¿Hacia dónde se mueve el Movimiento Evita?

julio 9, 2016

mov evita randazzo

Un posteo muy de coyuntura puede parecer descolgado en el día del bicentenario de la Declaración de Independencia (No a la mayor parte de los comentaristas del blog, seguro, pero esa es una minoría tan poco representativa de los lectores como la militancia de los votantes).

Es que las recientes movidas del Mov. Evita, han causado alarma y rechazo en buena parte de la blogosfera. Y de la militancia K. Creo que en parte se debe al título sensacionalista de Letra P “Randazzo y el Movimiento Evita pusieron la piedra fundamental del poskirchnerismo“.

Como saben, yo creo que la muerte del kirchnerismo es una “noticia muy exagerada”. Aún para los que lo ven -mi caso- como una etapa más del peronismo, es fácil darse cuenta que conserva una conducción con un grado altísimo de reconocimiento y adhesión, (pocos) dirigentes, (muchos) militantes y, lo más importante, una cantidad muy grande de gente que lo recuerda con nostalgia. Y eso es así desde que para muchísimos argentinos, es el único peronismo, el único gobierno popular que conocieron.

Al mismo tiempo, es indudable que el Evita es el movimiento social más organizado y con mayor peso político en las provincias más pobladas. Sus movidas no son triviales, por lo tanto, y se dan en el marco del desgajamiento de bloques legislativos.

Mi opinión, por lo que valga: recién mencioné al Evita como un movimiento social. Eso significa que se originó como un “sindicato de los desocupados”. Como todos los sindicatos, contempla en primer término los problemas de su estructura. No es de extrañar que un sector suyo que defiende enérgicamente el liderazgo de CFK es el que tiene su base en la Avellaneda de Ferraresi.

Ahora, no creo que estas movidas suyas deban verse solamente en el marco de las necesidades de sus estructuras. Si bien, como ya dije hace dos semanas, “las razones públicas que dio para su alejamiento (del bloque del FpV) suenan bastante idiotas“, sus declaraciones y toma de posición no son rupturistas, al contrario. El planteo de diálogo, aún con Massa, que sonó  a blasfemia para los cristinistas de corazón puro… bueno, hoy todos (incluso los de La Cámpora) están hablando con todos (incluso los del FR).

La línea divisoria pasaría hoy, parece, con los que se suman a Cambiemos.

En cuanto a Randazzo, a quien los del Mov. Evita “respetan mucho”… lo que están haciendo es un casting de candidatos para las elecciones del año que viene.

Porque hay que tener claro que estas elecciones muy próximas no definen candidaturas presidenciales en el 2019, ni siquiera el destino de las principales fuerzas. Darán los resultados de cada provincia y de la CABA. Que, por supuesto, influirán en forma decisiva en lo que va a pasar en 2019, a partir de los que ganen y pierdan en cada distrito.

Entonces… en el Evita aparentemente no tienen la certeza que CFK compita personalmente en la Provincia de Buenos Aires, fundamental para ellos (y para el resto). CFK no está dispuesta a comprometerse públicamente a eso (of course). Y, por alguna razón, ellos tampoco tienen confianza en un candidato a encabezar la lista provincial que ella pueda apoyar un mes antes.

Me parece natural que el Mov. Evita esté explorando los candidatos que pueda apoyar y las alianzas que puede forjar. Es lo que -menos públicamente- toda la dirigencia peronista está haciendo, en todos los distritos.


Y en eso llegó Daniel

marzo 28, 2016

marcha 24 3

Nuevamente me disculpo por un título fantasioso. Me tenté porque la nota que me llamó la atención es de este domingo en Página 12. Y Página en estos meses está muy sciolista, aunque el que fue candidato del Frente para la Victoria tenga poco que ver con el mitológico Comandante. Será que como Troilo -ya lo dije- siempre está llegando. O simplemente, siempre está.

Como sea, comparto con ustedes esta crónica del informado Nicolás Lantos. Creo que la blogosfera K no la comenta. Y mucho menos la blogosfera no K. Como de costumbre, una reflexión mía al final.

La interna del peronismo no es un camino en línea recta sino más bien un sendero con vueltas, atajos y algunas curvas inesperadas. La procesión de más de treinta dirigentes peronistas que el jueves marcharon juntos, a la cabeza de la masiva columna del Movimiento Evita, no fue solamente un hecho “inédito” en la historia de las manifestaciones por el Día de la Memoria, tal como lo describen sus organizadores. Además fue una señal hacia adentro de un PJ que transita una etapa de reorganización institucional y política, indicando que cambió el escenario.

A partir de esta semana no hay dos sectores en esa pugna, ahora son tres: el espacio que hizo su bautismo esta semana en Plaza de Mayo y se referencia en Daniel Scioli, Jorge Taiana y un grupo de intendentes del conurbano bonaerense propone una postura intermedia entre el oficialismo light de Juan Manuel Urtubey y el Bloque Justicialista y la intransigencia que plantea el kirchnerismo más férreo. Si bien todavía se trata de una foto y algunas charlas informales, desde el jueves se suceden chats y llamadas telefónicas para armar un próximo encuentro, que sume más rostros a los que marcharon por Diagonal Sur.

La idea no es “pelearse con nadie”, sino ofrecer una alternativa que facilite una salida de unidad, bajo la idea de que si el peronismo “se polariza y se rompe por los extremos” terminará licuando su representatividad social y poniendo en serio riesgo su performance electoral en el 2017, particularmente en la provincia de Buenos Aires. “La prioridad no es poner un candidato a conducir el partido sino llevar la interna a buen puerto”, explica uno de los armadores del espacio, que además busca repetir la misma alianza a nivel distrito en varios municipios de la provincia.

La idea surgió del seno del Movimiento Evita, que vio la marcha del 24 de marzo como la ocasión para expresar también un fuerte apoyo a la unidad del PJ: “Teníamos una idea de conformar una cabecera para nuestra columna que expresara nuestra posición política, de forma plural, diversa”, explicó el referente de ese espacio Fernando “Chino” Navarro. El diputado bonaerense aseguró que la composición refleja mayormente al conurbano bonaerense porque “faltó tiempo para armar algo con otras provincias y sindicatos”, pero que esas conversaciones ya están en marcha.

Pronto se sumaron a la propuesta el senador Juan Manuel Abal Medina y la diputada Cristina Alvarez Rodríguez. Ella fue la responsable de acercar al armado a tres figuras con peso específico: Scioli, ex candidato presidencial del Frente para la Victoria; Fernando Espinoza, presidente del PJ bonaerense; y Verónica Magario, intendenta de La Matanza. Otro legislador, Leonardo Grosso, fue el encargado de acercar a los intendentes de la primera sección: Gabriel Katopodis (San Martín), Leonardo Nardini (Malvinas Argentinas) y Gustavo Menéndez (Merlo).

Taiana invitó al ex juez de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni y al ex presidente de la Biblioteca Nacional Horacio González, quien finalmente no asistió por motivos de salud. También, al ex titular del Banco Central Alejandro Vanoli. Hubo dos ex secretarios de Derechos Humanos de la provincia: Edy Binstock y Remo Carlotto. Algunos marcharon juntos toda la tarde. Otros, como Espinoza y Magario, acompañaron un rato y regresaron a sus respectivas columnas de origen.

“Es sólo una foto, las fotos son eso. Pero en el caso nuestro forma parte de una película. Desde hace años nosotros planteamos una política muy amplia, de brazos abiertos. Para mantener el 54 % del 2011 había que abrir los brazos y nosotros por el contrario tuvimos dificultades para mantener sectores que se fueron alejando. Hoy es imprescindible conseguir una unidad para tener las mayorías que necesitamos para enfrentar al gobierno de derecha de Macri”, planteó Navarro.

“No queremos pelearnos con nadie. Proponemos terminar con las divisiones para trabajar por la unidad –agregó el ex diputado Mario Oporto, que también formó parte de la columna–. Nuestro adversario está afuera y no adentro del PJ. Si esto se polariza y se rompe por los extremos nos quedamos con poca representatividad. El peronismo no es ni vanguardia iluminada ni conservadurismo popular”. El desafío, aseguró, es encontrar “una unidad que no deje a nadie afuera y en la que nadie hegemonice” el espacio.

La tarea es complicada: se trata de acertar cuál es el cable que desactiva la bomba de tiempo que cuenta los segundos que faltan para el 8 de mayo, día en que caduca el mandato de las actuales autoridades y están previstas las elecciones internas o la consagración de una fórmula que mantenga la integridad de un peronismo a punto de estallar en mil pedazos. “Si los dirigentes no tenemos capacidad y aptitud para construir unidad, la unidad la va a construir el pueblo en la lucha y en la calle –concluyó Navarro–. Los que lo entiendan estarán adentro y los que no, lo mirarán desde la vereda”.

Mi reflexión: La relación del Movimiento Evita -el más numeroso y organizado de los movimientos sociales- con el anterior gobernador Scioli lleva largos años. Pero esta es una apuesta -relativamente- nueva. DOS ya no gobierna la PBA. Su activo político es que es una de las dos caras del Frente para la Victoria más conocidas por los votantes. La otra, por supuesto, es CFK.

Parece evidente -salvo para los anticristinistas envenenados- que ella convoca a la mayoría de los militantes identificados con el peronismo. Más aún, si se considera al conjunto del FPV. Pero también despierta reservas entre algunos gobernadores, muchos dirigentes sindicales, y los dirigentes territoriales que están fastidiados con el método verticalista de armado de listas.

Este proyecto de Scioli, Taiana, el Movimiento Evita, y parte del todavía poderoso peronismo del conurbano -La Matanza asoma en la foto de arriba- aspira a ser confiable para ambas realidades del peronismo. La confianza, como diría Frank Underwood, no es un producto de consumo masivo en la política. Pero hay algo que obliga a una definición temprana, y no es la interna del 8 de mayo, donde creo que se puede llegar a una lista común para este viernes 8 de abril (Aquí el confiado soy yo).

La clave es que en las elecciones del año que viene se eligen diputados y senadores de cada provincia. No habrá candidatos nacionales en las boletas ¿Quién encabezará la de la Provincia de Buenos Aires, por ejemplo?


“El peronismo después de Cristina” ¿O antes?

febrero 7, 2016

el trono vacío

Pierre Ostiguy tiene un Ph.D. en Ciencia Política de la Universidad de California en Berkeley y es profesor en el Instituto de Ciencia Política de la Universidad Católica de Chile. Es autor de una matriz que describe -simplifica- la política argentina como un plano dividido por dos rectas: la vertical separa la izquierda y la derecha convencionales, la horizontal, al peronismo del antiperonismo. A Manolo Barge y a mí, entre otros, nos ha parecido interesante.

A pesar de todo eso, Ostiguy habría escrito esta nota que subió Bastión Digital. Digo “a pesar”, porque tiene poca politología y bastante calle. Calles diversas: de Florencio Varela, de Río Cuarto, de Clorinda…

Por eso la subo un domingo a la mañana, porque me parece que compite muy bien con los análisis dominicales de los columnistas ofos y opos, algo porteñocéntricos. Pero también porque estoy en desacuerdo. Este análisis de Ostiguy deja afuera un factor muy importante. Y una verdad a medias, o del 40% … no es verdad. Igual, con la crítica que agrego, y lo planteado en el posteo del viernes, sirve, me parece, como un cuadro bastante completo del peronismo a hoy.

Entonces, primero la nota. Después mi observación.

Parafraseando el dicho, cuando el gato está ausente de la Quinta de Olivos, los ratones bailan. El Peronismo, como ocurre cada diez a quince años, está otra vez buscando su nueva identidad e, indisociable de eso, a su nuevo conductor, lo que tardará un poco más. Si esa búsqueda era una pregunta plausible en el caso de una victoria de Scioli, con la estrecha derrota de 2015 se hace absolutamente imprescindible, otra vez.

Ya en julio predecía que la sigla Frente para la Victoria (FpV) iba a perder preeminencia y que íbamos a ver a surgir nuevamente, con bastante fuerza, el olvidado y viejo (y polvoriento) PJ. Y de modo general, decía que aun si íbamos a seguir hablando de “kirchnerismo”, la gran discusión relevante iba a ser sobre “el Peronismo”. Ya hemos llegado. Estamos en eso. Uno puede ponerle el contenido que quiera, pero no hay duda que un nuevo ciclo se está dibujando, necesariamente, para el Peronismo.

Una primera incongruencia es que el gran bloque de ahora 83 diputados en la Cámara de Diputados y el bloque mayoritario del Senado no tienen el mismo nombre que el del partido que básicamente los componen, el PJ. Cristina Kirchner sigue siendo la líder del Frente para la Victoria, pero, citando a Capitanich, no tiene interés en el PJ. Si la relación entre el PRO, la UCR, CC y Cambiemos es clara (aun si no ideal para sus miembros), la relación política entre el FpV y el PJ no lo es – por lo menos ahora. Más aun, se está resignificando. Institucionalmente, ¿bajo qué sigla se tiene que llamar la oposición oficial? Como “fuerza política”, ¿cuántos peronismos hay ahora?

Distinguiría, para simplificar aquí a ultranza, tres grandes tendencias en este momento en el movimiento peronista. La mayoritaria es la del “peronismo que gobierna”, pejotista en el alma antes de kirchnerista, pero que vive muy bien con éste cuando hace falta. Es el Peronismo de los dirigentes que saben gobernar y supieron sobrevivir bajo Menem, De la Rúa, Néstor y Cristina. Es el peronismo que descoloca a observadores extranjeros y que recibe la ira de los autonombrados cuidadores de la “calidad de la democracia”. Es también el Peronismo de Pichetto en el Senado; del “samurái criollo” Ishii o (lo que no es igual) de hasta hace poco Hugo Curto, en las intendencias del GBA; de los “Gordos”, en el sindicalismo; etc.

A su izquierda, segundo, están los herederos leales y militantes del kirchnerismo, algunos jóvenes, algunos peronistas desde siempre como Carlos Kunkel y Agustín Rossi en el Congreso o Emilio Pérsico en el movimiento social, otros desde “casi siempre” como el Chino Navarro, y otros francamente no peronistas o neófitos, como Kicilloff o Sabatella. También, con ellos, están los indefectiblemente leales a Néstor y Cristina pero que no son particularmente de izquierda, como Aníbal Fernández, Guillermo Moreno o Julio de Vido. Daniel Scioli navega como siempre entre esas dos primeras tendencias, con su estrella cada vez más atrás.

Tercero y a la derecha, están los peronistas desde siempre abiertamente anti-kirchneristas, y los que “salen del closet” con el gato recién ausente. Allí están las numerosas figuras históricas del peronismo disidente y las figuras nuevas, de actualidad, con J.M. Urtubey en primer lugar.

En cuanto a los “ismos”, para Puerta o el peronista bonaerense Granados, el peronismo y el kirchnerismo/ FpV son cosas muy distintas, mientras para el hijo Máximo “el FpV y el peronismo no son cosas diferentes”. Al fin del día, eso lo tendrán que decidir “en masa” los peronistas que estén en posición de gobierno. Ahí se juega la pelea, que es muchísimo más que semántica.

Dentro de ese panorama cambiante, más complejo en término de tendencias que lo que fue descripto, se juegan un sinnúmero de intrigas políticas inevitables. La “derecha” peronista, tanto la que quedó históricamente adentro del FpV y que se descubre ahora, como la que nunca fue parte del kirchnerismo, así como la que salió en 2013 con Massa, hace un fuerte canto de sirena como en Pinamar el mes pasado y como en esta primera semana de febrero para sepultar de una vez el kirchnerismo (que según Ramón Puerta “nunca fue peronismo” y que “se está desarmando, gracias a Dios”). Massa, quien sacó los pies del plato, quiere que el próximo presidente del PJ sea su socio De la Sota, del PJ cordobés, mientras Urtubey, quien se había quedado adentro, paciente, se postula a sí mismo y ocupa en estos días el centro de la escena.

Donde sin embargo se juega el futuro del peronismo es con el grueso de los peronistas clásicos que vivieron bien, y desde bien adentro, el kirchnerismo, y que todavía forman parte del bloque FpV en el Congreso. De ahí que el temor a la fuga liderada por Bossio esta semana en la Cámara de Diputados fuese mayor a 14 diputados. El candidato de consenso en esa gruesa categoría, pivota y amplia, es el sanjuanino Gioja. Pero esa fachada de unidad puede ser una manera de esconder el problema bajo la alfombra; y, por si acaso hay competencia para la presidencia del PJ, ya se anotaron Moreno y Capitanitch, de un lado, y Urtubey y De la Sota, por el otro. Detrás de la fachada pasa mucho.

Pero como bien saben los peronistas, lo que más importa no es de ningún modo quién preside el PJ, sino quién va a conducir el movimiento. No hay que confundirse. En este movimiento nacional-y-popular que se quiere a la vez pueblo y gobierno, eso lo deciden, traducido en prosaico, las encuestas, y la “capacidad de entusiasmar”. Incluso (antes de que nos olvidemos) la capacidad de crear relato –si épico, mucho mejor. Se deja a los Radicales la política chica de comité. Para conducir, Massa tiene un sinfín de enemigos, por su “traición”, así como la Cámpora, por su “sectarismo”. El proceso se resolverá “orgánicamente”, es decir, con el viento de la historia más que con el reglamentismo y la libreta.

Como proyecto (pues sin proyecto no hay peronismo que valga, aun si los proyectos cambian mucho), lo que se observa en la tendencia de los peronistas “de derecha”, anti-K, es (como en aquella época ochentera, alla lejos, en contra de los dinosaurios en aquel momento “de derecha” como Herminio) una modernización partidaria del peronismo. Ahí coinciden fuertemente Urtubey y Massa desde el FR. Este peronismo “prolijo”, “bien educado”, reglamentista, es claramente una reacción al peronismo de Aníbal Fernández y a la imagen introducida con fuerza por líderes como Carrió sobre el “narco-peronismo” patotero y fuera de la ley. Es un espejo, de hecho, a la inversa de la Renovación peronista de los ochenta (que se acercaba al progresismo alfonsinista), entonces en reacción a un “bajo” de derecha. Con Sabatella como socio de Aníbal, esta vez se busca una renovación (mas cerca del estilo triunfante de Macri), en reacción a la militancia de izquierda. Es de esperar que el peronismo no pierda su “alma” y el célebre sentimiento con esos procesos de renovación hacia lo prolijo, ya que a fin de los ochenta se recobraron ambos vía el populismo bien popular y nacional de Carlos Menem, con sus caravanas de la esperanza. Quién representaría, en este caso, esa reacción (Capitanitch no es, por como habla), no hay cómo saberlo.

El kirchnerismo (y el diario Página/12) quisiera que la política argentina se simplificara en un conflicto entre la izquierda, nacional y popular, progresista, por un lado, y la derecha liberal y neoliberal, cerca del poder socioeconómico concentrado, por el otro. Pero el espacio político argentino es más complicado, y tampoco es unidimensional. Muchos peronistas clásicos, y gran parte de la sociedad argentina también, están muy acostumbrados, para no decir muy “cómodos”, con el clivaje peronista/anti-peronista, que estructura de hecho, y a pesar de los innumerables esfuerzos de cambiar eso, la política argentina desde hace más de medio siglo, sino más.

El “paginadocismo” tiende a olvidarse de los vastos sectores populares conservadores del interior, mucho más cómodos con un Urtubey (o Gioja o, por qué no, Menem) que con un Kicillof o un Sabatella. Y hay una clase media urbana, posiblemente “auto-engañada”, o no, a la que le gusta proclamarse progresista y que no tiene futuro en el gobierno empresarial de Macri. Por esas razones (ambas producto del bi-dimensionalismo), el viejo sueño de Di Tella de que el peronismo se convierta en partido social-demócrata laborista no tiene chance. Por lo espectacularmente variado que es lo nacional y popular “realmente existente” en Argentina, la lucha política para el control y la resignificación del peronismo acaba, de nuevo, de empezar. El resultado está abierto. Irónicamente, citando al intelectual faro del kirchnerismo, Ernesto Laclau, es otra vez la “lucha por la hegemonía”, en una realidad “sin sutura”.

Mientras tanto y a nivel prosaico, la lección para un líder peronista sería, por lo menos, de desconfiar de los directores de ANSES que pone, después de las experiencias consecutivas de Massa, Boudou y Bossio. En familia, las cosas quedan más seguras, como lo muestran todas las fotos del peronismo“.

En mi opinión, este análisis, ingenioso, está dejando afuera un factor fundamental: los votos. Un insumo fundamental para todos los sectores del peronismo que aquí menciona, y para los que no menciona también.

Que se entienda: Urtubey, Gioja, Capitanich, por ejemplo, “tienen” votos: han ganado con cómodas mayorías en sus distritos. También Fernando Espinosa y Jorge Ferraresi, como muchos otros. Pero… ninguno puede decir que hoy sería un presidenciable del peronismo. No los conoce como tal, la inmensa mayoría de los argentinos.

Esto no es una observación descolgada. Es cierto que hoy no hay elecciones presidenciales. Que en las legislativas del año próximo no habrá candidatos que figuren en las boletas de todo el país. En realidad, es muy probable que una condición necesaria para ser el candidato a presidente del peronismo en 2019 sea el haber ganado en su distrito en 2017.

Todo eso no cambia el hecho que cualquiera que aspire a conducir el peronismo -el movimiento, como dice nostálgicamente Ostiguy- debe hacer creíble que puede ganar la Presidencia en 2019. Esto es válido no sólo para los de a pie, que -como cualquier argentino sensato- se interesan en primer lugar por quién va a tener la acumulación de poder político más grande.

También es el dato decisivo para cualquier gobernador o intendente o aspirante a, aún los más egoístas. Además de su propio cargo, la otra cosa que influye más en su suerte es si el Presidente es un compañero, o no.

Puede decirse que P. O. no se olvida de esto. En su artículo hace referencia a las encuestas, y al entusiasmo. Pero, repito, no pregunta de dónde vienen los votos. Porque los “propios” del peronismo no alcanzan. Y los políticos del peronismo lo saben. En realidad, los votos “propios” de nadie alcanzan. Macri no ganó, por cierto, con los votos del PRO. Sumó, finalmente, a todos los que deseaban que terminara la experiencia kirchnerista.

Lo mismo, con las variaciones del momento, vale para Alfonsín, Menem, De la Rúa, Kirchner y Cristina. Todos ellos lograron, en su momento, el voto de mayorías que iban mucho más allá de los propios partidarios.

Lo que les resulta incómodo a muchos opinadores es que, en el peronismo, hay sólo dos figuras que han mostrado esa capacidad de sumar: Cristina Fernández, y -en menor escala, sin entusiasmos, pero en una circunstancia más cercana- Daniel Scioli. Por supuesto, esto no garantiza nada. Cristina no ha hecho política desde afuera del poder: siempre ha sido la mujer del Jefe, o la Jefa. DOS… no ha demostrado aún que puede ser Jefe.

Lo que sí me parece evidente es que cualquiera que aspire a serlo debe mostrar esa capacidad de sumar.


Habla Zaffaroni

enero 28, 2016

zaffaroni

Siento que debo dejar claro que no comparto la doctrina penal del Dr. Eugenio Zaffaroni. Es cierto que es un pensador del derecho reconocido en el mundo, que ha sido miembro de nuestra Corte Suprema de Justicia (designación que en su momento la Dra. Elisa Carrió calificó como “un sueño hecho realidad”), y lo es actualmente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Sin duda, su producción es de alto nivel intelectual -y tiene un estilo literario lúcido, al contrario de muchos de sus colegas- pero un pensamiento que considera -sintetizando- que más peligroso para la sociedad que el delito es la reacción estatal para combatirlo… me parece de un anarquismo romántico e idiota. Que termina favoreciendo a demagogos que se montan en la reacción popular, que exige combatirlo.

Ustedes se preguntarán a qué viene esta reflexión jurídica, que nadie me ha pedido. Sucede que el Dr. Zaffaroni ha publicado en la Agencia Paco Urondo un artículo donde, a pesar que insiste en que no es la persona indicada para dar directivas políticas, el hecho es que las hace.

Y son las directivas necesarias para orientar a la militancia inorgánica y masiva de estos días. Directivas que deberían estar dando las dirigencias medias del peronismo y de sus aliados frentistas, en lugar de estar discutiendo sobre liderazgos “indiscutibles” y quiénes los expresan mejor (Tarea que es necesaria -es la política- pero de la que se harán cargo los que aspiran a conducir. Y los que los van a votar, o no). Por eso, quiero copiarlo aquí, y aplaudirlo. Agregando un pequeño comentario al final.

“La situación del país es insólita, pero en modo alguno desesperante: el campo popular superó momentos mucho peores. Además, toda Latinoamérica sufre esta etapa avanzada del colonialismo corporativo. Por suerte, frente a las horribles tragedias de nuestros hermanos, hasta el presente no llevamos la peor parte ni mucho menos.

No obstante, no dramatizar no significa subestimar el panorama argentino actual, que es de caos institucional (gobierno por decretos-leyes, incluso en materia penal y tributaria; despidos masivos e indiscriminados de funcionarios; distribución centralizante de la coparticipación federal; designación de jueces supremos por decreto; clarísima usurpación de competencias del Congreso; amenaza a la autonomía del Ministerio Público; desbaratamiento del AFSCA;  supresión de toda disidencia en los medios de comunicación; endeudamiento e inflación; devaluación acelerada del salario real; extorsión manifiesta al sindicalismo; y un largo etcétera).

El Poder Judicial complica más las cosas: los jueces cercanos al campo popular son estigmatizados como militantes ; los que consienten y legitiman el caos institucional, son los imparciales o políticamente impolutos. En poco tiempo se acentuará el desprestigio del Poder Judicial, cuyo grueso lo compone una masa silenciosa que, dentro de todo, hace bastante bien las cosas. Es muy posible que en el futuro sea el chivo expiatorio, sobre el que recaiga la totalidad de la responsabilidad de este caos institucional.

Si bien las cuestiones institucionales no provocan movilizaciones masivas, las tropelías institucionales preanuncian siempre atropellos de otro orden que, por otra parte, se advierten discursivamente sin tapujos.

A este caos institucional se suma la torpeza política, con una tónica general que no puede menos que recordar la prepotencia de la revolución fusiladora.

La prisión de Milagro Sala es ordenada por una justicia manipulada impúdicamente con tal grado de descaro, que ni siquiera al recordado Menem se le pudo achacar. No se trata sino de una clarísima muestra de grosería política revanchista. Al escándalo de pretender que la protesta configura sedición, se suma el injustificado requerimiento previo de fuerzas federales que ha costado 43 vidas. (En perspectiva regional no es descabellado calcular 43 + 43 = 86, pues tanto a los normalistas de Ayotzinapa como a nuestros gendarmes los podemos poner a la cuenta de los virreinatos del colonialismo avanzado). El papelón internacional de la Argentina con este caso es considerable y nos afecta a todos los ciudadanos.

La exigencia transnacional de intervención de Fuerzas Armadas con pretexto de combate al narcotráfico, conforme a la experiencia regional, pone en riesgo la Defensa Nacional, pero implica también una intimidación pública, de la que forma parte el renacimiento de procedimientos policiales archivados hace años.

Torpeza política, control de medios, movilización de fuerzas federales, riesgo para las Fuerzas Armadas de la Nación, intimidación pública, manipulación judicial y caos institucional generalizado, forman un cocktail de alto y peligroso poder embriagante, debilitante de frenos inhibitorios.

Frente a esto, muchos ciudadanos –y en particular los más jóvenes- preguntan: ¿Qué podemos hacer? ¿Qué debemos hacer?

No soy la persona indicada para proporcionar esa respuesta, dado que no es jurídica ni institucional, sino política y, por ende,  esa naturaleza indica que deben proporcionarla los políticos.

Pero los políticos del campo popular aún están shockeados. No saben bien qué hicieron mal. Creo que no han hecho nada demasiado mal; quizá no admitieron que algunas tazas molestas se podían reacomodar en el armario.

No contaron con la versión local de monopolio mediático propio de nuestra región (no tolerado por ninguna de las democracias del mundo desarrollado) y que, como parte de las corporaciones transnacionales, aprovecharía ese flanco para estafar a alguna gente, haciéndole creer que el cambio se limitaría a remover algunas tazas de una posición que les resultaba antipática. El error táctico fue no moverse con la rapidez necesaria para mostrar que no venían a cambiar de posición las tacitas, sino a romper el armario.

Pero nuestros políticos parece que comienzan a reaccionar, como crecientemente se les reclama; la reunión de gobernadores es prometedora. En breve volverán a ser protagónicos si dejan de pasarse facturas y postergan el internismo, que es el cáncer de los partidos del campo popular, como lo demuestra el espejo del radicalismo.

Sería suicida distraerse con el internismo y alejarse del Pueblo, pues pelearían por un armazón vacío: toda estrategia y táctica popular debe priorizar la respuesta al Pueblo. Pero en tanto terminen de salir del estupor y asuman la función natural de conducción y orientación, debe primar la prudencia.

Nuestro Pueblo no está indefenso. La pretensión de una construcción mediática de realidad única, está condenada al fracaso. La tecnología comunicacional actual no es la de 1955 ni la de 1976. Además, no faltará en el propio campo mediático empresarial quien aproveche la demanda de al menos el 50% del mercado: si medio mercado (con perspectivas de aumentar) demanda galletitas, alguien las ofrece.

Las plazas no cesarán; en este caso no es verdad que la gente se cansa. Las cesantías masivas en la administración de miles de funcionarios, los convierte mecánicamente en militantes. Y dentro de escasos meses se sumarán las otras víctimas de este descalabro de concentración de riqueza y de crecimiento de lo único que harán crecer: el coeficiente de Gini, o sea la desigualdad social.

Esa militancia necesita conducción, orientación y también contención de los políticos, ante todo porque debemos cuidar la vida de nuestra gente. Deben conducir porque debe contenerse a cualquiera que se descontrole y detectar a los provocadores. Ni la menor violencia debe salir del campo popular, porque la están esperando para reprimir, y para la represión son todavía más torpes que en lo político, que es decir.

No debe olvidarse que la violencia nunca fue propia del campo popular, sino de sus enemigos : los sucesivos virreinatos  destrozaron la modesta vivienda de Yrigoyen, anularon la elecciones de Pueyrredón-Guido, fusilaron en las dictaduras de 1930 y 1955, derogaron una Constitución por bando militar, convocaron a una Constituyente sin Congreso, bombardearon la Ciudad de Buenos Aires y ametrallaron a los trabajadores, destituyeron jueces masivamente, sancionaron el decreto 4161, proscribieron partidos mayoritarios, impusieron penas validas del estado de sitio, anularon las elecciones de 1962, encarcelaron a presidentes electos por voto popular, sometieron civiles a juicios militares, asesinaron y desaparecieron a decenas de miles de personas, robaron bebés, se autoamnistiaron, y hoy provocan el caos institucional.

A toda costa se debe impedir cualquier pretexto que permita legitimar la represión. La protesta debe canalizarse orgánicamente, con conducción y contención, agotando todas las medidas legales, ocupando todos los espacios de libertad que tenemos por ley y Constitución.

La lucha no violenta es de valientes, no de timoratos ni medrosos, porque no evita la violencia de los otros, sino que la deja en descubierto y los deslegitima y debilita. Se trata de la vieja técnica oriental: la defensa consiste en usar la fuerza del contrincante para debilitarlo.

Los defensores de la violencia suelen ironizar respecto de Gandhi, recordando que los ingleses victimizaron a miles de personas en la India, que luchaban pacíficamente. La idealización de la violencia, en la que se nos educa desde niños, les impide calcular el tiempo que hubiese durado y los millones que hubiesen perecido si la lucha por la independencia de la India hubiese sido violenta. ¿O se olvidan que los colonialismos son impiedosos?

Pero la lucha contra el caos requiere orden y organización: La organización vence al tiempo, decía Perón. Es menester conducción y organización, para que todo ciudadano, dentro de sus posibilidades, se convierta en creativo, en pensador, en jurista, en difusor, en síntesis, en político. En breve serán pocos los que digan Yo no entiendo ni quiero saber de política.

La política es el gobierno de la polis, y a poco andar -y por el camino que adopta este virreinato- todo ciudadano se dará cuenta de que quienes fomentan la antipolítica y se proclaman apolíticos, en realidad quieren ejercer el monopolio de la política, o sea, del gobierno; más que nunca su torpeza va mostrando una opción bien férrea : o nos gobernamos nosotros o nos gobiernan otros.  

Insisto en que no soy la persona indicada, pero de momento me permito sugerir: (a) Nada de violencia. (b) Ocupación de todos los espacios legales y constitucionales para reclamar, denunciar y protestar. (c) No asumir ningún riesgo inútil. (d) Reclamar de los políticos que despierten de su schock. (e) Contención de quien se descontrole y separación urgente de los provocadores. (f) Utilización de todos los espacios de comunicación. (g) Postergación de todo internismo. (h) Privilegio de la función de conducción y orientación popular. (i) Generosidad con los errores ajenos y corrección de los propios. (j) La fuerza se vence usando las neuronas, o sea, lo que a la fuerza le falta: la razón.

Hace muchos años, había un busto de Evita en la columnata de entrada al Cementerio de la Chacarita. La dictadura de 1955 lo retiró. El día de difuntos, la gente pasaba y cada uno dejaba una flor en el lugar en que había estado el busto, hasta que se formó una montaña de flores. Aprendamos la lección popular: enterremos la prepotencia del caos institucional bajo una montaña de flores”.

Hay una observación inevitable (que se ha hecho muchas veces, también por mí, a los discursos K): esta de Zaffaroni es una reflexión dirigida a los que ya están convencidos. Es así. Está dirigida a los militantes y los politizados que pueden serlo. Pero aunque son una minoría -otra cosa que he repetido en el blog- son la minoría en torno a la cual se articulan las demandas populares. Los más entusiastas tienden siempre a adelantarse. Pero no importa: cuando los reclamos de una sociedad están en fuerza, nadie puede ignorarlos.


El aporte de Macri a la unidad del peronismo

enero 22, 2016

foro-de-davos

No sé ustedes, pero yo estoy un poco cansado que en la gran mayoría de los posteos termine hablando de la interna del peronismo.

Sucede que no solamente los peronistas politizados -como yo- la encuentran irresistible. También los de afuera pontifican sobre ella, con la esperanza de influirla. Algún(os) motivo(s) habrá.

Como sea, creo que es un deber de todos los peronistas reconocer el valioso aporte que acaba de hacer el Presidente Mau a la unidad de nuestro movimiento. Más allá de sus motivos, justamente. A caballo regalado no se le hacen implantes.

Me refiero a que, en Davos, Macri posicionó a Massa como el próximo líder del PJ. Y procedo a explicarme.

El colega bloguero y amigo Artemio López insiste todos los meses, desde hace unos dos años, que “El tipo de unidad histórica – social y política- que plantearon Néstor y Cristina está crujiendo“. Supongo que se refiere a la convergencia en el Frente para la Victoria entre el peronismo -o un sector de él, tan mayoritario electoralmente que la distinción es pedante- y un sector del “progresismo”. Sector de la “centro izquierda” que las últimas elecciones mostraron también como mayoritario. Como recordarán, Progresistas de Stolbizer sacó menos votos que el Frente de Izquierda de Del Caño.

Ahora bien, es indiscutible que hay tensiones. No ya dentro del FpV. En el seno del peronismo. No es sorprendente. Tenemos compañeros, legitimados con cientos de miles de votos, cuyas ideas son similares a las de Sergio Massa. O un poquito a la derecha. También hay (of course) muchísimos compañeros con un vínculo emocional con Cristina Kirchner, que consideran que su gobierno fue maravilloso y sus decisiones todas acertadas. O, al menos, que no vale la pena discutirlas, frente al Mal Absoluto que está enfrente. Y hay otras posiciones, cómo no.

Ninguna de las dos que mencioné me expresa exactamente. Pero eso no importa. La realidad política es que si el peronismo quiere triunfar –y quiere, créanme- necesita todos esos votos. No le sobra ninguno, especialmente cuando desde el otro lado se construye una opción que también sabe sumar. Como pasó en 1983, 1999, 2015…

En realidad, mi escepticismo de siempre frente a la ruptura tantas veces anunciada por intelectuales y comunicadores, es que esta diversidad no tiene nada de nuevo. Ni en el peronismo, ni en la política real. Sólo alguien que no conoce, por ejemplo, a los partidos Demócrata o Republicano de los EE.UU. cree que tienen homogeneidad ideológica. O el partido Laborista de Gran Bretaña, que reúne a Blair y a Corbyn.

En la sociedad moderna, cada vez más fragmentada, la suma de diversidades necesarias para gobernar se da a través de partidos de masas, como en los casos citados. O por coaliciones parlamentarias, como en la Europa continental o en Brasil.

De cualquier modo, esas tensiones, inevitables, se manifiestan abiertamente entre nosotros cuando un peronista no tiene la Presidencia de la Nación (cuando no es así, también hay tensiones, por supuesto, pero rara vez se expresan en público. Nuestra tradición es que un Presidente peronista conduce el movimiento). Por ejemplo, en reuniones como las que cuenta aquí Pablo Ibáñez de Ámbito, o esta otra que relata Sabrina Carrasco de Letra P. (No las voy a sintetizar y comentar, como tengo por costumbre. Es viernes y hace mucho calor. Los interesados en la interna, léanlos).

Frente a esas tensiones, digo, Macri nos hace, llevándolo a Massa a Davos y “dándole manija”, un importante favor. Entiéndase: no es que toda la franja dirigencial del peronismo, y las bases que aspiran a ingresar a esa franja- están peleando por ser el Número Uno. Alguno/as sí, pero la gran mayoría quiere afirmar sus cuotas de poder y/o representatividad. Que el gobierno nacional -y el bonaerense- con sus recursos, aparezca favoreciendo a uno -que se puso afuera de la manada para pelear- dispara los instintos defensivos de la mayoría. Para no hablar de las bases, las que no aspiran a ser dirigentes pero votan para elegirlos. O rechazarlos.

Nos viene bien, entonces, hasta que la realidad -los votantes- decidan quién es el Número Uno. En cuanto al Frente para la Victoria… No alcanzo a ver porqué habría que romperse. Salvo por prejuicios ideológicos, que nunca han sido decisivos en el peronismo. Perón siempre, en todas las elecciones en que participó, hizo frentes electorales. Más recientemente, Menem gobernó diez años con lo que era, en la práctica, un frente entre el peronismo y la derecha “neoliberal”. Y los Kirchner gobernaron doce con uno entre el peronismo y el progresismo.

Hoy la derecha “neoliberal” tiene su propia fuerza. Y ganó las elecciones. El progresismo… sí tiene prejuicios ideológicos. Contra intendentes, ex intendentes (excepto Sabbatella), gobernadores, ex gobernadores… Sólo le tienen confianza a Cristina, y hasta ahí. Pero CFK, que no se fue del peronismo en los ´90, cuando las almas bellas progres se amontonaban en el Frepaso -y éste aparecía como una opción ganadora- es muy dudoso que se vaya ahora, para armar un partido de “los buenos”. Perón nos advirtió hace mucho que los buenos somos pocos.


Las autocríticas a Cristina

enero 20, 2016

Ya subí al blog -por ejemplo, aquí, y aquí– reflexiones sobre la derrota del Frente para la Victoria en las elecciones pasadas. Y aquí dije algo sobre el valor, y las limitaciones, de las autocríticas, especialmente cuando no son, estrictamente, “auto”.

Hoy leo un texto jugado en el blog del veterano militante, y amigo en el ciberespacio, Juan Salinas. Que me lleva a este posteo de Gabriel Fernández, el director de La Señal Medios. Los dos se refieren a la relación entre Cristina Fernández, La Cámpora y el movimiento obrero. Los blogs de ambos son muy visitados, pero, como yo tuve en algún tiempo una relación muy estrecha con el brazo político del sindicalismo peronista, tengo ganas de copiar los párrafos que me impresionaron, con los que estoy bastante de acuerdo, y también de hacerles algunas reservas y observaciones. Una parte del debate que el peronismo (y el progresismo en que muchos de nuestros votantes y Gabriel F. se referencian) se deben.

Dice Juan:

Los mejores militantes jóvenes del kirchnerismo que conocí en estos años son delegados sindicales. Que fueron sistemáticamente ninguneados. Gabriel Fernández se queja de la falta de tacto de la conducción del movimiento en el trato con ellos y con sectores de identidad peronista histórica. Concuerdo con él y advierto que hay un consenso general al respecto entre militantes kirchneristas de paladar negro mayores de 45/50 años.

Consenso acerca de que la debacle comenzó silenciosamente a causa del horrendo modo en que se produjo el rompimiento con Hugo Moyano (recuerdo que Cristina criticó a la CGT -que nunca pisó como Presidenta- desde la UIA) por asuntos tan menores como las candidaturas que el camionero pretendía para Piumato y Plaini. Y, para colmo, porque esas candidaturas no le fueron concedidas a los gremialistas que rompieron con Moyano y reiteraron su fidelidad al movimiento, ni a quienes siempre apoyaron al “modelo” desde la CTA. Ambos sectores siguieron sufriendo el destrato del poder… sin por ello pasarse de bando, como tantos inventos de Néstor y de Cristina: Massa, Lousteau, Insaurralde, Bossio…

Para decirlo de modo brutal: Sin el movimiento obrero, el kirchnerismo no será más que una reedición del mejor alfonsinismo, y La Cámpora, una Franja Morada más radical“.

Dice (entre otras cosas) Gabriel Fernández:

“… Por estas horas, como ratificando el decir de sus adherentes duros en las semanas recientes, Cristina Fernández de Kirchner se refirió a los “dirigentes sindicales”. Lo hizo con dos asertos esenciales, en pocos minutos de charla grabada por un celular: son todos más o menos parecidos, los metió en la bolsa, y son ajenos, pues los derechos los defiende cada miembro del pueblo sin intermediarios, cada integrante “empoderado”.

Late allí –CFK no lo dice, seamos honestos- pero late, otra dualidad con intensidad política: kirchnerismo – peronismo. De la objeción al reclamo por el impuesto a las ganancias se pasa, en lo tácito, a recriminar ausencias e indisciplinas. Alejamientos. Pero más por debajo aún se palpa, al menos lo siente quien vivió varios períodos y no sólo el más reciente, aquél antiguo disconformismo, aquella lejana incomodidad, de las capas medias del movimiento para con los sindicalistas.

Esto no lo hace saber nuestra líder más votada y sin dudas portadora de logros gubernamentales extraordinarios que hemos marcado sin cesar en estas páginas, pero si lo manifiestan con total franqueza los militantes más duros de su vertiente: “ahora no reclaman, ahora donde están, son unos traidores, pactaron con Macri”, etc. Usted los lee continuamente, o usted dice y escribe esas mismas cosas, y sabe a lo que nos referimos sin exagerar.

… Vamos un tranco hacia atrás. Un puñado de dirigentes se desprendió del movimiento nacional hace varios años. Grave error que puede equipararse con el deletéreo concepto de traición. Pero resultaron eso: un puñado de dirigentes que en modo alguno representan a los centenares y más de sindicatos y sindicalistas que permanecieron firmes junto al gobierno nacional y popular. Para empezar entonces, una generalización es injusta, aunque además errónea. Si el conjunto del sindicalismo hubiera aceptado la coordinación de las corporaciones, empezando por Clarín, el gobierno de Cristina hubiera caído antes de los comicios del 22 de noviembre.

Luego, es pertinente señalar que tras la fuga de esos pocos sindicalistas, el gobierno impulsó la creación de una agrupación juvenil asentada en empleados del Estado. Esto hay que decirlo, porque no es eso lo que está mal: ser militante no es ser ñoqui, ser militante es entregar la vida cotidiana al mejoramiento del país. Eso son los pibes a los cuales hacemos referencia. El problema es que un agrupamiento de esa naturaleza, no está en condiciones de conducir hegemónicamente un movimiento bravío como el peronismo y mucho menos, de disciplinar al gremialismo en la Argentina.

No se trata de un deber ser. Es una realidad. La mayoría de los sindicatos argentinos no traicionaron nada en este período. Han crecido gracias al proceso industrializador impulsado por el kirchnerismo, lo han agradecido y han movilizado… hasta que se lo permitió esa hegemonía juvenil. Porque créase o no, en este período los sindicatos integraron a una masa enorme de nuevos militantes de base; delegados, activistas, pibes que también se lanzaron a bregar por un mundo mejor… pero que poseen diferencias sociales con los antedichos.

Meses atrás, cuando todavía el debate en el movimiento se asentaba en quién sería el candidato y si se ganaba en primera o segunda vuelta, un dirigente sindical de extrema confianza dijo a este periodista “estuve pensando; está muy bueno lo de los patios de la Rosada cuando habla Cristina, muy bueno… pero ¿sabés qué? ¡Son patios blancos!”. Le pregunté que quería indicar y explicó: “Nuestros pibes no pueden entrar, van y quedan afuera, después ya no van, es todo de La Campora, y nada más, son chicos macanudos, pero están dejando fuera a trabajadores de su misma edad, que quieren ir a ¡respaldar a Cristina! Ahí tenemos un problema”, señaló, perspicaz.

Y más. En diálogo más reciente con un sincero –en privado- militante de la famosa agrupación juvenil en cuestión, aseveró: “También ¿era necesario que tuviéramos todos todos los cargos en las listas y la mayoría de los funcionarios en los ministerios?”. Está claro. Quien suponga que esto es propaganda de La Nación que lo crea y entonces no se habla más, la verticalidad se impone para todos y todas y no se discute nada. Pero el movimiento nacional discute, corcovea, se enoja y plantea. Porque si no, los errores se repiten.

… No renegamos de nuestras palabras: hemos señalado oportunamente que el pueblo argentino vota populismo de centroizquierda y podemos realizar una narración ajustada, comicio por comicio en el orden ejecutivo nacional, que refrenda el comentario. Alguien dirá que los sindicatos no encarnan claramente ese perfil de centroizquierda. Entonces señalamos: no conocen a los gremios y a sus dirigentes que quedaron de este lado de la línea; no son nazis, ni fascistas ni corporativistas. Son compañeros con ideas bastante avanzadas y ya muy distantes de Moyano, ni qué hablar de Barrionuevo o Venegas. No los conocen porque muchos militantes de las capas medias también se guían por la orientación que reciben de los medios concentrados.

Pero además: no hay populismo sin sindicatos. Lo que es decir, como hemos indicado: no hay proyecto nacional sin movimiento obrero. La ausencia de Moyano se hizo sentir por su capacidad para arrastrar a la UTA, por la incapacidad propia para retener a la UTA, pero sobre todo por el destrato oficial hacia los sindicatos que se afirmaron en la defensa del Proyecto Nacional y Popular sin recibir un reconocimiento adecuado.

… Todo este texto tiene la intención de amalgamar lo que se está desperdigando porque ya está visto que con una sola vertiente –el kirchnerismo- aunque sea la más votada y la más movilizada, no se logra vencer … Si el kirchnerismo no es un peronismo, como pretenden algunos entusiastas, entonces el kircherismo es una agrupación de clase media motorizada por individuos desorganizados que se juntan en una plaza convocados desde las redes sociales para efectuar demandas justas. Eso está muy bien pero con eso no se ganan las elecciones ni la hegemonía cultural nacional. La responsabilidad siempre recae en el liderazgo mayor. Entonces, este es un texto, también, destinado a respaldar a Cristina Fernández de Kirchner. A plantearle que sin el peronismo y sin el movimiento obrero organizado, ella pasaría de ser la jefa del movimiento en general, a la jefa de La Cámpora. Y lo que queremos es que asuma integralmente el liderazgo.

Pero el liderazgo está relacionado con la persuasión. Cada sector debe sentirse reconocido por el conductor, porque cuando hay zonas de exclusión la intensidad militante baja y los compañeros no saben bien qué hacer para apoyar un proceso que apoyan. Es común entre los dirigentes que arriban al peronismo desde la izquierda malinterpretar nuestra historia y presuponer que este movimiento es elementalmente vertical. No lo ha sido, ni con Perón, no lo es ni puede serlo, pues sus variados componentes encarnan fuerzas reales que batallan por salir a luz, expresarse y obtener cuotas de poder decisorio.

… Desde Jauretche y Scalabrini hasta Ubaldini, desde Cooke hasta Laclau, desde Rearte hasta Ongaro, desde Walsh hasta Ferla, desde el programa de Huerta Grande hasta los 23 puntos de la CGT, desde Perón hasta Cristina pasando por Néstor, por sólo citar un puñado, se registran dentro del peronismo tremendos y violentos debates democráticos –si, como discute nuestro pueblo, con energía y participación- que a su vez encarnan intereses profundos y vigorosos. La anulación de esos cruces a través de la hegemonía verticalizada sobre una agrupación, que además carece de la organización social de base adecuada, resulta letal y fuerza que los planteos emerjan descoordinados por aquí y por allá. El intento de encauzar esa trayectoria en pensadores como Ricardo Forster, una simplicación costosa.

Es claro que Cristina es jefa y cabalmente representativa. Es claro que La Cámpora es numéricamente importante y ha canalizado una militancia joven y valiosa. Lo que no es claro es porqué la líder y sus compañeros no dialogan con el resto del movimiento para incluirlo y potenciar así su propio desarrollo. Ahora bien, si quienes ocupan ese lugar recurren a la sencilla caracterización de toda disidencia como traición (a este periodista, por caso), estaremos condenados a configurarnos como una vertiente de los sectores medios altamente movilizados pero sin posibilidades cabales de victoria ante deficiencias para abarcar el arco social propio.

Y además, sesgando hacia un detalle: ¿quién fue el genio que desde Canal 7 dispuso en los últimos tres años que en los actos públicos y masivos del oficialismo se enfocara sólo las banderas de La Cámpora? ¿Creyeron que no se notaría que volcaban la cámara cuando arribaban el Evita, el Kolina, los sindicatos, los agrupamientos sociales? La dirección periodística de las transmisiones de esos magníficos eventos logró transformar enormes movilizaciones populares en festivales de muchachos porteños. Lo cual se constituyó en un verdadero festival para los medios concentrados.

… Algo más para terminar: es preciso sacudirse esa prevención social en contra de los sindicatos. Ese gesto cultural que aleja porque lleva a percibir ajenidad sobre un espacio vertebral del movimiento nacional y popular, y por lo tanto del Proyecto que con gallardía el kirchnerismo ha llevado adelante.

Los cambios los hacen los pueblos. Las franjas militantes contribuyen a acompañar, esclarecer y organizar. Cuando se alejan y pretenden decirle a los pueblos todo lo que tienen que hacer, están sustituyendo sus organizaciones, pero sobre todo sus ritmos, sus culturas, sus representaciones genuinas. Estamos a tiempo de ensamblar lo propio. Somos una potencia extraordinaria. Podemos ser una totalidad sin abandonar nuestras concepciones parciales“.

Reproduje estos párrafos porque creo que dicen cosas ciertas. Y que conviene que se digan a los militantes, los de La Cámpora, los de otras organizaciones, los del peronismo territorial y los de los gremios. No tiene mucho sentido -es poco realista- decírselas a CFK, ni a los dirigentes sindicales.

Ante todo, porque, como el mismo G.F. señala, la historia del peronismo no se adapta a un “relato”. Contradicciones, enfrentamientos entre Perón y Evita con sindicalistas hubo desde el mismo comienzo del peronismo. Esto no niega, atención, que la esencia del peronismo, y su garantía de supervivencia cuando cae en el ´55, fueron, son, los sindicatos. Las “organizaciones libres del pueblo”, con recursos y poder, que pueden enfrentar a los patrones y al Estado en defensa de sus intereses.

Entonces, la mirada realista que pido no es la de Maquiavelo sino más vieja, de Aristóteles: el poder personal de un “monarca”, de un líder, de un presidente siempre va a tener conflictos con la autonomía de los sectores medios: señores feudales, ciudades autónomas, sindicatos… La sabiduría política consiste en manejar esos conflictos sin destruir al conjunto, ni debilitar el poder necesario.

Cristina, es cierto, no ha mostrado mucho tacto para manejarse con los independientes. Ni con los que se independizan en cuanto tienen la chance: Alberto Fernández, Sergio Massa, Martín Insaurralde,… siguen las firmas. Una gran parte de la responsabilidad la tiene lo que llamé en otros posteos “el Batallón Chupamedias”. Recordemos que el mismo Perón, cuando Presidente, dijo una vez que estaba rodeado de alcahuetes…

Como sea, esas son batallas pasadas. Toda autocrítica debe comprender que las que viene son distintas: CFK ya no es Presidente. De paso, creo que G.F. exagera con el video que distribuyeron las redes sociales K y que subí arriba. Cristina ahí no hace más que una de sus acostumbradas exhortaciones. Los que la aman, que son muchos, la aplaudirán con entusiasmo, como lo hacen al final. Los que no la aguantan, que también son muchos, seguirán pensando lo mismo.

La relación de Cristina con la dirigencia sindical y con la del peronismo territorial dependerá de un sólo dato básico: ¿cuántos votos conserva, cuántos tendrá? Eso, más allá de los mitos y las consignas, ha sido siempre así en el peronismo: el que decide es el pueblo.


Santoro: la carta radical

mayo 9, 2015

leandro_santoro

Que el FpV lleve a Leandro Santoro para candidato a vicejefe de Gobierno de la C.A.B.A., acompañando a Mariano Recalde, es una movida que hace un año hubiera causado más sorpresa que ahora. Creo que se debe, si mi imagen de “los dos escenarios” es acertada, a que el enfrentamiento principal, entre Gobierno y Oposición, está empezando a dar lugar al que se produce entre los distintos proyectos que van a competir en octubre de este año.

Sea como sea, la decisión no se tomó a mal por la militancia del PJ porteño – al menos hasta donde pude apreciar (quizás porque no creen que haya chance de ganar) -, y el cuestionamiento más ruidoso brotó de la oposición. Con un toque de patetismo, los mismos que veían la pureza doctrinaria del peronismo desviada por los K, hoy se escandalizan porque la buena imagen del kirchnerismo fue atacada por los tuits brutales de alguien que lleva de candidato…

(Digamos que lo que fastidió a algunos compañeros fueron las explicaciones que Santoro dio de esos tuits. Pero era dífícil que revelara la verdad: los militantes jóvenes se abren espacio chumbándole al adversario; sus mayores son los que a veces tienen que arreglar).

Lo que no vi fue un análisis del asunto, y ahora lo encuentro, inesperadamente, en la columna de un peronista “de base”. Mi amigo cuyano, Marcelo Padilla, escribe Santoro pone en jaque al radicalismo. Yo le hago algunas observaciones, pero al final. Leamos a Padilla:

La designación de Leandro Santoro como compañero de fórmula de Mariano Recalde para competir por la jefatura de la CABA, pareciera, si lo vemos como provincianos huraños, algo que no debería importarnos. “Es un tema de los porteños”, podríamos decir, y dar vuelta la página para seguir mirando noticias policiales locales o la oferta de espectáculos para el fin de semana mendocino. Pero no, no es así de simple. Dar vuelta la hoja sería negar un hecho político que tiene dimensiones nacionales dado el año electoral.

Leandro Santoro pertenece a un sector del radicalismo que no se rompe. Se define alfonsinista y democrático popular. Rechaza: la decisión de la UCR que entregó al partido, y a sus principios históricos, a una causa que no les pertenece, la causa de los neoliberales, la alianza con el PRO de Mauricio Macri. Esa causa, es la causa del establishment. La de la oposición rabiosa que se junta por odio y espanto –y muchísimo temor- ante la seria posibilidad de triunfo del FPV en las generales presidenciales. Santoro es un muchacho joven que acompaña una fórmula en la CABA y, a fuerza de ser sinceros, lo más probable es que no se imponga a Rodríguez Larreta (el indiscutible representante de esa causa prestada a la UCR).

Pero lo que ocurre en Buenos Aires, en Capital Federal, en Misiones, Catamarca o San Juan, se nacionaliza por estos días. Son efectos radiactivos que emanan señales. Por supuesto que las dimensiones son diferentes. Pero a la medida de cada resultado en una provincia, el ganador contagia a otros y, sobre todo, a los medios de comunicación. En este caso, cuando gana esa Alianza Radical-PRO, en alguna provincia -lo hemos visto ya en las tapas de Clarín y La Nación- se habla de aplastante triunfo.

Sabemos que no es así. Ya pasó en Mendoza cuando Cornejo habló a las 21 hs de ese domingo paródico anunciando su contundente victoria, estableciendo un enlace simbiótico con la tapa de Clarín al otro día. Sabemos cómo funciona esto de imponer tapas. Entonces, para volver al tema. La designación de Santoro tiene dimensión nacional y a mi juicio viene a poner en jaque al radicalismo. Especialmente a sus bases juveniles. El descontento al interior del partido de Alem e Yrigoyen, se sabe, existe. Hay miles de jóvenes que no pueden tragar todavía ese escuerzo indigerible: acompañar a Macri, para los miles de jóvenes radicales en el país, es acompañar el ajuste, la reducción del gasto público en educación, la elitización de la cultura, entre otras ideas que rondan en ese espacio. Y justamente, contra esas medidas, los radicales con conciencia popular, se han opuesto históricamente.

Digámoslo así: el radicalismo actual se alvearizó frente a su propia tradición popular uniéndose a los sectores de la derecha argentina, hoy maquillada de gestión republicana. Es, estableciendo una comparación con el peronismo, una menemización del radicalismo. Por eso el efecto Santoro viene a jugar un rol importante, transformándose en referencia y diablito para la almohada de miles de radicales que rumian y rumian con angustia el acuerdo de la cúpula.

Una buena oportunidad para pensar. Una buena ocasión para que esa angustia de los que no quieren claudicar a las causas históricas populares de la UCR, canalicen por Santoro, por lo que significa y representa Santoro hoy, sus deseos de construir un modelo de país a la medida de su ideario.

¿Cómo hacerlo, si Santoro es porteño? Pues bien muchachos y muchachas, organizándose. Discutiéndole a quienes los olvidaron, escribiendo declaraciones de descontento, formando un sector rebelde, estableciendo contacto con los sectores del kirchnerismo más abierto a la transversalidad política. Porque claro, si pasa en Capital Federal, acá, ¿cómo hacerlo?

Pues bien, en principio, rebeldía“.

La observación inmediata que puedo hacer ya la planteé otras veces en el blog: los votantes del radicalismo, desde hace casi 70 años, han visto en su boleta la forma de expresar su rechazo, o por lo menos su desconfianza, con el peronismo. Resulta natural entonces que sus dirigentes encuentren fácil, ante la ausencia de candidatos atractivos propios, aliarse al PRO. Después de todo, el rechazo al kirchnerismo, sin ser lo mismo que ese viejo sentimiento que dio larga vigencia a la U.C.R., se le parece bastante.

Con eso, aclaro, no quiero decir que no haya entre la dirigencia y la militancia radicales una corriente histórica que se opone rotundamente a la “Derecha”. En especial, a la derecha sin ideología explícita y hedonista – falaz y descreída, la habría llamado don Hipólito – como la del PRO. Lebensohn, Larralde, el Movimiento de Renovación y Cambio que por décadas condujo Alfonsín…

Una expresión moderna sería la de Stolbizer, que también se opone al kirchnerismo. Los radicales que se acercaron al gobierno K, que no son pocos – inclusive algunos de los actuales gobernadores – no pertenecen a esa tradición. Baste de ejemplo la figura de Julio Cobos, que acompañó a Cristina como vice en 2007.

Pero… si, como parece probable, la oposición con más chances resulta ser la que lleve de candidato a presidente a Macri, es plausible que una parte no menor de la militancia de origen radical se una a los que ya se hayan acercado al Frente para la Victoria.


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