La política y el Mercosur

(Otra vez recurro a reproducir en el blog un artículo de AgendAR, sin agregarle nada. O sí, al final un párrafo breve y superficial, como consejo interno).

El Mercosur ha sido una política de Estado de los distintos gobiernos argentinos, y de los también cambiantes gobiernos de los otros países miembros, desde 1985, cuando los presidentes de Argentina y Brasil, Raúl Alfonsín y José Sarney, suscribieron la Declaración de Foz de Iguazú. «Política de estado» no significa que no tuvo oposición, aquí y afuera. Pero lo que aparece sorprendente en el momento actual es que los que mantenían posturas críticas, aparecen horrorizados por una «ruptura» o, peor, una «salida» argentina del Mercosur.

Corresponde entonces darles una buena (o mala, según quien la reciba) noticia: Argentina no se ha ido del Mercosur, y conserva el derecho -si decide ejercerlo- de bloquear las negociaciones del bloque con terceros países. Ese mismo derecho, dicho sea de paso, lo tienen también los otros tres miembros.

Reproducimos, con su permiso, este lúcido y profesional informe del diplomático argentino Ricardo Arredondo @arredondos:

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«El 24 de abril, en el marco de una reunión de Coordinadores Nacionales del Grupo Mercado Común sobre relacionamiento externo, el representante argentino, Jorge Neme, comunicó la decisión del gobierno nacional de suspender la participación de la República Argentina en los diferentes procesos de relaciones externas que lleva adelante el bloque. Con la excepción expresa de los acuerdos ya firmados, aunque aún pendientes de entrada en vigor, con la Unión Europea (UE) y con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA) (que integran Suiza, Noruega, Liechtenstein e Islandia); la Argentina manifestó su decisión de no continuar participando de los procesos negociadores en curso con Corea del Sur, Singapur, Líbano y Canadá y en los por iniciarse, como con la India, entre otros.

La decisión fue motivo de diversas críticas, aunque a mi juicio se encuentra correctamente fundamentada en la decisión de salir de un proceso negociador que inevitablemente iba a llevarnos a resultados desfavorables para el país. Como lo reconoció el canciller de Brasil, se trata de una posición que venía anticipándose a nuestros socios, que no quisieron, supieron o pudieron escucharnos.

Por otra parte, se trata de procesos de negociaciones comerciales externas a los que se entró sin haber realizado un estudio adecuado de las eventuales ventajas y perjuicios que podían producirse para nuestro país y sin haber efectuado un proceso de consultas internas con los diferentes sectores involucrados. Por lo tanto, de lo que se trata, utilizando una frase de la anterior administración, es de hacer efectivamente una “inserción inteligente”, evaluando los perjuicios y beneficios de nuestras interacciones.

Como en la mayoría de las cuestiones de la agenda internacional, no se trata de un elemento nuevo introducido por la pandemia del coronavirus, sino de algo que esta crisis ha acelerado. Emanuel Porcelli señala acertadamente que desde mediados de 2019, algunos países (particularmente Brasil) venían presionando para obtener dos objetivos: una aceleración de las negociaciones comerciales externas, especialmente la conclusión de ciertos acuerdos de libre comercio, y una reducción, lo más baja posible (con pretensiones cercanas a 0%) del arancel externo común (AEC).

Seguir adelante con este proceso, sumado a las dificultades propias de la situación económica argentina, se hubiera traducido en una receta peligrosa para intentar algún tipo de recuperación de industrial nacional.

Esta decisión no significa en modo alguno que la Argentina vaya a adoptar una política de aislamiento o encierro. Como dice el comunicado de prensa, el Mercosur es “mucho más que la geografía y la historia”. Argentina ha reafirmado su pertenencia a este espacio geográfico y estratégico común, su disposición a continuar trabajando con nuestros socios y, además, va a seguir interactuando, trabajando y comerciando con el resto del mundo como lo ha venido haciendo hasta ahora. La ratificación de los compromisos ya firmados con la UE y la EFTA son una clara evidencia de que la Argentina no está planteando la ruptura del Mercosur.

El comunicado emitido por la presidencia pro-tempore del Mercosur, en manos de Paraguay (que AgendAR reprodujo aquí) expresa que “La República Argentina … indicó que no será obstáculo para que los demás Estados Partes prosigan con los diversos procesos negociadores”. Esa afirmación no se encuentra contenida en el comunicado emitido por la Cancillería argentina. Al respecto, cabe recordar que la Decisión CMC 32/00, que sienta las bases para el relacionamiento externo del Mercosur, obliga a los Estados Miembros del Mercosur a negociar de manera conjunta los acuerdos con terceros (art. 2) por lo tanto, hasta tanto esa norma no sea modificada, la República Argentina conserva una capacidad de bloqueo respecto de esas tratativas externas.

Aquí el desafío consiste en encontrar un camino intermedio entre dejar que los socios avancen libremente hacia una apertura irrestricta y obstaculizar esas negociaciones. En este punto, existe claramente no solo una división ideológica sino también de percepción y visión respecto de lo que debe ser el futuro, pero no por ello me parece que debemos quedarnos afuera. Creo que esa decisión no beneficiaría a la Argentina.

El impacto y las consecuencias de esta crisis son multifacéticas y, en particular, los efectos del COVID-19 generarán la recesión más grande que ha sufrido la región desde 1914 y 1930. Se prevé un fuerte aumento del desempleo con efectos negativos en pobreza y desigualdad. Basta leer los informes del FMI, la OMC y la CEPAL, entre otros, para percibir la complejidad del mundo que se avecina. Ninguno plantea un escenario favorable. El panorama parece bastante volátil y es conveniente acampar hasta que aclare. En medio de esta incertidumbre, no parece razonable avanzar en un proceso de negociaciones comerciales

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Vale la pena recordar, para poner este episodio en contexto, que Paulo Guedes, el «superministro» de Economía de Jair Bolsonaro se pronunció desde el comienzo contra el Mercosur. Dijo en junio de 2019 -cuando el presidente argentino era Mauricio Macri- que «trabó el crecimiento«, y reiteró dos meses después que «Brasil sai do Mercosul se Argentina frear abertura do bloco«.

No hay que confundirse, entonces. El punto decisivo es que el actual presidente de Brasil y su Ministro  quieren llevar al mínimo o directamente a 0, como señala Arredondo, la pieza clave del Mercosur, el Arancel Externo Común.  Sin él, los productos industriales argentinos, y brasileños, competirían dentro de los cuatro países en igualdad de condiciones las exportaciones de EE.UU., la U.E., China, Indonesia…

No es una idea «descolgada» de Bolsonaro y de algunos de sus colaboradores, obvio. Hay quienes apoyan su proyecto en Brasil, y también en Argentina, por ideología o por intereses miopes de corto plazo. Pero eso ya se sabe. La pregunta es si habrá una coalición de sectores e intereses en Argentina lo bastante sólida que derroten ese proyecto y afirmen un destino agroindustrial sustentable. También es la pregunta en Brasil, y a la larga, las respuestas están vinculadas.


Un consejo informal: En nuestras peleas internas se puede escuchar a los que exigen que el ministro de Relaciones Exteriores hable bien el inglés, confundiendo su tarea con la de los traductores. Por mi parte, creo que la Cancillería debe formar muchos diplomáticos que dominen el mandarín, y otros que -aunque en India uno se puede arreglar con el inglés- conozcan el hindi, en escritura devanagari. Pero, a la luz de lo que pasó el jueves, tener algunos que se manejen en guaraní no estaría mal.

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