Leyendo la carta de Cristina

Cristina Kirchner tiene, entre otras cualidades, una apreciada por los (pocos) conductores exitosos del peronismo y, en realidad, por cualquiera que se interese en estrategia: la capacidad de ejecutar maniobras inesperadas por adversarios, aliados y espectadores en general.

Basta recordar ese sábado 18 de mayo, un año y medio atrás, cuando anunció la candidatura presidencial de Alberto Fernández… Que publique una reflexión personal ante el décimo aniversario de la muerte de Néstor no sería sorprendente, claro, pero que brinde definiciones sobre la actualidad, y llame a un acuerdo de “todos los sectores políticos, económicos, mediáticos y sociales” después de un laaargo silencio público… Tampoco sería extraño, quizás, pero el hecho es que nadie lo esperaba.

Ahora, que una maniobra sea sorpresiva es una ventaja en las relaciones humanas, pero no garantiza que sea exitosa. Ni tampoco que su significado y sus consecuencias sean obvias. Por eso es una invitación irresistible a especular ¿para qué sirve un blog si no?

Uno de los datos interesantes, para mí, fue que la reacción de sus adversarios, bah, sus enemigos más enconados, los odiadores de la patria tuitera, reaccionaron de inmediato. #NoAcuerdoconlaChorra fue tendencia por unas pocas horas. Por el contrario, sus partidarios quedaron en silencio al comienzo, y aún ahora hay pocas elaboraciones sobre su contenido. Entre lo que alcancé a ver, claro.

Pero eso es lo que se encuentra en las redes sociales, un universo que no tiene una relación uno a uno con el real. En éste, su principal enemigo (abierto), tardó en reaccionar. Pasaron varias horas antes que la versión online de Clarín registrara la movida de Cristina.

En la edición en papel de ayer el diario ya la había incluido en su discurso habitual: esta maniobra, como TODO lo que pasa en Argentina que puede caerle mal a su público, es sólo otra manifestación siniestra de Ella y del “kirchnerismo”, una fuerza diabólica que no puede ser considerada como una corriente política legítima. Quieren llevar a la Argentina al chavismo. Por alguna razón, no pudiero hacerlo en 8 años desde la presidencia de la Nación, pero están en camino de hacerlo ahora desde la vicepresidencia.

El contador Magnetto, el CEO del Grupo Clarín, puede o no ser un buen estratega, pero no es imprevisible.

La reacción de los otros adversarios explícitos, la heterogénea coalición Juntos por el Cambio, fue igualmente negativa, aunque menos histérica. Eso lleva a preguntarse: ¿a quién está dirigida la carta de Cristina? Ella ha sido llamada muchas cosas, pero nunca ingenua.

De los protagonistas que propone para el acuerdo, quedan los “sectores económicos y sociales”. Válido; esos son los fundamentales. Los otros son superestructura, como diría el tío Carlos. El empresariado, incluso el gran empresariado, siempre está dispuesto a negociar, si cree que en la mesa podrá defender, o ampliar, sus beneficios. Los sindicatos, su gimnasia habitual es la negociación, y las huelgas, hasta los piquetes, no son más que herramientas para negociar en mejor posición.

Pero… como saben Cristina y cualquiera con experiencia política, un acuerdo se propone desde una posición de poder. No necesariamente hegemónico, pero al menos razonablemente estable, sin desafíos inmediatos. La cotización del dólar -a pesar de las tímidas señales positivas de hoy miércoles 28- es una campana de alarma que ensordece de cuando en cuando a los argentinos. Y ya no están taaan lejos las elecciones del año que viene, en las que el gobierno ganará o perderá poder político, la capacidad de imponer medidas.

Decir que es un mensaje al gobierno me parece una tontería. Seguramente CFK tiene el número del celular de Alberto Fernández. También el de Sergio Massa.

En mi falible opinión, es un mensaje a la “tropa propia”. No a la dirigencia -los canales ahí son precisos y orgánicos, para lo que es la tradición “movimientista” del peronismo-, no a los “cuadros” (una expresión antigua ¿quedan algunos?). Sí a los militantes. Esa multitud numerosa, sobre todo en el kirchnerismo, que no decide pero opina, discute, reclama y forma el contexto de opinión y de sentimientos que condiciona a la dirigencia. Aún a ella.

Allí refirma su identidad de sector, que reivindica como mayoritario dentro del peronismo (Hay buenos argumentos para eso, cabe decir). Y al mismo tiempo reconoce la existencia de otros sectores – que, señala ahí, el prejuicio antiperonista no discrimina.

Este reconocimiento es muy importante, creo yo, aunque sea un hecho muy evidente. Porque el peronismo mantiene desde su origen -en una Argentina y un mundo distintos- una tradición “unanimista”, reforzada por muchos años de proscripción y lucha. Los adversarios internos eran “traidores” en esos tiempos. Hoy todavía se dice o, peor, se siente que esos otros no son “realmente” peronistas.

(Vale agregar que esta pulsión unanimista no es sólo K. El legendario peronómetro es esgrimido por todos los sectores, con más fuerza cuanto más minoritarios son. Y no hablemos de los que desde afuera del peronismo nos explican cuál no es el “verdadero”).

Algo que puede llegar a ser tan importante o más es el llamado al “acuerdo de todos los sectores”. No importa que se diga que es, o que sea, táctico, o irrealizable. Porque la política de masas en Argentina arrastra desde su origen una fortísima tradición de intransigencia. Alem, Yrigoyen -a quien Alem acusó de traidor-,… Perón guiñaba un ojo, pero ahí estaba Evita para exigir a los propios convicción sin dudas e inclaudicable.

La política es transigencia, por supuesto, y Perón lo explicó reiteradamente. Pero la tendencia a creer que “el que propone el acuerdo es el traidor”, como decía Don Corleone, está muy arraigada en los argentinos (Como muestra Mauricio Macri, por ejemplo).

Los militantes K son un caso especial dentro del conjunto, porque en muchos de ellos su militancia no está ligada a su sector laboral -como en el sindicalismo- o a los intereses de su entorno inmediato -como en la militancia territorial. Hay un énfasis en las propias motivaciones idealistas (la política como salida laboral está mal vista en Argentina, sociedad hipócrita si las hay).

Y si ellos son los Buenos, entonces los otros son los Malos. ¿Y cómo se va a hacer acuerdo con los Malos? Casi un espejo del antiperonismo envenenado “No se puede hacer acuerdo con los corruptos!” (Sin embargo, ellos pueden votarlos, siempre que no sean peronistas).

Me he extendido demasiado. Me pasa en el blog. Resumo diciendo que no tengo dudas que CFK es el “cuadro” político (sí, queda al menos una) más lúcido de los que están activos hoy en Argentina. Por razones de historia, además de personalidad, no será quien puede unir a los argentinos (si eso es posible). Pero estoy convencido que puede hacer un aporte decisivo a una política más razonable y menos caníbal.

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