El poceado camino a 2023

A menudo agregamos comentarios editoriales a las notas en AgendAR. En mi caso, supongo que mi carrera criminal como bloguero me dejó la costumbre. El punto es que en un artículo reciente sobre la situación de la economía en Argentina, bastante positivo, con indicadores favorables, agregué una reflexión sobre el clima social. Negativa.

No lo subí a este blog, porque ya hay abundante «negativismo» entre los politizados. Demasiado, en realidad. Pero desde un sector del oficialismo, o ex oficialista, ya se lanzó en los medios “La derrota en el 2023 con este acuerdo con el FMI está con altísima probabilidad asegurada”. Y me decidí a comentarlo aquí.

Porque la mía es una mirada bastante distinta. Creo que ya dije aquí, y si no lo hago ahora, que el acuerdo con el FMI es un dato importante como indicador del posicionamiento de las distintas corrientes políticas dentro de las dos grandes coaliciones, pero no influirá mucho en el largo plazo en la economía de nuestro país («largo plazo» en Argentina = 2 años).

Porque desde 1956, cuando hicimos el primer acuerdo con el Fondo, nunca cumplimos ninguno. No sé porqué lo haríamos ahora.

Entonces, el problema es otro, según lo veo yo. Aquí está lo que veo, y escribí en AgendAR:

«No abundaremos sobre el extenso análisis económico de Tigani. Nuestra intención es apuntar a un factor que no debe tomarse solamente como un dato más de la economía. Por su efecto directo, y desproporcionado, en el humor social y también en la conducta de los agentes económicosla alta inflación.

Para los economistas del «mainstream», la corriente principal en los países desarrollados, la inflación es una patología, y los más superficiales entre ellos creen que puede y debe ser solucionada rápidamente. Con «metas de inflación» de los Bancos Centrales, por ejemplo. (Será interesante ver las medidas que toma la Reserva Federal frente al 7,5% anual en EE.UU., pero no tendrán relación con nuestro problema).

En cambio, los economistas que favorecen una distribución más equitativa de los ingresos, y también los que privilegian el desarrollo de las capacidades productivas -hace unas décadas se los llamaba «estructuralistas»- se encuentran incómodos encarando el problema. En todo caso, prefieren un enfoque «gradualista». Un gradualismo que no acaba de empezar.

Es un errorHoy en nuestro país no hay un factor más irritativo para todas las clases sociales -ni la pobreza, ni la corrupción. Ni que desestimule más la planificación a largo plazo (más allá de 3 meses).

No es un tema creado por los medios. La información se recibe todos los días en el supermercado, o al cargar combustible, o al reemplazar la mercadería. Para ponerlo en términos políticos, si la inflación no baja «no hay 2023». Mejor dicho, habrá un 2023 con malas noticias para el gobierno.»

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