“Una 125 de bajas calorías”

Sobre el tema del Grupo Vicentin ya subí dos posteos al blog. Breves y de coyuntura. Un análisis más detenido lo hace, por ejemplo, Roberto Pons aquí. Pero ahora me siento impulsado a comentar algo claramente distinto: el enfrentamiento entre el actual gobierno y sus opositores. Enfrentamiento del cual la intervención a Vicentin es en parte motivo y en parte pretexto.

Es natural, en realidad inevitable, comparar este enfrentamiento con el que se produjo 12 años atrás, cuando el gobierno de Cristina Kirchner dictó la Resolución 125. Ahora, mi planteo es que son mucho más reveladoras las diferencias que los parecidos.

La diferencia más obvia la digo en el título de este posteo. Hasta ahora, es un enfrentamiento de bajas calorías. Y el porqué es así nos dice mucho sobre la realidad política actual.

La Resolución 125/08, dictada por el entonces ministro de Economía Lousteau, disponía retenciones móviles para la soja y sus derivados, que en algunos casos excederían el 35%. Los productores rurales -que, como el resto de los argentinos (y de los seres humanos), no gustan de pagar impuestos- ya estaban fastidiados con las retenciones, que no habían parado de aumentar desde el 10% que impuso Duhalde en el 2002. Sintieron que el gobierno otra vez les metía la mano en el bolsillo, y más hondo.

La actividad económica rural es menos visible -también para buena parte de la dirigencia política, y los sectores politizados- porque está mucho menos concentrada geográficamente que la industria y los servicios. Sólo se la registra en las grandes concentraciones urbanas -el AMBA, Rosario, Córdoba, …- a través de los departamentos que compran (los que pueden hacerlo, que son bastantes) en los barrios caros, y los hijos que mandan a estudiar.

Pero es un entramado que abarca, no sólo a los dueños de las tierras y los contratistas, sino a sus proveedores, los profesionales y comerciantes que les prestan servicios, todos los que viven y trabajan en las pequeñas y medianas ciudades que se extienden por la Pampa Gringa. Hablar de oligarquía en los términos de hace 130 años y no tomar en cuenta esta base social, es una pavada. Sobre todo si tenemos presente que es el sector más dinámico y competitivo de la economía argentina. El que produce las divisas que la industria necesita.

No estoy diciendo, por supuesto, que no haya intereses encontrados en una actividad que se extiende por casi todo el territorio nacional. La realidad de la producción frutal y la de los tamberos, por ejemplo es bien distinta de la de los sojeros. También hay notorias diferencias ideológicas y políticas entre los millones de compatriotas vinculados a ella.

El hecho es que en 2008 una medida del gobierno logró sumar a una mayoría numerosa, motivada y vocal, del “campo”. Se dice, y es cierto, que la militancia kirchnerista actual (una mayoría de la militancia peronista) se formó al calor de la pelea por la 125. También la oposición “anti K”. Ambas han cambiado con los años, pero conservan muchos rasgos de ese momento.

La diferencia con la situación actual es que en ese momento la oposición al gobierno se subió a una protesta social que la tomó de sorpresa. En términos marxistas, encontró su “sujeto histórico”. Pero, a pesar de viejos vínculos del radicalismo con la ruralidad, el “campo” miraba con desconfianza a los “políticos”. Es conocida la anécdota de Lilita Carrió, que tuvo que bajarse del palco en una manifestación gigantesca del “campo”. Por supuesto, en esa multitud en la Avenida Libertador, una gran mayoría sólo tenía tierra en sus macetas, como se decía en esa época. Pero fue la dirigencia rural, la Mesa de Enlace de entonces, quien la movilizó.

Esta vez fue todo lo contrario. Salvo por las ciudades de Avellaneda y Reconquista, en el noreste de Santa Fe, donde tiene su sede “histórica” Vicentin, la reacción “de las bases rurales”, fue discreta. Quién se movilizó casi de inmediato fue la numerosa y vocal oposición al peronismo / kirchnerismo, que encontró una bandera menos ambigua y riesgosa que la oposición a la cuarentena. Que ya había ensayado, y seguirá probando mientras dure.

Hay razones que tienen que ver con el contenido de la decisión de Alberto Fernández, por supuesto, y explican el apoyo mediático que tuvo la protesta. A las cerealeras no les gusta la idea de una empresa testigo, controlada por el Estado nacional, que intervenga en los números de la comercialización. Pero me inclino a suponer que el motivo más decisivo para la oposición de poderosos grupos económicos ha sido el hecho que esta pandemia que atravesamos hizo inevitable, más allá de las intenciones, que el gobierno de Alberto Fernández, el Estado Nacional, aumente su presencia en casi todas las áreas de la economía, y adquiera más herramientas de control.

Esto está pasando en casi todos los países, por supuesto, y el sistema financiero globalizado no está feliz con este panorama. Pero en pocos lugares como en la Argentina existe esta desconfianza y ausencia de visiones en común entre el gran empresariado y el gobierno (No es una exclusividad de los gobiernos peronistas, aunque en ellos se acentúa. En el de Macri, para no ir más lejos, algunos sectores se favorecieron y otros se perjudicaron, sin que hubiera una visión estratégica que condujera ese proceso, más allá de intereses muy personales).

El elemento central, a mi entender, es que la oposición vio, ve, la oportunidad de infligir una derrota política seria al gobierno. Por eso el Grupo Clarín -el más coherente de los grupos económicos decididamente opositores- ha insistido en estos días en el retroceso del Presidente, más que en una inverosímil “chavización”. Les importa menos Vicentin, estimo, que la solidez política de este gobierno.

Es llamativo que en la Casa Rosada -cuyo inquilino principal tiene una experiencia muy directa de la 125 original- no haya previsto, al anunciar la intervención y expropiación de una empresa de historia agropecuaria que iba a servir de pretexto. Quizás su formación de abogado penalista le hizo pensar que las irregularidades del manejo financiero de Vicentin, la cesación de pagos y su convocatoria de acreedores iban a impedir que se transformase en una bandera de la oposición.

Lamentablemente, la indignación moral es un sentimiento muy selectivo. En sociedades amargamente divididas como la nuestra, nos indigna la corrupción del Otro Lado. Y hoy en la Argentina los “lados” están definidos, y su peso en la sociedad está casi equilibrado.

Recordemos que en octubre, un poco más del 40% de los votantes puso la boleta de ¡Macri!, en medio de una catástrofe financiera y una mala situación económica. El rechazo al peronismo, y a la experiencia kirchnerista, más la desconfianza hacia la intervención del Estado, pesaron y pesan demasiado en casi la mitad de los argentinos.

Al margen de estos avatares políticos, la presencia del Estado en la comercialización de los granos es necesaria. Que no exista una empresa estatal argentina con participación dominante en esa actividad, es tan extraño como un país petrolero sin una petrolera estatal. Y como Vicentin es un deudor -insolvente en el corto plazo- del Estado argentino, las circunstancias son favorables. Si se evitan épicas innecesarias.

Entiendo que lo mejor será una empresa nacional mixta, con participación de productores y cooperativas, para evitar que se transforme en una ineficiente agencia de empleos.

Lo que digo de las épicas apunta a otra … extraña diferencia con 12 años atrás. Si bien el gobierno fue derrotado entonces en el Congreso, se desarmó la coalición “transversal” que Kirchner había construido con sectores del radicalismo (Cornejo era uno…) y empezaron los alejamientos en el peronismo que terminaron en la derrota de 2015, se consolidó, como apuntamos, una militancia kirchnerista fervorosa y razonablemente disciplinada. A pesar de todas las concesiones que hubo que hacer al “campo” para evitar nuevos enfrentamientos.

En este mes de junio, una parte de la militancia K (¿reflejando actitudes de parte de la dirigencia?) se mostró desalentada pronto, dispuesta a “comprar” los titulares de Clarín que hablaban de retrocesos y vacilaciones.

Este ha sido un posteo demasiado largo para una batalla en curso. Y no me siento con autoridad para dar más consejos. Acerco los de dos clásicos que encontré en el análisis de un joven sociólogo. Y creo que son válidos para otras batallas que este episodio de Vicentin:

“Cuanto más se intenta aparentar imponer una paz totalmente propia mediante la conquista, mayores son los obstáculos que surgirán por el camino” (The strategy of indirect approach).

“Algunos creen que gobernar o conducir es hacer siempre lo que uno quiere. Grave error. En el gobierno, para que uno pueda hacer el cincuenta por ciento de lo que quiere, ha de permitir que los demás hagan el otro cincuenta por ciento de lo que ellos quieren. Hay que tener la habilidad para que el cincuenta por ciento que le toque a uno sea lo fundamental” (Conducción Política).

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