Chau, Jorge. Abrazo

Con Jorge Landau hemos sido amigos desde 1971, 72? (Él probablemente se acordaba de la fecha exacta y la ocasión. Tenía mejor memoria que yo). El hecho es que hoy se fue una parte importante de mi vida. También se hicieron lazos entre las familias que formamos. Pero no me siento impulsado a hablar de lo que hemos compartido. Ni él ni yo éramos de exhibir la vida privada.

Sí tengo ganas de hacer una reflexión corta sobre la tarea a la que se dedicó. No es que era “su vida”. La hizo con seriedad y también se divirtió bastante. Pero disfrutaba más de su familia, en los últimos años de sus nietos, y de las cosas que le gustaban, la ópera, River,… Pero aunque le cansaba un poco al final, tenía claro que era su aporte a una causa que lo trascendía. A él y a aquellos con quienes colaboraba. Y también a quienes alguna vez frenó.

Quiero hablar de esa tarea, en mis palabras, no las suyas (era abogado, yo no). Es una forma de despedirlo desde el blog (él lo leía).

Vi su tarea en el Partido como alguien que forjaba y reparaba herramientas. Porque eso es el PJ, una herramienta -que puede ser bien o mal usada- para el peronismo. Que es una herramienta -también, bien o mal usada- para el pueblo argentino.

Tratando de mejorar un poco la imagen -sigue siendo muy pobre, pero disculpen, no estoy brillante- hablaré de un mecanismo, que trata de encauzar fuerzas, ambición, idealismo, broncas, delirios… todas esas cosas que nos mueven a los humanos, para permitir que colaboren, más o menos con buena onda o por lo menos sin matarse, en una tarea común de llegar a gobernar.

Jorge era el mecánico al que llamaban cada vez que ese mecanismo debía ser ajustado, periódicamente. Dejando de lado la imagen: cuando había que armar las listas que iban a expresar las relaciones de poder en el peronismo. Sabía muy bien que la política -en el peronismo, en todas las fuerzas políticas- es piramidal: el poder tiende a concentrarse en la punta, dónde él no estaba. Y ayudaba a que las decisiones “de la conducción”, las distintas conducciones que fueron pasando a lo largo de los años, dejaran los menos lastimados posibles. Y a los lastimados, él los trató siempre con respeto y buena onda.

Jorge también pensaba que necesitamos esos mecanismos para la Argentina. Pero era realista, y sabía que estamos lejos de alcanzarlo.

Creo que hubiera aprobado este posteo. Era más tolerante que yo con el estilo. Pero voy a terminar con una cita de alguien que sí podía escribir grandes frases “No es para los mortales reclamar el triunfo, Casio, pero haremos algo mejor, lo mereceremos”.

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