Los argentinos somos racistas pero modernos

No iba a escribir sobre el racismo argento. Se han dicho tantas pavadas en tan pocos días, a partir de la metida de pata de Alberto F… Pero si aparecieron sesudas notas en el New York Times y en Deutsche Welle (de paso ¿exactamente desde qué historia pontifican ahora estos muñecos?), este humilde y abandonado blog también debe pronunciarse.

Además, ya escribí el jueves para AgendAR un prólogo a una nota sobre la población argentina, así que ya tenía el material. Agrego al final unas líneas para los lectores más politizados de este blog.

ooooo

Hace casi un año -20 de julio de 2020- publicamos en AgendAR este resumen de un valioso trabajo de PoblAr, un biobanco que surgió de una iniciativa del CONICET, la ANLIS y las Universidades Nacionales de Córdoba, Jujuy y Misiones, para estudiar el patrimonio genético de nuestra población, fundamental para la medicina de precisión.

Nos pareció oportuno volver a publicarlo, ante el ruido que provocó, aquí y en el exterior, una desafortunada frase del presidente argentino.

Estas son las conclusiones científicas a hoy -siempre sujetas a revisión, porque esa es la naturaleza de la ciencia- sobre la herencia genética de la población argentina actual. De todos modos, hay algunos hechos que aún los que no somos investigadores podemos tener claros.

Los conceptos de «raza» y de «etnia» son percepciones colectivas, que varían según las sociedades, y las épocas. No se ha criado a los seres humanos como criamos a los caballos y los perros, y por lo tanto no hay ninguna relación ni siquiera estadística, entre la herencia genética y las cualidades personales. Todos conocemos hijos muy distintos de padres, hasta en lo físico, y más aún en la personalidad.

Por supuesto, es visible que en el Centro Este de Argentina (no por nada llamado la «pampa gringa»), en Uruguay y en el Sur de Brasil hay un porcentaje mucho mayor de personas con fisonomías «europeas» que en el resto de la América del Sur. Hasta ahí, Alberto F., y tantos otros, tienen razón. Pero eso no tiene un significado cultural. Caminando por Mendoza, provincia «europea» si la hay entre las nuestras, uno ve una proporción mayor de compatriotas con fisonomías «originarias» que en Córdoba, por ejemplo.

Por otro lado, también es cierto que los pueblos que estaban en América antes que llegara Colón fueron objeto de masacres y explotación por los europeos, y la mayoría de sus descendientes siguen sufriendo discriminación hasta hoy. Además de los que llegaron en barcos de esclavos…

Pero, nuevamente, no es un asunto genético. Se ha comprobado que más del 50% de la población argentina actual tiene genes de esos pueblos que estaban antes de Colón. Y es evidente que prácticamente el 100% de la población argentina actual -incluso los que se perciben a sí mismos como «originarios»- tienen genes de los que llegaron después de Colón. Muchos, bastante después.

Por último, y los dejamos con el resumen de la investigación: los seres humanos -como todos los seres vivos- somos nuestros genes. Estructuras fabulosamente complejas, y aunque se haya secuenciado el genoma humano, todavía lo entendemos muy poco. Pero sabemos que nos aporta una herencia variadísima. Si hasta se determinó un aporte de genes neandertales, otra especie homínida, tan reciente como 45 mil años atrás. Pero, a diferencia de todos los otros seres, los humanos podemos decidir qué hacemos con los impulsos de nuestra herencia genética.

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Observaciones para politizados: Ante todo, corresponde decir algo a propósito del presidente: como ya señalo mi amigo Fernández Baraibar, aunque Alberto F haya dicho una burrada discriminatoria, no se puede encontrar, en sus largas gestiones políticas, ningún hecho discriminatorio. Al contrario, colaboró en las políticas contra diversos tipos de discriminación que llevó adelante el peronismo en este siglo.

Eso mismo indica que comparte un prejuicio cultural inconsciente y muy arraigado en los argentinos -no sólo en los porteños- y también en los demás latinoamericanos: que parecer europeos los hace de alguna forma distintos, mejores. Y si son progres culposos (no me consta si Alberto F lo es, pero le gusta Lito Nebbia… Eso lo delata). Si son progres culposos, digo, sentirán que parecer europeos los hace privilegiados.

Bueno, tengo una noticia para mis muchos amigos progres culposos: si sus ancestros vinieron de Vigo, Génova, Dublín, Cracovia o Damasco ¡también sus ellos fueron víctimas de genocidios y explotación! Hasta si sus ancestros vivieron siempre en Sajonia y no se movieron de allí hasta tomar el barco (antes del final de la 2da. Guerra) para Buenos Aires,… Bueno, Carlomagno era bastante bestia cuando se disponía a convertir a los paganos.

Todo esto va al punto que quiero hacer con lo de “racismo moderno”. Es discutible si en el genoma humano hay o no un impulso agresivo intraespecie. El hecho es que en toda la historia registrada encontramos la costumbre casi universal de matar al que parece, se viste o reza un poquito diferente.

Pero en los últimos siglos, a partir de la Revolución Francesa con la irrupción de la masas en la política, más algunas primitivas observaciones científicas, esa tradicional costumbre de las masacres periódicas se revistió de justificativos genéticos. Los “otros” eran razas inferiores, y/o diabólicamente astutas, como los judíos o los chinos, y por lo tanto estaba bien exterminarlos y/o explotarlos.

Esa variante del racismo “genético” tuvo su punto culminante en el régimen nazi de 1933/45, que terminó mal. Pero perdura -sin animarse a decirlo públicamente, salvo en el supuesto anonimato de Internet- en muchos lugares. Especialmente -¿lo sabrán el NYT y DW?- en Estados Unidos y en la Europa del Norte y del Este.

El racismo que predomina, por muy lejos, en la actualidad, al que yo llamo moderno, es cultural, no genético. Y como en general nuestros racistas locales son bastante brutos, las diferencias culturales se definen a partir de cuánta guita ha acumulado el sujeto. Por eso dije en este blog, hace ya tiempo, que en Argentina no existe la xenofobia. Es aporofobia, odio o temor a los pobres.

Por supuesto, esto no es exclusivamente argento. Puedo dar testimonio que los franceses, con mala fama en este punto, son amables y cordiales con cualquier sudaca, si va como turista. Eso sí, creo que hemos llegado más lejos que ningún otro pueblo en esta fase de la modernidad. En Argentina no hay negros pobres. Suficientes billetes (verdes) convierten a cualquiera en alto, rubio y de ojos claros. Hay bastantes ejemplos, no sólo el que ustedes están pensando ahora.

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