Brasil: jueces, medios, políticos, la calle

marzo 19, 2016

antonio das mortes

Vuelvo a lo que está pasando en Brasil. Porque es grave, e importante para todos los suramericanos, y también porque nos dice algo sobre lo que está pasando aquí, en Argentina. Con lo que se parece, y con lo que se diferencia. Les resumo esta crónica del bien informado Marcelo Falak, actualizada con las noticias de las últimas horas. Y luego les comento, brevemente, esos parecidos y esas diferencias.

Ayer siguió la danza judicial en nuestro vecino. El último paso es que un juez del Supremo Tribunal Federal, Gilmar Mendes, convalidó la tercera cautelar que se había presentado contra el ex presidente Lula da Silva para evitar que se desempeñe como ministro del gobierno de Dilma Rousseff (otras dos anteriores habían sido anuladas por un tribunal de Brasilia y otro de Río de Janeiro). Pero no es necesariamente el final: el gobierno todavía puede apelar.

Con más filo, ratificó al juez del “Lava Jato”, Sérgio Moro al frente de la causa contra Lula. Es quien ordenó su comparencia forzada, y las escuchas telefónicas.

Igual, el hecho más pesado es la apertura formal del juicio político contra la presidente en la Cámara de Diputados. La trituradora se puso, al fin, en movimiento.

Eso sí, la causa acumula varias… paradojas. Una: la acusación no tiene nada que ver con las revelaciones de corrupción que sacuden a Brasil. El cargo son las “pedaladas” fiscales, el supuesto maquillaje de las cuentas públicas en 2014 para disimular el déficit fiscal. Ese supuesto “crimen de responsabilidad” ha sido cometido por todos los presidentes anteriores. En realidad, se hace en todos los países, y en la Unión Europea.

Otra “paradoja” es que el proceso se puso en marcha bajo la conducción del titular de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, investigado por la aparición de casi cinco millones de dólares en cuentas suizas que había negado tener y considerado por sus pares como un extorsionador.

Otra es la presencia en dicha comisión del diputado Paulo Maluf, ex alcalde de San Pablo, sospechado en infinidad de ocasiones por corrupción y condenado en 2015 en Francia a tres años de prisión por lavado de dinero desviado de ese municipio. A veces confunde pensar quién investiga a quién.

Esta instancia institucional es, claro, decisiva para la suerte de Dilma y la del gobierno del PT. Pero el juego no se define en el Congreso, sino en la calle. Allí es donde los gobiernos realmente caen.

La oposición brasileña sabía que solo una enorme demostración de furia “nas ruas” podía volcar la balanza contra la desangelada mandataria. Ni oficialistas ni opositores se atrevían antes de eso a asegurar que tenían los votos para ya sea forzar o evitar su destitución. Y lo consiguieron. Las movilizaciones fueron impactantes y la presión sobre el Gobierno se hizo extrema.

A la calle apeló también el juez Sérgio Moro, quien reaccionó a la inminencia de que la causa contra Lula, su presa más codiciada, pasara al Supremo Tribunal Federal. Difundió el miércoles el resultado de varias escuchas, una de ellas practicada solo horas antes y fuera del plazo legal que él mismo había impuesto a la pinchadura del celular de un asistente del ex presidente. Era la más estratégica, en la que Dilma parecía estar actuando solo para blindar a su padrino.

Pero también la jefatura de gabinete para Lula da Silva fue una respuesta: para lograr que las bases del PT, la Central Única de Trabajadores, los “sin tierra”, se movilizaran, como ya no lo hacían por Dilma y el gobierno del PT. También lo lograron. Como siempre, se discutirá cuántos sumó cada bando, pero el peligro de violencia cruzada persiste y, aunque sea duro decirlo, acaso sea el único freno que persiste, sólo por ahora, en el camino a la destitución”.

Este diagnóstico de Falak es pesimista, y, hay que decirlo, realista. La única observación que hago es que deja afuera -no porque lo ignore, sino porque lo toma como dado- el derrumbe de la economía brasileña. Que está golpeando a todos: los más pobres, las clases medias, viejas y nuevas, y también al poder económico. (En realidad, si como dije en un posteo anterior, le pongo unas fichas a Lula, es porque pienso que quizás sea el único capaz de armar las alianzas para enfrentar la crisis).

Menciono este aspecto porque también aquí vemos en estos días una intensísima campaña mediática con el tema de la corrupción. Y, como en Brasil, está impulsada por gente que no soportaría un Veraz.

No es sorprendente: las acusaciones de corrupción son un arma tradicional en la política, desde la República Romana. Y desde entonces, a menudo con fundamento. Estoy pensando en escribir sobre el asunto, pero ahora me interesa marcar las diferencias.

La más notoria, claro, es que en Argentina las acusaciones con repercusión en los medios no son contra el gobierno en funciones, sino contra el anterior. Puede pensarse que para el oficialismo se trata de desviar la atención de medidas impopulares, agitando corruptelas, o posibles corruptelas, anteriores. Como habría aconsejado “Chacho” Álvarez en los comienzos del gobierno de la Alianza “Si no podemos darles pan, démosle circo” (Menem fue a prisión domiciliaria ¿recuerdan? Pero eso no le ayudó mucho a ese gobierno).

Como sea, la campaña de acusaciones contra funcionarios K o sujetos vinculados o vinculables, aunque se reavivó ahora, tiene unos cuantos años de antigüedad. La diferencia profunda es que las manifestaciones opositoras en las calles, aunque ruidosas y visibles, han sido mucho menores que en Brasil. La única remotamente comparable fue a mediados de 2008 -cuando estaba en juego el bolsillo de un sector numeroso de ruralistas- y no volvió a repetirse.

Esto no se debe ¿hace falta decirlo? a que los argentinos seamos menos movilizables que los brasileños. El dato obvio es que, desde 2002, en Argentina no vivimos (¿todavía?) una crisis comparable a la que azota Brasil. Como decía Toynbee (a los ingleses de su generación les encantaba demostrar su conocimiento de los clásicos) “Absit omen!” (¡Que no se cumpla el presagio!).

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Dilma habla con Lula. La policía escucha

marzo 17, 2016

Gracias al amigo Rodolfo Serra, que nos informa directamente desde Brasil, el blog de Abel, en su vocación de … (no, “servicio” no es el término apropiado, con tantos profesionales en el asunto), acerca a sus lectores esta grabación que tomó la Policía Federal brasileña, por indicación del juez Sergio Moro, de una conversación privada entre Lula da Silva y Dilma Rousseff. Son 9 minutos jugosos, aunque hay que tener un poco de paciencia al principio (cualidad necesaria en todo el que se dedica a las escuchas telefónicas).

El portugués de ellos es muy comprensible para nosotros. Y nos da un vistazo a la “cocina” de la política. Muy similar a la de acá.

dilma lula


Brasil: no lo den por muerto

enero 2, 2016

 

The-Economist

La primera imagen -el Cristo Redentor ascendiendo como un cohete- la publicó en su tapa The Economist en 2009. La segunda -en la que cae sobre el Corcovado-, en 2013. Hoy, 2 de enero, la revista que desde 1843 es el medio más influyente del liberalismo económico, da su veredicto definitivo: en la tapa, Brazil´s fall, La Caída de Brasil.

En vez del clima de euforia que sería de esperar en el inicio de un 2016 en el que Brasil será la sede de los Juegos Olímpicos, Brasil enfrenta un desastre político y económico … Como la B de los Brics, Brasil debería estar en la vanguardia del crecimiento de las economías emergentes. Pero en vez de eso enfrenta turbulencia política y tal vez un regreso a la inflación galopante … Hasta Rusia va a crecer más”.

Y no es que T. E. tenga mala onda con Brasil (como la tiene con Argentina). Financial Times, Bloomberg´s, CNN Moneytodos los medios que leen los fondos de inversión y demás apostadores en el Gran Casino global le bajaron el pulgar, como pueden ver si siguen los enlaces que puse. Los medios locales, en San Pablo y Río, les hacen eco. No hablemos de Fitch, Moody´s y las calificadoras de riesgo… El cuadro que tiene de nuestro vecino la “gente seria” del Atlántico Norte es el más oscuro y desesperanzado de una economía mediana desde 2001/02, con… Argentina, claro.

Ante todo, debemos tener claro que la actual etapa del capitalismo financiero tiene en su estructura implícita la tendencia, la necesidad, de crear burbujas especulativas. Que, inevitablemente, luego se pinchan. Nada nuevo en el capitalismo, por supuesto, pero hoy son gigantescas. Sólo economías integradas de escala continental -EE.UU., China, hasta por ahí Rusia, ayudada por el estoicismo de su pueblo- pueden navegarlas con cierta independencia. Y aún ellos deben tomarlas en cuenta.

Argentina ha tenido suerte. Hace 15 años que, salvo especuladores muy sofisticados o con información puntual, los jugadores del Casino no se entusiasman con ella (Hasta ahora. Sospecho que la inercia con que ha sido recibido el gobierno Macri se la debemos agradecer al compañero Singer). Brasil… Lula hizo un trabajo de “relaciones públicas” con los dueños del capital -internacionales y locales- mucho mejor que el de Néstor Kirchner (los brasileños son seductores por naturaleza). Desgraciadamente para ellos, el previsible desinfle de expectativas se ha combinado con la baja en los precios de las commodities, algunos errores en las prioridades económicas y una clase política (aún más) habituada a la corrupción.

El mensaje para mis compatriotas argentos es muy simple, y está en el título: No lo den por muerto, ni siquiera en el corto plazo (5 años). Lo digo desde mi experiencia en la política argentina, y alguna en la evaluación de proyectos de inversión.

En lo primero, parece (toquemos madera, no es así, Marcelo Falak?) que los intereses que se oponen al gobierno del P.T. tienen la noción lusitana del valor de las instituciones -ni siquiera en la etapa de las dictaduras militares allí prescindieron por completo del Congreso.

Por su lado, Dilma, habiendo experimentado que la ortodoxia económica no le soluciona nada, se muestra dispuesta a hacer política: aumentó el salario mínimo por encima de la inflación y autorizó que el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social recupere su capacidad de financiar empresas nacionales. Por supuesto, eso provocó la indignación de los medios hegemónicos (¿les suena?): O Globo sostuvo que subir el salario mínimo es una idea “tosca, hija del pensamiento obsoleto del lulopetismo” (sabemos que la economía moderna demuestra que es la insaciable codicia de trabajadores y jubilados la que impide que el capital tenga los réditos que necesita para producir abundancia para todos).

Aclaro que yo no comparto la doctrina opuesta de mis amigos k. k. (keynesianos kicillofistas), que están seguros que la demanda crea automáticamente la oferta. En todo caso, no la comparten en Brasilia: Nelson Barbosa, el ministro que reemplazó al “ortodoxo” Joaquim Levy, es menos de izquierda que yo. O que Duhalde en 1999 o Kirchner en 2003. Pero no parece dispuesto a sacrificar la economía brasileña a una teoría y al aplauso desdeñoso del Atlántico Norte.

En cuanto a lo que miramos los auditores, los “fundamentals” de Brasil: 8,5 millones de km² (el 5° país más grande del mundo), 206 millones de habitantes (también el 5° en población), de los cuales más de la mitad ya tienen expectativas y exigencias de clase media… Digamos que es en territorio, demografía, riqueza, la mitad de esa unidad geopolítica que es la América del Sur.

Y la clase dirigente brasileña ha demostrado tener claro desde hace más de 30 años que una relación razonable con Argentina le resulta necesaria para su ambición de jugar un rol global, en lugar de quedar enredada en competencias regionales idiotas. En estos momentos, más aún: Dilma Rousseff aquí y el embajador Everton Vieiras Vargas aquí han sido muy explícitos.

Creo que es necesario y urgente que el peronismo profundice lazos con el P. T. (aprovechando la presidencia temporaria de Jorge Taiana del Parlasur, entre otras cosas). No estaremos solos en eso de armar vínculos, eh. Como saben los lectores del blog, no tengo una alta opinión de las condiciones de estadista del Presidente Macri. Pero de negocios, entiende.


La semana trágica de Dilma Rousseff

octubre 8, 2015

Dilma

Dilma Rousseff puede ser destituida en los próximos días por el congreso brasileño. Subí bastante material al blog sobre lo que está pasando allí, pero los argentinos tendemos a obsesionarnos con nuestros propios problemas, y los brasileños, inmersos en su crisis, han dejado de comunicar bien su historia. Ni al Mercosur ni al resto del mundo.

Como de costumbre, Marcelo Falak había anticipado el mejor resumen informativo. Lo actualicé con lo que sucedió ayer miércoles 7. Al final, agrego mis reflexiones:

Dilma Rousseff había respirado aliviada el fin de semana. La reforma de su gabinete, con la reducción de 39 a 31 en el número de ministerios, el despido de 3.000 agentes políticos del Estado y el recorte del 10% en el salario propio y de sus máximos colaboradores significaba una doble señal: a la sociedad brasileña, en el sentido de que la austeridad que le pide comienza por casa, y a la clase política, habida cuenta del mayor poder que dio en su nuevo elenco al Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que pasará de detentar siete a ocho carteras y que actuará como fiel de la balanza cuando comience en serio la pelea por su destitución.
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El lunes, cuando puso en funciones a los diez nuevos ministros, dijo: “Les recomiendo a todos mucha dedicación, porque tenemos que gobernar Brasil hasta 2018”. Siempre conviene dudar de las certezas que se declaman con excesiva reiteración.
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Siguió la semana con una dolorosa derrota parlamentaria, cuando se levantó por falta de quórum una sesión en la que se iban a examinar una serie de vetos presidenciales: casi la mitad de los diputados del PMDB se ausentó del recinto. La lectura es clara: no cabe ya apostar demasiado por la lealtad de ese partido, y la base de sustentación que Dilma creía asegurada tras la reforma ministerial no es tal.

La saga continuó ayer con la decisión del Tribunal de Cuentas de la Unión (TCU), que decidió por unanimidad rechazar las cuentas públicas presentadas por el Gobierno en el ejercicio 2014. El caso debe pasar luego al Congreso, al que cabe su aceptación o rechazo final, pero la sentencia supone un golpe político fenomenal que permitiría a la oposición avanzar, con mayor sustento, en sus intentos de “impeachment”.

Lo que está en juego son las ya famosas “pedaladas” fiscales, según las cuales la presidenta demoró el año pasado el giro de partidas presupuestarias a los bancos oficiales encargados de pagar planes y beneficios sociales, obligando a éstos a cubrirlos temporariamente con fondos propios. La idea es que esa “bicicleta” le permitió al Gobierno simular el mantenimiento del superávit fiscal y, de la mano de eso, usar el dinero no devengado para otros fines, supuestamente electoralistas.
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Sin pruebas con las cuales incriminar a la mandataria en el escándalo de Petrobras, es este caso el que centra ahora los esfuerzos destituyentes de la oposición.

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Los abogados de Dilma le dijeron que no tiene nada que temer, ya que el año fiscal sospechado corresponde a su primer mandato, y que, según la Constitución, sólo se puede avanzar en el juicio político en base a incorrecciones del mandato en curso.
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Los abogados no siempre son conscientes de lo limitados que pueden resultar los argumentos legales en un juicio político. Si la posibilidad de anular un mandato en curso no registra precedentes, tampoco los tiene un rechazo semejante de las cuentas públicas.
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Las “pedaladas” fueron una práctica habitual, al menos, en los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva y de Fernando Henrique Cardoso. Sin embargo, jamás se avanzó contra ellos por esa causa.
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“Hay una percepción generalizada de que Dilma no es una persona corrupta, sino que es altamente incompetente, y que siempre tuvo menos poder de lo que se cree”, afirma un conocido analista político Thiago de AragãoAcaso en esas percepciones radique mucho de lo que ocurre hoy en Brasil“.
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En las últimas semanas se había hablado bastante en la blogosfera, con algo de tremendismo, de “golpe blando“. Ese concepto lo describió bien Baleno acá. Bueno, lo que está sucediendo en Brasil puede ser citado en un manual como “caso típico”: la secuencia de críticas, descontento, protestas, manifestaciones que preparan el clima para una ofensiva judicial destituyente… Todo eso ha ocurrido en menos de un año. Puede culminar en la instancia legislativa, si los brasileños han perdido su tradicional capacidad para evitar los desastres más graves. Un gobierno armado por diputados que manejan sus bancas como pymes es, me parece, una de las opciones peores posibles. Porque no gobernaría. Dilma, con errores o sin ellos, tiene la legitimidad. Ningún otro la tendría.
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Los argentinos debemos seguir muy de cerca este tema. Gonzalo Bustos, un bloguero que estudia de cerca a Brasil y a la América del Sur, ha dicho recién que el interés suramericano es un bien público regional. Es así: Brasil es nuestro principal socio comercial y el mayor mercado de manufacturas de origen industrial de nuestro país. Además, sólo con un acuerdo estrecho entre ellos y nosotros puede hablarse de soberanía regional de cara a las Potencias mundiales.
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Pero también es necesario que tengamos muy claro lo que pasa como advertencia para nosotros. Si bien hay usinas desestabilizadoras, que tienen el apoyo de agencias en el Hemisferio Norte – la relacionista pública guatemalteca Gloria Álvarez es un cuadro típico – sostengo lo que dije no hace mucho:  “La situación que enfrenta Dilma Rousseff se debe – en primer término – al grave deterioro de la economía brasileña y que la política económica que Dilma escogió no consigue solucionarla. En realidad, la empeora. Que una minoría numerosa de desaforados salga a la calle y pida una intervención militar es grave, que tenga apoyos extranjeros, es probable. Pero las raíces fueron sembradas por el gobierno brasileño. Que debería saber que la tradicional corrupción de sus políticos se hace insoportable cuando es ejercida por “hombres nuevos” y, sobre todo, cuando una parte importante del pueblo ve amenazado su reciente bienestar“.
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En particular los peronistas debemos tener presente el viejo refrán castellano “Cuando las barbas de tu vecino veas afeitar  Pon las tuyas a remojar“.

Brasil y China, dos a quererse

mayo 19, 2015

Dilma y Li Keqiang

Hace tiempo que no escribo en el blog sobre nuestro vecino del Norte, en mi opinión “el socio inevitable de Argentina”. Tampoco lo voy a hacer esta vez, aunque la tormenta por la que está atravesando – más seria que la nuestra, toco madera – merece un análisis profundo. Ahora, apenas si tengo tiempo para acercarles algo sobre la visita del premier chino a Brasil (y a Colombia, Perú y Chile).

Por supuesto, esto está en los medios (la información de Ámbito es buena). Pero la mirada brasileña (en este tema Dilma y O Globo están de acuerdo) es interesante, y agrega algunos datos. Además, pueden practicar el portugués, que, estoy seguro, será útil. Y el mapa de abajo hace pensar.

Y si quieren leer sobre esa tormenta económica brasileña, les enlazo dos miradas, en nuestro idioma. En La Nación hay una nota bien escrita de Florencia Carbone, que – claro – plantea que el ajuste es apenas un problema temporal y necesario para reanudar la prosperidad en un año, a lo sumo. Y este posteo en el blog de Artemio, con muchos datos, nos dice que ese ajuste es solamente por la conspiración de gente mala a la que le gusta ver sufrir a los pobres.

Aquí, la visita del amigo chino, en O Globo (antes una aclaración: lo de “socio inevitable” tiene que ver también con las relaciones con China: el gigante asiático juega un rol parecido allá y acá, y es mucho más grande que nuestros dos países juntos):

Brasil assina 35 acordos com a China em visita do premiê Li Keqiang

Primeiro-ministro chinês foi recebido por Dilma Rousseff no Planalto. Acordos envolvem US$ 53 bilhões, sendo ao menos US$ 7 bilhões com Petrobras

Entre as áreas que serão beneficiadas com os acordos anunciados nesta terça, estão planejamento estratégico, infraestrutura, transporte, agricultura e energia. Também haverá cooperação entre os países nas áreas de mineração, ciência e tecnologia e comércio.

Dos 35 acordos entre os dois países, outro de destaque é o ato para cooperação na elaboração de estudos de viabilidade do projeto ferroviário transcontinental, que prevê uma ferrovia ligando o litoral do Brasil ao Peru.

… O Brasil tem a China como principal parceiro comercial. Em 2014, as exportações para o país asiático somaram US$ 40,6 bilhões, enquanto as importações chegaram a US$ 37,3 bilhões, resultando em um fluxo comercial de US$ 77,9 bilhões, segundo dados do Ministério do Desenvolvimento, Indústria e Comércio Exterior (MDIC). Entre janeiro e abril deste ano, o comércio entre Brasil e China acumulou US$ 21,7 bilhões“.   (completo aquí)

Del proyecto ferroviario transcontinental que mencionan, encontré este bonito mapa en la BBC. Y me hace preguntar ¿cómo andan los proyectos ferroviarios trasandinos entre Argentina y Chile? La distancia es mucho más corta.

ferrovia


Estampas de “fin de ciclo”: El caso Brasil

abril 28, 2015

Dilma

El término “fin de ciclo” se convirtió entre nosotros en una frase hecha del periodismo (el opositor, claro) que le evitaba analizar relaciones de poder, proyectos alternativos… Se acababa un ciclo – el kirchnerista – y listo.

A partir de mediados del año pasado, la frase empezó a mostrar un cierto deterioro por el uso. A esta altura del 2015… ya está inservible. Y sin embargo, hay etapas que se terminan, cómo no. El mandato presidencial de Cristina Fernández, por ejemplo. En el plano regional, se puede decir válidamente que ha terminado un ciclo de altos precios de las materias primas, que se correspondió, aproximadamente, con el ascenso de gobiernos que rechazan el paradigma neoliberal vigente en los ´90.

El punto es que debemos tener claro que, en asuntos humanos, lo de “ciclo” es sólo una imagen (con el perdón de Spengler) que nos ayuda a armar un “relato”. Por ejemplo, los precios de las commodities que exportan las naciones de América del Sur – con excepción del petróleo, estos últimos meses – son bastante mejores que los que tenían cuando la CEPAL alertaba del “deterioro de los términos del intercambio”. Y que CFK abandone la Presidencia, no significa necesariamente que sus políticas económicas sean descartadas, o que su poder político desaparezca. Las realidades del poder, local y regional, van a cambiar, claro, pero eso es una constante universal, que no depende de plazos.

Digo esto porque el poder de Dilma Rousseff, la Presidente de Brasil, reelegida hace sólo 6 meses por 4 años más, y que fue en la mayor parte de su primer mandato la mujer más poderosa de la América del Sur, se ha licuado aceleradamente. Eso no ha tenido que ver con un plazo constitucional, sino con decisiones, de ella,  y de otros actores,  que lo provocaron.

En estos días, Dilma se enfrenta a una prueba decisiva: Vetar, o no, una ley en proceso de aprobación que precariza a los trabajadores brasileños. Lula ha pedido el veto, y los que defienden los derechos laborales llaman a movilizarse para este viernes, 1° de Mayo. Les recomiendo leer este posteo de Ramble, que describe bien el dilema, en un reportaje a Ruy Braga.

Aquí quiero ofrecer un panorama más general. Por eso les copio este artículo de Marcelo Falak, que hace 15 días describió bien este proceso. Luego agrego un par de observaciones breves.

Entre el 26 de octubre del año pasado, cuando retuvo por tres escasos puntos porcentuales el Gobierno, y el 1 de enero último, cuando asumió su segundo mandato, Dilma Rousseff tomó una decisión que está signando su suerte: compensar aquella pérdida de poder relativa con una arriesgada decisión: pactar con los factores que marcan el paso de la política y la economía de Brasil.

Su promesa de campaña de un cambio dentro de la continuidad se ha concretado desde entonces más en lo primero que en lo segundo. Para empezar, con la convocatoria del ex banquero Joaquim Levy para el Ministerio de Hacienda, quien llegó con un plan de ajuste bajo el brazo que hace blanco, entre otras cosas, en las prestaciones por desempleo.

Pero ese intento de complacer a los mercados financieros, hijo del fracaso de una forma de heterodoxia que no impidió ni el despunte de la inflación ni la prolongación del estancamiento económico, tropezó pronto con resistencias en el Congreso. Resistencias oportunistas, que tienen como trasfondo el escándalo de Petrobras, cuyo dinero fluyó, con connivencias en el Ejecutivo, hacia las cuentas de decenas de legisladores. La resistencia, en algunos casos notables, asumió la forma nítida de la extorsión en busca de impunidad.

Los del Partido de los Trabajadores han sido, desde Lula da Silva hasta el presente, gobiernos con una cierta debilidad. Los votos les han dado mayoría para gobernar, pero nunca los dejaron ni siquiera cerca del control del Congreso. Esas mayorías necesarias se lograron siempre ex post, con el recurso al “presidencialismo de coalición”, que en el “Mensalão” de Lula y en el “Petrolão” de Dilma supusieron la compra impúdica de bancadas.

Sin embargo, la suma de una economía estancada, una devaluación brusca, políticas de ajuste y un escándalo de corrupción sin precedentes tiende más a alejar que a unir. Es la lógica de la mancha venenosa.

La rebelión del Congreso tiene como eje al más poderoso de los aliados del PT, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMBD), una confederación de cacicazgos regionales de talante conservador, que mantiene, pese a su tendencia a los escándalos de todo tipo, un envidiable despliegue territorial.

Al PMDB pertenecen el vicepresidente, Michel Temer; el jefe del Senado, Renan Calheiros; y el titular de Diputados, Eduardo Cunha. Si los dos primeros son las cabezas visibles del ala partidaria favorable a la alianza con el PT (o bien, oficialistas eternos, con quien sea que ocupe el Gobierno), el tercero es el referente del ala opositora. El resultado es que unos y otros operan sobre Dilma como el policía malo y el policía bueno. Cunha opera con eficiencia causándole al Planalto sonoras derrotas legislativas y los otros dos salen a surcir lo roto… siempre con ganancias de poder para el PMDB.

Un ejemplo de esto fue la votación de la generalización de la tercerización laboral en la cámara baja. Su artífice fue Cunha, pero el mismo día Temer debutaba como coordinador de la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo, asegurándole a Dilma que el ajuste, finalmente, verá la luz.

La Presidenta se opone a un proyecto que supone la pérdida de derechos de la base trabajadora del PT, pero, rendida ante su debilidad, apuesta más a suavizar el texto para que el Estado no pierda recaudación impositiva que a dar verdadera batalla esgrimiendo su derecho de veto. El PMDB podría enojarse.

Cunha explicó, no sin cinismo, que el Planalto no tiene porqué considerar ese proyecto un avance de la oposición, ya que, salvo el PT, el resto de la “base aliada” lo respaldó en el recinto. Mientras, Dilma deja caer la aspiración del ala izquierda de su partido de imponer una ley de medios e intentará dejar atrás la crisis por el espionaje de la NSA yanqui y reconciliarse con Barack Obama.

Es inevitable en este contexto que muchos de quienes votaron a Rousseff en octubre, aun siendo conscientes de lo mucho y pésimo que había ocurrido en Petrobras, se sientan ajenos a un Gobierno que ya no sienten como propio. Así lo testimonia el escuálido 12 % de apoyo que las encuestas dan hoy a la mandataria.

En solo cien días de su segundo mandato, Dilma aparece desgarrada por la torsión conjunta de los mayores factores de poder. Mientras, la oposición y la prensa la martirizan diciendo que presentó una “renuncia blanca” y que dejó el poder en manos del PMDB.

La decepción suele cobrarse un precio demasiado alto“.

No conozco lo bastante de la situación de Brasil para juzgar las decisiones de Dilma en el marco de su economía (mis comentaristas ultra K – “ultra keynesianos” – ya lo van a hacer). Pero desde la política, caben pocas dudas que han sido errores graves.

Los mercados financieros, por su propia naturaleza, no negocian, ni garantizan poder político. Puede llevarse adelante políticas total o parcialmente favorables a ellos – Menem, Cardozo, para el caso, Reagan, lo hicieron … – cuando había sectores numerosos en sus sociedades dispuestos a bancarlas. Si no es así…

Como lección para políticos brasileños, y también argentinos, queda el dato que la aprobación de los medios, locales e internacionales, de determinadas políticas, no le garantizan nada al que las ejecuta. Y como decía don Giulio Andreotti “El poder desgasta a quien no lo tiene”.


Brasil hoy: habla Lula

marzo 15, 2015

lula

Hoy y en días anteriores ha habido en las grandes ciudades brasileñas manifestaciones muy importantes contra el gobierno de Dilma Rousseff, como los medios locales nos lo han hecho saber, mientras les corre un hilito de saliva.

En Argentina tenemos una amplia experiencia del tema. Pero no conozco a fondo la actualidad de la política brasileña – tengo ganas de hacerme una escapada por ahí, digo de paso – y no me animo a pontificar. Apenas si analicé en este otro posteo lo que entiendo es una idea equivocada y peligrosa, que un “sentido común” promueve: que una política económica “amistosa con los mercados” disminuye la crispación.

Ahora me parece interesante compartir estas propuestas que el ex-presidente Lula hizo hoy domingo;

Eu acho que após 30 anos, precisamos de uma reforma política, extremamente necessária para o país e para recompor a vitalidade da política. É necessário esse salto de qualidade na democracia e na transparência, que pode fortalecer a confiança da sociedade nos seus representantes e nas instituições. Para isso, o meu partido, o Partido dos Trabalhadores, propõe, por exemplo, financiamento público de campanha.

E não só isso, outro aspecto no qual não conseguimos avançar foi na democratização dos meios de comunicação de massa. O Código de Telecomunicações é de 1962, muito distante de hoje. São seis famílias que detém quase o total do mercado dos meios de comunicação. Isso ainda precisa avançar muito”.

Medidas en la dirección que propone Lula han sido aprobadas en los últimos años en nuestro país. No puede decirse que han resuelto nuestros problemas, no. Pero creo que la lección es que un gobierno debe conservar la iniciativa y la capacidad de proponer reformas. O queda para sus enemigos.


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