La otra guerra de Clarín

marzo 29, 2018

No debemos pensar, los argentinos, que la batalla decisiva que está dando el Grupo Clarín es contra el kirchnerismo (entendiendo esto, como lo entiende el Grupo, como la posibilidad que Cristina Kirchner, o dirigentes comprometidos con la batalla que su gobierno libró con el multimedios a partir de 2008, lleguen al gobierno). O -desde un punto de vista más estratégico- que llegue alguien que pueda considerar que su capacidad de gobernar está condicionada por la existencia de un grupo mediático demasiado poderoso).

Es cierto que esa es la pelea más visible y abierta, por su misma naturaleza y cierta… obviedad del manejo noticioso de Clarín. Pero no es la decisiva.

Hay otro enfrentamiento, en el que el Grupo es un soldado menor, casi “tropa nativa” o auxiliares locales, lejos del frente principal, y en él se mueven batallones más grandes y con muchos más recursos.

Estoy usando metáforas, pero, créanme, no están lejos de la realidad. Voy a usar ahora una, más teórica, pero puede ayudar a visualizar esta guerra.

Los grandes grupos mediáticos, como el Turner o el Murdoch, y aquí entre los “emergentes” O Globo y Clarín, son dinosaurios. Grandes y poderosos, pero el asteroide ya cayó, hace casi dos décadas. No es que se vayan a extinguir rápidamente, no. En la naturaleza las cosas van mucho más lento que en las películas. Pero hay una nueva ecología, y se ha desarrollado una nueva categoría de animales, también hambrientos y más ágiles.

Les voy a copiar ahora un editorial, corto, casi más que esta introducción, que hace un análisis bastante correcto, eh. Pero lo escucho también -siempre metafórico, hoy me dio para ese lado- como el grito de guerra de un tiranosaurio (una variedad local, más pequeña). Lo lanzó ayer un viejo combatiente, Ricardo Roa, que ahora pelea por los dinosaurios. Lean:

El poder de los diarios (preguntarle a Facebook)

El viernes 16 de marzo, de acuerdo con su cotización bursátil, Facebook valía prácticamente lo mismo que el PBI de la Argentina.

La crisis que se desencadenó con las revelaciones sobre la utilización de datos privados de sus usuarios en campañas políticas (Trump o el Brexit) provocó un derrumbe. El valor de la acción de Facebook este martes era 18% más bajo.

Mucho más grave fue el daño simbólico: una campaña #DeleteFacebook (bórrese de la plataforma) se ha convertido en tendencia. Y el dueño de la compañía, Mark Zuckerberg, que había eludido hasta ahora pedir disculpas y había dado explicaciones elusivas, debió asumir el daño y la responsabilidad.

¿Dónde lo hizo? En los diarios de Gran Bretaña –The Observer, The Sunday Times, Sunday Mirror, Sunday Telegraph, entre otros- y en los principales de Estados Unidos, como The New York Times, The Washington Post The Wall Street Journal.

Zuckerberg eligió a los periódicos para disculparse y su elección es lo que debemos analizar porque la credibilidad y legitimidad sigue siendo de los diarios impresos.

Es un dato que habla más del periodismo, otra vez, que del inmenso e indiscutible poder del mundo digital.

Este reconocimiento es también el reconocimiento del poder de una investigación periodística que fue la que desencadenó esta tormenta sobre Facebook e iluminó la utilización de datos privados en la manipulación política.

Zuckerberg eligió a los periódicos para disculparse y su elección es lo que debemos analizar porque la credibilidad y legitimidad sigue siendo de los diarios impresos.

Lo que un ex empleado de Cambridge Analytica, que fue la principal fuente de la investigación de The Guardian y The New York Times, está revelando es el papel fundamental que cumplieron, por ejemplo, en el Brexit, la decisión británica de abandonar la Unión Europea que triunfó por un estrechísimo margen.

“Hacer trampas es hacer trampas”, dice Christopher Wylie, el ex empleado de la consultora que se animó a hablar y a describir el papel que jugó Cambridge Analytica en la utilización de datos de las redes sociales para predecir conductas políticas o inducirlas a cambiar de posición.

La inmensidad de datos personales que flotan en internet hace que resulte cada vez más difícil evitar este tráfico de información. El volumen del escándalo ha hecho levantar voces en reclamo de una regulación del Big Data, pero esta discusión recién está en el comienzo.

Las grandes filtraciones de secretos que han provocado terremotos, comenzando por Julián Assange o por quien entonces se llamaba Edward Snowden, así como los Panamá Papershan sido investigados y publicados en grandes diarios.

El periodismo sigue siendo el espacio donde esta gran cantidad de datos se torna inteligible para las audiencias. Más allá que eso, los diarios les dan a esas investigaciones jerarquía y credibilidad.

La palabra impresa conserva así su legitimidad y los factores de poder le siguen dando ese lugar privilegiado e indiscutible.

Se puede decir con propiedad -hay muchos indicadores que lo certifican- que los cambios de conducta de las audiencias afectan a los productos periodísticos impresos (también a los libros) porque la cultura digital avanza con el poder de un tsunami.

Sin embargo, hay razones sólidas todavía para que el soporte de papel demuestre que sigue vivo y que conserva su influencia por el poder del periodismo.

Hasta la arrogancia de Facebook lo admite”.

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Macri y la democracia como amenaza

marzo 28, 2018

Mauricio-Macri-expuso-en-la-reunion-de-Gabinete-Nacional-de-Mujeres

No tengo mucha paciencia, confieso, con los análisis sicológicos de las figuras ni de los colectivos políticos. Muchas veces se deja ver en ellos la convicción del que lo está haciendo que la suya es la visión lúcida y humana de la realidad, y que los que tienen otra, con otros valores es porque son capitalistas (una neurosis que Freud pasó por alto), sufrieron traumas infantiles o los medios hegemónicos les dieron una falsa conciencia.

No quiero ser injusto: también están los que revelan inseguridades y pulsiones que no son visibles en la superficie. Mis reservas surgen cuando ponerse a explicar cómo es el Otro(s), hace que se deje de lado mirarse a Uno(s) mismo, y, sobre todo, explorar cómo se consigue lo que Uno(s) pretende. Después de todo, la lucha por el poder es racional, y no depende de una inclinación nietzcheana. Una porción de poder es necesaria hasta para conseguir los fines más nobles y altruístas. Y -somos humanos- proporciona recompensas y satisfacciones al ego que la mera riqueza no consigue. Aunque son más efímeras, es cierto.

Dicho todo eso, tengo que explicar porqué voy a subir casi íntegra esta nota de Ernesto Semán, en Panamá. Es porque, además de señalar revelaciones que Macri hace sobre sí mismo y cómo ve al mundo, creo que muestra una constante en la historia argentina, que todavía está muy vigente. Debemos tomarla en cuenta, como agrego al final.

“Dos frases de Macri de los últimos días expusieron el imaginario de un país, de una parte del mismo, que vive su día a día amenazado por el poder potencial de una sociedad democrática a la que pelea por domesticar desde hace un siglo.

La palabra de Macri siempre es barrunto. Indicio de algo que él registra o planea. Su espontaneidad va más allá de lo que le sugiera un publicista. Tiene más que ver con un tipo que, más de lo esperable, es permanentemente hablado por su propia historia. Por más planificada que esté su performance pública, Macri es, sobre todo, un síntoma caminando.

En su entrevista con Luis Majul, reflexionando sobre su descubrimiento tardío de las desigualdades de géneros (o de los problemas que esas desigualdades implican), explicó: “Yo venía de la empresa, en mi época había muy pocas [mujeres]… De golpe llegué a la política y dije ‘¿Qué es esto, hay que trabajar con mujeres, cómo es?‘”.

Apenas una semana después, en la intimidad descripta en una nota del diario Perfil, el presidente describió la crisis que enfrentan los empresarios, financistas y millonarios varios de su gobierno acusados de lavado de dinero y otras irregularidades: “Si el que entra a la política debe explicar su vida, con quién se asoció, con quién no, los tipos enloquecen, porque hay instrumentos del mundo de los negocios que usan todos.”

Macri hace dos cosas interesantes que van en contra del imaginario PRO que él mismo encarna con solidez. Una es que, en las dos frases, “la política” es tanto el espacio igualador como aquel en el que las conductas privadas son sujetas a una mayor presión por la transparencia. La política (si eso existe) está llena de minas y es un lugar en el que hay que explicar y rendir cuentas por lo que uno ha hecho. Y la otra es que, al mismo tiempo, Macri hace una pincelada de la actividad económica privada acertada e incisiva. Es un mundo en verticalista y jerárquico, al que las mujeres llegaron tarde y poco, una clase social esencialmente venal en la que la ilegalidad y la duplicidad son reglas implícitas como el abuso sexual dentro de una familia: algo internalizado por los miembros que es imposible de explicar por fuera del grupo sin evidenciar su criminalidad.

Los espejos revierten las miradas y Macri, jefe del poder público y dueño de la política, ve a su otro yo patrimonialista y tradicional, y lo apaña. Macri el empresario se mira en el espejo de Macri el Presidente, y de alguna manera, ayudado por los instrumentos financieros de su grupo, las tradiciones, y la seguridad que la suma del poder provee, se comprende. Macri descubre. “De golpe llegué a la política” dice (la transcripción de la Casa Rosada es benevolente con el Presidente y con la ayuda de su gangoseo de clase eliminó el “de golpe” que se escucha en el video) más de 15 años después de haber empezado. Macri, que vio crecer a su lado el G25 mujeres como uno de los grupos más dinámicos en la construcción del PRO, sabe bien de la existencia de mujeres en el mundo empresarial, pero procesa esas experiencias como imposiciones de la política sobre una dinámica privada refractaria a la igualdad de oportunidades.

La política argentina no es, precisamente, un ágora para hombres y mujeres. El 2015 se ve hoy como un “momento histórico” porque cinco mujeres, apenas cinco, llegaron a ser gobernadoras. Como señalan Mercedes D’Alessandro y Andrés Snitcofsky en Economía Feminista, la presencia y poder de las mujeres en los gobiernos nacional y bonaerense, así como la perspectiva de género de ambos, son un tanto desoladores: dos mujeres en el gabinete de Macri y el 17 % de las secretarías; una mujer en el gabinete de María Eugenia Vidal y sólo el 15 % de sus secretarías. “El poder no derrama”, dicen los autores; sólo se avanza al lado de la expansión de la lógica igualitaria y la disputa contra el poder que no derrama. De golpe, hay que trabajar con mujeres.

Las frases de Macri están armadas tanto de experiencia como de tipos ideales. Pocos saben mejor que él que resulta imposible hacer una separación tan tajante entre el Estado y la política por un lado y la actividad económica privada. No tanto porque el Estado sea aquel viejo reflejo de los intereses de las clases dominantes, sino porque (y esto no es mucho menos viejo) las clases dominantes necesitan del Estado para resolver sus conflictos y contradicciones. Los instrumentos que “usan todos en el mundo de los negocios” son el derivado directo de esa fricción entre dinero y poder político, un roce que produce un espacio gaseoso en el que habitan historias como las del Grupo Macri y en el que empresarios y malandras aprenden no sólo el fraude sino, sobre todo, la construcción permanente de una nueva legalidad.

Pero lo que Macri transpira son décadas de sobremesas, partidos de paddle y vidas íntimas de un enorme grupo que al mismo tiempo que moldeó el país, percibió a la política democrática como una amenaza contra las jerarquías y el libre desarrollo de la vida económica. No sin razón. Esa amenaza no está en el accionar de un grupo político o la presión de un partido, sino que es la forma en la que esos partidos y organizaciones reflejan, con todas sus deformidades, la resistencia que ofrece el tejido social a su desmembramiento y pulverización.

Como bien señala Gabriel Vommaro en su libro sobre el origen de Cambiemos, el grupo de empresarios que se vuelca al PRO decodifica su decisión de saltar a la política como un acto de servicio y un sacrificio individual. Ese salto ocurre como reacción al fracaso de Ricardo López Murphy dentro del gobierno de la Alianza y después de éste en su esfuerzo por ajustar la realidad social a sus reformas económicas. Para ese grupo, “la política” aparece como la manifestación evidente de ese obstáculo que pone la sociedad e impide realizar los ideales modernizadores. El acto de servicio es, entonces, lograr que la política pase de ser un escollo a una oportunidad para la reforma.

Eso también es una derecha moderna y democrática como la que sugiere José Natanson. Democrática no como adjetivo laudatorio sino como descripción del objetivo que se pone por delante. Habitarla, hacerla funcionar luego de desempacar en medio del poder político con todo el bagaje de “la empresa” en la que no hay mujeres y “el mundo de los negocios” en el que no rigen las mismas reglas que para el resto de la sociedad. Argentina, su masa sindical, su sociedad civil irredenta, tiene el reloj atrasado. Macri llegó para modernizar la política y transformar a la amenaza democrática en un obstáculo del pasado. Ir de un lado al otro del espejo sin desvanecerse en el aire”.

La única observación que puedo hacer a esto es que me parece que Semán, como otros brillantes analistas, se fija demasiado en la excepcionalidad del PRO. Es cierto que es un experimento interesante, algo original en la política argentina (aunque la UCEDÉ tenía bastantes de sus características, terminó fagocitada por el peronismo en los años de Menem).

Pero lo que describe aquí Semán es un pensamiento, un dogma, muy común en las clases dirigentes argentinas, o que aspiran a serlo. Están convencidos que hay una racionalidad económica – en este caso, la de esta etapa del capitalismo financiero, donde se han beneficiado. Y que es la ignorancia e impaciencia de las mayorías, que escuchan a demagogos, lo que hasta ahora ha impedido aplicarla. Editaron su memoria. Experimentos anteriores, como el Plan “Moneda sana” de Prebisch, el Plan Pinedo en 1962, el de Krieger Vasena en 1967, las reformas de Martínez de Hoz en 1976, y las de Cavallo en 1991, … no existieron o fueron mal aplicados.

Si el proyecto que hoy encabeza Macri termina en un fracaso, lo “explicarán” de la misma manera. Tienen la misma fe ciega en su ideología -que además es la de sus intereses- como otros sectores, en otro tiempo, creían en la racionalidad indiscutible del socialismo, y cualquier resultado negativo era fruto de errores o traiciones. Eso sí, ese fracaso, si se produce, va a crear una oportunidad, como pasó en esos casos anteriores, para ensayar nuevos caminos. Es importante pensarlos cuidadosamente, porque por algo en 2015 tuvo su oportunidad el proyecto en marcha.


Una visita a Malvinas

marzo 28, 2018

 

 

Quise compartir este testimonio. Sobrio, para lo que es el estilo de Crónica (Un medio que tuvo algo que ver, hace 52 años, con otro viaje a esas islas). Me quedé pensando que, aunque hubo unas cuantas, falta la película nuestra que cuente la historia. Lástima que Favio ya no está, pero habrá otros que puedan hacerla.


Otra encuesta. Un poco más confiable

marzo 27, 2018

imagen de macri

Es un hecho. A pesar de todo lo que les digo sobre la imprevisibilidad del futuro y de la incertidumbre cuántica de las encuestas, siguen estando entre los posteos que más visitan. Y como le dijo don Bartolo al Gringo Pellegrini, “Cuando todos se equivocan, todos tienen razón“.

Ricardo Rouvier y Asociados ha hecho una encuesta nacional sobre las percepciones de la población sobre Macri, sus opositores y temas afines. Fue telefónica, pero la de Rouvier es una consultora que considero entre las serias. Pueden acceder al documento cliqueando aquí.

Sintetizando: el dato que todos miran es el que está en la foto de arriba, la imagen del Presidente Macri. Pero a mí me parece más interesante este otro gráfico: A quiénes señalan los encuestados como el principal opositor a Macri.

opositores


Las condiciones para el 2019. Peronismo

marzo 26, 2018

peronismo

En la primera parte del posteo, dije que, hasta ahora, sólo dos proyectos políticos aparecen como posibles competidores por la Presidencia de la Argentina en el año próximo. El de Cambiemos está más o menos claro: es el que está llevando adelante desde el gobierno, y a pesar de algunas contradicciones y torpezas, se puede ver para dónde quiere ir.

El del peronismo … todavía está por definir un dato fundamental: su ordenamiento interno. Quién conduce. En realidad, eso está íntimamente vinculado con las condiciones para llegar al gobierno en 2019. Es necesario reunir a la gran mayoría, sino a todas, de las expresiones con votos del peronismo para tener una chance de triunfar. Se ha llegado a un consenso mayoritario sobre eso, y es válido.

Y al mismo tiempo, va a poder reunir a esas expresiones con votos del peronismo quien las convenza que tiene una buena chance de ganar.

También dije en esa primera parte que había dos hechos en los últimos días que dan una idea de cómo se empieza a articular ese proyecto. Una es la reunión nacional de dirigentes y militantes en La Pedrera, San Luis. Otra es el congreso del Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires en Hurlingham.

Una pregunta que ya me hizo un amigo era porqué no tomaba en cuenta a la reunión que se haría en Gualeguaychú, motorizada por Pichetto y Urtubey, el llamado “peronismo de los gobernadores”. La respuesta que puedo dar es simple: en mi opinión, no tiene un proyecto para 2019.

No es que los gobernadores -que son los que triunfaron en sus provincias, después de todo- no representen una parte significativa del peronismo, de los votantes peronistas. Su sesgo tradicional -que era el de Kirchner cuando gobernaba Santa Cruz- le cae mal a una parte considerable de la militancia kirchnerista, que se formó a partir del conflicto con el “campo” en 2008. Pero el peronismo sabe desde 1946 que sin esos votantes no gana en el país.

No están motivados a jugar en el año próximo: No tienen un candidato de su palo. La mayoría de ellos preferirá ir por su reelección en su provincias, y el que no puede hacerlo, Urtubey, no les garantiza como candidato a presidente un buen resultado, ni siquiera en Salta. Pichetto es un hábil negociador, un “broker” confiable para los gobernas, pero los que conocen a la gente de su entorno saben que sus expectativas no pasan por el 2019, sino por una crisis que obligue a Macri a negociar con el peronismo un gobierno de coalición, aunque no se llame así.

Entonces, voy a donde percibí, acertado o no, indicios que apuntan al reordenamiento futuro del peronismo. El del congreso del peronismo bonaerense me pareció el más sugestivo. No por una sabiduría especial de sus dirigentes, sino por el peso concreto de los recursos de la Provincia, de los municipios que gobierna el peronismo y el peso de sus aparatos territoriales.

Y, especialmente, porque ha conseguido darse una orgánica razonablemente (estamos hablando de peronistas) legitimada por el consenso de sus militantes. Con una conducción que no está en sus cargos por el dedo de nadie sino que los ha ganado compitiendo con adversarios. Y que ha mostrado voluntad de negociar con y sumar a los sectores que se apartaron o enfrentaron en el pasado reciente.

Medidas audaces como elegir a Felipe Solá como primer congresal nacional por Buenos Aires, o incluir (¿”chupar”?) a dirigentes massistas en su orgánica lo muestran.

Tiene una debilidad, sin embargo. Sumar figuras, y, en el futuro, sellos, es fácil. Articularlos en torno a un proyecto es otra cosa. Para eso se necesita un candidato. Un candidato presidencial. Porque el PJPBA no puede, como harán otros distritos, desdoblar las elecciones. Como dice un amigo mío, apoderado por varias décadas, “lo accesorio sigue a lo principal”. El peronismo no puede soñar en volver a gobernar Buenos Aires sin un buen candidato a la presidencia.

Lo que refleja la reunión en San Luis es una situación inversa. Los muchos dirigentes y muchísimos militantes que se reunieron ahí o están identificados con el liderazgo de Cristina Kirchner o aceptan que ella es la que reúne más votos, por lejos, de cualquier dirigente del peronismo (es decir, aceptan una realidad evidente) y están dispuestos a negociar a partir de ese hecho.

¿Tienen entonces una candidata? Bueno, todavía no. Como ya dije varias veces en el blog, serán las falibles encuestas (propias) -no hay otra forma- las que dirán, a esos dirigentes y a Cristina si ella puede ganar en las elecciones de 2019. Según los números y la “sensación térmica” que registren los militantes y los politizados, también se convencerían, o no, el PJ PBA y los gobernas.

Si los horóscopos -perdón, las encuestas- no son favorables, ya se está especulando desde hace rato con un posible candidato de compromiso, que tenga la bendición de CFK y sea más… tolerable para gobernas, sindicalistas y empresarios fastidiados con Macri. La solución Scioli, 2da. parte. La 1ra. vez no funcionó. Pero se perdió por una diferencia menor al 2% de los votos, así que no está descartada.

Ahora todo esto son juegos en la arena. Hay una condición fundamental, nuevamente en mi falible opinión, que no se está cumpliendo: ninguno de los jugadores está hablando hacia afuera, hacia los votantes que no son “propios” (ese animal no existe, dicho sea de paso) ni están inclinados por ideología o por historia a votarlos.

La propaganda macrista, que es bastante menos eficaz de lo que deja creer a los que necesitan justificar sus errores, al menos no comete ese error: trata de llegar, con mensajes específicos, a todos los segmentos de la sociedad.

Los dirigentes peronistas -todos ellos- hablan el discurso que saben entusiasma a sus militantes. Y cierran los ojos ante el hecho obvio que sus militantes -todos los militantes- son siempre una minoría. Pueden ganar en sus distritos, pero no han aprendido a hablar fuera de ellos.

Cristina Kirchner hace una campaña consistente, y moderna, con un uso acertado de las redes sociales, desde hace dos años. Pero también ella habla para los que la escuchan. Hasta ahora, salvo un intento a medias entre las PASO y las legislativas del año pasado, no trató de dirigirse a los no convencidos, a los que la rechazaron en el pasado.

Pienso que es un problema que va más allá de las limitaciones de los dirigentes. Hace pocos días leí el posteo de uno de los nuevos blogueros. Un inteligente y talentoso militante de La Cámpora, Manuel Saralegui, decía “No hay 19 sin 18“. Y tiene razón. Esa es la condición clave! Pero lo que propone es militancia: una propuesta noble y generosa, pero es para los militantes. Encuentro poco que les diga a los votantes, salvo las reivindicaciones del feminismo.

Puedo vencer mis prejuicios machistas para aceptar que son válidas, muchas de ellas, y hasta pueden ser ganadoras. Pero creo que convencer a la mayoría de los argentinos, y de las argentinas, cómo no, que se va a defender el salario, el empleo, el poder de compra, el mercado interno,… también es piola. Prestar atención a los tradicionales reclamos: seguridad (aunque no suene progre), salud, educación. Y lo más importante de todo: escuchar lo que piden. Reclaman cosas muy distintas. Por eso, el que gana es el que puede articular una la parte decisiva.

Y para que no me acusen de hacer propaganda a mi actual especialidad, remarco que la primera y decisiva demanda que consiguió responder en 2003 Néstor Kirchner es una que no tenía una relación directa con la comunicación: reconstruyó la autoridad de la Presidencia.


Un saludo a Alfredo Carlino

marzo 25, 2018

Subo estos videos de Carlino para los que lo conocimos, para los que escuchamos su voz rasposa, los que lo queríamos al poeta reo, bohemio, y de los nuestros. Para elegía, no voy a competir con Fernández Baraibar, así que copio esto suyo.

Ha muerto el skald de los peronistas.

Ha muerto Alfredo Carlino. La noticia me llega como una trompada, una trompada esperada y para la que uno tensó los abdominales. Pero la trompada me dobla igual, me quita el resuello.

Ha muerto Alfredo Carlino. Busco a Alfredo Gobbi, el Violín Sentimental del Tango, un nombre, una orquesta y una época a la que Carlino estaba irremediablemente atado. Y escuchando Racing Club me pongo a pensar en Carlino, en el petizo Carlino, en el duende de la noche peronista, en ese gnomo encantado de pueblo argentino, de Perón, de Evita, de 17 de Octubre, de Gatica, de los mitos de la Resistencia, de los caños, del Retorno.

-¡Pero, querido!, me vuelve a sonar en el oído mudo de la memoria la voz carraspienta de Alfredo, con su disnea y su inolvidable, excepcional, única, imbatible e insuperable energía de vivir, de pelear, de discutir, de imponerse sobre el olvido gorila, sobre los fusilamientos, sobre los crímenes de la oligarquía. ¡Querido!, me vuelve a gritar en el oído mudo, son todos gorilas, eso es lo que pasa, ¡querido!

Alfredo fue lo más parecido a un antiguo skald vikingo que pudo haber dado nuestra epopeya argentina. Cantaba con voz gruesa y metáforas transparentes a las sagas populares, a los héroes anónimos de la mersa, a las victorias de su tribu y lloraba por las derrotas, por los muertos en combate, por la desmemoria y el silencio.

El viejo boxeador, el vendedor de libros de psicología, el enamorado de todas las psicólogas -lacanianas o no- de Buenos Aires, fue uno de los últimos argentinos vivos que podía dar testimonio personal de esa tarde única, con el solcito de octubre, en la Plaza de Mayo.

-¡Yo estuve en la Plaza, querido!, decía Alfredo y setenta años de historia pasaban por su relato alborotado, a pura fuerza de un corazón que empujó torrentes de sangre, cataratas de alegría, agitadas tropillas de palabras exaltadas, apasionadas, calientes y turbias, como las multitudes que habitaban su memoria.

-¡Yo lo conocí, querido!, decía Alfredo cuando surgía el nombre de algún viejo peronista, de algún antiguo dirigente gremial, para elogiarlo o para putearlo. Y de nuevo aparecían los años de la lucha resistente, de la proscripción, de fugaces reuniones en olvidados cafés, de encuentros murmurados, sin nombres propios, en sindicatos o en casas de familia convertidas en unidad básica.

Alfredo Carlino fue nuestro poeta, lo quisimos y lo admiramos como nuestro poeta, el hombre destinado por dioses a contar la saga de nuestra realización como pueblo y como nación. Ocupaba con honor y dignidad ese lugar y sabía que su tarea era para que nada de esto, nada de nuestra epopeya cayese en el olvido.

La ceguera social de Jorge Luis Borges le impidió conocer al gran skald del siglo XX que gestó nuestra ciudad de Buenos Aires, tan ajena, a veces. Este enorme hijo de Buenos Aires, este porteño empedernido, heredero directo de José Hernández, llenó con su palabra, con su irresistible empuje, con su humanidad desbordante, los momentos de gloria y de dolor de la militancia peronista. Su poesía será para siempre el testimonio de varias generaciones argentinas que dedicaron su vida, su inteligencia y su voluntad a la construcción de un país independiente, justo y soberano. Y se las aguantó hasta el día siguiente de que todos saliéramos a la calle a gritarle a estos cajetillas que este pueblo no se olvida de quienes son y lo que hicieron.

Nuestro bardo se ha ido. Todos los atorrantes, todos los trasnochados y todos los madrugadores, todos los insomnes, las putas y las fabriqueras, las muchachas del servicio doméstico, los obreros de la UOM y de la curtiembre, los cartoneros y recicladores, los monotributistas a la fuerza y los pibes que la pucherean como pueden, todos nosotros, en suma, vamos a brindar por vos Alfredo, esta noche.
Que la tristeza no empañe el honor y la alegría de haberte tenido con nosotros, de haber oído tu voz inolvidable, y repetir como si estuvieras delante y haciéndote un poco de burla: -¡Querido!


Las condiciones para el 2019

marzo 25, 2018

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El título alude, claro, a la exitosa consigna que lanzó el gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá “¡Hay 2019!” para expresar el entusiasmo que se despertó en la militancia peronista cuando a partir de diciembre sintió que a Macri “le entraban las balas”. Cuando se empezó a percibir en los sectores medios -la mayoría de la población, si se toma en cuenta como se ven a sí mismos- el fastidio, el descontento con las políticas del gobierno, en un grado mucho mayor al que se notaba antes.

Pero en realidad se refiere a algo más general: las condiciones necesarias para que el año que viene un proyecto político -hasta ahora, sólo dos aparecen posibles- retenga o conquiste el premio mayor de la política argentina: la Presidencia de la Nación.

Un tema ambicioso, si los hay. No puedo hacer en este momento más que resumir aquí algunos datos obvios, que se vienen analizando hasta el cansancio en el blog.

Para el oficialismo, empecemos por ahí, el listado es sencillo: Conservar unida su coalición – lo que le resultará, en principio, relativamente fácil. A pesar de las naturales ambiciones, y de algunas locuras, el manejo de los recursos del Estado nacional, económicos y de los otros, alcanza para mantener la disciplina, por lo menos si existe una razonable probabilidad de conservar el gobierno. La experiencia de los 12 años y medio de la gestión kirchnerista lo demuestra.

Otra condición, vinculada con la primera, es crear o tener enfrente un enemigo al que los votantes del oficialismo vean con alarma y/o extrema hostilidad. En un país donde tantos tienen el odio fácil, también se puede conseguir esto. El antiperonismo tradicional sigue existiendo, aunque no garantiza votos. En cambio, el rechazo a la experiencia kirchnerista se ha probado como un motor poderoso: véase la diferencia entre los votos que sumó Cambiemos en la 1° vuelta de 2015 y el resultado del balotaje.

Y que mantiene vigencia se comprobó en fecha tan reciente como octubre del año pasado, en las elecciones legislativas. Los medios afines al gobierno -una mayoría “hegemónica”- hacen todo lo posible -“periodismo de guerra”- para fomentarlo. En ese sentido, las recientes libertades de Carlos Zannini y Luis D´Elía hasta podrían verse como medidas en ese sentido, si se dudara de la independencia del Poder Judicial 🙂 .

La 3° condición fundamental para que el oficialismo conserve una razonable posibilidad de ganar las elecciones de 2019 es mucho más exigente, y casi compensa por sí sola las ventajas que da la posesión del P. E. nacional: debe gobernar. Es decir, debe evitar que las variables de la economía argentina se “salgan de madre”, y que las medidas que tome -mas las que ya tomó- sean percibidas por una mayoría de los votantes argentinos como perjudiciales a su bienestar. Tengo que decir que, a la luz de los datos que ya comentamos muchas veces, no imagino como podría conseguirlo. Pero, bueno, el que viva lo verá.

En la oposición, el proyecto político que puede aspirar a llegar al gobierno el año que viene es -aparece evidente- el peronismo. Aquí surge, inmediata, una pregunta (en realidad, reaparece. Nunca ha estado lejos de los que se interesan en la política argentina en los últimos 70 años) ¿cuál será el proyecto político del peronismo que se planteará en las próximas elecciones?

Se ha podido observar dos … manifestaciones en los últimos días que dan una idea de cómo se empieza a articular ese proyecto. Una es la reunión nacional de dirigentes y militantes en La Pedrera, San Luis. Otra es el congreso del Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires en Hurlingham. De este último es la foto que encabeza este posteo. Pero se ha hecho muy tarde y estoy cansado. Programaré esto para las 11 y lo sigo a la tarde o el lunes.

(Continuará)


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