La grieta en la cuarentena

Nuevamente subo al blog una nota de AgendAR. En este caso, sólo la parte que escribí yo. Porque la pandemia, y las medidas que se toman, o deberían tomarse, o se reclama por no haberlas tomado, es un tema de interés para todos nosotros. Pero en mi texto hay mucho de una exhortación a Nuestro Lado.

Creo desde hace tiempo que a la militancia digital -la única que se hace oír fuerte hoy, y por eso influye mucho en el «espacio» oficialista (aunque poco en el conjunto de la sociedad)-, a esa militancia, digo, le interesa más tener razón, y sobre todo dejar claro que somos los Buenos, que evaluar los aciertos, errores y necesidades del gobierno. Eso sería la tarea de Alberto, Cristina,… otros.

Esto daría para un análisis más importante, cuando tenga tiempo y más lucidez. Por ahora, les vuelco mi opinión acerca del discurso militante sobre las medidas que tomó y debería tomar nuestro gobierno. Para aminorar algo los contagios y, sobre todo, parece, dejar claro que somos la vida, somos la paz… (ese slogan me parece recordarlo de algunas décadas atrás). En la nota de AgendAR también encontrarán algunos números interesantes, si cuestionables, de Pablo Sigal, en los que traté de filtrar el sesgo clarinista.

Desde el comienzo de la pandemia, en AgendAR hemos tratado de enfocarla como lo que es: una catástrofe sanitaria, sobre la que los expertos en la materia todavía conocen poco -aunque bastante más que hace 9 meses.

Sus consejos deben ser tomados en cuenta por encima de las medias verdades y delirios que circulan con tanta facilidad en la sociedad moderna. De la misma forma que procedemos cuando consultamos a un médico sobre una dolencia personal.

Como la pandemia es una catástrofe de la sociedad, también debemos escuchar a economistas, científicos sociales y psicólogos. Teniendo presente que tampoco ellos son infalibles, claro.

Repetimos estas obviedades porque en Argentina -como era muy previsible en este tiempo- la discusión se ha politizado. Muchos de los partidarios del gobierno actual le están reclamando endurecer las medidas de aislamiento. «Un regreso a la Fase 1», como se intentó en julio en el Área Metropolitana, pero esta vez obligando a los renuentes a cumplirla. No se cuestionan si es posible o hasta qué punto, ni se debaten las medidas concretas. Se ve al cumplimiento como una actitud moral, de valorizar al vida humana sobre todo, y se cuestiona en voz baja al gobierno porque no se apura a imponerlo.

Los opositores al gobierno no se oponen abiertamente a la cuarentena, salvo grupos delirantes sin organicidad reconocida. Pero cuestionan todas las medidas, e insinúan que el gobierno las usa para imponer un nefasto plan autoritario.

Los medios masivos de ese lado de la «grieta» -el sector más importante del arco opositor- insisten constantemente en las fallas de la cuarentena, el perjuicio que causa a la economía, y hasta la depresión y la carga emocional que provoca (la anomia y el aislamiento en la sociedad urbana moderna han desaparecido como tema).

No vamos a aparentar una «neutralidad» absurda: volvemos a insistir en AgendAR que -hasta que se disponga de vacunas confiables, en algunos meses, con suerte- el recurso primitivo de la cuarentena, el «distanciamiento social»- es el único que permite aminorar los contagios.

Pero, como dijimos desde el comienzo, no hay ni puede haber cuarentena perfecta en ningún país. El gobierno lo reconoció desde el comienzo: las personas que trabajan en la producción de alimentos, de combustibles, de medicamentos, todas las actividades rurales, el transporte de cargas. Los heroicos trabajadores de la salud, las fuerzas de seguridad para hacer cumplir las normas… Todos ellos debían ser exceptuados y lo fueron. Pero son humanos, y también se contagian y contagian.

Juegan también por supuesto, para no «quedarse en casa» la necesidad de muchos, la irresponsabilidad de otros, y hasta -señala un psicólogo- la negación. Los 2 primeros factores juegan más fuerte a medida que pasan los meses. Haga lo que haga el gobierno nacional.

¿

Entonces, por encima de todo el ruido político, ¿transitaremos el camino de los países europeos más poblados, España, Francia, Italia, Gran Bretaña: cuarentenas, aperturas parciales, rebrotes, cierres también parciales de algunas actividades? Sí, con una diferencia que tiene que ver con que la Argentina es un país extenso y diverso.

Para precisar, recurrimos al artículo de uno de los periodistas que escribe con seriedad y con datos estadísticos sobre el tema, Pablo Sigal, que reúne los datos de los últimos tres meses, en distintas regiones de nuestro país. Aquí se agrega al pie de la nota una opinión personal de este editor:

Me parece inevitable -no ideal, ni siquiera conveniente, pero inevitable- que las decisiones para minimizar contagios se tomen cada vez más a nivel provincial, y aún local. Ya está pasando.

Hay una diferencia importante en la realidad nuestra, y la de esos otros países federales extensos en nuestro continente, EE.UU., México y Brasil. Donde las «cuarentenas», uso de barbijos, etc.,… se decidieron en forma local

En esos países sus respectivos presidentes no impulsaron medidas de aislamiento estricto desde el comienzo de la pandemia, y en el nuestro sí. Creo que esa decisión de Alberto Fernández sirvió para retrasar algunos meses el aluvión de contagios, y preparar mejor nuestro sistema salud. Lo que se puede mejorar en algunos meses, que no es mucho. Quienes sobrevivamos, deberemos agradecérselo.

(Para no ser injusto con esa militancia de convicciones -donde tengo muchos amigos- para encabezar este posteo puse la foto de la quema de barbijos en el Obelisco. Sí, del Otro Lado hay locos peligrosos).

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