De Néstor Kirchner, a 10 años

(Este posteo lo escribí el 27/10/2014, a 4 años de su muerte. Y en él incorporaba otros anteriores. Hoy lo releí, y -a pesar que el presente siempre está resignficando el pasado- no encontré nada que quisiera cambiar.

Argentina, un país extraño. A veces la Historia parece acelerarse. Otras, como que se detuviera.)

ooooo

No quiero dejar pasar este 27 sin mencionarlo. N. K. no es una “efemérides” más. Al mismo tiempo, tampoco tengo algo nuevo para decir. Su lugar definitivo en la historia se lo dará la historia que escribamos en las próximas décadas.

Por eso, repito algunos párrafos que ya escribí en el blog. Empiezo enlazando algunos posteos que escribí el día de su muerte y el siguiente: ésteésteéste y éste.

A los dos años, quise hacer un esbozo de su trayectoria en la política nacional:

Néstor Kirchner llegó a la presidencia en forma casual. Gobernador de una provincia petrolera, contaba con los recursos mínimos que son necesarios para un intento de proyección nacional, pero todavía no era conocido salvo a un círculo pequeño de políticos profesionales. Resultó ser, sin embargo, el candidato que el aparato bonaerense del P. J., el más poderoso que quedaba en pie en el 2003, podía plantear como alternativa a la candidatura de Carlos Menem, que habría llevado al peronismo a la derrota, inevitablemente.

Lo llamo casualidad. Quizás Hegel habría hablado de la “astucia de la historia”. Porque Kirchner tuvo la lucidez para percibir algo tan obvio que el otro candidato que el peronismo anti menemista había ensayado en ese año, José Manuel de la Sota, no pudo ver: que la modernización capitalista que Menem enarboló había terminado en un fracaso tan doloroso que era ilevantable, aunque nadie atinaba a definir la alternativa.

También percibió otra realidad política que al peronismo en general, por razones históricas, le resultaba difícil de asumir: que una alianza sólida con la izquierda del peronismo y del no peronismo que se habían alejado de él por la experiencia menemista, le permitiría recuperar el espacio político y la mayoría indiscutida… en tanto conservara la adhesión del votante peronista.

Supo mantenerla, con algún altibajo. Nuevamente, la audacia y unas convicciones testarudas le sirvieron para llevar adelante políticas que estimulaban el consumo interno y la creación de empleo. Es cierto que las circunstancias del mercado internacional y el “colchón” creado por la Gran Devaluación del 2002 lo ayudaron, pero también hay que tener presente la firmeza con que enfrentó a intereses nacionales e internacionales y – tal vez lo más difícil – a la “racionalidad” y al sentido común aceptados por la inmensa mayoría de los “formadores de opinión”, esa racionalidad que años después se mostraría suicida ante la Crisis global desatada desde el 2008.

Esto está necesariamente simplificado. Nada es tan lineal en la práctica. Pero las líneas generales, estimo, son ciertas. Como también lo es que ni Kirchner ni Cristina, al comienzo de su mandato, plantearon modificaciones profundas al sistema económico vigente. Después de la débacle del Estado planificador y empresario, que empezó mucho antes de Menem, Argentina se aferró a un sistema de capitalismo prebendario y servicios tercerizados. Kirchner negoció. pulseó y arregló con los Eskenazi, los Bulgueroni, los Cirigliano, tanto como con actores más establecidos y poderosos como las mineras, Cargill, las automotrices y el holding que encabeza el  licenciado en ciencias políticas Paolo Rocca.

No puedo afirmar que se podría haber hecho algo muy distinto, salvo en las ensoñaciones de troskistas, discípulos de la Escuela Austríaca, y otros teóricos. Por mi parte, estimo que se podría haber hecho con más conciencia de los límites de este esquema. Lo cierto es que esos límites – los de un Estado deteriorado y no reconstruído, de un sistema económico en el que en áreas numerosas y claves hay pocos actores y cartelizados – han aparecido en la gestión de Cristina“.

En otro aniversario, hice una evaluación más breve y, creo, evidente:

Kirchner fue el conductor más importante hasta ahora que ha tenido el peronismo, después de Perón. Con esta calificación lo pongo por delante de nombres muy diversos e importantes, pero tiene un sentido práctico que el mismo General habría aprobado: Conductor es el que conduce.

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