Fukushima caliente

marzo 12, 2011

No me sentí con ganas de comentar en el blog el terremoto y el tsunami que azotó ayer Japón. La fascinación por las catástrofes ya está servida con abundancia por los medios. Pero el accidente en la planta nuclear en Fukushima que provocó me dejó pensando.

En la década del ´80 del siglo pasado, el incipiente «movimiento ecologista» tuvo una de sus primeras – y quizás más costosas – victorias, al lograr detener la construcción de centrales nucleares en los EE.UU. y muchos países centrales. También tuvo influencia en el desaliento de la opción por la energía nuclear en países «emergentes» como el nuestro, aunque en este caso pesaron más las políticas de seguridad de las Grandes Potencias.

Hay que tener claro que esta «victoria» se produce antes del desastre de Chernobyl en 1986, en la vieja Unión Soviética, con cientos de miles de afectados. El relativamente insignificante de Three Mile Island, en los EE.UU. fue sólo un pretexto. El real motivo, a mi entender, fue la reacción antitecnológica que se desarrolla en esa época en gran parte de los ciudadanos de los países centrales (No sé porqué recuerdo que recién comentábamos con Jorge y AyJ la decadencia de Roma…). Si ETA adujo, cuando asesinó a José María Ryan, ingeniero jefe de la Central nuclear de Lemóniz en mayo de 1982, motivaciones ecologistas…

En la década que acabamos de terminar en diciembre pasado, el mundo desarrollado empezó a rever el asunto. Las petroleras ya habían hecho bastante «caja», la energia hidroeléctrica tiene límites intrínsecos (no se puede hacer represas en todos los ríos y arroyos), el carbón es más insalubre y emite más gases radioactivos que las centrales nucleares debidamente contruídas, además de contribuir, lo que ellas no hacen, a la contaminación de la atmósfera… Las energías alternativas, hasta ahora, son… alternativas. Argentina retomó el desarrollo nuclear por una decisión autónoma de su gobierno, pero sin duda el nuevo contexto internacional facilitó las cosas.

Eso, hasta ayer. El incidente en la planta nuclear de Fukushima 1, que ya provocó la evacuación de 45.000 personas, puede volver a inclinar la balanza. Al menos, ya 60.000 alemanes formaron una cadena humana contra la energía nuclear


Apología de la izquierda argentina

febrero 21, 2011

Columnista apropiado: Sebas

(El título lo pongo yo, y no es irónico. El texto es de un comentario que un visitante, peronista, del blog dejó aquí la semana pasada. Breve e informal, encuentro – como otros lectores – que es una reflexión aguda que pone en perspectiva una discusión que llenó páginas y páginas en los últimos tiempos. Además, no habla de la interna peronista, lo que es un respiro, y me permite, como no, meter al final algunas opiniones mías sobre esta otra realidad política).

«La progresía argentina tiene los pies bastante más en la tierra que otras que se ven por ahí. La centroizquierda internacional tiene una agenda tirando a patética: que el multiculturalismo, que los transgénicos, que el save the planet, etc. y demás pajas. Superficialidades que (esto es lo peor) son lo único que distingue sus gestiones cuando llegan al poder, porque en lo económico y social, las diferencias con las de derecha, convengamos, ni con lupa.

En ese sentido, hay que reconocer que nuestros progres nos corren con una agenda mucho más potable y concreta; más que por cuestiones ideológicas o programáticas, la discusión pasa, simplificando a trazo grueso, porque el progre aspira a hacer con las manos limpias más o menos lo mismo que los peronistas aceptamos que sólo lo podés hacer hundiéndote en la mugre. Pero por lo demás, nuestros progres son nacionalistas, son latinoamericanistas, son productivistas, y más allá de que se entusiasmen más que nosotros con banderas tipo la ley de medios o el matrimonio puto, estoy seguro que para cualquiera de ellos la de la justicia social es un trapo mucho más valioso que ningún otro. Y todo ello es bastante más de lo que se puede decir de muchas progresías foráneas.

La primera explicación que me vendría a la mente es que bueno: los progres latinoamericanos no pueden darse el lujo de ser tan exquisitos como los europeos, cuando acá hay pobreza y exclusión en serio, ¿no? Pero entonces recuerdo el caso brasileño. El papel que ocupa Sabatella frente a Scioli en la provincia de Buenos Aires, le correspondió allá a la Marina Silva frente a Dilma; hablamos del… ¡Partido Verde! ¡Pero cuán alemanes pueden ser estos brasileros!

Así que no es una mera cuestión de devaneos europeos: con las obvias salvedades del caso, desde ya, ¡pero en Brasil, caramba! Acá en Argentina, un partido ¡ambientalista! jamás logrará nada semejante; lo cual me place. No sé usted; pero puestos en tener que lidiarla con unos que nos corran por izquierda, el EDE me parece un lujo, en comparación. Imagínese al Partido Humanista en ese lugar, por caso. Ouch.

No estoy alabando a Sabbatella acá, estoy alabando a mi país. Que la progresía local sea como es, en relación a otras, si al existir el caso Brasil no podemos ya adjudicarlo a causas regionales, propongo que es efecto de la irresistible gravitación del peronismo. Siquiera culturalmente. Redefine todo. La progresía argentina, para existir, tiene que orbitar al peronismo, tiene que meterse en la casa que nosotros construimos y proponer unas refacciones y redecoraciones; mejor eso que andar por ahí incentivando el consumo de comida orgánica.

Y, para terminar con el paralelismo (me llama la atención que nadie lo haya usado en medio de todo es debate), comparemos: El EDE quiere ser colectora de Cristina, para llegar a un ¿circa 10%, digamos? Y los intendentes del conurbano que trinan porque eso podría restarles concejales. Hum, hum, hum. Quilombo, ¿no? Ajá.

¿Y en Brasil? Los verdes metieron casi un 20% a nivel nacional, con candidatos propios y decididamente opositores… y la mandaron a Dilma al balotaje. ¿Eh? ¿Qué tal? Una ambientalista…
Y eso le pasó nada menos que a la candidata del Lula saliente con el 81,4% de aprobación.
Bastante más complicadita que acá, la irrupción progre…»

Es cierto, Sebas, que el Partido Verde de Brasil existe desde 1986, fue parte – hasta 2006 – de la coalición que apoyó a Lula y siempre ha sostenido en primer lugar el «desarrollo sostenible«. Pero me parece evidente que aportó a su crecimiento el abandono del discurso anticapitalista por parte del PT y los episodios de corrupción que lo mancharon (¿suena familiar?). Hay sectores, numerosos, de la militancia política que exigen certidumbres ideológicas y – no necesariamente los mismos – a los que les repugnan los negociados. Hay todavía otros que están en contra de los negociados en que no participan, y no es fácil distinguir a priori entre todos estos sectores.

De todos modos, tenés razón: el hecho es que la izquierda brasileña desilusionada del PT ha debido enarbolar un discurso ambientalista para conseguir una inserción nacional importante. Y aunque parezca soberbio de nuestra parte, tengo que estar de acuerdo con vos en que es la presencia del peronismo como lo conocemos, la que hace la diferencia en el panorama político de ambas sociedades. Eso sí, no creo que en el caso de la izquierda filokirchnerista pase principalmente por lo cultural.

Estimo que son los aparatos territoriales y sindicales del peronismo, y su inserción, hoy quizás minoritaria pero real, en las clases medias, los que obligan a cualquier expresión de izquierda a tener una agenda concreta y popular si quiere competir con ellos. Fíjense que en un medio consistentemente oficialista como Página 12 pero cuyo público es la izquierda intelectual, su agenda es la que Sebas atribuye, con razón, a la izquierda europea: políticas de género, reivindicación de los pueblos originarios, derechos humanos, aborto legal, seguro y gratuito (casi agrego obligatorio), cuestionamiento a la influencia de la Iglesia Católica y denuncia de sus jerarquías…

Ninguna bandera que la izquierda rechace, y que – al menos varias de ellas – son asumidas con naturalidad por los jóvenes «progreperonistas». Pero no es el programa con el que el EDE tratará de conseguir votos en la zona Oeste del Gran Buenos Aires… Ni sus diputados han procurado imponerlo al gobierno de Cristina Fernández.

Y recordemos, Sebas, que nosotros también tenemos una izquierda ambientalista opositora al gobierno, con bastante más presencia política que el Partido Humanista, o el Grupo de Reflexión Rural. Donde la influencia cultural y la historia del peronismo parecen decisivas en delimitar el discurso posible es justamente ahí. Porque el Proyecto Sur de Pino Solanas, que reunió en el 2009 un voto cercano al 25 % en la Capital Federal y una presencia menor pero significativa en todo el país – es razonable pensar que puede llegar a ser, si mantiene su candidatura presidencial, el más votado de la izquierda – con un discurso de defensa de los recursos naturales y contra, por ejemplo, la minería a cielo abierto. Pero su posición, «descolgada» como nos suena a los «realpolitiker» peronistas, tiene un matiz de defensa de la soberanía nacional y un productivismo ausentes en el ecologismo europeo moderno. Además de un lenguaje simbólico tradicionalmente usado por el peronismo.


Sobre el futuro de los biocombustibles, y de Argentina

enero 12, 2011

El tema de la guerra civil kirchnerista – entre peronistas K y progresistas K – se ha vuelto un poco pesado, por lo menos para mí. Ojo: no digo que sea trivial, pero prefiero hacer una pausa antes de tratar de aportar nuevos enfoques. En lo que hace al lado práctico de la cosa, recomiendo este post de Omix El vice de Scioli. Y prometo decir algo sobre la sombra que se cierne sobre la Capital, cuando sea algo más que una fantasía de enero.

Ahora, quiero volcarme a algo constructivo. Y para eso este artículo de The Economist que me acercó mi amigo EduA es ideal. Porque no sólo habla de un desarrollo reciente que puede ser clave para Argentina – desde el enfoque modernizante (neo desarrollista sería un término más preciso, tal vez) que Jorge Rulli me atribuía hace poco – sino que describe industrias prebendarias, que ¿alguien se sorprende? no son un fenómeno local.

El mundo después de la nafta. Los biocombustibles están de vuelta. Esta vez puede ser que incluso funcionen.

Hacer algo que la gente quiere comprar a un precio que puede pagar. No es una estrategia de negocio revolucionaria, pero una que la industria de biocombustibles de Norteamérica, hasta la fecha, evitó. Ahora una nueva tanda de empresas piensan que tienen la tecnología para cambiar el juego y hacer beneficios no subvencionados. Si ellos pueden hacerlo de forma fiable, y en gran escala, los biocombustibles pueden tener mucho más éxito en liberar al mundo de los combustibles fósiles que han tenido hasta ahora.

El incentivo original de los biocombustibles – década de 1970 – fue fastidiar a los jeques del petróleo. Con el tiempo, la oportunidad de luchar contra el calentamiento global aumentó el atractivo original. Hacer combustible de las plantas de una manera económica y se puede conducir automóviles sin emisiones netas de dióxido de carbono, y sin pagar grandes sumas a esos árabes malos. Una gran idea a todas partes, entonces.

Lamentablemente, en EE.UU., no funcionó así. En primer lugar, el combustible no era nafta. En cambio, fue el etanol, que almacena menos energía por litro, tiende a absorber agua y es corrosivo: la gente lo usará sólo si es barato o si se los fuerza a través de la mezcla obligatoria. En Brasil, que se volcó a los biocombustibles después de la crisis del petróleo de los ‘70, el precio del etanol llegó a ser lo suficientemente bajo como para que el combustible encontrara un mercado, gracias a las plantaciones de azúcar y destilerías de alta productividad que usaban la pulpa que queda cuando el azúcar se extrae de la caña. Como resultado, Brasil es una superpotencia en biocombustibles.

El etanol en Norteamérica es en su mayoría a base de maíz, que es menos eficiente, y a menudo se produce en destilerías alimentadas por carbón, por lo que es ni tan barato ni tan respetuoso del medio ambiente. Sin embargo, la agroindustria estadounidense, que conoce un buen negocio cuando lo ve, utilizó su influencia política para tramitar las subvenciones y los aranceles que hizo al etanol de maíz rentable y que mantiene alejado al producto de Brasil

El artículo de The Economist continúa diciendo “Esto es lo que las empresas que trabajan en una nueva generación de biocombustibles desean cambiar. En lugar de etanol, planean elaborar hidrocarburos, moléculas químicamente mucho más similares a las que ya usan trenes, automóviles y aviones” Y describe algunas líneas de desarrollo en curso. Los que pueden aprovechar esta parte, seguramente dominan el inglés.

Lo que me parece interesante para todos es la recomendación que hace EduA: “los responsables de energía, agricultura y ganadería, y ciencia y técnica, además de producción, deberían salir corriendo a ponerse en contacto con algunos de los que el artículo menciona para traerlos a la Argentina o instalar líneas de Investigación y Desarrollo en el sentido de estos proyectos. Notá el protagonismo central que tiene el Brasil en varios de ellos


Escuchando, y contestando a Jorge Rulli

enero 9, 2011

Jorge Rulli se ha ganado hace tiempo mi respeto, como el de muchos otros, por su trayectoria y su honestidad. No tengo motivos para cambiar de opinión. Tampoco estoy de acuerdo – es necesario decirlo – con su pensamiento, y la forma en que lo desarrolla. Pero lo respeto, y por eso me sorprendió cuando el martes pasado comentó en un post mío de hace casi dos años que lo mencionaba:

«Abel, creo que tienes todo el derecho del mundo a no compartir lo que pienso y propongo. Lo que no tienes es derecho a distorsionarlo. Sé perfectamente que desde pensamientos urbano modernizantes las propuestas alternativas, cuanto más en la medida que pretenden visiones rururbanas, pueden ser fácilmente ridiculizadas. Por ello y porque hemos hecho un gran esfuerzo por acompañar las denuncias con propuestas sensatas y graduales, y porque consideramos falto de sentido el continuar cun un crecimiento y una falta de planificación demográfica que lleva a inevitables colapsos, me preocupa que mi pensamiento sea al menos comprendido» (A continuación da su editorial del domingo 2, que los invito a leer).

Jorge, es muy cierto que mi pensamiento puede ser descrito, simplificando un poco, como «urbano modernizante». Y que no he dado demasiado espacio en lo que escribo en mi blog a los argumentos en defensa de tu posición en defensa de la ecología y de una agricultura familiar. Pero no creo haber distorsionado lo que pensás. Te mencioné bastantes veces en mi blog, la primera en el mismo mes que lo empecé, y luego aquí, aquí, aquí, y aquí (vos también podés rastrearlo, poniendo «Rulli» en el buscador que está a la derecha), porque aunque tu peso en el mundo de los «aparatos» políticos que conozco es muy menor, el del pensamiento ecologista que vos compartís y divulgás con pasión, es muy importante en la cultura actual.

Te agrego algo, estuve buscando, para subirla al blog, una propuesta tuya, un texto breve, que leí en algún medio que me pareció un buen ejemplo de lo que planteás – y de lo que los ecologistas como sector deberían plantear: una política de cambios moderados en las medidas económicas que actualmente estimulan la sojización, una política encaminada a obtener el apoyo de los sojeros que cultivan pequeñas extensiones. Y en esa propuesta estaban ausentes las denuncias al «progresismo desarrollista».

Pero no pude rastrearla en Google y los otros buscadores. Y espero que no lo tomes como una agresión si te digo que textos breves tuyos, sin denuncias ideológicas, son bastante difíciles de encontrar en la página del Grupo de Reflexión Rural o en tu blog. Bueno, yo tampoco soy demasiado conciso cuando me pongo a escribir.

Para los que no forman parte de esta discusión – esperé a subirla al domingo, donde se supone que hay más tiempo para leer, debo aclarar mi referencia a «denuncias ideológicas». Copio la primera parte de ese texto de Rulli, que no se diferencia de la mayoría de los otros que ha escrito:

«En el contexto del nuevo modelo colonial corporativo que configura una Argentina agro exportadora, una Argentina que apuesta por la biotecnología, la producción de biocombustibles y por la minería con cianuro en los mercados globales, ha sido necesario para el sistema improvisar una dirigencia desde la izquierda quebrada y a veces no tan quebrada, ya que muchos de los supuestos del marxismo han devenido útiles al desarrollismo más duro, tal como es el caso de Lula y de Dilma. En la Argentina, ese neodesarrollismo poscolonial amigable con las corporaciones, en este caso a cargo de buena parte de la izquierda travestida, ha abusado de los DDHH como ideología, para justificar sus atrocidades del presente. Pero recordemos y tengamos presente una vez más, que no estamos hablando de la derecha, una derecha que es torpe e inoperante como Macri, estamos hablando de gente como Kunkel, como Duhalde el bueno, como la Garré, Hebe, y como los cientos de intelectuales de Carta Abierta y de la Cámpora, que llenan los cuadros de Radio Nacional, del Canal 7, del Canal Encuentro, de Radio Cooperativa, de Radio del Plata, de la radio de los porteros como Aliverti, de Página 12 y de Tiempo Argentino, de Revista 23 y de todos los que vienen del PC codovillista como Heller, Sabatella y Filmus, así como del PRT ERP como Maria Seoane, Anguita y tantos otros. Este sistema de dobles discursos se apoya de modo decisivo en el Asistencialismo que se posibilita con los recursos de las agro exportaciones. Para la izquierda en el Gobierno, sin embargo, es importante ocultar que están alimentando los cerdos de China y los motores de Europa con el hambre de nuestros niños y la muerte por desnutrición de pueblos originarios, ancianos y muchísimas criaturas. De allí los escenarios constantes de simulación, de allí los discursos tramposos, de allí la enorme inversión en publicidad«.

Puedo entender, y hasta compartir, parte de la crítica a esa «izquierda travestida«. Mi historia no es tan larga como la de Rulli, pero es bastante larga. Pero no creo que las mejores propuestas para una nación, o para un planeta, se hagan desde la pureza ideológica (En realidad, ese es justamente el error de la izquierda). Ni que la honestidad y la sinceridad personales garanticen que las propuestas funcionen.

De todos modos, no menosprecio a la ideología del Grupo de Reflexión Rural. Forma parte, como dije antes, de una corriente poderosa en la cultura actual. Que si no tiene expresiones políticas significativas en nuestro país, influye en todas, en todo el mundo occidental (Recuerdan el Mensaje ambiental a los pueblos y gobiernos del mundo, de Perón en 1972?). Y considero que aportan un elemento valioso, para contener el desarrollismo y el consumismo inconscientes.

Por mi parte, yo estoy con la Argentina que apuesta por la biotecnología, la producción de biocombustibles, y por la incorporación de tecnología propia a los procesos productivos. Creo además que sería muy útil para nuestra patria que, además de las batallas políticas que damos, hubiese centros formadores de opinión en esa dirección, con la convicción que el Grupo de Reflexión Rural pone para impulsar sus ideas. Después de todo, estoy convencido que la agricultura familiar y la protección del medio ambiente son metas razonables para países prósperos y razonablemente justos, como nosotros podemos serlo, creo, si ganamos esa apuesta.


ladriambientalismo ampliado

julio 12, 2007

Creo que fue en este mundo de los blogs – donde soy un inmigrante reciente – que se acuñó la expresión LADRIPROGRESISMO. Me parece que la necesidad de explicar(se) lo que pasó en las recientes elecciones porteñas hizo que personas bien educadas, con buenas credenciales progres, aceptaran a disgusto la terrible idea que era posible que políticos de centro izquierda, con título universitario auténtico, que parecían gente como uno, recibieran dinero en negro para sus campañas y/o dieran cargos a sus parientes y a los parientes de sus parejas, sin por ello dejar de hacer una mala gestión de gobierno. En su imaginario, se suponía que esas cosas solo las hacían oportunistas de derecha o peronistas.

Por eso, subí a «El hijo de Reco«, el artículo «ladriprogresismo«, una denuncia dura y humorística a la vez, en la que Artemio López – alguien que no puede ser acusado de derechoso – describía el circo inescrupuloso que el veía en los últimos períodos del gobierno porteño, disfrazado con un discurso progre. Ahora uno encuentra la expresión LADRIPROGRESISMO por todos lados.

Pero me parece que se está exagerando. Ahora mismo encuentro en el blog de Artemio una nota donde anuncia que nace el ladriambientalismo, más conocido como «la pata verde» de nuestra simpática cultura de bochorno de gestión pública. Se refiere, claro, al «caso Picolloti». Artemio tiene derecho a su opinión (y para ser el encuestador favorito del gobierno, es un tipo inteligente), pero me preocupa que una parte significativa de la cultura blog, generalmente progre ella, tienda a ver el asunto como la corrupción o la debilidad de una funcionaria.

Entiéndanme: creo que la gestión Picolloti en Medio Ambiente tiene un registro de invicta ineficacia: aunque no ha estado mucho tiempo en su cargo, puede decir con orgullo que no ha hecho nada. También parece evidente que su gestión ha salido bastante cara al Estado. Pero nada de eso es diferente a lo que se puede decir de muchos funcionarios, en cargos expectables, que tuvieron su cuarto de hora de fuerte respaldo político presidencial; llamándose el presidente Kirchner, Duhalde, De la Rúa, Menem, Alfonsín, … (los gobiernos militares tenían otros códigos en sus nichos de corrupción; ese era el verdadero Corleonismo y no el que denuncia Feinmann, mezclando la novela negra, que escribe bien, con los gorilismos de izquierda que le salen mal).

Otra cara de este asunto – por lo menos, igualmente interesante – es analizar porqué Clarín decidió lanzar el brulote en este momento. No es lo mismo que el caso Miceli, donde hay un hecho (un ladrillo) que en un momento dado da la posibilidad de hacer el ruido; podría haber aparecido en Página 12, en los ´90. No es el caso Lázaro Báez, donde un juez de Liechtenstein se interesa en los números raros de un informe (y tienen que ser raros para sobresaltar a alguien en Liechtenstein, que es donde los suizos tienen sus cuentas secretas). El tema no está fechado; podría haber aparecido hace 3 meses o dentro de un año, y es difícil pensar que aparece casualmente poco después de lo de Felisa, poco antes de lo de Lázaro, y cercano al lanzamiento de Cristina.

Pero tampoco creo que este aspecto es el fundamental. No comparto la actitud de un talentoso colega del mundo blog, Martín, que en su «Revolución-tinta-limón» sube un poema dedicado a Romina «Niña que flotas en las aguas/» y dice «El Grupo Clarín quisiera tapar con hojas diario, en este frío, a la niña que sueña con salvar al río… Yo la banco, no por ella aún, sí, por los enemigos que tiene«. El Grupo Clarín puede haberlo decidido (hipótesis varias): para cubrir una denuncia de contaminación por Papel Prensa que Romina pensaba hacer; para presionar al gobierno por la aprobación de la fusión de sus redes de cable; para tirar sobre la mesa un escándalo a Kirchner para obligarlo a negociar, en el estilo de los montos con la muerte de Rucci; para aumentar la circulación, pues está disminuyendo; porque era una noticia con gancho, en este momento y para este público. Sería interesante descubrir el motivo, y para los Kirchner y Alberto Fernández es muy importante; pero, insisto, no es lo fundamental. Y no hace a los hechos ¿o Hitler era un buen tipo porque tenía de enemigo – entre otros – a Stalin, que era muy jodido?

Porque hoy en Argentina la oposición real, con poder, al oficialismo, son los medios masivos de comunicación. Entonces, ¿es extraño que la denuncia la haga un diario y no un diputado? Viene del deterioro, del descrédito de los partidos políticos. Y también de la pequeñez y/o los errores de sus dirigentes. Hace no mucho tiempo, Lilita Carrió ganó un  espacio importante con sus denuncias. Pero si el Grupo Clarín anunciara el apocalipsis todos los meses, también perdería lectores.

Entonces, donde está el ladriambientalismo ampliado? Está en los que se roban al Estado, ineficaz, corrupto y debilitado, desde antes de Kirchner, de Menem y aún de Alfonsín, pero que es la única estructura de la que somos propietarios todos los argentinos. No digo los dineros del Estado; eso lo hacen todos los chorros de a pie. Digo robarse el Estado, usar legalmente su autoridad y su legitimidad para fines particulares, eso sí, con buena imagen pública.

Lo ha descripto con precisión el amigo Jorge Rulli, que – más allá de su pasión por la ecología, respetable, pero que lo hace un poco inflexible – conserva la lucidez de su larga militancia: «En el caso de Romina Picolotti, lo hemos dicho muchas veces, aún más, lo ha dicho ella misma, ya que no tiene mayor empacho en verbalizar su ideología de funcionaria internacional. La visión privatizadora del Estado, propia de una ONG que vive de los organismos financieros internacionales y en estrechas relaciones con el Banco Mundial, hizo que no bien arribada a la conducción de la Secretaría dispusiera la contratación del grueso de su ONG por incapacidad ideológica de dar un rol a la propia estructura de la Secretaría y por menosprecio absoluto del rol del Estado. Repito, de lo que se trata es del copamiento del Estado Nacional por las ONG financiadas por los organismos internacionales, por el Banco Mundial y por grupos tan espurios como AVINA. Por otra parte, no puede sorprendernos, se viene desde hace tiempo practicando sistemáticamente. De hecho Poder Ciudadano en otras áreas ha hecho exactamente lo mismo. Es el modelo de los años noventa, un modelo de fragmentación del Estado, de financiación internacional mediante los convenios de fortalecimiento institucional, fragmentación que permite la construcción de quioscos de alto poder adquisitivo dentro de un mismo ministerio en que las políticas del Estado se convierten en “proyectos” bancados por organismos internacionales, y algunas oficinas hacen exhibición de sus recursos mientras otras carecen de lo más indispensable«.

Este ha sido largo para un post, y además pienso subir la nota de Jorge, junto con otro material, a «El hijo de Reco». Pero eso lleva tiempo, y es un tema que me motiva. Todos los que hemos trabajado en algún ministerio sabemos que lo que aquí dice Rulli es real. Y que en la «línea» – el personal permanente -, además del porcentaje inevitable de vagos e inútiles, están los que acumulan la memoria y las destrezas del Estado. Si Alberto Fernández defiende la politica de personal de la Secretaría de Medio Ambiente hablando de lo difícil que es conseguir que los profesionales entren al servicio público, bueno, es su laburo. Pero me parece que los que honestamente dicen que las críticas al derroche en contrataciones le hacen juego al desguace del Estado, deben pensar un poquito antes de abrir su boca.


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