Discutiendo con el putinismo local

En este posteo -casual y breve, como casi todos- vuelco algunos comentarios que hice ayer en grupos de wasap, ese sustituto digital de las charlas de café.

Pero antes es necesaria una aclaración: hay -o hubo hasta hace una semana- una aprobación muy extendida hacia la figura de Putin en la ciudadanía de países que arrastran frustraciones. O sea, casi todos.

Natural. Putin reconstruyó el orgullo nacional y un orden político estable en una Gran Potencia que había pasado a ser un país empobrecido y humillado, en el que mafias saqueaban el Estado y, entre otras cosas, exportaban mujeres a las redes de trata.

(Un pensamiento también casual: Ucrania, una versión de Rusia más pequeña y un poco más europeizada, no encontró alguien que cumpliera esa tarea después de su independencia en 1991. Pero la historia contrafáctica es indemostrable).

A la discusión. Que no fue con quienes levantan las viejas banderas de los bolcheviques y están dispuestos a hacer una guerra sin cuartel contra el capitalismo internacional. En twitter, claro. Es que Argentina se parece en algo al Cáucaso: todas las «etnias» ideológicas sobreviven, en valles perdidos.

No. La discusión ha sido con amigos de convicciones nacionales y populares. a los que su rechazo a las intervenciones de EE.UU. en América Latina y Medio Oriente, la memoria del papel de la OTAN hace 40 años en Malvinas y su hostilidad al capitalismo financiero global, los llevan a confundir la invasión a Ucrania con una guerra imaginaria entre globalistas y multipolaristas.

Hay algo más: el marxismo, aún en la versión voluntarista, algo nietzcheana. de los ’70 del siglo pasado, está viejo y no enamora. Existe en unos cuantos cierta fascinación con las ideas de Alexander Dugin, un pensador ruso del que se dice que es cercano a Putin, y que ha elaborado un discurso «euroasiático», retomando ideas de los intelectuales «eslavófilos» en el debate filosófico de la Rusia del siglo XIX.

Dice Dugin, y es repetido en grupos de wasap locales: “Esto no es una guerra con Ucrania, es una confrontación integral con el Globalismo de la élite liberal atlantista”.

Tuve que señalar que en esta etapa de la «confrontación integral» todavía no murió nadie de la élite liberal atlantista; sólo ucranianos y rusos. Y la OTAN se ha revitalizado: toda Europa al oeste de Moldovia, más Turquía, cerró filas contra Rusia. Pero tal vez Dugin piensa, como nuestras madres, que la intención es lo que vale.

Por mi parte, no lo puedo aceptar en un gobernante: no me interesan sus intenciones sino las consecuencias de lo que hace.

Por supuesto, Putin no es un «multipolarista»; su trabajo es defender los intereses de Rusia. Y es cierto que el avance de la OTAN en Europa Central y Oriental -después del derrumbe de la URSS, como comenté aquí– tenía que ser visto por una Rusia recuperada, como una amenaza. La incorporación de Ucrania a la OTAN… era inaceptable para un gobernante de Rusia. Biden se ocupó de dejar claro, antes de la decisión de Putin, que no iba a enviar un sólo soldado ahí.

Pero la invasión militar del territorio de Ucrania ha sido, como la veo desde este lejano Sur, un error gravísimo. Debería haber recordado, él que insiste en que rusos y ucranianos son el mismo pueblo, que ese pueblo no tiene tradición de aceptar mansamente que ejércitos ajenos entren en su suelo.

Más allá del resultado de esta guerra, ha conseguido hacer realidad la consigna con que llegó Biden a la presidencia: «America is back!«. Estados Unidos está de vuelta… en Europa. Desde Rusia, es un precio muy alto por el objetivo que puede conseguir en el mejor de los casos para él: la neutralidad, hostil, de Ucrania y franjas de su territorio.

Pero este posteo no es un análisis geopolítico. Es otra expresión de mi fastidio con este hábito argentino de embanderarse en guerras en las que no participamos. Atención: siento que debo aclarar que no creo que Argentina, ni los países de América Latina que pueden darse una política exterior, deban sumarse a la histeria antirrusa de esta nueva guerra fría. Sobre todo teniendo en cuenta que el verdadero rival de EE.UU. es China. Veo inevitable que algún gobierno estadounidense haga la gran Kissinger y un Secretario de Estado viaje a Moscú…

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