Argentina Nuclear, 2017 – LXII: La Armada y la tecnología nacional

mayo 17, 2017

Esperaba que Daniel Arias, al retomar esta saga del desarrollo tecnológico argentino en el campo atómico y afines, nos introdujera en los tiempos de Alfonsín y Menem. Pero, evidentemente, le había quedado un “entripado” con el rol de la Marina. Así como rescató la gestión y los logros de Castro Madero -el último resplandor, en el marco de los años de plomo, de la vieja Comisión Nacional de Energía Atómica- aquí le pega duro a Massera, y también a una cultura que se transmitía en los mandos de la Armada.

Ese fastidio uno lo nota en muchos de los comprometidos con la ciencia y la tecnología argentina. Las posibilidades de las Fuerzas Armadas para la investigación técnica, el papel que han jugado en otros países y en otras épocas de la historia argentina… Pero el problema está en otro nivel. Eso ya se sabía en los tiempos del Mio Cid “Buen vasallo fuera  Si buen señor hubiera”.

62. El Almirantazgo Cero

puerto belgrano

Puerto Belgrano, apostadero de la Flota de Mar más poderosa de Sudamérica hasta los años ’70, pero eso sí, importada. Un resumen cultural de la Armada en años de vacas gordas. Sólo cambiaron las vacas. 

Tres años antes del ascenso del contralmirante Carlos Castro Madero a la presidencia de CNEA sucedió otro encumbramiento, pero de peor pronóstico. Recomendado por el ministro (y hermano en la Logia Masónica P-2, José López Rega), lamentablemente sin objeción alguna del presidente Perón, el capitán de navío Eduardo Massera, egresado de la Escuela de las Américas, ascendió desde el cargo más bien turístico-decorativo de paseador de guardiamarinas (capitán de la Fragata Libertad) a Comandante en Jefe de la Armada. Para ello, hubo que decapitar por retiro a 14 oficiales superiores con mayor grado (naval, no masónico).

En materia de rearme naval, Massera fue peor que sus antecesores, quienes tampoco fueron demasiado buenos: otro agente más de compras de los fabricantes de armas de la OTAN, con demasiado cariño por lo inglés y cierta fobia frente a los desarrollos tecnológicos propios.

Durante la segunda mitad del siglo XX, las FFAA solían encerrar a sus locos tecnológicos en “exilios intrafuerza” donde se les permitía jugar al desarrollo propio, sin estorbar a “la gente seria”, los oficiales de estado mayor. Salvo excepciones interesantes de Fabricaciones Militares o de la Fábrica Militar de Aviones, los fierros que tantas veces nos mostraron rara vez llegaban a entrar en fabricación de gran escala, por falta de plata o decisiones de los altos mandos, especialmente cuando eran promisorios. Los locos serios, esos que planteaban proyectos “interfuerzas”, terminaban en el aislamiento máximo del Centro de Investigación Tecnológico de las Fuerzas Armadas (CITEFA), hoy CITEDEF. Es el sitio perfecto para el surgimiento de ideas excelentes, ya que el autismo de cada fuerza garantiza que no prosperen.

El asunto siempre fue que tales emprendimientos autóctonos no perjudicaran el negocio de comprar chatarra de los EEUU, o si estos nos boicoteaban, de la orilla europea de la OTAN, y si Francia, Alemania, el Reino Unido e Italia también nos ponían en lista negra, de Israel.

Pero hubo al menos cuatro olas de nacionalismo tecnológico militar argentino, que coincidieron no poco con los ciclos de nuestros auges industriales sustitutivos. Así la Fuerza Aérea tuvo, ya desde antes de su independencia formal respecto del Ejército, la Fábrica Militar de Aviones (FMA) en Córdoba, fundada por Marcelo T. de Alvear en 1927. Presionada de mil modos desde su fundación para fabricar bajo licencia o no hacer nada, esta impactante y gigantesca unidad tecno-industrial debió matar en 1956 su proyecto más célebre, el caza multipropósito Pulqui II.

Guaraní

El IA50 Guaraní II, uno de los tantos buenos aviones argentinos que la Fuerza Aérea fabricó en pequeña escala, y que la Armada ignoró porque era de la Fuerza Aérea.

A través de varios cambios de nombre y de propósitos, la fábrica cordobesa sin embargo logró construir algunos aviones buenos y originales, pero en general caros por falta de escala de producción (el IA50 Guaraní II, el IA58 Pucará, el IA63 Pampa). Desde los ’50, la FAA también dirigió casi distraídamente la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE) para experimentar en sondas espaciales de combustible sólido de alcance vertical creciente, vehículos que habrían sido convertibles, no sin remontar algunas dificultades de guiado, a misiles tierra-tierra, o tierra-aire. Ya sabemos cómo terminaron la CNIE y el Cóndor II cuando llegó Menem.

Desde los ’30 en adelante el Ejército ponía a sus poco numerosos tecnócratas en el arma de Ingenieros. Aunque por lo común ignorados por sus pares de estado mayor, lograron implementar las muchas y enormes plantas de Fabricaciones Militares, origen de casi toda la metalurgia, la metalmecánica avanzada y la industria eléctrica estatales y privadas  de la Argentina.

La Marina puso a sus propios genios inquietos en su comparativamente pequeña Dirección General de Investigación y Desarrollo, en la Dirección de Hidrografía Naval, y a los industrialistas en la Escuela de Mecánica de la Armada y los Astilleros Río Santiago, en Ensenada, provincia de Buenos Aires. Y desde ya Tandanor, en Dársena Norte, CABA.

Aquí ya asombra una diferencia con la orientación territorialista del Ejército y la Fuerza Aérea, que buscaron abarcar el mayor número posible de provincias en su despliegue tecnológico y productivo.

Es rarísimo que en un país con 2,8 millones de km2 de tierras y 4,2 millones de km2 de mar propio, la Armada todavía tenga casi toda su infraestructura de construcción y mantenimiento naval lejos del agua salada, metidas mayormente adentro del Río de la Plata, lo más cerca posible de la Casa Rosada y nada cerca del frente oceánico argentino. Costó un esfuerzo político de Domingo F. Sarmiento el crear un apostadero principal más hacia el Sur, asunto que culminó, en 1898, con la construcción de Puerto Belgrano, en inmediaciones de Bahía Blanca.  Un impulso similar del Ministro de Marina Manuel Domecq García determinó la fundación de la base de submarinos de Mar del Plata, en 1926.

Puerto Belgrano tiene 122.000 metros cuadrados cubiertos de arsenales y talleres, y dos imponentes diques de carenado capaces de reparar en seco cascos de hasta 220 metros de longitud. Pero Bahía Blanca sigue siendo la costa bonaerense, bastante inútil para la navegación por ser mayormente arenosa o barrosa y de bajas profundidades. Hay 3000 kilómetros más de costa patagónica, mucho más larga, y fuera de la solitaria base aérea de Trelew está desierta de todo activo naval flotante hasta Ushuaia. Aceptado, es un litoral difícil, con pocos puertos abrigados o profundos, y sometido a unos vientos y corrientes de marea que te la cuento. Es verla y llorar por la sucesión de puertos, fiordos y puertos que Tata Dios o la geología le regalaron a Chile. Pero otros países con costas aún más jodidas que la patagónica atlántica (Rusia, Holanda) desarrollaron sus marinas mercantes y militares con lo que la naturaleza les tiró, más mucho valor agregado humano. Esa costa vacía es nuestra mayor frontera con el resto del planeta. ¿Y adónde está la Armada? ¿Alguien la vio?

Asombra también lo poco que la Armada construyó de propio de su Flota de Mar, habiendo tenido siempre desde fines del siglo XIX hasta entrados los años ’70 la más poderosa de Sudamérica.

En el siglo XX hubo cuatro intentonas de autonomía tecnológica militar. En los primeros tres se fundaron casi todos los grandes talleres e industrias referidos: el primero sucedió en épocas de Alvear y su mayor jalón es la FMA, el segundo con la Década Infame se solapa con éste y tiene como pico la fundación de FM, y tercer y más impactante fue también el último que puede llamarse “gran”: el de la primera presidencia de Perón, que relanzó tanto la FMA como FM, fundó los Astilleros Río Santiago (ARS) y se prolongó a través de gobiernos muy distintos hasta mediados de los ‘60.

Todavía no se puede dar por muerto un cuarto intento, más bien de salvataje: el de los Ministerios de Defensa de los gobiernos kirchneristas, con el liderazgo tecnológico de INVAP y CITEDEF. Partiendo de un país doblemente devastado por una guerra perdida, la privatización y/o cierre de sus principales empresas públicas (entre ellas, las de defensa) una deuda gigante y un default, con poca plata, mucho realismo y más aciertos que errores, se trató de remozar viejas plataformas terrestres y marinas con nueva radarística y electrónica, así como devolverle una misión coherente y viable a futuro –la asociación con Embraer, el desarrollar drones- a la fábrica de aviones de Córdoba, destruida durante y por su concesión a Lockheed Martin.

FM y la FMA fueron históricamente grandes intentos audaces de sustitución de importaciones de material bélico, en los que el país puso mucho dinero y un talento considerable. La movida generó decenas de miles de puestos de trabajo directos, y más importante aún, en industrias privadas asociadas en química, electricidad, electrónica, metalmecánica y metalurgia. Pero a FM y a la FMA siempre les faltaron “cinco para el peso” para volver a la Argentina un país independiente y exportador en material bélico como sí lo es Brasil.

Pese a que a la Armada no le faltaron algunos líderes tecnológicos e industrialistas (Pablo Saénz Valiente, Segundo Storni), nunca alcanzaron la visión o la autoridad de Enrique Mosconi o Manuel Savio dentro del Ejército. Comparativamente, hizo bastante menos por el avance industrial naval –y del país- que las otras dos armas sobre el terrestre y el aeronáutico. En el primer gobierno de Perón la Armada construyó en Río Santiago algunas unidades de combate costeras y chicas. Fueron mayormente patrulleras, algunas fragatas, naves logísticas y barcos especiales, como los de hidrografía y el rompehielos Irízar.

En los ’70 sucedieron algunos intentos -rápidamente abortados- de construcción local de destructores y submarinos bajo licencia británica y alemana. Pero la norma es que los barcos principales de la Flota de Mar, los portaviones, acorazados, cruceros, destructores y submarinos, fueran nuevos o “de descarte”, vinieran siempre de afuera.

Y de volar en aviones argentos, a nuestros señores marinos ni hablarles. Nunca uno. Ni los mayores éxitos de fabricación de la planta aeronáutica cordobesa, como el entrenador avanzado IA22 “Diente de León” (206 unidades), único avión militar argentino con un motor argentino. O el transporte biturbohélice Guaraní II (35 unidades), que habría sido un buen avión logístico y de vigilancia costera, dotado de un radar.

Tampoco se requiere mucha imaginación aeronaval para imaginarse al IA58 Pucará (110 construidos) en similares funciones, si se le ponen sensores ópticos infrarrojos para vuelo nocturno, un radar en la nariz y un par de misiles antibuque “Martín Pescador” bajo las alas. El “Puca”, cuyo techo es de 15.500 metros tiene una autonomía de vuelo de 5 horas, en las que puede recorrer 3700 km, y eso sin usar tanques suplementarios. Con un radar “look-down”, un Puca es un AWACS chico, un avión de vigilancia aérea y alerta temprana.

Sólo después del desastre de Malvinas, CITEFA testeó el Puca con el Martín Pescador y el combo, previsiblemente anduvo joya. Ahí CITEFA logró el milagro de que la FAA homologara un misil argentino de cuyo desarrollo se había apartado en los ’70: ¿a quién se le iba a ocurrir que la Aeronáutica tuviera que atacar blancos navales? El asunto es que después de haberlo hecho, y con cierto éxito pese a no tener ningún misil antibuque en su arsenal, sacó la lección. ¿Y la Armada sacó alguna? ¿Pedidos de Pucas del Almirantazgo para patrulla armada con el Martín? ¿Ni uno?

Tiene su lógica, porque es fama que antes de Malvinas el Martín Pescador, un proyecto que arranca en 1966, había sido totalmente desarrollado, disparado en más de 50 ocasiones, y ya se sabían sus flaquezas y virtudes. Las dos grandes flaquezas eran que sólo podía usarse desde aviones de ala fija biposto o desde helicópteros, porque este cohetito no es un “fire and forget” que vuela solo: hay que guiarlo visualmente hasta su blanco, a una distancia máxima de 15 kilómetros. En un avión monoposto y en ambiente de combate, el piloto habría tenido que elegir entre controlar su avión o controlar el misil y se mataría, probablemente con ayuda del enemigo.

El otro inconveniente del Martín era su escasa carga explosiva: 40 kg. Puede parecerle poco a un almirante que ignore la terrible fragilidad de los destructores y fragatas contemporáneos, de casco de aluminio. O a uno que no sepa lo que pueden hacer esos 40 kg. de hexolita en la cubierta llena de combustible y municiones de una nave de operaciones anfibias. O en la de un portaviones.

Lo cierto es que la homologación a los aviones biposto de la Armada (el Trojan T-28 y el Aermacchi MB-326) de este aire-mar tan naval fue “pisado” por cierto almirante, ganoso de las tremendas prestaciones (y comisiones) del AM39 Exocet francés, autoguiado, con casi 50 km. de alcance y 170 kg. de explosivo. Lindísimo y devastador, pero como sucede con todo armamento importado, uno jamás tiene a mano la cantidad necesaria cuando se lo necesita de apuro (ver la Junta Militar en el caso Malvinas).

En la batalla por las islas, 100 o 150 “Martín Pescador” habrían hecho bastante diferencia. Este cohetito de morondanga podía batirse contra la mayor parte de la misilística antiaérea británica: doblaba el alcance de las baterías Rapier de la infantería, triplicaba el de un Stinger o un Blowpipe disparado desde el hombro de un saldado, y le sacaba 5 km. en alcance al muy eficaz Sea Wolf de las fragatas tipo 21, las “guardaespaldas” de corta distancia de las grandes unidades de desembarco. Fuera de las armas de tubo y de los AIM9 Sidewinder usado por los aviones Harrier, el único misil de largo alcance y alta letalidad de la Task Force que habría podido liquidar a Pucas, Trojans y Aermacchis armados con el Martín era el Sea Dart de los destructores tipo 42, muy malo sin embargo a corta distancia.

martín pescador

Finalmente, un Martín Pescador bajo el ala de un Aermacchi de la Armada. Una lástima que sucediera después de la guerra.

Usado desde baja altura en la Bahía de San Carlos, un ambiente cerrado donde los misiles guiados por radar de los fragatas y destructores se confunden debido a los ecos generados por los cerros, el Martín habría hecho mucho daño. Lo cual no significa que hubiera ganado o siquiera empatado la guerra. Eso, en la visión del almirante yanqui Harry Train, comandante de la Flota del Atlántico de la Armada estadounidense durante el conflicto, habría requerido no de otro armamento sino de otra conducción militar argentina, una que entendiera la guerra no como forma de negociación extrema, sino según la entendían los ingleses: guerra, punto. Se gana o se pierde.

Hubo que perder la guerra para que la Armada Argentina homologara su propio misil antibuque. Que luego dejó morir abandonando a medio desarrollo su remplazo, el AS-25K, que sí es un “fire and forget”. Más “forget” que “fire”, por lo que se ve.

En suma, que el “Almirante Cero”, no salió de un repollo: surgió de un almirantazgo tradicionalmente “Cero Nacional”, y con cierta afición por el agua dulce.

La extraña índole de la Armada, impermeable a las olas de nacionalismo tecnológico sucedidas en las otras armas, se ve reflejada en sus fierros. Pero más indicativo aún es el destino de ciertas instalaciones. La Escuela de Mecánica de Núñez pasó de foco de excelencia en motorización y mantenimiento a chupadero donde se decidió la muerte de 5000 civiles. La Base Aérea Naval de Punta Indio sirvió para bombardear y ametrallar Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955, con un saldo de más de 400 civiles muertos y 2000 gravemente heridos.

Last but not least, el lujoso edifico del Centro Naval, en Florida, destinado en 1882 por jóvenes oficiales fundadores a exponer los logros tecnológicos del arma (¿?), hoy es un hotelazo de 5 estrellas que se alquila para fiestas privadas y desfiles de modelos.

El ambiente de guerra favorito de Massera, justamente.


Cristina y Buenos Aires

mayo 17, 2017

cristina-insaurralde-espinoza

Ya reconocí otras veces que este blog estaba dedicando demasiado espacio y atención a la interna del peronismo bonaerense. Es importante, seguro – hablamos del partido mayoritario (primera minoría) en la provincia que reúne cerca del 40 % del electorado argentino. Pero no es el centro del universo. Ni tampoco su fenómeno más interesante.

Además, lo que tengo que decir hará que mis amigos anti K -los tengo- sacudan la cabeza y murmuren “En qué te has convertido, Abel” Pero dije en la columna de comentarios del posteo anterior que, en mi opinión, las discusiones en el mundo digital de militantes con pasión y convicción, estaban un poco alejadas de la realidad. Y ahora veo que las notas de actualidad de periodistas informados – Pablo Ibáñez, de Clarín, Ezequiel Rudman, de Ámbito– están todavía más lejos.

Entonces, siento que debo dejar de lado, por un rato, el análisis de estrategias y hablar de la realidad que veo, a 40 días del cierre de listas. (Eso sí, los filósofos advierten que es imposible conocer la Realidad, “das ding an sich”, y que todo lo que tenemos son nuestras percepciones. Pero, salvo mi amigo Manolo, hay poca filosofía germana en el conurbano).

Mi percepción: La gran mayoría del peronismo bonaerense está razonablemente unida y embarcada en la lenta danza del armado de listas. Con mucha menos hostilidad y conflictos, hasta ahora, de lo que ha sido habitual en su historia. Menos que en la interna de hace dos años.

¿Qué es esa “gran mayoría del peronismo bonaerense”? ¿Cómo se forma? Son los intendentes peronistas -la gran mayoría de ellos, valga la redundancia- que fueron elegidos o reelegidos en sus distritos, más el Partido Justicialista provincial, que está funcionando como un lugar de acuerdo de esos intendentes entre sí y con el factor restante: Más un liderazgo con una alta intención de voto -mayor por lejos a cualquier otra figura en el distrito- y que cuenta con una militancia fervorosa. La base de ese poder son los intendentes, por supuesto. Y los diferentes grupos con que se identificaban, Esmeralda, Fénix, alguna otra etiqueta, hoy son historia. Ni siquiera los divide hoy su mayor o menor entusiasmo con una candidatura de CFK, ni la mayor o menor intención de voto que evalúan tiene en sus distritos. No ven hoy otro liderazgo alternativo en la provincia, y, como políticos peronistas que son, son realistas.

Con esto no desmiento el hecho que Pablo Ibáñez cuenta: Un número de intendentes decidió no aceptar la hospitalidad que generosamente ofreció ayer el presidente del PJ porteño, Santa María, para una reunión que mostraría esa unidad. Sin abrir juicio sobre Boudou, D´Elía -no son jueces, y menos botones- no veían porqué pagar el precio en sus distritos de una posible foto juntos. Se oye el eco lejano de la frase de Mitre “Cuando todos se equivocan, todos tienen razón“. No importa. En estos 40 días, habrá otras ocasiones para mostrarse unidos.

Nada de esto es nuevo, ni surgió de golpe. Este panorama se empezó a ver en el Congreso Partidario del jueves 29 de diciembre en La Matanza, al que asistió Martín Insaurralde. Y -tosecita modesta- se anunciaba desde hace meses en el blog de Abel, porque el análisis de las estrategias posibles estaba determinado por el hecho que el peronismo bonaerense no había construido un liderazgo alternativo al de CFK.

¿Quiere decir que la candidatura de Cristina es un hecho? No. Todavía se considera posible que ella decida que haya otro nombre a la cabeza de la boleta. Y la mayoría de las opiniones se inclina, en ese caso, porque sería otra mujer: Verónica Magario. Pero debo dar una noticia a los “cazadores de traidores”: la lista de candidatos a diputados y senadores nacionales la hará Cristina Kirchner. Por la misma razón que antes que ella, en otras elecciones, la hicieron sucesivamente Herminio Iglesias, Antonio Cafiero, Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner y… Cristina Kirchner. Ese nivel es decidido por la conducción -dentro de los límites que impone la realidad electoral- y hoy la conducción del peronismo bonaerense es CFK.

Los intendentes guardarán celosamente su control sobre las listas de sus distritos. Y van a interesarse mucho en las listas de diputados y senadores provinciales, que son los que irán a negociar con la gobernadora Vidal.

¿Esa “lista de unidad” será también única? Sinceramente, no puedo decirlo a esta altura. Randazzo y su gente están trabajando en eso, pero no es fácil armar, en poco tiempo, listas sólidas en 8 secciones y 135 distritos. De los cuales sólo cuenta con Hurlingham (Juan Zabaleta), San Martín, (Gabriel Katopodis), Bolívar (‘Bali’ Bucca), y un puñado de municipios chicos más. No es imposible: una buena cantidad de dirigentes y activistas del peronismo ha quedado afuera -es inevitable: nunca hay lugar para todos, especialmente cuando no se tiene el Ejecutivo- del actual esquema de poder. Y unos cuantos gremios poderosos están interesados en que haya una lista opositora a CFK en las PASO.

Por mi parte -ya que estoy, me juego- sigo prefiriendo que haya internas en serio. No dejo de reconocer que son costosas y dejan heridas, pero -en la suma total- revigorizan al partido que las tiene. Y los perjuicios son exagerados. Aníbal Fernández, que -estimo, habría sido un muy buen gobernador- perdió porque era un mal candidato. Pero en ese entonces, Cristina y el resto del peronismo estaban (estábamos) convencidos que cualquiera de los nuestros le ganaría al experimento de Macri para la provincia…

Creo que se ha aprendido esa lección y no se volverá a cometer ese error. Pero, está la creatividad argenta: se pueden cometer otros nuevos. En cualquier caso, reitero lo que dije al final del posteo anterior: en la larga madrugada del lunes 24 de octubre, con los resultados de los 24 distritos sobre la mesa, se empezarán a decidir las propuestas y el liderazgo que el peronismo propondrá a la Argentina en 2019.


Randazzo, los votantes y los políticos

mayo 16, 2017

Ayer dos actores muy distintos del escenario político argentino mencionaron a Florencio Randazzo. Héctor Daer, diputado nacional -por el Frente Renovador-, triunviro de la CGT y, lo más importante, secretario general del gremio de la Sanidad, dijo que es “el mejor candidato que tiene el peronismo”. Y desde otro lugar, Martín Sabbatella, ex titular del AFSCA y líder de Nuevo Encuentro, la agrupación que con La Cámpora son las dos organizaciones más numerosas, por lejos, que reúnen a los militantes incondicionales de Cristina Kirchner, dijo “Me genera mucha desconfianza el silencio que tuvo Randazzo durante estos 500 días de ajuste y pérdida de derechos”.

Ambos hechos son interesantes. Las declaraciones de Daer… porque aportan realidad a la conversada, anunciada, posible candidatura de Florencio en la provincia de Buenos Aires. No es que tenga más autoridad que Julián Domínguez, o para el caso que el diario Clarín, que ya la habían anunciado. Es que los sindicalistas se guían por hechos concretos, no por preferencias.

Las de Sabbatella, porque -aunque los custodios de la ortodoxia se apresurarán a marcar que no es peronista (curiosamente, muchos de ellos tampoco)- expresan la actitud de un sector numeroso, visiblemente mayoritario, de la militancia ligada a CFK, que la dirigencia de La Cámpora, sentada en la mesa de negociaciones, no refleja, por ahora.

Hace 24 días subí un posteo Randazzo y los votantes. Creo que sigue siendo válido. Pero me parece necesario agregar algunas cosas.

Entonces señalé que me parecía evidente que una hipotética postulación de “Flopi” -si era algo más que jueguito para la tribuna periodística y del gobierno actual- sólo podía apoyarse en una lectura: Hay un sector de votantes bonaerenses que va a votar contra Macri, que se inclina por el peronismo, pero que rechaza la figura de Cristina. La misma apuesta que hizo Sergio Massa en el 2013 y que a él le salió bien. En un contexto muy distinto, claro.

Sigo pensando lo mismo: Que Randazzo pueda hacer un papel digno en las PASO del frente que arme el peronismo -o, si eligiera eso, por afuera- no depende del apoyo de sindicatos, intendentes, empresarios insatisfechos con el proyecto Macri, ni siquiera de recursos volcados bajo cuerda por el gobierno, si eso existiera. Depende de dos cosas, y sólo de ellas.

  • Que un porcentaje no menor de los bonaerenses estén fastidiados con el gobierno de Macri (hay pocas dudas de eso), que estén dispuestos a votar a un candidato peronista y desilusionados con Massa (algunas encuestas lo sugieren), y que sientan rechazo o desconfianza hacia Cristina y/o su entorno. Los resultados de 2013, y antes de 2009, parecen demostrar eso. Ahí tengo que hacer una observación: en esas ocasiones el voto castigo era al gobierno K; y no existía otra opción competitiva para ese voto que De Narváez en ´09 o Massa en el ’13.
  • Que Randazzo sea el candidato capaz de sumar ese voto, y también plantarse como opositor a Macri. A veces parece que los peronistas que cuestionan a CFK hablan como si cualquiera estuviera en condiciones de hacer un papel digno con sólo presentarse. No estoy diciendo que Florencio no pueda hacerlo; pero todavía no veo una campaña profesional. Y no queda mucho tiempo.

Hasta aquí, lo que ya dije otras veces. Sólo un poco más terminante. Pero todo lo ocurrido en estas semanas me fuerza a resaltar otro factor. Que no decide los resultados de las PASO, y menos las generales de octubre, pero sí es importante para las relaciones de poder en el largo plazo. Es la posición, y los intereses, de la dirigencia política y sindical. Y la actitud de aquella parte de la militancia peronista que no tiene un compromiso emocional con el liderazgo de Cristina.

En esta categoría excluyo a la dirigencia que gobierna un territorio: intendentes o gobernadores. Su prioridad es, necesariamente, mantener una cierta preeminencia en sus cuerpos legislativos, o serán desplazados o al menos se les hará difícil gobernar. Entonces, los intendentes del conurbano bonaerense apoyarán que Cristina sea candidata, porque les suma votos. Los del interior de la provincia, o los de Mendoza, por ejemplo, tomarán distancia de las consignas kirchneristas, porque no les suma.

El resto, y son muchos, no se encuentran expresados ni contenidos en el Instituto Patria, y no aceptan el verticalismo de La Cámpora. Especialmente los sindicalistas, que tienen sus propias organizaciones, bastante verticales, gracias. Además, existen, es inevitable, diferencias sobre las estrategias más acertadas, y ambiciones personales en conflicto.

En la práctica cotidiana de la actividad política, o política sindical, el problema está mucho menos presente que en las discusiones en el mundo digital. La realidad del gobierno de Macri, y las consecuencias de sus políticas obligan a todos los que tienen un compromiso político a definirse, en un sentido o en el otro, en su accionar diario.

En la provincia de Buenos Aires existe una situación especial, porque ahí quien está haciendo política en forma personal e intensa es la misma Cristina. Entonces, quienes no están dispuestos a “encuadrarse” con ella -o tienen expectativas de candidaturas que no creen que obtendrán en una eventual lista que encabece- procuran construir una alternativa, que permita continuar dentro de la estructura del PJ. O volver ahí. Esa alternativa es el proyecto Randazzo.

¿Funcionará? El que viva -unas pocas semanas más- lo verá. En cualquier caso, esta es sólo una etapa provisoria, en la recomposición del peronismo después que hace un año y medio perdió el gobierno nacional y el de la provincia de Buenos Aires. El peronismo que se identifica con el liderazgo de Cristina Kirchner tiene una propuesta. El que no… no la tiene, entre otros motivos porque no ha definido liderazgos nacionales. Igual, hasta octubre, las definiciones se darán en los distritos. Después del 23/10, se empezarán a decidir las propuestas y el liderazgo que el peronismo propondrá a la Argentina en 2019.


Más apuntes para una geopolítica práctica: Transando con la China

mayo 15, 2017

Me parece que vale la pena profundizar la mirada sobre el Encuentro que ha convocado la República Popular China en estos días, al cual asiste el Presidente Macri, que subimos en el posteo anterior. Por eso, les acerco este planteo, que encontré en el blog de Carlos Leyba, que hace José Bekinschtein. Un argentino que vive y trabaja desde hace más de 30 años en Beijing. Llegó en 1981, como consejero económico de la embajada argentina, y ahí se quedó, dirigiendo una empresa china.

Desde hace más de una década predica la necesidad de establecer un “China Desk” que centralice y tenga la capacidad de negociar de manera integral los distintos aspectos que hacen a la relación bilateral. En este trabajo, traza una pintura -un poco lúgubre- de lo que significó hasta ahora para las posibilidades de desarrollo industrias de la Argentina -y de la América del Sur- el comercio con China. Y lo que debemos hacer para mejorar las perspectivas. Copio su artículo (los espacios en blanco se deben a que estaba armado en un formato diferente del que me obliga el blog).

“El comercio entre China (incluyendo Hong Kong) y la Argentina, en los últimos cinco años, ha estado en el orden de los 16 mil quinientos millones de dólares anuales, de los cuales 5 mil quinientos millones de exportaciones argentinas y 11 mil millones de importaciones desde China. El déficit acumulado en el quinquenio suma así 26 mil quinientos millones de dólares, poco menos que el total del balance comercial total de la Argentina en el período.

Como existen divergencias entre las cifras de la Aduana argentina y las originadas en las Aduanas chinas, también se puede hacer el mismo análisis tomando esta última fuente: en este caso el déficit comercial se reduce a 13 mil millones de dólares en el quinquenio, sobre cifras parecidas: 15 mil millones de comercio anual.

Pero más allá de los resultados del comercio hay grandes asimetrías en la importancia relativa de ambos países en sus respectivos mercados y en el perfil del intercambio. Existen las que podemos llamar asimetrías “dadas” y asimetrías simplemente, “aceptadas”.

Entre las primeras están las dimensiones físicas, de territorio, población, tamaño de la economía. Las otras son construidas por la historia y por la política. Por eso mismo son, potencialmente, modificables en función de decisiones y acciones políticas. Entre ellas, por ejemplo, las disimilitudes entre la importancia relativa del comercio entre ambos. Para China, el intercambio con nuestro país representa menos del 0,6 % de su comercio total. Para la Argentina, casi el 20% de su comercio total.

¿Cuán importante es el mercado argentino para las exportaciones chinas?

Destino de las exportaciones de China (acumulado 2011-2015)
Mundo 100,0%
Sudamérica 3,2%
Argentina 0,3%

Sólo el 0,3 % de las exportaciones chinas tienen como destino la Argentina, que, a su vez. es una décima parte del mercado sudamericano.

Las exportaciones chinas son casi totalmente de manufacturas, especialmente de aquellas que incorporan trabajo calificado y tecnología:

Las exportaciones de China+Hong Kong al mundo, a Sudamérica y a la Argentina entre 2011 y 2015

Argentina Sudamérica Mundo
Total 100% 100% 100%
Commodities primarias 1% 7% 7%
Manufacturas , de las cuales 98% 92% 92%
  a) Basadas en mano de obra y recursos naturales 17% 39% 20%
  b) Basadas en mano de obra poco calificada y con tecnología 13% 12% 9%
  c) Basadas en mano de obra con calificación media y tecnología 29% 38% 22%
  d) Basadas en mano de obra altamente calificada y alta tecnología 40% 43% 41%

Fuente: UNCTADStat

A su vez, casi dos tercios de las importaciones de China son de productos manufacturados, pero sólo el 4,4% de las compras en Sudamérica son de ese tipo de productos. Mientras los productos primarios constituyenel 20% de las importaciones totales de China desde el mundo, ellos son las ¾ partes de las importaciones desde Sudamérica y el 85% de las provenientes de la Argentina.

China importa unos 40 mil millones de alimentos para uso humano (no piensos para el ganado) por año pero la Argentina participa sólo del 0,9% de ese mercado:

IMPORTACIONES CHINAS  ARGENTINA

%

MUNDO

%

SUDAMÉRICA

%

TOTAL 100 100 100
PRIMARIOS 85 21 76
MANUFACTURADOS 7 59 4
*Trabajo y RN intensivos 3 3 1
*Trabajo poco calificado y baja tecnología 0 2 1
*Trabajo mediano intensivo en tecnología 0 17 0,4
*Alta calificación Trabajo y tecnología 3 37 1.6
COMBUSTIBLES Y MINERALES 8 16 19
ALIMENTOS NO OLEAGINOSOS 6 2 5
SEMILLAS Y FRUTOS OLEAGINOSOS 64 2 20

 

A su vez, China ocupa el primer o segundo puesto, según el rubro, como destino de nuestras exportaciones. Representa el mercado para el 7,5% de los embarques desde la Argentina, y el 15% de las exportaciones de Sudamérica.

Este perfil asimétrico de comercio ha venido acompañado de un proceso de

desindustrialización en la región: la industría pasó de participar en 18 % en la generación del PBI en 1990 a sólo el 10 % en 2015

Claro que esto no es totalmente atribuible a la evolución de nuestro comercio con China. Antes, políticas domésticas o falta de ellas, el cambio tecnológico, las decisiones de empresas transnacionales seguramente han tenido algo que ver,  pero el “culpable” visible es China.

Por otro lado los flujos de inversión directa de China hasta el momento no han hecho más que fortalecer esta impresión de “primarización” ya que el 90 % de la inversión china en la región se ha dirigido a actividades extractivas. Esto podría cambiar en parte con los proyectos de infraestructura anunciados en las reuniones CELAC-China, en las visitas del presidente Xi a la región y últimamente con la publicación en noviembre pasado de la actualización del Libro Blanco de relaciones con América Latina.

Allí se  habla de impulsar la inversión en el sector industrial (para aumentar la capacidad de producción en esa región) y financiero -cita en concreto préstamos especiales para la construcción de infraestructura-, así como reforzar la cooperación en energía, agricultura, ciencia y tecnología.

El modelo de cooperación que describen merece una cuidadosa atención de nuestra parte e indica que China está dispuesta a avanzar en como dicen ustedes, los chinos, una relación basada en “la igualdad y el beneficio mutuo”.

Tampoco podemos menos que estar de acuerdo en la apuesta que allí se hace  por incrementar la coordinación entre China y Latinoamérica/Caribe en asuntos internacionales, en el marco de la ONU y otros organismos y en la lucha contra el cambio climático, promoviendo la implementación del acuerdo de París.

¿Cómo se traduce esto en hechos?

China necesita distinguir, en su aproximación a la región, las distintas realidades de nuestras economías nacionales. Entre  aquellos países de nuestro continente que han adoptado conscientemente o llevados por las circunstancias, modelos de crecimiento puramente basados en las ventajas comparativas y de base extractiva. Y aquellas economías que aún hoy mantienen una voluntad de conservar una sociedad integrada a través del desarrollo industrial y tecnológico, como camino a la generación de trabajo digno y creativo y como vía de acceso a derechos mínimos de ciudadanía para toda la población.

China puede pasar de ser vista como un factor mayor de desindustrialización a un socio mayor en la generación de valor agregado en  la transformación de nuestras materias primas y alimentos básicos. La asociación de empresas chinas con grupos locales o incluso la inversión greenfield de empresas chinas del sector de alimentos en nuestro territorio, con proyectos vinculados a la exportación al propio mercado chino y al resto de Asia, contribuirá sin duda no sólo al desarrollo de negocios rentables, sino a un cambio en la percepción de China como amenaza, a la de China como asociada a nuestro propio proyecto de desarrollo sustentable. En los países más industrializados, China mantiene como aliados frente a presiones proteccionistas a todo un sector industrial, posiblemente el más avanzado tecnológicamente (aeronáutica, TICs, material de transporte) para el cual China es un mercado fundamental o su base de operaciones en Asia. Ese tipo de sociedad, de poder de lobby, llamémoslo así, está poco presente en nuestros países, donde el principal aliado de China es sólo el sector importador. Es lo que hay que cambiar.

El desarrollo chino -y no hablamos sólo desde las reformas de 1978 o 1992- ha sido una muestra de pragmatismo sí, pero en función de un proyecto conducido desde los más altos niveles del Estado.

Si a partir de las reformas de los años 90, China hubiera seguido el camino de especializarse únicamente según criterios de mercado y de ventajas comparativas, seguramente hoy sería sólo una gran fábrica de textiles o de zapatos, basados en mano de obra barata. Sabemos que no ha sido así. Las cifras del perfil exportador que vimos antes lo indican. Un ejemplo que nos toca de cerca es el de la China National Railway que es hoy nuestra principal proveedora de material ferroviario. Pero su desarrollo como gran grupo exportador no hubiera sido posible sin políticas de Estado que durante décadas le permitieron disponer de recursos financieros y de desarrollo tecnológico, y sobre todo de metas de estrategia industrial. A fines de los 90, China decidió que sus primeras líneas de trenes de alta velocidad se iban a ejecutar en todo lo posible con desarrollos tecnológicos y de ingeniería propios, pese a los costos que ello implicaría en relación a la simple incorporación de tecnología japonesa, francesa o alemana. Hoy la CNR es la mayor exportadora mundial de material ferroviario.

Necesitamos entonces empresas chinas que inviertan en nuestro propio proceso de transformación. Y también necesitamos que los líderes del Gobierno y del Partido, entiendan también nuestro derecho y nuestra voluntad de generar las bases económicas para un desarrollo integral de nuestra economía y nuestra sociedad, tal como ellos mismos lo han venido haciendo. No planificando autoritariamente. Con una amplia utilización del mercado como instrumento de asignación de precios y de recursos. Pero también con una visión estratégica que oriente las decisiones de política no sólo en base a los precios de hoy, sino sobre todo teniendo en cuenta la visión de qué queremos para nuestras naciones en cinco, diez o veinte años.


China y nosotros: apuntes para una geopolítica práctica

mayo 15, 2017

(cliquear encima del mapa para ampliar)

Con motivo del viaje del Presidente Macri a la República Popular China, los medios locales están llenos de datos y anécdotas (Y la inquietud de los ahora oficialistas por la base espacial china en Neuquén ha desaparecido, naturalmente). Igual, creo conveniente que sumemos, y compartamos, información y reflexión sobre el tema. Es probable que la relación con esa vieja y nueva Gran Potencia sea el dato más importante para nuestro país en las próximas décadas.

En el blog hablamos sobre eso en muchas ocasiones, por supuesto. Me animo a recomendar, todavía, la y la parte de China: ¿nuestra nueva Inglaterra?, que subí durante el gobierno anterior. Pero este fin de semana el comentarista Rogelio -con cuyos planteos no siempre coincido, pero tengo que reconocerlo informado y cuidadoso- acercó buena información de lo que está pasando ahora, en la reunión a la que asiste el Mau. Copio y agrego un enlace:

“El evento es el I Foro Belt & Road en China

¿Quién está asistiendo al Foro? El detalle pueden verlo aquí, pero para los que no dominan el inglés les sugiero un vistazo al bonito mapa de arriba. Los países que asisten están en rojo, azul y verde. Los que están representados por sus Jefes de Estado son los rojos. Notarán que un sólo país en el Hemisferio Occidental es “rojo” (sin connotación ideológica).

– El centro de gravedad está en Asia
– Putín saluda la reunión por la integración de “Eurasia”, y pide por “soluciones frescas” a los conflictos políticos
– América también está presente: EE.UU., Brasil y el Cono Sur: Argentina y Chile
– El proyecto Trans-Pacific Partnership de Obama excluía a China; ahora, sobre las cenizas del TPP, Estados Unidos no solamente concurre al foro sino que, como signo inmediato de la reunión de Mar-a-Lago entre Trump y Xi, acaba de cerrar con China un acuerdo comercial que incluye gas licuado, carne bovina y carne aviar
– Los chinos resumen los números del discurso inaugural de Xi Jinping en una infografía panorámica

Argentina en el foro
¿Qué hacemos nosotros en el foro?

1. Vale como antecedente toda la interacción con China durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández: exportaciones sojeras y de la agroindustria, compra de material ferroviario, acuerdo swap entre el BCRA y el Banco Central Chino, …
2. Bajo la actual administración:
2.1 “Plan Quinquenal Integrado China-Argentina para la Cooperación en Infraestructura (2017-2021) que incluye 16 proyectos de cooperación de infraestructura prioritaria
– Rehabilitación de los sistemas ferroviarios de la línea San Martín
– Rehabilitación de los sistemas ferroviarios de la línea Roca
– Rehabilitación de los sistemas ferroviarios de la línea Mitre
– Rehabilitación de los sistemas ferroviarios de cargas del ferrocarril Urquiza
– Rehabilitación de los sistemas ferroviarios de cargas del ferrocarril Belgrano
– Material rodante para pasajeros de Buenos Aires
– Centrales nucleares Atucha IV y V
– Estación de energía fotovoltaica de Jujuy “Cauchari”
– Planta hidroeléctrica El Tambolar
– Planta hidroeléctrica “Chihuido”
– Planta hidroeléctrica “Potrero del Clavillo”
– Parque eólico “Cerro Arauco”
– Estación hidroeléctrica “Los Blancos”
– Dragado del río “El Salado”
– Sistema de transmisión eléctrica de las represas Kirchner y Cepernic
– El polo energético Zárate. Centrales elécricas alimentadas por gas CCPP
2.2 El Complejo Hidroeléctrico La Barrancosa-Cóndor Cliff denominado hoy “Aprovechamiento Hidroeléctrico del Río Santa Cruz”: represas Presidente Néstor Kirchner y Gobernador Jorge Cepernic.
2.3 Los proyectos mencionados por el embajador argentino en China Diego Guelar que consisten en la firma de acuerdos durante la visita de Macri a China por 30 mil millones de dólares en las áreas de agroindustria, energía, transporte y minería
2.3.1 la hidrovía que vinculará Argentina, Paraguay, Bolivia, Brasil y Uruguay que va a tener crédito del nuevo banco de inversión asiático al que Argentina se está incorporando en este viaje
2.3.2 la triangulación con los chinos en sus programas de cooperación con África en dos áreas: aprovisionamiento de alimentos y asistencia tecnológía agropecuaria

Dice el embajador Guelar: “Nosotros estamos estratégicamente en la agenda china como proveedores. No estamos ni en la norteamericana, ni en la europea, pero sí en la china por los ejes de infraestructura, agroindustria y minería”. Y añade: “Argentina más Brasil, Paraguay, Uruguay y Chile somos el 25% de todo el suministro de China; segundo está Estados Unidos con el 20%”.. Por otra parte “en este viaje, “estamos lanzando el acuerdo con Shandong Gold Group en Veladero, San Juan”.

Como parte de un “entramado descentralizado”, dice Guelar, “comenzaremos con el fútbol como nave insignia que incluye a clubes, escuelas, provincias y a la AFA”.

Obviamente en los planes también están presentes:
– el turismo (visas con entrada múltiple),
– se instalará el organismo de control chino de seguridad alimentaria en Argentina
– y el cierre de acuerdos sobre carne enfriada, miel, arándanos, uvas, arvejas.”

Rogelio agrega, modestamente, “Lo que se me ha pasado por alto”. Por mi parte, les pido que tengan presente que para todos los gobiernos, los nuestros y el chino, es mucho más fácil anunciar que realizar. Trataré de añadir más información sobre lo que ya comercian Argentina y China. De cualquier modo, se puede decir que aprender mandarín es una sabia decisión para cualquier joven con ambiciones.


¿Porqué ganó Macron? ¿Y Macri?

mayo 14, 2017

No se preocupen. La idea hoy es reflexionar sobre la realidad política argentina algo más abajo de la superficie, como trato de hacer muchos domingos (y otros días también). Entonces, no voy a pontificar sobre las elecciones de hace 7 días en Francia. Ustedes, si estaban interesados en el asunto, habrán leído montañas de palabrerío -alguno inteligente- en los medios y blogs. En este blog habíamos anticipado algo dos semanas atrás Francia: entre la banca y la bronca (sigo pensando que el título es un buen resumen) y lo seguimos aquí (esta columna de comentarios resultó jugosa).

No. La intención es pensar, en voz alta, sobre las condiciones que hicieron posible el triunfo electoral de un Emmanuel Macron en Francia (No basta con decir porque enfrente estaba Le Pen. Antes, quedó primero entre 8 candidatos). Y si esas condiciones tienen algo en común con las que posibilitaron el triunfo de un Mauricio Macri en Argentina. Además, lo que importa: saber si esas condiciones siguen vigentes. Adelanto mi opinión: sí.

Algunas aclaraciones previas sobre este planteo que hago. Una: No comparto la sorpresa del progresismo ingenuo, o del peronismo ingenuo, cuando las mayorías votan, en alguna oportunidad, a alguien de la “derecha” o a algún “liberal”. Sucede con mucha frecuencia en casi todos los países ¿Por qué no aquí? Además, ya fueron votados, para Presidente, un privatizador que nos prometía incorporarnos al “Primer Mundo” -Menem, en 1995- y alguien que prometió continuar la política económica del otro, con un barniz republicano y conservador -De la Rúa, 1999.

Otra, aún más importante: como dije en ese segundo posteo, es posible que Macron, relativamente joven, ajeno a los partidos tradicionales, mirado con simpatía por el capital transnacional, nos haga pensar en Macri. Un Macri con experiencia en el gobierno de su país y con mejor formación intelectual (no es una vara muy alta). Pero no es lo mismo alguien de ese formato en una Gran Potencia -aún deteriorada- que en un país en el que la gran mayoría de sus grandes empresas son extranjeras y una buena parte de sus “autoridades” no siente una especial pulsión por defender los intereses nacionales.

Sobre esa fundamental diferencia, me voy a extender en otros posteos. Ahora quiero ir al dato social visible -casi ausente de los discursos políticos, sin embargo- que ayuda a entender, entre otras cosas, porqué puede ganar un candidato cuya política económica, previsiblemente, no va a ser favorable a la mayoría.
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El asunto fue tratado en forma muy accesible hace casi 60 años, en un libro de John Kenneth Galbraith, un economista que ahora no está de moda. Natural. Decía, ya en 1952, (“Capitalismo americano”) que las grandes corporaciones habían desplazado a las pequeñas y a las empresas familiares en la economía de EE.UU., y por lo tanto, los modelos de competencia perfecta eran inaplicables.  Una forma para contrarrestar su poder, según Galbraith, era el surgimiento de grandes sindicatos. Una herejía erradicada por la Inquisición del pensamiento aceptado desde hace 40 años.
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Pero el libro al que me refiero es más reciente, de 1958. Se llama “The affluent society“, y fue editado en castellano, y muy leído en ese tiempo, con el título “La sociedad opulenta“. Creo que es una mala traducción. “Opulencia” se asocia con riqueza y lujo. La palabra en inglés se acerca más a la imagen de una sociedad donde un gran porcentaje de sus miembros tiene acceso a un consumo bastante más allá de la concepción marxista de la supervivencia del proletariado. Productos que son nuevas necesidades y/o símbolos de status de una clase media con aspiraciones. En ese entonces, el auto, el televisor. Hoy serían también por supuesto el auto, el smartphone,…
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Éste no era el tema central del libro (lo estoy citando de memoria, porque no lo encuentro en mi desordenada biblioteca y no quiero ponerme a leerlo en Internet). La tesis que desarrollaba era cómo el sector privado de la economía, cada vez más rico, miraba con avaricia y hostilidad al sector público (como se darán cuenta, J. K. G. veía con claridad lo que se venía). Pero lo que ha quedado con fuerza en mi memoria, y hoy quiero resaltarlo ante ustedes, es que fue el primer libro que leí de un economista importante y lúcido que asumía un hecho obvio: En los países con una economía más o menos moderna, es decir, diversificada, los pobres, los “proletarios” en la concepción tradicional de los sociólogos clásicos, ya no son la mayoría de la sociedad.
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Por supuesto, para evitar discusiones idiotas, es necesario recordar que “pobreza” es, para el observador, un tema de definiciones (No para el que la vive, claro). El INDEC tiene un criterio, y la Universidad Católica Argentina otro. Y hay muchos más. Guillermo Moreno, durante su gestión, con más sutileza que la que se le reconoce, sostuvo que “pobre” es el que debe dedicar la mayor parte de sus ingresos a la alimentación. Es un concepto menos arbitrario que otros. Pero, cualquiera que se adopte, debemos aceptar una realidad indiscutible: el hecho de estar debajo de un determinado nivel de ingresos, o con menor acceso a determinados bienes, no crea por sí mismo una identidad común, ni tampoco una conciencia de intereses comunes.
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Carlos Marx, que -como sus remotos discípulos actuales- se llevó un disgusto cuando el pueblo francés plebiscitó a Luis Napoleón (se desahogó con el 18 Brumario), pensaba que -al contrario del campesino francés, individualista, al que sólo le interesaba conservar las tierras que la Revolución había repartido- el obrero urbano iba a adquirir una conciencia y una disciplina colectiva a través del trabajo en la fábrica. Hay algo de cierto en eso, aunque los ejempos actuales lo habrían desconcertado, creo: En las elecciones del domingo pasado, Le Pen le ganó a Macron 56 a 44 % en el voto de los obreros industriales. Y fue la clase obrera blanca estadounidense la que le dio el triunfo a Trump.
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Pero eso es irrelevante para nosotros. El elemento central, que cualquiera con compromiso político o vocación de transformar la sociedad debe tomar en cuenta en la situación actual de nuestro país, es que, repito, el hecho de ser perjudicados por una política económica, un hecho que previsiblemente se va a imponer sobre campañas mediáticas, prejuicios culturales y “grietas” varias, no crea solamente por eso una identidad común, ni tampoco una conciencia de intereses comunes.
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El peronismo, lo he dicho a menudo en el blog, es el “partido de los de abajo”. Y no sólo por su historia: se debe a que es una opción política que está presente y activa entre los trabajadores y entre los excluidos (También lo están la iglesia católica, algunas iglesias evangélicas y partidos de izquierda “dura”. Pero con mucha menos vocación o posibilidad de poder, y los “de abajo” necesitan respuestas concretas). Ahora, sus dirigentes y sus militantes deben esforzarse en convertir esa potencialidad en una voluntad y en un proyecto. Las elecciones de octubre son sólo el primer paso de esta nueva etapa.

“La conspiración de los robots”

mayo 13, 2017

tiemposchaplin1

El desempleo tecnológico -el reemplazo del trabajo humano por máquinas- es un tema que está apareciendo a menudo en los medios y en las discusiones políticas. Ese reemplazo no es un hecho nuevo: se produce desde hace muchos siglos, cuando se inventaron los molinos. O se puede decir que bastante antes, cuanto las piedras filosas resultaron ser más eficaces que uñas y dientes. Pero, natural, debemos discutir los problemas de ahora. Para los que están proponiendo soluciones personas tan distintas como el Partido de los Trabajadores Socialistas y don Carlos Slim.

Otra vez recurro a un artículo de la economista Paula Bach. Aprecio mucho su trabajo , más allá de su sesgo ideológico y político, que los tiene, por supuesto, porque se esfuerza en documentarse y encarar todas las facetas. Y también porque me permite hacer algunos comentarios al final.

“Las páginas de la prensa están desde hace tiempo plagadas de información sobre las habilidades de los robots, los vehículos driverless y la “inteligencia artificial”. Autos sin conductor diseñados por Google, barcos autónomos ideados por el Pentágono, humanoides que podrían operar con escasa colaboración de médicos de carne y hueso, robots pensados por Airbus para trabajar junto a humanos en la línea de montaje o plataformas de inteligencia artificial que, según dicen, resultan capaces de manejar hasta treinta idiomas y pueden aprender a interactuar con humanos.

Pero la información –que particularmente se ocupa de destacar imágenes humanoides– no viene sola ni es gratis. Su correlato lo constituyen insistentes preguntas aviesas del tipo: “Robots: ¿amigos o enemigos del hombre?”; “¿más o menos eficaces que los humanos?”; “¿los robots son buenos o malos para la humanidad?”. O, más directamente, afirmaciones tales como: “millones de trabajadores perderán sus empleos”.

Sin embargo, preguntas como: ¿será capaz la humanidad de poner a su servicio un producto tal de la inteligencia colectiva?; ¿será capaz de reducir el tiempo de trabajo gris y cotidiano en el mediano o aún en el largo plazo?; ¿de cuántas horas sería una jornada de trabajo media teniendo en cuenta la ayuda de este eventual “ejército de robots”?; ¿de 6?; ¿de 4 horas?; ¿de  3, de 2?; ¿será capaz la humanidad de crear las máquinas que le permitan a las amplias mayorías conquistar el tiempo libre necesario para desarrollar la imaginación, la creatividad, el arte, la ciencia? Parece extraño, pero nadie –salvo muy escasas excepciones entre aquellos que tienen el poder de influenciar la opinión pública– se formula este humilde interrogante…

¿Un ejército al acecho?

La imagen de un ejército de robots en movimiento dispuesto a desplazar a los humanos de sus puestos de trabajo, exige recapacitar sobre el verdadero estado de la cuestión. En primer lugar hay que señalar que la idea de la revolución de la robótica es parte del concepto más amplio de una nueva “revolución industrial” eventualmente impulsada por el salto tecnológico en la información y las comunicaciones, que además de robots, vehículos sin conductor, “inteligencia artificial” –o big data–, involucra a las impresoras 3D entre otros grandes rubros como la genética, la nanotecnología o los avances médicos y farmacéuticos.

Como señala Robert Gordon en The rise and fall of american growth1, la industria de la robótica fue introducida por General Motors en 1961 pero recién hacia mediados de los años ‘90 comenzaron a utilizarse robots para soldar partes de automóviles o reemplazar trabajadores en los insalubres talleres de pintura automotriz. Sin embargo –y también según Gordon– hasta hace unos pocos años los robots resultaban demasiado grandes y demasiado caros. La progresiva disminución en el costo de los componentes de las computadoras y el crecimiento exponencial en su performance, así como las mejoras en herramientas de diseño electromecánico y en almacenamiento de energía eléctrica, son algunos de los avances que dieron lugar a la producción de robots pequeños, con costos reducidos y crecientemente capaces.

Aunque existen robots que se desempeñan en los ámbitos de servicios distribuyendo  suministros en hospitales, realizando entregas en las habitaciones de hoteles, alcanzando comidas a los clientes en restaurantes o en los grandes depósitos, hasta ahora las mayores inversiones en robótica se produjeron en el ámbito industrial. Pocas empresas industriales han considerado sin embargo la posibilidad de utilizar robots humanoides para sus fábricas. Suelen contar más bien con sistemas de dos brazos, porque los robots se desarrollan para realizar tareas específicas, para apoyar al trabajo humano y para ello simplemente, no se necesitan “dos piernas”2. La mayoría de los robots tomó la forma de máquinas industriales caras, de alta precisión, que generalmente operan en jaulas de protección en las líneas de montaje de automóviles, llevando a cabo tareas preprogramadas, sin la necesidad o la posibilidad de adaptarse a condiciones cambiantes3. No obstante a partir de 2012 comenzaron a fabricarse robots de bajo costo destinados a pequeñas empresas que imitan parcialmente la forma humana y que –como los bautizados Baxter o Sawyer– están diseñados para trabajar junto a humanos, pudiendo reprogramarse diariamente para cambiar de tarea.

En consonancia con gran cantidad de fabricantes, industriales y científicos, Gordon subraya que el nivel robótico obtenido hasta el momento sólo complementa el trabajo humano y aún está lejos de contar con la capacidad para reemplazarlo. Señala por caso que en los depósitos de Amazon, mencionados a menudo como ejemplo de frontera de la tecnología robótica, se verifica que los autómatas en realidad no manipulan mercadería. Se limitan a trasladar estantes cargados hasta los lugares donde los empleados empacan los objetos. Las habilidades táctiles para distinguir formas, tamaños y texturas están aún por fuera de las capacidades robóticas. Evaluaciones similares se reflejan en diversas notas de la prensa internacional4 que distinguen la precisión como un reto para la robótica. Suele subrayarse, por ejemplo, que si bien los robots pueden colocar componentes electrónicos en una placa de circuito plana, tienen dificultades para montar una batería de auto que posee muchas piezas pequeñas que deben ser instaladas en ángulos de difícil acceso. A su vez, tareas de trabajo muy intensivo como la costura de prendas o la fabricación de calzado, habrían sufrido hasta el momento una automatización mínima.

Robert Gordon apunta también que –tal como afirman especialistas del MIT’s Computer Science and Artificial Intelligence Laboratory– la capacidad de razonamiento de los robots es limitada y está contenida íntegramente en el software. De modo tal que si un robot se encuentra frente a una situación para la que no está programado, entra en estado de error y deja de operar. Algo similar sucede con los vehículos sin conductor –aún en fase de experimentación– que funcionan en base a mapas y no consiguen adaptarse al terreno tal como se presenta. Cualquier cambio inesperado en el “territorio” pone al software de manejo en blanco y exige la toma de control por parte de un conductor.

Inteligencia artificial

En el caso del big data –o lo que se conoce como “inteligencia artificial”– los reconocidos especialistas Brynjolfsson y McAffe se preguntan si la tecnología de automatización está llegando cerca de un punto de inflexión en el que finalmente las máquinas dominan los rasgos que mantuvieron a los humanos irremplazables. Pero Gordon afirma que estos autores –considerados parte del ala “tecnooptimista”– mienten directamente respecto de la sofisticación y humanización de las habilidades de las computadoras. Gordon puntualiza que por ahora y en su gran mayoría, el big data está siendo utilizado por las grandes corporaciones con propósitos de marketing.  Y que si las computadoras trabajan también en campos como diagnóstico médico, prevención del crimen, aprobación de créditos, agentes de seguro, entre otros, donde en algunos casos los analistas humanos son reemplazados, en realidad la velocidad de las computadoras mayormente logra acelerar el proceso y volverlo más preciso trabajando en colaboración con humanos. Gordon señala además que en todo caso los puestos que pueden ser reemplazados no resultan nada demasiado nuevo sino que siguen los pasos de las víctimas de la web de hace dos décadas como los agentes de viajes, vendedores de enciclopedias o trabajadores de videoclubs.

Aunque la prensa financiera británicaguste reflejar ideas tan “loables” como que los robots “No beben, no se cansan y no van a la huelga”, al menos por ahora las máquinas y los “humanoides” están muy lejos de poder sustituir a aquellos que beben, se cansan, van al paro y encima –aunque ya no se puede distinguir si para bien o para mal de los dueños del capital–… ¡piensan! Como también señala Gordon, en el formato actual de los robots que trabajan en colaboración con humanos no hay nada muy distinto a la introducción de maquinaria en la industria textil en la temprana revolución industrial en Inglaterra. El reemplazo de trabajo humano por computadoras se viene desarrollando desde hace más de cinco décadas y el reemplazo de trabajo humano por máquinas en general lleva más de dos siglos.

Por supuesto –resalta Gordon– muchas funciones de los robots van a desarrollarse en el futuro. Pero habrá que esperar a un largo y gradual proceso antes de que estos  humanoides –por fuera de la manufactura y el marketing– devengan un factor significativo de reemplazo de trabajo humano en los servicios, el transporte o la construcción, es decir en los sectores que más crecen en los países centrales y donde la baja productividad se manifiesta como problema más agudo.

Debido a que en el sector de servicios, el producto –en gran parte de los casos y como resaltáramos en un ensayo6 de hace varios años– no existe como algo separado del productor, no resulta descabellada la hipótesis según la cual pueda resultar más difícil crear los robots que efectivamente sustituyan puestos de trabajo en ese ámbito. A diferencia de la manufactura, donde pueden sustituirse trabajos parciales o tareas específicas, en los servicios y en una multitud de circunstancias, se debería suplantar directamente al trabajador y precisamente eso es lo que está muy lejos de ser alcanzado amén del gran desarrollo tecnológico. Limitación que se pone de manifiesto –no por casualidad– cuando el trabajo de servicios ocupa un lugar creciente en la economía capitalista.

El colmo del fetichismo (o gato encerrado)

Más allá de los aspectos referidos al estado actual de la tecnología, resta señalar que es necesario distinguir entre innovación y aplicación o, lo que es lo mismo, entre desarrollo tecnológico y productividad. Lo cierto es que sea cual fuere el nivel de avance tecnológico obtenido hasta el momento, un “ejército de robots” no podría “venir marchando” simplemente porque los dueños del capital –al menos en el presente estado de cosas– no están dispuestos a invertir masivamente en tecnología. Es lo que muestran los datos de inversión y productividad –fundamentalmente en los países centrales.

Es importante recordar que existe una fuerte correlación entre inversión y productividad. En términos fácticos y según constata Michael Roberts7, en las décadas posteriores a los años ‘70 el momento “top” de la productividad se produjo en Estados Unidos como resultado del momento “top” de la inversión, entre mediados de la década del ‘90 y mediados de la década del 2000. Michel Husson8 también expone esta correlación entre incremento de productividad e inversión en capital fijo, material informático y software, señalando que inversión y productividad en Estados Unidos se aceleraron conjuntamente durante el período 1995-2002, por comparación con su débil itinerario durante los años 1975-1995. Ambas variables vuelven a disminuir subsiguientemente y toman una senda particularmente descendente en los años posteriores al estallido de la crisis 2007/8. El incremento de la inversión productiva no residencial neta promedio se hallaba por debajo del 2 % del PBI en el año 20129, lo que equivale a menos de la mitad de su nivel promedio del 4 % alcanzado en el largo período que se extiende entre la Segunda Posguerra y el año 2000. Husson10 constata que esta situación permanecía sin cambios significativos al menos hasta 2014. En la Cumbre de Hangzhou a fines de 2016, el G-20 ratificaba su preocupación por el lento crecimiento de la inversión y la productividad en “algunos países” –léase, en los centrales. Como resultado, durante los años pos crisis 2007/8, el incremento de la productividad del trabajo alcanzó una performance muy por debajo de la ya apagada media de los años 1972-96.

De modo que innovación y aplicación no son sinónimos. Y al menos para la reflexión, vale la pena tener presente que nuevamente en The rise and fall of american growth, Gordon demuestra que aunque los años veinte del siglo pasado resultaron el período por excelencia de acumulación y desarrollo de gran parte de los inventos del siglo XIX, su aplicación efectiva y el extraordinario aumento de la productividad derivada, se produjeron recién en la década del ‘40 al calor de la Segunda Guerra primero y de la reconversión civil, luego.

En suma, y aunque la aplicación de nuevas tecnologías es un proceso en curso que se  incrementa en determinados sectores y países expulsando mano de obra, no existen realmente demasiados elementos para creer en la amenaza de un ejército de robots marchando sobre el trabajo asalariado… En realidad mientras los “tecno-optimistas” prometen una nueva revolución industrial y amenazan con la destrucción de centenares de millones de empleos, los “tecno-pesimistas” –entre los que se encuentra Gordon– auguran décadas de bajo crecimiento al tiempo que alertan sobre la escasez de mano de obra asociada al bajo incremento poblacional, particularmente en los países centrales. El problema es que quizás detrás de lo que Gordon llama el “pesimismo” de los optimistas, se oculte una visión escéptica respecto de las posibilidades del capital de aplicar en gran escala los avances tecnológicos existentes, convertida en arma de amedrentamiento hacia los trabajadores. Y aún sin tener que pensar de manera maquiavélica es probable que estas dos posturas sean más complementarias que esquizofrénicas en el marco no sólo del bajo crecimiento poblacional sino –y fundamentalmente– en el contexto de la escasez relativa de mano de obra barata y ausencia de fuentes para la acumulación del capital.

Fredric Jameson recuerda en Representar El Capital11 que Marx insistió tempranamente sobre el hecho de que “…la fuerza impulsora tras la introducción de nueva maquinaria, aún cuando su posibilidad técnica haya estado disponible por mucho tiempo, no es el ingenio de los inventores, sino más bien el descontento de los trabajadores. La nueva maquinaria es la respuesta de los capitalistas a la huelga, a la exigencia de salarios más altos, a la organización –o  combinación”– cada vez más efectiva de los obreros“.

Parece toda una profecía que desinfla al “ejército de robots en movimiento” y lo convierte en un arma de propaganda preventiva. Su objetivo es inculcar miedo y convertir en designio de la naturaleza la intención de los ideólogos del capital. Se trata de señalar a los trabajadores que “la naturaleza” podría estar creándoles un nuevo rival… “¿enemigos?” “¿mejores que los humanos?”.

El mensaje es “no parar”, “no pedir aumentos salariales” y “trabajar con la cabeza gacha” porque se prepara un ejército –ya no sólo de inmigrantes12…sino también de robots– dispuestos a usurpar los puestos de trabajo. El capitalismo siempre ha personificado las cosas y cosificado a las personas. Pero los robots son el colmo de ese mecanismo. La propaganda convierte a las mercancías “robots” en enemigos con forma humana de un hombre desahuciado, “cosificado”, cuya voluntad estaría anulada no pudiendo más que contemplar como la naturaleza (capitalista) sigue desatando sobre él rayos y centellas.

Por último nos queda formular los elementos de falsedad que contiene el propio concepto de “desempleo tecnológico”. Si bien el capitalismo naturalmente utiliza la tecnología  contra los trabajadores transformando –como dice Marx– el tiempo libre conquistado en plustrabajo en un polo y desempleo en el otro, este mecanismo no impide la constante creación de nuevos empleos a la par que destruye los antiguos. Esto último es lo que resaltan autores como Michel Husson13 poniendo de relieve que …la vieja tesis del “fin del trabajo” no se corresponde con la realidad: durante la “época dorada del capitalismo” (1945-1975), en el que los incrementos de la productividad fueron muy superiores, el paro fue muy inferior.

También el inventor de los coches autoconducidos de Google, Sebastián Thrun, nos recuerda que “Con el advenimiento de las nuevas tecnologías, siempre hemos creado nuevos puestos de trabajo”14. Finalmente Gordon, refiriéndose a Estados Unidos, se ocupa de resaltar la contradicción. Apunta que el problema creado por la era de las computadoras no es el desempleo en masa sino la gradual desaparición del trabajo de calidad, estable, de nivel medio, que se ha perdido no precisamente por los robots y los algoritmos sino por la “globalización” y la deslocalización que concentró el empleo en trabajos rutinarios simples que ofrecen relativamente bajos salarios. Aunque esta última afirmación resulta particularmente sugerente, sería en apariencia más justo definir que la desaparición del trabajo de calidad es más bien el resultado combinado de la “globalización”, las deslocalizaciones y el particular uso capitalista de los avances tecnológicos.

Permítasenos agregar solamente que contra estos artilugios, el arma privilegiada de los  trabajadores es nada más ni nada menos que la unidad de sus filas para exigir la reducción de la jornada y el reparto de las horas de trabajo entre todos los brazos disponibles, sin reducciones salariales, para conquistar el tiempo libre, poniendo a su servicio ese  verdadero prodigio, “propiedad” de la humanidad en su conjunto, que representan los avances de la técnica y la ciencia.

  1. Gordon, Robert, The rise and fall of American growth, New Jersey, Princeton University Press, 2016.
  2. Ver “Airbus plans to develop assembly line robots to work with humans”, Financial Times, 4 de mayo de 2016.
  3. Ver “Rise of the Robots in sparking and investment boom”, Financial Times, 5 de mayo de 2016.
  4. Ver “China’s robots revolution”, Financial Times, 6 de junio de 2016.
  5. Ver “Who wields the knife?”, The Economist, 7 de mayo de 2016.
  6. Bach, Paula, “El sector servicios y la circulación del capital: una hipótesis”, Lucha de clases 5, julio de 2005.
  7. Roberts, Michael, “La gran desaceleración de la productividad”, Sin Permiso, 18 de agosto de 2015.
  8. Husson, Michel, “Estancamiento secular: ¿un capitalismo empantando?”, Viento Sur, 21 de junio de 2015.
  9. Ver “Game-Changing Investments for the U.S.”, The New York Times, 18 de octubre de 2013.
  10. Ídem.
  11. Jameson, Fredric, Representar El Capital, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2013.
  12. Ver Bach, Paula, “Contrasentidos de la inmigración y el capital”, La Izquierda Diario, 29 de septiembre de 2015.
  13. Ver nota 9.
  14. Roberts, Michael, “Robert J. Gordon y el ascenso y declive del capitalismo estadounidense”, Sin Permiso, 21 de febrero de 2016″.

Mis comentarios: Es un hecho evidente, indiscutible, que muchas tareas que hasta ahora la realizaban seres humanos es posible que las hagan, ahora o en el futuro cercano, máquinas o programas. Una solución, humana (por ahora el adjetivo va sin doble sentido) es la que se propone de reducir las horas de trabajo.

Pero creo que el problema es más profundo. Es cultural, lo que significa social, y político. Las sociedades humanas, que se basaron desde que existen las clases sociales ¿unos diez mil años? en el trabajo de una mayoría para que una minoría tuviera el ocio y los recursos necesarios para desarrollar esa idea nueva, la civilización, deben adaptarse al hecho que el trabajo ya no será una obligación sino un derecho.

Es un cambio culturar gigantesco. Pero en los hechos, no es muy difícil (la dificultad está adentro de las cabezas). Porque el Estado moderno necesita mucho trabajo humano para sus funciones básicas: educación, salud, seguridad… Las Crisis en curso y las que vienen obligarán a los estados a encararlas, muy pronto. Los que no lo hagan… que se encomienden a la misericordia de Darwin.


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