Google y Hillary Clinton ¿hay romance?

junio 11, 2016

 

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Mi estimada socia, Florencia Benson, rastreó para #BASAT esta denuncia que hoy inquieta a los medios especializados, y a Google, en los EE.UU.: ¿Google manipula resultados en favor de Hillary?

SourceFed hizo una investigación y ya hay polémica. Más de 11 millones de vistas tiene este video, que se publicó hace menos de 24 hs.

Matt Lieberman, el periodista que presenta la información en el video, está absolutamente seguro de que existió una manipulación sistemática e intencional para favorecer a Hillary en la carrera electoral“.

Como el interés de Flor, y de #BASAT, es en la comunicación en sí, ilustra el posteo con un video del episodio en House of Cards donde un buscador (imaginario) es un instrumento para la intriga política. La imaginación popular ya está preparada para eso.

En este blog, interesado en la política internacional (también), les acercamos aquí el video que Source Fed subió a su página en Facebook, y que ahora estaría superando los 17 millones de vistas. Como los lectores habituales saben, este blog apuesta por Hillary para noviembre, basándome en que los “outsiders” pueden triunfar sólo cuando los sectores dirigentes de una sociedad están desmoralizados. Que no es el caso en EE.UU. Tal vez, esto indica otra apuesta, irregular.


Nueva York: Hillary, Trump, lo que viene

abril 20, 2016

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Como cantaba el gran Frankie “Si puedo hacerlo allí, Lo haré en cualquier parte. Depende de ti, New York, New York“. Ayer hubo elecciones primarias en el Estado de Nueva York y la CNN resume bien el resultado:

Donald Trump y Hillary Clinton lograron grandes victorias en Nueva York este martes. Dieron así una rotunda respuesta a las preguntas acerca de su manejo de la competencia y se ubicaron mucho más cerca de sus nominaciones“.

No tengo tiempo para hacer un análisis detallado. Y, francamente, no creo que sea necesario, a esta altura; la ventaja de un blog es que no está obligado a llenar espacio como un diario, o la TV. Sí quiero convencerlos que se mantengan al tanto del asunto; es Roma, aunque en esta pequeña aldea digital no hemos sido conquistados.

A los que les interesa el fenómeno Trump, no les sugiero que lean como las élites republicanas lo denuncian con furia o -la lógica del éxito- se le acercan distraídamente. Ni como los conservadores doctrinarios, los neocon, dicen que Trump no lo es, que está destruyendo el auténtico conservadurismo. Les recomiendo este artículo en Rolling Stone  (en inglés, lo siento). Me hizo acordar cuando en 1987, 1988 en el peronismo discutíamos el fenómeno Menem…

De Hillary, no necesito decir nada. Si no la conocen bien, es que no se interesan en la política norteamericana.

Entonces, reitero el pronóstico que hice hace un mes: Hillary Clinton será la Presidente n° 45 de los Estados Unidos, y la primera mujer en ese cargo. Por cuatro años, posiblemente por ocho, el establishment Demócrata seguirá a cargo de la (superficie de) la política estadounidense. Y los latinoamericanos seguiremos como hasta ahora: ahí están los sindicatos, tiene un ala “liberal”, pero el espacio central, un poco atrás del escenario, lo ocupa Wall Street.

Pero quiero extender algo el pronóstico, ya que estoy. EE.UU. y su socio menor, la Unión Europea, no harán los cambios necesarios para revertir el deterioro productivo y social de este “fin de ciclo” de la Revolución Conservadora. El descontento en los “países centrales” irá aumentando (no digo nada en los que no lo somos).

Y ahí estarán, mascullando bronca y orgullo herido, los que hoy votan por Trump. También, no los descarto, los que con cierto ingenuo idealismo han votado por Bernie Sanders, que viene de Brooklyn, pero al que hoy Nueva York le dio la espalda. Sanders estuvo con el Papa Francisco hace pocos días, lo que me sugiere que tal vez no esté por completo enfocado en la pelea inmediata y dedica algún tiempo a pensar en los electorados futuros.

El que viva lo verá. Mientras, les acerqué arriba esta linda foto del casamiento del Donald, el año pasado. Es bueno que la gente se quiera.

 


Obama: “Ahí me equivoqué”

abril 11, 2016

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Comparto con ustedes esta noticia:

(CNN) – El presidente Barack Obama dijo que el peor error de su presidencia fue la falta de planificación de las secuelas de la caída de 2011 del dictador libio Muammar Gaddafi.

“Probablemente no planificar para el día después de lo que yo creo que es lo que había que hacer: la intervención en Libia”, dijo en una entrevista en Fox News salió al aire el domingo.

(Éste es el video de Fox, el momento en el que Obama, reposadamente, caminando entre libros, admite esa equivocación)

Para darnos una idea de esas secuelas, leer el resumen que hace Bloomberg (no un vocero antiimperialista, precisamente) de la situación actual, cuatro años y medio después que Qaddafi fue derrocado y linchado:

Los representantes de los gobiernos rivales de Libia firmaron un acuerdo mediado por las Naciones Unidas en diciembre para formar un gobierno de unidad, pero no pudieron ponerse de acuerdo sobre los detalles necesarios para su ejecución.

Mientras tanto, la violencia esporádica continuó, gran parte de ella perpetrada por un Estado Islámico fortalecido, que ha capturado dos ciudades en Libia y ataca a ambos lados de la guerra civil.

De un lado, el grupo islámico que tomó el control de la capital, Trípoli, a mediados de 2014 y formó un parlamento rival. Del otro, los legisladores elegidos en junio de 2014, que se trasladaron a Tobruk, en el este. Están aliados con Khalifa Haftar, un general renegado enfocado en combatir a Ansar al-Sharia, una rama de Al Qaeda, acusada de la muerte en 2012 del embajador de los EE.UU. Chris Stevens, en Bengasi.

Más de 4.400 personas, se calcula, han muerto en los combates en Libia y más de 435.000 han sido desplazados. La industria petrolera es un foco de fuerzas en competencia, y la producción ha caído a menos de una cuarta parte de los niveles pre-2011. El conflicto ha adquirido cualidades de una guerra por poder, con Qatar apoyando a los islámicos en Trípoli, según los legisladores electos de Libia, y Egipto y los Emiratos Árabes Unidos en el otro lado.

“Libia después de Gadafi está mejor equipada para exportar extremistas que petróleo”.

El motivo de este posteo no es para que mis amigos con el corazón bien a la izquierda digan lo horriblemente malvados que son Obama y/o los EE.UU. y/o el capitalismo. Ya lo hacen. Tampoco para verduguear a mis amigos Demócratas. La audiencia en mente es más general: Quiero decirle a todos los que no somos ciudadanos de una Superpotencia que debemos tener cuidado con los errores de ellos.


La doctrina Obama

marzo 12, 2016

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En pocos días más estará entre nosotros, después de visitar Cuba y en los meses finales de su mandato. Un tema interesante es evaluar su presidencia de la Potencia Hegemónica ma non troppo (una sugestión: frente a las condenas indignadas de buena parte de nuestros compatriotas, les digo lo mismo que decía a los que hace 8 años -incluso una distinguida politóloga- se sentían ilusionados por el Cambio (con perdón de la palabra) que un candidato negro y joven representaba: El trabajo del Presidente de los EE.UU. es defender y avanzar los intereses de su país, tal como es. Cualquier impulso en pro de la justicia universal debería limitarlo a sus ratos libres, que son pocos).

Un tema mucho más interesante en la región -aquí es la Potencia Hegemónica sin vueltas- es evaluar su gestión y sus consecuencias para nosotros (Esta visita -aunque viene con una comitiva de 700!- es sólo un gesto menor). Debo confesar que ahora no tengo tiempo para aportar nada profundo sobre ninguno de los dos temas, aunque al final del posteo no podré contenerme y agregaré alguna observación. Lo que quiero es enlazarles, para los que saben inglés, este reportaje de The Atlantic. Vale la pena, cuando ustedes tengan tiempo. En el estilo demasiado literario que esa revista no puede evitar, aquí Obama detalla, en algo menos de 20 mil palabras, lo que él quiere que sus compatriotas sofisticados (los otros no leen The Atlantic) piensen de su política exterior.

Y para los que no dominan el inglés y/o no tienen tiempo, copio abajo lo que algunos quizá no hayan leído porque no pensaban que valía la pena. Es el resumen que hace hoy Clarín de ese artículo, y, para sorpresa de los que no tenemos buena opinión de su estilo periodístico, es bastante bueno, para un resumen muy corto. Al final, mi comentario.

Una “paz fría” entre Irán y Arabia Saudita, el reconocimiento del fracaso en Libia o la situación geopolítica China. Seis horas de entrevista para repasar las más importantes cuestiones de política exterior atendidas en dos mandatos de Barack Obama como presidente de la nación más poderosa del mundo.

La entrevista con la revista The Atlantic -titulada “La doctrina Obama”-muestra a un presidente alejado en igual medida de la visión optimista hacia la globalización propia de Bill Clinton y de aquella megalómana de George W. Bush que rescataba el “destino manifiesto de la democracia” estadounidense y que cree firmemente en el multilateralismo como enfoque más eficaz para proteger los intereses norteamericanos.

Esta visión se vio con claridad en la parte de la entrevista dedicada a Oriente Medio. Obama habló en detalle de Irán y Arabia Saudí, dos países que para el presidente deben “compartir” la región mediante algún tipo de “paz fría” pese a su arraigada enemistad.

“La competición entre los saudíes y los iraníes -que ha ayudado a alimentar guerras subsidiarias y el caos en Siria, Irak y Yemen- nos lleva a decir a nuestros amigos (saudíes) y también a los iraníes que tienen que encontrar una manera eficaz de compartir la región e instituir algún tipo de paz fría”, afirmó Obama. El mandatario indicó que se niega a decirle a los saudíes que “tienen razón” en todo, que Irán es la fuente de todos los problemas” y que EE.UU. les apoyará “contra ellos”.

En la entrevista tampoco faltaron las autocríticas. Obama reconoció que fue un error intervenir militarmente en Libia bajo el paraguas de la OTAN en 2011, algo que ya insinuó durante su discurso en la ONU en septiembre pasado.

“No funcionó”, le dijo tajante Obama al periodista Jeffrey Goldberg. En efecto, si por un lado la operación internacional acabó con la dictadura de Muamar al Khadafi, quien amenazaba con “matar como ratas” a los ciudadanos de Bengasi, hoy en Libia ese fracaso no podría ser más evidente: una situación de caos, con dos distintos gobiernos -tres, si se considera el de unidad nacional que aún no funciona-, miles de milicias armadas y la base más importante de ISIS fuera de Irak y Siria.

Lo que Obama contó sobre Libia es interesante por distintas razones: explica las divisiones internas a su administración sobre las intervenciones en Oriente Medio (y también las diferencias con la entonces Secretario de Estado y ahora candidata demócrata, Hillary Clinton); cuenta una parte de la complicada relación entre Estados Unidos y Europa (Obama calificó a sus aliados europeos (Cameron y Sarkozy) como “oportunistas”); y enseña que aún cuando la intervención cumple con las reglas (el paraguas de la OTAN), el éxito no está garantizado.

Por otra parte, Obama defendió su decisión de no bombardear posiciones del régimen sirio en 2013 pese a descubrirse que habían utilizado armas químicas, algo que él mismo había señalado una y otra vez como la “línea roja” que le haría plantearse una intervención militar en Siria.

“Estoy muy orgulloso de ese momento. El hecho de que fuera capaz de contenerme ante las presiones inmediatas y pensar bien lo que estaba en el interés de Estados Unidos, no sólo con respecto a Siria sino a nuestra democracia, fue una de las decisiones más difíciles que he tomado, y creo que en último término fue la correcta”, agregó. Sobre el ISIS, en cambio, consideró que “no es una amenaza existencial para Estados Unidos”.

Para Obama, el verdadero desafío es el cambio climático: “Si no hacemos algo, es una amenaza existencial para todo el mundo”, consideró. La entrevista tocó también el tema de las relaciones con China y la política exterior norteamericana en la zona del Asia y Pacífico (el giro hacia esa zona del mundo “rebalancing” fue un eje clave de la política exterior de Obama).

Sobre el gigante asiático, dijo que “tenemos que temer mucho más a una China debilitada y amenazada que una China emergente y exitosa”. Defendió también su manejo de las tensiones en el Mar Chino meridional, donde hay unas islas que están disputadas con Japón. “Fuimos capaces de movilizar la mayor parte de Asia para aislar a China en una manera que sorprendió a China. A la vez reforzamos nuestras alianzas”, dijo.

Para el mandatario, Rusia tampoco es una amenaza principal. “Al contrario de China, ellos tienen problemas demográficos y problemas económicos estructurales que requerirán una generación para ser superados, además de visión”, afirmó. Putin, probablemente, disiente“.

Hay un dato personal revelador, aún en este resumen. Cuando Obama dice de la intervención en Libia, la destrucción de una nación y de buena parte de su pueblo, “No funcionó“, es una buena respuesta a los que, con una especie de racismo ingenuo, creían que como era negro debía ser progre.

Igual, en mi opinión la presidencia de Obama se verá, con el tiempo, como una etapa, no destacable en sí misma, de un proceso por el cual los Estados Unidos. que son, objetivamente, por la suma de las variables de población, recursos económicos y capacidad militar, la Gran Potencia más poderosa, por lejos, de este tiempo, está aprendiendo lo que Inglaterra desarrolló en el tiempo de su larga hegemonía: no usar, salvo en casos extremos y muy raros, su poder militar en forma abierta. Sino usar las rivalidades de otras naciones, y las divisiones internas dentro de ellas, para ejecer un poder más “blando”. Las derrotas en Vietnam y en Afganistán, el empantanamiento en Irak, le ayudaron a los EE.UU. a entenderlo.


“Argentina vuelve al mundo” Veamos como está

marzo 8, 2016

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Esa (estúpida) frase que pongo entre comillas en el título no la tomé de algún forista de los medios masivos, nostálgico de la “Argentina saudita” de las vacas y el trigo para el mercado inglés, ni tampoco de algún comentarista del blog peleándose con la hinchada K. Aunque podría haberlo hecho. No. Es el título de un editorial de El País, que continúa “El acuerdo entre el Gobierno de Macri y los fondos de inversión permite el regreso de Argentina a los mercados“. Queda claro el sentido, entonces: nuestro país acepta nuevamente las reglas de juego, el “sentido común” del sistema financiero internacional. Bajo el cual le ha ido tan bien a España y al anterior presidente Rajoy, podrían agregar en ese editorial.

Creo que una parte muy considerable, mayoritaria, de los votantes de Macri no lo piensa en ese sentido. Tienen la idea, difusa y en muchos sentidos más ingenua, pero no despreciable, de los “países serios”, donde las leyes se cumplen y los servicios públicos funcionan con eficiencia. Podemos, debemos, levantar las banderas de la independencia nacional y de la Patria Grande, pero no hay que olvidar que la mayoría del electorado va a exigir, tarde o temprano, esas cosas. Cristina Kirchner lo tenía claro cuando en la campaña de 2007 dijo que quería tener un país como Alemania. Se refería a eso.

Pero lo que los votantes querían en octubre y noviembre es historia. Lo votaron a Macri para Presidente, y lo que van (vamos) a tener estos cuatro años es un esfuerzo por reinsertar a Argentina en ese sistema financiero, a partir del endeudamiento. Hace un mes subí al blog dos posteos, aquí y aquí. donde analizaba el estado de la economía global, que determina las posibilidades de esa reinserción.

En el segundo, me apoyé en el análisis de la economista Paula Bach, del PTS, que publica en La Izquierda Diario. Ella continuó ahí con el tema, y recurre a su vez a las opiniones de alguien del keynesianismo respetable, Joseph Stiglitz, y del editor del Financial Times, Martín Wolf. No comparto ninguna de las recetas de estas tres ideologías tan distintas, pero que se trata de gente seria e informada, no cabe duda. Los invito a leer a Paula:

“Recesión global: ¿segunda temporada?

“¿Por qué sería conveniente prepararse para la próxima recesión?”, se pregunta retóricamente Martin Wolf. “¿Qué está frenando a la economía mundial?”, indaga Joseph Stiglitz. Janet Yellen advirtió que “la turbulencia mundial podría golpear el crecimiento”, sugiriendo la intención de la Fed de postergar un nuevo incremento de tasas de interés.

Hechos, dichos y anuncios se retroalimentan. Ocho de las últimas nueve sesiones bursátiles europeas cerraron en rojo conduciendo a las plazas del viejo continente a su nivel más bajo en los últimos dos años y medio (El País, 11-2-16). Las dudas sobre la capacidad de pago del Deutsche Bank primero y de Société Général de Francia luego, se sumaron a una banca italiana atrapada en un mar de activos tóxicos, actuando como propulsores claves de las últimas caídas.

Tokio cerró esa semana con su peor racha desde 2008. A principios de año el Banco de Japón –como síntoma de escasa inflación y debilidad económica- anunció la implementación de una tasa de interés negativa para los bancos que quieran ahorrar en la entidad (o sea, quien quiera dejar allí su dinero, tendrá que pagar). Luego de que Yellen exteriorizara sus temores, el Banco de Suecia volvió a bajar las tasas de interés dejándolas en un nivel más negativo aún (-0,5%), con el fin de debilitar su moneda y combatir las tendencias deflacionarias. Suiza, Suecia, Dinamarca y el Banco Central Europeo, hace rato que sostienen tasas de interés negativas.

La propia Yanet Yellen sugirió ahora que no las descarta, precipitando, como era de esperar, una nueva caída de Wall Street. Michael Roberts está en lo cierto: las tasas negativas son resultado de la incapacidad de los tipos de interés cero de cumplir los objetivos de crecimiento e inflación durante los años posteriores a la caída de Lehman. Pero además, las tasas negativas afectan las ganancias de los bancos y contribuyen a explicar el foco bancario de la actual convulsión. Mientras tanto y como también pone de relieve Roberts, Brad DeLong auguraba hace no mucho que “Los economistas del futuro probablemente denominen a esta época como “La más larga Depresión”. El profesor de Berkeley recuerda que antes de la crisis de 2008 solía enseñar a sus estudiantes que durante una perturbación en el ciclo económico, se estaría a un 40% del retorno a la normalidad en un año. Y que la tendencia de largo plazo apenas se vería afectada por las alteraciones del ciclo de corto plazo.

Siempre habría burbujas, pánicos, inflaciones y recesiones que presionarían a la producción y al empleo fuera de su tendencia de largo plazo, pero serían transitorias. Sin embargo recuerda también que en el contexto de las secuelas de 2008, Stiglitz fue uno de los que advirtió que él y los economistas que pensaban como él, estaban equivocados. Y que sin políticas extraordinarias, sostenidas y agresivas, nunca volveríamos a lo que antes de 2008 “pensábamos” como normal. Ahora reconoce DeLong que él estaba equivocado, mientras Stiglitz era quién tenía la razón. ¿Qué hay detrás de tanto escepticismo?

Nueve de las últimas cinco recesiones (o ficciones y realidades)

Las políticas monetarias flexibles y el incremento extraordinario de las deudas –incluyendo el apalancamiento bancario y la continuadavulnerabilidad de la banca europea-, constituyen fenómenos que acompañaron como la sombra al cuerpo el débil desempeño de la economía mundial durante los últimos años. Dicho con mayor precisión y como se manifestó en múltiples oportunidades, estos mecanismos junto con la vigorosa recuperación de China a partir de 2010, fueron responsables de que la economía mundial –aún a costa de un magro crecimiento- evitara una depresión como aquella de la década del ’30 superando en términos técnicos la recesión de 2008/9.

Es cierto que un mundo inundado de dinero barato no estuvo exento de episodios de riesgo financiero –tener en cuenta la crisis europea de 2010/13 y posteriormente Grecia. Pero vale la pena recordar la ironía de Paul Samuelson cuando hace 50 años lanzó que “el mercado de valores había anticipado nueve de las últimas 5 recesiones”. Summers advierte que allende el sarcasmo, las señales deben ser tomadas en serio cuando son de larga duración y provienen de muchos mercados a la vez. La actual, parecería ser una de las cinco “buenas”.

¿Por qué los problemas de la deuda –incluyendo tanto las recientes caídas bursátiles chinas, como las de Wall Street, Japón y las derivadas del apalancamiento de los bancos europeos- se ponen de manifiesto ahora con tanta exaltación? ¿Qué explica el actual consenso de gran parte del ala de los economistas neokeynesianos con respecto a la insuficiencia o ineficiencia –incluso casi exagerada- de las políticas monetarias y la exigencia de políticas fiscales destinadas a reactivar la economía real? ¿Por qué razón la perspectiva de una nueva recesión mundial se dibuja en un horizonte más cercano o más lejano de los economistas de las tendencias ideológicas más diversas? Es evidente que un escenario nuevo se está delineando y una explicación sensata exige volver la vista hacia la correlación entre el mundo de las finanzas y el mundo de la economía real. Para decirlo gráficamente y en pocas palabras, China utilizó más cemento en los últimos tres años que Estados Unidos durante todo el siglo XX. Y como también se expresó desde esta columna -aún independientemente del destino inmediato del gigante asiático- lo que parece seguro es que su economía ya no está creciendo lo suficiente como para continuar atrayendo el capital de los países centrales que no tiene lugar para ser invertido en “casa”. Tampoco parece posible la continuidad de China como el gran motor de la demanda mundial cuestión que a su vez golpea a Alemania que la emplea como destino alternativo de los productos invendibles en la Eurozona.

El crecimiento de China a “tasas chinas” actuó como el “costado real” de masas de dinero barato enviadas al mundo por los países centrales. Y la comunión de ambos aspectos –el real y el financiero- garantizaron el ascenso vertiginoso de los precios de las materias primas y con él, el crecimiento de los llamados mercados “emergentes” y otros exportadores de materias primas que a su vez alojaron grandes masas de capital sin destino en los países centrales. Este proceso se está revirtiendo y en su curso parece estar poniendo de relieve el costado “ineficaz” de las políticas monetarias de los países centrales. Algo de esto parece verificarse en el incremento de la Reserva Federal norteamericana de las tasas de interés en “mal momento” y en los riesgos que ostenta en primer lugar el Deutsche Bank, o Société Général o los bancos italianos. Otros destinos “reales” del capital resultan aún insuficientes, como México, o poco probables –al menos por ahora- como India.

Algo más que una nueva fase

Más allá de los tiempos –impredecibles- y las formas, la conjunción de estos factores parecería estar augurando algo más que un nuevo episodio de la crisis. Si bien hasta cierto punto el proceso que comenzó en 2008 puede periodizarse en fases, dicha periodización debería evitar una operación sumatoria en la que cada episodio resulte la expresión fenoménica de un contenido idéntico. Sobre todo si se tiene en cuenta la definición del apartado anterior relativo a la sinergia entre lo “ficticio” y lo “real”, deben definirse -al menos en retrospectiva- dos grandes momentos.

El primero aquel que se corresponde técnicamente con la Gran Recesión internacional de 2008/9. El segundo está enmarcado por el concurso entre las medidas monetarias y el despegue chino. Es el momento en el que se espanta el fantasma de la Gran Depresión y la recesión se contiene. Por supuesto y como ya se mencionó, este momento se caracterizó por una debilidad endémica y no estuvo libre de diversos episodios incluyendo la conmoción de la banca europea o la inconclusa crisis griega.

Pero si estamos en lo correcto y lo que se está agotando es aquella sinergia, es muy poco probable que nuevas medidas monetarias sin la concurrencia de algún nuevo sector de la economía real, permitan retornar a las condiciones del momento precedente. Lo que aparentemente se está modificando es el sustrato –por llamarlo de algún modo- sobre el que se desarrollaron los acontecimientos desde 2010 a esta parte. Motivo por el cual, más allá de los tiempos y las formas que adquiera –insistimos-, parecería ser que estamos presenciando el inicio de un nuevo momento de la crisis económica mundial“.


Política internacional, pero no lejana: Populismo de derecha en EE.UU.

febrero 8, 2016

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Ahora que la campaña de Donald Trump atraviesa el “momento de la duda” (cuando los aportantes se preguntan si es sabio seguir poniendo dinero) el interés periodístico de nuestros medios -nunca muy agudo- se desvanece. Error. El Donald es sólo el síntoma de un “populismo de derecha” que hace más de tres décadas, con Reagan, fue funcional a un cambio profundo en el sistema global (Global y profundo en serio: de Yeltsin a Menem, pasando por Felipe González).

Pero entonces imperaba en la Potencia Hegemónica un sentimiento triunfalista y, de algún modo, satisfecho. Hoy no. Los invito a leer esta muy bien escrita crónica de Claudio Mario Aliscioni, en Clarín. (Con esto equilibro la anterior, de Página 12, sobre Roma y Moscú. Y calculo que los que habían leído una, si son verdaderos creyentes, no han leído la otra).

Si se lo toma apenas como un bufón, la peripecia electoral del multimillonario Donald Trump acaba en la mera anécdota. Si, en cambio, se atiende a algunas de sus propuestas políticas, abandonamos la sensatez para ingresar al resbaladizo territorio del delirio. Pero entre ambos extremos, sin embargo, el fenómeno que encarna el magnate inmobiliario revela mucho más de lo que sus declaraciones extravagantes dejan entrever.

En verdad, su presencia abre un enorme agujero en la derecha estadounidense: insulta con vulgaridades a las mujeres; se burla de los tullidos y de los pobres; cuenta chistes antisemitas ante el lobby proisraelí. Como un abierto racista, reclama la expulsión de los latinoamericanos indocumentados y promete el cierre de las fronteras a los musulmanes. Al mismo tiempo, de un modo inesperado, defiende la jubilación estatal, postula la seguridad social gratuita para los mayores de 65 años y propugna más impuestos a los ricos como él. En su discurso, una creciente cólera popular por la traición de las élites al mandato democrático halla desahogo. Pero, si se toma lo que dice o hace, la extravagancia de Trump es inclasificable. Sólo resulta inteligible –y mucho más interesante– cuando se mira con atención lo que evidencia.

El misterio, en efecto, no es él, sino las razones que inclinan a millones de sus compatriotas a querer votarlo.  Su aparición en el cielo político de EE.UU. –justamente ahora– se monta sobre el terremoto social, económico y moral provocado por políticas públicas que han hecho pedazos el “sueño americano”. El fenómeno Trump emerge así de la contradicción más evidente del capitalismo estadounidense contemporáneo: en el país más rico del planeta, la grieta entre pobres y acaudalados no deja de crecer.

No es un azar que su estrella asomara hace un año sobre la ruina de millones de embargados por deudas inmobiliarias, un tendal de desempleados y un número en alza de personas sin ingresos y que viven de la caridad. En la misma época, el prestigioso Pew Research Center confirmó lo que el ciudadano común presentía con angustia: la clase media, histórica columna sobre la que se construyó el país, dejaba de ser el sector social mayoritario. Ahora constituye el 43% de la población contra el 62% en 1970. Mientras sus ingresos cayeron un 28% en los últimos quince años, la clase más adinerada aumentó su porción en el ingreso nacional del 29% a un 49% en el mismo período.

Esa concentración del capital fue en parte resultado de una extraordinaria transferencia de recursos públicos hacia los sectores más encumbrados. Las quiebras bancarias y financieras desde la crisis de Lehman Bronthers, en 2008, más las secuelas presupuestarias de dos guerras insensatas (Irak y Afganistán), son ingredientes de ese proceso.  Cuando los lazos sociales se quiebran, mientras el sueño americano se esfuma y la brecha social entre ricos y pobres se agranda, aumenta el desamparo y el odio a la dirigencia. Es esa queja la que explota Trump. Y el dolor popular es tan agudo que a nadie importa que sea grosero y agresivo.

Es una constante electoral: para el hombre providencial, aun aquel con aires de payaso, siempre hay un chivo expiatorio a mano. Pensar que un  multimillonario centrado en su ombligo represente los intereses de ese pueblo es al menos ingenuo. Pero el punto es que Trump no sólo toca a las clases populares. También es el representante de los sectores que quieren hacer de EE.UU un lugar más seguro para su dinero. Saben que la crisis aún no terminó. Aunque algunos presupuestos cierren, las heridas continúan abiertas. Y la humillación siempre es partera de la historia“.


Más sobre la “larga depresión” mundial

febrero 6, 2016

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El martes pasado subí un artículo del economista Pablo Tonelli Argentina y la larga depresión mundial en el que Pablo describía las perspectivas para el futuro inmediato, y mediato, de la economía global en el marco del concepto desarrollado por Michael Roberts: la “larga depresión” que comenzó hace unos seis años. Y sigue.

Cada vez más voces se están uniendo a ese coro: Joseph Stiglitz, Brad Delong,… Se trata de keynesianos que, en la tradición de Lord Keynes, no buscan reemplazar al sistema actual sino en hacerlo viable. Sucede que el otro episodio que fue llamado en Europa “la Larga Depresión” duró de 1873 a 1879, y, según Peter Drucker, marcó el declive del liberalismo económico tradicional y el comienzo del nacionalismo económico de las potencias europeas.

La economista Paula Bach acercó en la columna de comentarios un artículo suyo, que había aparecido hace ya tres semanas en La Izquierda Diario. Como es de esperar, la suya es una visión rigurosamente marxista. Pero creo que los hechos que señala hay que tomarlos en cuenta, más allá del marco filosófico en que los encajemos. Y este es un feriado largo, se supone que tienen tiempo para leer. Nosotros estamos en el barco.

(A comienzos de enero) la ebullición bursátil se apoderó nuevamente de China. La conmoción en las bolsas de Shangai y Shenzhen, una inicial devaluación del yuan -luego corregida- y los temores por la ralentización en el país que aportó el 35% del crecimiento mundial entre 2010 y 2015 (OCDE), actuaron como punta de lanza de un tembladeral. Las bolsas occidentales iniciaron el año con la peor apertura de su historia y aunque sus pares chinos recobraron el viernes terreno positivo, Wall Street –como dice el periodista argentino Siaba Serrate- “no fue capaz de replicarles los pasos. Volvió a hundirse –el 1%- denotando que la preocupación que empezó en el Lejano Oriente echó rápidas raíces locales”. Y es que no se trata sólo de China que, por su parte, volvió a sufrir una jornada negra el lunes 11 de enero arrastrando a las bolsas europeas y dos días después Wall Street sufrió un nuevo desplome del 2%. Otro componente clave que da un tono oscuro a la situación económica mundial es la decisión de la Reserva Federal norteamericana de elevar las tasas de interés junto con su aparente voluntad de continuar con leves incrementos progresivos en el período próximo. Política que se desprende de las profundas contradicciones de la recuperación de la economía de Estados Unidos.

La mixtura de la convulsiva e incierta transición china y los límites a las políticas monetarias expansivas norteamericanas, se retroalimentan y expresan una combinación inversa de los que fueron los dos factores fundamentales que contuvieron la Gran Recesión desatada tras la caída de Lehman.

Como se explicó en distintas oportunidades desde mi columna en La Izquierda Diario, la desaceleración de la economía china se encuentra estrechamente vinculada a los límites de un “modelo” esencialmente exportador de mercancías y promoción de la inversión interna y a la dificultosa necesidad de trocarlo por otro asociado al desarrollo del mercado interno, de los servicios y la exportación de capitales. De hecho China sufrió durante el año 2015 la primera contracción del volumen total de comercio con el resto del mundo respecto al año anterior, desde la crisis de 2008/9, incluyendo una caída de las exportaciones del 1,8% (El País, 13-1-16). Este límite pone de manifiesto a la vez el exceso de acumulación de capital en territorio chino y el exceso derivado de producción de mercancías (como cemento, acero, barcos, equipo pesado), en una situación internacional de crecimiento débil que tiende a estancarse. Pero la transición china desde un “modelo” a otro está muy lejos de representar una cuestión técnica o de economía pura. Involucra por el contrario y necesariamente, cuestiones que tienen que ver con la intención y necesidad de China de transformarse en algo más que la segunda economía mundial por volumen de producción.

Los obstáculos concretos y contradicciones que enfrenta esta transición, representan los fundamentos tanto de la ralentización e incertidumbre con respecto al crecimiento de los próximos años, como de las oscilaciones del yuan y las convulsiones bursátiles. Dentro de estos obstáculos y contradicciones se inscriben, como factores muy importantes, los movimientos y el estado de la economía mundial que es afectada y afecta a la vez a la economía china. De hecho tanto las declaradas intenciones de Estados Unidos de elevar las tasas de interés –manifestadas con distinta intensidad desde el año 2013- como su reciente incremento efectivo, vienen magnificando y acelerando las contradicciones y dificultades de aquella transición. Martin Wolf señala que los inversionistas globales retiraron más de 52 mil millones de dólares de los fondos de renta variable y fija de los llamados “mercados emergentes” en el último trimestre de 2015. Valor que representa el mayor flujo de salida trimestral de la historia y tiene a China y Rusia como principales víctimas (Financial Times, 12/1/16). A su vez el descenso de flujos de capital neto hacia el conjunto de los países denominados “emergentes” marcó en todo el 2015 su mayor declive en 30 años. Declive que muestra un movimiento inverso y de fuerte contraste con el crecimiento del endeudamiento del sector privado de esos países que se disparó desde 1,7 billones de dólares en 2008 hasta 4,3 billones en 2015. Siendo China el paradigma del incremento de la deuda privada que entre 2007 y 2014 creció un 70% con respecto al PBI (ver Summers, Wolf, Rogoff y el lugar de China en el estancamiento secular).

Es evidente que el proceso de reversión del flujo de capitales hacia Estados Unidos, tiene responsabilidad sobre las caídas bursátiles que comenzaron en agosto y recobraron vigor en los últimos días. Aunque el mercado bursátil conserva aún un lugar marginal en China –un tercio del PBI comparado con aproximadamente el 100% en los países centrales-, su estímulo por parte del gobierno desde fines del 2014, resultó a la vez un intento de reemplazar la burbuja inmobiliaria –que se desarrolló entre 2009 y 2014-, incrementar el poder adquisitivo de un sector importante de la población y sostener a la vez el crecimiento de la economía. Pero la burbuja que comenzó a desinflarse en agosto del año pasado y se profundizó en los primeros días del corriente año -ayudada por la aceleración de la reversión del flujo de capitales hacia los países centrales-, está estableciendo serios problemas en la cadena de pagos y alentando los temores de que la economía china fracase en el proceso de transición.

El destino del yuan

Las oscilaciones del yuan (o renminbi) derivan tanto de las dificultades propias de la transición señaladas más arriba como de la sensibilidad de la moneda a las presiones del capital internacional. Un yuan más fuerte estaría necesariamente asociado a la posibilidad de su transformación en una de las principales monedas de reserva del mundo y consolidaría las intensiones chinas de transformar al país en exportador de capitales. De hecho se produjeron avances importantes en ese sentido como su incorporación a la canasta de monedas del FMI que se efectivizaría en octubre próximo, la creación de un mercado de bonos off shore o la fundación del Banco de Inversión en Infraestructura con la adhesión de más de 60 países. Sin embargo tanto la devaluación de agosto –que alcanzó alrededor del 4,5%- como la reciente devaluación –posteriormente revertida, resultan otros tantos síntomas de las dificultades chinas de trasformar su moneda en una de las principales de referencia internacional.

En la medida en que China no logra transformar su modelo de acumulación de capital en uno de tipo mercadointernista, la devaluación del yuan y el control de la moneda por parte del gobierno, persiste como eventual mecanismo defensivo que podría ser usado para mejorar la competitividad de su economía en términos externos. A su vez las intenciones más liberalizadoras de Xi Jinping entran en colisión con la reversión del flujo de capitales hacia los países centrales y las consecuentes devaluaciones monetarias en una serie de países -como Brasil, Indonesia, Malasia, Rusia, Sudáfrica y Turquía cuyas monedas cayeron a mínimos de varios años frente al dólar- que debilitan aún más la ya reducida competitividad china. Esta situación le quita a China tiempo y margen para realizar maniobras relativas a las dificultades de la transición y vuelve más riesgosa cualquier política de liberalización del yuan. Cuestión esta que a su vez actúa como un límite estricto a la conversión del renminbi en moneda de reserva internacional.

El rol de Estados Unidos y la Reserva Federal

Como también expresé en distintas oportunidades, la economía norteamericana se encuentra sujeta a un movimiento contradictorio. Por un lado, resulta actualmente el país central que ostenta el mayor crecimiento económico, cuestión que le permite absorber gran parte del desempleo legado por la Gran Recesión. Aunque por el otro, el nivel de crecimiento resulta pobre frente a los ingentes estímulos monetarios implementados y a la vez extremadamente dependiente de aquellos estímulos. Mientras variables como la inversión y la productividad se mantienen en niveles de crecimiento particularmente deprimidos, el mercado bursátil muestra nuevos máximos históricos. Fundamentalmente el riesgo financiero junto con dificultad de reeditar medidas monetarias para responder a una eventual profundización de la crisis, son los factores que preocupan a la Reserva Federal norteamericana y que impulsaron la suba de las tasas de interés, con un plan de nuevos incrementos para el año en curso.

Sin embargo y como era de esperar, la medida profundizó el giro de capitales hacia el centro, contribuyendo a la revaluación del dólar, a la devaluación del resto de las monedas y a profundizar las debilidades chinas. Los precios de las materias primas y el petróleo continúan cuesta abajo impulsados por el triple impacto del menor crecimiento chino, la revaluación del dólar y la amenaza de una mayor debilidad de la economía mundial. Cuestión que a su vez realimenta las debilidades de los llamados “mercados emergentes”. Concomitantemente el fortalecimiento del dólar impulsa hacia abajo las exportaciones norteamericanas repercutiendo sobre la industria, el flanco más débil de la recuperación. Fue justamente la caída del indicador adelantado de PMI (una medida que se considera que aproxima muy bien el pronóstico de crecimiento) tanto de Estados Unidos como de China, uno de los factores que azuzaron las inestabilidades de estos últimos días. Es muy probable que si la situación se agudiza mucho la Reserva Federal abandone su política de incremento de tasas –ya hay voces que indican cautela.

Pero por un lado habrá que ver si la Fed llega a tiempo para evitar una nueva debacle y por el otro, en gran parte la suerte ya está echada. Una cosa era la transición china en una economía mundial débil pero relativamente estable y otra cosa será dicha transición en un contexto crecientemente crítico. Los factores que contribuyeron a espantar el fantasma de la Gran Recesión desde el año 2010 están encontrando sus límites y todo indica que la economía mundial se encamina hacia una etapa claramente más crítica“.


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