Para un curso muy elemental de política internacional: es mejor ser fuerte que débil

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Este posteo no es mío, salvo algunos breves comentarios. Escribe Tucídides (siglo V a. C., en versión de Wikipedia, así que debería ser conocido). Pero como mis compatriotas opinadores se pronuncian sobre la guerra en Ucrania y política internacional en general, explicando lo malos que son los Otros, sentí el impulso de copiarlo aquí. Es el famoso «Diálogo de los melios».

Los habitantes de Melos -una ciudad Estado en el mar Egeo- eran dóricos y descendían de los espartanos, pero se mantenían independientes de las ciudades más poderosas, de Esparta y de Atenas. Durante años, los atenienses habían deseado incorporar a Melos a su hegemonía -la Liga de Delos- por su riqueza y ubicación estratégica.

En 431 a. C., Atenas y Esparta y sus respectivos aliados fueron a la guerra. En el verano de 416 a. C., durante una tregua con Esparta, Atenas envió una flota de 38 barcos que llevaban un ejército de 3.000 hombres, conducidos por los generales Cleomedes y Tisias, para conquistar la isla. Después de establecer el campamento en la isla, los atenienses enviaron emisarios que se reunieron en privado con los gobernantes de Melos. Empiezo con un párrafo del original de Tucídides, y sigo con el resumen de wikipedia:

«Atenienses: «(…) Se trata más bien de alcanzar lo posible de acuerdo con lo que unos y otros verdaderamente sentimos, porque vosotros habéis aprendido, igual que lo sabemos nosotros, que en las cuestiones humanas las razones de derecho intervienen cuando se parte de una igualdad de fuerzas, mientras que, en caso contrario, los más fuertes determinan lo posible y los débiles lo aceptan».

Los atenienses ofrecen a los melios un ultimátum: rendirse y rendir tributo a Atenas, o ser destruidos. Los atenienses no desean perder tiempo discutiendo la moralidad de la situación, porque en la práctica «los fuertes imponen su poder, tocándoles a los débiles padecer lo que deben padecer».

Los melios argumentan que son una ciudad neutral y no un enemigo, por lo que Atenas no tiene necesidad de conquistarlos. Los atenienses afirman que si aceptan la neutralidad e independencia de Melos, parecerían débiles: sus súbditos pensarán que Atenas dejó a Melos solo porque Atenas no era lo suficientemente fuerte para vencerlo.

Los melios argumentan que una invasión alarmará a los otros estados griegos neutrales, que se volverán hostiles a Atenas por temor a ser invadidos ellos mismos. Los atenienses oponen que los estados griegos en el continente son poco proclives a actuar de esta manera. Son los estados insulares independientes y los descontentos que Atenas ya ha conquistado los más propensos a tomar las armas contra Atenas.

Los melios argumentan que sería vergonzoso y cobarde por su parte someterse sin lucha. Los atenienses contrarrestan que solo es vergonzoso someterse a un oponente si uno tiene una posibilidad razonable de vencer. No es vergonzoso someterse a un enemigo abrumadoramente superior como Atenas.

Los melios argumentan que aunque los atenienses son mucho más fuertes, hay al menos una pequeña posibilidad de que los melios puedan ganar, y se arrepentirán de no probar su suerte. Los atenienses contrarrestan que este argumento es puramente emocional y que excluye un análisis racional de los riesgos y beneficios. Si los melios pierden, lo cual es muy probable, llegarán a lamentar amargamente su necio optimismo.

Los melios creen que tendrán la ayuda de los dioses porque su posición es moralmente justa. Los atenienses contrarrestan que los dioses no intervendrán porque es el orden natural de las cosas el que los fuertes dominen a los débiles.

Los melios argumentan que sus parientes espartanos vendrán en su defensa. Los atenienses oponen que los espartanos son un pueblo práctico que nunca se pone en riesgo cuando sus interés no están en juego, y el rescate de Melos sería especialmente arriesgado, ya que Atenas tiene una armada más fuerte.

Los atenienses expresan su conmoción por la falta de realismo de los melios. Dicen que no es vergonzoso someterse a un enemigo más fuerte, especialmente uno que está ofreciendo términos razonables. También dicen que es racional someterse a los superiores, mantenerse firmes frente a los iguales y ser moderados con los inferiores. Los melios no cambian de opinión y rechazan educadamente a los enviados.»

Durante meses, los melios resistieron el asedio, pero con refuerzos de Atenas y la ayuda de traidores dentro de Melos, los atenienses tomaron la ciudad en el invierno. Los vencedores ejecutaron a todos los hombres adultos que capturaron y vendieron a mujeres y niños como esclavos. Luego instalaron quinientos de sus propios colonos en la isla.

En el 405 a. C., cuando Atenas estaba perdiendo la guerra, el general espartano Lisandro expulsó a los colonos atenienses de Melos y restauró a los supervivientes de la colonia dórica original a la isla. Algunos de ellos fueron liberados de su esclavitud en Atenas, cuando Lisandro la ocupó.

Comentarios del blog de Abel:

Este diálogo de los melios se ha repetido, y se repite, muchas veces en la historia, casi siempre sin la claridad de los clásicos griegos. Uno puede imaginarlo en boca de Atahualpa, o Francisco Solano López, o Muamar Khadafy, o Volodimir Zelensky, y sus respectivos interlocutores.

La primer lección a tomar en cuenta en política internacional, y en muchos otros temas, está en el título: Es mejor ser fuerte que débil. Porque, como dijo ese general ateniense, «los fuertes imponen su poder, tocándoles a los débiles padecer lo que deben padecer».

Un segundo corolario lo han señalado estudiosos de la guerra posteriores a los griegos: No hace falta ser más fuerte que su enemigo; es necesario ser lo bastante fuerte para que el costo de destruirlo sea mayor que las ventajas que el otro crea que puede ganar.

Hay otro corolario muy viejo, que hasta los mismos griegos conocían con el nombre de hubris, desmesura. Pero muchas veces lo olvidaban, como en Melos: el más poderoso no debe abusar de su poder, porque siempre se puede dar vuelta la taba.

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