«Por otro 17…»

Hace 15 años que mantengo este blog, y cada 17 de octubre -creo, no me puse a revisarlo- escribí algo para esta fecha. Me parece recordar que siempre traté de poner emoción, epica, aunque no es mi cuerda (Además, ¿quién podría igualar lo de Marechal?).

Pero es inevitable, para los que nos hicimos peronistas antes del ´83. No estuve, claro, en la Plaza en el ´45, ni tampoco en la Resistencia. Quedan muy pocos… Pero mi primer 17 fue un acto relámpago, cerca de Once, y finalizó escapando de la cana. Eran los años de Onganía.

Corto con la nostalgia. Puede servirle a uno, pero no al colectivo que importa, que es el país. Retomo mi cuerda, que es el análisis frío (por algo elegí como avatar en twitter la imagen del primer pensador moderno, Niccolo Macchiavelli).

Y empiezo con una pregunta incómoda ¿cuánta vigencia tiene hoy ese mito fundamental del peronismo? Después de 77 años que cambiaron a la Argentina y al mundo, puede volver a darse esa conjunción de pueblo, plaza y líder, y volver a cambiar la historia?

Bueno, justamente hoy se hace ese llamado desde un blog. La «Corriente kirchnerista de Santa Fe», es el vocero más consistente de un peronismo cristinista -hasta donde yo conozco- en lo que queda de la bloguería. Y yo, que no me considero cristinista -algo difícil para un peronista de mi generación; a los veteranos de la izquierda les sale más fácil- encuentro que es un planteo que merece reflexión.

Pues reconozco un hecho evidente: el de CFK es el único liderazgo nacional que hay en el peronismo. Es cierto que muchos peronistas, y aún más votantes del peronismo, no tienen ese vínculo emocional con Cristina que es la esencia de un liderazgo. Pero tampoco hoy lo tienen con ninguna otra figura, salvo muy pequeños grupos de entusiastas.

No quiero que me malinterpreten (¡por Dios, no!) Hay liderazgos fuertes en el peronismo, y que cuentan con militantes que son un elemento de poder políticos. Conducciones sindicales, gobernadores, intendentes. Pero ninguno hoy es, o se plantea, como un líder nacional. No ha surgido ninguno después de la derrota electoral de 2015, y ese -insistí muchas veces- es un dato clave. Hasta para Sergio Massa -el intento más audaz de construirlo- su mejor momento fue en 2013.

En un enfoque desde la comunicación política, aparece como inevitable que en una sociedad polarizada -Argentina lo está. como muchas otras- una campaña electoral se encare con la reinvidicación de las gestiones de Cristina Kirchner. O, desde el otro lado, tratando de sumar a todos los que están contra ella.

Entonces ¿da para otro 17? Alberto Fernández ¿podría ser un Farrell civil y socialdemócrata? ¿Sergio Berni, da para un Filomeno Velazco? Hmm. Al que no lo veo por ningún lado es al G.O.U.

Pero sería un error enfocarse en las circunstancias. La Historia rima, pero no se repite. Lo que me parece fundamental es preguntarse por el proyecto que podría, debería tener «otro 17». La misión histórica, en un lenguaje más ampuloso.

Y no podría dejar de ser muy distinta. El peronismo fundacional dio identidad política y protagonismo a los trabajadores industriales. Apoyado en ellos, y en la «Argentina profunda» de las provincias pobres -casi todas lo eran- puso las estructuras económicas y sociales, y el etos, de una Argentina más industrial y más igualitaria. Cuyas bases se habían empezado a construir con el reemplazo de importaciones que forzó la Gran Depresión del ’30 y la 2da. Guerra Muncial. Ese proyecto social tenía bastante fuerza para sobrevivir al derrocamiento de Perón en 1955.

Perduró y siguió creciendo -muy buenos índices en la producción industrial, por ejemplo- en medio de proscripciones, represión y asonadas militares, hasta 1975/76. Después, empieza «la larga agonía de la Argentina peronista» (Halperin Donghi dixit).

Quizás las bases económicas de ese proyecto -proteccionismo, mercado interno, exportaciones hacia los países limítrofes- estaban agotadas. Eso merece un análisis más profundo que el que yo puedo darle. El hecho que también me parece evidente es que, de algún modo, seguimos en esa «larga agonía».

Los distintos intentos de construir un proyecto estable sobre otras bases -el feroz Proceso del ´76 al ´83, Menem-Cavallo, ´89-´99, el reciente de Macri, fracasaron estrenduosamente, con costos sociales y estructurales altísimos.

A De la Rúa le cayó el techo encima, y Duhalde improvisó un rescate. Pero no eran proyectos.

Las gestiones Kirchner -2003-2015- dieron estabilidad, algo de distribución y algo de prosperidad, con ayuda de la demanda china. Pero no modificaron el capitalismo prebendario consolidado en los 10 años de Menem (que ya venía de antes, eh). Hasta se podría hablar de una larga agonía de la Argentina menemista, si ésta no hubiera muerto en el 2001. Quedó vigente un sistema económico en que el camino más rápido para la acumulación de capital es extraerselo al Estado, y el más seguro para conservarlo es llevarlo afuera.

Entonces, creo que el proyecto pendiente, la «misión histórica» a emprender, es una refundación -si uno elgie el lenguaje épico- o una adaptación -si se elige un término que usaba Perón- de las estructuras políticas, sociales y económicas de nuestro país. Volver a 1945, o a 2015… No hay máquinas del tiempo.

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