Cuarentena, tests, fantasías

En las redes se nota una demanda persistente -más allá que sea “tendencia” en algunos días o no- por tests masivos en Argentina. Obvio, es una consigna útil -suena razonable- para los sectores políticos que quieren criticar al oficialismo -Twitter es la red más politizada- y para todos los que opinan (opinamos) porque es gratis. Igual, es un reclamo legítimo; lo he discutido ahí, pero ahora quiero volcar mis argumentos en una forma más cómoda para mí que en algunos tweets. Son breves, eh. No soy epidemiólogo; esto es sobre comunicación.

Primero: todo a favor de más y mejores tests. No sólo sirven para decir si alguien está infectado. Cuando se hacen por miles y decenas de miles, van aportando estadísticas fundamentales para conocer la velocidad del contagio, el promedio de letalidad, el de recuperación, qué tratamientos y medidas son eficaces y cuáles no… Si la peste avanza, se mantiene o retrocede.

Entonces ¿qué estoy argumentando? Que los tests NO reemplazan la cuarentena, el aislamiento obligatorio. Quienes reclaman más tests con sensatez -esto excluye a los consignistas- lo tienen claro. Porque le hagan un test a una persona infectada no va a dejar de estarlo, ni de contagiar a su vez.

Pero… hay una fantasía detrás. Que, si se detecta a todos los infectados -en las imaginaciones más paranoicas, serían chetos, o kukas, u otra cosa fea- bueno, se los pone en cuarentena, y el resto de la población puede seguir con su vida normal, o por lo menos la de siempre. Cuando esto se dice, y es menudo, se agrega que eso se hace en otro país. Con frecuencia, se añade que es “serio”.

Es una fantasía. Si tests masivos mostraran que un 1 por mil de la población está infectado (un número muuuy conservador, créanme), eso significaría que hay que separar y encerrar a 44 mil personas en todo el país, al mismo tiempo, para que no contagien a nadie más en el proceso. Además, los tests para los 44 millones tendrían que ser también al mismo tiempo, o habría nuevos contagiados. Para una película, berreta, de superhéroes.

¡Que esto no se lea como que los tests no son importantes, por Dios! Son fundamentales, repito. Hoy detectamos los casos de coronavirus cuando están los síntomas: fiebre, dolor de garganta… La incubación del virus asegura que por varios días uno puede estar infectado, y contagiando a su vez, sin saberlo y sin ser detectado.

Uno de los resultados positivos de los tests masivos sería demostrar que el porcentaje de víctimas fatales entre los contagiados es muy bajo, mucho más que ahora que sólo conocemos a los que necesitan asistencia médica. La baja letalidad y la terrible facilidad del contagio son los factores que diferencian esta pandemia de todas las que estallaron en los últimos 100 años, y de las que los sistemas sanitarios modernos estaban preparados para afrontar.

El verdadero problema, en realidad, es la cuarentena. La búsqueda de soluciones mágicas, o la disposición a aceptar más riesgos, por parte de quienes la encontramos insoportable. Y por parte de los intereses perjudicados, que van desde Paolo Rocca a cualquier tachero. Pero mis reflexiones sobre el asunto estarán en otro posteo, si encuentro el tiempo y la energía.

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