América latina: proyecto, fronteras, elecciones, fútbol

enero 29, 2014

Joaquin Torres Garcia 04

En estos días hemos tenido en La Habana la 2da. Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) – uso el tiempo pasado porque ya Cristina y Dilma acaban de regresar a sus respectivos países – y tengo que decir que hubo muy poco eco en nuestros medios, y aún en la blogosfera. Es natural, problemas más urgentes distraen nuestra atención, especialmente en Argentina. Sin embargo, forma parte de algo que debemos tener presente y estudiar con atención: es nuestro lugar en el mundo. En un sentido muy real, es lo que hay.

Atención: Me apuro a reconocer que la CELAC no es más que un foro. Un foro importante, que contó con la asistencia de presidentes y representantes de los 33 países que integran el bloque – todos los del continente americano menos EE.UU. y Canadá – el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, y el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), el chileno José Miguel Insulza (algo histórico, ya que hacía más de medio siglo que un responsable de ese organismo no viajaba a la isla). Pero un foro: es decir, un ámbito donde los jefes de Estado hacen declaraciones y cambian figuritas entre ellos (ahora le dicen networking).

En el plano de la política de poder – lo que importa o debería importarle a las cancillerías – la CELAC ha sido una forma de institucionalizar la influencia y el apoyo de Venezuela a Cuba y a los países más pequeños del Caribe, en los tiempos de Hugo Chávez. Brasil, siempre previsor, entendió que servía a la UNASUR – que ya es algo más que un foro, aunque todavía no es una Unión – para afirmar su imagen internacional y su presencia – pacífica – en el Mare Nostrum estadounidense, y, con Argentina, apoyó decididamente su creación.

Es evidente que la idea fue acertada. La participación de, repito, todos los países americanos menos EE.UU. y Canadá, es bastante elocuente. El ¨poder blando», la atracción como identidad colectiva de lo que he dado en llamar la «civilización latinoamericana».

Más adelante, algún otro – quizás mi amigo Humberto Podetti – escribirá sobre las tomas de posición en esta Cumbre: la declaración de América Latina y el Caribe como una zona de paz; el respaldo al diálogo de paz colombiano; la creación de un foro CELAC-China; las posibilidades de incorporación de Puerto Rico (Estado Libre Asociado de EE.UU.) al bloque, … la treintena de documentos que saldrán de esta cita, entre ellas la Declaración de La Habana, el plan de acción del organismo, y comunicados especiales como el apoyo al reclamo argentino por Malvinas y la condena al bloqueo a Cuba.

Aquí me interesa agregar al tema de este Cumbre sólo dos puntos. Uno es el fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya (CIJ), que cerró el histórico litigio marítimo entre Chile y Perú. No voy a analizarlo jurídicamente; sólo marco que era la última gran disputa planteada sobre fronteras en la América del Sur; que ha sido un paso importante, y en conjunto beneficioso, para la armonía del subcontinente; y que fue necesaria una intervención externa, la de la CIJ.

Eso nos indica lo que le falta a UNASUR para ser la Patria Americana de los próceres, el Estado continental industrializado que quería Methol Ferré, las distintas expresiones del ideal histórico. Atención, de nuevo: meter a la UNASUR en este conflicto, en cualquier etapa de la integración previa a contar con un Estado federal muy sólido, con un Poder Judicial prestigioso, habría sido contraproducente. La inevitable insatisfacción de las partes sólo serviría para debilitar la institución. El realismo nos dice que necesitábamos un tercero ajeno.

La otra cosa que quería acercarles es este artículo de opinión que apareció ayer en Clarín (Entre la miríada de denuncias sobre la insoportable tiranía K, se pueden encontrar cosas interesantes). El autor es Daniel Zovatto, director para América Latina y el Caribe de Idea Internacional. Una de esas instituciones con las que Estados Unidos promueve la democracia y sus intereses. Poder blando, también, con muchos recursos.

Pero no hay que ser prejuiciosos. Es un resumen muy completo y razonablemente objetivo de nuestra realidad latinoamericana para el 2014. Considerénlo una ampliación y complemento de este posteo mío. Al final, vuelvo a la Cumbre por un momento y agrego un bonito video de la TV alemana (en castellano).

«Las pasiones futboleras ya comienzan a espumar y, a la par, se cocinan luchas políticas. Este 2014 será de intensa actividad electoral en la región. Más del 50% de la población latinoamericana está convocada a las urnas. En nuestra región no sólo tendrán lugar siete elecciones presidenciales – Costa Rica, El Salvador, Panamá, Colombia, Bolivia, Brasil y Uruguay – sino que, además de comicios locales, regionales y legislativas en Ecuador, Colombia, Perú y Haití, también se celebrará el Mundial de fútbol en Brasil.

De 2013 a 2016, 17 de los 18 países latinoamericanos (salvo México) llevarán a cabo elecciones presidenciales.

Este año, las elecciones se darán en un contexto de crecimiento económico moderado pero ligeramente superior al de 2013 – un 3,2% es la previsión de la CEPAL, frente al 2,6% registrado el año anterior-. No obstante la importante reducción lograda durante los últimos años, las cifras de pobreza e indigencia permanecen altas, con 164 millones de pobres y 66 millones de indigentes.

Seguimos siendo la región más desigual del mundo, y los elevados niveles de inseguridad hacen que éste sea el problema que más preocupa a la ciudadanía en la mayoría de los países.

La heterogeneidad política que caracteriza a la región está vigente en estas elecciones en las que compiten las tres tendencias políticas principales. La derecha y la centroderecha aspiran a continuar en el poder en Colombia y Panamá, y en El Salvador buscan recuperarlo. La izquierda moderada, por su parte, es favorita en Brasil y Uruguay, y podría ganar también en El Salvador. Por último, el “socialismo del siglo XXI” se mantendrá en Bolivia.

La tendencia mayoritaria es el continuismo. Los candidatos oficialistas son los claros favoritos en cinco de las siete elecciones: en Panamá, el Cambio Democrático; en Colombia, el santismo; en Bolivia, el MAS; en Brasil, el PT; y en Uruguay, el Frente Amplio. En cambio, en Costa Rica y en El Salvador existe una situación de virtual empate entre los principales contendientes que, de mantenerse (las elecciones en ambos países tendrán lugar el próximo domingo), podrían forzar a una segunda vuelta. Lo anterior pone de manifiesto la debilidad de la mayoría de los partidos de oposición, que en un número importante de países demuestran no ser alternativas viables y creíbles para la población.

Algunas preguntas:

  • ¿Qué impacto tendrá el Mundial de fútbol en las elecciones presidenciales de octubre en Brasil?
  • ¿Cómo marcharán las negociaciones de paz en Colombia a la par de elecciones legislativas en marzo y presidenciales en mayo?
  • En México, ¿qué resultados deberían comenzar a producir las reformas estructurales aprobadas el año pasado? ¿De qué manera hará frente Enrique Peña Nieto a la inseguridad y las autodefensas?

Este año valdrá la pena seguir de cerca estos y otros procesos de gran importancia para nuestra región.

Asimismo, Venezuela afronta un año atípico, sin elecciones, durante el cual el régimen de Maduro (que viene radicalizándose) tendrá que afrontar una delicada situación económica – alta inflación y desabastecimiento – y elevados índices de inseguridad – 24.000 homicidios anuales. En Argentina, la presidenta Fernández arrancó un año complejo, con inflación superior a 25%, déficit fiscal en aumento, aguda crisis energética y fuerte pérdida de reservas. En el ámbito político, llega el fin del ciclo kirchnerista y la oposición comienza a posicionarse de cara a las elecciones presidenciales de 2015.

Mientras tanto, en Honduras, arranca el gobierno de Juan Orlando Hernández, quien se topará con su más fuerte opositor – Manuel Zelaya – en un Congreso muy fragmentado y sin mayoría. Este país centroamericano enfrenta ya la inseguridad más alta del continente y niveles de pobreza y corrupción difíciles de combatir.

En Chile, Michelle Bachelet regresa al Palacio de la Moneda en marzo y con altas expectativas. Entre ellas, la aprobación de una ambiciosa agenda de reformas -educativa, fiscal, constitucional y política- para oxigenar el sistema político y disminuir la desigualdad.

Estados Unidos celebrará elecciones legislativas y, de los resultados, depende mucho lo que pueda lograr Obama en sus últimos dos años. Se espera que algunos de los temas de campaña tengan relación con América Latina, como la inmigración.

En Cuba, anfitriona en estos días de la reunión de la CELAC (cuya presidencia pasa a Costa Rica), habrá que ver si la estrategia de cambio controlado, impulsada por Raúl Castro para dinamizar la economía, se logra sin que nada cambie en la arena política del régimen.

De confirmarse las proyecciones, las siete elecciones presidenciales de 2014 (más las presidencias de Bachelet y Hernández, que arrancan este año) no aportarán cambios importantes en el balance político regional. De estos nueve presidentes previsibles, tres continuarán (vía reelección consecutiva) —Santos, Roussef y Morales—, dos regresarán (vía reelección alterna) -Bachelet y Vázquez- y cuatro estrenarán traje de presidente -Hernández en Honduras, Arias en Panamá, y quienes resulten vencedores en Costa Rica y El Salvador. En América del Sur no veremos ninguna cara nueva y, aunque las veremos en América Central, en dos (pero podrían llegar a ser tres o incluso cuatro) de los cuatro países se tratará de representantes de los partidos ya en el poder.

En un contexto latinoamericano de moderado crecimiento económico y un maratón electoral, los gobiernos tendrán que hacer frente a las expectativas y demandas ciudadanas en condiciones de mayor austeridad. Como consecuencia, los conflictos sociales seguirán presentes con reclamos que, si bien no pondrán en juego la continuidad democrática, seguramente harán la gobernabilidad más compleja».

Este video con el que concluyo es breve (un minuto y medio)  e informativo, con minuciosidad germana (y un poco de mala leche). Al final, recuerda un dato importante: Brasil prevé invertir más de mil millones de dólares en la construcción de un puerto en Cuba.


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