EE.UU., China, y los costos (semi ocultos) de un imperio

Hoy publicamos en AgendAR una nota de Gabriel Merino, (UNLP-CONICET), sobre la Asociación Económica Integral Regional, RCEP, por su siglas en inglés. El mayor acuerdo comercial y económico del mundo, cuyo centro de gravedad es China, el país que hace 24 años tenía el mismo PBI que Brasil y hoy es 8 veces más grande.

Natural. Ya habíamos publicado algo sobre el RCEP. En todo el mundo lo miran con atención. Sucede que me sentí impulsado a agregar un comentario mío, porque Merino cita un ataque de sinceridad que habría tenido John Mearsheimer, profesor de ciencia política en la Universidad de Chicago, creo que en un debate con Hugh White, uno de los intelectuales australianos más prestigioso en temas estratégicos.

Australia no tendrá más remedio que alinearse en última instancia con los Estados Unidos sobre China -dice Mearsheimer-. La seguridad se impondrá sobre la prosperidad, y Australia deberá sacrificar su economía, que depende de las exportaciones a China (35%) y de sus inversiones.”

Mearsheimer señaló al público australiano “La seguridad es más importante que la prosperidad, porque si no sobreviven, no prosperarán. Si van con China, ustedes deben entender que es nuestro enemigo. Entonces están decidiendo convertirte en enemigo de los Estados Unidos.” …”Cuando no estamos contentos [los Estados Unidos], no querrán subestimar lo desagradable que podemos ser. Pregúntenle a Fidel Castro”.

Mi comentario:

La frase atribuida aquí a Mearsheimer, un conocido teórico de relaciones internacionales de la escuela realista, nos resulta… muy poco realista. La «carta fuerte» de los EE.UU. en las últimas tres décadas, el factor que le permitió imponer su voluntad en muchas de las negociaciones con bloques de poder económico comparable no fueron las amenazas, sino la posibilidad de acceso a su mercado interno.

El mercado nacional de consumo más importante del globo, por lejos, y que aún hoy es para China un elemento clave para sus exportaciones.

Sucede que los imperios, en el proceso de llegar a serlo, han sacrificado a lo largo de la historia las actividades y los trabajos que les permitieron crecer. Roma conquista Sicilia y el Norte de África derrotando a Cartago, y sus labradores, que eran la espina dorsal de las legiones, pasan a ser clientes del pan y circo, porque el trigo era importado de latifundios trabajados por esclavos.

Inglaterra deroga las Corn Laws en 1846, establecidas para proteger los precios del grano británico doméstico contra la competencia del exterior. Ganó el librecambio y los industriales, y perdieron sus agricultores. El trigo empezó a llegar poco después de las pampas argentinas…

Es evidente que Trump cabalgó sobre la reacción de los trabajadores industriales de EE.UU., y el rust belt, el «cinturón oxidado» de las industrias que se relocalizaron en China y en el Sudeste de Asia. Pero el Donald perdió. Biden, apoyado por las instituciones financieras de la Costa Este y los gigantes de la tecnología de California ¿retomará el impulso globalista que no alcanzó a cimentar Obama?

Casi seguramente tratará de hacerlo, con los condicionamientos que la experiencia trumpista -que no terminó en un fracaso económico, por cierto- le impondrá ¿Que hará entonces China?

Como digo a menudo en este blog “el que viva lo verá”.

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