Hasta la vista, Donald. We´ll be seeing you (te veremos)

Hoy, 20 de enero, Trump deja la Casa Blanca y se va para Florida, como tantos otros jubilados estadounidenses y turistas latinoamericanos. Aunque él no es ninguna de las dos cosas.

Más allá de lo que depare el futuro, nos proporcionó 4 años interesantes, y pensé que correspondía que escribiera algo en este descuidado blog. (Sobre sus imitadores o aspirantes a imitadores en el mundo escribiré en otro momento, creo). De cualquier forma, estos serán unos comentarios breves e inconexos; todo lo que tengo el tiempo y la energía para hacer (el verano porteño es terrible, salvo cuando lo compone Piazzolla).

Ya dije alguna vez que el encasillamiento general de Trump lo había hecho hace bastantes décadas Toynbee, en el “Estudio de la Historia”. Porque se lo puede ver como uno de los “salvadores con la máquina del tiempo“: los líderes que prometen devolver (o regenerar) a su pueblo a un tiempo mejor. La mayoría han sido reformadores religiosos, en el Medio Oriente o en el norte de Europa, pero desde que irrumpieron las masas en la política, a fines del siglo 18, esa melodía ha sido y es tocada una y otra vez por gente muy laica.

Y “Make America Great Again” -Hacer América (USA) Grande Otra Vez- es una de las grandes creaciones de la comunicación política. Una frase corta que conecta con un mito muy enraizado en gran parte de su pueblo, y con el deseo -semiconsciente- en muchos, muchísimos, de volver a un tiempo que recuerdan como mejor, y eran más jóvenes. Ni Kennedy ni Reagan -dos grandes comunicadores que llegaron a Presidentes de EE.UU.- lograron algo tan eficaz.

Por supuesto, las máquinas del tiempo no existen. No éstas, al menos. “Volver a un tiempo mejor” es por definición imposible, porque los hechos y las vidas de ese tiempo dejaron marcas y consecuencias que son parte de este tiempo que vivimos. Cualquier “restauración” puede ser una mejora o una parodia; lo que es seguro es que no será lo mismo que se añora.

Pero no quiero quedarme en esto. Sería caer en la misma trampa de los intelectuales y escribas varios que sólo ven un “engaño” en el fenómeno Trump, y se engañan a sí mismos, y a sus lectores. El Donald planteó con mucha claridad que él iba a responder a algunos reclamos muy sentidos y concretos de sus votantes. El desempleo o los “empleos basura” en las ciudades desindustrializadas del Medio Oeste y el Sur -el “cinturón oxidado”-; las guerras en Medio Oriente o en Afganistán donde morían, o se hacían drogadictos, jóvenes norteamericanos pobres sin un motivo que les resulte claro a ellos; una elite muy próspera que acapara los mejores cargos en el gobierno, las grandes empresas, los medios y las universidades, con una cultura cosmopolita que no comparte los valores, religiosidad, patriotismo, de esos “norteamericanos medios” que se sienten la mayoría no representada…

Y, atención, Trump dio pasos concretos y consistentes en su mandato para responder a esos reclamos ¿O de dónde creen que salieron todos esos millones de votos que consiguió el 5 de noviembre? (Nixon tocaba esa misma melodía, “la mayoría silenciosa”, pero no hizo nada concreto. Fue mucho más fácil sacárselo de encima, aunque él sí había sido reelecto).

Por supuesto, esto no es toda la historia. No me parece importante tratar los negocios privados, el exhibicionismo berreta, las exenciones de impuestos para hipermillonarios. Eran lo previsible cuando se elige a un magnate hipermillonario con negocios inmobiliarios y estrella de TV. Si aquí votáramos para presidente a Tinelli, por ejemplo ¿íbamos a esperar una reforma agraria?

Lo que sí me parece significativo es que que Trump unió esos reclamos populares en una “cadena de significantes” -puro Laclau, sin haberlo leído jamás, apuesto- con una vigorosa corriente etnonacionalista, xenófoba y antiprogresista furiosa, con raíces muy fuertes en la tradición estadounidense, pero que nunca llegó a la presidencia. Su expresión política más reciente, con legisladores, fue el Tea Party, y vale la pena tomar nota que desapareció, diluida en el trumpismo. Otro aporte importante fue lo que aquí en Latinoamérica llamamos los evangélicos. Un cristianismo aferrado a valores personales y una moralidad tradicional.

(Un aparte: si uno se para a pensar, surge un interrogante ¿porqué desde el sector de “izquierda” o “progresista” del espectro político nadie tomó esos reclamos? La respuesta es que sí, repetidamente aparecen figuras que los mencionan, y algunos los levantan como banderas. Pero en ningún caso consiguieron instalarse como opciones importantes. Lo que prueba que, contrario a lo que cree un marxismo residual, el factor cultural es más poderoso, en las mayorías, que los intereses económicos).

Eso es teórico. Hay dos preguntas interesantes, en la práctica, que se pueden hacer hoy: ¿Trump, tiene futuro? La bola de cristal, como siempre, está empañada. No es fácil reinventarse a los 74 años -y la reinvención será necesaria: ya no es un “outsider” (como dije arriba: no hay máquinas del tiempo). Pero no es imposible; yo me reinventé como editor de un portal de noticias, por ejemplo.

El desafío no pasa por lo personal, en todo caso. El trumpismo es hoy en los EE.UU. una propuesta política importante, con decenas de millones de votos y una militancia motivada. Y esto es así con el Donald o sin él. Hay muchos, con chances, que les gustaría tomar esa bandera. Pero ¿será capaz de lograr algo más que dividir el voto Republicano y garantizar el predominio Demócrata? El bipartidismo no es sólo una tradición estadounidense y una tendencia de la política moderna; es resultado de un sistema político diseñado para hacer difícil la irrupción de nuevos partidos. El que viva lo verá.

La otra pregunta interesante, por supuesto, es ¿Porqué perdió Trump? (Descarto lo del fraude. Si sos el presidente y te hacen fraude, sos un boludo, y no creo eso del Donald). Su derrota desmintió la receta asociada con ese otro gran atorrante que llegó a Presidente de los EE.UU., Bill Clinton. NO fue la economía, estúpido. El candidato opositor, no precisamente carismático, sumó más votos. Es inevitable evaluar que fueron en su mayor parte votos contra Trump. Pero trataré de responderla en un próximo posteo. Hola, Joe.

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