Boudou como bisagra

Todo lo que escribí sobre política en este blog -por lejos, la mayor parte de estos apuntes informales-fue casi siempre en un estilo distante y desapasionado. Es mi estilo personal, pero también tiene que ver con el fastidio que me provoca la costumbre moderna (más precisamente, posmoderna) de ver la realidad como una fábula moralista, en la que se enfrentan los Malos, movidos por la codicia y bajas pasiones y los Buenos, que aman a los pobres, las minorías desaventajadas, o lo que esté de moda valorar ese año. Y debo decir algo: esa forma de ver la política y la historia humana es idiota, pero yo también lo sería si creyera que eso es todo: la política sin pasiones no existe.

Igual, en este posteo voy a mantener mi estilo de siempre, aún teniendo muy presente que Amado Boudou se ha transformado en 5 años, para un sector muy importante de los argentinos con pasión y compromiso político, de una figura mirada con simpatía o con algo de desconfianza, a un símbolo militante, a un compañero de los más queridos. Mi idea es aportar un granito de blog para convencer a los que no lo miran así -que también son unos cuantos de este lado de la “grieta”, que en este tema se está jugando con fuego. El problema no es jurídico; es el poder.

Una frase del Evangelio que Lincoln citaba en un famoso discurso dice “Una casa dividida contra sí misma no se sostiene”. Es cierto, es sentido común y yo estoy de acuerdo (en orden descendiente de importancia). Pero sucede que vivimos en esa casa dividida y es previsible que va a seguir estando así por un rato. No veo una forma posible de derrotar decisivamente a uno de los lados de la grieta, de eliminarlo del escenario político, fuera de fantasías en twitter o en los foros de los medios.

Ahora, en el interior de esas dos realidades políticas, y en parte socio culturales, que forman y dividen la casa argentina, en “Nuestro Lado” nadie con poder real cree en serio que se puede librar del “Otro Lado”. Que muchos de esos con pasión y compromiso político lo quisieran? Y sí, seguro. Pero el poder, y sus privilegios, dan un baño de realismo (Uno del “O. L.”, Baglini, tenía un teorema sobre eso).

En ese Otro Lado la situación es distinta. No voy a hablar aquí de los tipos humanos en ambos lados; ese aspecto lo trabajan mucho los sociólogos, y los intelectuales que tuitean. Hablo de su situación. El poder económico y el poder de los cargos en el sistema judicial (nuestra “nobleza de toga”) está más repartido, y no depende, en los plazos cortos, de resultados electorales. El anterior presidente, Mauricio Macri, ha perdido la posibilidad de conducir, o de influir, al conjunto de los sectores hostiles o desconfiados del gobierno. Tiene que competir por ser el opositor más enconado.

En resumen, no hay ningún nivel dirigencial común en la oposición que frene las ofensivas particulares, para presionar a un gobierno que les parece -se muestra- débil, o para llevar adelante la estrategia de demonizar al adversario que les ha resultado tan útil. Que, justamente, les brindó buenos resultados electorales en el pasado. Y puede brindárselos en el futuro.

Boudou -por una serie de circunstancias, entre ellas su relativa juventud, para la media de la política argentina, y también por algunas imprudencias- es una pieza adecuada en esa estrategia de ensuciar a adversarios políticos y, en lo posible, meterlos presos. Lo que llaman “lawfare”, aunque la práctica es bastante más antigua que el término. En la historia argentina, un buen porcentaje de sus figuras han ido a la cárcel.

El caso es que para las bases del “Otro Lado” -que son bastante numerosas, 40% y pico la última vez que contamos- Boudou ha quedado asociado con la corrupción. No es que esas bases estén convencidas que el Grupo Macri o el Grupo Clarín o el Poder Judicial son de una ética intachable. No. Las mejores estrategias de comunicación tienen sus límites. Pero la indignación es una emoción muy selectiva. Y no es menos real por eso (pasa lo mismo de Este Lado).

Esta exitosa (en Ese Lado) demonización de la experiencia kirchnerista -y con menor alcance, pero intensa, del peronismo en su conjunto- también han hecho vacilar a nuestra dirigencia política. Ese realismo un poco pedestre, que mencioné. Si los otros son muchos, mejor no pelearnos, si podemos conceder algunas cosas… (Como decía Miguelito Unamuno “Vandoristas éramos los de antes“).

Porque esta retirada no empieza con Alberto Fernández. La defensa de la experiencia kirchnerista y de la gestión y la figura de Cristina Fernández quedó, en general, limitada al sector “cristinista”, con sus aliados progres. Numeroso y vocal, no era, no es, todo el peronismo. Y dentro del kirchnerismo, no se vio mucho esfuerzo en defender a De Vido. Tampoco a Boudou, hasta que la dignidad de su actitud -no se quejó, no cuestionó a los compañeros que miraban hacia el costado- y el ensañamiento de los “lawfaristas”, lo convirtió en un símbolo para una gran parte de la militancia.

Entonces, esto está dirigido a la dirigencia de Nuestro Lado. Para decirles, todo lo respetuosamente que se dicen las cosas en el peronismo, que no es mucho, que están corriendo dos peligros en el caso Boudou. Uno es menos importante: la militancia con pasión y convicciones sentirá que, si Boudou vuelva a la cárcel es un paso más, grave, en una entrega de banderas. No los hará votar por Juntos por el Cambio, pero bajarán los brazos, y hablarán pestes del gobierno. Al que no parece que le sobrarán votos el año que viene.

Es el peligro menos importante. Porque el grave viene de la dinámica de la política; un sector que siente que está ganando no tiene motivaciones para detenerse. Y no hay una conducción común de la ofensiva con la que pueda llegarse a un acuerdo, o un armisticio.

Las causas judiciales de Cristina Kirchner y su familia son una herramienta demasiado tentadora para dejar de lado; pero el dato central es la apariencia de debilidad del gobierno. Porque en política, la apariencia es una parte fundamental de la realidad. Para el gobierno, y también para el PJ, esto debería ser muy claro. Me gustaría que los gobernadores, los sindicatos y los movimientos sociales también lo vieran así.

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