“¿Cómo viste lo de Cristina ayer en La Plata?”

Fue la pregunta que hoy me hizo llegar un amigo. Y por algún motivo me impulsó a escribir uno de estos posteos breves y superficiales que son todo lo que hoy tengo tiempo y neuronas para escribir.

Empiezo apuntando que para mí el tema no es sólo Cristina -aunque fue la protagonista estrella y quien tuvo las mejores líneas- sino ella y Alberto, y Sergio, y Axel y Máximo. Y que no voy a hablar de sus relaciones entre sí, aunque a Shakespeare – que conocía bastante de política y de poder; repasen “Hamlet”, “Julio César”,…- le hubiera fascinado. Pero yo no soy dramaturgo.

Me interesa ahora escribir sobre política. Que es, en buena parte, el conjunto de las reacciones de los millones espectadores a lo que dicen y hacen quienes están en el escenario.

Es por eso que empiezo hablando de esos 5. Porque el contenido, la intención, del acto era simplemente mostrarlos juntos. Ese es el dato decisivo. No es que “representen” realidades distintas. Ellos son, por sus personalidades, sus trayectorias, formas bien diferentes de hacer política y de convocar. Y hoy son parte de una coalición que gobierna pero a la que no le sobran legisladores. Ni votantes.

Los otros dos hechos impactantes ayer -porque, seamos realistas, la reafirmación de doctrina y objetivos, y también la pasión en los discursos, son necesarios, pero no son nuevos; ya se conoce, en general, lo que van a decir- fueron, uno, la frase de Cristina “Los que no se animan. Por favor; hay ocupaciones, además de ser ministros o ministras. Legislador o legisladoras. Vayan a buscar otro laburo”.

El otro fue la expresión ¿el fallido? de Alberto “Hice lo que me mandaste”, en referencia al consejo de Cristina de “hablarle al corazón de la gente”.

Dije que eran impactantes, porque lo fueron, y mucho, en el numeroso público de los argentinos politizados. Ahí, al gobierno le sirvieron para opacar algún moco reciente, en especial con el tema de las vacunas, que se había convertido en la bandera y el altavoz de sus adversarios.

Otra consecuencia -en ese alto nivel- es que los cambios en el gabinete nacional hoy son mucho más probables. Los presidentes tienen buenas razones para ser renuentes a los cambios. Además del motivo práctico que aducía Néstor Kirchner “Tardan 6 meses en aprender la botonera” (¿alguien recuerda que Néstor conservó los ministros clave de Duhalde: Lavagna en Economía, Aníbal en Interior?), los ministros son fusibles en otro sentido que el que comúnmente se emplea: cuando se queman, van por el presidente. Pero en este caso, Alberto necesita, creo, nuevos fusibles, suyos.

Para los politizados del Otro Lado, en especial la oposición mediática -hoy la más importante- ambas afirmaciones, la de la vice y la del presi, encajaron en lo que ha sido su estrategia constante durante este año de gobierno del FdT: insistir en la absoluta centralidad de Cristina, el poder irresistible, y maligno, detrás de todas las acciones del gobierno, especialmente las que no les gustan.

No hay que engañarse; es una estrategia, que muchos referentes de Juntos por el Cambio han adoptado porque hay un público, furiosamente anticristinista, que la consume con entusiasmo. Claro, tiene contraindicaciones, como algunas vacunas. La demonización de Perón por sus adversarios lo convirtió en el símbolo del antisistema para otra generación.

Tal vez la dirigencia opositora debería reflexionar en una frase, aproximada, de Oscar Wilde “Cuando los dioses quieren castigarnos, nos dan lo que les pedimos”.

En cuanto a los politizados de Este Lado, la numerosa tribu cristinista está “refeliz”. Porque el contenido y la forma de su frase son CFK puro; es la chica que les gusta pegándole a lo que no les gusta: la tibieza, la realidad o apariencia de cautela.

En cambio, el pequeño pero ruidoso anti albertismo explícito se ve empujado al anti cristinismo, lo que los acerca al Otro Lado. No es una situación fácil para ellos. Concluido de una forma u otra el debate del aborto, Pichetto los espera. Pero casi todos no estarían más cómodos en JxC que en el FdT.

El albertismo potencial -bah, el peronismo no cristinista- anda refunfuñando por los rincones. Pero es una tribu sufrida. Y durante 5 años no pudo construir una oferta política independiente con proyección nacional (Massa surge en 2013. Y ese fue su mejor momento político).

Más allá de estas impresiones superficiales que comparto con ustedes, hay una percepción en la que quiero insistir. Es muy difícil tener certeza sobre los humores de una sociedad, y más en pandemia. Pero todas las indicaciones que recibo me dicen que la brecha, la separación de intereses y preocupaciones entre politizados -que en Argentina son muchos, pero una minoría– y no politizados, es más grande que nunca. Los argentinos, y sobre todo las argentinas, de a pie sienten, con algo de fastidio, que tienen otras cosas en qué pensar. Y tienen razón.

En mi inmodesta pero falible opinión, en este año que comienza dentro de 12 días, la suerte política de esos 5 en el escenario (Verónica es el peronismo bonaerense que, como el sol, siempre está) depende, por completo, de la gestión de este gobierno.

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