Cristina en campaña

La pregunta inicial, para saber si se justifica empezar a postear en la mañana de un sábado soleado pero ventoso, es si ayer apareció un elemento nuevo en la política argentina. Y se contesta rápido: claro que no. Hace por lo menos 17 años, desde que derrotó a Duhalde en Buenos Aires, que CFK es una protagonista poderosa del escenario político argento.

PERO sí se definió una dinámica decisiva, que condicionará todo ese escenario. No sólo el espacio de la coalición oficialista, eh. También el de la(s) oposición(es). Porque ustedes eran muy chicos y no se acuerdan, pero en los primeros dos años de la administración de Alberto Fernández -hasta las elecciones legislativas- los medios (opositores) hablaban del «inquietante silencio» de Cristina.

Más allá que era algo exagerado, apuntaban a una estrategia: Cristina, como la mayoría de la dirigencia peronista, tenía muy claro que el rechazo a su liderazgo y a su estilo era un factor que había ayudado a sumar votos y cohesión al frente que ganó en 2015. Se puede discutir, y se discute, cuánto de ese rechazo era a ella, a un «peronismo nostálgico de los ´70», o al peronismo como realidad histórica. Pero no cabe duda que ella sumaba, a favor y en contra.

En su discurso de ayer, cuando justificó haber propuesto a Alberto para encabezar la fórmula presidencial, mostró que sigue estando consciente de ese factor. Y también dejó claro que considera necesario que ella y la coalición que irá a las urnas el año que ya viene asuman el costo de su protagonismo.

Entonces, puedo releer mis dos últimos posteos en este blog, y darme cuenta que la realidad contesta todas las preguntas, si uno no se muere antes. Cuando Máximo Kirchner dijo que «no creía que Cristina fuera candidata» sugería la posibilidad que no sólo el peronismo en su conjunto, sino el sector de la dirigencia que sigue a CFK buscaría una «cara nueva» para protagonizar la próxima puja electoral.

Ojo: es posible que el candidato presidencial de la coalición que encabece el peronismo -notarán que no digo FdT- en octubre 2023 sea otro u otra. Quizás, alguien impensable hoy. Pero Cristina hará la campaña. Ya la empezó a hacer.

(De paso: el tema de la campaña lo había anticipado en ese post, porque es bastante obvio: «Cuando Cristina era presidenta, la mayor parte de la gente vivía mejor que con Macri, o ahora con Alberto«. Los economistas pueden decir que la crisis actual comenzó en 2012, pero los votantes no hacen caso a los economistas. Está justificado: se equivocan tanto…).

En mi opinión, esta decisión de CFK es correcta… porque es inevitable. Como la experiencia Alberto ha confirmado, el liderazgo político no se fabrica. Cuando y si surja un nuevo liderazgo nacional en el peronismo, se lo habrá ganado por la suya.

¿Esto también le resuelve problemas a la coalición hoy opositora? Sí… hasta cierto punto. Carlos Pagni, uno de los dos insoportables que vale la pena leer, ya les advirtió: Macri se confió durante su gobierno en que la demonización de Cristina le garantizaba el apoyo de una mayoría suficiente de los votantes. No fue así.

Ni siquiera es absolutamente seguro que alcance para mantenerla unida. Pero es muy prematuro para que hasta yo me anime a pontificar sobre el asunto. Los cisnes negros que migran a Argentina…

Eso sí, cuando dije en el último post que no era el resultado de la elección en Brasil sino la campaña la que iluminaba la estrategia electoral en nuestro país, acerté a medias.

No es muy relevante la de Bolsonaro. Porque, como señaló acertadamente Julio Burdman, él y sus seguidores son nacionalistas, por los menos en los símbolos. Los aspirantes locales a bolsonaros y bolsonaras no lo son. Tampoco evangélicos, para el caso.

La de Lula, y su alianza con el centro derecha y el poder económico -simbolizada en Alckmin- marca un camino, que también parece inevitable ¿Me refiero a una fórmula Cristina-Massa, que ya aparece en los grupos de wasap de la fauna politizada? NO. Ninguna fórmula es un proyecto serio hasta (quizás bastante) después de marzo ´23. Para entonces, los primeros resultados de la gestión de Sergio habrán hablado, y definirán los límites de su propio proyecto.

Su función clave en la campaña que ya comenzó -además de parar algunos delirios- me imagino que será tejer esas alianzas imprescindibles con los actores económicos y sociales que desconfían del peronismo, pero también de esos otros delirantes, algunos refentes de Juntos x el Cambio.

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