Clasismo y restricciones sanitarias

En el mundo de las redes sociales -siempre dispuesto a indignarse- está circulando la imagen de arriba, las fotos de 2 páginas del diario La Nación, como ejemplo horrible de los prejuicios clasistas.

Y sí, obvio que La Nación es clasista. Lo era cuando la fundó don Bartolo, 151 años atrás. Y se ha hecho más clasista ahora que el hijo de un inmigrante calabrés compró una participación accionaria importante. Los nuevos ricos generalmente exageran.

Pero lo más importante que muestra, me parece, es la dificultad para imponer restricciones (como le llaman ahora a la cuarentena).

La irresponsabilidad -la disposición a correr riesgos, bah- es policlasista. ¿Cuánto tiempo tardaron las estadísticas sobre cáncer de pulmón y EPOC en bajar el consumo de cigarrillos?

Este posteo -todavía más breve y superficial que la mayoría- no es una invitación a bajar los brazos. La intención es marcar que imponer las restricciones necesarias a la conducta espontánea de las personas -aún cuando, como ahora, una mayoría esté dispuesta a aceptarlas, al menos en principio- es difícil, y necesita de una comunicación inteligente -que no hay- y de un empleo visible, prudente y continuado de la presión de las fuerzas de seguridad. Que hay muy poco de eso. Al menos en el Área Metropolitana.

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