El peronismo ¿perdió la calle? ¿O el rumbo?

En los últimos meses subí varias veces al blog textos de Aldo Duzdevich. Usualmente, porque había algo que yo quería escribir, y él ya lo había escrito, mejor. En este caso… también. Pero hay algunas cosas que quiero agregar, y lo hago al final.

“Desde hace días hay un discurso alarmista entre los compañeros de las distintas corrientes del Frente de Todos: “nos ganaron la calle”, dicen. Y esto se extiende como un mantra negativo, que además, alenta al gorilismo a multiplicar las fechas de sus salidas anticuarentena y sus caravanas de bocinazos.

Ayer leía en el diario El País, que en México el Frente Nacional AntiAMLO (Frena) ha copiado del partido Vox, de España, la estrategia de hacer grandes caravanas patrióticas en automóviles, sin la necesidad de que los manifestantes bajen de sus vehículos para repudiar al Gobierno. El Frena se presenta como un movimiento antisistema, apartidista y pacífico. López Obrador es acusado de ser un criminal y mentiroso, que intenta convertir a México en Venezuela o Cuba.

La nueva derecha repite las mismas consignas y métodos en Europa, México y por supuesto en Argentina. Así que la próxima que debemos esperar, es el “acampe”, que el Frena esta haciendo estos días en las cercanías del “Zocalo” del “DF”, donde instalaron algunos centenares de carpas para “bloquear” al gobierno.

Si al mantra alarmista de “nos ganaron la calle”, le sumamos los desvaríos de un ex-presidente que alucina golpes de estado, los parlanchines economistas (alguno nuestro también) eternos mensajeros de catástrofes, las tapas de Clarín y encima un diputado salteño en poses controvertidas, ya estamos al borde del precipicio.

Pero nada de eso es sustantivo. Empiezo por recordar a mis compañeros que durante los cuatro años de Macri, ganamos las calles cientos de veces. Llenamos Plaza de Mayo, llenamos la 9 de Julio, la Plaza Congreso… Y? ¿Que pasó? Nada. Macri al día siguiente siguió con sus políticas neoliberales de destrucción y pobreza. En septiembre de 2017, explotamos las calles reclamando la aparición de Santiago Maldonado, y sin embargo un mes después, al gobierno le fue bien en la elección.

Recuerdo en 2019 cuando algunos le reclamaban a la CGT que saliera a las calles, un dirigente de los llamados “gordos”, respondió: “Con las marchas no estamos logrando nada, acá lo único que sirve, es juntar a todo el peronismo y ganarle la elecciones”. Y tenía razón.

No voy a negar la importancia de la movilización popular. Siempre es importante. Pero solo es decisiva si está acompañada de una propuesta y liderazgo político. Y si no, veamos el ejemplo cercano de las enormes movilizaciones contra Piñeira en Chile, o las que hubo en Ecuador contra Lenin Moreno.

Y volviendo al PRO y a las “multitudes” motorizadas de la Pato Bullrich y el domador de reposeras, no hay nada que temer, pueden seguir caravaneando y tocando bocina todos los feriados patrios, que no van a poner en riesgo la estabilidad de nuestro gobierno.

Tampoco hay absolutamente nada que temer de los militares. Como en ningún otro lugar del mundo los militares han aprendido su lección y los oficiales que las conducen se han instruido en estos 37 años de democracia.

En 1955, tuvieron que bombardear Plaza de Mayo y hacer una masacre. Luego matar varios centenares mas, y bombardear Mar del Plata. En 1976 tuvieron que crear un clima de extrema violencia y luego desaparecer a 30 mil. ¿Alguien cree que unos cuantos chetos tocando bocinazos o unos patrulleros parados en Olivos, pueden poner en riesgo la democracia? No. Entonces tranquilos, podemos todavía esperar algunos meses mas, que controlemos la pandemia para salir a reventar las plazas y calles de todo el país.

Definitivamente no hay ningún riesgo de alteración del orden democrático, ni de que no haya elecciones legislativas el año que viene.

El único riesgo que podemos correr es perder la elección. Y para eso si debemos prepararnos. El gobierno con más y mejor gestión, y la fuerza propia fortaleciendo la unidad y repensando la política. Pero bueno, eso será motivo de otro análisis.

Por ahora podemos seguir juntándonos e incluso movilizándonos por zoom . Eso si, aprendamos a apagar el micrófono y el video cuando nos den ganas de ir al baño o de besar a quien tenemos al lado.”

ooooo

Como dije al principio, estoy muy de acuerdo con lo central de lo que plantea Aldo aquí. Pero quiero marcar algunos puntos… laterales.

Empiezo por el cambio del título. Él, o la Paco Urondo, pusieron ¿La nueva derecha ganó la calle? Lo cambié por otro, algo tremendista, porque no creo que lo que se manifiesta ahora sea una nueva derecha.

Quiero precisar un poco esto que digo, porque si hay un término ambiguo, al que le ponen cientos de significados distintos y hasta opuestos, es a “Derecha”. Casi tanto como a “Izquierda”.

Para esta discusión, llamaré “nueva derecha” a una fuerza política que, con el apoyo de grupos económicos locales y transnacionales, y un discurso “modernizador”, trata de sumar a la mayoría de los sectores medios de la sociedad y seducir a algunos sectores humildes. Nada que ver con la vieja derecha, catolicona y nacionalista, ni con los nuevos delirios “libertarios”.

Tras los fracasos de la Ucedé de Alsogaray y de la Confederación de Partidos Provinciales en los ’80, fagocitados respectivamente por Menem y por el radicalismo, en este siglo empezó un intento bastante coherente. Se armó un partido porteño, el PRO, que desde la ciudad de Buenos Aires empezó a tejer alianzas y construir poder. Así, ganó las elecciones en 2015.

Después, claro, encontraron que gobernar es una tarea distinta a la de ganar elecciones. Demostraron que no sabían hacerlo, y a partir de marzo 2018 -desde que no pudieron controlar el precio del dólar, el sensible termómetro de la gobernabilidad argentina- ese proyecto político empezó a destruirse.

Mi razonamiento, entonces, me lleva a plantear que lo que se moviliza hoy contra el gobierno, es el viejo antiperonismo. Con grupúsculos tan envenenados y rencorosos como los que en 1952 pintaban “Viva el cáncer” pero que -no nos engañemos- expresa a un sector muy numeroso de la sociedad. Lo comprobamos en octubre del año pasado.

Claro, el sr. Anti no arma partidos políticos con chances. La cuestión interesante es si alguien será capaz de armar una opción para expresar ese rechazo al peronismo -¿una “Más Nueva Derecha”?- o irrumpirá una versión local de Bolsonaro desde el antiperonismo. (Descarto que surja desde el peronismo; a los aspirantes a bolsonaro los servimos en el desayuno).

También es posible, aunque difícil, que el radicalismo recupere el lugar que ocupó entre 1946 y 1989, el Otro del peronismo. Lo cierto es que la naturaleza (política) aborrece el vacío. A alguien tendremos enfrente.

El otro punto que me gustaría profundizar -pero no tengo el tiempo para hacerlo- es la “deconstrucción” que insinúa Aldo de lo que es el mito fundacional del peronismo, la movilización popular, el 17 de Octubre.

Ojo: analizar no es desvalorizar. La movilización popular no sólo es ese símbolo y manifestación poderosa de la identidad peronista. También fue en los tiempos fundacionales, la irrupción a la vista de todos de una parte numerosa de la sociedad, los trabajadores, los descamisados, los “cabecitas negras” que la Argentina preperonista había invisibilizado o tratado de encorsetar en modelos europeos.

Pero el peronismo no “surge” de esa movilización, aunque lo marcó para siempre. Surge de la cuidadosa tarea de Perón desde el GOU de sumar distintos ideales y ambiciones en un Ejército que desde Justo (o desde Roca), tenía la potencialidad del poder, pero no tenía un proyecto. Y luego desde el Estado, “inventando” la Secretaría de Trabajo y Previsión… Ahora eso se llama “armado” y “gestión”.

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