Y por casa como andamos? La interna en la Capital Federal

febrero 24, 2011

Las internas son fascinantes, para los que participan en ellas. Y, desde el punto de vista práctico, no hay mejor forma de renovar una fuerza política y motivar a los militantes que una pelea interna. Competir con el de al lado estimula, y genera odios sinceros, que la lucha contra un adversario impersonal no logra. Pero es cierto también que puede ser aburridas, hasta deprimentes, para el que no forma parte de ellas.

Sin embargo, las internas de la coalición que respalda al gobierno de Cristina Fernández, las tradicionales del peronismo, las menos conocidas de sus aliados progresistas, y el hit del verano, la que enfrenta a peronistas con progresistas, han sido noticia e insidia en todos los diarios, aún los oficialistas, y motivo de reflexiones y delirios en la blogosfera.

Es evidente que la falta de dinamismo de las oposiciones, y las buenas encuestas del gobierno nacional, justifican hasta cierto punto esta atención. Y que, pienso yo, conocer sus internas muestra mucho más de la naturaleza del peronismo y de la política, que docenas de libros sobre populismo o derecho constitucional.

Eso sí, ¿se han fijado en que la mayor parte del palabrerío se refiere a las internas en la Provincia de Buenos Aires? Sin duda, es el campo de batalla principal. Pero no se puede entender ni siquiera la dinámica de las fuerzas que allí se enfrentan, si no se conocen otras realidades, que permitan ver cómo influye el terreno.

Por eso me siento obligado a contarles de lo que está pasando en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. No tengo tiempo ni energía para hacer el trabajo que, por ejemplo, Néstor Sbariggi hace con la Provincia, pero un vistazo, por esta vez…

Empiezo con la historia, y con algunos números que saco de un documento interno del Consejo de Técnicos y Profesionales de las 62-Capital, y del invalorable blog de Andy Tow: La Capital Federal tiene un padrón de 2.508.353 votantes (la última elección, 2009). Es el segundo del país, después del de la Provincia de Buenos Aires. Es casi el 10 % del electorado argentino, y eso le da un peso muy importante en los resultados nacionales.

Otros números, para dar una idea de la relación entre el peronismo y los votantes porteños: En las últimas seis elecciones de diputados nacionales, la boleta, generalmente de un frente que el PJ avaló, obtuvo en 1999 el 9,18 %; en 2001, el 11,68 %; en 2003, el 13,43 %; en 2005, el 20,49 %; en 2007, el 12,73 %. En 2009, el 11,61 %.

¿Suena informativo, verdad? Lo es, pero también es engañoso. Hay un votante peronista, sobre todo en el Sur. Hay muchísimos pobres y también indigentes – en realidad, la mayor concentración geográfica – que no se han hecho troskos, ni fervorosos partidarios de Pino o de Macri, pero tampoco se expresan consistentemente a través de una boleta que dice, a menudo en letra chica, “Partido Justicialista”.

Y los que en 1999 pusieron la lista de diputados de la fórmula Duhalde-Ortega no son los que diez años después votaron la boleta encabezada por Heller, aunque el % de votos sea parecido.

Porque en la Capital los famosos “aparatos” del justicialismo (como los también célebres del radicalismo), ese entramado de lealtades, ambiciones y pequeños rebusques del que Manolo Barge escribe su epopeya en el conurbano, siguen existiendo, muuuy disminuidos, pero hace décadas que ya no sirven como nexo con un Estado distante o ineficaz, como todavía funcionan en buena parte de Argentina.

Hasta cierto punto inevitable: Es difícil forjar una identidad común en un barrio si no se sabe quién vive en el departamento de al lado. Por eso la actividad política al viejo estilo se mantiene en las villas. Que ya no son en el imaginario de quienes viven allí domicilios provisorios, como aún lo eran en los ´70.

Pero la militancia no es el único problema, pese a Manolo :-). Hay que tener presente que tampoco el peronismo como fuerza política se ha presentado a los porteños a lo largo del tiempo con algo de continuidad. Es cierto que en esos 10 años, como en los anteriores, el peronismo y el país han cambiado mucho. Pero en otros distritos ha habido liderazgos locales y dirigencias que han sabido mantenerse – o han sido renovadas – ante los pueblos de esas provincias. Eso no pasó aquí. La dirigencia del Partido Justicialista porteño se ha habituado a lo largo de veinte años a que sus listas de candidatos y sus estrategias políticas sean decididas desde arriba, desde las necesidades del gobierno nacional.

(El último jefe político que tuvo el peronismo de la Capital fue el chaqueño Carlos Grosso, y es discutible cuánto influyeron en su caída la política nacional y un elemento de auto destrucción, impulsado por una idea del peronismo que fue derrotada).

Esto ha tenido la inevitable consecuencia de debilitar a esos dirigentes, y desgastar a ese Partido Justicialista, muy cerca de convertirse en una cáscara vacía. Un síntoma muy visible: a comienzos del año anterior, muy pocos locales del PJ seguían abiertos en toda la Ciudad y ninguno en la zona Sur. Ahí militaban solamente el Movimiento Evita y algunos grupos de juventud.

Por eso, para entender el escenario político de la Ciudad, quiero repasar los números de las elecciones a Jefe de Gobierno. Sostengo que eso nos va a ayudar a entender la parte más fascinante de la Historia: el futuro.

El 30 de junio de 1996, la fórmula de la UCR, De la Rúa-Olivera, con algunos aliados muy menores, incluyendo una pequeña fracción peronista/cristianuchi, le ganaba con casi el 40 % de los votos a la del Frepaso, La Porta-Ibarra, con el 26,5 %. Tercera quedaba la del peronismo menemista (era el que había), Domínguez-Kessler, con el 18,6 %.

El 7 de mayo del 2000, Ibarra-Felgueras, enarbolando las banderas de la inolvidable Alianza, con algunos aliados, como la Ucedé, que hicieron un aporte muy menor, derrotan con el 49,3 % a Cavallo-Béliz, que obtuvieron el 33,2 %, a pesar de contar ellos con la asistencia de conocidos cuadros del peronismo, ya con el libro de pases abierto.

El 24 de agosto de 2003, esa promisoria pareja Macri-Rodríguez Larreta, ganan con el 37,5 % al dúo Ibarra-Telerman (Felgueras se desvaneció junto al Grupo Sushi) que consiguen el 33,5, pero éstos, con el apoyo del ya presidente Néstor Kirchner, que se jugó a su favor – triunfan en la segunda vuelta juntando el 53,5 % de los votos definitivos.

Esta elección resultó ser significativa, no tanto porque en ella el Partido Justicialista directamente no participó (bueno, la UCR sacó el 1,9 %), sino porque aquí con la candidatura de Ibarra se desplegó en todo su esplendor el mecanismo de las colectoras: No un frente tradicional de partidos, sino tres boletas, con siglas creadas para la ocasión, que llevaban listas de legisladores diferentes y un sólo candidato a Jefe de Gobierno. Las tres sacaron porcentajes parecidos.

(El lunes pasado Alejandro Amor, secretario general de las 62-Capital, recordaba que todos los legisladores de dos de esas listas le votaron en contra a Ibarra en el juicio político que lo destituyó. Pero no sé si corresponde que relate esta anécdota, que le daría pie a Artemio para uno de sus posts sarcásticos).

De todos modos, las colectoras hicieron escuela en el sector más o menos nacional y algo popular de la política porteña (No sé porque arman tanto lío en la Provincia). Como todos recordamos, el 3 de junio del 2007 los votantes porteños decidieron dar una oportunidad a Macri-Michetti: sacó el 45,8 % en la 1° vuelta, y el 60,9 % en la 2° (fíjense que fue un año antes de la pelea con el “campo”). Pero las dos principales fórmulas que se le oponían,  la de Filmus – Heller, que logró el 23,7 % de los votos y entró en la 2° vuelta, llevó dos colectoras,  ALIANZA DIÁLOGO POR BUENOS AIRES, que le sumó el 12,5, y ALIANZA FRENTE PARA LA VICTORIA, que le dió el 11,2.  Telerman – Olivera reunió el 20,7 %, sumando la ALIANZA FRENTE MÁS BUENOS AIRES con el 11,1 y la ALIANZA COALICIÓN CÍVICA con el 9,6.

Continuará (con menos números)


A mis amigos peronistas de “paladar negro”

febrero 15, 2011

A partir de la muerte de Néstor Kirchner se hizo muy visible, y audible, un debate – que ya estaba instalado años ha, ojo – entre el “peronismo” y el “progresismo” en el seno de la coalición que respalda al oficialismo. Digamos, para precisar mejor, desde que los encuestadores empezaron a reflejar una ventaja para la candidatura de Cristina Fernández en las próximas elecciones. Aclaro que puse los nombres de los bandos enfrentados entre comillas porque me refiero, no tanto a las fuerzas políticas o a sus ideologías, como a los discursos en pugna y a los militantes que los asumen.

Porque los lados de esta discusión no se corresponden fielmente con las identidades políticas: muchos jóvenes peronistas, a los que se los puede llamar kirchneristas sin que se preocupen, siente más afinidad con el lado “progresista” que con muchas de las figuras y figurones que están en el PJ. Y no pocos militantes de izquierda que acompañan desde afuera al peronismo y que apoyan las políticas de este gobierno – especialmente los formados en tradiciones antiestalinistas – cuestionan lo que ven como dogmatismo y soberbia en muchas actitudes progresistas, y perciben una sombra de gorilismo en ellas.

Yo he participado en este debate, como sabe cualquiera que se moleste en repasar el blog. Como advertí en algun momento, opino desde lo que soy, un peronista librepensador. “heterodoxo”, pero ciertamente no progre. Es decir, no comparto el sistema de valores de la modernidad tardía en su versión de izquierda. Pero… creo notar alguna diferencia con lo que plantean, sobre el mismo tema, amigos peronistas como Manuel Barge, Omar Bojos o Luciano Chiconi, además del simple hecho que sus posts están mejor desarrollados y muestran que los encaran con más seriedad.

No los estoy juntando en la misma bolsa, y ciertamente no hay en ellos sombra de dogmatismo. Pero sí aprecio que, frente a hechos concretos como la proliferación del “frepasismo K” o el ataque del sabbatellismo al PJ bonaerense, tienen una actitud más dura que la que yo he expresado. Y no es que ellos sean más “ortodoxos”, cualquier cosa que esa palabra signifique. Si hasta Artemio López, que no se priva de regalarnos con Althusser, Lacan, Gramsci y J.W.Cooke, y a la vez mantiene un ojo avizor en sus encuestas, está alarmado por las consecuencias que podrían tener listas “colectoras” en la Provincia de Buenos Aires, el distrito clave para la gobernabilidad argentina.

Mi posición se basa también, por supuesto, en una determinada apreciación de la realidad inmediata. Mi evaluación – puedo equivocarme, claro – es que ese “frepasismo” está limitado, en los niveles de decisión, por un muro sólido de realismo peronista. Y si a veces tiene más influencia en políticas de lo que a algunos nos gustaría, tal vez sea porque a los peronistas no se nos han caído muchas nuevas ideas en temas fundamentales (Uso el “nosotros” por un sentido de pertenencia, aunque debo aclarar que a mí no me las han pedido, tampoco).

No veo un progresismo avanzando arrasador en Argentina, ni siquiera aquí, en la Capital. Y si en Santa Fe y en Córdoba un progreperonismo K tiene oportunidad de medirse… tanto mejor. Pueden ser el futuro, quizás. Las políticas de alianza que ha trazado allí, hasta ahora, la conducción nacional del espacio, la Presidente, tienden a minimizar los riesgos electorales para el oficialismo, antes que a alentar aventuras.

En la Provincia de Buenos Aires… mi lectura de los números me convence que el Dr. Duhalde estaba equivocado y no estamos condenados al éxito. Estamos condenados a Scioli (a menos que los bonaerenses se hayan hecho mucho más de izquierda de lo que yo creo que son).

En los municipios, es cierto, Artemio y la experiencia nos advierten, el impacto de candidaturas distritales por afuera del PJ creará problemas a intendentes peronistas del Conurbano. Sólo alguien muy ignorante de las realidades políticas puede creer que eso no tiene costos para el peronismo, o que los intendentes, como jefes políticos de sus distritos, no ajustarán sus conductas a su situación local, con estrategias que no necesariamente aumentarán las chances del PJ a nivel nacional o provincial, o la armonía general.

Pero a mí, al menos, no me parece que la situación sea inmanejable. Duhalde en los ´90  estimuló el equivalente de “colectoras”, con Rico por derecha y el padre Farinello por izquierda, y no afectó su dominio del partido provincial, gracias a un armado cuidadoso. Kirchner estaba convencido que él podía hacer lo mismo. Hoy… Cristina, Scioli tendrán que encontrar alguien, ya no para armar, sino para negociar. No necesito enfatizar la capacidad de diálogo y de convicción del Ing. De Vido. No le faltarán colaboradores en la provincia.

En todo caso, aunque yo estoy convencido que Hugo Curto es mejor intendente de 3 de Febrero – en relación a los recursos que dispone el municipio – que Martín Sabbatella lo fue de Morón, ninguno de los dos tiene un derecho divino a su cargo. En última instancia, los votantes deciden.

Todo lo que dije hasta aquí, creo que es válido… hasta hoy. El futuro es, por definición, lo que no conocemos. Y estimo que Omix da un muy buen consejo en uno de sus posts más recientesComo la unica verdad es la realidad, esperaremos a … mayo o abril y allí veremos quienes son candidatos y cuales serán las reglas para esta elección. Recién allí podremos salir de las especulaciones” ¿Por qué entonces me decido a ocuparles el tiempo con este post?

Dos motivos: La preocupación que noté en algunos comentaristas no peronistas del blog por nuestra pureza doctrinaria, que perciben en peligro. Quería recordarles que el asunto de la “actualización” ya lo había propuesto Perón, en su momento. Y, sobre todo, por algo que leí en un post muy reflexivo de mi amigo Ezequiel Meler, otro actualizador, que me pareció un colofón necesario a este debate. Por mi parte, no tengo más que decir que: Firmo al pie.

Por supuesto, las cosas pueden cambiar con los años. Pero hoy, en concreto, no existe ninguna alternativa peronista al justicialismo. No lo son los disidentes, que navegan en la más absoluta intrascendencia, y tampoco lo son los compañeros que, por distintos motivos, han decidido construir desde el progresismo. Puede que un nuevo proyecto no peronista (ARI, PRO, EDE – NE, Proyecto Sur) consiga una pata de esa raíz, pero no por eso representará las voluntades y los anhelos que siguen convergiendo en torno del partido justicialista, del movimiento obrero organizado, y de sus juventudes. Y no veo que esto esté en tránsito de cambiar: al contrario.

Pese a lo anterior, creo necesario marcar un matiz importante: el peronismo justicialista debe necesariamente abordar el problema de su renovación, en todos los niveles, y también debe permitirse incluir a aquellos sectores que se han sumado, por ejemplo, a través de los movimientos sociales. El perfil etario del justicialismo en general es muy alto (Ezequiel quiere decir que somos viejos). y la falta, no sólo de una generación intermedia, sino también de una política en general de puertas abiertas, puede mermar la relación de su militancia con los acontecimientos. Ese proceso, aunque de reconocida necesidad, no ha sido adecuadamente encarado


¿Se puede perder? – La nueva alianza

enero 24, 2011

Estoy lejos y sin demasiado tiempo para comentar lo cotidiano. Comparto el escenario que describe aqui Nestor Sbarrigi, y esta aguda reflexion de Ezequiel Meler. Por eso mantengo lo que afirme en el post anterior, de una semana atras. Pero no quiero dejar de acercarles algunas reflexiones pendientes. Porque omo dije en el primer post de esta serie, no me gusta esta excesiva confianza en una victoria del oficialismo en las elecciones de este año. Que tienen la mayoría de los oficialistas, claro.

No me gusta como estrategia electoral. Fue una herramienta útil para el peronismo K, después de su derrota del 2009 en distritos decisivos, para mantener su voluntad de lucha, cuando los medios ya lo daban por muerto. Pero hoy que sus chances de triunfo, en cualquier análisis realista, son muy buenas, y la fantasía favorita de los opositores es que la Presidente no se presentará a la reelección, puede ser contraproducente sentirse seguro.

Después de todo, en derrotas históricas del peronismo, en 1983, en 1997, los peronistas estábamos confiandos, nueve meses antes, que íbamos a ganar. No fue por eso, claro, que perdimos, pero sospecho que esa confianza, que muchos no peronistas sintieron como soberbia, ayudó.

Y menos me gusta por sus consecuencias en el clima político interno. Con aliados progres o sin ellos, si creemos que ganamos seguro, la pelea interna se convierte en la ocupación principal de los que tienen ambiciones. Y quién no las tiene?

Entonces, procedo con un posible escenario, que habria llevado a una derrota del oficialismo en las elecciones de octubre. No es una prediccion. Como dicen en mi barrio, no tengo las bolas de cristal. Y creo que es demasiado tarde para que suceda lo que describo (Otra sabiduria barrial: “No avivar giles”). Pero me permite opinar sobre lo que pienso son algunas realidades de la politica argentina.

Tengo que decir que el escenario al que aludo es tan simple y obvio que resulta hasta significativo que los poderes concretos mas enfrentados al actual gobierno no hayan hecho esfuerzos coherentes y sostenidos para impulsarlo. Porque todas las encuestas serias, y esas encuestas definitivas que son las elecciones nacionales que hubo bianualmente desde 2005 en adelante, muestran que los votantes del “peronismo K” y de sus aliados son  consistentemente menos que los que votan a alguna de las variantes surgidas del radicalismo, incluyendo, claro, la UCR, sumados a los votan a los candidatos del peronismo “no K”. Es cierto que hay que contar en este ultimo grupo, para que la suma resulte, a los votantes capitalinos de Macri. Pero es razonable: en lo nacional, no tienen otra.

Hay un obstaculo evidente: se trata de identidades politicas muy diferentes. En algun momento, la hostilidad que muchos argentinos sentian, y expresaban, por Nestor Kirchner, hizo pensar a buena parte de la dirigencia que la polarizacion se iba a dar naturalmente, en una segunda vuelta. Pero esa hostilidad dejo de ser un factor decisivo con la muerte de Kirchner, si no antes. Y ahora, estoy convencido, es demasiado tarde para que esa “nueva alianza” se construya. Ademas del hecho evidente que Rodolfo Terragno no es Raul Alfonsin.

Lo interesante, si estoy en lo cierto, es que esa imposibilidad muestra que imaginar que los arreglos politicos, y las candidaturas, pueden ser frutos de decisiones de cupula, apuntaladas por sumas inmensas de dinero, es una fantasia de quienes nunca han hecho politica en serio. Un acuerdo, un candidato, funcionan si hay una parte importante de la poblacion que esta esperando, consciente o inconscientemente, eso que se le ofrece. Y esa… disposicion no se crea de un dia para el otro. Duhalde fue el dirigente que trato de convertirse en el hombre que pudiera expresar esa disposicion, la del acuerdo radical – peronista… anti K. Y ha quedado muy claro que no tuvo exito.

A esta altura, la maniobra “aliancista” posible es que los votantes que dieron su apoyo a las diversas candidaturas del “peronismo anti K” y similares (de Narvaez), sean llevados a apoyar una candidatura presidencial de Mauricio Macri. Y aun eso aparece dificultoso a esta altura de enero, por lo menos a la distancia.

Eso si, quiero enfatizarles que el hecho que la jugada obvia opositora ya no sea viable, a mi entender, no significa que respondo en la negativa a la pregunta Se puede perder? Seguro que es posible. Y en Argentina, recordemos, nuestra tradicion es que los proyectos de poder vigentes no son derrotados por sus adversarios politicos sin que antes se derroten a si mismos. Peron y la innecesaria pelea con la Iglesia, Alfonsin y su incapacidad de entender las realidades economicas… Si, siempre se puede perder.


Los resultados de mañana. Los desafíos de pasado mañana

octubre 27, 2007

Esta campaña electoral no me inspiró mucho para escribir en este blog, y menos en “El hijo de Reco”. Ojo! no hay ni sombra de displicencia en esto. Sobre la democracia, encuentro práctica la definición que dio – creo – Schumpeter: es un mecanismo para decidir liderazgos. Agregando algo muy obvio: decidir entre las opciones que el sistema político plantea. Y aunque las opciones son limitadas, son reales (Precisamente, pienso, son reales porque son limitadas: es una característica del mundo real).

Entonces, como los peronistas doctrinarios y los liberales también doctrinarios – dos especies que algunos consideran fabulosas – yo respeto los votos del pueblo. En circunstancias normales, es el único cachito de poder político que cada uno de los argentinos que lo forman tiene, y corresponde que lo use.

Pero no me he sentido impulsado a tratar de convencer a los que me leen – que no son tantos y ya tienen su propia opinión – que no voten a Fulano/a o Mengano/a. Supongo que en parte es porque las personas de los candidatos no son demasiado carismáticas. El otro motivo es, por supuesto, que el resultado principal está cantado. Con la posibilidad de sorpresa que debe asumir alguien que cree en el libre albedrío, Cristina Kirchner será elegida en primera vuelta (Lo siento, Roberto, Alberto: los encuestadores son humanos – es decir, se equivocan y pueden torcer algunos números para su cliente – pero no comen vidrio. La esencia de su negocio es que sus cifras se acerquen a la realidad. Uds. lo saben: han pagado encuestas).

En realidad, es de esos números que me interesa escribir. Voy a hacerlo suponiendo que mi amigo Julio, Artemio y el resto de la troupe no se han equivocado, y que no me hacen decir pavadas. En realidad, esos números no me sorprenden. La mayor parte, la parte decisiva, de los votos que darán el triunfo mañana a Cristina vienen de votantes peronistas. Vean solamente el mapa electoral que las encuestas dibujan; vean mañana el de los resultados: las provincias pobres, los cinturones de pobreza del conurbano. Este hecho vuelve loco a un montón de amigos míos, peronistas de antes, y enardece a muchos gorilas también de antes, que hablan de clientelismo. Porque el uno a uno y el voto cuota no pueden ser llamados clientelismo, si promueven políticas neoliberales.

Pero no voy a entrar aquí a definir la relación de los aparatos políticos del justicialismo con los pobres. Recomiendo empezar leyendo a Javier Auyero. Me interesa señalar un hecho que, de tan obvio, pasa desapercibido: los pobres, si les dan una chance, si el gobierno no los agrede abiertamente, son oficialistas. Saben que si necesitan atención hospitalaria o agua corriente, no se la va a dar ni las instituciones republicanas ni el partido de vanguardia de la clase obrera ni siquiera la comunidad organizada: lo hará el gobierno o no lo hará nadie.

Pero sabemos – o deberíamos saber – que ni los votos peronistas, ni los votos de los más pobres por sí solos aseguran el triunfo. Siempre que el peronismo triunfó, fue como parte de un frente, explícito o implícito. Para ir a los ejemplos cercanos: Menem logró – en una circunstancia internacional muy específica – lo que Perón no consiguió en los 40, reunir en alianza a los sindicatos y las provincias peronistas con el poder económico. Su gobierno fue un frente del PJ y la UCD; de allí salieron sus funcionarios.

Kirchner construye a partir de 2003 la otra gran alianza posible: los aparatos del justicialismo – que seguían reuniendo la mayoría de los votos de los pobres, porque ninguna otra propuesta de poder nacional se lo planteaba – con el centro izquierda que expresaba buena parte de los reclamos y las broncas de la clase media. Su gobierno – sus funcionarios – expresan lo que sería un frente del PJ y el Frepaso (Horacio Verbitsky cumple en él el rol que en el de Menem llenaba Bernardo Neustadt). Hoy ese centro izquierda tiene sus dudas: vean las encuestas en las grandes ciudades, empezando por la Capital. Pero, en su mayoría, no encuentra otro lugar político donde estar.

Esto me lleva a pensar en el fenómeno Carrió: una política de raza, diría su viejo maestro, el Dr. Alfonsín, si ella no hubiera aprobado Bolilla I: Destruir a tu mentor. De disputar con Kirchner el espacio de centro izquierda, se ha esforzado en el último tiempo a tratar de abarcar también el centro derecha, y ocupar el lugar del Otro en relación al peronismo, espacio tradicional del radicalismo, como señala el ingenioso Mario Wainfeld. Tiene un costo: deja al progresismo que no se decide a votar a la izquierda o a Pino Solanas en brazos de Kirchner. Y francamente, no me gusta que le dé legitimidad política al gorilismo que, como decía en un post reciente, hoy se percibe en los foros y en la calle. Pero muestra una ambición de poder. No le alcanzará para inquietar al gobierno… mientras las cifras de la economía vayan bien. Pero nada es para siempre.

A Lavagna se lo castiga por no ser carismático, como si Kirchner fuera el ídolo de las multitudes. A mí me gusta como dirigente político: es la cara razonable de un modelo que tiene aspectos muy positivos (en mi opinión). Pero equivocó los tiempos (error fatal en política). Justamente, no debería haber aparecido como opción hasta que el modelo que el contribuyó a poner en marcha enfrentara problemas más serios que los actuales (en la percepción de la gente). Sus impulsores, Duhalde, Alfonsín, deben enfrentar que los aparatos, por sí solos, no garantizan nada, si no tienen a su frente a alguien a quien la gente quiera seguir. Esto lo sabía perfectamente mi amigo Lorenzo, que también algo conocía de aparatos.

El Alberto Rodríguez Saá quiere ocupar parte del espacio tradicional del peronismo, con una inserción territorial en el Gran Cuyo. Las encuestas no son claras en ese nivel de votos, pero muestran que su apuesta tiene más sentido que otras. Mañana sabremos cuánta adhesión consiguen todavía  por sí mismas las banderas de Perón y Evita, cuando se ven – un poco atrás y a la derecha – las banderas de Menem. Mi opinión es que eso le asegura un espacio, y también un techo.

Lo de Pino es interesante: también expresa algo de lo que el peronismo fue en algunos momentos históricos, y una reivindicación, la del petróleo, que a mí me parece válida y necesaria. Tiene algo a favor: con eso ha conseguido un lugar en la política argentina – me parece – más amplio, y con más posibilidades que la izquierda tradicional. También me surge una duda ¿no habría sido mejor, más rico, separar la lucha por los recursos nacionales de la pelea por los cargos? La pregunta suena ingenua, pero no lo es. A los asambleístas de Gualeguaychú – con todas mis reservas por la ineficacia final de sus métodos – no les ha ido tan mal separando sus reinvindicaciones de la política de partidos.

No tengo ganas de escribir más, y hoy es el cumpleaños de mi mujer, así que no puedo ¿Y los desafíos de pasado mañana, me preguntan ustedes? ¿Les parece poco, gobernar lo que acabo de describir arriba, lo que anuncian los encuestadores? Esa es la tercera vuelta


la oposición que vino del frío

octubre 23, 2007

Repasando – después de unos días afuera – mi blog y mi página, encuentro que no he escrito nada sobre las elecciones muy próximas. La verdad, no inspiran. En la introducción a un artículo sobre el agua como recurso estratégico (un tema más interesante) que subí hace pocos días a “El hijo de Reco”, comentaba: “Esta es una campaña electoral rara (ya sé, no es un comentario muy original). Pero mi intención es ser más preciso: se encuentra apasionamiento – hasta odio – en los foros de Internet, en las cadenas de mails, pero se percibe que están reflejando a un sector muy pequeño de la sociedad, los politizados, los que se perciben agredidos u ofendidos por las políticas del gobierno o – del otro lado – los que ven en la oposición el “huevo de la serpiente” de la reacción. La gran mayoría de los argentinos no manifiesta emociones intensas – en contra o a favor – cuando habla sobre a quién va a votar. Quienes elegirán a Cristina Kirchner – lo muestran los trabajos de Artemio López, de Julio Aurelio, en realidad de todos los encuestadores, los que paga el oficialismo y los otros – en un amplio porcentaje quieren preservar una situación económica que, aunque no la sientan muy satisfactoria, la perciben mucho mejor que años atrás. Los que eligen otros candidatos, sin entusiasmarse con ellos en su mayoría – también según esos mismos estudios – quieren poner un freno a lo que ven como excesivo poder del matrimonio Kirchner” Creo que tengo que corregir en parte este concepto. ¡Ojo! en parte: fuera de las grandes ciudades,  fuera de los sectores medios que leen “La Nación” y escriben mails, es absolutamente válido. Pero en Argentina la clase media interesada – a medias, como corresponde – en la política es numerosa, y la mayor parte vive en las grandes ciudades.

Empiezo a percibir “en la calle” un antikirchnerismo audible, que se parece mucho a un antiperonismo a la antigua. Es una minoría, y no cambia – en mi más honesta evaluación – la aplastante posibilidad de la victoria de Cristina K en primera vuelta. Pero no es trivial: como el Frepaso en 1995, está marcando la presencia y la naturaleza – fuera de la desprestigiada sociedad política – de una futura oposición.


Peronismo: Cuando huye el día

septiembre 4, 2007

Ayer el Partido Justicialista perdió en Santa Fe; en Córdoba, sus adversarios han obtenido más del 60 % de los votos. En la Capital Federal también fue derrotado en las elecciones recientes (si es que se presentó; hay algunas dudas). De los cuatro distritos decisivos de la Argentina (decisivos en sus elecciones; fundamentales en su economía), el PJ sólo mantiene una clara ventaja en la Provincia de Buenos Aires (sumando la versión tradicional y la del FpV, que – es cierto – se parecen bastante). Y aún ahí, Manolo Quindimil ya está un poco viejo.

Seguro, están sanos y vigorosos Alperovich en Tucumán, Gioja en San Juan, por supuesto los Saá en San Luis, et alia. Desde hace 60 años los caudillos del interior profundo son una de las patas del poder peronista.  Pero con ellos no alcanza para una fuerza nacional.

Esto llama la atención cuando todos los opinadores se han pasado los últimos años, desde el 2001, repitiendo que la Argentina no es gobernable sin el peronismo. Y más allá del discurso de los medios, está a la vista que los aparatos políticos más poderosos en casi todo el país se identifican con los símbolos del peronismo y con una determinada cultura política. En sus actos, mal que le pese a Pepe Albistur, se sigue cantando la marchita.

También es evidente que esos aparatos, ahora con alguna competencia de la izquierda dura (pero rentada), siguen teniendo presencia entre los más pobres y los excluídos, algo que ninguna otra fuerza política nacional puede ostentar. Y hay muchos pobres y excluídos en Argentina.

Entonces, qué está pasando? Quiero señalar dos hechos; uno, es muy evidente desde hace más de 20 años, aunque cada tanto los políticos y el periodismo juegan a olvidarlo. El PJ no es por sí mayoría electoral: cuando, como en el ´83, la mayor parte del resto de la sociedad encuentra una candidatura que la expresa, es derrotado.  Por eso, es absurda la queja de Menem, que atribuye a la negativa de Duhalde a dar elecciones internas su derrota en el 2003. El PJ, con la candidatura de Menem, perdía en el 2003 casi tan cierto como que – con ella – ganó en ´89 y en el ´95.

El otro hecho es más nuevo, aunque no sale de un repollo, sino que se ha ido formando a lo largo de años: el peronismo no tiene propuestas atractivas para los sectores medios de nuestro país, que son la mayoría. (Con una excepción: conserva la lealtad de la mayor parte de los trabajadores sindicalizados, que hoy son parte de esos sectores medios).

Se habían entusiasmado – la mayoría de los sectores medios – con Menem y su promesa del primer mundo hace quince años; simpatizaron hace cuatro con Kirchner, que hacía eco a las broncas que ellos mismos sentían. Hoy, muchos votarán a Cristina y a Scioli, porque no encuentran candidatos que los entusiasmen más.

Pero el peronismo no engancha a quien no se haya enamorado de él en otra época, por lo menos a nadie que no tenga un cargo en el gobierno. Los jóvenes no se suman al peronismo (en realidad, después de la desilusión con el ARI, no se suman a ninguna propuesta política excepto como salida laboral).

Para los que vivimos la pasión y las tragedias de las últimas décadas es difícil imaginarse una Argentina sin el peronismo como fuerza decisiva. Pero hasta hace no tanto tiempo, era difícil imaginarsela sin el radicalismo. Como la realidad puede ser racional – según Hegel – pero nunca es completamente previsible, lo único que se me ocurre es un pensamiento de Chesterton, inglés y católico, que decía que la Iglesia Católica sobrevivía porque había aprendido a morirse.


Dale bola a los profesionales (pero no les entregués las pelotas)

agosto 3, 2007

Artemio López es un tipo inteligente e informado, con el que estoy muy en desacuerdo en temas importantes. Por eso mismo, me da pie a menudo para notas que subo a El hijo de Reco, o aquí mismo, en el blog. Este “Manual para leer encuestas” que les invito a leer con atención (especialmente a vos, Jorge), no entra en esa categoría. Son datos preciso sobre dónde se deciden las elecciones en Argentina, confeccionado por un profesional, es decir alguien que vive de eso. Por eso, cuando dice que “El 48,7% del voto positivo nacional se concentra en tan sólo dos distritos: Capital Federal y Provincia de Buenos Aires”, es cierto.
ATENCIÓN: que eso sea cierto no quiere decir, que la política importante se hace solamente en esos dos distritos. O si no, fíjense en el porcentaje de liderazgos y de proyectos nacionales, de 1810 a la fecha, que nacieron en otro lado.


Artemio López y el Potrero de los Funes

julio 6, 2007

“Cuando la Dra. Servini de Cubría, de tanta ductilidad a la hora de alinearse con el poder de turno dió vía libre al congreso de Potrero de los Funes, es más, judicialmente hasta lo impulsó, era evidente que algo extraño estaba sucediendo. Adolfo Rodríguez Saá se mostraba exultante por el respaldo judicial. Sin embargo, uno pensaba: Miren lo que teníamos diez días atrás en el escenario político: Macri con 61% de los votos porteños derrotando a la coalición ladriprogresista sin atenuantes, peticionando en la presidencia. Estaba en escena también Fabiana Ríos, reunida con el presidente como gobernadora electa del ARI en Tierra del Fuego, dirigente de trayectoria impecable en la provincia y vencedora de un poder mafioso aliado al gobierno. Miren lo que tenemos hoy en escena: Cristina Presidente por un lado y Eduardo Menem, Miguel Angel Toma, Héctor Maya, Julio César “Chiche” Aráoz, Ramón Puerta, Carlos Menem, Ramón Saadi, y congresales del duhaldismo y el lavagnismo entonando la marcha partidaria. Los Rodríguez Saá suponen que la reunión de Funes será uno de los “hitos” del peronismo. Tal cual, no Néstor?”

No pude resistir copiar este post del siempre ingenioso Artemio Al mismo tiempo, hago una pequeña advertencia; lo estrategia que insinúa es válida, y la elección de 2005 en la Provincia de B. Aires demostró que funciona. (Si de un lado está Drácula, y del otro un comando superior integrado por Menem, el Adolfo y el Ramón, el Conde tiene asegurada una buena franja de votos) Pero los muchachos que fueron a jugar al Potrero también conocen algo de estrategia: su intención es tratar de quitarle a Cristina un 20 % de los votos tradicionales del peronismo, no los de la clase media urbana. No es seguro que lo consigan; tampoco es imposible   (Abel)


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