Nueva York: Hillary, Trump, lo que viene

abril 20, 2016

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Como cantaba el gran Frankie “Si puedo hacerlo allí, Lo haré en cualquier parte. Depende de ti, New York, New York“. Ayer hubo elecciones primarias en el Estado de Nueva York y la CNN resume bien el resultado:

Donald Trump y Hillary Clinton lograron grandes victorias en Nueva York este martes. Dieron así una rotunda respuesta a las preguntas acerca de su manejo de la competencia y se ubicaron mucho más cerca de sus nominaciones“.

No tengo tiempo para hacer un análisis detallado. Y, francamente, no creo que sea necesario, a esta altura; la ventaja de un blog es que no está obligado a llenar espacio como un diario, o la TV. Sí quiero convencerlos que se mantengan al tanto del asunto; es Roma, aunque en esta pequeña aldea digital no hemos sido conquistados.

A los que les interesa el fenómeno Trump, no les sugiero que lean como las élites republicanas lo denuncian con furia o -la lógica del éxito- se le acercan distraídamente. Ni como los conservadores doctrinarios, los neocon, dicen que Trump no lo es, que está destruyendo el auténtico conservadurismo. Les recomiendo este artículo en Rolling Stone  (en inglés, lo siento). Me hizo acordar cuando en 1987, 1988 en el peronismo discutíamos el fenómeno Menem…

De Hillary, no necesito decir nada. Si no la conocen bien, es que no se interesan en la política norteamericana.

Entonces, reitero el pronóstico que hice hace un mes: Hillary Clinton será la Presidente n° 45 de los Estados Unidos, y la primera mujer en ese cargo. Por cuatro años, posiblemente por ocho, el establishment Demócrata seguirá a cargo de la (superficie de) la política estadounidense. Y los latinoamericanos seguiremos como hasta ahora: ahí están los sindicatos, tiene un ala “liberal”, pero el espacio central, un poco atrás del escenario, lo ocupa Wall Street.

Pero quiero extender algo el pronóstico, ya que estoy. EE.UU. y su socio menor, la Unión Europea, no harán los cambios necesarios para revertir el deterioro productivo y social de este “fin de ciclo” de la Revolución Conservadora. El descontento en los “países centrales” irá aumentando (no digo nada en los que no lo somos).

Y ahí estarán, mascullando bronca y orgullo herido, los que hoy votan por Trump. También, no los descarto, los que con cierto ingenuo idealismo han votado por Bernie Sanders, que viene de Brooklyn, pero al que hoy Nueva York le dio la espalda. Sanders estuvo con el Papa Francisco hace pocos días, lo que me sugiere que tal vez no esté por completo enfocado en la pelea inmediata y dedica algún tiempo a pensar en los electorados futuros.

El que viva lo verá. Mientras, les acerqué arriba esta linda foto del casamiento del Donald, el año pasado. Es bueno que la gente se quiera.

 


“Elecciones en EE.UU.: ¿es inevitable que Hillary Clinton y Donald Trump sean los candidatos?”

marzo 16, 2016

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Eso es lo que pregunta hoy La Nación en la portada de su edición online, aquí. Son muchos, inclusive bastantes norteamericanos, los que se preguntan lo mismo.

Y este humilde blog trata de dar una respuesta a la inquietud: Inevitable, inevitable, no. Sólo lo son, según la frase yanqui, la muerte y los impuestos (y en Argentina, Brasil, Italia, …, nos esforzamos por trascender la segunda barrera). Pero, hay una dinámica política que trasciende los cálculos de delegados y de primarias que faltan: la gran mayoría de los seres humanos, en todas partes, sienten el impulso solidario de correr en ayuda del ganador.

Entonces, salvo “actos de Dios”, el Donald Trump será el candidato del Grand Old Party, y sumará una buena cantidad de votos, cómo no. Y Hillary Clinton será la Presidente n° 45 de los Estados Unidos, y la primera mujer en ese cargo.

Como en la comunicación, empresaria o política, se trabaja sobre todo con emociones, deseos y temores, mi hobby en el blog es el desapasionamiento. Decir, en este caso, que lo estratégico es entender cómo es la sociedad que sus referentes políticos expresan. Allá y aquí.


El Trump que crece

febrero 25, 2016

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Como los habituales saben, en este blog insisto que no podemos perder de vista lo que está pasando en el resto del mundo, o no vamos a entender lo que nos pasará a nosotros. Claro, después yo me engancho tanto en nuestras internas como cualquiera.

Eso sí, sobre la campaña de Donald Trump para la presidencia de EE.UU. acerqué información aquí y aquí. Mi evaluación se mantiene: el Partido Republicano no tiene, ni ahora ni en la elección pasada, una estrategia para ganar. Pero su candidato este 8 de noviembre va a ser -casi con certeza- el Donald. Ahí no hay una estrategia, sino un fenómeno social… sorprendente.

Entonces, les resumo una buena nota periodística de hoy de Paula Lugones. Corrijo algún dato equivocado, lo evalúo contra la favorita, Hillary, y les comento a qué fenómeno socio electoral nuestro lo encuentro parecido. En los próximos días, me temo, voy a tener ocasión de ampliar.

Sólo un milagro podrá evitar que el polémico Donald Trump se consagre, contra todos los pronósticos iniciales, como aspirante opositor para reemplazar a Barack Obama. El magnate volvió a ganar de manera arrolladora en Nevada, su tercera victoria consecutiva, y el camino a convertirse en el candidato republicano a la Casa Blanca aparece cada vez más despejado.

Trump obtuvo el 45,9% de los votos en los “caucus” de Nevada, mientras que su más inmediato rival, el senador Marco Rubio, cosechó 23,9% y el tercero, el senador Ted Cruz, sumaba 21,4%. Un electorado hambriento por colocar a un “outsider” político, o un candidato anti–sistema en la Casa Blanca, le dio al magnate su tercera victoria consecutiva –tras ganar en New Hampshire y Carolina del Sur– y su carrera para la nominación parece imparable.

Con una retórica sencilla, directa, efusiva y también xenófoba y políticamente incorrecta, el multimillonario parece colmar la ansiedad de los votantes respecto de la marcha del país, en economía, terrorismo e inmigración ilegal. Paradójicamente, Trump arrasó también entre el electorado hispano. El 46% de los republicanos registrados votó por él, pese a que el magnate, al comienzo de su campaña, había dicho que los mexicanos inmigrantes eran “violadores” y “narcotraficantes”. En su discurso triunfal de anoche, Trump reivindicó el voto latino y ratificó su plan de construir un muro en la frontera para frenar la inmigración. “Y México va a pagar la construcción”.

(La cifra es cierta, pero muy engañosa. Vean aquí: En todo EE.UU., el 62 % de los votantes “hispanos” apoyan a los Demócratas, y el 36 % se define como Republicano. En Nevada, sólo el 8 % de los republicanos que votan en su primaria son hispanos. Poco representativa la muestra).

Con el triunfo de anoche, Trump no sólo ganó muchos delegados, sino que se posiciona con comodidad para la cita más importante: el “supermartes” del 1 de marzo, donde se vota en 13 estados. Y según las encuestas, Trump es favorito en la mayoría de los Estados del “supermartes”. A Marco Rubio, su inmediato rival, le quedaría muy poco tiempo para poder ganar en alguno de esos Estados y convertirse en una real alternativa al magnate, que por su discurso anti–sistema causa escozor en el establishment del partido. Todo es posible, pero es poco tiempo para torcer el rumbo, salvo que ocurra algun escándalo que sacuda la campaña.

“Hace unos meses no nos esperábamos ganar aquí y ahora estamos ganando el país”, dijo Trump en su discurso del triunfo. En verdad, cuando el magnate inmobiliario lanzó su candidatura, nadie esperaba que pudiera durar más que algunas semanas pero su apoyo crece cada día y se afianza en todo el espectro demográfico e ideológico: ganó entre los hombres por 24 puntos, entre las mujeres por 18, entre los jóvenes y los ancianos. Triunfó entre los que se describen como “muy conservadores”, pero también “moderados”. Además, recibió el apoyo de la mitad de los graduados universitarios republicanos, pero también de los sectores menos educados, cuando al inicio sólo parecía un fenómeno de las clases más desfavorecidas que estaban encantadas con el magnate que aparece en televisión“.

A no marearse: La favorita sigue siendo Hillary. Ella es la candidata del Establishment, de los sindicatos y también de las minorías negra e “hispana” (que no son tan minorías, sumadas). Pero hay que reconocer que Mrs. Clinton tiene algunas vulnerabilidades y, lo más problemático para un candidato, no tiene carisma. (Y Obama hasta ahora no la ha apoyado mucho, que digamos). Si continúa la “ola” Trump, como hasta ahora -si continúa- hay un riesgo.

Ah, y dónde me recuerda algo esto? Un parecido muy lejano, eh. No es en Macri -nada que ver-, ni tampoco en un Uribe. El candidato, la sociedad y el electorado que lo votaría son muy distintos… pero como fenómeno electoral, y cierto estilo irresponsable, me hacen pensar en Menem.


Política internacional, pero no lejana: Populismo de derecha en EE.UU.

febrero 8, 2016

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Ahora que la campaña de Donald Trump atraviesa el “momento de la duda” (cuando los aportantes se preguntan si es sabio seguir poniendo dinero) el interés periodístico de nuestros medios -nunca muy agudo- se desvanece. Error. El Donald es sólo el síntoma de un “populismo de derecha” que hace más de tres décadas, con Reagan, fue funcional a un cambio profundo en el sistema global (Global y profundo en serio: de Yeltsin a Menem, pasando por Felipe González).

Pero entonces imperaba en la Potencia Hegemónica un sentimiento triunfalista y, de algún modo, satisfecho. Hoy no. Los invito a leer esta muy bien escrita crónica de Claudio Mario Aliscioni, en Clarín. (Con esto equilibro la anterior, de Página 12, sobre Roma y Moscú. Y calculo que los que habían leído una, si son verdaderos creyentes, no han leído la otra).

Si se lo toma apenas como un bufón, la peripecia electoral del multimillonario Donald Trump acaba en la mera anécdota. Si, en cambio, se atiende a algunas de sus propuestas políticas, abandonamos la sensatez para ingresar al resbaladizo territorio del delirio. Pero entre ambos extremos, sin embargo, el fenómeno que encarna el magnate inmobiliario revela mucho más de lo que sus declaraciones extravagantes dejan entrever.

En verdad, su presencia abre un enorme agujero en la derecha estadounidense: insulta con vulgaridades a las mujeres; se burla de los tullidos y de los pobres; cuenta chistes antisemitas ante el lobby proisraelí. Como un abierto racista, reclama la expulsión de los latinoamericanos indocumentados y promete el cierre de las fronteras a los musulmanes. Al mismo tiempo, de un modo inesperado, defiende la jubilación estatal, postula la seguridad social gratuita para los mayores de 65 años y propugna más impuestos a los ricos como él. En su discurso, una creciente cólera popular por la traición de las élites al mandato democrático halla desahogo. Pero, si se toma lo que dice o hace, la extravagancia de Trump es inclasificable. Sólo resulta inteligible –y mucho más interesante– cuando se mira con atención lo que evidencia.

El misterio, en efecto, no es él, sino las razones que inclinan a millones de sus compatriotas a querer votarlo.  Su aparición en el cielo político de EE.UU. –justamente ahora– se monta sobre el terremoto social, económico y moral provocado por políticas públicas que han hecho pedazos el “sueño americano”. El fenómeno Trump emerge así de la contradicción más evidente del capitalismo estadounidense contemporáneo: en el país más rico del planeta, la grieta entre pobres y acaudalados no deja de crecer.

No es un azar que su estrella asomara hace un año sobre la ruina de millones de embargados por deudas inmobiliarias, un tendal de desempleados y un número en alza de personas sin ingresos y que viven de la caridad. En la misma época, el prestigioso Pew Research Center confirmó lo que el ciudadano común presentía con angustia: la clase media, histórica columna sobre la que se construyó el país, dejaba de ser el sector social mayoritario. Ahora constituye el 43% de la población contra el 62% en 1970. Mientras sus ingresos cayeron un 28% en los últimos quince años, la clase más adinerada aumentó su porción en el ingreso nacional del 29% a un 49% en el mismo período.

Esa concentración del capital fue en parte resultado de una extraordinaria transferencia de recursos públicos hacia los sectores más encumbrados. Las quiebras bancarias y financieras desde la crisis de Lehman Bronthers, en 2008, más las secuelas presupuestarias de dos guerras insensatas (Irak y Afganistán), son ingredientes de ese proceso.  Cuando los lazos sociales se quiebran, mientras el sueño americano se esfuma y la brecha social entre ricos y pobres se agranda, aumenta el desamparo y el odio a la dirigencia. Es esa queja la que explota Trump. Y el dolor popular es tan agudo que a nadie importa que sea grosero y agresivo.

Es una constante electoral: para el hombre providencial, aun aquel con aires de payaso, siempre hay un chivo expiatorio a mano. Pensar que un  multimillonario centrado en su ombligo represente los intereses de ese pueblo es al menos ingenuo. Pero el punto es que Trump no sólo toca a las clases populares. También es el representante de los sectores que quieren hacer de EE.UU un lugar más seguro para su dinero. Saben que la crisis aún no terminó. Aunque algunos presupuestos cierren, las heridas continúan abiertas. Y la humillación siempre es partera de la historia“.


Las elecciones internas, en EE.UU.

febrero 4, 2016

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Un fiel seguidor de este humilde blog me ha reclamado una reflexión sobre el proceso de nominación presidencial en los EE.UU. Con franqueza: no me alcanza el tiempo para darle más que una mirada superficial -nuestras internas son absorbentes; esperaba los aportes de nuestro corresponsal en Georgia, Eddie; y, sobre todo, estamos muy al comienzo. Pero tengo ganas de equilibrar un poco la concentración en nuestro internismo.

Entonces, me tenté y voy a acercarles las observaciones superficiales que puedo hacer con las limitaciones que mencioné. Lo que he leído en los medios sobre el tema no me llena de humildad, eh. Los convencionales relatan datos aburridos -quién, salvo un político norteamericano y sus asesores, está interesado en retener todos los datos del complicado y folklórico sistema de internas que tienen ahí- o anécdotas. Cuando comentan, se nota el horror con que contemplan a personajes políticamente incorrectos como Donald Trump. Más o menos, como ven a Marine Le Pen en Francia.

Los medios de “izquierda” o “antiimperialistas” tratan de profundizar, pero parecen escandalizados que un partido, el Republicano, que -desde hace al menos un siglo- está ubicado claramente en la derecha de su sistema político y defiende vigorosamente al capitalismo, tenga precandidatos de derecha que defienden vigorosamente al capitalismo. Sorpresivo, no?

Bueno, les doy mi falible opinión: El Partido Republicano no tiene hoy una estrategia para triunfar. Como tampoco la tenía en la elección anterior, hace cuatro años. Su convocatoria deja afuera a demasiadas porciones importantes del electorado. Y también del “establishment” estadounidense, factor por lo menos tan decisivo como la “electorabilidad” para llegar a la Presidencia.

Entonces -salvo una crisis socioeconómica muy profunda, que no aparece probable este año, o un “acto de Dios”, como dicen ellos (supongo que es la tradición calvinista: con “actos de Dios” aluden usualmente a catástrofes)- el Grand Old Party está sirviendo como el canal por el cual se expresa una reacción “populista de derecha”: un sector, muy numeroso, del pueblo norteamericano, conservador, patriótico, anti izquierdista y anti liberal (liberal en el sentido yanqui, aproximadamente igual a nuestro progre), que rechaza las políticas pro igualdad racial y “de género”, y que tiene una profunda desconfianza de piel con las elites de Washington, Wall Street y la Costa Este en general.

Atención: ésta fue la base con la que Reagan armó una coalición ganadora en 1980 y llevó a doce años de hegemonía republicana. Pero pasaron 36 años y la sociedad norteamericana cambió mucho.

Como sea, Donald Trump trata de expresar eso, en una versión más berreta y “transgresora” que el viejo cowboy de Hollywood. La comparación con Marine Le Pen no es tan absurda, para dos sociedades muy distintas. En Iowa, fue vencido por Ted Cruz, que además tenía el apoyo de iglesias evangélicas (la religión está volviendo, paulatinamente, a jugar un rol importante en política, en otros lugares que en el Medio Oriente).

Marco Rubio, con raíces en la diáspora cubana, ofrece el mismo mensaje conservador, pero trata de apelar también al otro electorado republicano (más cercano -en la medida que haya alguna similitud con nosotros- al de los “gansos” mendocinos, o los radicales unionistas).

Del otro lado de su “grieta” -no es una broma; los norteamericanos hoy están divididos por la política, no tanto como nosotros, pero mucho más que en la mayor parte del siglo pasado- las primarias se disputan entre Hillary Clinton y Bernie Sanders. Y Sanders también, creo, es un candidato testimonial. Que vuelve a mencionar (con prudencia) las palabras proscriptas allí por más de medio siglo, “socialismo”, “intervención estatal”. Lo que puede resultar útil en el futuro, si esa sociedad se ve obligada a ensayar nuevas soluciones. Pero estoy seguro que hoy no están en la agenda.

El Partido Demócrata tiene una larga tradición de precandidatos “outsiders” que despiertan el entusiasmo y el activismo de los jóvenes (Estamos viendo un fenómeno similar entre nosotros, en el rechazo visceral a Macri). No siempre son irrelevantes. En 1968, Eugene McCarthy hizo mucho para impedir la reelección de Johnson (Una consecuencia fue que ganó Nixon…).

Viejas historias. Teniendo siempre presente que el futuro es, por definición, azaroso, estoy dispuesto a tomar razonables apuestas que el próximo Presidente norteamericano será Hillary Clinton. Una buena parte del establishment de allí -la más tradicional- estará satisfecha. Otra no tanto, pero aceptará que expresa la coalición necesaria para dar gobernabilidad al gigante.


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