BRICS, BRICS Plus y el proyecto de China

septiembre 8, 2017

Supongo que los medios argentos hablaron de la reunión en esta semana  de los BRICS. Igual, creo que conviene repasar lo que dijo Xi. Ahí estaban escuchando Peña Nieto, y Temer, que llevó su plan de privatizaciones. Tal vez evaluan que, si son economías dependientes, mejor eleģir de quién.

Xiamen, China. En la primera sesión de trabajo del grupo de países Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), el presidente chino Xi Jinping se pronunció nuevamente contra el proteccionismo económico y comercial y abogó por una nueva economía mundial y un sistema de comercio multilateral.

Insistió en la oposición de las naciones de este bloque a toda forma de proteccionismo, pues en un mundo interdependiente e integrado, ‘’la apertura y ganar-ganar son la única opción’’, dijo.

En este encuentro, donde México junto con Guinea, Egipto, Tailandia y Tayikistán figuran como invitados especiales, Xi Jinping expuso que desde el inicio del siglo 21, el surgimiento colectivo de mercados emergente y países en desarrollo se ha convertido en una tendencia irreversible.

Además, recientemente estas naciones han hecho una contribución mayor al crecimiento global y representan el 80 por ciento de aquel desde 2016, “y son dignos de ser nombrados como el motor principal de la economía mundial’’.

Enseguida pidió no perder de vista los crecientes riesgos de la presión y la incertidumbre de la economía global. “Las negociaciones del comercio multilateral están paradas y la aplicación de los acuerdos de París sobre cambio climático se enfrentan a resistencias’’.

Algunos países recientemente han volteado a su interior y “ya no se ven inclinados a participar en cooperación para el desarrollo internacional’’.

Cada día hay una nueva etapa y ritmos donde hay mayor competencia enfocada en los intereses y reglas y esto hace que el ambiente externo para los mercados y países en desarrollo sean más complejos, con mayores retos y “un barco que va a contracorriente debe seguir con fuerza o se arriesga a quedarse atrás’’, destacó el líder chino.

Frente a ese escenario Xi Jinping habló del necesario trabajo conjunto de los mercados emergentes y de los países en desarrollo ‘’para hacer una mayor contribución al crecimiento global’’ y lograr una economía mundial abierta.

“Necesitamos abogar por una nueva economía global, apoyar el régimen de comercio multilateral, oponernos al proteccionismo y volver a equilibrar la globalización económica para hacerla más incluyente y equitativa’’, insistió.

Los trabajos de la plenaria de Brics iniciaron antes de las 11 horas del martes y como desde el primer momento -y en congruencia con lo expresado en otros foros- Xi Jinping arremetió contra el proteccionismo porque “un juego de suma cero no ayudará a la economía global’’, dijo.

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A 100 años de qué?

septiembre 7, 2017

Estoy lejos de lo cotidiano argento, y no puedo discutir los temas que nos apasionan. Por eso, quizas, me parece interesante ver como otra sociedad maneja memorias mas pesadas que las nuestras.

Este es un texto de Rosalba Castelletti para La Repubblica, que aqui publico Ñ. Literario, pero me consta que describe una realidad.

Una sensación de catástrofe inminente acompaña al visitante que avanza por las salas de la muestra 1917-2017 – Código de una revolución. En la entrada del salón dedicado a la Revolución de Octubre las luces de neón dejan lugar a un reflejo rojo oscuro, casi del color de la sangre, una alusión no demasiado velada al costo humano del levantamiento social. En otra parte, junto a un busto de Lenin con una sonrisa siniestramente sardónica, un cartel dice con claridad: “En Moscú la toma del poder por parte de los bolcheviques condujo a violentas batallas y a centenares de víctimas”. En línea con la postura oficial: las revoluciones provocan violencia e inestabilidad, deben evitarse a cualquier costo y todo menos celebrarse.

1917 fue el año que puso fin a un imperio secular, generó dos revoluciones e inauguró la era del comunismo, cambiando irrevocablemente el curso de la historia de Rusia y del mundo entero. Y mientras que un siglo después Occidente recuerda con documentales, libros y reseñas los eventos que en 1917 vieron el paso de la abdicación del último zar Nicolás II al primer gobierno comunista del mundo en pocos meses, el Kremlin se dedica a formular una respuesta unívoca sobre cómo debe tratarse el centenario. “Las lecciones de la historia son necesarias sobre todo para reconciliar, fortalecer la armonía política, social y civil”, dijo el presidente ruso Vladimir Putin en diciembre, invocando “un análisis profundo, honesto y objetivo de 1917”. De este modo ha desviado el aniversario al ámbito académico. Eventos de perfil bajo, preferiblemente privados. Ninguna fanfarria.

1917-2017. Codice di una Rivoluzione, inaugurada el 22 de marzo cerca del Museo de Historia Contemporánea de Moscú, conocido hasta 1998 como Museo de la Revolución, es una de las pocas iniciativas abiertas al público. Pero público se ve poco. Hay solo un grupo de turistas portugueses. La guía que los acompaña les muestra las reliquias, pocas, a decir verdad, de la “Gran Revolución Rusa”. Es la fórmula adoptada hace diez años en los manuales de historia: engloba en un único bloque tanto la Revolución de Febrero como la que llaman la “Gran Revolución socialista de octubre” e igualmente la guerra civil. “En este esquema los blancos y los rojos han luchado todos por una Rusia más fuerte: imperial los blancos, soviética los rojos”, sostiene Korine Amacher, profesora adjunta de historia de Rusia y de la URSS en la Universidad de Ginebra.

En esta versión unificadora de la historia rusa que el gobierno procura construir –una larga marcha hacia la grandeza– 1917 encaja mal. Un siglo no ha alcanzado para ponerse de acuerdo con la herencia de aquel año tumultuoso. “¿Pasaron solo cien años o ya pasaron cien años?”, pregunta Anatoly Torkunov, jefe del comité organizador del jubileo y rector de la Universidad Estatal de Moscú.

La eliminación y desacralización de la revoluciónno es un hecho nuevo. En los setenta años de la URSS la toma del poder por los bolcheviques el 7 de noviembre —25 de octubre según el calendario juliano adoptado en aquel entonces—, se celebraba con grandes pompas y el imperio zarista era demonizado. Todo cambia a fines de los años ochenta con la perestroika y la apertura de los archivos sobre los horrores del régimen. Después de la caída de la URSS hay un vuelco por el cual se ve a la familia real canonizada y al levantamiento ya no como locomotora de la historia, sino como un “golpe” o una tragedia nacional. En 1996 la fiesta del 7 de noviembre es sustituida por una vaga Jornada de la Unidad y la Reconciliación, que en 2004 pierde incluso el estatus de festividad. Hoy en noviembre desfila en las calles solo un puñado de comunistas nostálgicos. Los liberales prefieren recordar en cambio la Revolución de Febrero, que llevó al nacimiento de la vanguardia y a reformas como el sufragio universal. Los oficialistas están convencidos de que las revoluciones son peligrosas por definición y están orquestadas por fuerzas externas. Se trate de la de febrero, auspiciada por los británicos, de la de octubre, financiada por los alemanes, o de las más recientes “revoluciones de colores”.

Pero basta con moverse por Moscú, la capital adoptada en lugar de San Petersburgo, que hace cien años pasó a ser el corazón del país, para notar cómo la iconografía de la Revolución sigue estando intercalada en el tejido de la vida cotidiana, aunque de manera confusa. La momia del fundador del comunismo ruso, Vladimir Lenin, yace en el mausoleo de mármol de la Plaza Roja que está frente a las grandes tiendas de lujo Gum. Diversas calles tienen nombres ligados a él: ulitsa Krupskaia está dedicada a la esposa de Lenin, ulitsa Maria Ulyanova a la madre y ulitsa Dmitri Ulianov al hermano. También las estaciones más céntricas del subterráneo recuerdan la Revolución: Oktyabrskaya, delante de la cual se yergue una monumental estatua de Lenin y están la Leninsky Prospekt (cada ciudad rusa tiene una), Biblioteka Imeni Lenina y por último Ploshchad Revolyutsii a espaldas de la Plaza Roja. En los monasterios y en los hogares los fieles más fervientes veneran como un mártir a Nicolás II, canonizado en 2000.

Es la misma ambigüedad de Putin.Se arrodilla en la iglesia, pero no rompe su viejo carnet del Partido Comunista. Se presenta como heredero de los zares, pero siente nostalgia por los días gloriosos del imperio soviético. Sin embargo, prefiere no indagar demasiado en su momento fundacional: la Revolución derrocó a los zares que él evoca, pero hizo nacer la URSS que exalta como modelo. Se resiste a enterrar a Lenin, pero lo acusa de haber colocado bajo los cimientos del nuevo Estado una “bomba de tiempo” que provocó la disolución, “la más grande catástrofe geopolítica del siglo XX”, como la definió. Y ha rehabilitado a Josef Stalin, dictador sanguinario que no obstante triunfó en la Segunda Guerra Mundial y construyó la grandeza de la URSS.

“Putin es una criatura de la KGB,pilar del partido en el poder de la ex URSS, siente los vínculos que lo encadenan genéticamente al pasado soviético y de aquel pasado mantiene el sentimiento de gran potencia y el espíritu imperial, pero detesta los alzamientos desde cuando aparecieron a las puertas de Rusia las ‘revoluciones de colores’”, nos dice Lev Gudkov, director del Instituto de Encuestas Independientes Levada Center. El mantra de Putin es restaurar la estabilidad posterior a los cambios que siguieron a la caída de la URSS y devolver Rusia a la gloria del pasado. Por eso conmemoró con entusiasmo los 400 años de la dinastía Romanov o el 70° aniversario de la victoria sobre el nazismo: exaltaban muy bien la grandeza imperial de Rusia. En 1917, en cambio, no ve ningún mito edificante. El punto es cómo conmemorar un acontecimiento que se opone a todo lo que él promueve.

Paradójicamente, la respuesta de los pensadores liberales y oficialistas es unánime. “El centenario se conmemora, sí, pero no se lo celebra, ni festeja. Se lo entiende íntegramente como medio para sacar conclusiones y extraer enseñanzas”, dice Lev Gudkov. De igual parecer, Dmitri Zimin, empresario y fundador de la Fundación Dinastía, nombrado agente extranjero: “El siglo pasado es un siglo de pérdidas, de saltos fallidos. Se disolvió todo”. Julia Shakhnovskaia, a cargo del Museo Politécnico, sube la apuesta: “No podemos festejar la Revolución como el nacimiento de una nueva Rusia porque no somos sucesores de aquella época. No hay continuidad hasta nuestros días”. “Nada de aquel año puede usarse hoy en propaganda”, sostiene Mikhail Zygar, ex director del canal independiente de TV Dozhd y autor del best-seller publicado en varios idiomas como Todos los hombres del Kremlin.

A Zygar se debe uno de los pocos esfuerzos por conmemorar el centenario dentro del vacío de iniciativas gubernamentales. Es el cerebro de Project 1917, que relata en ruso y en inglés la Revolución en tiempo real en un sitio de Internet y en los medios sociales a través de perfiles de centenares de protagonistas de la época, no sólo políticos sino también artistas e intelectuales. Ha excavado en los archivos nacionales para transformar fragmentos de cartas, diarios, telegramas y memorias en la actualización de situaciones y restituir instantáneas de cada día, incluidos la meteorología, el precio del pan y un falso noticiero de televisión. “Debemos aprender a hablar de nuestra historia de manera tranquila; con frecuencia se habla nerviosamente”, dice. El grupo de medios progubernamentales Rossiya Segodnya ha lanzado un proyecto similar abriendo en Twitter la agencia de prensa ficticia Russia Telegraph. No obstante, son iniciativas relegadas a confines virtuales. En Occidente, de Irlanda a Francia, que aún agita la llama revolucionaria, el silencio ruso resulta extraño.

“La última Navidad en Moscú le pregunté a todo el mundo: ‘¿Qué pasa entonces el año que viene para el centenario?’. La gente eludía la pregunta”, cuenta Valerio Festi, cofundador del grupo homónimo. “De todos modos hemos elaborado un proyecto sobre los cien años de la Revolución y después lo presentamos en una gira porque no encontramos interlocutores en San Petersburgo”. Y así el 6 y 7 de noviembre la plaza del Palacio frente al Museo Hermitage se convertirá en un escenario con actores, bailarines y proyecciones. “El nuestro será el único evento que conmemore la toma del Palacio de Invierno. La relataremos desde el punto de vista social. Los protagonistas serán el pueblo y las vanguardias. La política quedará en el fondo, única condición puesta para aprobar el proyecto”, explica Monica Maimone, regista y directora artística. En suma, si la Rusia de Putin celebra al menos el día clave del centenario de su Revolución, será gracias a un grupito de emprendedores obstinados y artistas, todos italianos.


Argentina Militar XI – Cómo destruir un portaaviones II

septiembre 6, 2017

Voluntarioso, Daniel Arias continúa su popular (entre los que saben algo del tema) saga, aunque yo esté de viaje. Advierto al respetable que me limité a subirlos. La corrección de pruebas, y el tamaño de las entregas son responsabilidad suya. Y es culpa de mi ausencia que Uds. no puedan disfrutar de las imágenes. A ellas se refieren las frases en cursiva en medio del texto. Cuando los capítulos se reúnan en una versión más ordenada, las imágenes estarán.

  1. Preparados, aponten… 

Un Skyhawk A4-Q de “Los Tábanos”, con la nariz bien para arriba, “apontando” en el 25 de Mayo sobre la zona de cables de frenado, con la esperanza de enlazar alguno con el gancho de cola. A derecha, un SUE en el mismo trance. Nada bajo las alas, salvo los tanques suplementarios, suponemos que razonablemente vacíos.

Catapultarse desde un portaaviones es una rutina peligrosa y bastante terrible, por cuestiones de inercia, para las vértebras cervicales de los pilotos. Pero lo realmente insalubre es posarse con un reactor sobre una cubierta muy corta y en movimiento, incluso si uno está regresando con un avión intacto y sin agujeros de metralla.

Los pilotos navales embarcados no aterrizan, “apontan”, verbo acuñado para generar envidia en los pilotos de caza de la Fuerza Aérea. Apontar hace de los embarcados la élite de esa otra élite, la de los pilotos de combate. Es una maniobra que se hace forzosamente con la nariz hacia arriba, actitud del avión que a veces se contagia a su tripulación.

La precisión de un apontaje es casi inentendible. Hay que colocar el gancho de cola del avión en un espacio corto de la cubierta de popa, donde están, uno tras otro, los cables de enganche de acero, amarrados a sus cabrestantes hidráulicos de frenado. Si uno le pifió al último cable, el avión sigue de largo y hay que escaparse volando, sin haber rozado siquiera la cubierta con una rueda del tren trasero.

Ya ahí estamos hablando de algo mucho más arriesgado que el “toque y despegue” con que se aprende a aterrizar en los aeroclubes. Uno entra con motor “en ralentí”, planeando, “llama” a la nariz (la levanta unos pocos grados) y al hacerlo, el avión entra en pérdida y apoya liviana y brevemente una rueda en tierra. Pero en lugar de completar la pérdida controlada que es un aterrizaje, es decir apoyar el resto del tren, se da motor y se hace un “escape” por aire, aumentando la velocidad y levantando apenas la nariz, para no provocar otra pérdida. La secuencia es planeo, brevísima pérdida, apoyar rueda, dar motor, salir volando.

Al apontaje, en cambio, se entra volando con mucho motor, no planeando, y a una velocidad promedio un 10% superior a la del catapultaje. Lo mejor es hacerlo con “ala limpia” (libre de cargas pesadas), o lo más limpia posible. Un SUE entra al portaaviones volando a 258 km/h, y el enganche es a ciegas, porque la nariz del avión mira bien hacia arriba, tapa la visual del piloto y ver qué pasa ahí abajo resulta conjetural. Portaaviones, ¿estás ahí?

Y ahí abajo es todo rock and roll.

Según vengan el mar y la meteorología, el portaaviones puede hacer 6 movimientos distintos simultáneamente. Desde ya, los 3 familiares de rolido, cabeceo y guiño que tan soberbios vómitos causan en los terrícolas como yo. Pero según manden sus tremendas máquinas, el viento y las olas al tironear de sus extraños cascos “mangudos”, los portaaviones también suelen resbalar de golpe hacia atrás, derrapar de lado, o subir y bajar la cubierta en vertical, estilo ascensor.

Un portaaviones en mar gruesa es una coctelera en manos de un mono. Por eso, apontar se parece a aterrizar en una azotea, pero en medio de un terremoto.

El USN Harry Truman mandándose un viraje cerrado, con rolido y derrape. Otro día apontamos…

¿Por qué ese plus de velocidad para apontar? Si uno no logró enganchar el último cable de frenado, hay que pasar rugiendo y rasante sobre la cubierta y rajarse sin haber dejado de volar en ningún momento, para evitar el “pluff”. Nada de pérdida, nada de apoyar una rueda. Hay que volar.

Y a diferencia de los motores pistoneros con que uno aprende en los aeroclubes, las turbinas –algunas más, otras menos- son de reacción lerda. No hay modo instantáneo de elevarles el empuje. Responden, pero de a poco. Por eso hay que entrar al barco “apoyando con turbina” sin asco, con ese extra de velocidad para escaparse volando si se complica. Increíblemente, hay que estar en vuelo, sin contacto alguno con la pista, en el momento mismo del enganche.

El gancho de acero del avión enreda el cable y éste te baja de la atmósfera de un tirón. El avión se cae sobre la cubierta como un ropero y es frenado crudamente de 258 km/h a stop total en 2 o 3 segundos. Inercialmente es como chocar un sport prototipo al mango contra una barricada policial de las blanditas, aunque tiene también un “touch” de caerse con un ascensor desde un primer piso. Si el piloto no estuviera amarrado con un cinturón de cuatro puntos de anclaje, le tendrían que rasquetear el cráneo de los instrumentos.

El enganche es una maniobra exigente para las cervicales. Obviamente es mejor hacerla livianito de combustible, para minimizar la inercia del avión, con el necesario para un segundo y tal vez un tercer intento. Hay casos vivos de sexto y séptimo intento, pero no son tantos. Los pilotos comunes miden su vida profesional en horas de vuelo. Los navales embarcados, en número de enganches exitosos. Y lo que miden es su supervivencia.

Y de nuevo, nada pesado colgando, ¿eh? Salvo el Harrier y su “clon” soviético, el Yak-38, de despegue acortado y aterrizaje vertical, los jets de ataque toman pista a mucha velocidad, siempre. Hubo el caso de un piloto naval de A4-Q (el capitán de corbeta Carlos Zubizarreta) que el 23 de mayo venía de atacar a la Task Force en San Carlos sin haber podido desprender sus bombas, con sus espoletas ya armadas. No tenía que aterrizar en ese pañuelito que era el 25 de Mayo, sino en la amplia pista de la Base Aérea Militar de Río Grande, en Tierra del Fuego. Era su único punto a favor.

Contraviniendo consejos de eyectarse, sólo por salvar el avión, Zubizarreta optó por aterrizar con esa carga, reventó el neumático de proa por el sobrepeso de las bombas, y como el avión empezaba a salirse de pista, se eyectó. Con tan mala suerte que en aquel mismo momento se quebró todo el tren delantero, y el avión bajó la nariz y “shoteó” a Zubizarreta hacia adelante en lugar de hacia arriba. Voló como 200 metros paralelo a la pista, contra la que se estrelló (y mató) sin que desplegara el paracaídas.

En un barco, Newton trabaja contra el piloto mucho más fuerte que en una pista terrestre. Por la inercia, un SUE puede sufrir daños estructurales si engancha con cargas sub-alares pesadas. Entonces Ud., con la argentinidad en rebelión, se para y me increpa: ¡Ahijuna! ¿Por culpa de ese gringo –se refiere a Newton- tengo que descartar los 650 kg. del Exocet en el mar, si salí a buscar una presa y no la encontré? ¿Tirar 4 palos verdes de hoy al agua? Mire, es la pregunta que no quería que me hiciera, le contesto con mi mejor cara de Almirante Lento. Ud. piensa furiosamente. Y me dice: ¿Y para qué me sirve el SUE sin el Exocet? Touché. Para nada. Mejor tirar el avión: hoy vale mucho menos.

Por supuesto, en las filmaciones patrióticas y entusiastas Ud. lo ve al 25 de Mayo y se pone a cantar el himno: nave impecable y pintadísima, barco insignia de la Flota de Mar, orgullo de la patria, escupe y engulle gallardamente jets monomotores como si nada. Metraje obtenido en días de excelente viento, está claro.

Los pilotos navales manyan lungo de estadísticas. Las de la United States Navy, la fuerza naval con mayor experiencia en operación de portaaviones, son claras: entre 1948 y 1988, época de transición de la hélice al jet, tuvo alrededor de 8500 muertos en esas naves (incluyendo pilotos) y perdió unos 12.000 aviones. Pero según el bloguero Sam LaGrone, que de día trabaja en el Instituto Naval de la USN, las bajas de combate son ínfimas en comparación con las meramente operativas de despegue y, especialmente, de apontaje. Los barcos antiaéreos enemigos pueden ser menos peligrosos que el portaaviones propio.

http://www.popsci.com/blog-network/shipshape/several-reasons-why-aircraft-carriers-are-super-dangerous

Y ojo al piojo, la mayor parte de esa cosecha macabra de 8500 muertos la US Navy la generó en portaaviones enormes (de 36 hasta 100 mil toneladas), mucho más seguros que los 2 que tuvimos los argentinos. Algunas de esas beldades tienen cubiertas con la superficie de 4 canchas de fóbal. Lo digo así, en canyengue, para diferenciar lo que los incorrectamente autodenominados americanos denominan incorrectamente fútbol.

Un clase Nimitz tiene esa superficie, más doble catapulta, y esa velocidad absurda que da una propulsión nuclear capaz de poner 260.000 HP en las hélices. Hablamos de al menos 45 nudos (83 km/h, en cristiano). Con un viento de proa así, una avioneta de aprendizaje, digamos una vieja y razonable Piper PA-11, no despega como un ascensor, en vertical. Nada de eso. Mirada desde la cubierta, volaría hacia atrás y saldría paradójicamente escupida por popa. Y eso que las catapultas están en la otra punta del barco, a casi 3 cuadras y media de distancia y apuntan hacia adelante.

Sin embargo, la velocidad máxima de un portaaviones último modelo, póngale el George Bush, es un secreto militar relativo. No es la que indica Wikipedia. Los mismos marineros yanquis la ignoran o dicen eso, aunque no así los pilotos y oficiales. Es sugerente, sin embargo, saber que el torque sobre los largos árboles de hélice de otro monstruo nuclear más viejo, el USN John Stennis, de 1995, retuerce sobre sí mismos esos tremendos ejes de acero forjado como si fueran “candy bars”, barritas de caramelo, pirulines en mi barrio: frenada por el agua, las hélices llegan a atrasarse un giro completo respecto de las transmisiones…

Y ahora Ud. acaba de entender por qué TODOS nuestros aviones navales de ataque tuvieron que atacar desde bases terrestres.

Nuestro problema era el portaaviones.

¿Cómo lo resolvimos? Ya tiene una vaga idea, pero la realidad es más horrible. ¿Y qué deberíamos hacer? Continúa.


Estrategias del peronismo (por un invitado)

septiembre 4, 2017

Un poco antes de mi viaje, el autor, mendocino, militante peronista y politólogo, me hizo llegar este trabajo. Me parece valioso, por el contenido y por el enfoque. Lo comparto con ustedes:

Las diversas estrategias del peronismo y los resultados de las PASO

Manuel Cuervo Sola

Un rápido análisis de los resultados electorales obtenidos por el peronismo en sus diversas expresiones en las PASO que tenga en consideración las circunstancias distritales en las que se llegó a la compulsa electoral nos sugiere cuatro configuraciones de resultados-circunstancias-estrategias adoptadas. Dos variables son centrales aquí: si en el distrito el peronismo es gobierno u oposición; si en el distrito el peronismo arribó a las PASO bajo un mismo instrumento electoral o dividido en listas divergentes.

Por un lado tenemos aquellas provincias en las que el peronismo es oposición y se presentó a las PASO con listas divergentes (como es el caso de la provincia de Buenos Aires).  Se observa una mejora sustantiva de las posibilidades de Cambiemos para salir airoso de una elección que en los prolegómenos se perfilaba difícil para el entente que lidera el PRO. Sin dudas, una ingeniería electoral distinta que amplíe el espectro de articulación política de las diversas expresiones del peronismo bonaerense generaría una modificación nítida de la correlación de fuerzas del distrito en favor de las representaciones populares. El buen oficio de la política será el que deba primar para ello.

Por otro lado, observamos provincias mandatadas por gobernadores peronistas que, en estos últimos dos años, han estado claramente inscriptos en una estrategia para desplazar de escena el liderazgo que ejerce CFK sobre una porción relevante de las militancias peronistas. En estos casos se percibe un evidente debilitamiento político de los gobernadores. Quizás sean, junto con los gobiernos cercanos a CKF que no logran contener a todo el peronismo (como en Santa Cruz y San Luis), los principales derrotados en estas PASO. Si no ellos, al menos sus estrategias. Pierden sus distritos en favor de Cambiemos: Schiaretti en Córdoba y Verna en La Pampa; en favor de listas cercanas a CFK: Bertone en Tierra del Fuego, Das Neves en Chubut, Weretilnek en Río Negro; o terminan ganando con márgenes más estrechos: como Urtubey en Salta que obtuvo el 37% de los votos frente al 51% que había obtenido en 2015 cuando fue reelecto gobernador.

En todos los casos, aparecen listas que reivindican el liderazgo de CFK, que claramente no han tenido lugar en el armado de estos gobernadores empecinados en negar la consistencia de esa porción relevante del peronismo. Índice de la escasa lucidez política que han mostrado estos líderes provinciales para armar sus estrategias políticas y electorales, es el hecho de que Unidad Ciudadana se alzó con el 10% de los votos en tierras del derrotado Schiaretti, con el 17% en el feudo del menguado Urtubey; y, como FPV, venció en Río Negro (con el 40% de los votos), en Chubut (con 32% de sufragios) y en Tierra del Fuego (con el 21%). Estos gobernadores son los jefes políticos del peronismo en sus distritos. Si el armado político de 2015 liderado por CFK tuvo problemas en hilvanar y contener las diversas expresiones políticas del campo nacional y popular, y si ese es uno de los puntos que más se critican del modo que tuvo (tiene?) CFK, es preciso ahora emitir un juicio crítico equivalente sobre los flojos armados de estos gobernadores. Es a ellos a quienes hoy se les escapa la tortuga cuando dejan que camine por afuera de sus listas una porción importante de votos que podrían representar si tuvieran un armado político más sólido.

En tercer lugar, tenemos las provincias en las que hay gobernadores cercanos a CFK que también muestran debilidades a la hora de contener las diversas expresiones del peronismo en sus armados electorales y aparecen ex gobernadores peronistas liderando listas alternativas (Santa Cruz y San Luis). En Santa Cruz una parte del peronismo se encolumnó con el ex gobernador peronista Peralta, corrió con una lista propia (sin aliarse a Cambiemos) y logró reunir el 12% de los sufragios. Alicia Kirchner  no contuvo y perdió la elección frente a Cambiemos. En San Luis, los hermanos Rodríguez Saa enfrentaron una debilidad semejante. No lograron contener al ex gobernador Poggi quien articulado a Cambiemos obtuvo el 54% de los sufragios aventajando largamente al Adolfo. En ambos casos resultó el vencedor PRO pintó de amarillo en el mapa; en buena medida por las limitaciones de estas dos gobernaciones para contener las diversas expresiones del peronismo y partidos aliados en un mismo armado político.

Luego tenemos que mencionar aquellas provincias en las que el peronismo no está en el gobierno y presentó ofertas electorales unificadas y con competencias internas para las PASO. Los casos arquetípicos son Mendoza y Santa Fe. En estas provincias, una ingeniería política y electoral virtuosa posibilitó que las diversas expresiones del peronismo tengan  lugares expectables en la compulsa electoral. Múltiples listas competitivas en la coyuntura pero convergentes en octubre apuntaron la discusión correctamente hacia los oficialismos gobernantes. Incluso se logró, como en el caso del peronismo mendocino, repatriar a algunos dirigentes y organizaciones que habían quedado a la intemperie en el giro en descubierto que hizo Massa en muchas provincias. Con este tipo de estrategias se lograron resultados electorales relevantes. En Mendoza, en condiciones políticas singularmente difíciles (gobierno nacional, provincial y de los municipios más poblados en manos de Cambiemos; el peronismo alcanzó el 33% de los sufragios (frente a la dupla Macri-Cornejo que llega a 41%) y logró vencer en la mayoría de los departamentos de la provincia: los tres departamentos de la región sur, en todo el Valle de Uco y en varios de la región norte y este. Se perfiló una recomposición del peronismo luego de la fallida gestión del último gobernador y una clara oportunidad de avanzar en los espacios de representación política municipal, provincial y nacional. En Santa Fe, luego de algunos amagues de ruptura, se logró también presentar para las PASO una única oferta electoral del peronismo con listas competitivas. El resultado: el peronismo alcanzó el 27% de los votos y se alzó con la victoria en una provincia que le es esquiva desde hace más de 10 años.  En este grupo también se podría mencionar el caso de Jujuy, provincia en la que el peronismo también concurrió unido a las PASO y el massismo presentó lista propia. El resultado: en 2015 Morales sacó 58% de votos frente a 35% del peronismo; en esta ocasión la diferencia fue 35% a 29%.

Justamente en las provincias que aparecen prima facie difíciles para el peronismo en esta coyuntura, es decir, en aquellos distritos en los que ha quedado desplazado al lugar de oposición con una fuerte disminución de su poder territorial, es en donde logró articular sus diversas expresiones políticas y ofreció  composiciones heterogéneas pero con un grado cierto de organicidad que permitieron ganar la elección (caso Santa Fe) o reducir brechas y quedar a tiro de arcabuz del porcentaje alcanzado por los oficialismos locales (caso Mendoza, o Jujuy).

También cabe mencionar en este punto el camino que siguió el peronismo de CABA, con todas las dificultades que ese distrito muestra para la política nacional y popular. El peronismo allí logró construir una propuesta heterogénea, variopinta, orgánica, que mantuvo unida las diversas expresiones del peronismo y aliados, reincorporó exiliados del massismo (tal como ocurrió en Mendoza) y alcanzó un resultado electoral importante: segundo lugar y el porcentaje promedio de los últimos años (22%) con posibilidades de crecer algunos puntos hacia octubre.

Por último, es preciso referir al resultado electoral obtenido por el peronismo en aquellas provincias en las que es gobierno y cuyos gobernadores han manejado un posicionamiento más precavido y no se encolumnaron abiertamente con los “entusiastas” mandatarios que impulsan una cruzada para liquidar el liderazgo que CFK ejerce sobre parte del peronismo. En estos distritos se logró contener bajo una misma propuesta electoral a las diversas expresiones del peronismo y también buena parte de los demás partidos del FPV. Son las provincias peronistas en las que se alcanzaron mejores resultados: San Juan (48,8%), Formosa (56,5%), Chaco (43%, con una lista periférica de Unidad Ciudadana que corrió por fuera y obtuvo 7%), La Rioja (43%), Tucumán (52,3%).

Cuestiones que quedan claras como corolario de esta campaña-elección de agosto: 

  1. a) Asistimos a la creciente y persistente deglución del radicalismo por parte del PRO.
  2. b) Hay índices de un posible afianzamiento del PRO como el partido de centro derecha del sistema político argentino.
  3. c) La apuesta del PRO no es liquidar el liderazgo de CFK para construir un nuevo establishment político o acuerdo de gobernabilidad con el peronismo “moderado” de los gobernadores. Esa fue la estrategia Monzó; y ya fue jubilada a mediados de 2016. 2017 muestra el nítido giro de la política del gobierno y el fortalecimiento de su “ala dura”. No apuestan a liquidar solamente a CFK y lo que esas letras representan. Apuestan a superar como resabio del pasado al peronismo en su conjunto. Aspiran a borrar finalmente de un plumazo al “hecho maldito del país burgués”. Ahí están los compañeros Verna y Schiaretti, los peronistas riojanos, etc. sufriendo en carne propia la prosaica avanzada PROista de la mano de los “Coneja” Baldassi de turno.
  4. d) Al interior del vasto universo peronista se pueden percibir tres grandes estrategias de reconstrucción política:
    – la de quienes apuestan a una inverosímil liquidación de la experiencia kirchnerista del ADN peronista de estos tiempos (que habita masivamente en los sub 40s, pero no solo en ellos)
    – la de quienes pretenden un juego chico de aferrarse a los 20-30 puntos que puede tener CFK de adhesión en el país, alambrar ese territorio y pacer mansamente hasta que los vientos de la historia sean favorables.
    –  la de quienes asumen el desafío político que impone la hora y las graves circunstancias que afectan al pueblo argentino. Estos últimos son los que han trabajado por construir una articulación política capaz de reunir la heterogeneidad de las diversas expresiones del peronismo y de los partidos y movimientos que han acompañado al FPV en estos últimos años y de consolidar una propuesta orgánica frente a la sociedad.

Los resultados que arrojaron cada una de estas tres estrategias están a la vista: fue la última de las opciones la que obtuvo los mejores resultados políticos. A la vista está entonces lo que el peronismo debe hacer de aquí en más.

La discusión central del peronismo hoy no es si la posverdad domina la realidad cotidiana en la que circulan los spots publicitarios o las mise en scene del artilugio PRO. Asumir esa discusión de buenas a primeras es implicarse en la construcción de la propia derrota del peronismo. Hay una discusión previa que no debe soslayarse: la que se pregunta acerca de cómo se organiza la política; cómo se articulan las diversas expresiones políticas del peronismo para ser una opción viable y efectiva para ejercer el poder en los municipios, las provincias y el país en una estrategia de tres tiempos: de cara a octubre, de cara a las luchas que vendrán en 2018, y de cara a la compulsa electoral de 2019. La pregunta -hoy como ayer- sigue siendo cómo reorganizar una fuerza con la suficiente consistencia política (que para estos tiempos no es más que producir una sólida unidad política de lo heterogéneo) para abrir una nueva fase de desarrollo de la democracia argentina, de ampliación de los derechos ciudadanos y de consolidación de las instituciones republicanas, hoy claramente amenazadas por ciertas derivas autoritarias de la política que implementa en diversos niveles de gobierno el entente de Cambiemos.


Argentina Militar X – Cómo destruir un portaaviones

septiembre 2, 2017

Voluntarioso, Daniel Arias continúa su popular (entre los que saben algo del tema) saga, aunque yo esté de viaje. Advierto al respetable que me limité a subirlos. La corrección de pruebas, y el tamaño de las entregas son responsabilidad suya. Y es culpa de mi ausencia que Uds. no puedan disfrutar de las imágenes. A ellas se refieren las frases en cursiva en medio del texto. Cuando los capítulos se reúnan en una versión más ordenada, las imágenes estarán.

65. El otro portaaviones que hicimos puré, y cómo

El 25 de Mayo, o V-2, o POMA luciendo espectacular. No lo era. Pero sería mejor tenerlo.

Empiezo con un acertijo. ¿Cuál es el arma antibuque más eficaz del planeta? Adelanto que la tenemos, que a su modo torcido es de fabricación estrictamente local, y que dañó un portaaviones y destruyó totalmente otro.

No sin desacuerdo de otros foristas, conté cómo un AM-39 hizo algún estrago en un portaaviones británico, el HMS Invincible, “Vince” para los allegados. Traté de darle credibilidad al caso con evidencia sin duda circunstancial, tan circunstancial como la que prueba lo contrario, pero al menos (35 años tras la guerra) jamás antes publicada y cosechada a mano.

¿Qué nos queda, entonces como armamento antibarco, oh fratres argentos? Mi respuesta: nuestros almirantes. Son devastadores.

La cúpula naval de 1988 hizo desaparecer del mar otro portaaviones de tonelaje parecido al del Vince, aunque de capacidades sin duda inferiores. No hizo falta ningún Exocet o misil similar, pero no quedó de él nada reconocible.

Los lectores ya adivinaron a qué barco me refiero. Esta hazaña ya olvidada la ingenuidad criolla la atribuyó a nuestro único presidente aviador, el doctor Carlos Menem. Es hora de que el actual senador por La Rioja comparta la gloria con el almirantazgo de Alfonsín. Hablo del desguace del portaaviones ARA 25 de Mayo.

Para no caer en falsas idealizaciones, resumo el estado del V-2 o POMA (sí que tenía nombres) cuando era la nave insignia de nuestra Flota de Mar, en 1982:

  • Más viejo que la injusticia. Estuvo en operaciones desde 1945, salvo por incontables paradas por reparación y rediseño
  • Tercera mano, joya nunca taxi
  • 040 toneladas, 210 metros de largo total de pista
  • Muy rolador, por su escasa manga
  • Chancho como una carguero: 23 nudos en 1945 cuando nuevo, 18 tristes nudos 38 años más tarde.

El SUE, pese a ser un avión liviano, había sido diseñado para el Clemenceau y el Foch franceses, de 32.800 toneladas, más espaciosos, pero sobre todo movidos por máquinas que daban 32,2 nudos reales, casi 60 km/h. No fue fácil para nuestros pilotos operar el SUE desde el 25 de Mayo, aunque eso fue en la posguerra. Durante la guerra, después del 1ro de Mayo, se abstuvieron de intentarlo. Y por razones válidas.

Eliminemos nudos, millas y otras unidades imperiales mantenidas por tradición tecnológica y tilinguería social, y hablemos de kilómetros/hora, en vulgar. La velocidad de un portaaviones es su dato crítico: en calma chicha, sirve para generar viento de proa. Si el aire estaba planchado, la catapulta del 25 de Mayo, acaso lo único realmente muy bueno de aquel barco, podía lanzar 13 toneladas de casi cualquier cosa que tuviera alas a 203 km/hora. Y no estaba mal para aviones a turbohélice, pero los jets de ataque, incluso cincuentosos, son fauna que pide aún más velocidad.

El SUE finalmente embarcado en el 25 de Mayo. El barco es chico pero el corazón es grande.

Un SUE configurado para atacar a distancia máxima, con dos tanques de combustible y un Éxocet colgando de las alas, no logra salir sin un viento de al menos 234 km/h soplando sobre el borde de ataque de sus alas, o eso baten los aviadores navales franceses. Pero si Eolo estuviera de huelga y el SUE en la catapulta del 25 de Mayo, el avión terminaría saliendo escupido de la misma para irse cayendo al mar como en cámara lenta, aunque el desesperado piloto mantuviera la turbina acelerada a todo gas. Pluff.

No hablamos de un turbinón, por empezar. La Safran Atar 08, desarrollada en 1954 (ejem…), genera algo menos de 5 toneladas de fuerza y es débilmente “supercrucero”. Esto significa que tiene alguna capacidad de llevar el avión a velocidad supersónica –no mucho, 1400 km/h- sin postcombustor.

El postcombustor o “afterburner” aprovecha un defecto inherente a casi todas las máquinas turbojet: como no son muy eficientes, en los gases de escape siempre hay grandes cantidades de oxígeno “crudo”, que no se combinó químicamente con el combustible. Si a gaseoso y caliente se le reinyecta un toque de combustible antes de que su eyección por la tobera, se produce una segunda zona de quemado muy enérgico, una deflagración que multiplica hasta un 40% las toneladas de fuerza de la máquina, y por ende su velocidad. El postcombustor es cocaína aeronáutica, pero el gasto de combustible se duplica y se vuelve insostenible. El “aft” está bien sólo para usarlo unos minutos, ya sea en penetraciones furtivas bajo el radar o en escapes aterrados.

Hay una tercera situación en que no viene mal: para despegar muy cargado de una pista corta y/o mala (y la de un portaaviones es la peor posible). Pero lo cierto es que el SUE se diseñó sin ese artificio. Dependía, por ende, no sólo de una buena catapulta sino también de esa velocidad de viento de proa que logran las potentes máquinas del navío, haciéndolo navegar gallardamente al mango. Si Ud. está catapultando jets de despegue horizontal, embestir la atmósfera con la proa del barco es el único modo de fabricar “viento artificial” en cantidad y calidad suficientes para salidas impecables, oh lector@s.

Pero las turbinas y casco del 25 de Mayo daban 42,5 km/h en 1945, cuando se llamaba (paradójicamente) “Venerable”, pese a lo nuevecito en el orden de batalla de la Royal Navy. Su Graciosa, que parece un poco pero no es tonta, se lo sacó de encima en 1948, tras un incendio de calderas, y se lo asestó a la marina holandesa. Ésta, desmantelada por la guerra, todavía necesitaba con urgencia un portaaviones para regar con napalm a los insurgentes anticoloniales de Indonesia, y no estaba muy para elegir. Así el Venerable se volvió el Karel Doorman.

Los indonesios de Sukarno ganaron más rápido de lo que los holandeses tardaron en familiarizarse con el barco. En 1949 ya los indonesios eran independientes, seguían hablando unos 700 idiomas y se dedicaban a la compleja tarea de construir el país-archipiélago más grande del mundo, extendido sobre miles de islas repartidas a lo largo de 4500 km. de mar y que suman la superficie de 49 Holandas. Flor de colonia, pero con 100 portaaviones sus amos la habrían perdido igual.

El Karel Doorman, tras varias manos de entusiasmo holandés por el rediseño, pero todavía sin poder operar bien, lo que se dice bien con jets. Por lo pronto, aún no tiene la catapulta de proa.

En 1960 el Doorman acudió a defender los intereses de Holanda en Nueva Guinea Occidental, reclamada como territorio por la flamante Indonesia. Llevó “como ferry” una docena de cazas a reacción Hawker Hunter, que embarcaron y desembarcaron en el territorio en disputa por grúa, para apoyo del Ejército Holandés, que venía perdiendo por goleada. El Hawker Hunter es una bestia grande y absolutamente incapaz de operar desde una cubierta chica.

Como primer jet de ataque embarcado, el Doorman llevaba otro un aparato más liviano, el Sea Hawk, al que evidentemente el portaaviones le quedaba chico porque no hizo lo que se dice más que pinta, mostrarse para las fotos. Fuera de transporte de los Hunter, un minúsculo hecho de guerra, que se podría haber resuelto con un carguero, el Doorman estaba allí “para mostrar la bandera anarajada”, cosa que a Sukarno lo hacía ver rojo y hablar con rojos más profundos. Para fortuna de los holandeses, el presidente indonesio y La Reina fumaron la pipa de la paz a tiempo, cuando Indonesia –con back-up de la URSS- ya tenía programado un ataque contra el portaviones con 6 bombarderos soviéticos Tupolev Badger como portadores de otros tantos primitivos misiles antibuque soviéticos Kometa. Parece predestinación: este barco iba a ser destruido por cometas.

Los flamantes propietarios del Doorman, salvado de un desastre ignoro si a sabiendas de la tripulación, se prepararon para jugar en aguas más frías, en el equipo naval de la igualmente flamante OTAN, más en el banco que en el field por su condición de “imperio evaporado”. No era un gran desdoro: esa condición clínico-política se iba contagiando por todas las metrópolis europeas con colonias.

Lo que quedó en claro desde el vamos es que la nave se llevaba mal con los jets, el futuro indudable de la aviación de ataque. Como optimistas que han logrado fabricar a punta de pala hasta el suelo que habitan, brindaron con cerveza, los holandeses se palmearon las espaldotas y se dijeron: “Lo rediseñanos y lo repotenciamos”, pero en muy buen holandés.

Le metieron mano con entusiasmo, varias veces, con mucha ampliación de la cubierta y el implante de una segunda, angulada 8º hacia la banda de babor, para aterrizaje. Ese invento yanqui sirve para que un avión que no logró frenar al tocar pista en popa no se termine estampando contra los que esperan reabastecimiento, rearme o catapulta en la cubierta media o la de proa. Esto y la “isla” de la timonera-torre de control amontonada a estribor hacen de los portaaviones modernos los barcos más asimétricos de la historia.

Con todo, tras 21 años de gastos, rediseños y muchas salidas de servicio los Dutch sólo lograron sacar del Doorman una plataforma de helicópteros y aviones antisubmarinos a hélice, aunque medio cara. En 1968, tras el último incendio de máquinas, ya estaban archipodridos de reinventarlo. Se encogieron de hombros, y con imbatible optimismo neerlandés, buscaron en la guía el número de la Comisión Naval Argentina y…

De todos modos, la cuenta de tanto rediseño del Doorman la terminó pagando Brasil. En 1956 nuestros primos habían comprado al Reino Unido otro Colossus de ocasión, y tras entender que no servía para casi nada, lo hicieron modificar en Holanda. El resultado: el Minas Gerais era idéntico al 25 de Mayo, salvo por la catapulta, no tan buena en el barco brasileño.

El difunto capitán de navío Marcos Oliva Day comandó el ARA 25 de Mayo en 1970, dos años después de comprada la unidad a Holanda. Me dijo que con los viejos F4U Corsair pistoneros el barquito era joya. Don Marcos era otro entusiasta. Los que no eran joya eran los aviones, vencidos “no tanto de las armas como del tiempo”.

En 1972 el 25 de Mayo embarcó por primera vez 16 Skyhawk A-4Q dados de baja por el US Marine Corps. Un acto de optimismo casi holandés, el nuestro vamos. Este jet, que los Marines llamaban “The Scooter” por lo chiquito y ágil, había sido diseñado por el genial Ed Heinemann, de la Douglas, aplicando a rajatabla el “principio KISS” (Keep it simple, stupid!). La idea era que cupieran en los portaaviones yanquis clase Essex, inmensos para nosotros pero escuetos para el nuevo estilo yanqui.

Como ejemplo del KISS extremo, las alas del Skyhawk eran tan cortas (8 metros de punta a punta) que subía a cubierta y bajaba a hangar en ascensor sin plegarlas: no habría podido, no tenía articulación. ¡No tenía ni radar, porque con las antenas de entonces, habría significado un radomo de nariz más ancho y largo! Y ojo, que los Essex eran naves de la 2da Guerra Mundial pero con casi el doble de tonelaje que el 25 de Mayo, 50 o 60 metros más de pista y máquinas con 60 km/h de “jugo” en sus mecánicas tripas.

Cuando lo de Malvinas, el 25 de Mayo, igualmente vencido del tiempo que no de las armas, arañaba los 33 km/h al borde del incendio. La descripción de un forista de los excombatientes malvineros del Seprin, Duende395, ex maquinista, describe así su planta motriz: “…recuerdo al jefe de máquinas a la cabeza refrigerando el eje del turbo de alimentación que estaba al rojo vivo, tirándole bidones de aceite encima…”. ¿33 km/h? El ataque abortado del 1 de Mayo de 1982 sugiere que tal vez el POMA era aún más lento.

La velocidad relativa del aire sobre el borde de ataque de las alas es un valor crítico. Por encima de ella, el avión vuela, por debajo, se cae en planeo controlado (eso, si tiene suerte). No por nada, se la llama “velocidad de pérdida”. Salir de la catapulta con una velocidad casi de pérdida es arriesgado, máxime con un avión que entre carburantes y explosivos es una bomba con alas. Pero la patria llama. ¿Cómo despegar a todo trance, incluso con calma chicha? Señor@s, resignación y valor: hay que bajarle peso al avión, sacarle cosas. Ud. elige: ¿combustible o armas?

Los tripulantes del 25 de Mayo aseguran que por cada 500 kg. que se descargaban de un avión, se ganaban 2,8 km/h en la catapulta. Hechas algunas cuentas, emerge que si al SUE embarcado le sacamos sus dos cañones DEFA de 30 mm. y sus 250 municiones, puede ser que incluso así no tengamos garantizado un buen despegue. ¿De qué más lo destripamos?

¿Sacarle combustible? Ni ahí: en misión antibuque, con tanques suplementarios y el Éxocet, el avión araña los 600 km de alcance (en teoría). Es decir que si se alejaba más de 300 km. del portaaviones, tal vez no volvía. Pero el alcance real habría sido menor si se computa que antes de llegar a un blanco resguardado por radares navales OTAN ochentosos como el Type 1022, el SUE debía volar al menos 250 km. bajo el “lóbulo” de microondas del enemigo, es decir casi pegado al agua. A esa altura la turbina Atar 08, de suyo gastadora, se vuelve más vampírica que Kate Moss.

¿Reabastecimiento aéreo, entonces? Para reabastecer una escuadrilla de ataque se necesita de otro caza transformado en reabastecedor. Problema: no tiene suficiente combustible para una escuadrilla. ¿Un generoso Hércules KC-130, entonces? Este tiene una “firma de radar” apenas inferior a la del Teatro Colón. Si el enemigo usa aviones de exploración electrónica, lo detecta y olvídate del ataque sorpresa. Que en realidad, es la única misión para la que se diseñó el Éxocet. ¿Y si entonces eliminamos el Éxocet? Un SUE se transforma entonces en un avión deportivo, aunque algo caro.

¿Y si probamos con un aparato algo más liviano? Un Skyhawk A-4Q del GAE (Grupo Aéreo Embarcado), (a) “Los Tábanos”, pesaba 10,2 toneladas con carga máxima de combustible y bombas. Para catapultarlo y sobrevivir, había que tener una velocidad de viento sobre las alas no menor de 224,3 km/h. En caso de calma chicha, el portaaviones tenía que suministrar los casi 21 km/h. faltantes. Vuelvo sobre esta cifra: oficialmente, daba 33 km/h. ¿Sobraban 12 km/h?

No es mucho, parece suficiente, resulta dudoso. Es sabido que tanto el capitán de navío Walter Allara como el jefe de la escuadrilla, Rodolfo Castro Fox, aquella madrugada del 1 de Mayo de 1982, decisiva pero con el viento más difunto que Tutankamón, se salían de la vaina por atacar. Querían hacerlo como fuera, pero el viaje era largo y no se podía salir con poco combustible. Había pilotos dispuestos a salir aunque fuera llevando 1 sola bomba Snakeye de 225 kg. por avión, en lugar de las 6 normales en carga completa.

Los aviones no despegaron porque Allara sabe hacer cálculos probabilísticos. La Task Force ya nos había detectado y estaba en guardia, a unos 420 km. de distancia. Los números empíricos arrojaban la pérdida probable del 80% de la escuadrilla, a cambio de 1 o 2 impactos exitosos… Pésimo negocio. Allara canceló la partida. Por una cuestión de viento.

Dios podrá ser argentino, pero la meteorología es una ciencia inglesa.

Supongo que ahora Ud. entiende por qué aunque ya teníamos 5 SUEs entregados con los misiles antibuque perfectamente operativos, pero la mañana en que podrían haber hecho bastantes estragos en la Task Force no había ninguno embarcado. Para ese avión, nuevo en estos pagos, teníamos sólo 6 pilotos habilitados, y con apenas 45 horas promedio de vuelo.

Ya en la posguerra, con 14 SUES y tripulaciones más fogueadas, el asunto a plantearse era si necesitábamos conservar el portaaviones, y en caso afirmativo, cómo podíamos volverlo más veloz. Le adelanto mi opinión: comprarlo tal vez fue una estupidez. Chatarrearlo, una canallada. Sin dudar.

Continuará.


“Volver al mundo” ¿Adónde se fue?

agosto 31, 2017

Fue un tuit de Andrés Malamud el que me llamó la atención sobre esta nota que apareció en La Nación hace una semana “El que volvía al mundo era el kirchnerismo”. Porque el conocido politólogo  no es exactamente un cristinista ferviente.

Y el autor, Patricio Giusto, no es un opositor al gobierno actual. Pero es uno de los argentinos que conoce a fondo a China, y sus observaciones se basan en datos concretos. Si se nota el énfasis con que promueve el espacio de su expertise… ese es el espacio que crece en el mundo de hoy.

Por mi parte, como saben los lectores veteranos del blog, no soy un admirador de la política exterior K que llevó adelante el canciller Timerman: demasiados gestos para la tribuna (progre) y poca realpolitik. Pero durante esos gobiernos no se jugaron los intereses de empresarios y trabajadores argentinos a un esquema ideológico obsoleto, que sólo repiten los que están interesados en vendernos algo a nosotros. Copio:

“Las cifras son elocuentes. Según datos del Ministerio de Relaciones Exteriores, en el año 2016, cuatro de los diez principales destinos de las exportaciones de la Argentina fueron países asiáticos: China (2°), Vietnam (4°), India (6°) e Indonesia (10°). Asia en su conjunto representó cerca del 26% de nuestras ventas al exterior, casi el doble que en 2006. Si sumamos a los países de Medio Oriente, la cifra se eleva al 30%.

En términos comparativos, Asia ya tiene aproximadamente el mismo peso en materia de exportaciones para la Argentina que toda América latina, al tiempo que ha superado ampliamente a Europa (17%) y a América del Norte (10%). De acuerdo con las estadísticas parciales de 2017, la importancia relativa de Asia continúa en aumento.

Discusión aparte merece el tema del déficit comercial que tenemos con algunas de estas naciones y del que tanto se habla, sobre todo el caso de China. Pero mientras lo único que tengamos para ofrecer a las clases altas y medias chinas, ávidas de consumir productos elaborados y sofisticados del exterior, sean porotos de soja (casi 80% de nuestros envíos), no podemos quejarnos. Primero, seamos un país serio.

La Argentina debe responder de manera urgente a una serie de interrogantes que surgen al analizar este promisorio escenario, para luego planificar seriamente y obrar en consecuencia. Por empezar: ¿qué lugar y rol esperamos ocupar en el explosivo desarrollo de Asia, nuevo epicentro de la economía global? ¿Seguiremos centrando los esfuerzos diplomáticos en otros temas menores como el trabajoso y, a estas alturas, anacrónico acuerdo Mercosur-Unión Europea?


Corea del Norte, ‘fuego y furia’

agosto 31, 2017

Un viejo amigo reclamó que se diga algo de Corea del Norte y la tensión que vocean esos dos tipos con peinados ridículos. Estoy cerrando valijas, pero por suerte Fredes Castro ya había aportado al blog uno de sus valiosos resúmenes sobre la historia reciente del país del Kim.

Sólo agrego una evaluación personal: Corea es -como Argentina, o Uruguay- una expresión única de la identidad humana, y por lo tanto valiosa. Pero en los términos del juego del poder global, de lo que puede afectarnos, es una ficha menor. Su importancia es que para la segunda y creciente Gran Potencia, China, Corea del Norte es un “buffer”. Un “algodón”, habría dicho Lord Ponsonby, entre ella e importantes aliados de la primera: Japón y Corea del Sur.

Advierto que no la veo en el papel de Serbia, como detonante o pretexto para una guerra. Los dos gigantes han demostrado prudencia a lo largo de décadas. Pero Corea del Norte ha desarrollado -hasta por ideología- un aparato militar poderoso. Copio entonces algo que ya había dicho y el resumen de Fredes:

La amenaza de guerra -que forma parte del menú permanente de herramientas de los actores principales en el conflicto: la República Popular y Democrática de Corea y los Estados Unidos de América- está subiendo de temperatura. Otra vez.

Corea del Norte:

Hasta 1999 las “Cuatro Grandes Líneas Militares” fueron junto con la ideología Juche pilares esenciales de la ingeniería política diseñada por Kim Il-sung. Un pueblo armado, un estado fortificado, hacer de cada soldado un cuadro y la modernización militar, fueron directrices consagradas como garantía de la estabilidad del régimen y de la independencia nacional. Kim Jong-il sustituyó las Cuatro Líneas por la doctrina songun o de la primacía militar. Sumamente criticada por los sacrificios que implicó para los 24 millones de habitantes sostener un ejército de más de un millón de efectivos. Sin embargo puede conjeturarse que fue una anómala forma de avanzar hacia la desideologización y la desmilitarización de toda la sociedad (con repliegue, no renunciamiento, de la ideología juche), a favor de un cuerpo organizado, controlado y vocacionalmente pragmático (en desmedro simbólico del proletariado y real del poder del partido).

En el VII Congreso del Partido, el primero en 36 años, celebrado en el 2016, Kim Jong-un consolidó la estrategia byungjin como sucesora de la doctrina songun, que apunta a un progreso simultáneo de lo nuclear disuasivo y lo económico. La dimensión militar cedió su primacía, para compartir (al menos, por ahora, en lo estratégico discursivo) prioridades con el desarrollo económico. Cabe registrar que el tránsito entre la primacía militar y la estrategia byungjin fue contemporáneo al desmembramiento estatal y la desintegración social del totalitarismo soviético, del que tomaron debida nota las jerarquías del comunismo norcoreano.


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