Las condiciones para el 2023

Suena arrogante ponerse a escribir ahora sobre «las condiciones» de la próxima elección presidencial, cuando todavía faltan dos años, y aún no está el escrutinio definitivo de las legislativas. Bueno, es arrogante, pero hay algo peor: puede sonar estúpido, si se reflexiona en que es imposible prever todas las cosas que pueden ocurrir en ese tiempo, y la interacción entre ellas.

Sin embargo, tiene sentido. Porque hay algunas condiciones que se mantienen vigentes desde hace 6 años, y otras que vienen desde hace décadas en la política argentina.

Entonces, se puede decir que es posible, hasta probable, que sucedan hechos totalmente imprevistos y hasta imprevisibles. Pero también podemos señalar, con razonable confianza, lo que no puede ocurrir. Para poner ejemplos extremos: no se puede afirmar que es imposible la caída de un meteoro gigante en la Pampa húmeda, pero sí podemos descartar que estas provincias declaren su adhesión a Fernando VII, sus sucesores y metrópoli.

Como dije en el posteo anterior, estoy razonablemente convencido que la puja electoral del 2023 se dará en el mismo escenario político. Es decir, los actores principales, los que disputarán la presidencia de la Nación, serán las dos grandes coaliciones que se han enfrentado en 2015, ´17, ´19 y ´21. No parece posible que menos de dos años aparezca, y se instale en todo el país, un nuevo actor que las desafíe.

(El fenómeno «anarco capitalista», que surgió con fuerza en la ciudad de Buenos Aires es un tema interesante para la política local -y para la psicología social. Pero no tiene chances en 2023. Aunque pretenda jugar, sus votantes serán arrastrados por la polarización, porque ya están polarizados. Esa es su identidad política).

En cuanto a las condiciones necesarias para disputar la presidencia en el ´23, empiezo por un punto que me parece obvio, y ha sido repetido por muchos opinadores de Este Lado en distintas formas «Con el kirchnerismo no alcanza, sin el kirchnerismo no se puede». Pero uno de los puntos que quiero hacer aquí es que la versión hoy aceptada por la mayoría de la dirigencia peronista realmente existente –«Con Cristina no alcanza, sin Cristina no se puede»– es necesaria pero no suficiente.

He insistido muchas veces -y no soy original en esto- en que entre 2005 y 2008 el peronismo -país de inmigración, como la Argentina misma- incorpora una nueva generación política. Fue un proceso buscado deliberadamente por Néstor Kirchner, pero alcanza masividad y muchas de sus características en 2008, en el marco del enfrentamiento del gobierno con las patronales agrarias (que también dio origen al antikirchnerismo como hoy lo conocemos, pero eso es otra historia).

Hablo de una generación política. Formaba y forma parte de esa militancia kirchnerista quienes se habían alejado del peronismo en los ´90, en el gobierno de Menem, y una izquierda en busca de sujeto social. Pero el número mayor, por lejos, lo aportaron los jóvenes, como siempre sucede en política, y trajeron el discurso y los ideales del momento, la primera década de este siglo.

Diez, quince años después, sus dirigentes ya no son tan jóvenes, pero su promedio de edad es menor que el del resto de la «nomenklatura» del peronismo. Su identidad política particular la da su relación emocional profunda con Cristina Kirchner (la militancia peronista siempre tendió a enamorarse de sus líderes) En su seno surgió una organización de cuadros, La Cámpora, que no los engloba a todos, ni mucho menos -las «orgas» nunca tuvieron buena imagen con los «librepensadores» ni, en general, con nadie que no formara parte de ellas- pero ha desarrollado un poder territorial importante en el Gran Buenos Aires y en la hostil al peronismo Ciudad de Buenos Aires, y presencia en el resto del país.

Ahora, la oposición política y, con más peso, las concentraciones de medios más importantes difunden el mito de una Cristina mezcla de Rosa Luxemburgo y Lady Macbeth, que con La Cámpora quiere establecer una dictadura castro-chavo-comunista. Que ya fue presidenta durante 8 años -dos mandatos- y no hizo nada por el estilo (al contrario, tomó algunas medidas «democratistas» un poco ingenuas, como derogar la figura del desacato) no sirve para destruir el mito.

Porque el sector más visceralmente antiperonista de la sociedad -que no es por cierto una minoría insignificante- le echa la culpa a Perón que Argentina no es el país europeo imaginario (nada que ver con la Europa real, por supuesto) en el que les gustaría vivir. Y también porque una parte de los kirchneristas juega con un revolucionarismo verbal, e ignora alegremente que una política chavista, por ejemplo, no puede llevarse adelante sin que las fuerzas armadas y de seguridad estén comprometidas con el régimen. Bah, sean el régimen.

Mi punto es que Cristina y, en un grado menor, el aparato de La Cámpora son necesarios para mantener activo en la coalición al kirchnerismo -que ya no puede pensarse como una inmigración-, que ya es la izquierda peronista. El ala izquierda que formó parte del peronismo desde su mismo nacimiento (como también los yrigoyenistas, y los conservadores lúcidos), y que se expresó en el discurso y la pasión de Evita. Que no era feminista y sí anticomunista, pero si Evita no expresa la reivindicación y la revancha de los «de abajo», los marginados por los prósperos y satisfechos -aquello por lo que acusan a la «izquierda»- ¿quién carajo lo hace?

Ojo: esta «ala izquierda » actual sería necesaria ahora para mantener votos de un importante sector que no está entre las franjas más humildes, los marginados de hoy. Porque en ese sector también trabajan el peronismo tradicional no K, los movimientos sociales, con una fuerte inspiración de la Iglesia, y hasta los aparatos del PRO que han aprendido a moverse ahí. Pero esos votos «K» son absolutamente necesarios ¿Para ganar? No. Para tener chance de ganar. Ya dije que no me parece que en menos de dos años se construya un nuevo «bloque histórico».

(Esto del nuevo bloque histórico puede ser necesario. Yo creo que lo es. Pero no llegará a jugar un papel importante en las elecciones de 2023 por fuera de las dos coaliciones que existen).

Me extendí mucho, para un posteo superficial, en la que pienso del kirchnerismo hoy. Queda para el próximo, tal vez, que me meta con el peronismo no K hoy, que planteó -el del AMBA, con algún estimulo del resto del país- la movilización a Plaza de Mayo de mañana, a la que ahora se suman todos. (Y algunas cosas se me ocurren sobre la coalición del Otro Lado).

Pero el señalamiento de este posteo -tal vez apresurado- es que la articulación entre los peronismos K y no K, más allá de la unidad formal, es el desafío más importante para la dirigencia y la militancia de Este Lado (además de gobernar bien, pero ese no es el tema del posteo).

¿Se conseguirá? Creo que sí. El destino patético de los intentos de «ir por afuera» de Randazzo y de Moreno es una indicación elocuente para los dirigentes que no se conformen con minutos en la TV y algunos recursos para la campaña, o con descargar viejas broncas. En realidad, el argumento más elocuente y decisivo es la dura derrota de Schiaretti en Córdoba. El Gringo es un hábil político, tiene el gobierno de una provincia próspera y una fuerza política disciplinada y con mucho «territorio». Igual no hubiera ganado si sumaba los votos kirchneristas, pero el punto es que dejarlos de lado no le sirvió.

Porque todo este palabrerío es sobre «las condiciones para dar la batalla del 2023». Para ganarla, es necesario -me repetiré, una y otra vez- gobernar bien.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: