ambas medidas generaron un ingreso masivo de divisas y permitieron que el gobierno financie una larga lista de programas sociales y subsidios.

Al igual que Argentina, Syriza promete más gasto público y subsidios para los hogares de bajos ingresos, programas para los que no tiene los fondos. Las políticas de la Argentina generaron fricciones con Brasil, su principal socio en el Mercosur, pero las consecuencias serían mayores en el caso de Grecia. La imposición de aranceles comerciales violaría el principio fundador de la Unión Europea, lo que obligaría a la expulsión de Grecia.

A pesar de que Syriza utilizó el caso argentino como un ejemplo durante la campaña electoral, y muchos griegos son conscientes de la historia, Atenas tiene mucho menos margen de acción que Buenos Aires tuvo. Muchos de las políticas de los gobiernos argentinos desde 2001 han sido mal concebidas y mal ejecutadas, pero a diferencia de Grecia, Argentina era un país plenamente soberano cuando las decidió. Los griegos eligieron a Syriza para arreglar el problema de la deuda del país sin salir de la zona euro y de la Unión Europea. El principal problema de Grecia es que va a ser muy difícil para Atenas lograr ambos objetivos simultáneamente«.


Grecia, Europa y política: Reflexiona Yanis Varoufakis

febrero 21, 2015

Varoufakis

Yanis Varoufakis es el Ministro de Finanzas de Grecia. Es quien está a cargo de la negociación con la Unión Europea, bah, la pulseada con Alemania. Mejor que volcarles la última «noticia», de las que aparecen todos los días hábiles y hacen que las bolsas suban/bajen (lo que sirve para que los «traders» ganen sus comisiones, pero no tiene mucho más significado) prefiero acercarles este artículo que apareció ahora en The Guardian, pero es una conferencia que el tipo pronunció en Zagreb en 2013, mucho antes de tener responsabilidades de gobierno.

Como sucede con los (muy pocos) políticos en serio, sus acciones tienen que ver con lo que él ya pensaba. En esa ocasión quiso definirse como un «marxista errático». Advertencia: aquí sólo les traduzco unos párrafos breves de la introducción – que explican muy bien lo que él quiere conseguir ahora, y un párrafo corto cerca del final del artículo, donde lo refirma: Su intención es que Grecia permanezca en la zona euro, que la Unión Europea se conserve.

Igual, en este artículo, que como muchos otros debo a mi alerta amigo Otto Rock, Varoufakis hace un análisis profundo y sin concesiones del pensamiento de Marx y de la historia reciente de la izquierda europea. Lo recomiendo para quienes dominan el inglés (o aguantan las traducciones de Google). Al final, hago una reflexión, corta, sobre lo que creo puede significar para nosotros.

«En 2008, el capitalismo tuvo su segundo espasmo global. La crisis financiera provocó una reacción en cadena que sumió a Europa en una espiral descendente que continúa hasta nuestros días. La situación actual de Europa no es sólo una amenaza para los trabajadores, para los desposeídos, para algunas clases sociales o para las naciones. No, la situación actual de Europa representa una amenaza para la civilización tal como la conocemos.

Si mi pronóstico es correcto, y no estamos enfrentando sólo otra recesión cíclica que pronto será superada, la cuestión que se plantea para la izquierda radical es esta: ¿hay que dar la bienvenida a esta crisis del capitalismo europeo como una oportunidad para sustituirlo por un sistema mejor? ¿O deberíamos estar tan preocupados como para embarcarse en una campaña para estabilizar el capitalismo europeo?

Para mí, la respuesta es clara. La crisis de Europa es mucho menos propensa a dar a luz una mejor alternativa al capitalismo que es a dar rienda suelta a las fuerzas peligrosamente regresivas que tienen la capacidad de provocar un baño de sangre, y la extinción de la esperanza para los movimientos progresistas para las generaciones venideras.

Por este punto de vista se me ha acusado, por bien intencionado voces de izquierda, de ser «derrotista» y de tratar de salvar un sistema socioeconómico europeo indefendible. Esta crítica, lo confieso, me duele. Y duele, ya que contiene más de un núcleo de verdad.

Comparto la opinión que esta Unión Europea se caracteriza por un gran déficit democrático que, en combinación con la arquitectura defectuosa de su unión monetaria, ha puesto a los pueblos de Europa en el camino de la recesión permanente. Y también me inclino ante las críticas que he hecho campaña sobre una agenda basada en la suposición de que la izquierda europea ha sido, y sigue siendo, derrotada. Confieso que me gustaría mucho ser promotor de una agenda radical, de sustituir el capitalismo europeo con un sistema diferente.

Sin embargo, mi objetivo es exponer mi visión de un capitalismo europeo repugnante cuya implosión, a pesar de sus muchos males, se debe evitar a toda costa. Es una confesión destinada a convencer a los hombres y mujeres de izquierda que tenemos una misión contradictoria: detener la caída libre del capitalismo europeo con el fin de comprar el tiempo que necesitamos para formular su alternativa.

… «Una salida de Grecia, de Portugal o de Italia de la eurozona llevaría pronto a una fragmentación del capitalismo europeo, produciendo una región con un excedente de producción seriamente recesivo al este del Rin y al norte de los Alpes, mientras que el resto de Europa quedaría en las garras de una viciosa estanflación. ¿Quienes creen que se beneficiarían de este desarrollo? ¿Una izquierda progresista, que se levantará como el ave fénix de las cenizas de las instituciones públicas de Europa? ¿O los nazis de Aurora Dorada, los neofascistas variados, los xenófobos y los vividores? No tengo absolutamente ninguna duda acerca de cuál de los dos bandos va a aprovecharse de una desintegración de la zona euro«.

Los problemas de Europa son los problemas de Europa (empieza profunda la reflexión 🙂 ). La forma en que se resuelvan, o no, impactará en la economía global – en la que es, todavía, el espacio más importante – y por lo tanto en la nuestra. Además, que se mantenga unida es un estímulo – por supuesto, no decisivo – para nuestro proceso de integración en la América del Sur.

Pero las cuestiones políticas que atormentan a Varoufakis – y a muchos otros europeos – no son directamente relevantes para nosotros. También tenemos, es cierto, una «izquierda» que, como la socialdemocracia europea, ya sólo aspira a ser administradores prolijos de un capitalismo globalizado (y tampoco lo consigue; la prolijidad, digo). Pero no creo que la izquierda que se reivindica como cuestionadora del sistema (pienso en el FIT, o – dentro del peronismo – nuestra apreciada corriente lacanocookista, que tiene una larga historia con otros nombres) deba asumir el realismo posibilista de Varoufakis.

Estimo que, muy lejos todavía de ser una opción de poder (el FREPASO lo fue en 1999 y huyó espantado) cumple un rol importante cuestionando a los oficialismos. Y, en el caso del peronismo, obliga a moverse un poco a nuestra dirigencia sindical. Algunos de los muchachos están gordos.

Para realistas, estamos los peronistas en general. De los que a la gran mayoría, incluyendo a Perón, jamás se nos ocurrió reemplazar al capitalismo por otro sistema económico. Consideramos nuestro objetivo fundamental conducirlo desde la política, lograr que reparta sus beneficios (en parte) con los trabajadores y el resto de la sociedad, volcarlo hacia los intereses nacionales… Humanizarlo, bah.

Y cuando el capitalismo sea reemplazado por la historia, probablemente por algún tipo de socialismo, creemos que será necesario hacer lo mismo con el nuevo sistema (Una sociedad manejada como Jorge Altamira maneja el PO no me parece una perspectiva humana).

Igual, la misión que propone Varoufakis merece nuestra simpatía, como la de toda persona de buena voluntad. Aunque, francamente, la veo difícil.


Tsipras el griego

febrero 11, 2015

Alexis-Tsipras

En estas horas, parece, se decide la suerte del nuevo gobierno griego y sus políticas. Digo «parece» porque la realidad nos muestra que las encrucijadas decisivas son mucho menos frecuentes que los titulares periodísticos que las anuncian. Pero… en la víspera de las negociaciones con sus acreedores de la Unión Europea, el nuevo primer ministro dice que «no va a retroceder» en su decisión de modificar las condiciones que le imponían a Grecia en sus «rescates». Alemania, a su vez, endurece el tono y su Ministro de Finanzas, Wolfgang Schaeuble, afirma que no hay planes para un nuevo acuerdo o una prórroga. Y el ministro griego de Defensa, Panos Kammenos, del partido nacionalista que se alió con Syriza para formar gobierno, declara «Queremos un arreglo. Pero si no hay arreglo, si Alemania quiere romper Europa, necesitamos un Plan B«. E indicó que el Plan B es conseguir financiación de otras fuentes «podrían ser Rusia, China, …«.

Aclaro que enlazo periódicos extranjeros porque encuentro que los medios locales no están siguiendo el asunto de cerca (Parece que una marcha el miércoles 18 los tiene a todos absortos. Debe ser esta manía por el «running»). De todos modos, no es que no nos interesa, por cierto. La blogosfera le ha dedicado abundantes posteos (también este humilde blog), con la idea – razonable – que hay muchos puntos de contacto entre su situación y la nuestra. Y los medios que operan de voceros del «establishment» económico levantan voces de preocupación. O de casi histerismo, como Vargas Llosa – que supo ser un gran escritor (y simpatizante de Fidel, en su juventud) – y hoy se enardece en la defensa de esta etapa del capitalismo financiero como garantía de la felicidad humana.

Mi intención es más adelante comentar sobre algunas implicancias geopolíticas de este desarrollo en Europa. Pero por ahora les acerco este resumen del problema actual que nos acerca el amigo Pablo Tonelli.

«TSIPRAS EL GRIEGO

Pablo Tonelli, economista

Alexis Tsipras es el Primer Ministro griego y líder de la coalición de izquierda denominada SYRIZA. Se opone al manejo que las autoridades de la Unión Europea, junto a los gobiernos helenos que lo precedieron, han realizado de la grave crisis internacional desatada en 2008 y que tuvo en su país su primera expresión europea.

El propósito de esta nota es analizar lo que propone el nuevo gobierno griego a la eurozona luego de siete años de terrible declive económico y social, de un proceso singular de reestructuración de su deuda externa  en 2012 orquestada bajo la lógica de los bancos acreedores. Teniendo en cuenta, sí, los límites estructurales que impone el euro como moneda común, límites que Tsipras en primera instancia ha decidido aceptar. No hay en el horizonte de muy corto plazo lo que se denominó: “GREXIT”, salida de Grecia del euro por decisión unilateral  del nuevo gobierno elegido recientemente en ese país, ni bajo la presión de la UE.

El escenario,  no obstante, es demasiado dinámico para hacer conjeturas definitivas al respecto.

En primer lugar, voy a comenzar por lo estructural, el euro, como moneda europea. Seguiré en este punto a Costas Lapavitsas, un economista griego que se ha dedicado al estudio minucioso del tema.

El citado autor  afirma en su libro “Crisis en la Eurozona“: “Los estratos dirigentes de Europa estaban decididos a crear una moneda capaz de competir con el dólar en el mercado mundial y, por tanto, promover los intereses de grandes empresas y bancos europeos”. El euro, entonces, es un proyecto caro a los intereses dominantes y dinámicos del centro y norte de Europa, centralmente Alemania, Austria, Francia, los Países Bajos, en disputa con la hegemonía estadounidense y lógicamente a distancia del socio privilegiado de los EEUU en la Región, es decir Gran Bretaña, que mantuvo la libra esterlina y no adhirió al euro.

La moneda común permitía una rápida expansión comercial de la industria alemana al interior de la UE, apoyada en los beneficios que para la banca europea significaban la reducción del riesgo cambiario con otros países de la Zona (al tener todos al euro como moneda) y la eliminación de las regulaciones entre activos externos e internos de los Bancos Centrales que existían con anterioridad a la unificación monetaria.

Concebido este proceso durante la fuerte expansión globalizadora del capitalismo que siguió a la caída de la URSS, los acuerdos de Maastrich, que consagraron la unión europea y su moneda el euro, tuvieron una fuerte impronta ideológica de carácter neoliberal. (circa 1992).

Los tres lustros de apogeo que siguieron a la creación del euro, con la fuerte expansión económica subsecuente, acallaron todas las voces críticas o las advertencias respecto a los problemas que incubados, podrían algún día ser potencialmente explosivos. En palabras de Lapavitsas “Es notable el hecho que una forma de dinero cuyo objetivo es servir a los interés de los grandes Bancos y los grandes negocios se haya presentado como un proyecto intrínsecamente social y democrático”. En 2008, ya desatada la crisis de las hipotecas subprime en los EEUU todo cambió dramáticamente.

La crisis, que se manifestó en primer término como crisis financiera, ocurrió en un escenario en el que los bancos afincados en la periferia mediterránea europea y en Irlanda habían financiado una fuerte expansión del consumo, de la construcción y la vivienda, apoyados a su vez en el endeudamiento público (¿recuerdan la Convertibilidad?) lo que originó déficit crecientes de la balanza de pagos de Grecia, Portugal, España, Italia, Irlanda. Que se sumaron a los déficits de las balanzas comerciales producidos por la pérdida de competitividad de estos países que aceptaron una moneda, el euro, revaluada en relación con la productividad de sus economías.

¿Quéé quiero decir con esto?  Los Bancos se endeudaban a bajas tasas de interés y financiaban en euros el boom del consumo y de la construcción, con tasas mucho más bajas que las históricas de estos países. El problema del euro, como el problema del tipo de cambio en general, es que fijado libremente por el mercado se asienta en el nivel de la mayor productividad existente. En este caso el nivel del euro en su origen reflejaba la alta productividad de la industria alemana, con costos salariales unitarios menores y creando mayor valor en una hora de trabajo que el que podía generarse en otros lugares de la UE y particularmente en su periferia.

En resumen: Esta situación generó un superávit de la cuenta corriente de los países centrales de Europa, particularmente Alemania, exportadora de bienes y capitales y un déficit crónico en la periferia importadora de ambos. La crisis de la Zona Euro se manifiesta entonces como una crisis de la balanza de pagos intra-zona.

La UE posee una moneda única, el euro, que como vimos conecta países de muy diferente productividad, producto de sus estructuras productivas regionales atrasadas en relación con el centro europeo, países de la periferia europea que dictan sus propias políticas monetarias y fiscales y poseían al momento de estallar la crisis sistemas financieros nacionales para los cuales el Banco Central Europeo (BCE) no era un prestamista de última instancia, rol clave de la Banca Central, ni tienen capacidad de emitir moneda, facultad delegada en la UE.

La conexión entre los sistemas productivos y financieros estuvo dada por la libre disposición del financiamiento. La crisis internacional, cuya dinámica y origen no es objeto de esta nota, se manifestó en primer lugar cuando la masa de créditos otorgados se fue tornando incobrable, particularmente en el sector inmobiliario y de la construcción de la periferia europea, transformando la iliquidez en insolvencia y por ende encareciendo el financiamiento a Bancos y Estados Nacionales.

Luego, ante lo gravoso del costo de la nueva deuda, vinieron los “paquetes de ayuda”, es decir nuevos créditos para financiar el pago de los créditos que los estados no podían pagar y la reducción de los salarios y prestaciones sociales públicas para acceder a los mismos. Los títulos públicos de dichos países bajaron y como consecuencia afectaron los activos y  los balances de los Bancos que los tenían en cartera. La depresión de la Economía llegó  cuando las carteras de consumo y créditos hipotecarios se habían tornado impagables o de alto riesgo. Entonces los bancos debían capitalizarse afectados en su solvencia.

En este contexto se produce la reestructuración de la Deuda Griega de 2012., en realidad  un segundo rescate, una formalización de un proceso de “rescates financieros” que abarcó desde 2009 a ese momento, a medida que la situación no encontraba solución y que no voy a detallar, para no hacer más engorrosa mi exposición.

En ese momento (2012)  la Deuda Griega era de 305.000 millones de euros, aproximadamente un 160 % del PBI. La deuda en poder de la Banca Privada sumaba 206.000 millones de euros, el resto pertenecía a acreedores internacionales y de la UE públicos y a fondos privados no bancarios (estos últimos alcanzaban los 25.000 millones de euros). Se pactó una quita del 53 % canjeando a la Banca Internacional los bonos existentes por otros nuevos con garantía tripe A, que reducía la Deuda helena con los Bancos en 100.000 millones de euros.  Simultáneamente los países de la eurozona realizaron una inyección de créditos por 130.000 millones a través del Mecanismo de Estabilidad Financiera  al gobierno de Grecia, sumados a 28.000 millones aportados por el FMI. 

A diferencia de la negociación efectuada por la Argentina en 2005 que implicó un desendeudamiento claro del Tesoro Nacional y quitas asumidas por los tenedores de los títulos renegociados, Grecia cambió endeudamiento masivo con los Bancos por endeudamiento con los países de la eurozona, es decir no bajó el ratio Deuda/PBI. Incluso, esa relación creció. Los recursos obtenidos, a su vez, estaban atados a rigurosas medidas de ajuste fiscal, reducción del empleo público, de los salarios nominales y de las jubilaciones nominales.

El salvataje de los Bancos hizo crecer, reitero, la deuda pública de Grecia porque el Estado Nacional fue el encargado de socializar las pérdidas del sistema financiero. Como afirma Lapavitsas “La carga se ha trasladado a los trabajadores europeos (en este caso particular los griegos, apunto yo) en forma de reducción de salarios y pensiones, aumento del desempleo, disolución del Estado de Bienestar, desregulación y privatización.”

En la actualidad, con una tasa de desocupación cercana al 25 % y depresión de precios, es decir deflación, la Deuda Griega es de 317.000 millones de euros y equivale al 175 % de su PBI. El rasgo cualitativamente diferente de 2012 es que el 80 % de esa Deuda (según The Economist, la revista británica especializada en economía y política) corresponde a acreedores públicos, ya sea que integren el Fondo Europeo de Rescate (antecesor del actual Mecanismo de Estabilidad), al BCE (Banco Central Europeo), otros bancos centrales nacionales de la UE, préstamos bilaterales de naciones europeas fechados en la época del “primer rescate” a Grecia post crisis y el FMI.

En este contexto se explica el activismo del Primer Ministro Tsipras en reunirse con sus pares europeos, así como  las afirmaciones de su Ministro de Economía, Yanis Varoufakis que expresó “negociaremos directamente con nuestros socios de Europa”.

El problema es entonces de naturaleza esencialmente política: La UE continúa a raja tabla con su política de ajuste ortodoxo que ya lleva casi siete infructuosos años o acepta discutir (como dice Varoufakis) junto al problema del sistema financiero y el endeudamiento, la falta de inversión y la enorme deuda social generada. Las posiciones están jugadas«.


Izquierda, derecha y Europa

febrero 6, 2015

Grexit

El tema del título da para mucho, por cierto. Pero este viernes tengo poco tiempo, así que por ahora me limito a acercarles un artículo interesante, que tal vez ustedes no hayan visto. O que, si lo vieron, no esperarían que diga lo que dice. Porque el autor es Leonid Bershidsky, escritor y editor ruso, afincado en Berlín, crítico de Putin y también de Obama. Es columnista de Bloomberg View, órgano del mundo financiero si los hay, y esta nota fue publicada en nuestro idioma por IEco, de Clarín.

Sucede que ya subí algunos posteos sobre la situación en Grecia, como éste, y otros en la blogosfera la han analizado, expresando en general su solidaridad con el nuevo gobierno. Santiago O’Donnell hace un reportaje que recomiendo por lo realista, y The Economist lista las armas que tiene, y usa, el Banco Central Europeo para apretar a Grecia. Pero hasta ahora he visto poco sobre el contexto político en el que se desarrolla el drama. Y si la realidad económica – no las teorías de los economistas, claro – dicen lo que puede hacerse, la política es lo que decide qué se hará.

Estoy seguro que Putin está muy consciente de eso. Y pienso que Merkel y Hollande, que hoy estarán en Moscú, no hablarán con él solamente de Ucrania.

«Europa: el rechazo a la austeridad atraviesa fronteras políticas

“La victoria de Syriza en Grecia causó una caída del euro. Podría ser sólo el comienzo. Podemos lidera  las encuestas en España. Las fuerzas políticas populistas son modernas y por lo común jóvenes y se esfuerzan más por los votos que los partidos tradicionales. Hasta hoy, los políticos del establishment sólo pudieron diferenciarse de estos adversarios nuevos mostrándose como una alternativa más moderada y conservadora del statu quo. Eso quizás baste en Alemania o en el Reino Unido, pero el mainstream europeo ha recibido duros golpes en Escandinavia y ahora está siendo aplastado en el sur de Europa».

Puede sonar paradójico que Marine Le Pen, la jefa del ultraderechista Frente Nacional de Francia, haya apoyado al izquierdista Syriza en las elecciones de Grecia y se haya alegrado por su triunfo a plastante. Pero no hay nada extraño: Syriza, el Frente Nacional y otros partidos europeos anti-establishment son parte de una revolución política que parece a punto de extenderse por toda Europa, devolviéndoles el significado original a términos políticos como “izquierda” y “derecha”.

Durante buena parte de la etapa posterior a la Segunda Guerra Mundial, los países europeos fueron gobernados por sistemas bipartidistas, en los que una fuerza de centroderecha y otra de centro izquierda se alternaban. En Francia, fueron el gaullismo (de centroderecha, hoy conocido como la UMP) y los socialistas; en Alemania, los demócratas cristianos (UCC) y los socialdemócratas (PSD); en el Reino Unido, los conservadores y los laboristas; en España, el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español; en Grecia, la Nueva Democracia y el socialista PASOK. Mientras libraban batallas políticas cada vez más rituales, se fueron volviendo cada vez más parecidos en sus políticas, al menos vistos desde el votante.

El gobierno socialista de François Hollande ahora es tan proempresarial que sus propuestas de reformas atraen el respaldo de la asociación nacional de empleadores. El UDC de Angela Merkel evidentemente se siente más cómodo en una coalición con el PSD. La última vez que gobernó el Partido Laborista en el Reino Unido, fue casi imposible diferenciarlo políticamente del Partido Conservador. En estos países y en toda Europa, la convergencia de partidos de centro en una especie de lodo incoloro ha generado grandes deserciones de afiliados.

Hay un “gigantesco vacío en el corazón de la política europea donde deberían estar las grandes ideas”, escribió la Economist Intelligence Uniten un trabajo de investigación preparado para la BBC.

Uno podrá disentir con las ideas de partidos de extrema derecha como el Frente Nacional o el UKIP (Partido por la Independencia del Reino Unido), o con las de los de izquierda radical como Syriza o el español Podemos, o de los “post-ideológicos” como el Movimiento 5 Estrellas de Italia con sus 5 exigencias sensatas sobre medioambiente y libertad de información. Pero son, decididamente, grandes ideas: grandes por lo simples, grandilocuentes, carismáticas, y del agrado de la gente. Grandes por lo antagónicas, no colaborativas. Grandes al estilo Tea Party vs. Occupy Wall Street. No hay nada intermedio ni tecnocrático en estas fuerzas políticas. A diferencia del actual establishment europeo, representan algo y no lo ocultan. Ese ya es un común denominador.

Hay otros dos: el desprecio por los eurócratas de Bruselas que imponen las mismas recetas a los países europeos sin importar su diversidad, y la solidaridad con la Rusia de Vladimir Putin. Todos los partidos populistas, más allá de su lugar en el espectro político tradicional, culpan a la UE y al Banco Central Europeo por la debilidad económica de Europa. Y dado que las sanciones a Rusia son un proyecto de la UE –y una de las causas de las penurias económicas del continente– todos los líderes de los partidos las han criticado.

Alexis Tsipras, el líder de Syriza, dijo que “la guerra económica contra Rusia no contribuye en nada a resolver la crisis de Ucrania sino que origina numerosas consecuencias negativas para toda la Unión Europea que resultan catastróficas para el sur de Europa, especialmente para Grecia”. Pablo Iglesias, vocero de Podemos, condenó la “doble moral” con respecto a Rusia e Israel: a Israel, dijo, se le permite hacer lo que Rusia está haciendo en Ucrania, donde los neonazis, según él (y Putin), gobiernan. El apoyo de Le Pen a Putin es conocido, y su partido incluso sacó un crédito grande con un banco ruso. Beppe Grillo, líder del Movimiento 5 Estrellas, ha elogiando varias veces a Putin – y a su manejo de Ucrania– en su blog.

Hasta ahora, Syriza es el único de estos partidos al que se le ha dado la oportunidad de gobernar, y ya eso ha desatado especulaciones sobre amenazas al euro y a la Unidad Europea. La noticia de la victoria de Syriza hizo caer al euro a su nivel más bajo desde 2003.

Podría ser sólo el comienzo. Podemos lidera las encuestas en España y si gana las elecciones generales del año próximo, Europa encontrará aun más motivo de conmoción e incertidumbre: España es la quinta economía del continente, y Podemos tiene un programa de izquierda más radical que Syriza, que incluye “auditorías ciudadanas” de la deuda pública y la prohibición de despidos destinados a aumentar la rentabilidad. Le Pen, por su parte, está entre los principales candidatos a la presidencia de Francia, si bien la elección es recién en 2017 y su triunfo, o incluso la fuerte presencia de su partido en las elecciones parlamentarias que se realizarán al mismo tiempo que la presidencial, podría constituir una gran amenaza para la unidad europea, según los burócratas integracionistas liderados por el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker.

Las fuerzas políticas populistas son modernas, a menudo jóvenes y activas en las redes sociales. Son más dinámicas y se esfuerzan más por conseguir votos que los partidos tradicionales. Hasta hoy, los políticos del establishment sólo pudieron diferenciarse de estos adversarios nuevos y batalladores demostrando que ellos ofrecen una alternativa más sana, moderada y que mantiene el statu quo. Esto quizás baste en la Alemania conservadora y relativamente pudiente, y tal vez en el Reino Unido, esa ciudadela del sentido común, pero el común de los europeos han recibido duros golpes en Escandinavia y ahora están siendo aplastados en el sur de Europa. Los partidos tradicionales tienen que recordar qué representan y reaprender cómo vender esas ideas a los votantes.

Por cierto, Syriza podría ayudarlos si fracasara como partido gobernante o si se pasara al bando del establishment pactando con los acreedores burócratas de Grecia. Pero sería un error dar eso por descontado. Dada la situación actual de Grecia, casi cualquier esfuerzo enérgico y decidido de Syriza seguramente va a mejorar el statu quo.

Aun si el partido logra un éxito parcial en la reducción de la deuda de Grecia y en el restablecimiento de algo de su dignidad, los radicales de todo el continente van a fortalecerse, como ya ocurrió con Podemos: la prueba de las urnas les llegará demasiado pronto para que cualquier desilusión con Syriza influya en su desempeño. Quizás sea hora de prepararse para el próximo terremoto político de Europa«.


Símbolos griegos

enero 27, 2015

tsipras-kaisariani

Aquí sólo voy a traducirles, ampliando con información circunstancial, un posteo de mi amigo Otto Rock, cuyo blog IKN informa sobre la actividad minera en Latinoamérica a los inversores. Y también otras cosas, cómo no.

Ayer, como dice La Nación, «Alexis Tsipras impuso un ritmo vertiginoso. A la velocidad de un meteoro – ése era su apodo de estudiante – cerró una negociación con el partido nacionalista Griegos Independientes para asegurarse la mayoría en el Parlamento, se entrevistó con el presidente Carolos Papoulias para aceptar el encargo de formar gobierno y luego juró como primer ministro.

A los 40 años, convertido en el jefe de gobierno más joven del último siglo y medio de la historia griega, rompió con todas las tradiciones: con la camisa blanca abierta y sin corbata -como es habitual en su caso-, formuló un juramento civil ante el jefe de la Iglesia Ortodoxa griega; como es ateo, no invocó a Dios y prometió «velar siempre por los mejores intereses del pueblo griego«.

Hubo algo más, nos advierte Otto. «A continuación, dejó el edificio y caminó hacia el memorial en Atenas de la II Guerra Mundial, el campo de tiro Kaisariani, donde los alemanes ejecutaron 200 patriotas griegos el 1º de mayo de 1944. Allí depositó flores, en su primer acto como Primer Ministro«. Teléfono para Berlín.

Por supuesto, como corresponde en una tragedia griega, todos los personajes actúan con un profundo simbolismo. Acá hay otro, con memorias de Tebas cuando la muerte de Laio y Buenos Aires en 2002 y 2003 «LONDRES, 26 de enero (Reuters) – Standard and Poor envió una alerta temprana al nuevo gobierno de Grecia, diciendo que podría rebajar la calificación de crédito soberano, incluso antes de su próxima fecha de revisión prevista a mediados de marzo, si las cosas van mal«.


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