El error fue no darle la vacuna a Moria

El tema que ha quedado etiquetado en los medios locales y en los internacionales como el “vacunatorio VIP” se convirtió en estos días en el ruido central de la comunicación política en Argentina. Y seguirá así por algún tiempo más, hasta que un nuevo escándalo lo borre de la atención.a

No va a conservar intacta su capacidad de indignar, sin embargo. A medida que la campaña de vacunación avanza, y cada vez más gente sabe de primera mano que su primo, que es administrativo en un centro médico, o su madre jubilada de 87 años se vacunó, el ruido de los medios perderá vigencia (Tal vez la lentitud con la que avanza la inmunización en la Ciudad Autónoma tiene un sentido político involuntario. Es el bastión opositor, después de todo).

Pero el hecho sucedió, y deja huellas en la memoria de las personas, se lo recuerden los medios o no. Sobre la dimensión política del asunto, y su aspecto ético -que es una dimensión inescapable de la política -aunque algunos prefieran escaparse- ya escribí en “La vacunación y los acomodados”.

Ahora, con el diario del lunes, de varios lunes después, reflexiono que el hecho era inevitable, y, por lo tanto, debía haber sido previsto. En una campaña en la que participan varios miles de personas, y en la que autoridades políticas de muchos niveles tienen injerencia, iba a suceder que algunos hicieran que amigos, aliados, favorecedores o amantes se “saltearan la cola”. Es un hecho habitual en Argentina, y me parece haberlo encontrado en algunos otros países también.

Los argentinos, y las argentinas, son muy sensibles ante los privilegios inmerecidos, si los recibe algún otro. Y en este caso, se puede percibir que está en juego la vida de uno o de sus seres queridos. Si por los que “se meten en la fila” demoran aunque sea unos días la inyección que corresponde a mi tío, y él se contagia en esos días…

El punto de este posteo es un ejercicio en memoria. Fácil. Hace sólo un mes, la “vacuna rusa” era todavía sospechosa, a pesar de The Lancet. Medios y dirigentes opositores, hoy indignados por las demoras en aplicarla, echaban dudas sobre ella. (Algún tiempo antes, todas las vacunas eran sospechosas de ser parte de una conspiración de Soros y Gates, para un grupo minúsculo pero muy vocal). En ese momento, en el gobierno se contempló la idea de invitar a famosos (amigos) a vacunarse públicamente para mostrar a la población que la vacuna era, al menos, inofensiva).

Debió haberse hecho entonces. Y deberá hacerse en la próxima emergencia sanitaria. Porque, más allá del discurso, es imposible garantizar que todo se haga de acuerdo a las reglas. Los gobiernos autoritarios, o simplemente serios, hacen algún escarmiento de tanto en tanto. Pero eso no evita el costo político.

Seamos francos; no es que si Mirtha Legrand, por ejemplo, se vacune, eso me inspira confianza. Ha sobrevivido a tantas cosas. Pero naturaliza el hecho que algunas figuras, más conocidas por la plebe, se vacunen antes para dar el ejemplo. Hasta lo de Verbitsky se podría haber justificado, como la vacunación de un famoso con compromiso ideológico.

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