¿Se puede hacer un «Pacto de la Moncloa» DENTRO del peronismo?

Los «pactos de la Moncloa» (fueron 2) son una fantasía recurrente en la política argentina desde hace 40 años: un acuerdo entre todas las fuerzas políticas con votos y «territorio» para decidir una política económica coherente y reglas de juego en una democracia estable…

En mi opinión, esto no es posible entre nosotros, por razones históricas y estructurales. Falta un requisito clave: el ganador previo. El sector que ya haya construido una hegemonía estable (como la hubo en España por los 40 años anteriores) y que tenga la lucidez para apreciar que el mundo cambió y que debe «abrir el juego» y negociar. Aquí ni siquiera tenemos una motivación concreta: nadie nos va a invitar a entrar a la Unión Europea en el futuro previsible.

Pero esto es sólo mi opinión, y puedo estar equivocado. A menudo lo estoy. En lo inmediato, me parece que hay un dato ineludible: la coalición opositora tiene una razonable chance de ganar las elecciones presidenciales del año que viene, como ganó las legislativas el año pasado (si consigue no tropezar con sus propios pies, claro. Pero lo mismo puede decirse de la coalición oficialista).

Ambas coaliciones van a negociar, por supuesto. Lo hacen todos los días, a veces en público y mucho más en privado. Eso es la política. Pero hay un límite infranqueable que pone la realidad: si se diluyen, si dejan de ser lo opuesto al Otro, pierden la mayor parte de sus respectivos votantes, y la chance de llegar al gobierno. Puede ser que no tengan un plan detallado de qué van a hacer -hoy, ninguna de las dos lo tiene- pero los sectores que se expresan allí saben en qué dirección quieren avanzar.

Entonces, la pregunta que me parece corresponde es más práctica y más ajustada a nuestra realidad. Es la del título: ¿Se puede hacer un «Pacto de la Moncloa», un acuerdo estratégico, entre las fuerzas peronistas y filoperonistas con votos, «territorio» y/o poder social que forman la coalición oficialista?

(La misma pregunta se puede hacer sobre la coalición opositora, pero eso queda para otro posteo, si lo hago).

De entrada hay que señalar algo: ya fue hecho antes. El paso decisivo lo dio Cristina Kirchner el 18 de mayo de 2019, cuando propuso a Alberto Fernández como candidato a presidente y anunció que ella iría de vice.

En conversaciones privadas -no podía ser de otra forma, con la tradición argenta de intransigencia discursiva- el pacto de la Moncloa peruca se armó rápido. Quedaron afuera -inevitable- desilusionados y «viudos», pero todas las realidades con votos -hasta el «cordobesismo»- se sumaron y consiguieron un muy satisfactorio 48% de los votos cinco meses después.

Claro, eso es historia. Dos años de gobierno de la coalición que se armó, y ese acuerdo es uno «con Nínive y con Tiro» y otras ciudades arruinadas, diría el poeta de un viejo imperio.

Si estoy en lo cierto, la tarea de este año 2022 en el peronismo y afines será armar las condiciones de un nuevo acuerdo para las nada lejanas elecciones presidenciales. El marco electoral no será el mismo, por lejos: el factor principal en el triunfo de 2019 fue la gestión de Macri, y esa ya queda un poco lejos. Pero esto todos los dirigentes de algún peso lo saben.

Hay un factor, poco conversado, que juega a favor, por ahora: la estabilidad de cualquiera de las dos grandes coaliciones depende de que la otra no se parta. Si una de las dos se divide en serio, el escenario pasa a ser distinto e impredecible, como insinué en 2022, y el escenario que se puede caer.

Agregaré ahora algo más que ayer a la tarde largué en un tuit (sí, a veces me tiento): ´Detecto (en una forma muy imprecisa y no cuantitativa, ojo) una porción significativa del público que desarrolló rechazo por la épica de Este y el Otro Lado. ¿»La mayoría silenciosa» de Nixon? No. Ese era claramente conservador. Este sería «Pocas ilusiones. Cansado»´.

Sumar -para cualquiera de los dos lados- ese sector de votantes será el factor decisivo en las presidenciales. Pero esa es una tarea para el 2023. Hasta entonces, lo mejor para el oficialismo, será acordar entre los sectores que permanecen en el gobierno -que son todos- y gobernar.

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