El viernes fue el Día del Pensamiento Nacional ¿Qué es eso?

Empiezo (como casi siempre en estos posteos) por una aclaración personal: no se me ocurría tomar en serio a un “Día del Pensamiento Nacional”. No podía evitar verlo como una de las cosas que hacen los burócratas de la comunicación para justificar cargos y contratos; fijar, tratar de congelar, una discusión más profunda, y una lucha no resuelta.

Pero supieron elegir el día del nacimiento de Jauretche (NO el de su muerte, superando así la necrofilia argenta), y la memoria de Don Arturo me impulsó a hacer un comentario breve y superficial sobre esto del Pensamiento Nacional. Y su hermano / enemigo, el Pensamiento Liberal.

Tal vez, por otra tendencia argenta, se puede hacer más clara la idea si se usa un ejemplo extranjero. Otra tradición cultural, también muy influida por Europa, pero con una fuerte identidad propia, Rusia.

Toda su historia en el siglo XIX, el período en el que terminó de instalarse en la 1° fila de las Grandes Potencias, y en el que su literatura deslumbró y cuestionó a Occidente, se puede ver como un debate y una lucha entre eurófilos y eslavófilos. Los que querían europeizar a Rusia e incorporar las instituciones liberales, a lo Sarmiento, y los que rechazaban a un Occidente al que veían ateo y corrupto, e insistían en en el rescate del alma rusa.

En realidad, ese enfrentamiento continúa, oculto durante un tiempo por la brutal simplicidad de Stalin. ¿Alguien puede tener dudas sobre de qué lado estaba Solzhenitsyn? Los eurófilos habrían reconocido a Gorbachov como uno de los suyos. Y los eslavófilos, Tolstoi, Dostoyevski, habrían apoyado hace pocos días la constitución que propone Putin.

Vuelvo a casa. Y vuelvo a recomendar a un gringo: Nicolas Shumway, en “La invención de Argentina” historia muy bien nuestro enfrentamiento cultural. Pero a lo mejor puedo aportar alguna observación, que se me ocurrió pensando en Jauretche. Pero el de antes de Perón, y antes de FORJA, que me lo hacen muy fáciles de entender. El Jauretche yrigoyenista.

Confieso que a mí nunca me entusiasmó Yrigoyen. Vale, su liderazgo fue importante para la democratización de la política argentina, para el respeto del voto popular. Y mantuvo la independencia y la neutralidad argentina en la 1° Guerra Mundial (como el presidente conservador previo). Pero no hizo nada para cambiar la estructura económica de nuestro país, dependiente por completo del mercado inglés. Si fue en el período de su sucesor, el “galerita” Marcelo Torcuato de Alvear, que se fundaron YPF y la Fábrica Militar de Aviones…

Para mostrar lo que me dice el yrigoyenismo de don Arturo, les dejo abajo un fragmente de un programa de mi amigo Fernández Baraibar. Ahí un Jauretche más joven cuenta lo que sintió frente al fervor popular que despertaba Hipólito Yrigoyen.

Seguro, se pueden hacer grandes transformaciones -para bien y para mal- sin un carisma arrollador. Bismarck, Deng, el mismo Putin, cada uno en su tiempo, no despertaron el entusiasmo y el amor de las masas. Pero cuando un liderazgo despierta el fervor colectivo, aparece una realidad distinta.

Y el Pensamiento Liberal es muy antagónico a eso, por lo menos en los últimos 200 años. Atención: no digo que el Pensamiento Nacional lo maneja siempre muy bien; a veces se engancha con imitaciones de baja calidad.

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