Réquiem por una Vaca Muerta

Esta vez acompaño una breve nota de (mi) opinión que publiqué hoy en AgendAR con un posteo, también corto, para el mundo politizado del que este blog forma parte:

“(OPINIÓN) – El reciente episodio en el que los valores a futuro del petróleo resultaron negativos, disparó una serie de notas catastróficas sobre el futuro de la industria. El problema es que no son exageradas, ni se trata solamente de malas apuestas sobre los precios. Tampoco el problema se limita a las consecuencias de la pandemia, o una «guerra de precios» entre Rusia y Arabia Saudita.

La situación se origina cuando el mercado estadounidense, insaciable consumidor de petróleo, deja de ser el gran importador global. Hubo una gigantesca inversión en el «fracking», y EE.UU. pasó a ser exportador neto. Pero la economía global no crece con rapidez, y los costos ambientales de los combustibles fósiles empiezan a ser tomados en cuenta.

El resultado fue que este año comenzó en Estados Unidos una segunda ola de quiebras de petroleras medianas -cien, en las estimaciones más moderadas- que afectan también a los bancos y fondos de inversión que los financiaron. Es razonable suponer que el precio del petróleo permanecerá bajo por algunos años. Y es seguro que no habrá inversiones de riesgo en la explotación petrolera en el futuro previsible.

Esto significa para Argentina que el yacimiento Vaca Muerta no será, como esperó en su momento el gobierno de Macrí y más tarde el de Alberto Fernández- una carta salvadora para la economía argentina. Tampoco son buenas noticias para los países petroleros en general, pero esa no es nuestra preocupación inmediata.

En opinión de AgendAR, esto obliga a nuestro país, que tiene una «carta fuerte» en el mercado global -una mucho menos sujeta que el petróleo a los avatares de las burbujas y crisis- como productor de alimentos, a preguntarse qué es lo que va a exportar para conseguir las divisas que necesita su industria. Y como va a armonizar las necesidades de su mercado interno y su irrenunciable vocación industrial.”

ooooo

Aquí no estoy diciendo nada nuevo para los lectores del blog. Hace rato que señalo que las empresas petroleras -en la mejor tradición del capitalismo real- están pidiendo precios subsidio para mantener su personal, y su patrimonio.

También vengo diciendo aquí desde hace tiempo -año 2008, para ser precisos- que la actividad agropecuaria es el sector competitivo, en términos globales, de la producción argentina, además de algunos nichos de alta tecnología (nuclear, bioquímica, …). La industria la necesitamos para crecer, y dar empleo genuino para una población de 44 millones, pero en su conjunto no nos está dando divisas. Al contrario, las necesita.

Si repito esto ahora, es porque estamos en una crisis, que no la causa la pandemia (aunque la agrave en algunos aspectos). Y el síntoma es uno muy tradicional entre nosotros: la disparada del dólar. Frente a esto, del palo nac&pop, que es el mío, amigos economistas -jóvenes y de la tercera edad- hablan del IAPI. Del lado Clarín de la vida, Héctor Huergo defiende a los farmers y a Bayer y propone un “empréstito patriótico” en lugar de retenciones.

No digo que ambos lados sean equivalentes. No lo son. Pero lo que dicen es igualmente irrelevante. El problema no es la comercialización de los granos, sino que los productores no los están vendiendo. Como el dólar está subiendo, se quedarán sentados sobre ellos, esperando precios mejores. Lo que contribuye a que el dólar suba. Obvio.

(Esta pulsión por ganar más dinero es una consecuencia del neoliberalismo, por supuesto. Antes de Thatcher estas cosas no pasaban 🙂 )

Propongo dejar de lado las fantasías. El gobierno no está en condiciones -ni éste ni ninguno en los últimos 37 años- de requisar las cosechas. Ni a Stalin no le salió bien, y eso que tenía la NKVD… Además, no los veo a mis amigos militantes manejando cosechadoras.

Lo que el gobierno debe hacer es encontrar las herramientas fiscales para resolver esto, con la mezcla de siempre en política de presión y negociación. Y no da para un debate de años: el presidente, Kulfas, Guzmán, y no más de una docena de nombres que todos conocemos con el poder político necesario deben consensuarlas. La tarea del resto de nosotros es entender la situación y comunicarla con acierto.

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