Carrió al Parlasur!

diciembre 7, 2014

FORO INTERNACIONAL DE MUJERES

El proyecto que plantea la elección por voto directo de los representantes argentinos al Parlamento del MERCOSUR, en forma conjunta con los comicios nacionales de 2015, se ha convertido en el hecho político de fin de año en Argentina. No sólo para el oficialismo, que lo ha presentado. Impactó más aún, en forma negativa, en la oposición.

Hay un buen motivo de «realpolitik» para esto: muchos dirigentes de la oposición – política y mediática – sospechan que Cristina Fernández podría encabezar esa lista. Y temen que, en ese caso, su nombre en las boletas de candidatos del Frente para la Victoria de todo el país le daría una ventaja importante.

Esta es una especulación, que las encuestas actuales indican que tiene base. Pero hay otra razón, entiendo que sicológicamente más profunda: muchos opositores «de a pie» sienten un rechazo profundo por el kirchnerismo y por la Presidente. Quisieran verla presa, o recorriendo los tribunales, y su proyecto político desprestigiado. No los enfurece solamente la idea que tenga fueros – que podría obtener también con una diputación nacional. Les irrita, e inquieta, la idea que un buen resultado en esas elecciones confirme la vigencia de su figura.

En este marco, la Dra. Elisa Carrió, un animal político «par excellence», anuncia que será «candidata a diputada del Parlasur, en las PASO, para confrontar con Cristina Kirchner dos modelos culturales y dos visiones del mundo».

Aunque su egocentrismo, y su desprecio por quienes considera sus inferiores intelectualmente, no le permitieron mantenerse en su espacio original, el radicalismo, ni consolidar las opciones que formó luego, hay que reconocer que su olfato para percibir las emociones de su público en los sectores medios de la sociedad y su audacia para imaginar maniobras, se han mostrado muy superiores a la mayoría de los políticos argentinos.

El resto de la Oposición ¿le dará el lugar de privilegio que ella pretende? Habían empezado a pensar en una lista única para el Parlasur, frente a la posibilidad – no confirmada, ni mucho menos – que CFK finalmente se presentase. Lilita seguramente sería una mejor candidata para la pelea que algún veterano, inofensivo para los que aspiran a la presidencia. Pero su capacidad de destrucción los preocupa más a ellos que al oficialismo.

Todo este ruido es muy prematuro, en el típico apresuramiento argento. Las decisiones definitivas no se tomarán antes de junio, si entonces. Pero no cabe duda que Carrió nuevamente ha conseguido un impacto en la imaginación de los politizados, al menos.

Por mi parte, me agradaría ver ese enfrentamiento. No creo que ahí se dé el debate profundo sobre el MERCOSUR y la integración, eh. La oposición, con o sin Carrió, también adoptaría en lo formal una postura favorable. Lo obliga la corrección política, y el realismo, también.

Pero hay un sector de los argentinos que no acepta su «destino suramericano». Porque se sienten más europeos que los otros, o porque lo identifican con el «populismo» o el «izquierdismo» que odian. Eso puede verse hasta en los comentarios del blog.

Sucede que los conflictos culturales, hasta los de identidad, se expresan, se desarrollan, y, en el largo plazo, se resuelven, siempre a través de luchas por el poder. Aunque, como en este caso, se trate de una disputa electoral con un resultado simbólico. Todas las cabezas de las principales listas irán al Parlasur.


Carrió y la política como es

noviembre 20, 2014

carrio-guiña-el-ojo

Ayer subí un video con las recientísimas declaraciones de la diputada, tomado de su propio canal en Youtube, y le puse como título La Dra. Carrió habla. No es necesario decir más. Provocó un aluvión de visitas al blog, un 30 % por encima de lo habitual, y una interesantísima columna de comentarios que recomiendo, por el nivel de algunos y lo que revela de las pulsiones de otros. Pero… en la mejor/peor tradición de la política, voy a desmentirme. Tengo ganas de reflexionar sobre el asunto.

La repercusión inmediata de este episodio es explicable. En el vasto y diverso espacio de la oposición al gobierno, Carrió consiguió convertirse en el símbolo y la garantía del antikirchnerismo. Para los más emocionales y menos «realpolitik» – que siempre son la mayoría, recordemos – su alejamiento de UNEN y sus insinuaciones contra sus figuras más conocidas – Binner, Cobos – fueron un sacudón (que automáticamente, por un mecanismo sicológico muy natural, refuerza su fe en la infinita maldad de los K. Igual, no puede menos que hacerlos dudar de la solidez de las expresiones opositoras). Los medios hostiles al oficialismo, y el mero transcurso del tiempo, lo irán haciendo olvidar, pero…

En el también, o aún más, vasto y diverso espacio de los apoyos al gobierno, la noticia fue… disfrutada, es la palabra. Sintieron que muestra a la oposición política como una bolsa de gatos, de lo que ya estaban convencidos. Es cierto que los más politizados lo leyeron como una maniobra del «establishment» para destruir una opción electoral de «centro izquierda» que podría dividir el voto opositor en las elecciones del año que viene, y concentrarlo en la figura de Mauricio Macri. Pero en los hechos, este petit escándalo refuerza una convicción no muy explícita en muchísimos votantes que no son kirchneristas, ni siquiera favorables al peronismo: Que, mal que mal, «estos» gobiernan «¿Quién sabe lo que pasaría con esos que no se ponen de acuerdo?». Fueron una parte no menor del 54 % que Cristina Kirchner obtuvo en 2011.

Ahora, lo que me interesa comentar es algo más… estructural y permanente: los espacios sociales que representan o tratan de representar los partidos; en particular, pero no solamente, el espacio que hemos dado en llamar «republicano». Y cómo la naturaleza de la política condiciona los mecanismos de representación. Reales, no jurídicos. La figura de Elisa Carrió es un buen ejemplo para mostrarlo.

Aunque no le dediqué tanta atención como a Néstor Kirchner o a Cristina, o aún a Macri o Scioli, muchas veces me ocupé de ella. Inevitable, por su impacto. En un texto algo latoso que subí a El hijo de Reco en  junio de 2007, en el que evaluaba al kirchnerismo y al macrismo de ese entonces, decía también:

«Cuando el fracaso de la Alianza empieza a hacerse patente, una de sus dirigentes menores, Lilita Carrió, comienza a construir una nueva opción: el A.R.I., rompiendo deliberadamente todos los esquemas de los políticos convencionales. Sin aportes empresarios ni sindicales, sin hacer alianzas con punteros, casi sin abrir locales en la ciudad, y con un discurso entre intelectual y místico a años luz de los clichés de la política argentina, se transforma en menos de tres años en una fuerza importante en la Capital, establece presencia en la mayoría de las provincias, y convierte a su jefa en uno de los cinco candidatos a Presidente más votados…

Debo confesar que fui uno de los que nunca tomó en serio la propuesta Carrió, simplemente porque nunca pude saber qué política iba a llevar adelante si conseguía el gobierno, más allá de reemplazar a dirigentes corruptos por una conductora cuyo fervor religioso y nivel intelectual “garantizaban” su corrección. Pero ese es el realismo o el cinismo de un político veterano. El A.R.I. incorporó, como ninguna otra fuerza en esos años, militantes jóvenes e idealistas…

Después los fue perdiendo con sus volantazos a la derecha, y uno de esos episodios lo evalué en el blog aquí, también en el 2007. Pero me parece que vale la pena tener presente que una buena cantidad de los que hoy podemos llamar «kirchneristas puros» votaron al A.R.I., no a Néstor Kirchner, en 2003. Eso habla de las posibilidades de las «terceras fuerzas» (¿quién tomará esa agenda, después de 2015?) y la capacidad de proyectos políticos en Argentina de incorporar militantes jóvenes e idealistas. La Cámpora es bastante más que una agencia de empleos… Lo concreto es que el espacio actual en que juega Elisa Carrió le debe muy poco a sus esfuerzos anteriores. Y de ese espacio, creo, es lo que vale la pena reflexionar.

Confieso que he tratado con ironía a los «republicanos» locales (es una forma relativamente nueva de llamarlo; el nombre original, hace más de medio siglo, era «contreras»): su sensibilidad extrema hacia reales o imaginadas muestras de autoritarismo de gobiernos más o menos populistas, y la tranquila ecuanimidad conque recibieron, al menos al comienzo, golpes militares, su «honestismo» indignado, dirigido exclusivamente a los gobiernos que rechaza… (Angeloz, el ex gobernador cordobés, convicto en sede judicial, no se convirtió en un símbolo de la corrupción. También pasan por alto el imprescindible rol de los empresarios en los sobornos, salvo que sean oficialistas…).

Pero es importante señalar que hay algo más que la bronca con un gobierno que «le regala cosas a esos negros«, aunque seguramente ese es el sentimiento que hoy les acerca más votantes. Muchos, la mayoría de ellos, eran violentamente hostiles al gobierno de Menem, que no se caracterizaba por su sensibilidad social.

Hay un elemento clásico en política, en toda la historia humana: la reserva, a menudo la hostilidad de los sectores medios de una sociedad hacia el poder personal. Por eso las formas republicanas, de gobierno institucional, más antiguas que conocemos bien se dan en las ciudades estado griegas, una democracia de pequeños propietarios (esclavistas). Aristóteles es el primero que estudió a fondo esto, y su corolario: que el «monarca,» el que concentraba el poder político en su persona, tendía a apoyarse en los más pobres. Y ellos mostraban mayor aceptación, lealtad, a su liderazgo, porque era mucho más benévolo con ellos que la oligarquía institucionalizada.

Para los que se interesan académicamente en el asunto, no van a encontrar un tratamiento mejor que en Historia de la Guerra del Peloponeso, de Tucídides. A los argentinos nos sobran ejemplos de ambas cosas, desde la fidelidad de los humildes a Rosas hasta el «antipersonalismo» hostil a Irigoyen. Toda la historia del peronismo tiene que ver con eso.

La ironía es que la realidad de la política, como expresión de la naturaleza humana, hace que para enfrentar al «personalismo» kirchnerista, una buena parte de esos sectores medios opositores, y los mecanismos mediáticos que les dan letra y los expresan, le dieron un rol estelar, casi un liderazgo «legitimador», a Elisa Carrió. Que comparado con ella, Calígula era tímido. Y Moria Casán, humilde.

Entendamos: Nadie le regaló nada. Carrió es uno de los famosos, y poco comunes, «animales políticos». Carisma, una voluntad de hierro, la decisión de pasar por encima/dejar de lado todo lo que no sirva a su protagonismo, olfato y lucidez para apreciar lo que su público quiere… Aristóteles y también Maquiavelo estarían de acuerdo en que son buenas cualidades para el monarca. Otro del oficio, Federico el Grande, observaría, pienso, que se le nota demasiado para que tenga éxito.

Porque no es sólo que su trayectoria política, como se lo recuerdan sus adversarios, ha tenido tantos barquinazos y saltos como la menos famosa Patricia Bullrich. Lo más grave es que no puede disimular su desprecio por los que considera sus inferiores intelectuales (todos), y, cuando no acompañan su proyecto del momento, insulta a los que ayer fueron sus aliados y mañana podrían serlo.

Un tuit de ayer de Ricardo Alfonsín ‏@RICALFONSIN  lo expresa en forma inmejorable: Esta misma mañana, Carrió nos dijo mediocres, corruptos y pequeños. Después anunció que nos convocaría a integrar un eventual gobierno suyo. Ya decía Chesterton «De las pasiones que ciegan y enloquecen a los hombres, la peor es la más fría: el desprecio«.

Por supuesto, nadie dice que la humildad cristiana sea una virtud común en los políticos. Y en el peronismo, y en el sindicalismo, tenemos muchos ejemplos de egos tan poderosos como el de la Carrió. Sucede que ambos son buenas escuelas para aprender el valor de las organizaciones, de las estructuras colectivas. Es una materia que Lilita no aprendió. Y esa falta, estimo, la hará cada vez menos relevante.

Igual, el resumen más significativo que puedo ofrecer es que aún los más hostiles a, o temerosos de, los liderazgos personalistas no tienen más remedio que construir o apoyar uno si quieren tener algún peso en la política.


La Dra. Carrió habla. No es necesario decir más

noviembre 19, 2014

Demasiados posteos en mi blog, reflexivos o irónicos, sobre la interna del oficialismo. Reconozco una deformación histórica, ya que no profesional. Entonces, ahora me limito a acercarles este video de doña Elisa Carrió – de su propio canal en Youtube, eh, Difusión Carrió – que nos defiende como una leona.


Estrategia electoral del FpV – Polarizando de vuelta

noviembre 6, 2014

duelo de pasiones

Este posteo sobre estrategia electoral que subí ayer provocó comentarios apasionados y algunos jugosos. Que, como es tradicional en los blogs, se fueron en otras direcciones: la personalidad de Scioli, el destino de la Argentina, qué debería hacer el gobierno nacional… Y además una refutación conceptuosa de Artemio López. Por mi parte, mi intención es seguir hablando de estrategia electoral, un asunto que los que están en política deben tomar en serio.

Eso sí, tengamos claro que no es más que una herramienta. Elegir los fines, el para qué se usa … la grandeza de la Nación, la felicidad del pueblo, ser elegido o que se le renueve un contrato, o una combinación de algunas de esas cosas, es una decisión humana que debe tomar el que la usa.

Dejando de lado la filosofía, debo reconocer que varios de los comentarios me mostraron que necesito profundizar eso de «polarización» antes de seguir con otros aspectos. Aclarar que no es una situación, sino un proceso. Y que tiene, siempre, dos filos. A eso voy.

Primero, voy a tratar de poner en claro algo que se mencionó, al pasar, en ese posteo: las encuestas. Hace falta repetir lo obvio, que los que las hacen saben y los que las encargan deberían saber: no son un pronóstico. Si están bien hechas, con técnica y honestidad, nos permiten saber, aproximadamente, que está pensando en ese momento una población sobre algunos temas: en nuestro metiér, sobre gobernantes y candidatos.

Son, entonces, un instrumento valioso, el único que nos permite tener números, además de las impresiones, el olfato, la experiencia… esas cosas que todos los que nos movemos en la política decimos tener. Ahora, ese es sólo el punto de partida. El político las usa para ayudarlo a encontrar lo que tiene que decir y lo que tiene que hacer para influir, para cambiar lo que los votantes van a pensar, van a sentir, sobre todo en el momento decisivo que ponen el sobre en la urna.

Pero eso lo tiene que encontrar él o – rara vez – sus consejeros. Ni la mejor encuesta se lo dice. La capacidad de lograrlo, de convencer y mover a los demás, es lo que hace que algunos sean elegidos presidentes o gobernadores y otros blogueamos, nomás.

¿Qué tiene que ver ésto, un hecho evidente, con la polarización? Bueno, con «polarización» se quiere decir que una sociedad está dividida en dos bandos enfrentados, con bronca, con encono, o al menos con amargura. Los opositores, desde plumas con algún talento, como la de Fernández Díaz, hasta el infeliz que desahoga su frustración insultando en los foros online, se las arreglan para ver al kirchnerismo como el causante de esta lamentable división en los argentinos. Supongo que se lavan a sí mismos el cerebro para convencerse que, hasta 2003, Argentina era Suiza, y no conocíamos conflictos.

Curiosamente, gracias en parte a Artemio, elocuente comunicador, muchos militantes kirchneristas han asumido esa supuesta cualidad propia de polarizar como un atributo de identidad. Es cierto que ni Néstor ni Cristina Kirchner se han destacado en ser amables con sus adversarios; rara vez los gobernantes lo son ¿Lo han sido en general los políticos argentinos? En varias décadas de vida política no lo noté. Hoy veo que dos destacados opositores, Elisa Carrió y Sergio Massa, peleando por el mismo espacio, tratan al otro, respectivamente, de narcotraficante y de loca.

No. La polarización no es una estrategia K. En realidad, yo, que no tengo una alta opinión de la gestión del gobierno en muchas áreas, y nunca pensé que se planteaba transformaciones revolucionarias, encuentro en la hostilidad enconada de sectores del poder económico la prueba que ha tocado intereses y ha producido cambios.

Sea eso como sea, la polarización existe. Furiosa, hasta obsesiva, en sectores politizados o afectados en sus intereses personales. Pero se ha extendido, con menos carga emocional, en buena parte de nuestra sociedad. Las redes sociales nos dan una prueba objetiva de esto, con menos precisión en los porcentajes que las encuestas pero más reveladoras de su intensidad y de sus símbolos ¿Alguien cree que eso no va influir en las elecciones del año que viene, que no va a ir transformando esas fotos del momento que son las encuestas?

Sucede que hasta ahora se ha tomado en cuenta su efecto negativo para el oficialismo. Y es válido: las diferencias entre los resultados de las PASO y los de los comicios definitivos en 2011 y en 2013 mostraron el efecto «voto útil» opositor: Cómo esos votantes elegían, no al candidato más afín, sino al mejor ubicado para derrotar al gobierno. Es por eso que en el posteo que comento anticipé que es probable que haya un sólo contendiente opositor con chances para octubre de 2015.

Me faltó decir que la polarización también va a favorecer al candidato oficialista… si es el candidato acertado. Los recientes comicios en Brasil estimo que son un buen ejemplo. Dejemos de lado a nuestros comentaristas locales, que – cuando Dilma perdía en las encuestas frente a Marina Silva – nos decían que era porque trataba de consensuar con el poder económico, poniendo, por ejemplo, figuras conservadoras en espacios visibles. Cuando triunfó, nos aseguraron que era porque Lula había salido a confrontar. Debo decir nuevamente: ¡Pavadas! Ambas tácticas fueron usadas por el P.T., como debe hacer toda fuerza que quiere ganar una elección.

Lo que sucedió, en mi evaluación, fue que los brasileños que se oponen visceralmente al P.T. encontraron en Aécio Neves el candidato que mejor los representaba. Tan es así, que otros brasileños, descontentos o fastidiados con su gobierno, decidieron que esa alternativa les gustaba todavía menos.

Creo que se entiende a donde voy. Hay una oposición, muy visible y audible, al kirchnerismo. Y al peronismo en general. Es un paquete de votos importantísimo, vacante por el deterioro de todos los partidos tradicionales, a excepción del P.J. (que sólo está un poco mejor, pero esa es otra historia). Es natural que los opositores, impulsados además por los medios ídem, procuren ocupar ese espacio. Hasta ahora, dos de ellos lo han conseguido, Massa y Macri. Que han sido lo bastante hábiles, en general, para no «polarizar» en exceso y convertirse en la referencia de los delirantes, como le pasa a Carrió.

Pero tienen un problema. Sergio Massa, por ejemplo, ha debido abandonar toda aspiración al que podemos llamar «voto kirchnerista» (la mayoría del voto peronista tradicional más el de los sectores medios progres) y aspira a ser el Opositor mejor ubicado. Es una estrategia que puede funcionar, o no. Pero si lo consigue, probablemente le sumará al candidato del FpV muchos votantes desencantados o con bronca, con el gobierno y/o el candidato (que serán muchos, porque los argentinos somos así) pero, enfrentados a la opción, rechazarán al que «ya está del otro lado».

Esto es aún más inevitable si el Opositor mejor posicionado resulta ser Mauricio Macri (como me parece más probable. Sergio tiene una historia K cercana y un perfil peronista-Ucedé similar al mismo Scioli, Boudou,… tantos en su generación).

Todo esto se puede resumir en una observación a los encuestadores, gobernas e intendentes del palo: ¡Ánimo! A pesar de sus números, el oficialismo tiene una muy buena chance. Si elige bien su candidato y su estrategia. Y la economía no se desmorona.


Los ´90 no son «lo normal»

septiembre 4, 2014

Hace tiempo que no discuto con afirmaciones en otro blog. En realidad, cada vez hay menos polémicas en la bloguería. Y creo que no se debe a que muchos han sido seducidos por la facilidad de Twitter. Pienso que en los blogs (unos cuantos, bah) se leen análisis inteligentes y agudos, pero – como ya se impuso en el discurso político y en los medios – cada uno se aferra a su «relato» propio y no se interesa en discutir lo que dice el otro. Más fácil es ridiculizar lo que los medios dicen que dice el otro. O largar un tuit afilado.

Al punto. Anoche leí en Artepolítica un posteo de Nicolás Tereschuk (el Escriba) ¡Memoria completa: los 90 existieron! El blog y el autor garantizan que es un análisis inteligente y agudo, y lo recomiendo. Por eso mismo, me vinieron ganas de criticarlo.

El tipo no habla desde un discurso, sino desde una experiencia. Me parece que justamente eso es lo interesante, y lo débil, del planteo. Porque está muy bien, es lúcido, señalar de entrada el factor generacional en la experiencia (Martín Rodríguez marcó el tema de las generaciones en las políticos argentinos. También lo tomé en el blog. Pero es mucho más importante entre los politizados). Entonces, Nicolás habla de los ´90 (el menemismo, bah) y del kirchnerismo con una mirada de su generación (alrededor de los cuarenta), y lo hace claro.

El punto débil es que no se cuestiona que también está hablando desde un sector muy específico de esa generación: clase media, educación más allá del secundario, con laburo en comunicación o en docencia, vinculado al Estado… Lo dice, claro, pero no explicita que, numerosos como son, no llegan a ser La generación.

(Una digresión: Mi amigo Manolo Barge siempre sale a pelear contra lo que llama el Estado Mayor de la Hegemonía Intelectual: titulares de cátedras, columnistas de los grandes diarios,… sacerdotes del discurso liberal. Está bien, pero hay que tomar en cuenta que existen los custodios del discurso Nac&Pop. Y está, eterno, el Aparato Cultural de la Izquierda. Sin los recursos de cuando tallaba el Instituto Movilizador, pero muy sólido. Nada mal con todo eso, eh. Recuerdo que hace décadas los peronistas nos quejábamos que todos los medios de prensa, y los curros académicos, los tenían los liberales. Pero tampoco la pavada).

Retomando, voy al punto central que me parece importante cuestionar. Está en el título: Los ´90 no son «lo normal». No es el parámetro con el que se debe comparar la experiencia kirchnerista. Aunque la militancia oficialista – una parte pequeña pero vocal de los que apoyan al gobierno – los marca como la otra opción. Y, más significativo, el discurso de los opositores mejor ubicados en las encuestas incorpora muchos toques noventistas.

Sucede que el gobierno de Menem encaja muy bien con la superstición de las décadas. Comenzó en 1989 y terminó en 1999. Pero no es que hubo un corte abrupto, no. Ese año comenzó otra gestión, la de la Alianza, que mantuvo su esquema económico básico pero – como le gusta recordar a Artemio López, de tanto en tanto – era «progresista». Es decir, era una coalición que – diseñada por Alfonsín y Chacho Álvarez – incorporaba a ese numeroso sector de la clase media progre que tenía una revulsión casi física con Menem. Su desastre se debió a una causa muy evidente: No pudo, no supo manejar la economía. Si el Chacho Álvarez terminó promoviendo el regreso de Cavallo… Debemos tener presente esta parte de la historia, porque tiene advertencias para el presente.

Tampoco el período entre la caída de la Alianza y el comienzo de las gestiones K – que ya han durado once años y contarán doce y medio en diciembre ´15 – estuvo libre de confusiones. Elisa Carrió, por ejemplo, era la referente de mucho voto cuestionador y progre que hoy forma parte del núcleo duro kirchnerista (y de algún político que hoy es massista). Mientras que Néstor Kirchner era el candidato que se vio forzado a promover Duhalde ante la real posibilidad de un regreso triunfal de Menem…

De todos modos, éste tampoco es el argumento central de mi planteo (¡Cómo tardás en ir a los bifes, Abel!): El gobierno de Carlos Menem fue consecuencia, entre otras cosas, de un momento internacional: la «revolución conservadora» de Thatcher y Reagan se expandía por el globo: Cardoso en Brasil, Felipe González en España, Yeltsin en Rusia… estaban haciendo cosas muy parecidas: apertura, desregulación, privatizaciones…

También en esas «otras cosas» hay que considerar la flexibilidad política y social del peronismo, que permitió una «reversión de alianzas» imprevisible e imprevista en la política argentina: una alianza entre un partido popular de masas y el stablishment, un frente tácito pero real entre el PJ y la Ucedé…

Y, lo que me parece más relevante, el desastre – sólo comparable en su efecto sicológico sobre los argentinos al derrumbe del 2001 – en que concluyó la gestión de la economía por el gobierno radical. Eso fue lo que permitió – aún a un presidente tan hábil, audaz e irresponsable como Menem – hacer aprobar, y acompañar con respaldo mayoritario, las cosas que hizo.

La moraleja es, Nicolás, amigos, que los ´90 fueron posibles, sino inevitables, por lo que vino antes y por lo que estaba sucediendo en el mundo. Como las gestiones Kirchner también han sido posibles, por cierto no inevitables, a partir de las experiencias previas, de las lecciones que dejaron, y de las alianzas que se tejieron con fuerzss que ya existían en la sociedad argentina. Principal, pero solamente una entre varias, el peronismo.

Y, por supuesto, de lo que ha estado ocurriendo en nuestro lugar en el mundo, la América del Sur. Los gobiernos populares, que reaccionaron a sus respectivas experiencias neoliberales, el boom de las materias primas, la concentración de los EE.UU. en el Medio Oriente, …

Entonces, lo que vendrá a partir del 10 de diciembre de 2015 dependerá también de las lecciones que nos dejan los gobiernos de Néstor y de Cristina, de las circunstancias internacionales – que en lo económico, insisto, no apuntan mal para nosotros; en lo político… sólo Alá lo sabe, y no está diciendo.

Especialmente, como nos enseña esta historia, depende que el gobierno de CFK mantenga bajo razonable control las variables económicas (por eso siempre insisto que su objetivo fundamental debe ser no chocar el barco). Y, sobre todo, de lo que decidamos nosotros, los argentinos.

Confieso que, personalmente, es lo que más me interesa. Como dicen los gringos, soy «future oriented«.


Ya no se puede creer ni en los buitres

julio 29, 2014

FORO INTERNACIONAL DE MUJERES

Por suerte, todavía está la Doctora Carrió, para los que privilegian sus intereses u odios de cabotaje sobre los intereses generales, o, aunque sea, un racional egoísmo. Y también, claro, para los que por el lado de Carl Schmitt o de Ernesto Laclau, están convencidos que la verdadera política pasa por la construcción de un enemigo a vencer. Puede irles mal – como la ha ido a menudo a Lilita, y no sólo a ella. Pero que se motivan, se motivan.

Esta reflexión surge, al final del día, por tres novedades que aquí resume J. R. Sentis:

  • El Gobierno decidió anticipar el pago al Club de París. 
  • El juez Thomas Griesa habilitó al Citigroup a realizar por única vez el pago de intereses de bonos argentinos, parte de los cuales están en manos de los acreedores que participaron en canjes de deuda de 2005 y 2010. Porque el Citi no puede distinguir entre esos bonos y otros que Argentina emitió este año (para pagar al grupo Repsol).
  • Acreedores que tienen más de 4.000 millones de dólares en eurobonos Discount y Par enviaron una carta al mediador designado por la Corte, en la que proponen apurar las conversaciones para un arreglo, según publica el Financial Times.

No es la humildad cristiana que recomienda Francisco, pero no puedo resistirme a decir que estas noticias – que no cambian la situación básica ni modifican las relaciones de poder – dan la razón al enfoque que he venido sosteniendo en toda esta serie de posteos: Estamos frente a un conflicto de intereses. Las partes no tienen como objetivo reemplazar al capitalismo inhumano por un sistema más justo, ni tampoco esclavizar a los pueblos (esas u otras pueden ser consecuencias, muy remotas). En lo que a ellos concierne, su interés es beneficiarse lo más posible, o perjudicarse lo menos ídem. Y con eso tienen bastante trabajo, gracias.

Como los argentinos pertenecemos en este caso al lado que sufrió los perjuicios y que puede joderse bastante más, lo sensato es respaldar al gobierno en sus esfuerzos. No porque tengamos una fe mística en la sabiduría de sus políticas, sino porque es el único instrumento que hoy tenemos para defender nuestros intereses.

Como no soy abogado, no pienso dedicar mucho tiempo a analizar la juridicidad, o falta de ella, del fallo de Griesa. Estoy seguro que al otro lado, el Sr. Paul Singer, el punto le importa un cuerno. Y a mí también.


Boudou: nos habíamos amado tanto

junio 29, 2014

nos-habiamos-amado-tanto

De la situación del Vicepresidente Amado Boudou ya opiné cuando el juez Lijo dispuso su indagatoria, aquí. Sobre el tema de la corrupción y la política, un poco antes, aquí. Y en esos dos posteos, bastante recientes, resumía cosas que había dicho antes. Después de todo, los acusaciones a Boudou tienen al menos dos años. La corrupción… es un problema mucho más antiguo.

Ahora, su procesamiento se ha convertido en la noticia del día. Y tengo ganas de acercarles mis reflexiones – no sobre esos dos asuntos: ya lo hice – sino sobre la reacción de nuestra sociedad. El impulso me viene porque ayer sábado tuve una reunión de trabajo – antes de los partidos – con algunos colegas especializados en el monitoreo y la comunicación a través de las redes sociales. Y, en los inevitables comentarios, me hablaron de una sensación: que la «grieta» lanatista en nuestra gente se había profundizado aún más.

Que, ante la noticia de la decisión de Lijo, los opositores al gobierno en alguna forma se sentían triunfantes, y autorizados para salir a «bardear» a sus conocidos K. Con un nivel de agresión más alto que el habitual. Y como consecuencia natural, los partidarios del gobierno, más los opositores a sus opositores (categoría bastante nutrida, cómo no), salían en defensa del Vice. No como un político injustamente acusado, sino como símbolo de un gobierno al que se atacaba con odio usando cualquier arma.

El punto en particular era que, en su parecer, no se trataba solamente de las «minorías intensas» de siempre, las hinchadas K y anti K, cuya diversión es pelearse. Notaban al enfrentamiento más extendido, y más rencoroso.

No dudo de la realidad de lo que me contaron: tienen amplia experiencia. Pero, pensando en ello, me inclino a pensar que esta «intensidad» es un episodio. No necesariamente una tendencia.

Atención: hay un hecho que es necesario asumir: Hay un sector muy numeroso en la sociedad argentina que – además de oponerse a las políticas de los Kirchner – tiene un «problema de piel» con el estilo K (se ha escrito mucho sobre las razones sociológicas y culturales del asunto. Yo mismo lo hice en el blog algunas veces. No es el punto ahora). Puede decirse, sin mucha injusticia, que es un fenómeno de los niveles altos y medios de la sociedad… si tenemos presente que en Argentina la gran mayoría se considera a sí misma «clase media».

Esa hostilidad está presente desde el mismo comienzo de la experiencia kirchnerista, en 2003, y ya para 2007 había traspasado los límites de la oposición inicial y tenía características similares a las actuales ¿Recuerdan que después de las elecciones de ese año la candidata que salió en 2° lugar, Elisa Carrió – siempre una buena intérprete de este fenómeno – hablaba de «legitimidad segmentada»? Una forma intelectual de decir que a los K los votaban los negros.

(No estoy diciendo – aclaro para mis amigos anti K – que la oposición se debe a que todos son racistas gorilas. Yo mismo considero que algunas políticas K han sido equivocadas, para ponerlo suavemente. Sí considero evidente que hay un núcleo numeroso y audible de los opositores que se expresan en esos términos).

Por supuesto, como sucede siempre en las democracias modernas, ese tipo de opositor crece o disminuye en número y en visibilidad según las circunstancias. En 2008 – cuando la crisis de la resolución 125 – fueron muy notorios. Hubo otros picos, y me parece evidente, y hasta justificado, que desde fines del año pasado estemos pasando por otro. La víscera más sensible está golpeada por la inflación y por la disminución de actividad en muchos ramos de la economía.

Y este gobierno – como ha sucedido con todos, en alguna de sus etapas, de nuestra historia – es vulnerable a las acusaciones de corrupción. Porque la política argentina es vulnerable: No tenemos una clase dirigente tradicional, casi endogámica, como en Uruguay o Chile. Nuestros políticos son, en general, hombres y mujeres «nuevos». Y, también como en todas las democracias modernas, la política es una actividad que demanda muchos recursos (sobre eso hablé en el posteo sobre corrupción que enlacé arriba).

El caso Boudou, como escribí en otro lado, es emblemático: Un político joven – para el promedio argentino – con una trayectoria representativa de la de muchos de su generación pero que ha llegado más arriba que los demás, enfrenta, por una combinación de errores propios, arrogancia y mala suerte, una circunstancia que lo deteriora. Podría ser la historia de Carlos Grosso, de Aníbal Ibarra, … En realidad, ya era un tema clásico en la Grecia del siglo V antes de Cristo.

Volviendo a la situación general, digamos que culturalmente, ya no es cool ser kirchnerista. Y el cansancio con una gestión muy prolongada – once años – es visible. Pero… todos los encuestadores, los que nos anuncian que Fulano está primero, los que advierten que Zutano crece más, y hasta los que nos dicen que las encuestas hoy no son válidas, reconocen que el porcentaje de los que aprueban la gestión de Cristina Fernández ha crecido en estos días.

Nada sorprendente en eso, eh. Frente a una crisis – como la que se ha producido en el conflicto con los fondos buitres – el pueblo tiende a respaldar a sus gobernantes. Ni siquiera está en cuestión la mayor o menor confianza en que manejen exitosamente la situación. Lo fundamental es que los seres humanos comunes, mucho más sabios que los intelectuales, saben que alguien debe gobernar.

No hace tanto tiempo – tres años – que una mayoría rotunda de los argentinos, muchos de los cuales no eran kirchneristas, ni tampoco peronistas; más aún, un porcentaje significativo de ellos fastidiados con lo que llamé el «estilo K» – la votaron para gobernar. En las palabras de una amiga mía «¿Y quién otro había?«.

Por supuesto, hoy CFK no está entre los posibles aspirantes a la Presidencia, y no sólo por razones legales. Pero por eso mismo, salvo esa minoría irracional que puede aplaudir un fallo que brinda un beneficio extraordinario a especuladores inescrupulosos simplemente porque piensan que perjudica al gobierno (aunque menos que al resto de los argentinos); salvo esa minoría irracional, digo, la hostilidad hacia Cristina tiende a disminuir.

Se volcará – porque los argentinos seguimos teniendo el odio fácil – hacia unos y otros de los contendientes del año que viene. Pero eso es otra historia.


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