Un vistazo a la realidad

julio 21, 2015

Medusa

El título que tenía en mente para este posteo era “Una pausa en la campaña, para mirar la realidad“. Pero se me ocurrió que era arrogante y poco realista. La campaña electoral, las primarias y su culminación, las elecciones en octubre son una pieza fundamental de nuestra realidad: la forma en que se elige al que va a tomar las decisiones en el Estado nacional y que va a elegir a quienes las lleven adelante. También, van a decidir el mayor o menor peso – ocupación de cargos legislativos y ejecutivos locales – de las fuerzas políticas que, hasta cierto punto, van a condicionar esas decisiones.

(Muchos dirán, rápido, que las decisiones más importantes, las que afectan a fondo nuestro destino, no las tomará el que resulte elegido a la cabeza del Estado. Es probable. Pero eso no cambia el hecho que el Estado es la herramiente que tenemos los argentino para defender nuestros intereses. Que no siempre – bah, que pocas veces – se usa así, puede ser cierto. Pero es la que tenemos).

Vuelvo al punto: Hay partes de la realidad que son, obvio, muy resistentes a la política, es decir, a la voluntad de los pueblos y de los gobiernos que se dan. La demografía, la geografía, hasta la geología se pueden modificar (véase el fracking, por ejemplo), pero es a través de procesos muy lentos, que exceden la duración de cualquier gobierno, con o sin reelecciones. La economía… es un caso complejo, porque toca todas las actividades humanas. Que son complejas y diversas, cómo no.

Entonces, dejo de lado por un rato algunos borradores interesantes – el pos-macrismo, el sciolismo en formación,… – y proponerles pensar en desafíos económicos que no dependen de la voluntad más o menos firme de un gobernante – o de un electorado – sino de elaborar políticas que no están en la valija de herramientas de los ministros del ramo. Es a eso a lo que me refiero como la “realidad”, porque es la cara que convierte en piedra a los que no saben cómo mirarla.

Les confieso que me puso a pensar en esto este artículo de Santiago Costa, que alguien – no recuerdo quién – acercó al blog. Lo recomiendo: enfrenta los problemas, y dice cosas valiosas. Pero es algo largo y muy “relato”: cae en la tentación frecuente en los economistas no aferrados a la síntesis ortodoxa y quiere dar una sola explicación para todo el proceso de nuestra economía. Si me animo, voy a encararlo más adelante, por partes.

Pasa que hay un análisis más concreto, reciente, enfocado en el problema clave para los que pretendemos una Argentina desarrollada, y – lo sorprendente – ha sido hecho por alguien con altas responsabilidades en este gobierno, en el reportaje que le hace un periodista oficialista. Me refiero, claro, a la entrevista que Horacio Verbitsky le hizo a Axel Kicillof.

Es probable que la mayoría de ustedes lo haya leído. Es muy divulgado, hasta por TV. Pero la primera parte, la más larga, trata sobre los fondos buitres. Un tema importante, por cierto, pero en alguna forma simple, depende mucho de la voluntad política del gobernante y de los costos que la mayoría del pueblo esté dispuesta a asumir.

En la última parte, Kicillof habla de la industria. Les sugiero que lo lean con atención. Me parece que da para discusiones interesantes. Después, seguimos con la campaña.

–Producir cualquier cosa en la Argentina requiere de importación, muchas veces de insumos, de maquinaria. A medida que la economía crece, se produce más, se sustituyen importaciones y la gente está mejor y puede comprar más, pero también se manifiesta la necesidad de divisas.

–Esto quedó disimulado durante los años de altísimos precios del complejo agroexportador. La restricción externa reaparece, entre otras cosas pero no sólo, por la baja del precio de las oleaginosas y entonces se ve una industria automotriz que ha generado actividad y creado empleo pero tiene un nivel de integración de piezas locales que no pasa del 17 por ciento.

–Esos son dos temas centrales. Del lado de la industrialización llamémosla liviana, han nacido montones de nuevas empresas, muchas de ellas pequeñas, medianas, algunas que ya son grandes y han recorrido ese camino que incluso les permite exportar. Ese camino de reindustrialización tiene que hacerse con el liderazgo del estado, porque el libre mercado, el liberalismo no nos lleva a la reindustrialización del país.

–En ningún país del mundo fue distinto, ni en Alemania ni en Estados Unidos ni más recientemente en Corea.

–O en China. Se necesita un liderazgo del Estado para reindustrializar pero tiene que ser un liderazgo inteligente y acompañado por un sector privado que tenga esa voluntad de sustituir algunas importaciones, que invierta más y con sentido nacional.

–Esto se vincula con el otro tema. Porque las clases dominantes argentinas no han reducido su nivel de consumo, con la dolarización lo que fugan es la inversión.

–Necesitamos más dólares porque buena parte de la inversión industrial requiere máquinas y algunos insumos que se producen afuera. Necesitamos que esas máquinas se empiecen a producir en la Argentina. Hay máquinas de ciertos sectores que sólo se producen en uno o dos países del mundo. Hay que adquirir esas máquinas, avanzar en la tecnificación y seguir sustituyendo. Y por el lado de los insumos hay que ir para atrás y para adelante en la cadena productiva para poder sustituirlos. Ciertas ramas industriales como la automotriz o la electrónica liviana son muy difíciles de sustituir porque se han concentrado a escala internacional. No es un problema de la Argentina, es un problema mundial. Las cajas de cambio, las computadoras de los nuevos autos, las nuevas tecnologías de embrague, de conducción, se producen en pocos países y muchas veces las casas matrices retienen la parte más tecnificada de los componentes de los autos para que se produzcan en sus sedes centrales. La Argentina tiene once terminales pero esto no quiere decir que produzcamos autos, esto quiere decir que montamos los coches, lo cual también pone mucha presión porque nos piden que tengamos salarios bajos en dólares.

–Esa intervención inteligente del Estado debería girar sobre dos ejes. Uno, aumentar todo lo que se pueda el nivel de integración de la industria automotriz, que en vez de 17 % sea el 30. Dos, orientar la inversión hacia aquellos sectores que satisfagan necesidades populares con sus productos y que no sean deficitarios en el balance de pagos. Al revés de los telefonitos, donde la integración no pasa de la cajita y el folleto.

–El problema de la industria automotriz en cierta manera está resuelto con algunas líneas nuevas. Por ejemplo, las nuevas camionetas 4×4 enormes que se fabrican ahora en la Argentina permiten trabajar con las empresas y condicionarlas para que haya mayor integración. En los modelos viejos las cartas están echadas, parte se produce en Brasil, parte en la Argentina y es un trabajo de todos los días obligar a que traigan más producción nacional…

–Y definir qué tipo de producción nacional, porque no es lo mismo el asiento que el motor.

–Obviamente tenemos que volver a producir motores y en los últimos tiempos hemos tenido un avance muy fuerte en estos condicionamientos a los inversores extranjeros. De las once automotrices que hay en la Argentina ninguna es nacional, se llaman Ford, Fiat, Volkswagen, empresas extranjeras que se han venido a instalar al país porque vendemos autos caros. Los autos tienen que ser más baratos y con más integración nacional. Pero éste es un trabajo que tienen que hacer todos los países del mundo, porque en el extremo hay países muy cercanos, como Chile o Uruguay, que no producen, importan el ciento por ciento. O sea que ese 17 por ciento es malo pero es mejor porque nuestra industria autopartista todavía subsiste pese a la ola de transnacionalización de la producción automotriz.

–El mundo cambió y hoy no es posible tener el 90 por ciento de integración que había en la industria automotriz hace medio siglo, pero de ahí al 17 por ciento actual…

–Este es un fenómeno internacional. La cuna de la industria automotriz en Estados Unidos hoy no produce más autos. Detroit se desindustrializó completamente. Esta es una pelea que requiere muchísimas agallas, decisión y condicionamiento a las empresas. Es un tema central. Cuando han venido a radicarse nuevos modelos, hemos podido trabajar mejor pero es una tarea permanente. En los modelos nuevos la integración llega al 30 por ciento y apuntamos al 40. Además tenemos que impedir que nos roben con los precios de transferencia. Por la computadora y los componentes electrónicos te cobran cualquier cosa. ¿Cuánto sale hacer la computadora que va en determinado auto? Estamos trabajando muy fuerte para que no nos estafen, para que cobren acá por ese componente lo mismo que cobran en otros países. A veces eso lo mantienen como secreto. Hemos avanzado mucho con la Aduana y con los convenios de intercambio de información que ha firmado la AFIP, para que el mismo componente nos lo cobren lo más barato posible. De otro modo están traficando ganancias y te cobran muy caro algo que no tiene precio porque es una transacción adentro de la firma. Le vende tal vez la empresa matriz a la empresa local a un precio interno, se llama precio de transferencia. Esto también distorsiona el dato de integración nacional, porque te cobran muy caros ciertos componentes. Todos los países del mundo lo han sufrido. Hoy los celulares son más importantes que el DNI, que la billetera…

–Eso lo dice porque Randazzo ya no es candidato.

–Hay un cambio cultural, y los celulares se producen en uno o dos países del mundo. Entonces todo el mundo está sometido a comprar celulares que se producen en el extranjero. Si te ponés a producir un modelo, mientras lo estas diseñando ya es viejo, cambió la tecnología y es más chiquito y más veloz. Hay que sustituirlos cada vez más rápido y este dinamismo en las marcas pasa también con los televisores. Es una fiebre de consumo vinculada a un cambio cultural y tecnológico que hace más vulnerable la economía del país. La Argentina tiene unos 60 millones de celulares, es una cosa de locos, y los compramos en el extranjero. Una parte se fabrica en el país pero es la menos tecnológica, no llega al 1 por ciento. Y además el kit para armar el celular suele ser más caro que el celular ya armado. De forma tal que si vos querés industrializar una parte del proceso te lo cobran más caro y necesitás más divisas. Quieren forzarte a importar todo. Y si importás la balanza comercial en ese sector es absolutamente deficitaria. Y la escala de la Argentina no alcanza para producir porque nosotros somos un mercadito para estos productos. Entonces tendríamos que convertirnos en una plataforma para exportar por lo menos a toda la región. Estas son las discusiones que hemos tenido con los productores de celulares y con los países productores“.


Brasil y Argentina: Historia de dos industrias

noviembre 27, 2014


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En un reciente posteo menor – donde quise mostrar un paralelismo en actitudes hacia el gasto público de las gestiones de nuestros hermanos brasucas y las nuestras, y también en los discursos de sus funcionarios – el talentoso bloguero Contradicto acercó un artículo, publicado este martes en la revista Carta Capital, del economista brasileño Luiz Gonzaga Belluzzo.

Les traduzco la mayor parte, porque creo que echa luz sobre los problemas de Brasil, que son, ¡sorpresa!, muy parecidos a los nuestros. Y después agrego unas observaciones mías, cómo no.

En el debate electoral pocos se arriesgaron a exponer el daño causado a la industria brasileña por la combinación de tipo de cambio sobrevaluado y altas tasas de interés, mantenida en los últimos 20 años.

En el período 2004-2010, impulsada por los precios de las materias primas y el aumento de ingresos del “nuevo consumidor”, la economía brasileña creció a tasas satisfactorias. Antes y después, mantuvo una trayectoria de crecimiento mediocre.

El origen de los malos resultados es la desestructuración de la industria manufacturera, cuya “realidad” se expone de manera espectacular en las cifras de la balanza comercial en el sector, lo que arroja un déficit de 105 mil millones de dólares en 2013.

Nacidas de las revoluciones ideológicas de las décadas de los ´80 y ´90, las políticas macroeconómicas importadas a Brasil por los corifeos la “nueva economía” llevaron a la reducción de las cadenas de suministro en varios sectores de la industria, especialmente en las áreas textiles, metalmecánica (especialmente la de bienes del capital), química y electrónica. La pérdida de enlaces en las cadenas significó reducción de valor para el mismo valor bruto de la producción, lo que en la práctica es la eliminación de los puntos de generación de ingresos y empleo.

La modernización restringida – en un contexto del Real sobrevaluado y ausencia de políticas industriales activas – provocó un aumento brutal de las importaciones de bienes de capital y el abandono de nuestra propia industria de equipos. Al mismo tiempo, se produjo la especialización en las líneas de producción de la industria pesada, que se tradujo en una mayor coeficiente de importaciones. Esta alta dependencia de las importaciones se ha convertido en estructural y que se manifiesta en la producción actual, incluso en condiciones de bajo crecimiento.

… A diferencia de la inversión extranjera de 60 y 70, que movilizó, directa e indirectamente, los proyectos para sustituir importaciones y / o estimular las exportaciones, la nueva etapa de “integración externa” ha aumentado la vulnerabilidad de la economía brasileña.

… Los acólitos del ultra-liberalismo de los mercados ignoraron el papel estratégico de los gastos de inversión pública en la coordinación de las decisiones privadas. El resultado habría sido más virtuoso si el proceso de privatización se hubiera dirigido a estimular la diversificación sectorial y la fortaleza financiera y tecnológica de la gran empresa privada nacional, aumentando su capacidad de competir aquí y en el extranjero.

En un artículo escrito con Julio Sergio Gomes de Almeida, indiqué que la falsa inserción competitiva de la economía brasileña está pasando factura. Falsa, porque las políticas de la década de 1990 entendieron que era suficiente exponer la economía a la competencia extranjera y la privatización para lograr ganancias micro y macroeconómicas de eficiencia. Se hizo en la dirección opuesta a los asiáticos, y se abrió la economía al reducir los costos de las importaciones.

… Lo que vemos en los anales de la “economía ortodoxa” muestra que aún prevalecen los que patrocinan las políticas que llevaron al mundo a la debacle de 2008“.  (completo aquí)

Lo primero que me impresiona – como le contesté a Contradicto – es que muestra que – a pesar de las diferencias en la estrategia anti inflacionaria, sobre los que se pone tanto énfasis – los problemas estructurales de la industria brasileña son muy parecidos a los nuestros.

Aquí en Argentina algunos economistas, incluso moderadamente pro mercado – pienso en Lucas Llach -, se han dedicado a “desmitificar” el llamado milagro brasileño, sosteniendo que su crecimiento, evaluado a lo largo de las dos últimas décadas, es bastante decepcionante.

Tienen argumentos, cierto. Pero si tomamos un período más largo – 60 años, por ejemplo – la diferencia entre los desempeños de nuestras dos economías es impresionante. A favor de ellos. Reconozcamos que el salto de productividad que puede darse al salir de una economía fundamentalmente primaria – como lo demuestra el caso chino – es mucho mayor que cuando ya existe un fuerte componente industrial. De todos modos, creo que es indiscutible que Brasil ha mostrado más coherencia que Argentina en sus políticas económicas (bueno, no es un desafío exigente).

Pero pienso que la reflexión más importante que podemos hacernos todos, argentinos y brasileños, es preguntarnos porqué las gestiones de Lula y de Dilma, y de Néstor y Cristina, han avanzado tan poco a lo largo de más de una década en modificar este marco estructural. Se me ocurre que el marco global, en lo material y en lo cultural también, nos condiciona mucho más de lo que a los militantes les gusta admitir. Que cambiar las políticas sociales y, por supuesto, el discurso, les resulta más fácil a los gobiernos que cambiar la realidad de la economía.


El camino industrial, donde volcó el Rastrojero y llegó el Arsat-1

octubre 19, 2014

Rastrojero

No me parece que sea bueno copiar otros blogs. Enlazarlos, tomar ideas, sí, claro, pero uno tiene, o debe tratar de tener, su propia voz.

A pesar de eso, algunas veces lo hice. Varias, con Cartoneros, a pesar que quien lo administra ahora, Contradicto, tiene una voz personal y bien distinta de la mía. Es que encuentro ahí de vez en cuando, como ahora, un resumen luminoso de algo que he estado procurando decir en muchos posteos. Entonces, les copio esto:

SibalLa pregunta que quienes hemos asistido por estos días al evento que enorgulleció a buena parte de la sociedad argentina (y al resto la mantuvo en respetuoso silencio), y por supuesto nos referimos a la puesta en órbita de nuestro primer satélite geoestacionario de comunicaciones, la pregunta clave es, decíamos, y debe ser…

¿Por qué satélite sí y por qué aviones no?

¿Por qué satélite sí y por qué automóvil de diseño nacional no?

¿Por qué satélite si y por qué computadoras de diseño nacional no?

Pregunta de la que luego se desprenden otras, tan hirientes y tan contraindicadas para la autoestima como ¿cuál es la enorme diferencia tecnológica entre un satélite de comunicaciones y un avión, esa que nos inhibe de fabricar los últimos?

¿Por qué se llega a coronar ese intrincado y sensible proceso de poner un satélite de esas características en órbita?

La respuesta es que se completa el camino y se cierra con éxito porque, aunque suene a verdad de Perogrullo, dicho camino se pudo recorrer en su totalidad.

Lo central desde el punto de vista de acumulación de conocimientos y activos científicos y tecnológicos para ubicarnos en las puertas de esta nueva etapa es que el camino que nos trajo hasta aquí se pudo realizar, con marchas y contramarchas, con velocidad para ejecutar y también con pausas para repensar, con debates y con dudas, pero siempre sabiendo que la mañana siguiente estaba ahí, disponible, para seguir mejorando lo conseguido y diseñando lo que faltaba.

La clave está en que ese proceso nunca se abortó.

Es la misma clave que conspiró contra otros proyectos que Argentina tuvo, aunque hoy parezcan irrazonables y hasta levemente paródicos: desde los años 50 nuestro país tuvo más de un proyecto de automóvil de diseño nacional (el Justicialista, Siam Di Tella, Rastrojero…) 

Y en esas mismas décadas se concretaba el diseño del prototipo del Pulqui, primer avión a reacción en Latinoamérica. 

Más tarde, en los años 70, existió por ejemplo Fate Electrónica, que inició su curva de aprendizaje con máquinas calculadoras y registradoras pero siempre tuvo como objetivo el diseño de una electrónica más compleja para concretar nuestras computadoras. 

Ninguno de estos tres esfuerzos, con los que se busca ilustrar las preguntas iniciales, vio coronar con éxito una etapa definitiva de escala piloto y mucho menos de producciones en serie.

Y el motivo es que se los abortó antes de completar etapas críticas.

La foto que ilustra este posteo corresponde al primer automóvil diseñado y construido por la industria coreana en los años 50, el Sibal (Daewoo 1955). Obsérvelo, una “retro-ingeniería” del Jeep americano. No mucho que envidiarle a nuestro rastrojero de la IKA.

Hoy Corea disputa agresivamente el mercado norteamericano premium de camionetas utilitarias suburbanas (lo que aquí denominamos 4×4) con marcas locales y japonesas. Y nosotros tenemos balanza deficitaria de autopartes.

¿Qué pasó en el medio?

Corea incubó, defendió, protegió y finalmente, con éxito, desarrolló una industria automotriz propia, cuya tecnología le es un activo intransferible. Con muchos errores y regresiones en el camino, porque en ciencia y tecnología nadie nace sabiendo.

Argentina abortó aquellos impulsos iniciales. Y luego trasladó el poder de las decisiones en industria automotriz a multinacionales extranjeras. Que deciden qué, cuándo, dónde y cómo fabrican y qué cantidad de componente importado utilizan.

Algo similar se podría parangonar con la industria aeronáutica, esta vez no ya con Corea. Con nuestros hermanos brasileños: es difícil la historia contrafáctica, pero si se hubieran mantenido y defendido los avances en tecnología aeronáutica argentina hasta 1970, probablemente además de una Embraer, cuarta productora mundial de aviones, hoy estaríamos hablando de una EmARaer.

Recorriendo las oficinas y los pasillos de los edificios técnicos y de gestión de la empresa brasileña, uno escucha mucho acento argentino, che: son los viejos cuadros técnicos de nuestra fábrica de aviones en Córdoba que se vieron obligados a conseguir trabajo en el exterior; hoy peinan canas y ocupan funciones ejecutivas y de decisión estratégica en Sao José dos Campos. Allí donde el diablo nos cuenta nuestros pecados del pasado al oído.

La tecnología no es algo que se compra y se vende, como dicta la escuela neoliberal: es un complejo camino de aprendizaje sin maestros ni trayectorias seguras. 

Es el que recorrió INVAP a partir de que el accidente de Chernobyl, en 1986, pusiera en riesgo el futuro de su actividad principal, la nuclear. Hoy, 28 años más tarde y gracias a la defensa tenaz de lo logrado en tecnología aeronáutica, tenemos nuestro primer satélite geoestacionario de comunicaciones en el espacio.

Más que festejar el despegue, hay que festejar el camino que nos llevó hasta allí“.


“Tecnología y Política Económica”: comentando, después

octubre 15, 2014

Argentina

Aclaro que no pude estar presente en la Jornada sobre Desarrollo Tecnológico y Política Económica que hizo AEDA, la Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina. Me hablaron bien de las exposiciones de Guillermo Rus, vicepresidente de Arsat, y de un grupo que está haciendo nanotecnología. Pude ver entre los asistentes a Héctor Otheguy, Gerente General y CEO del INVAP y a otros pesos pesados de este momento en nuestro desarrollo.

Pero la única exposición que llegué a tiempo para escuchar fue la de Aldo Ferrer. Valió la pena. Sus 87 años no le quitan lucidez; en realidad, creo que se la agregan, si escucho a otros tipos más jóvenes que andan por ahí. (Para los mal pensados: no me refiero al breve cierre que hizo Paula Español; es que sólo fue un resumen joven y polentoso de los puntos principales del planteo de Ferrer).

Mi comentario: Encuentro válida su tesis: que hasta 1974, cuarenta años atrás, Argentina y el resto de los países más grandes de América Latina seguían un proceso de industrialización – en distintas etapas y con diferencias en cada uno de ellos – pero que usaban el mismo menú de herramientas teóricas y prácticas: aranceles altos, control de las inversiones externas, poder de compra del Estado volcado a la producción nacional… Estos conceptos estaban avalados, además, por el clima intelectual de la época.

(Los datos duros lo confirman: el crecimiento del producto industrial argentino durante la década del ´60 y hasta ese año, estuvo en el tercio superior de los niveles de esos años, que fueron muy buenos, en el mundo).

A partir, aproximadamente, de 1975, esas políticas se interrumpieron, para ser reemplazadas, paulatinamente, por las que surgieron del “Consenso de Washington”, la Revolución Conservadora de Thatcher y Reagan… Fueron reemplazadas, esto es, en América Latina y en el resto del mundo… excepto en el Asia Oriental. Ahí China y Corea, dos países de tamaños muy distintos, son los casos paradigmáticos de la continuidad de esas políticas. Y de su éxito. Esto también puede ser confirmado fácilmente en la literatura: lo ha estudiado en detalle, entre otros, Gabriel Palma.

Ferrer, y no sólo él, percibe que el clima intelectual ha cambiado, y no sólo en Argentina. Cree entonces que asistimos a un renacimiento de las políticas industrialistas, que “la primera edición de su libro (1974) fue el canto del cisne al final de una etapa, la reedición es el ave fénix del inicio de un nuevo ciclo”.

Por cierto, el planteo de Ferrer es mucho más complejo, y completo. Asume la necesidad de un proyecto político consistente en el Estado, de políticas de inclusión que garanticen la densidad nacional necesaria… No voy a volcarlo aquí. Compren el libro. Mejor, compren sus libros.

Lo que me interesa hacer es un plantear una inquietud. Sobre un punto que no se ha estudiado lo suficiente en la teoría y que figura poco en el debate político ¿Cuáles fueron las causas del reemplazo de esas políticas? Por supuesto, el debate político tiene una explicación a mano: Los Malos trataron de destruir la posibilidad de una sociedad industrial moderna que iba a limitar su poder. Claro, esas explicaciones de bolsillo siempre dejan algunos aspectos oscuros ¿Por qué lo hicieron en 1975 y no en 1960, por ejemplo? ¿Por qué no privatizaron las empresas del Estado en ese momento, y esperaron hasta quince años después, con Parlamento y sin represión clandestina? Sobre todo ¿por qué se dio un proceso similar en la mayor parte del mundo, excepto el Asia Oriental?

El marxismo tiene una explicación de mayor complejidad teórica: el descenso de la tasa de ganancia del capitalismo que se dio en los ´70. Plausible. Pero las pruebas están sólo en las escrituras del marxismo, justamente. No hay ningún dato concreto que avale que esto sucedió en todo el globo. Incluso en la entonces Unión Soviética.

Me animo a proponer, no una explicación, por cierto, sino una sugerencia por dónde buscarla: Estimo que en nuestro país – quizá también en muchos otros – no se encontró el equilibrio político y económico entre el poder del Estado, los empresarios y los trabajadores organizados que permitieran la continuidad de una sociedad que hoy vemos como más justa, que aseguraba un bajo desempleo, un bienestar modesto para una mayoría y una interesante movilidad social.

A los argentinos, en todo caso, nos iba a resultar mucho más difícil encontrarlo: la larga “guerra civil de baja intensidad” que se desata después del derrocamiento del peronismo en |955, la Guerra Fría que en América Latina se calienta ferozmente en los ´70…

Este es un tema para historiadores. Nos interesa porque, claro, hoy enfrentamos un desafío similar. En una sociedad distinta.

También aquí sugiero algo, que me parece más evidente que lo anterior: el equilibrio político económico, el proyecto viable que debemos asegurar, no puede basarse, como el del Asia Oriental, en una etapa de salarios bajos en términos internacionales. En eso, la herencia del peronismo fundacional sigue vigente: ese esquema es insostenible en la Argentina.


Argentina 2030

junio 23, 2014

Argentina 2030

Mi amigo Alejandro Pandra, a través del grupo La Hoja Argentina, me hizo llegar esta invitación a la presentación del libro Argentina 2030. Un tema en el que vale la pena pensar, en estos tiempos tan… coyunturales. Se trata de una compilación de artículos por autores diversos, todos interesantes, que ha hecho Paulo Ares, a 70 años de un famoso discurso del entonces Coronel Perón, Ministro de Guerra, sobre el “Significado de la defensa nacional desde el punto de vista militar“.

Es el que dio en la Universidad de La Plata el 10 de junio de 1944, y se lo recuerda como el de la “La Nación en Armas”, ¿les suena? Los invito a asistir a la presentación: es mañana martes 24 a las 19 hs., en Reconquista 46 – 9 ° piso. También les propongo que lean ese discurso aquí. Una mente lúcida analizando, en la coyuntura de ese momento, la guerra, la defensa nacional y las tareas de una Nación.


Para la autoestima argentina, y armenia, también

mayo 30, 2013

eurnekian_eduardo

Esta noticia que voy a subir a continuación me interesó mucho, y encaja con las notas que me gusta acercarles sobre desarrollos tecnológicos argentinos, pero vacilé antes de decidirme a incorporarla al blog.

Suena demasiado como el típico chivo de la publicidad institucional. Y – aunque no tengo objeciones contra esa actividad – no he recibido ninguna pregunta de la empresa mencionada sobre el valor del espacio.

Pero… el hecho que hubiera sido publicada hace pocas horas por el Financial Times – probablemente la revista de negocios más leída en el mundo – y que nunca ha mostrado demasiada simpatía por Argentina y mucho menos por nada que tenga afinidad con el gobierno kirchnerista… me decidió. Jude Webber es el corresponsal de FT, y lo más cercano a su voz editorial en todo lo que tiene que ver con Argentina.

He tratado de traducirla con la mayor fidelidad para los que no dominan el inglés o no han conseguido una suscripción de prueba a FT. Las podas de lo que entendí innecesario fueron mínimas. Así que estimo que la información va a ser de interés, cualquiera sea la opinión que tengan sobre la K burguesía. Ah, y si alguien pronuncia “capitalismo de amigos”, le pediría que me nombre un país donde pueda encontrar un “capitalismo de desconocidos”.

Un pionero argentino descubre un nicho en semiconductores

Por Jude Webber, desde Chascomús

Los trabajadores de batas blancas y zapatos de protección caminan por el brillante suelo azul de una flamante planta industrial construida en el sitio de una antigua fábrica textil.

Las máquinas ronronean en vez de rugir y se ve más como un hospital estéril que una parte importante de la revolución industrial del siglo 21 en América Latina.

Pero Eduardo Eurnekian, uno de los empresarios más exitosos de Argentina, cuya Corporación América administra 49 aeropuertos en siete países de América Latina y Europa, ha encontrado lo que ve como un nuevo nicho: los semiconductores.

Tiene previsto invertir U$S 1.200 millones en una operación que inicialmente producirá chips para tarjetas inteligentes, como los pases de viaje recargables, así como para los teléfonos celulares, tarjetas bancarias y pasaportes. Pero con el tiempo, el plan es abarcar toda la cadena de producción: desde la extracción de arena de sílice, para la fabricación de las obleas de silicio, a la producción de los sofisticados microchips.

Nada de la tecnología es nueva en sí – de hecho, la fábrica, ubicada en Chascomús, a 120 kilómetros al sur de Buenos Aires, producirá transistores, los “bloques de construcción” de los chips, espaciados entre 350 a 90 nanómetros de distancia. Los chips que forman el cerebro digital de los últimos gadgets, como el iPad, se construyen con transistores separados sólo 40 nm entre sí y son por lo tanto mucho más potentes. Los líderes del sector, como Intel, están construyendo fichas con transistores de 22 nm de separación.

Pero la compañía, Unitec Blue, quiere posicionarse como pionera en semiconductores en América Latina, capaz de suministrar chips de manera competitiva a la región que se adaptan a una amplia gama de aplicaciones industriales que no requieren tecnología de vanguardia.

… No se trata de producir más barato que Asia – algo que los expertos dicen que sería imposible -, sino competir en cosas tales como el tiempo de entrega.

… Empresas argentinas importaron chips por $ 980 millones en el 2012 y se espera que esa cifra aumente a $ 1.300 millones este año… El mercado brasileño es siete veces más grande. Y el mercado regional “al sur de México”, donde Unitec espera competir, representa $ 17 mil millones.

Brasil ha luchado durante años para conseguir una industria de semiconductores en funcionamiento. Ya cuenta con un fabricante de semiconductores a pequeña escala en Ceitec. IBM, y EBX del multimillonario brasileño Eike Batista también están planeando una joint-venture para la fabricación de chips. Pero Unitec está comercializando agresivamente.

Creo que hay espacio para un jugador regional porque todas estas fundiciones no están localizadas en América Latina” acordó Tuan Samuel Wang, vicepresidente de investigación de Gartner, una consultora de tecnología. La mayoría de los fabricantes de semiconductores se encuentran en Asia y los EE.UU., con la industria mundial dominado por TSMC de Taiwán.

En América Latina, Intel posee una planta en Costa Rica, pero no permite su utilización a otras empresas de primera línea.

Lanzar Unitec Blue en Argentina, no fue, sin embargo, sin obstáculos: las restricciones a las importaciones demoraron la entrega de la maquinaria necesaria de Alemania.

Pero esos controles a la importación impuestos por un gobierno proteccionista podrían dar a Argentina ventajas en el desarrollo de diseño de microchips y la “profundización de las posibilidades tecnológicas nacionales“, dijo Pedro Julián, un experto en la industria y profesor de la Universidad Nacional del Sur, que está trabajando en un proyecto de diseño de un microchip y dice fundición que monta Unitec podría ser “muy complementaria. Se están moviendo en un segmento en el que podríamos usar escala regional“.

La empresa, prevista para su inauguración oficial por parte de Cristina Fernández, presidenta de Argentina, el 4 de junio, está financiada en su totalidad por el propio capital de Corporación América. “Ahora es el momento de invertir en Argentina“, dice el Sr. Eurnekian. “Los activos están baratos“.

Argentina está acosada por una inflación que se estima en un 24 por ciento anual y los controles de divisas han asustado a otros inversores, como la brasileña Vale, lo que llevó a abandonar un proyecto de $ 6.000 millones.

Pero para este empresario, la ecuación es simple. “Trato de investigar los nichos donde hay potencial“.


Dos cosas que faltan: dólares y un Plan de Desarrollo

diciembre 10, 2012

dolaresQuiero volver a hablar en el blog de la madre de todas las batallas. La decisiva, para todos los países que no están situados entre el Mediterráneo oriental y la meseta iraní. Y aún allí…

En el caso que nos importa más, el nuestro, no caben dudas que es la clave. Más que lograr que el Grupo Clarín se adecue a la Ley de Medios; aún más que la elección presidencial en 2015. Porque ahí se decidirá quién gobierna, pero antes sabremos qué realidad tendrá que encarar.

(Hasta, es mi opinión, es más importante que los temas de salud pública que se discuten en el posteo anterior. Porque el respeto por el medio ambiente es algo que hacen, en todo el planeta, los países prósperos).

Afortunadamente, entre el material pendiente, tenía esta nota que Pablo Tonelli me hizo llegar el viernes. Mi trabajo de edición fué mínimo. Casi lo único que agregué fue el título.

DISCUTIENDO SOBRE LA RESTRICCIÓN EXTERNA

Pablo Tonelli. economista

Qué bárbaro sería que uno pudiera emitir dólares” dijo la Presidenta Cristina Kirchner, flanqueada por el Nobel Joseph Stiglitz, recientemente.

Dado que esto, desgraciadamente, es imposible, la carencia de divisas para sostener el proceso de desarrollo ha sido un tema recurrente de la política económica argentina.

En los años de la primera etapa de la sustitución de importaciones, allá por los cincuenta y los sesenta, dicha crisis se conoció como el fenómeno de “stop and go”. En líneas generales implicaba que las divisas, generadas centralmente (en un principio exclusivamente) por las exportaciones del sector primario exportador, resultaban insuficientes para sostener el desarrollo industrial. Lo que se traducía, finalmente, en una fuerte devaluación, con sus conocidas consecuencias sobre el mercado interno y los salarios, que provocaban un “ajuste” de la actividad económica (el stop) para luego, (no sin antes sufrir fuertes consecuencias) relanzar el proceso productivo (el go). Y así seguir.

En los años setenta y con un impulso sustitutivo de importaciones de nuevo signo esa dinámica, como afirma Alfredo Zaiat,”se hizo más compleja al incorporar el flujo de capitales internacionales”. Eso quiere decir que los desequilibrios comenzaron a financiarse con deuda externa, lo que ocasionó la crisis de la deuda de los años 80 y sus numerosas refinanciaciones con un crecimiento prácticamente nulo (stop de una década). En los noventa la extranjerización de la economía y el crecimiento (el go) se financiaron con endeudamiento externo hasta el colapso de la Balanza de Pagos que marcó el fin de la Convertibilidad (gran stop).

La extraordinaria expansión de la economía argentina de 2003-2011 hizo pensar que la restricción externa, como en el tango, era “un fantasma del viejo pasado”. Hasta que a fines de ese año (2011) la cuenta corriente de nuestra Balanza de Pagos quedó prácticamente en cero.

El economista argentino Fabián Amico afirma: “Desde los años 90, gracias a la apertura de la economía, cambió el patrón importador de la industria. Antes, cuando la inversión en la industria crecía, eso hacía crecer en buena medida la producción nacional de bienes de capital e insumos; hoy, tras la apertura importadora de los 90, cuando la inversión crece, aumentan más que proporcionablemente las importaciones de bienes de capital e insumos importados

Sintetizando, un poco esquemáticamente: en los 50, 60 y 70 (años de sustitución de importaciones y apoyo a la industria) las divisas que provenían del sector primario exportador eran insuficientes para sostener el proceso de desarrollo industrial sin alteraciones. El sector primario exportador (proveedor de los dólares) estaba estancado. En la actualidad (reinicio del proceso sustitutivo e industrializador como objetivos) con un sector exportador dinámico y buenos precios internacionales tenemos la restricción adicional de la ruptura de los eslabonamientos productivos en la industria y la desaparición de sectores enteros productores de insumos y bienes de capital nacionales. Este es el problema de la restricción externa hoy.

Como bien afirma Amico “esta situación puede legitimar los viejos diagnósticos ortodoxos”. Crecen las voces a favor de revalorizar la producción primaria en la que se tiene “ventajas comparativas” y se sugiere abandonar una industria “ineficiente”. Siguiendo a Amico “las mayores importaciones constituirían la manifestación de un “exceso de demanda” interno”. De ahí se pasa al ajuste, para la ortodoxia, inevitable.

¿Es posible evitar este desenlace? Mi respuesta es afirmativa.

Para ello como bien afirman Martín Schorr y Andrés Wainer, economistas de FLACSO. “La Argentina enfrenta dos problemas estructurales relacionados pero de índole diferente. Por un lado evitar que se produzca un estrangulamiento externo que pueda restringir o incluso revertir la expansión de la economía. Pero también se encuentra pendiente la cuestión del desarrollo y la competitividad en los sectores de la producción tecnológicamente más avanzados”.

El primer problema estructural es atacado por la estrategia del control de cambios y el régimen que llamo de “inconvertibilidad” del peso. Evitar a toda costa la fuga de capitales. Exitoso. Ahora bien, dado que el propósito de esta nota es discutir la política económica, me voy a referir a sus límites.

El segundo problema estructural se ataca con una clara política industrial. Aquí las falencias son más notorias y el problema mucho más complejo. Sumemos a esto el problema energético, pero vayamos por partes.

El estrangulamiento externo se ha evitado en primer lugar restringiendo la compra de dólares al máximo (racionándolos) y su éxito se mide en las Reservas acumuladas en el BCRA y en el superávit de la Balanza Comercial, es decir la diferencia positiva entre lo que exportamos e importamos. Reitero: Esta política cumplió exitosamente sus objetivos. Para ello se prohibió atesorar en dólares oficiales vendidos por el BCRA,  se controla fuertemente el saldo que se permite adquirir para turismo y existe una administración de las importaciones guiada por el principio de reducir el coeficiente de importaciones sobre el producto (es decir, que baje el total de lo que se importa en relación con lo que se produce).

¿Qué costos se pagaron?  El más notorio es que se afectó una variable clave para el crecimiento: La tasa de inversión ¿Por qué? Porque las restricciones a las importaciones de insumos y bienes de capital le pegaron fuerte a un proceso de crecimiento que ya venía desacelerándose. Además la necesidad de que el importador industrial de insumos para sus productos compense con exportaciones de cualquier índole, por ejemplo arándanos, las divisas que consume en su actividad, puede darse sólo en un momento puntual, no puede ser una política. El BCRA sostiene la imprescindible acumulación de reservas y para lograrlo se acota al máximo la transferencia de utilidades de las empresas al exterior en el marco de una economía fuertemente extranjerizada y se busca que dichas utilidades sean reinvertidas y no distribuidas a los accionistas.

La clave que une a los dos problemas estructurales mencionados es la ausencia de una estrategia de crecimiento industrial de largo plazo. Esfuerzo que lleva tiempo, calidad en los recursos humanos, coordinación de diferentes áreas, firmeza y claridad en la acción estatal, volcar la capacidad de  producción de tecnología nacional en el desarrollo de los procesos productivos.

Estos problemas se ven hoy con claridad. No eran parte de la agenda y las prioridades en el 2003 ni en el 2007. Ni en el 2009, en que la aguda crisis internacional nos golpeó de lleno. El agotamiento de las divisas para sustentar el desarrollo fue el síntoma que apareció en el 2011. En realidad son los hechos los que obligan a repensar las políticas. En 1952 la modificación del escenario nacional e internacional obligó al primer peronismo a repensar los objetivos del 1er. Plan Quinquenal que finalizó en 1951 y lanzar otro en 1953 con considerable retraso (Marcelo Rougier, La Economía del peronismo) e importantes modificaciones.

Ahora bien, el Secretario de Comercio y la Presidenta del BCRA no cuentan con una estrategia de sustitución de importaciones que privilegie objetivos sectoriales. Con lo cual se aplica el criterio de caja, simple y brutal. Tampoco tienen una alternativa a una Ley de Inversiones Extranjeras y a 59 tratados de Protección de Inversiones que aseguran la irrestricta movilidad de capitales, que no habilitan a hacer otra cosa más  que tratar caso por caso con las multinacionales y los grandes grupos locales.

Es entonces el Plan de Desarrollo la asignatura pendiente.  El que proporcione los indicios de largo plazo y los lineamientos para actuar en la coyuntura. Ahora que se hace visible como dice Amico que “la economía argentina aparece como una máquina vieja e ineficiente en el uso de divisas, ya que cuando funciona a altas velocidades pierde buena parte de su combustible”.

Lo de combustible también puede ser tomado literalmente. Sigo con Amico “las importaciones de combustible han aumentado persistentemente su incidencia en las importaciones totales desde comienzos de los años noventa, tendencia que se aceleró en los dos últimos años”, para llegar a constituir cerca del 13 %  de las importaciones totales según Héctor Valle, director de YPF.

La decisión estratégica tomada por el Gobierno fue la renacionalización de la empresa petrolera mayor, YPF, cuando la situación de nuestra Balanza de Pagos, fuertemente influida como dije por las importaciones de combustibles se tornó crítica. No obstante llegar al autoabastecimiento energético demandará tal vez un quinquenio. Y si se desea avanzar hacia esta meta con exploración, explotación y refinación sin encarecer brutalmente el costo de las empresas y castigar duramente el uso domiciliario, se necesita armonizar el despliegue de los subsidios a su consumo interno en el marco del Plan de Desarrollo fijado.

Los momentos históricos no se eligen ni están predeterminados en ninguna lógica. Los momentos históricos se transitan para bien o para mal.


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