Dilma habla con Lula. La policía escucha

marzo 17, 2016

Gracias al amigo Rodolfo Serra, que nos informa directamente desde Brasil, el blog de Abel, en su vocación de … (no, «servicio» no es el término apropiado, con tantos profesionales en el asunto), acerca a sus lectores esta grabación que tomó la Policía Federal brasileña, por indicación del juez Sergio Moro, de una conversación privada entre Lula da Silva y Dilma Rousseff. Son 9 minutos jugosos, aunque hay que tener un poco de paciencia al principio (cualidad necesaria en todo el que se dedica a las escuchas telefónicas).

El portugués de ellos es muy comprensible para nosotros. Y nos da un vistazo a la «cocina» de la política. Muy similar a la de acá.

dilma lula


La última carta en Brasil

marzo 17, 2016

lula

Lula da Silva, el anterior presidente de Brasil, fue nombrado ayer ministro Jefe de la Casa Civil -equivalente a nuestro Jefe de Gabinete- por la actual presidente Dilma Rousseff. Con esto, ella lo protege, en lo inmediato, del acoso del juez Sergio Moro -el cargo tiene fueros parciales- pero el hecho tiene un significado mucho mayor. Lula es el Partido de los Trabajadores, y el hombre que puede representar para muchos brasileños una memoria de tiempos mejores. Aunque hoy una mayoría de ellos estén hartos del PT y de los políticos.

Con él en el gobierno Dilma se desvanece. Será Lula el que tome las decisiones políticas y negocie los acuerdos necesarios para llevarlas adelante… si lo consigue. Otra consecuencia es que, adelantándose, el juez Moro dio a publicidad escuchas (saudades de Stiuso…) de Dilma avisando a Lula de su nombramiento, y de Lula discutiendo el asunto en el seno del PT.

Esto bastó para provocar de inmediato manifestaciones de los opositores al gobierno, a Lula y a Dilma. Nada nuevo. Desde hace muchos meses que se producen esos equivalentes a nuestros «cacerolazos anti K», con protagonistas bastante parecidos, para venir de sociedades muy distintas. Más numerosos y más persistentes que los de Argentina, hay que decirlo.

De todos modos, el hecho más significativo es, como pasa a menudo, lo que no sucedió. El gobierno del PT ha mostrado menos capacidad de movilización, menos solidez y apoyo popular, que el que tuvieron los dos gobiernos de Cristina Kirchner a partir del golpe que significó el conflicto con las patronales agrarias de 2008.

Por supuesto, en este drama -tan cercano y con tanto peso para nuestro futuro- los medios les van a ofrecer interpretaciones de todos los colores. Especialmente, dos. Los cercanos al gobierno macrista, que hasta hace poco hablaban maravillas de Brasil y del PT, comparándolo con el «populismo irracional» que imperaba acá, ahora aprovechan para trazar paralelos, y esperan que aquí también se persiga a la corrupción. La del gobierno anterior, claro.

Desde el peronismo, es instintiva y general la solidaridad con Lula, alguien que resuena con nuestros afectos. Y se comparte con la oposición de izquierda a Macri, la receptividad a planteos  que ven en lo que pasa en Brasil, en Venezuela, el triunfo de Macri, y hasta la derrota en un plebiscito de Evo como una ofensiva de la Derecha contra los gobiernos populares.

Creo que esto último es cierto. Hay una ofensiva, coordinada y estimulada por grupos mediáticos y por oficinas cuya tarea es esa. Hay un discurso común, primitivo pero eficaz, y sus agentes son identificables fácilmente: están en los medios masivos y también en las redes sociales.

Pero es necesario pensar también en porqué ahora esta ofensiva parece avanzar con tanto vigor, después de 15 años en que surgieron y se fortalecieron en América del Sur gobiernos que fueron llamados populistas y que lograron modestos logros en el bienestar de los sectores más humildes.

Lo dejo de lado, por ahora. Las batallas se libran en cada país, aunque sus resultados influyan en lo que suceda en los otros. Y en Brasil esa batalla política se da ahora. Dilma puede ser destituida por un juicio político en los próximos días. O el Tribunal Superior Electoral puede anular el resultado de las elecciones de octubre de 2014 por la supuesta financiación irregular de la campaña oficialista. Si una de esas dos maniobras tiene éxito, Lula -obvio- también caería.

A los que quieran seguir las noticias desde una fuente confiable -no sé si me consideran así, pero no soy periodista- les recomiendo el blog de Marcelo Falak, que también publica en Ámbito. Conoce en detalle la política brasileña.

Por mi parte, siguiendo mi vieja idea que las «noticias» son salpicaduras en corrientes más profundas, les acerco algo que subí al blog en junio del año pasado:

«Los politizados entre nosotros asumíamos que (lo que estaba pasando en Brasil) se trataba de algo parecido a lo que vemos todos los días en nuestro país; una ofensiva de medios opositores, con hechos reales e inventados, contra un gobierno “populista” (en este caso, uno que tiene algunas políticas sociales masivas, mantiene una modesta política industrial, y que está enfrentado con grupos económicos poderosos). El Grupo O Globo en el lugar del Grupo Clarín.

Esa puede haber sido la realidad al comienzo de esta ofensiva. Ya no es así: Hay una posibilidad significativa que sea una versión brasileña de la “mani pulite”, el proceso judicial, y de relaciones de poder, en Italia que a comienzos de los ´90 destruyó el sistema político que la había gobernado por casi 40 años, desde el final de la 2da. Guerra Mundial. Y se cargó a toda esa generación de políticos, de paso.

… Esta nueva fase de la “Operación Lava Jato”, que reveló una gigantesca red de sobornos que le costó más de 2.000 millones de dólares a Petrobras, investiga los delitos de “formación de cartel, fraude en licitaciones, corrupción, desvío de fondos públicos y lavado de dinero”, según un comunicado divulgado por la Policía. El escándalo tiene bajo investigación de la fiscalía a dos gobernadores, 13 senadores y 22 diputados en funciones.

Y ahora, a grandes empresarios: Se detuvo a 12 ejecutivos de dos de las principales constructoras de Brasil, incluidos sus poderosísimos presidentes. El titular de Odebrecht, Marcelo Odebrecht, y el de Andrade Gutierrez, Otávio Marques de Azevedo, fueron arrestados y acusados de ser una parte fundamental de “la mayor trama de corrupción de la historia reciente de Brasil”.

Ahora sabemos que Marcelo Odebrecht -el equivalente de nuestro Aldo Roggio, pero con una fortuna mucho mayor- ha sido condenado a 19 años de prisión.

Y, como nos cuenta Falak «El senador Aécio Neves (mencionado varias veces por delatores de la Justicia, pero en ningún caso investigado) y el gobernador paulista Geraldo Alckmin, los dos precandidatos presidenciales más potentes del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), escucharon aplausos pero también insultos, gritos de “corruptos” y silbidos en la calle, según consignaron medios tan insospechables de petismo como los sitios web de O Globo y Folha de Sao Paulo«.

Y si cae Dilma, junto con Lula, cómo sigue?: «La Constitución brasileña establece en su Capítulo II, artículos 80 y 81, la línea sucesoria en caso de destitución del Presidente: Vicepresidente, Presidente de la Cámara de Diputados, Presidente del Senado y Presidente del Supremo Tribunal Federal.

Si Dilma es destituida, el vicepresidente Michel Temer (de un partido que está evaluando abandonar el gobierno) asumiría. El problema es que el senador Delcidio Amaral lo denunció en su confesión, la misma en que el juez se apoya para acusar a Lula y a Dilma. Así, a un «impeachment» podría seguir pronto otro.

El titular de la Cámara baja es Eduardo Cunha, investigado también por haber recibido coimas millonarias en cuentas en Suiza. El del Senado, Renan Calheiros, es otro de los señalados por Amaral. Calheiros es, además, otro de los sospechados en el «Petrolão».

Por último, el presidente del Supremo, Ricardo Lewandowski, ha sido señalado por la prensa como partícipe de un encuentro de alto nivel en Portugal destinado a pactar una «salida política» al escándalo. Pero, ¿con qué apoyo gobernaría? Sin el PMDB no hay Gobierno posible en Brasil, pero ese partido, al que pertenecen Temer, Cunha, Calheiros y otros sospechados ya está desprestigiado ante los «indignados». Y, por supuesto, no es confiable para el PT.

Hay un fuerte eco de nuestro 2001 en lo que está pasando ahora en Brasil. Es mucho más admirable la construcción del PT, y su trayectoria en el llano, que la patética Alianza que gobernaba entre nosotros entonces. Y lo que hicieron por el pueblo brasileño, y por el orgullo de ese país, también, no es comparable. Pero el derrumbe de un modelo económico y la desmoralización de una clase política parece que tienen consecuencias parecidas.

Tal vez, los que critican al peronismo su vocación de poder y su … plasticidad, deberían repensar el asunto (No lo harán, claro). A los brasileños les vendría bien ahora una dosis de eso. Igual, confío todavía en su talento para el compromiso. Y alguna ficha le pongo a Lula.


La crisis en Brasil

junio 25, 2015

operacao-lava-jato

Lo que está pasando ahora en Brasil es lo bastante grave para afectarlos no solamente a ellos: También a toda la América del Sur. Especialmente a nosotros, por los vínculos económicos y políticos que tenemos – quieras que no – con nuestro vecino del Norte. El tema ha estado en los últimos días en los medios. Y sin embargo – podemos notarlo en ese termómetro de la atención colectiva que son las redes sociales – no tiene por ahora mucha repercusión entre los argentinos.

Hay pocas dudas que el motivo principal de esta desatención es que estamos en medio de una campaña electoral. Pero créanme, amigos: El desenlace de esta crisis puede influir en nuestro destino tanto como nuestra elección presidencial. Quizás, antes de octubre.

Es cierto que hay otro motivo para que los politizados entre nosotros no le demos tanta importancia: Asumíamos, en forma inconsciente, que se trataba de algo parecido a lo que vemos todos los días en nuestro país; una ofensiva de medios opositores, con hechos reales e inventados, contra un gobierno «populista» (en este caso, uno que tiene algunas políticas sociales masivas, mantiene una modesta política industrial, y que está enfrentado con grupos económicos poderosos). Digamos, el Grupo O Globo en el lugar del Grupo Clarín.

Esa puede haber sido la realidad al comienzo de esta ofensiva. Ya no es así: Hay una posibilidad significativa que sea una versión brasileña de la «mani pulite», el proceso judicial, y de relaciones de poder, en Italia que a comienzos de los ´90 destruyó el sistema político que la había gobernado por casi 40 años, desde el final de la 2da. Guerra Mundial. Y se cargó a toda esa generación de políticos, de paso. Lo que es seguro es que en los próximos meses o semanas se decidirá si el Partido de los Trabajadores continuará siendo la fuerza principal en la política brasileña. O será destruído = desacreditado.

Adelanto que no tengo la respuesta. La idea es un repaso breve de los últimos hechos, para recordarnos dónde están parados nuestros hermanos brasileños. Y alguna esquirla que, dicen, puede tocarnos a nosotros. Más adelante, trataré de subir algo sobre las respuestas en el PT.

El viernes pasado, 19/6, la Policía brasileña detuvo a los presidentes de Odebrecht y Andrade Gutierrez, dos gigantes de la construcción que trabajan en la infraestructura olímpica de Rio-2016, por el escándalo de corrupción en Petrobras.

En una operación que incluyó 220 efectivos, las fuerzas de seguridad realizaron arrestos en Sao Paulo, Rio de Janeiro, Minas Gerais y en Rio Grande do Sul. Entre ellos, el de Marcelo Odebrecht, al frente de la firma que lleva su apellido, y el de Otávio Azevedo, jefe del conglomerado Andrade Gutierrez.

Esta nueva fase de la «Operación Lava Jato», que reveló una gigantesca red de sobornos que le costó más de 2.000 millones de dólares a Petrobras, investiga los delitos de «formación de cartel, fraude en licitaciones, corrupción, desvío de fondos públicos y lavado de dinero», según un comunicado divulgado por la Policía. El escándalo tiene bajo investigación de la fiscalía a dos gobernadores, 13 senadores y 22 diputados en funciones.

Y ahora, a grandes empresarios: Se detuvo a 12 ejecutivos de dos de las principales constructoras de Brasil, incluidos sus poderosísimos presidentes. El titular de Odebrecht, Marcelo Odebrecht, y el de Andrade Gutierrez, Otávio Marques de Azevedo, fueron arrestados y acusados de ser una parte fundamental de «la mayor trama de corrupción de la historia reciente de Brasil». El operativo estaba bautizado Erga Omnes (en latín, «vale para todos»)

El juez federal Sergio Moro ya había dictado en noviembre pasado el arresto de una treintena de ejecutivos de otras grandes compañías -entre ellas, Camargo Correa, OAS, Mendes Junior, IES, Engevix, UTC y Queiroz Galvão, pero esta vez la decisión de ir detrás de los presidentes de Odebrecht y Andrade Gutierrez sorprendió al ambiente empresarial y produjo escalofríos en el gobierno de la presidenta Dilma Rousseff.

Varios de los detenidos en ese momento, además de algunos ex directivos de Petrobras, llegaron a acuerdos con la justicia para delatar a otros involucrados en la compleja trama que sacude al país. Fue así como en abril fue detenido el entonces tesorero del PT, João Vaccari Neto, hasta ahora la figura más próxima al gobierno que ha sido implicada en el caso. Sin embargo, el Tribunal Superior Federal autorizó en marzo la investigación de medio centenar de otros políticos oficialistas. «No tenemos duda alguna de que Odebrecht y Andrade Gutierrez capitaneaban un esquema de cartel dentro de Petrobras», apuntó el fiscal Carlos dos Santos Lima.

Para que los argentinos tengamos claro la dimensión del asunto, pensemos que no es como si en Argentina hubieran detenido a Lázaro Báez y a Nicolás Caputo, y, de paso, a Franco Macri, Vila y Manzano. No. Es como si estuvieran en cana, además, Aldo Roggio y Paolo Rocca.

En realidad, ya La Política Online, siempre insidiosa, publicó «Pánico en Techint por la detención de empresarios involucrados en el «Lava Jato». El operador Luis Betnaza está preocupadísimo por la participación del grupo en el caso. Es que el grupo de Paolo Rocca cerró contratos millonarios con Petrobras, investigado por la Justicia pro presunto pago de coimas millonarias y sobreprecios, en el marco del «Lava Jato», el caso de corrupción más grande de la historia del Brasil que tiene contra las cuerdas a Dilma Rouseff y amenaza con liquidar el legado de Lula«.

Dejemos de lado los alarmismos: Esta pelea se está dando en Brasil (con alguna repercusión en Miami y en Cuba, donde Odebrecht está encarando grandes proyectos). Y se juegan intereses poderosos, acordes al tamaño de la economía brasileña, unas tres veces mayor que la nuestra.

La lección más inmediata para nosotros es que no importa lo prudente que sea un gobierno y las buenas relaciones que procure mantener con el poder económico; si se debilita, los tiburones lo atacarán. Y las denuncias de corrupción en sus funcionarios y dirigentes son un arma inevitable en la sociedad moderna, donde todas las grandes y medianas empresas constructoras, en todo el mundo, tienen fondos reservados para aportes a la política.


Nosotros y la China

junio 5, 2015

La Plaza de Tiananmen en Beijing, China

Terminando la semana, quiero volver a uno de los temas permanentes, que los argentinos tendremos que encarar, salga como salga la interna.

El mes pasado Ignacio Ramonet publicó en El Dipló un artículo sobre la emergencia de China como potencia financiera – el nuevo aspecto que más nos interesa a nosotros. Ya lo subió el excelente blog Mundo Parió, así que no tiene sentido que lo repita aquí. De todos modos, quiero copiar los tres primeros párrafos, porque me parecen un «cuadro de situación» imprescindible:

«Contrariamente a lo que muchos piensan, China se halla aún lejos de representar un auténtico rival para Washington. En 2015, Estados Unidos sigue ejerciendo una indiscutible dominación hegemónica sobre el planeta. Tanto en el campo militar (fundamental) como en varios otros sectores determinantes: en particular, el tecnológico (Internet) y el soft power (cultura de masas). Esto no significa que China no haya realizado prodigiosos avances en los últimos treinta años. Nunca en la historia un país creció tanto en tan poco tiempo.
.
Sin embargo, el “Imperio del medio” sigue siendo un Estado “emergente”, con gigantescas bolsas de pobreza en diversas zonas del interior, y con un Producto Interior Bruto por habitante (PIB/per capita, 2013) de apenas 6.800 dólares, semejante al de, por ejemplo, Namibia, República Dominicana o Perú; muy inferior al de, por ejemplo, España (30.000 dólares), Francia (42.000) o Estados Unidos (53.000). Pero su masa demográfica es tan enorme (casi 1.500 millones de habitantes) que su peso económico global está alcanzando niveles inauditos. De hecho, desde diciembre de 2014, en términos de poder adquisitivo global de su población, China es ya la primera potencia económica del planeta. Su economía representa el 16,5% de la economía mundial, frente al 16,3% de Estados Unidos, que ocupaba ese puesto de “primera potencia económica” desde 1872…
.
Poco a poco, y a pesar de sus considerables flaquezas, Pekín va configurándose efectivamente como la única potencia capaz de establecer, a mediano plazo, una verdadera “rivalidad estratégica” con Washington. El presidente Barack Obama no se equivoca cuando identifica a China como el país que podría disputarle a Estados Unidos –en la segunda mitad del siglo XXI– su hegemonía planetaria«.

Ahora, lo que nos debe importar por encima de todo es qué pasa con nosotros. Por eso, copio aquí estas breves observaciones del lúcido Marcelo Falak:

«La visita del primer ministro de China, Li Keqiang, a Brasil termina de dar forma al cambio mayúsculo que experimenta Sudamérica en sus vínculos con el mundo. Mientras Estados Unidos concentra su atención en problemas de alcance global y, en el hemisferio, en la normalización de su relación con Cuba, el régimen de Pekín irrumpe en el que fuera el patio trasero de Washington con una cantidad de dinero suficiente para asegurarle una sólida influencia.

También diluye más, si todavía hacía falta, las aspiraciones brasileñas de liderazgo y establece una relación de poder ya no con la región como un todo sino, hábilmente, con cada uno de sus países, de modo radial. La asimetría del vínculo no podría resultar, de este modo, más flagrante.

Si hasta ahora China se había consolidado como garante financiero de procesos políticos sometidos a serias tensiones financieras, como Venezuela (que recibió en diversos conceptos unos US$ 50.000 millones desde 2007) y en menor medida la Argentina (con inversiones comprometidas por US$ 20.000 millones más), extiende ahora su influencia a Brasil, la mayor economía de Sudamérica.

Si bien al gobierno brasileño no le faltan divisas en el Banco Central para hacer frente a los pagos de su deuda ni a las importaciones que precisa su aparato productivo, las necesidades de Brasil no resultan menos acuciantes. El largo estancamiento de su economía necesita como el agua  la llegada de inversiones que ni el sector privado ni el sector público locales logran movilizar.

Cabe preguntarse si ese modo de relacionamiento radial (China con Brasil, China con Argentina, China con Venezuela, etcétera), establecido ya en germen en la promesa de destinar a la región inversiones por US$ 250.000 millones en diez años (lo que pone a competir por ese favor a nuestros países) es lo que conviene a los intereses regionales.

… Así las cosas, ¿en qué condiciones se recibe la inversión china? ¿Tiende este proceso al objetivo de diversificar e industrializar nuestras economías o, al revés, a crear enormes proyectos de infraestructura para sacar hacia Oriente materias primas invariablemente crudas? Es difícil hacerse preguntas de fondo cuando lo que manda es la urgencia«.

Resulta evidente que en este momento las urgencias, de Brasil, de Argentina, determinan políticas distintas. Pero la realidad geopolítica es la que es. Argentina y Brasil están condenados no al éxito sino a ser socios. Y encarar en forma mínimamente coordinada las relaciones con China debe ser una de las prioridades de nuestro próximo gobierno.


Brasil y China, dos a quererse

mayo 19, 2015

Dilma y Li Keqiang

Hace tiempo que no escribo en el blog sobre nuestro vecino del Norte, en mi opinión «el socio inevitable de Argentina». Tampoco lo voy a hacer esta vez, aunque la tormenta por la que está atravesando – más seria que la nuestra, toco madera – merece un análisis profundo. Ahora, apenas si tengo tiempo para acercarles algo sobre la visita del premier chino a Brasil (y a Colombia, Perú y Chile).

Por supuesto, esto está en los medios (la información de Ámbito es buena). Pero la mirada brasileña (en este tema Dilma y O Globo están de acuerdo) es interesante, y agrega algunos datos. Además, pueden practicar el portugués, que, estoy seguro, será útil. Y el mapa de abajo hace pensar.

Y si quieren leer sobre esa tormenta económica brasileña, les enlazo dos miradas, en nuestro idioma. En La Nación hay una nota bien escrita de Florencia Carbone, que – claro – plantea que el ajuste es apenas un problema temporal y necesario para reanudar la prosperidad en un año, a lo sumo. Y este posteo en el blog de Artemio, con muchos datos, nos dice que ese ajuste es solamente por la conspiración de gente mala a la que le gusta ver sufrir a los pobres.

Aquí, la visita del amigo chino, en O Globo (antes una aclaración: lo de «socio inevitable» tiene que ver también con las relaciones con China: el gigante asiático juega un rol parecido allá y acá, y es mucho más grande que nuestros dos países juntos):

«Brasil assina 35 acordos com a China em visita do premiê Li Keqiang

Primeiro-ministro chinês foi recebido por Dilma Rousseff no Planalto. Acordos envolvem US$ 53 bilhões, sendo ao menos US$ 7 bilhões com Petrobras

Entre as áreas que serão beneficiadas com os acordos anunciados nesta terça, estão planejamento estratégico, infraestrutura, transporte, agricultura e energia. Também haverá cooperação entre os países nas áreas de mineração, ciência e tecnologia e comércio.

Dos 35 acordos entre os dois países, outro de destaque é o ato para cooperação na elaboração de estudos de viabilidade do projeto ferroviário transcontinental, que prevê uma ferrovia ligando o litoral do Brasil ao Peru.

… O Brasil tem a China como principal parceiro comercial. Em 2014, as exportações para o país asiático somaram US$ 40,6 bilhões, enquanto as importações chegaram a US$ 37,3 bilhões, resultando em um fluxo comercial de US$ 77,9 bilhões, segundo dados do Ministério do Desenvolvimento, Indústria e Comércio Exterior (MDIC). Entre janeiro e abril deste ano, o comércio entre Brasil e China acumulou US$ 21,7 bilhões«.   (completo aquí)

Del proyecto ferroviario transcontinental que mencionan, encontré este bonito mapa en la BBC. Y me hace preguntar ¿cómo andan los proyectos ferroviarios trasandinos entre Argentina y Chile? La distancia es mucho más corta.

ferrovia


Estampas de «fin de ciclo»: El caso Brasil

abril 28, 2015

Dilma

El término «fin de ciclo» se convirtió entre nosotros en una frase hecha del periodismo (el opositor, claro) que le evitaba analizar relaciones de poder, proyectos alternativos… Se acababa un ciclo – el kirchnerista – y listo.

A partir de mediados del año pasado, la frase empezó a mostrar un cierto deterioro por el uso. A esta altura del 2015… ya está inservible. Y sin embargo, hay etapas que se terminan, cómo no. El mandato presidencial de Cristina Fernández, por ejemplo. En el plano regional, se puede decir válidamente que ha terminado un ciclo de altos precios de las materias primas, que se correspondió, aproximadamente, con el ascenso de gobiernos que rechazan el paradigma neoliberal vigente en los ´90.

El punto es que debemos tener claro que, en asuntos humanos, lo de «ciclo» es sólo una imagen (con el perdón de Spengler) que nos ayuda a armar un «relato». Por ejemplo, los precios de las commodities que exportan las naciones de América del Sur – con excepción del petróleo, estos últimos meses – son bastante mejores que los que tenían cuando la CEPAL alertaba del «deterioro de los términos del intercambio». Y que CFK abandone la Presidencia, no significa necesariamente que sus políticas económicas sean descartadas, o que su poder político desaparezca. Las realidades del poder, local y regional, van a cambiar, claro, pero eso es una constante universal, que no depende de plazos.

Digo esto porque el poder de Dilma Rousseff, la Presidente de Brasil, reelegida hace sólo 6 meses por 4 años más, y que fue en la mayor parte de su primer mandato la mujer más poderosa de la América del Sur, se ha licuado aceleradamente. Eso no ha tenido que ver con un plazo constitucional, sino con decisiones, de ella,  y de otros actores,  que lo provocaron.

En estos días, Dilma se enfrenta a una prueba decisiva: Vetar, o no, una ley en proceso de aprobación que precariza a los trabajadores brasileños. Lula ha pedido el veto, y los que defienden los derechos laborales llaman a movilizarse para este viernes, 1° de Mayo. Les recomiendo leer este posteo de Ramble, que describe bien el dilema, en un reportaje a Ruy Braga.

Aquí quiero ofrecer un panorama más general. Por eso les copio este artículo de Marcelo Falak, que hace 15 días describió bien este proceso. Luego agrego un par de observaciones breves.

«Entre el 26 de octubre del año pasado, cuando retuvo por tres escasos puntos porcentuales el Gobierno, y el 1 de enero último, cuando asumió su segundo mandato, Dilma Rousseff tomó una decisión que está signando su suerte: compensar aquella pérdida de poder relativa con una arriesgada decisión: pactar con los factores que marcan el paso de la política y la economía de Brasil.

Su promesa de campaña de un cambio dentro de la continuidad se ha concretado desde entonces más en lo primero que en lo segundo. Para empezar, con la convocatoria del ex banquero Joaquim Levy para el Ministerio de Hacienda, quien llegó con un plan de ajuste bajo el brazo que hace blanco, entre otras cosas, en las prestaciones por desempleo.

Pero ese intento de complacer a los mercados financieros, hijo del fracaso de una forma de heterodoxia que no impidió ni el despunte de la inflación ni la prolongación del estancamiento económico, tropezó pronto con resistencias en el Congreso. Resistencias oportunistas, que tienen como trasfondo el escándalo de Petrobras, cuyo dinero fluyó, con connivencias en el Ejecutivo, hacia las cuentas de decenas de legisladores. La resistencia, en algunos casos notables, asumió la forma nítida de la extorsión en busca de impunidad.

Los del Partido de los Trabajadores han sido, desde Lula da Silva hasta el presente, gobiernos con una cierta debilidad. Los votos les han dado mayoría para gobernar, pero nunca los dejaron ni siquiera cerca del control del Congreso. Esas mayorías necesarias se lograron siempre ex post, con el recurso al “presidencialismo de coalición”, que en el “Mensalão” de Lula y en el “Petrolão” de Dilma supusieron la compra impúdica de bancadas.

Sin embargo, la suma de una economía estancada, una devaluación brusca, políticas de ajuste y un escándalo de corrupción sin precedentes tiende más a alejar que a unir. Es la lógica de la mancha venenosa.

La rebelión del Congreso tiene como eje al más poderoso de los aliados del PT, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMBD), una confederación de cacicazgos regionales de talante conservador, que mantiene, pese a su tendencia a los escándalos de todo tipo, un envidiable despliegue territorial.

Al PMDB pertenecen el vicepresidente, Michel Temer; el jefe del Senado, Renan Calheiros; y el titular de Diputados, Eduardo Cunha. Si los dos primeros son las cabezas visibles del ala partidaria favorable a la alianza con el PT (o bien, oficialistas eternos, con quien sea que ocupe el Gobierno), el tercero es el referente del ala opositora. El resultado es que unos y otros operan sobre Dilma como el policía malo y el policía bueno. Cunha opera con eficiencia causándole al Planalto sonoras derrotas legislativas y los otros dos salen a surcir lo roto… siempre con ganancias de poder para el PMDB.

Un ejemplo de esto fue la votación de la generalización de la tercerización laboral en la cámara baja. Su artífice fue Cunha, pero el mismo día Temer debutaba como coordinador de la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo, asegurándole a Dilma que el ajuste, finalmente, verá la luz.

La Presidenta se opone a un proyecto que supone la pérdida de derechos de la base trabajadora del PT, pero, rendida ante su debilidad, apuesta más a suavizar el texto para que el Estado no pierda recaudación impositiva que a dar verdadera batalla esgrimiendo su derecho de veto. El PMDB podría enojarse.

Cunha explicó, no sin cinismo, que el Planalto no tiene porqué considerar ese proyecto un avance de la oposición, ya que, salvo el PT, el resto de la “base aliada” lo respaldó en el recinto. Mientras, Dilma deja caer la aspiración del ala izquierda de su partido de imponer una ley de medios e intentará dejar atrás la crisis por el espionaje de la NSA yanqui y reconciliarse con Barack Obama.

Es inevitable en este contexto que muchos de quienes votaron a Rousseff en octubre, aun siendo conscientes de lo mucho y pésimo que había ocurrido en Petrobras, se sientan ajenos a un Gobierno que ya no sienten como propio. Así lo testimonia el escuálido 12 % de apoyo que las encuestas dan hoy a la mandataria.

En solo cien días de su segundo mandato, Dilma aparece desgarrada por la torsión conjunta de los mayores factores de poder. Mientras, la oposición y la prensa la martirizan diciendo que presentó una “renuncia blanca” y que dejó el poder en manos del PMDB.

La decepción suele cobrarse un precio demasiado alto«.

No conozco lo bastante de la situación de Brasil para juzgar las decisiones de Dilma en el marco de su economía (mis comentaristas ultra K – «ultra keynesianos» – ya lo van a hacer). Pero desde la política, caben pocas dudas que han sido errores graves.

Los mercados financieros, por su propia naturaleza, no negocian, ni garantizan poder político. Puede llevarse adelante políticas total o parcialmente favorables a ellos – Menem, Cardozo, para el caso, Reagan, lo hicieron … – cuando había sectores numerosos en sus sociedades dispuestos a bancarlas. Si no es así…

Como lección para políticos brasileños, y también argentinos, queda el dato que la aprobación de los medios, locales e internacionales, de determinadas políticas, no le garantizan nada al que las ejecuta. Y como decía don Giulio Andreotti “El poder desgasta a quien no lo tiene”.


La lección de Brasil

marzo 6, 2015

Dilma_Rousseff-preocupada

Desde hace medio siglo, más o menos, los argentinos – en particular los empresarios, economistas y políticos – nos hemos acostumbrado a mirar con atención el proceso brasileño. Habitualmente para sacar ejemplos que mostraran la necesidad de seguir las políticas que queríamos promover aquí. El desarrollismo de Kubitschek, el impulsor de Brasilia, le dio argumentos a Frondizi, por ejemplo. Sobre todo, el crecimiento espectacular de Brasil a partir de 1964 contribuyó a inspirar el «desarrollismo autoritario» que fantasearon Onganía y Levingston. Como se ve, recetas que le sirvieron a nuestro vecino fueron mal aprendidas y peor aplicadas.

En los últimas treinta y pico de años – vale la pena señalarlo – la relación entre nuestros países se encauzó en forma racional – la sociedad de interés mutuo a la que la geografía y la geopolítica nos impulsan. En especial, Lula y Néstor Kirchner llegaron a conformar una dupla excepcionalmente armoniosa, que «cabalgó» con audacia y prudencia la política suramericana durante una década afortunada.

Y si Cristina y Dilma no han conseguido lo mismo, no puede atribuirse a que las intenciones y las capacidades no sean las mismas. Porque el hecho es que Argentina y Brasil hoy cuentan con mucho menos margen de acción.

Esta introducción – muy simplificada – sirve sólo para apuntar a un hecho: la economía de ellos y la nuestra están enfrentado problemas. Pero el arsenal de políticas que utiliza Brasil tiene diferencias importantes con el que aplica Argentina.

Atención con dos cosas: Estas diferencias – en mi opinión – no son fundamentales; digamos que usamos distintas herramientas para objetivos similares: defender un nivel de empleo industrial, mantener políticas sociales básicas, e impedir que disminuya la capacidad de intervención del Estado. Y esta elección de distintas herramientas y … actitudes desde el Estado para accionar en una economía capitalista no es de ahora: viene desde los primeros años de Kirchner y de Lula (Y, como nos cuenta Rafael Follonier, hacía que el argentino desconfiara del brasileño al principio de la relación «Este se parece a Menem«).

El gobierno de Lula – como luego seguiría el de Dilma – mantuvo desde el comienzo una actitud más «market friendly» que los de Néstor y Cristina. E incorporaron en cargos institucionales bien visibles a representantes del establishment económico de Brasil. En particular, en cuanto al manejo de los capitales especulativos y las políticas anti inflacionarias estuvieron y están más cerca de la ortodoxia económica que nosotros.

Insisto: es una diferencia de grado. Las políticas de NK y de CFK han sido y son mucho más «ortodoxas» que su discurso (En Europa decían que Néstor era un «Lula áspero»). Y las petroleras, las comercializadoras de granos, la mayoría de los bancos privados, Eurnekian, Franco Macri y ainda mais pueden decir que han hecho muy buenos negocios en los años K.

El punto, la lección que quiero marcar, es ahora: los gobiernos de Brasil y de Argentina, uno recién reelecto, otro cerca del final de su mandato, están, como dije, enfrentando desafíos graves.

El factor fundamental es político; siempre lo es. Y como muestra aquí mi amigo Contradicto, Lula sale a pelear hoy con tanta dureza como Cristina Fernández.

Pero también existe una realidad económica que condiciona. Estos años no son tan propicios para las economías de los dos países como los que disfrutaron una década atrás. Y, nuevamente, las políticas que elige Dilma son distintas. Copio una noticia que apareció, más o menos idéntica en todos los diarios del mundo, hace tres meses y medio, cuando la Presidente de Brasil, recién reelecta, nombró sus nuevos ministros:

«Dilma Rousseff elige un gabinete marcadamente pro mercado. A pocas semanas de ganar las elecciones con una leve diferencia de tres puntos, la presidenta brasileña Dilma Rousseff eligió a figuras pro-mercados para conformar su nuevo Gabinete.

Joaquim Levy, un ex hombre de la Universidad de Chicago y ex funcionario del Fondo Monetario Internacional (FMI), asumirá en el ministerio de Economía, donde reemplazará a Guido Mantega.

Otra figura liberal, el economista Nelson Barbosa, será el nuevo ministro de Planeamiento. Katia Abreu, presidenta de la Confederación Nacional de Agricultura, fue elegida para comandar el ministerio de Agricultura.

Los tres son representantes de sectores liberales, tal como pedía el mercado para frenar el déficit y encaminar la alicaída economía brasileña«.

La otra noticia es de estos días y también aparece en todos los medios internacionales, en distintas formas: Lo que pedía el mercado, no está funcionando.

La intención de este posteo no es hacer vacilar las convicciones de ningún creyente: los economistas del «mainstream» explicarán que esas sabias políticas no funcionan porque los políticos no las aplican con la suficiente firmeza. Y los que necesitan creer que el capitalismo es un sistema infalible y sus leyes son conocidas … pues lo seguirán haciendo. Si el crecimiento más lento de EE.UU. y Europa Occidental a partir de las reformas de Thatcher y Reagan no los convence, nada los convencerá.

Tampoco pretendo afirmar que las políticas que se aplican en Argentina – que en algún posteo llamé «neokeynesianismo chabón» – son maravillosas. No lo creo, eh.

La idea es tratar de decirle a los que asumirán responsabilidades a partir del 10 de diciembre que los defectos, o consecuencias negativas inevitables, no se van a solucionar «infundiendo confianza a los mercados«. Es una letanía que van a escuchar y leer una y otra vez. El último gobernante entre nosotros que la creyó fue De la Rúa, y así le fue.


Brasil y Argentina: Historia de dos industrias

noviembre 27, 2014


argentinabrasilflag

En un reciente posteo menor – donde quise mostrar un paralelismo en actitudes hacia el gasto público de las gestiones de nuestros hermanos brasucas y las nuestras, y también en los discursos de sus funcionarios – el talentoso bloguero Contradicto acercó un artículo, publicado este martes en la revista Carta Capital, del economista brasileño Luiz Gonzaga Belluzzo.

Les traduzco la mayor parte, porque creo que echa luz sobre los problemas de Brasil, que son, ¡sorpresa!, muy parecidos a los nuestros. Y después agrego unas observaciones mías, cómo no.

«En el debate electoral pocos se arriesgaron a exponer el daño causado a la industria brasileña por la combinación de tipo de cambio sobrevaluado y altas tasas de interés, mantenida en los últimos 20 años.

En el período 2004-2010, impulsada por los precios de las materias primas y el aumento de ingresos del «nuevo consumidor», la economía brasileña creció a tasas satisfactorias. Antes y después, mantuvo una trayectoria de crecimiento mediocre.

El origen de los malos resultados es la desestructuración de la industria manufacturera, cuya «realidad» se expone de manera espectacular en las cifras de la balanza comercial en el sector, lo que arroja un déficit de 105 mil millones de dólares en 2013.

Nacidas de las revoluciones ideológicas de las décadas de los ´80 y ´90, las políticas macroeconómicas importadas a Brasil por los corifeos la «nueva economía» llevaron a la reducción de las cadenas de suministro en varios sectores de la industria, especialmente en las áreas textiles, metalmecánica (especialmente la de bienes del capital), química y electrónica. La pérdida de enlaces en las cadenas significó reducción de valor para el mismo valor bruto de la producción, lo que en la práctica es la eliminación de los puntos de generación de ingresos y empleo.

La modernización restringida – en un contexto del Real sobrevaluado y ausencia de políticas industriales activas – provocó un aumento brutal de las importaciones de bienes de capital y el abandono de nuestra propia industria de equipos. Al mismo tiempo, se produjo la especialización en las líneas de producción de la industria pesada, que se tradujo en una mayor coeficiente de importaciones. Esta alta dependencia de las importaciones se ha convertido en estructural y que se manifiesta en la producción actual, incluso en condiciones de bajo crecimiento.

… A diferencia de la inversión extranjera de 60 y 70, que movilizó, directa e indirectamente, los proyectos para sustituir importaciones y / o estimular las exportaciones, la nueva etapa de «integración externa» ha aumentado la vulnerabilidad de la economía brasileña.

… Los acólitos del ultra-liberalismo de los mercados ignoraron el papel estratégico de los gastos de inversión pública en la coordinación de las decisiones privadas. El resultado habría sido más virtuoso si el proceso de privatización se hubiera dirigido a estimular la diversificación sectorial y la fortaleza financiera y tecnológica de la gran empresa privada nacional, aumentando su capacidad de competir aquí y en el extranjero.

En un artículo escrito con Julio Sergio Gomes de Almeida, indiqué que la falsa inserción competitiva de la economía brasileña está pasando factura. Falsa, porque las políticas de la década de 1990 entendieron que era suficiente exponer la economía a la competencia extranjera y la privatización para lograr ganancias micro y macroeconómicas de eficiencia. Se hizo en la dirección opuesta a los asiáticos, y se abrió la economía al reducir los costos de las importaciones.

… Lo que vemos en los anales de la “economía ortodoxa” muestra que aún prevalecen los que patrocinan las políticas que llevaron al mundo a la debacle de 2008«.  (completo aquí)

Lo primero que me impresiona – como le contesté a Contradicto – es que muestra que – a pesar de las diferencias en la estrategia anti inflacionaria, sobre los que se pone tanto énfasis – los problemas estructurales de la industria brasileña son muy parecidos a los nuestros.

Aquí en Argentina algunos economistas, incluso moderadamente pro mercado – pienso en Lucas Llach -, se han dedicado a «desmitificar» el llamado milagro brasileño, sosteniendo que su crecimiento, evaluado a lo largo de las dos últimas décadas, es bastante decepcionante.

Tienen argumentos, cierto. Pero si tomamos un período más largo – 60 años, por ejemplo – la diferencia entre los desempeños de nuestras dos economías es impresionante. A favor de ellos. Reconozcamos que el salto de productividad que puede darse al salir de una economía fundamentalmente primaria – como lo demuestra el caso chino – es mucho mayor que cuando ya existe un fuerte componente industrial. De todos modos, creo que es indiscutible que Brasil ha mostrado más coherencia que Argentina en sus políticas económicas (bueno, no es un desafío exigente).

Pero pienso que la reflexión más importante que podemos hacernos todos, argentinos y brasileños, es preguntarnos porqué las gestiones de Lula y de Dilma, y de Néstor y Cristina, han avanzado tan poco a lo largo de más de una década en modificar este marco estructural. Se me ocurre que el marco global, en lo material y en lo cultural también, nos condiciona mucho más de lo que a los militantes les gusta admitir. Que cambiar las políticas sociales y, por supuesto, el discurso, les resulta más fácil a los gobiernos que cambiar la realidad de la economía.


Dicen que el gasto público estimula la economía

noviembre 27, 2014

john-maynard-keynesEs sabido que los economistas K, sobre todo si son petisos, pueden decir cualquier cosa. Lo curioso es que esta vez lo dicen en portugués. Al menos esa fue mi primera impresión cuando entré al Jornal do Brasil, hoy, quinta feira, 27 de noviembre, y leí:

Secretário do Tesouro defende política de aumento de gastos. A redução do esforço fiscal nos últimos anos foi essencial para estimular a economia e impedir que os efeitos da crise internacional se agravassem sobre o Brasil. A avaliação é (la evaluación es) do secretário do Tesouro Nacional, Arno Augustin, ao fazer um balanço sobre seus oito anos no cargo … “Em relação à política fiscal para o próximo ano, é normal que, em início de mandato, haja contenção [de gastos]. Inclusive, acho importante um ajuste de tempos em tempos porque a máquina pública tende a se autoalimentar. Se isso ocorrer no ano que vem, será bastante normal”.

Seriamente, creí interesante traerlo porque Clarín nos está informando en estos días: Fuerte malestar en el PT por el giro neoliberal de Rousseff (El día anterior traía exactamente el mismo título, pero con «giro liberal«. No era lo bastante fuerte, parece).

No estoy lo bastante al día de la política interna brasileña para opinar sobre el asunto. Leyendo los diarios brasileños, no tengo la impresión de un «volantazo» en la política económica (Mantega no está contento con irse, pero qué ministro lo está?). Seguramente Flics, Baleno, Gonzalo Bustos, u otra gente sabia de la blogosfera podrán ser más precisos.

Lo que quiero señalar aquí es que, más allá de si estas noticias forman parte de la campaña (creo que sí), Clarín y el resto de los medios opositores han conseguido instalar que «el nuevo gobierno que asuma en 2015 deberá hacer un ajuste muy duro«. Se ha convertido en un difuso «sentido común», sobre todo en la oposición. Lo que – dicho sea de paso – me parece idiota como estrategia electoral. Las «Doñas Rosas» de ambos sexos tienen simpatía inicial con la idea de «ajustar el cinturón», pero si empiezan a pensar que es su cinturón…

Estimo entonces que muestra un pensamiento político-social que trasciende lo electoral. Y que tiene vínculos con el que impone una austeridad excesiva y absurda en la Unión Europea.

Y, como soy de los conservadores que piensan que la economía existe (el posmarxismo lacaniano, más progre, insiste que todo es interpretación) me siento obligado a expresar mi opinión, por lo que valga: El gasto público no es perjudicial en sí mismo, excepto cuando ahoga a la actividad productiva. Situación mucho menos frecuente que las quejas de los empresarios por el asunto. Sucedió en Roma, en los tiempos de Diocleciano, y sin duda en otros lugares, pero no me parece que es el caso en Argentina.

Por supuesto, como dice don Arno, el gasto público tiende a crecer por sí mismo, y alguien debe poner límites. Los árboles no crecen hasta el cielo, porque se caen. Además, sí creo que tenemos en Argentina un problema serio en el nivel de inflación que soportamos. Los brasileños han sido más intransigentes con este asunto, y pagan un precio en las altas tasas de interés que atraen al capital especulativo.

Por eso o por otros motivos, Néstor Kirchner despachó a Lavagna a fines de 2005 cuando quiso poner metas de inflación. Ahora, por supuesto, el gobierno enfrenta el problema con el único sistema que funciona: el enfriamiento (forzoso, en este caso) de la economía. Hay que reconocer, eso sí, que el gobierno lo está haciendo en forma moderada y sin recortar alevosamente los gastos sociales. Y con un discurso keynesiano de izquierda, faltaba más.


¿Qué hacemos con Brasil?

octubre 27, 2014

Joaquin Torres Garcia 04

Pueden decir que soy un plomo, y es probable que tengan razón. Pero quiero invitar a los argentinos que festejan la victoria de Dilma Rousseff en las elecciones brasileñas – yo soy uno de ellos, aclaro – a hacer una pausa para reflexionar: ¿Cómo sigue?

Este planteo no es uno de los que abundan hoy a la mañana en los medios, que analizan – o torturan – los números de ese triunfo para hacerles decir lo que esos voceros ya venían diciendo antes – en algún caso, basados en un pronóstico distinto. No. Más que una moraleja, les propongo una pregunta, con un enfoque diferente.

Y me apuro a hacerla porque estos cuatro años más de gobierno del P.T. – seguramente la más cercana al oficialismo argentino de las opciones posibles en nuestro vecino – inclinarán a muchos militantes «nac&pop» a esperar – a no pocos, a seguir reclamando – que Brasil se ponga a la cabeza del proceso de integración suramericana, dándole un contenido bien populista, además.

Les adelanto mi opinión, compañeros: No lo va a hacer. No más, tal vez un poco menos, de lo que ya ha estado haciendo en esa dirección. Que es mucho más, seguro, de las expectativas «realistas» de quince años atrás. Pero mucho menos de lo que se necesita para transformar en irreversible el proceso de construcción de una unión política y económica sólida en la América del Sur.

El análisis, y la argumentación, de este planteo lo tengo que desarrollar en varios posteos, si ustedes y yo tenemos paciencia. Lo que voy a decir ahora es simplemente que el nuevo gobierno del P.T. y, sobre todo, Brasil mismo, tienen menos capacidad para ejercer ese liderazgo de la que tenía cuatro, seis años atrás. Lo que no significa negar, ojo, que Brasil es el Estado nacional más poderoso del subcontinente, y un socio necesario, fundamental, en cualquier política de conjunto.

Esto último me pareció muy necesario decirlo porque dos inteligentes comentaristas, que hacen sesudos aportes al blog, Marcelo Arndt y Daniel Arias, y no sólo ellos, han insistido en los últimos días que con Brasil, y también con Uruguay, falta el «affectio societatis» necesario para construir esa unión.

Amigos, en las uniones de naciones, aún dentro de las naciones, no es un factor decisivo la existencia previa de afecto. Al menos, yo no detecto una afección profunda y sincera de los franceses en general por los alemanes en general. Ni siquiera de los cordobeses en general por los porteños en general. O de los santiagueños por los tucumanos.

El elemento decisivo más frecuente, la historia nos lo dice, es un enemigo peligroso común. A mí se me ocurren algunos candidatos en el caso de la América del Sur, pero al no haber ejércitos invadiéndola es difícil que todos nos pongamos de acuerdo en enfrentarlos. Ni siquiera existe hoy ese acuerdo dentro de nuestros países…

La historia también nos muestra otro factor muy común en la construcción de una unidad sólida, aún de una Patria: un Estado victorioso en la guerra y con voluntad de unificación: Prusia para Alemania y Saboya para Italia en el siglo XIX, Castilla para España en el siglo XV, el reino de Qin para China algo más de dos mil años atrás… Eso tampoco está entre las opciones realistas en el presente de Suramérica, y es mejor así.

Al mismo tiempo, los acuerdos son necesarios, o «nos devoran los de afuera». Entonces compatriotas me parece que la pregunta del título sólo se puede responder si la dividimos en dos, estrechamente vinculadas: ¿Qué podemos hacer con Brasil? ¿Qué podemos hacer sin Brasil? Y tengamos claro que responder a la segunda pregunta depende de nuestra iniciativa, y también de que podamos convencer a la otra mitad de la América del Sur, la que habla castellano, que tenemos sus intereses y su destino en cuenta. No será fácil.


A %d blogueros les gusta esto: